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Crisis de la UE: ¿tras
la estela del mal menor?
Más lo cierto es que los años pasaron y con ellos el fracaso de las realizaciones sociales que ostentaron tan pretenciosa denominación, así los ciudadanos fueron acostumbrándose a transar, a negociar, especialmente entre su razón o su conciencia y sus intereses o lo que el sentido común mayoritario hacía aparecer como tal. Al ínterin, y no fuera a ser que a la gente le diera por ensayar nuevas aventuras siempre en pos de traer el reino de los cielos a este mundo mortal, un Pensamiento - o así - a medias entre la filosofía, la sociología y la gramática parda, pues venía acreditado, fue llenando durante la larga década de los años ochenta los anaqueles de las librerías, - allí donde antes se anunciaban las "Ciencias Sociales" - , le llamaron Postmodernismo y nos aseguraba que las utopías revolucionarias o democráticas eran solo mitos, "grandes relatos" en los que no merecía la pena perder el tiempo, que éramos unos ilusos sí confiábamos en el Consenso como mecanismo de buen gobierno, que la Paradoja clausura el aristotélico principio de no-contradicción, y que la ambigüedad calculada constituía una pauta de comunicación y conducta sumamente recomendable. Sin duda contribuyó a calmar la mala conciencia de muchos que pasaron en pocos años de la palabra incendiada, trinca y foulard, al coche oficial, en realidad hizo algo mas que eso: revistió con un ropaje de elegancia al cinismo hasta llegar a hacerlo irreconocible, todavía llegó a engendrar un hijuelo o versión mas progre como fue el llamado vocabulario o lenguaje "políticamente correcto", que es sin duda bastante mas que la adopción de una panoplia de terminología respetuosa con los derechos humanos, de hecho ha llegado a constituir el horizonte moral y el programa máximo de la socialdemocracia. En los campus de los EEUU de donde surgió, fue el vehículo que clausuró las ciencias sociales a favor de los "estudios de género" y los cultural studies. La socialdemocracia europea y los "liberales" americanos del Partido Demócrata pudieron así renunciar a programas políticos en exceso concretos confiando en que esa suerte de "sentido común" o nueva sensibilidad posmoderna de clase media hacía inteligible y aceptable el bienintencionado posibilismo que inspiraba sus acciones de gobierno, los grandes medios de comunicación se encargaban de generar esa atmósfera, prueba de ello fue el rechazo con que la sensibilidad de las clase medias urbanas recibían expresiones procedentes del lenguaje tradicional en la izquierda tales como "lucha" o "militancia" connotadas de violencia mientras que no percibían la mas mínima huella de tal actitud en otras como "mercado de trabajo" y aún en "diálogo" o "negociación" nada parece darles cuenta de la menor asimetría de las partes, que no podrán por menos de entenderse dados tan loables propósitos de partida. El desinterés o la subvaloración de las "cuestiones sociales", de las clases y los conflictos entre ellas se alzó frente al discurso y las reivindicaciones feministas a las que sutilmente se les instó a abandonar sus implicaciones clasistas, no sin hacerlo objeto de toda la violencia subyacente al abandono igualmente de potencialidades universalistas, planetarias, allí donde la pobreza, la absoluta miseria de la mujer, en el Sur mayoritario tiene su asiento. De igual manera el postmodernismo privilegió la atención (a través de los cultural studies , inspirador de la corriente liberal de la filosofía política llamada comunitarismo, base teórica de nuevos nacionalismos no abiertamente etnicistas), de todas las situaciones reales o supuestas o artificialmente fomentadas que concernía a etnias, lenguas, "pueblos", comunidades varias, - comunidades siempre - , de migrantes, gays, o de cualquier tipo, dado que, puesto a no ver clases , tampoco veía ciudadanos, en una suerte de antiestatismo generador al cabo de estados inviables por la escala o las circunstancias sociohistóricas derivadas de la geopolítica imperial, así Afganistán, ahora Iraq, pero ayer Bosnia, Kosovo, Transnitria, Chechenia, etc. Así pues, es falso que el descrédito de las ideas de izquierda se deba solo a su incapacidad para reformular un proyecto socialista y salvarse así de la abducción a la que le atrae la debacle de los estados del llamado campo socialista: todo un programa ideológico fue desplegado con la intención de hacer inviable la reforma de aquéllos estados en un sentido regeneracionista, la aventura de Gorbachov desde su perestroika a su actual Fundación financiada por millonarios estadounidenses es mas que una metáfora de lo que aquí argumentamos. Así pues, con los hábitos mentales posmodernos, del que hemos privilegiado a título de ejemplo considerar razonable - ya que no óptimo - poder elegir entre dos males tocante a cuestiones sociopolíticas que les afectan, o a las que se ven compelidos, al tiempo que admitiendo implícitamente que de los silencios, omisiones, - incluyendo las propias - complejidades, es el Mercado quien se hace cargo, (mas fiablemente que la clase política, sabida predadora o proclive al despilfarro en fastos o a la corrupción) los ciudadanos españoles no cuestionan el estatuto de normalidad que jerarquiza los conflictos nacionalitarios frente a cualquier otro, al lado del drama del desempleo o la precariedad laboral, de la vida en precario de la que es victima casi toda la juventud, las mujeres jóvenes con mayor gravedad, les preocupa asimismo mas los estragos del terrorismo frente a los de los accidentes laborales con resultado de muerte o invalidez , (en tanto casos bien cerca de verdadero homicidio empresarial) y finalmente, no perciben ni manipulación ni complicidad mutua entre las dos grandes formaciones políticas estatales que eligen como campo de Agramante la libertad de costumbres o la preservación con mayor o menor eficacia de la integridad territorial nacional que estaría lejos de verse amenazada. Armado, por así decirlo, de esa curiosa mezcla de cinismo y credulidad, los ciudadanos españoles han asistido no sin estupor al resultado de los referéndum sobre la Constitución Europea en Francia y en Holanda, e inmediatamente y tras el Consejo de los pasados días 16 y 17 de junio a la hibernación del cadáver del Tratado. Parece que franceses y holandeses no se resignan a elegir entre dos males: desregulación laboral y consiguiente precarización del trabajo y la vida, privatización de los servicios públicos, mercantilización de todo, a medio plazo y pactado con los agentes sociales (es decir con la complicidad de la Confederación Europea de Sindicatos, la CES) pero dentro de una cuasi confederación de estados presididos por el culto omnipresente y omnicomprensivo a la Competitividad, como figura en el texto rechazado, o, el peor de los dos males que tiene a Blair por campeón, es decir lo mismo o parecido pero sin complicidad sindical, y por tanto "flexibilizando" resueltamente el "mercado de trabajo" (esto es acercándose lo mas posible al despido libre) reducción significativa de los gastos sociales - con el seguro de desempleo privilegiadamente - quebrándoles el espinazo si fuera preciso, (aunque con los sindicatos británicos eso lo hizo Thatcher para Blair) prescindiendo de superestructuras políticas unitarias burocráticas y superfluas - el Tratado, al decir de Blair - y desmantelando las impopulares subvenciones a la agricultura, como prerrequisito para un nuevo reparto de las contribuciones y ayudas. Olvidando, de paso, las veleidades rearmamentistas en clave de eurofortaleza que para ello ya está la OTAN. A la vista del escenario la pregunta es: ¿funcionará la eurocredulidad española en seguimiento del proyecto menos malo? ¿Será capaz la socialdemocracia europeo, eurofederalista, de articular siquiera un programa común que pueda hacer suyo la CES? ¿Serán los movimiento sociales y sindicatos opuestos al Tratado capaces de hacer visible un proyecto eurofederalista regenador, o refundador, o reformador, claramente alternativo al de la CES? El inmediato futuro augura fuertes luchas sociales y sindicales, también que la CES tendrá que recurrir a ellas, porque ni mucho menos el funcionariado, por no decir los trabajadores de las grandes empresas públicas y privadas con empleo fijo, - que constituyen sus principales bases - van a sentirse a salvo de la amenaza del blairismo ¿Seremos los demás, los que defendíamos la Europa Social frente al Tratado capaces de presionar, de luchar resueltamente tras objetivos propios y sin ambigüedades o estamos condenados a hacer huelgas y manifestaciones tratando de salvar lo que se pueda de lo que queda de los estados sociales de derechos?, esto es, ¿se trata de que ya no bastará con optar meramente por el mal menor sino que habrá, detrás de CCOO y UGT en España, que luchar, además, por él? Empiezan a dibujarse iniciativas de nivel paneuropeo que permiten abrigar esperanzas, la necesidad de que el Foro Social Europeo se pronuncie unitariamente por un proyecto de Europa Social debe instalarse privilegiadamente entre ellas, igualmente aquellas que avanzan hacia la formación de un nuevo poder constituyente ciudadano.
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