La tragedia europea
Sami Naïr
profesor de Ciencias Políticas de la Universidad París-VII y ex eurodiputado socialista
francés (EL PERIODICO, 22/06/05)

Cuatro problemas esenciales conformaban la esencia de la reunión del Consejo Europeo en
Bruselas de los días 16 y 17: el presupuesto, la ampliación, el futuro del Tratado Constitucional y el problema del crecimiento económico. En estos cuatro puntos, el fracaso es total. Era previsible. Aunque no a causa del no francés y holandés, sino debido a los problemas de fondo que se plantean en la construcción europea, y que el debate ha puesto en evidencia ante la opinión pública.

Naturalmente, los partidarios del sí al Tratado aprovechan la ocasión para imputar el fracaso al no. Pero eso es jugar con fuego: estas cuestiones existían mucho antes de la votación; y ésta, cualquiera que hubiera sido el resultado, no podía influir sobre las mismas.

1. En cuanto al presupuesto, está claro que se trata de un problema de identidad europea: ese aumento del 1,11% del PIB que algunos quieren reducir al 1%; y Francia no sólo exige que se reduzcan los fondos estructurales, sino también y sobre todo el cheque británico (el cual constituye una exacción fiscal injustificable que fue concebida hace 23 años como provisional). Gran Bretaña responde que es necesario reducir el presupuesto de la PAC (política agrícola común): pero es manifiesto que los futuros beneficiarios de la PAC serán los nuevos países del Este y, sobre todo, que la PAC es la única política europea enteramente comunitaria. Volver a poner en cuestión la PAC es volver a cuestionar la última política común europea existente (el euro no está comunitarizado, sólo 12 países participan en él). Una cosa es volver a desplegar la PAC y otra cosa es hacerla explotar para convertir Europa en un vasto mercado ultraliberalizado.

2. En la ampliación, se ha detenido el ritmo de integración: será más largo de lo previsto. No se ha dicho ni una palabra sobre Turquía. Pero Chirac, ayer firme partidario de su adhesión, ¡hoy aboga por fijar "unos límites a la ampliación"! Ello significa que las negociaciones con Turquía que se iniciarán en octubre corren el riesgo de enfriar a los herederos del gran imperio otomano. Su dignidad tiene unos límites.

3. Con el Tratado Constitucional ha sucedido lo que estaba previsto: ha sido abandonado, aunque algunos se hagan ilusiones creyendo que podrán recuperarlo algún día. Dinamarca, Irlanda, República Checa, Portugal, Suecia y Gran Bretaña han decidido no someter el texto a votación. ¿Por qué gastar dinero para organizar un referendo sobre un texto jurídicamente muerto y que puede conducir a una deslegitimación de los poderes establecidos?

4. Y finalmente, ante un verdadero problema de fondo, el del crecimiento para el empleo, el Consejo ha decidido no decidir nada, manteniéndose así fiel a su actitud de sumisión a la
Comisión Europea y al Banco Central Europeo. En esta cumbre no hay ni vencedores ni
vencidos: sólo hay dirigentes sin visión, consagrados o bien a la defensa de sus intereses
egoístas o bien, lo cual es más grave, a una idea abstracta de Europa. Frente a una crisis
histórica, estos dirigentes se ven afectados por lo que Freud llama negación de realidad.
Temiendo ser menospreciados todavía más por su actuación pasada, hacen ver que no ha
pasado nada. No obstante, el fracaso es terrible. Un alto funcionario de la UE observaba con crueldad que nadie quería asumir este fracaso, pues "aún es demasiado pronto. El cadáver de la Constitución --añadía--, está demasiado caliente. Hay que esperar al menos un año a que la bestia se haya enfriado de verdad para desmembrarla lejos de las miradas ajenas". Pero este señor se equivoca: no hay nada que desmembrar y mucho que inventar en Europa.

Ahora hay dos visiones opuestas: la de la Europa-mercado, rechazada por la inmensa mayoría de la opinión pública europea, pero que Blair sigue defendiendo, y la de una Europa socialmente integrada que está por inventar. Con la presidencia británica que ahora empieza se radicalizará este enfrentamiento.

EL ERROR sería considerar que existen unas divergencias de fondo entre la vía de Blair,
ultraliberal y proamericana, y la de Chirac-Schröder. De hecho, se trata de dos versiones de liberalismo diferentes: una elaborada tras la desestructuración del mercado de trabajo británico a partir de la revolución conservadora de Tatcher, y la otra que quería, con el Tratado Constitucional, abrir paso a una liberalización más suave. Los electores franceses y holandeses, siquiera por razones distintas, rechazaron este último modelo. Para poder salir de este callejón hay que hacer pedagogía, explicar a los pueblos por qué las reformas son necesarias y a la vez hacer de Europa un modelo para otra globalización.
¿La tragedia europea? Desdichadamente, en la actualidad no hay ni un solo dirigente europeo capaz de proponer un futuro consensuado a los ciudadanos de la Unión.

 

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