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El pacto
Juan José Millás
Suponemos que Pinochet tendrá varias estatuas ecuestres en Chile, unas por dictador y otras por general. Esperamos que no le levanten una más por ladrón, ya que mientras sus subordinados se dedicaban a arrancar heroicamente las uñas a los detenidos, el valeroso militar vaciaba las arcas del Estado en beneficio propio. Ya se le han descubierto 125 cuentas secretas, con millones de dólares, en EE UU. Levántenle una estatua si quieren, pero no impliquen, por favor, a los caballos en esta fuga de capitales. Coloquen ahora al dictador a lomos de una chinche o de un piojo, animales parásitos a los que es más afín y que no nos dan ninguna lástima, pues han sido compañeros de viaje incómodos y muy poco solidarios con las clases sociales más desfavorecidas. Está por ver que una chinche anide en las sábanas de seda de un banquero. A quien le sentó fatal la retirada de la estatua de Franco fue a Rajoy. Dijo que se había roto el pacto de la transición, que incluía, además del indulto a los monumentos ecuestres del Caudillo, el perdón a los colaboradores de su banda armada. Pero eso no es cierto, señor Rajoy. Si entonces no se juzgó a nadie, fue porque hicimos esa transición con una pistola en la sien. ¿Por qué ahora, una vez desaparecido aquel ejército golpista, no sanear el paisaje? Si a usted le molesta, es porque está donde está, lo que tampoco es raro teniendo de presidente de honor a uno de los cabecillas de la banda.
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