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Referéndum: Apechugar
con el resultado
(Editorial de Re(d)forma en Serio) Fracaso es exactamente el término adecuado para calificar el final de la iniciativa del gobierno Zapatero de convocar un referéndum sobre el TCUE apoyándose en el europeismo acrítico, ideológico, usado y abusado por su partido a lo largo de sus muchos años de gobierno frente al nacionalismo criptofranquista de la derecha española - como recurso alternativo, además, al republicanismo que históricamente venía obligado y del que más o menos clandestinamente continuaba reclamándose el PSOE- que insuflara importantes dosis de cobertura popular, de complicidad "democrática" susceptible de generar efecto de arrastre en los países de la UE que han anunciado la convocatoria de referendos para aprobar el Tratado.
En efecto, a la vista del resultado, qué duda cabe de que el protagonismo es de la abstención; sólo un 32% de los electores censados -esto es 10,6 millones- han llegado a votar afirmativamente, si bien no es menos cierto que tan sólo el 7% del total de ciudadanos llamados a las urnas lo ha hecho en sentido negativo. Se ha escrito que la democracia directa es escasamente susceptible de ser vertida en los moldes de la democracia representativa. Sin duda que adulteradas, reducidas apenas a una cáscara vacía una y otra, la operación admite mayor juego, juego este al que los que no aspiramos a sacerdocio político alguno nos resistimos cuanto podemos; empero, quizás tampoco debamos -o sepamos- permanecer mudos ante el atronador silencio que la abstención mayoritaria afirma, ante su triunfo frente a todos los demás a los que da la espalda, a los que llamaron a votar SI, a los que lo hicimos en negativo y hasta a los votantes en blanco: todos perdimos, solo ganó la opción que calla, no contesta o no dice saber, antiinstitucional, más que antipolítica. Y su provocación cuestionadora suscita fortísimo fascinación en los que la ven como la mayor amenaza a sus formas de vida, sus proyectos e incluso, de tenerlos, sus ideales. Hablar de ella, escribir, interpretarla, darle vueltas, descubrirle ubicaciones y sentido, revela en primera instancia la necesidad de domeñarla, de apropiársela, de reconducirla al particular redil al cabo. También la derecha antigubernamental ha fracasado por mor del resultado, habiendo puesto de manifiesto su faz ambivalente, "europeista de mercado" que llamaba institucional y formalmente al SI, políticamente correcta y consecuente con un texto de cuya coautoría no existen dudas, menos aún con los intereses empresariales y lobbysticos que el TCUE se propone salvaguardar, pero... no renunciando sin embargo al merchandising de convertir el evento en un plebiscito sobre/contra el gobierno Zapatero, dando así alas y cobertura a sus sectores más ultraliberales, de extrema derecha pro-Bush, que tienen en Aznar su genuino caudillo, para abiertamente llamar a no suscribir el Tratado, votando en negativo o absteniéndose. Como afirma el dicho popular, no les ha importado saltarse un ojo por que los contrarios se queden ciegos. Finalmente su dispersión del voto, las llamadas al orden desde más altas instancias europeas y la confusión generada en ese campo -unido, qué duda cabe, a no haberse producido en las urnas el "espectacular" rechazo que esperaban- ha terminado por desbaratar su propósito de usar los resultados del referéndum para exigir una dimisión de Zapatero y la convocatoria de elecciones generales anticipadas.
Así pues, instalados en el testimonialismo por la mentada ley interesada en volcar, también, a los moldes de la democracia formal representativa la mal llamada democracia directa -que, tal como el derecho la concibe en nuestro país haría removerse en su tumba a Rousseau, o a los consejistas marxistas, y reafirmarse en el tradicional abstencionismo al movimiento libertario-, es obvio que la propagando por el NO abandonó toda posibilidad de triunfo para reafirmarse como mera oportunidad de airear consignas que negaran la mayor, el Capitalismo de la UE, por lo demás núcleo duro o corazón claramente visible de lo que empezó sólo como Mercado Común y no consigue complicidades ciudadanas para travestirse, desde esos mimbres, en alguna forma más o menos democrática de unión política. Sólo podíamos aspirar, pues, a tratar de contribuir en deslegitimar cuanto fuera posible la aprobación del TCUE a costa de renunciar, no tan sólo a ganarle al SI como, al tiempo, a fomentar una abstención que resultaría contra el Tratado pero también contra nosotros mismos. En miles de boca a boca, donde habíamos de propiciar que las dudas y las inseguridades no asistieran a la opción afirmativa, dijimos Sí no lo tienes claro, no votes por millares a decenas de oyentes.
Hubo que elegir entre una abstención, a la vez imprecisa y radical, con riesgo de lectura pasota -en esta llamada a las urnas que, no obligando a decantarse por ningún abanico cerrado de listas, permitía expresar un rechazo deslegitimador del plebiscito pedido- y el voto del NO que, con tal de conseguir una oposición inequívoca, pagaría el precio por apostar con las cartas del sistema, siguiéndole en parte su juego... Si no supimos quizá definirnos con mayor nitidez ante esa opción, ello no tendría ya más importancia que la que, como una experiencia, pudiere derivarse de ella por parte de otros movimientos sociales, que combaten al Tratado en Europa, adaptándola a las específicas circunstancias de cada estado o país. Apechuguemos con el resultado de este referéndum... pero que lo hagan igualmente el gobierno convocante y todos los demás gobiernos europeos a los que la ciudadanía española ha negado la satisfacción de verla convertirse en cómplice de esa gran farsa planteada para dar apariencia de democracia a su duro corazón de papel moneda. 1, marzo de 2005
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