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Para que no ocurra NUNCA MÁS Roto abruptamente el luto, por la mentira manipuladora del gobierno, los ciudadanos reaccionamos y dijimos BASTA YA. Basta ya de mentiras, basta ya de intentar utilizar hasta el sufrimiento de las víctimas para obtener unos réditos políticos, para el partido en el poder, que sólo podían venir de la asignación, contra toda lógica y contra toda evidencia, del atentado a ETA. En medio de la conmoción, se hizo necesario enfriar la cabeza y analizar lo que estaba ocurriendo. Algunos hemos sido tachados de miserables por denunciar, tan sólo 24 horas después de la masacre, que a la barbarie terrorista se añadía la infamia de la campaña de intoxicación de la opinión pública puesta en marcha por el gobierno. ¿Qué clase de gobierno hemos llegado a tener para que en el momento en el que todos necesitábamos estar más unidos se haya producido una ruptura semejante entre gobierno y ciudadanía? Es preciso constatar que la reacción ha partido de las redes ciudadanas, no de los partidos políticos. Una vez más, como en el caso del Prestige, como en el caso de la guerra de Irak, han sido las redes sociales, formales e informales, las que han llevado la iniciativa. Ya en la manifestación del viernes 12 de marzo los ciudadanos tuvimos la capacidad de reacción para preguntar "quién ha sido", para relacionar lo que para todo el mundo era evidente: que la decisión del gobierno de Aznar de alinear a España en el eje de Bush y Blair en la guerra ilegal contra Irak, con la oposición clamorosa del 90 % de la sociedad española, nos traía la desgracia. Entre dos lógicas de barbarie, la terrorista y la de la guerra permanente contra el terrorismo, la gente inocente muere en Nueva York, en Irak y en España. La lógica del terror en la era de los conflictos asimétricos nos trae la guerra a casa. ¡Esa guerra que la sociedad española luchó en la calle para evitar! Han sido mucho los ciudadanos que estos días en España han vuelto a pedir paz, los que han dicho NO A LA GUERRA, NO AL TERRORISMO. Los españoles hemos pasado página política de forma rotunda. Toda la comunidad internacional y toda España, menos el gobierno, su entorno mediático y gran parte de sus nueve millones y medio de votantes, entiende el resultado de la urnas como un castigo a una política de mentiras, que empezó mintiendo para implicarnos en la guerra y terminó mintiendo para tratar de retrasar en lo posible, que se supiera la verdad sobre el atentado. Los españoles hemos dicho sobre todo NO A AZNAR. Ahora, el nuevo gobierno tiene mucho por hacer. Y el resto de los ciudadanos también. Para que esta salvajada, antes inimaginable, vuelva a ser inimaginable, hay mucho que cambiar. Contra el mal casi absoluto que han puesto de manifiesto los terroristas se puede responder de dos formas. La primera ya la conocemos: bombardear ciudades donde viven inocentes, crear guantánamos, levantar muros. Esa lógica, al margen de otras consideraciones, ya sabemos que crea más rencor, alimenta el odio e incrementa las acciones terroristas. La segunda pasa por atajar el problema de raiz: acabar con todas las barbaries. Acabar con la barbarie mayor de todas y la más silenciada, la que nos queda más lejos a los occidentales: el hambre. ¡NUESTRA GUERRA ES CONTRA EL HAMBRE!. Este cartel que poblaba el año pasado las calles de Brasil, debe convertirse en el primer objetivo de la política mundial. Acabar con la barbarie que supone dejar morir de SIDA a África sin prestarle la atención sanitaria que precisa. Acabar, da vergüenza decirlo, con las guerras por codicia de petróleo, de diamantes, de materias primas estratégicas. ¡Contra la barbarie, alimentación, sanidad, educación, trabajo y techo para todos!. Esa debe ser la agenda política del mundo globalizado. Esa es la única política sabia, no ya para acabar con la lacra del terrorismo, sino para hacer un mundo mejor. Parafraseando el slogan de la campaña socialista, NOS MERECEMOS UN MUNDO MEJOR, siempre que no olvidemos el sufrimiento de los inocentes, de los otros y asumamos cada cual, desde nuestro lugar en el mundo, nuestra responsabilidad para conseguirlo. Esteban de Manuel Jerez Profesor de la Universidad de Sevilla
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