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En nombre de Europa yo voto NO
Genevièvre Azam, Pierre Khalfa,
Dominique Plihon,
Desde que el rechazo al Tratado Constitucional
europeo en el Referéndum del 29 de Mayo se perfila como algo posible
, los defensores del NO son interpelados ¿y que harán después
con su victoria?. Esta pregunta totalmente legítima, no se hace
en caso de victoria del SI porque todos sabemos perfectamente lo que ocurrirá
después. Todo seguirá como antes. La construcción
de Europa quedará marcada con el sello del neoliberalismo: el derecho
de la competencia continuaría jugando un papel normativo en la
organización de la vida económica de la Unión con
para consecuencia y para motor el deterioro de los servicios públicos,
poner a los estados a competir entre ellos obligándolos a practicar
el dumping social, fiscal y ecológico, la agravación de
la precariedad, la imposición de leyes ultraliberales en el marco
de la OMC.
Un rechazo al tratado, por el contrario, daría lugar a la apertura
de un nuevo periodo. Es verdad que las políticas neoliberales no
desaparecerían entonces como por encanto, y cualquiera que fuera
el resultado del referéndum, será necesario ampliar las
movilizaciones sociales y ciudadanas a escala europea para pesar sobre
las políticas públicas. Pero una victoria del NO, permitiría
hacerlo en condiciones que serían netamente mejores que en el supuesto
de la victoria del SI. En efecto, si este tratado fuera adoptado y además
por el voto directo de cierto número de países, el modelo
neoliberal y las políticas que contiene serían legitimadas.
El término "constitución" no es utilizado por
casualidad, tiene un significado simbólico e indica una voluntad
política de refundación de la Unión. Si este texto
fuera adoptado ¿cómo podríamos combatir las políticas
neoliberales depredadoras que de él se desprenden y que además
serían adoptadas con un voto popular? Esto es sistemáticamente
obviado por los partidarios del "SI de Izquierda".
Por el contrario, el rechazo a este texto legitimaría la lucha
contra el modelo neoliberal europeo, tendría un impacto considerable
en los demás países de Europa y modificaría la correlación
de fuerzas actual. Facilitaría las movilizaciones del movimiento
social y de los movimientos alterglobalización para construir "Otra
Europa". Si los ciudadanos rechazan el tratado constitucional portador
de este proyecto neoliberal, las propuestas aportadas por estos movimientos
verían reforzada su credibilidad. La esperanza de una Europa democrática,
de una Europa de los derechos y de la solidaridad entre los pueblos se
encontraría reforzada. Pero este combate será de larga duración
y es inútil esperar que los gobiernos liberales retomen espontáneamente
propuestas que vayan en ese sentido aunque el tratado constitucional sea
rechazado.
Entonces, ¿que podemos esperar al dia siguiente de un rechazo a
este texto? Simplemente que los gobiernos vuelvan a negociar un verdadero
tratado constitucional, es decir un texto que se limite a organizar los
poderes públicos europeos y que no nos impongan la poción
amarga del neoliberalismo mezclada con las reglas del funcionamiento de
las instituciones europeas. Lo que equivale a eliminar la parte III del
texto actual y purgar la parte I de todas las referencias a los principios
del neoliberalismo. Se trata por lo tanto de demandar inmediatamente que
los gobiernos europeos vuelvan a negociar en un marco controlado por los
ciudadanos, un texto que deje a los pueblos de Europa la elección
del sistema económico en el que quieren vivir y las políticas
económicas, sociales y medioambientales que desean ver puestas
en marcha.
.
Un texto tal, integraría los compromisos acordados entre los estados
y no debería hacer ninguna referencia a la doctrina neoliberal
ni a las políticas que de ella se desprenden. Esta negociación
será tanto más necesaria que las reglas de funcionamiento
actuales de la Unión, inscritas en el tratado de Niza, presentado
por sus firmantes en el 2000 como « el mejor texto europeo firmado
desde la existencia del Mercado Común », no están
adaptadas al funcionamientode veinticinco países y estos mañana
serán aun más. Los gobiernos estarán por lo tanto
obligados a renegociar, y además ya han comenzado a reflexionar
como lo han afirmado numerosos órganos de prensa que han evocado
un "plan B" en caso de rechazo al tratado constitucional.
Esta futura renegociación debería ser la ocasión
para que los pueblos de Europa se volvieran apropiar de la cuestión
europea. Este renegociación debería propiciar importantes
movilizaciones europeas para imponer que los derechos fundamentales presentes
en la Constitución de numerosos países sean claramente inscritos
en los valores y los objetivos de la Unión, entre ellos Francia,
en la Carta Social Europea de 1996 y en los textos de la ONU (Declaración
Universal de los Derechos del Hombre, Pacto de los Derechos Económicos
y Sociales). Estos derechos, hace falta recordarlo, van muchos mas allá
que la Carta de Derechos Fundamentales integrada en el Tratado Constitucional.
Si se consiguiera, tal inscripción podría ser un punto de
apoyo nada desdeñable para darle a continuación una efectividad
real.
El proceso de construcción de Europa no se bloqueará, ni
aún menos estallará, porque los pueblos de Europa se han
ligado a su existencia. No estamos ya en los días de después
de la segunda guerra mundial donde la paz entre las naciones podía
parecer fragil. El proceso de construcción de Europa ha permitido,
al menos en su seno, la creación de un espacio de paz y el debate
actual no cuestiona su necesidad sino sus modalidades. Luego, es precisamente
el proyecto europeo lo que corre el riesgo de dividirse si la competencia
entre los pueblos se erige en un principio, como lo propone de hecho el
tratado constitucional. Así que por su adopción nos ataría
a la picota del neoliberalismo, su rechazo puede abrir nuevas oportunidades
que tendrán que ser atrapadas por los pueblos de Europa.
Genevièvre Azam, vice-présidente du Conseil scientifique
d'Attac
Pierre Khalfa (Union syndicale Solidaires), membre du Conseil
d'administration d'Attac
Dominique Plihon, président du Conseil scientifique d'Attac
Au nom de l'Europe, je vote "non" :
http://www.france.attac.org/r613
Traducido por Attac Sevilla
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