Fuente:El Dipló http://www.eldiplo.org/
Autor: Ernest Antoine: Gran liquidación de la electricidad en Europa

Reformas sin resultados favorables. La red eléctrica francesa ha sido objeto en los últimos días de sabotajes cometidos por trabajadores de Electricité de France y de manifestaciones masivas contra su privatización. El gobierno quiere colocar en Bolsa parte del capital del grupo y convertirlo en sociedad anónima. Donde quiera que se haya implementado, ese modelo fracasó.

Ausentes del mercado francés desde la nacionalización en 1946 de las compañías del “trust eléctrico” y desacreditados antes de la Guerra, principalmente por la ausencia de competencia y por sus ententes, los grupos privados se aprestan a efectuar un retorno triunfal. En efecto, en las próximas semanas, Electricité de France (EDF) y Gaz de France (GDF), nacidas de los principios establecidos por el Consejo Nacional de la Resistencia, deberían “abrirse a la competencia”, según la consagrada expresión.
Los diferentes productores se están preparando: el italiano Enel, el belga Electrabrel –propiedad de Suez–, los alemanes E.ON y RWE o los españoles Endesa e Iberdrola; que el más importante de todos siga siendo EDF explica su mala relación con la Dirección de la competencia de la Comisión de Bruselas. En cambio, la red de transporte de electricidad goza del status jurídico de “monopolio natural”. Por lo tanto sus líneas siguen siendo propiedad de la empresa Réseau de transport d’électricité (Red de Transporte de Electricidad), filial de EDF especialmente creada en julio de 2000 con vistas a la privatización. Por último, se fundó la Comisión de Regulación de la Energía (CRE) encargada de velar “por el buen funcionamiento del mercado”... y de vigilar a EDF para que no abuse de su poder.

El sector está pues reorganizado según el modelo de la industria de las telecomunicaciones (1). En un reflejo pavloviano, los inversores bursátiles apuestan a los operadores de electricidad como hace cuatro años apostaron a las telecomunicaciones, antes de que estallara la burbuja especulativa. Con idénticos riesgos. En enero de 2003, durante una conferencia acerca del porvenir del sector en Europa, un asesor en estrategia advierte: “Encontramos el mismo tipo de especulación que afectó a las telecomunicaciones, excepto que en la electricidad los grupos ya están endeudados” (2). Lo que hace aun más peligrosa la estrategia de adquisición de empresas a precios sobrevaluados a través de Europa. La misma carrera había dejado a la buena de Dios a empresas como France Telecom o Vivendi Universal que, por otra parte, producían enormes ganancias.

Con la apertura total del mercado de la electricidad, se prevén beneficios colosales para aquellos que “escogerán la flor y nata del mercado” en detrimento de los usuarios. Desde ese punto de vista, el famoso “retraso francés” está por colmarse. En el año 2000 se abrió el mercado de las grandes empresas, las más glotonas, aquellas que consumen anualmente un tercio de la electricidad que se produce en Francia. El poder de negociación de grupos como Alcan-Pechiney (segundo productor mundial de aluminio) o Arcelor (número uno de la siderurgia) es tal que los competidores de EDF sólo lo consideraron un premio consuelo antes de tener acceso, a partir del 1 de julio de 2004, a los consumidores más rentables: la clientela llamada profesional (pymes, pequeños comerciantes, supermercados, artesanos, abogados, médicos, administraciones, colectividades locales) que serán 500.000 para el gas y 2,2 millones para la electricidad. Y el 1 de enero de 2007 se abrirá la competencia a todos los hogares, a los cuatro vientos.

Entre las sociedades al asecho se encuentra Suez. Propietaria de la EDF-GDF belga desde fines de la década de 1990, la multinacional se erigió en 2003 como segundo productor francés, apoderándose del 49% del capital de la Compagnie Nationale du Rhône (Compañía Nacional del Ródano - CNR). En los hechos una “verdadera renta hidráulica” como lo explica la asociación Resistencias Eléctricas y Gasíferas (3) que describe la toma de control como una captación de herencia: en su momento EDF financió la construcción de represas de la CNR. Pero hace mucho que están amortizadas. Ahora sólo queda embolsar respetables beneficios.

Un “oligopolio de hecho”

Para velar sobre esta renta, Suez cuenta entre sus administradores con Edmond Alphandéry, ex ministro de Edouard Balladur y sobre todo ex dirigente de EDF. Después de muchas dificultades en el sector del agua, la multinacional apuesta sin complejos a la fecha del 1 de julio de 2004 para almacenar ganancias. Su PDG (Presidente Director General) Gérard Mestrallet no deja de presentar la apertura hacia el sector privado como una oportunidad: “Los precios suben dado que las sobrecapacidades nucleares desaparecen mientras que la demanda sigue creciendo” (4). El año pasado el precio mayorista de la electricidad trepó un 30%. Incluso la SNCF (Sociedad Nacional de Ferrocarriles de Francia) protestó a fines de abril de 2004 contra el aumento del 50% de su factura desde que en el año 2000 fuera abierta la competencia.

Para explicar este incremento, los que se oponen a la privatización argumentan que se debe al acuerdo entre los diferentes productores. Una hipótesis difundida por los consumidores industriales y que, naturalmente, combaten todos los productores. Algo es seguro: a pesar de la competencia, la cotización de la electricidad no deja de aumentar. ¿Acaso el software de la liberalización comportaría un error de programación?

En efecto, Bruselas había prometido una disminución de los costos. Con la liberalización “las tarifas de EDF podrían ser todavía más bajas” (5), profetizaba Philippe Manière, ex editorialista de Le Point y actual dirigente del instituto Montaigne (6), mientras que EDF, sujeta al régimen de monopolio público, logra ofrecer las tarifas más baratas de Europa. En realidad, “si para reformar el sector eléctrico triunfó el concepto de apertura a la competencia, no es gracias a una superioridad intrínseca en relación con otras soluciones sino más bien a causa de un contexto ideológico favorable” a partir de la primera crisis del petróleo, explica el alto funcionario François Soult (7).

Ironías de la historia, para modificar un sector cuyas alzas de tarifas en Europa cristalizaron los descontentos a partir de la década del ’70, los responsables políticos europeos no adoptaron el modelo EDF que había dado pruebas de eficiencia –aunque no todo fuera perfecto– sino el que proponía el país más “retrasado”: el Reino Unido de Margaret Thatcher, cuyo sector eléctrico muestra una de las peores performances europeas, con precios superiores en un 25% a los que entonces tenía EDF. El Primer Ministro británico de entonces transportó en realidad el modelo estadounidense surgido en 1984, con el estallido del poderoso grupo ATT en muchos operadores telefónicos, en adelante “libres de competir entre ellos” (8).

Margaret Thatcher preparó el terreno mediante una serie de conferencias en Europa y Bruselas, esfuerzo que en 1996 fue coronado por el éxito con la primera directiva que preveía la apertura a la competencia de un tercio del mercado europeo a partir del año 2000. Luego, en marzo de 2002, tras empremder la privatización de France Telecom, el gobierno de Lionel Jospin firmó el tratado de Barcelona que extendía la competencia a los clientes profesionales y particulares. Alejándose de las posiciones defendidas por Alemania, Grecia o Bélgica, el gobierno de la izquierda plural se acercaba a la posición británica –continuada por el laborista Anthony Blair– apenas un mes antes de las elecciones presidenciales en Francia. ¡Sin que esa opción suscitara siquiera un debate (9)!
Se multiplica entonces el descontento entre una clientela ahora “libre de elegir” su proveedor. Así, después de haber formado parte de los primeros convertidos al fundamentalismo de mercado, la Uniden, la Unión de Industrias Usuarias de Energía que agrupa a las grandes empresas francesas que tienen a la electricidad como “primera materia prima”, se suma a los detractores de la liberalización. En un comunicado de marzo de 2004 la Uniden denuncia “una liberalización con efectos perversos”, la creación de “un mercado fuertemente manipulable” por los productores, calificado de “oligopolio de hecho”. Aunque no le guste a los fundamentalistas de la competencia, los industriales extrañan el viejo “monopolio de derecho” y su “marco previsible”. ¿Podía ser de otro modo? En cualquier latitud, el modelo de referencia jamás produjo las ventajas que prometió, ni en Canadá, ni en Australia, ni en Nueva Zelanda, ni en Brasil.
Por supuesto, el caso más célebre es el de California en 2000 y 2001.

Allí los productores se pusieron de acuerdo para organizar una penuria eléctrica destinada a aumentar los precios. Ya sea poniendo en reparación una gran cantidad de centrales, ya sea provocando la congestión de la red de líneas de alta tensión, ya sea exportando a los Estados vecinos. Una filial del mismo grupo se encargaba de revender electricidad a los clientes californianos. Entre tanto el precio de los electrones se disparaba. El Estado de California recién puso fin al aumento de precios y a la multiplicación de los cortes cuando fijó directamente el precio en el mercado mayorista. Luego se endeudó para evitar la quiebra de las compañías distribuidoras. Por el contrario, los agentes como Enron se derrumbaron, no sin antes haber aprovechado el sistema. “La crisis californiana se resume en esta pregunta: ¿cómo un robo de 30 mil millones de dólares pudo producirse a plena luz del día?” (10), escribe el economista Paul Krugman, quien se opone a la liberalización de la electricidad, sector al que considera fácilmente manipulable.En Europa el análisis detallado es esclarecedor. Empezando por la cuestión de los precios. Incluso si bajaron, en todas partes siguen siendo más altos que los de EDF: la competencia tiene un costo.

Hay que inflar los presupuestos publicitarios, invertir en informática y separar empresas integradas. Y como testimonian los países más abiertos como España y Alemania, la “competencia” se limita a algunos actores privados cada vez más poderosos. Así es como el año pasado la compañía de electricidad E.On compró a la de gas Ruhrgaz, recreando –en una medida más modesta– la EDF/GDF de la época anterior a las directivas europeas, pero privada. “Si un proceso puede pretender encarnar toda la diferencia que existe entre la ideología liberal y su realidad profunda, la desregulación a la alemana está en primera fila”, bromean los miembros del colectivo Jean Marcel Moulin (11), compuesto por altos ejecutivos de EDF que quieren permanecer en el anonimato.

La situación en Italia no es mejor: además de tarifas elevadas, el país sufrió cortes en la primavera boreal de 2003 así como un apagón general en septiembre, en horas de poca actividad. Por su parte, Suecia, que dispone de abundante electricidad de origen hidráulico, abrió sus represas y exportó corriente a todo el continente en el verano boreal de 2002, cuando los precios eran altos. Problema: las lluvias de otoño no bastaron para reconstituir las reservas de las represas y permitir a Suecia pasar el invierno. Entonces, el país nórdico tuvo a su vez que importar electricidad, rompiendo su alcancía.

El Reino Unido acumula desventajas (handicaps). De 1991 a 2001 la liberalización no provocó ningúna baja de precios mientras que los costos disminuían (desafectación de viejas centrales, despidos...)

Entonces el regulador británico intervino sobre los precios mayoristas que, en consecuencia, cayeron un 40%. Los productores intentaron reconstituir sus márgenes de ganancia comprando las sociedades que comercializaban la corriente a los consumidores, consideradas más rentables. A pesar de ello, “alrededor del 40% de la producción pertenece a empresas quebradas o a punto de quebrar”, subrayan Steve Thomas y David Hall, investigadores de la Universidad de Greenwich, en un informe realizado por cuenta de la Federación Internacional de los Servicios Públicos (12). El gobierno de Anthony Blair inyectó 650 millones de libras esterlinas para evitar la desaparición de British Energy, propietaria del conjunto de centrales nucleares del país. El regulador interviene igualmente para disminuir las tarifas del transporte de energía. Al mismo tiempo, deseosos de preservar el ingreso de sus accionistas, los propietarios de redes disminuyen sus inversiones. Los consumidores siguen pagando mucho. A la espera del apagón.

¿Y los desechos nucleares?

En realidad, la liberalización “no funciona por razones técnicas inevitables”, resume François Soult (13). La primera: la electricidad no se almacena. Al encender un acondicionador de aire en verano, quizás el usuario esté poniendo en marcha, exactamente en ese mismo momento, una central nuclear encargada de asegurar el equilibrio entre oferta y demanda. Si no, se produce un corte como el de agosto de 2003, que durante 24 horas sumió en la oscuridad a 50 millones de residentes del noreste de Estados Unidos. En un caso de ese tipo, la electricidad necesaria para mantener el equilibrio se dispara… Durante la canícula francesa el precio promedio del megavatio/hora en el mercado mayorista se multiplicó por 50 en una hora. “Para el hombre y la mujer común esta libertad de elección se traducirá en libertad para pagar más cara su electricidad”, previene François Soult. Sin hablar del tiempo que
deberá consagrarse a comparar las ofertas de los diferentes operadores.

Segunda característica técnica: para evitar los cortes, el productor debe invertir en la construcción de centrales que funcionarán sólo algunas semanas por año. No sólo esas sobrecapacidades nunca serán rentables, sino que durante las épocas de fuerte demanda presionarán el precio de la electricidad permanentemente hacia abajo. Los productores
sometidos a la competencia tienen pues dos buenas razones para no invertir. Ningún productor de electricidad destinará los miles de millones que necesita la construcción de una central nuclear, que demanda seis años. “La mano invisible de Adam Smith tal vez necesite un bastón blanco”, ironiza Dominique Maillard, responsable de la Dirección
General de la Energía y de Materias Primas (14).

Ultima particularidad técnica: el hada electricidad viaja muy mal. Un mercado europeo unificado y fluido da cuenta de la fantasía. En las líneas de alta tensión gran parte de los electrones se disipan en forma de calor más allá de 200 kilómetros de recorrido. Por lo tanto, un electrón finlandés nunca llegará a iluminar las calles de Lisboa. En semejantes condiciones, ¿por qué destinar miles de millones en construir “autopistas de energía” a través de Europa? Sería un esfuerzo comparable al que tendría que hacerse para “llenar el Mediterráneo” (15), revela Marcel Boiteux, quien sin embargo es un liberal convencido.

Evidentemente la liberalización no es un fracaso para todo el mundo, ya que permite a los capitales privados compartir la propiedad de empresas eléctricas. El colectivo Jean Marcel Moulin denuncia el futuro desmantelamiento de EDF-GDF y, más adelante, su posible compra por empresas privadas… que podrán transformarse en monopolio.

Nicolas Sarkozy, ministro de Economía y Finanzas, intenta tranquilizarnos: “EDF-GDF no será privatizada. En cambio, deberemos cambiar el status de las grandes empresas para adaptarlo y así proveerles los medios de desarrollo que necesiten” en el mercado competitivo, declaró dos días antes de una manifestación nacional del personal de EDF y GDF que sabe que un cambio de status es simplemente
una etapa hacia el ingreso en Bolsa, y luego la privatización, siguiendo los pasos de France Telecom.

Nada justifica que cotice en Bolsa y aun menos la necesidad de dinero fresco, como lo hace notar Yves Salesse, copresidente de la fundación Copernic (16): “Por el contrario, es justamente su desarrollo internacional lo que puso en dificultades a EDF”. En nombre de la futura privatización y de las pérdidas programadas de partes del mercado francés, EDF adquirió sociedades a precios prohibitivos, algunas de las cuales muestran finalmente pérdidas y necesitan de grandes inversiones. Así, François Soult estima que EDF perdió internacionalmente 7 mil millones de euros. Aunque debilitada, sigue siendo una empresa muy rentable con 4 a 5 mil millones de euros de autofinanciamiento anual, que se agregan a sus 19 mil millones de euros de fondos propios. Para hacerla aun más atractiva, un proyecto de ley se apresta a tranferir a la colectividad el pago de las jubilaciones de los agentes de EDG-GDF, contra el depósito de una compensación de 15 mil millones de euros para ambos grupos. Para los asalariados el
resultado es la amenaza de no seguir beneficiándose con su régimen jubilatorio especial, que sin embargo forma parte de sus contratos de trabajo.Los franceses no sólo van a ser expoliados de parte del patrimonio nacional que constituye EDF sino que corren el riesgo de ver disminuida su seguridad. ¿Cómo se respetará la seguridad de las
centrales nucleares? Ya son muchos los que alertan acerca de las reducciones de personal y el recurso –cada vez menos controlado– al personal externo para mantenimiento (17). En estos últimos tres años, el grupo EDF suprimió 8.800 empleos en Europa según el Comité del grupo europeo de la empresa pública. En Inglaterra, el sindicato Prospect se alarma por la baja del 62% en el número de efectivos de la industria eléctrica desde la privatización de 1991 (18). ¿Quién financiará el desmantelamiento de las centrales que se desafecten? Existe el real riesgo de asistir a una privatización de la renta nuclear y a una colectivización de los desechos…
Por último, está la cuestión de la igualdad de acceso y servicios para todos los usuarios, razón misma de la creación de las empresas de energía en 1946. François Roussely, actual PDG de EDF, busca dar un mensaje tranquilizador: “Todo el dispositivo descansa sobre el mantenimiento de una nivelación tarifaria que garantice el precio de la energía en los cuatro puntos del país (...). Lo que significa que se garantiza el principio de igualdad” (19). Jean-Pierre Raffarin propone incluso la instauración de una tarifa social… que tiene de social únicamente el nombre. Una empresa de servicio público para la que la ganancia no es su objetivo puede asegurar electricidad para todos. Pero “el Estado se priva de uno de sus instrumentos colectivos”, interviene Yves Salesse.
A pesar de la encuesta sobre las finanzas del Comité de Empresa de EDF, los sindicatos de la energía movilizan a muchos asalariados contra la privatización que marcará el fin de los servicios públicos franceses. Y la culpa no será de Bruselas: ¡ningún tratado europeo obliga a los Estados a privatizar sus empresas de servicios públicos!
La cuenta regresiva continúa. Luego de laselecciones regionales del 21 y 28 de marzo de 2004, el Partido Socialista condenó el proceso privatizador. No obstante, en mayo de 1997 Dominique Strauss Kahn declaraba que la izquierda nunca abriría el capital de France Telecom.

Lo que finalmente hizo cinco meses más tarde.

Por Ernest Antoine, Periodista.
Traducción: Teresa Garufi
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(1) Pierre Khalfa, “Télécoms, le laboratoire de la libéralisation”, Manière de voir, Nº 61, París, enero-febrero de 2002.
(2) 22-1-03, en París.
(3) REG agrupa a diferentes corporaciones de EDF-GDF que se oponen a la globalización (http://www.globenet.ord/aitec/reg).
(4) Presentación del balance 2003, París, 4-3-04.
(5) Debate en Business FM, 7-4-04.
(6) Think tank a la francesa instalado por Claude Bébéar, ex presidente de Axa, cuya dirección incluye a Alain Mérieux, patrón del grupo del mismo nombre y a Henri Lachmann, PDG de Schneider Electric.
(7) François Soult, EDF, chronique d’un désastre inéluctable, Calman-Lévy, París, 2003.
(8) Dan Schiller, “Telecomunicaciones: los fracasos de una revolución”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2003.
(9) Bernard Cassen, “La mecánica europea confisca la soberanía popular”, Informe-Dipló (http://www.eldiplo.org), 10-5-02.
(10) Paul Krugman, “In broad daylight”, The New York Times, 27-9-02.
(11) Colectivo Jean Marcel Moulin, EDF-GDF, non à la privatisation-spoliation, Syllepse, París, 2004. El colectivo se refiere al mismo tiempo al espíritu de resistencia con Jean Moulin y a la historia del
grupo con Marcel Boiteux.
(12) Steve Thomas y David Hall, “Blackouts: does liberalisation and privatisation increase the risk?”, en el sitio http://www.psiru.org.
(13) Entrevista en el programa “Des sous et des hommes” en Radio Aligre, 12-3-04.
(14) Conferencia Les Echos-Energie News, París, 10-2-04.
(15) Les Echos, París, 31-10-03.
(16) EDF-GDF, Non à la privatisation-spoliation, op. cit(17) “Le nucléaire et l’homme”, actas del coloquio del 9 y 10-10-02, EDF, Anact, la Mutualité française y Santé et travail.
(18) Enerpresse, 28-1-04.
(19) Audiencia ante el Consejo Económico y Social, 26-11-03.

 

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