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INVISIBLES V: SORIANOS
María Angeles Maeso
En la Europa de los 25 sólo hay tres desiertos demográficos: la Laponia
Nórdica, las Tierras Altas escocesas y la provincia de Soria, que no llega
ni a los 9 habitantes por km2. Esto significa que para acudir a una consulta
médica, del especialista que sea, hay que recorrer distancias de desierto.
Desde el punto donde me encuentro (Valdanzo) 100 km. de ida y otros 100
de vuelta. 200km. en total. Los habitantes de las periferias sorianas
tienen que hacer dichos recorridos como sólo se hacen en países de tercer
mundo, que es este mismo, invisible y callado que habita entre nosotros.
Sea enero o sea mayo, el paciente tendrá que levantarse a las 7 de la
mañana para ir en tractor o pagando un taxi hasta alguna población cercana,
en la que esperar a que un coche de línea regular le recoja y le lleve
hasta la capital. Con frecuencia, el paciente de este desierto deberá
acudir a realizarse pruebas en ayunas; con frecuencia suele ser un anciano,
perceptor de las mínima pensión, tan mínima que pagar un taxi para recorrer
los 10 km. que le corresponden como morador, es un gasto muy muy extra;
con frecuencia no puede contar con la ayuda de acompañante alguno en estos
viajes. Los hijos emigraron años atrás a las zonas industriales de esas
comunidades de PBI tan alto que piden ser extraordinariamente autónomas
como sea, de modo que el paciente recorre el calvario solo. A veces, cuando
llega al hospital el médico ya se ha ido. A veces, cuando sale, el coche
de línea también. A veces no pasa porque hay demasiada nieve o hielo,
y a veces sin ser tanta la inclemencia de la naturaleza no hay quien se
atreva a subir el Temeroso. Y a veces hay médicos que tienen en cuenta
el viaje que ha hecho este paciente, a veces hay familiares, paisanos,
amigos que dan conversación y tanta afabilidad que convierten tales desplazamientos
en lo mejor de la semana, en uno de esos días que rompen la rutina.
Pero ningún desierto ofrece demasiadas palabras, ni miradas, ni rostros,
ni amables ni de los otros y sí un invierno largo. Vivir en el desierto
significa pasar por una fría soledad con más frecuencia de la que cualquiera
desea. Significa volver a casa con 200 km. recorridos sin haber visto
un niño; ni un buen lugar donde poner el cuerpo. Otras poblaciones mejor
dotadas de servicios como El Burgo o Berlanga o Almazán también pierden
su gente, cierran cada año escuelas y ven cómo sus jóvenes huyen hacia
no se sabe dónde.
Por todo ello, los habitantes de este desierto llamado Soria vieron con
entusiasmo la llegada de un castellano-leonés nada menos a la Presidencia
del Gobierno. Y algo esperaban del Consejo de Ministros celebrado en León
el pasado 23 de julio. Algo para que ese paciente tuviera que recorrer
menos km; o para que no resultara tan duro el viaje; o para que al llegar
a su pueblo tuviera cerca algún chico al que contárselo. Algo. Y en efecto,
en esa reunión de León se acordaron 33 medidas, con un valor cercano al
billón de pesetas, para revitalizar la comunidad castellano-leonesa. Pero
el grado de invisibilidad de Soria es tan extremo que ninguna de esas
pesetas será para mejorar la vida de sus moradores. Cualquiera de ellos
se siente burlado y se pregunta cuántos habitantes tenía el País Vasco
cuando aún era 'las provincias vascongadas', por ejemplo. Ofendidos, humillados,
despreciados los pacientes de este desierto junto al Duero han expresado
su indignación demostrando una capacidad inusitada para organizar la protesta:
manifestaciones, sentadas, recogidas de firmas y en algunos pueblos hasta
calendarios con las fotos de sus mozos desnudos (insuficientes, por cierto,
en número para cada mes del año) que han llenado las portadas de los dos
periódicos provinciales.
Sólo la maldita invisibilidad de la provincia explica que ninguno de los
medios de comunicación nacionales se haya hecho eco del doliente griterío
que ha cruzado la provincia durante todo el verano. Revisando la milenaria
resignación, sosteniendo el NO numantino, trabajando por lanzar propuestas
de futuro, sacudiéndose de encima la paciencia geológica para dirigir
la rabia andan los sorianos preguntándose qué hace falta para ser vistos
y oídos.
Dice el texto de la Plataforma ¡Soria Ya!: "No pedimos favores, que nuestro
orgullo nos lo impediría, sino justicia" Y esto quiere decir que la soluciones
no deben venir por subvencionar y apesebrar al soriano declarándole, como
al buitre o al lince, especie protegida, (sospecho que incluso para eso,
dada la escasez de parejas autóctonas y fértiles, es tarde), sino por
esas inversiones en contantes euros que sirven para crear empleo, para
mejorar carreteras, para abrir hospitales y colegios. Para traer vida
a este territorio en el que surge, una vez más la pregunta: ¿Cómo es posible
tanta riqueza en abandono?
Paradójicamente, adonde no han llegado los euros, llegan las voces que
advierten del peligro de la superpoblación, de ese exceso de gente que
no soportará la tierra. Aquí, donde un buenos días te cuesta tus buenos
10 kilómetros, tienes que oír que no cabemos en el santo suelo. Así son
las cosas bajo los telediarios globales. Por eso me pregunto ¿quién va
a tener por buena la idea de declarar una fecha (el 27 de septiembre es
la propuesta por la ¡Soria ya!) como Día de la Despoblación?
Este desierto no es nuevo, es rancio el abandono de estas tierras por
parte de las instituciones. Cuando otros pasaron de visita por aquí vieron
la piedra en alto, el halcón, el ciprés, la cruz, el cielo… Dejaron que
por el suelo creciera el desierto, miraron, con los ojos del alma al campesino,
y lo llamaron místico o austero… No se puede ser más cínico.
Valdanzo 7 de agosto de 2004
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