Parlamento y referéndum
Lujo Cierno


Estrella Digital


En su carta a esta ESTRELLA del otro día, la doctora Calvo Garrido escribía: “Cuenta más la mitad de la población europea que votó el sí que el no francés”. ¿De dónde saca doña María Teresa que “más de la mitad de la población europea votó el sí”? Si hacemos caso omiso del apaño español (véase más adelante), menos ayer en Holanda la población europea no ha votado todavía. Han votado diputados, punto.

Sepa la doctora Calvo Garrido que el sufragio universal se vale de dos cauces para la expresión de la voluntad del pueblo soberano: el Parlamento y el referéndum.

Los diputados encarnan sin duda la voluntad popular, pero es intermediada y diferidamente, mientras que el referéndum es la expresión directa, inmediata de la voluntad popular.

La dificultad es cuando no coinciden y resultan ser dos manifestaciones antagónicas de un mismo sufragio universal. Verbigracia:

Si Blair hubiera sometido a referéndum la entrada en la guerra, no habría habido nunca soldados ingleses en Basora.

Si Chirac hubiera optado por la vía parlamentaria, el resultado francés no hubiera sido un 45% de OUI, sino más de un 90%, que es la proporción conjunta en la Assemblée Nationale de los diputados de los tres partidos de derechas (Parti Socialiste, UDF y UMP) abogados del OUI.

En Alemania, la Ley Fundamental prohíbe la celebración de referendos, pero se nos dice que, según los sondeos, el 80% de los alemanes hubieran votado JA. Ahora bien, en Francia había igualmente al principio un 80% de OUI, y fue luego menguando hasta quedarse definitivamente en un 45%, en comparación con el 55% de NON, que inicialmente no pasaba del 20%.

Nos queda el caso de España, que cabe resumir como sigue:

a) debate previo somerísimo; b) ocultación en el mismo del tercer libro de la Constitución propuesta, mamotreto de 484 artículos, 250 páginas y kilo y cuarto de peso; c) persistencia del apego reverente que inspiran al electorado español los políticos (individuos, partidos), a contracorriente de lo que ocurre en los demás países de Europa (salvo en los eslavos de régimen democrático-occidental reciente, vale decir, los del Este); y, por último, d) el resultado propiamente dicho: “el 73% del SÍ” es, más exactamente, el 73% del 100% total menos el 57% de la abstención = 73% de 43%, luego un 31% de SÍ, o sea, catorce puntos porcentuales menos que el OUI de los franceses: apenas uno de cada tres españoles votó SÍ, doctora.

 

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