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25-F Pegepé Acaba de cumplir 22 añitos el estatuto vigente en las comunidades autónomas de Madrid, de Extremadura, de Islas Baleares y de Castilla y León, ni más ni menos. Y, ahora que todo parece aplazarse hasta la correspondiente reforma -o novación- del dichoso estatuto, cabría preguntarse cómo pudimos afrontar, anteriormente, nuestras tareas cotidianas (con su permanente planteamiento de ambiciones y mejoras, no siempre resueltas en un sentido favorable)... sin él. ¿Cómo pudo haber historia previa a esos instrumentos hoy considerados irrenunciables y hasta 'históricos', en gran parte? ¿Cómo hubo la transición democrática, o el posterior cambio o, incluso, antes repúblicas? ¿Y si es que acaso habrá un antes y un después, señalado por el susodicho, para diferenciar lo que fueron avatares previos (historiables sin posibilidad de reconocer verosimilitud a ninguna hipotética pretensión sobre lineal continuidad de avance progresivo) y el -actual- de un futuro inmediato configurado como irreversible en cuanto a toda la serie [de paradigmas ideológicos + artefactos institucionales] ganada: todo lo nuestro tiene eso, comienzo y final; pero es que, además, ni su origen suele hundir sus ancestrales raices en una fecha tan inmemorial ni su perduración está en modo alguno garantizada, ni falta que nos haría! Hechos precarios, revisables y aun manifiestamente mejorables en todo, no es ninguna tontería el ponerse a pensar alguna vez en cambios de escenarios algo menos continuistas de los que propone el miope seguimiento a la mesmerizante zanahoria de turno -cada día- ante nuestras narices. Dicho de otro modo, ¿cabría imaginar que antes de otros 22 años hayamos llegado a arrumbar tales estatutos -y los de las demás instancias tradicionales competencialmente concurrentes por cualquiera de sus costados- para pasar a sustituirlos por "otra forma posible" de organizaciones colectivas diferentes= más eficaces en la atención a los asuntos que directamente nos agobian a los de abajo; sin las anteojeras que tanto dificultan con el reduccionista ombliguismo de que nuestros vecinos más tiernecillos sean objetos de un adoctrinamiento curricular para el regodeo complaciente en los minimalismos de proximidad (como estudiar una jerarquía de ríos que no va más allá del tajo o de lagunas no mayores que la de peñalara y profundizar en la exaltación prioritaria, entre las artes locales, del cocidito); menos inflacionistas con la engorrosa multiplicación de oropeles vanamente espectaculares; y -sobre todo- no programadas hacia la incubación de tantos centrífugos barandas, o barandillas, indisimulablemente trincones... en fondos de reptiles a nuestra costa?
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