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¿Qué hay de
lo mío?
Señor Presidente: Soy mujer, tengo 28 años y convivo con pareja de hecho desde hace tres. Tengo una hija de dos. Trabajo con contrato precario y con pocas horas semanales como profesora sustituta de Ciencias de la Naturaleza. Mi marido, becario post-doctoral, disfruta de una beca, renovable anualmente siempre que existan recursos presupuestados suficientes, y, hasta ahora, se la vienen renovando con regularidad, lo cual no nos exime de una cierta angustia cuando llega el período de la renovación. Dejo a mi hija por las mañanas en una guardería, por la que abono la mitad de lo que yo gano. Por la casa que habitamos pagamos un alquiler mensual de 600 €. Pero no nos quejamos por nada de lo que le expongo. Visto que, al parecer, es usted uno de los nuestros, es decir, de los humildes, de los que están cerca de las gentes y de sus problemas, de los que todavía no se le ha subido el cargo a la cabeza, me atrevo a susurrarle ¿qué hay de lo mío?. O sea, ¿qué va a hacer con los empleos-basura, por una parte, y con los contratos de los becarios, por otra, que usted ha denunciado reiteradamente en la legislatura pasada? Y con la enseñanza: ¿qué futuro le espera a mi hija que el año próximo accedería a la enseñanza infantil? ¿Y con las ayudas a las parejas que tienen hijos y quieren trabajar ambos? Y para qué contarle lo de la vivienda. Ya sé que no le parece de recibo que, por ejemplo, en nuestro caso, tengamos que pagar algo más de la mitad de nuestros ingresos por un piso sin ascensor de dos dormitorios. Pero, ¿podremos acceder a una de las viviendas que usted prometió, pagando naturalmente una cantidad razonable? Como le he expuesto nuestra unión no responde a los cánones tradicionales de las bodas por la iglesia ni por lo civil. Nos fuimos a vivir por el rito del amor, esto es, por la unión libre de seres libres que se aman, respetan y se tratan como iguales. Los únicos papeles que firmamos para vivir juntos fueron los del alquiler y el de la luz. Con el gas, tiramos con el butano, y con el teléfono, usamos un móvil que le regalaron a mi chico por navidades. ¿Cree usted que se arreglará pronto la consideración de las parejas de hecho, en lo referente a los derechos sociales de seguridad social, sanidad, medicinas y otros, sobre todo pensando en la protección de nuestra niña? Ya sabe usted que cuando somos jóvenes no nos preocupamos mucho del futuro, pero cuando hay criaturitas por medio es otra cosa. No quiero abrumarle señor Presidente con una carta extensa de peticiones, puesto que lleva usted pocas horas en el cargo y mi chico y yo le concedemos todo el beneficio de la duda y de la buena voluntad. Tiempos vendrán (o no) de que tengamos que dirigirnos a usted o a alguno de los suyos en otro tono. No lo deseamos. Sería buena señal de que las cosas para la gente de la calle mejoran, aunque sea un poquito. No hace falta que me responda directamente. De modo similar a la fórmula que emplean en la radio ("le contestamos por la antena"), contésteme, por favor, con los hechos, con sus políticas concretas, con las medidas legislativas oportunas. Si no fuera así, podrá estar seguro de que, con todo respeto sí, pero con toda firmeza le escribiré dentro de cuatro años. Reciba usted un afectuoso saludo y un deseo sincero de suerte en su cometido por el bien de todas nosotras y de todos nosotros. Una ciudadana.
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