Sobre la nueva 'reforma' educativa en ciernes
Salustiano Martín *


Tres núcleos distorsionadores que impedirán que la nueva Reforma sea realmente progresista:

1) La fuerza ideológica, social, económica y política de la Iglesia, manifestada a través de la persistencia "naturalizada" del Concordato con el Vaticano y de la "doble red" privada concertada/pública.

2) Las "instrucciones" de las organizaciones internacionales neoliberales que promueven la fragmentación del sistema y su mercantilización en la línea neoliberal; es decir, la destrucción de la enseñanza pública y su conversión en una enseñanza privada financiada por el Estado.

3) El discurso educativo pseudoprogresista de la pseudoizquierda, que ha destruido las propias bases del aprendizaje de la clase trabajadora y que impide cualquier reconstrucción seria de la educación desde dentro del propio sistema educativo.

Este discurso es el culpable de la desmoralización interna de la educación pública (de los profesores, por ejemplo) y del hundimiento de los niveles educativos en los centros públicos, y favorece, así, la reconversión educativa propiciada por las organizaciones internacionales neoliberales y el afianzamiento de los intereses económicos, políticos e ideológicos de la Iglesia.

- > El gobierno del PSOE permanece impotente ante esos tres núcleos distorsionadores.

- > El trabajo destructivo de éstos opera en niveles distintos, pero complementarios, y produce sinergias negativas que interactúan en el seno del sistema:

1) Dentro de la estructura educativa española la Iglesia produce el afianzamiento de la Privada concertada religiosa y el hundimiento simultáneo de la Pública. Cada vez hay más dinero para la Privada concertada y menos para la Pública. Cada vez hay más alumnos en la Privada concertada y menos en la Pública. El Gobierno no tiene fuerza suficiente ni voluntad política como para oponerse a esta situación: ni denuncia el Concordato, ni trata de hacer retroceder el predominio de la Privada concertada. La Reforma educativa nace muerta en este nivel. Lo mismo vale para el tema del adoctrinamiento religioso en los centros públicos y, sobre todo, en los privados concertados: el Gobierno no va a hacer nada por impedirlo.

2) En el nivel de la fragmentación creciente, la nueva reforma basa sus criterios en las "instrucciones" de las instituciones neoliberales supranacionales. La autonomía de los centros (realizada en relación con los presuntos "intereses" y "necesidades" de los alumnos) producirá mayor desigualdad, más fragmentación, la profundización de la conversión del sistema educativo en un mercado que ofrecerá sus servicios a los clientes de acuerdo con sus deseos (social y culturalmente determinados) de compra. Nada que tenga que ver con la unidad del sistema educativo o con una socialización ciudadana común.

3) Dentro del funcionamiento mismo de los currículos, y de la relación educativa en los centros y en las aulas, el discurso educativo dominante (excrecencia patológica de cierta izquierda pequeño burguesa) impide que se pueda producir una recuperación desde dentro de los niveles educativos. Dicha teoría educativa dominante paraliza los criterios del Gobierno. No hay voluntad política real de lograr los máximos conocimiento para todos, ni, por tanto, de impedir la existencia misma del fracaso escolar. El Gobierno sólo alcanza a querer producir (inútilmente) reformitas para cubrir el expediente: parches que tratarán de remediar (sin éxito ninguno) el fracaso ya producido. Tampoco en este nivel la Reforma hará otra cosa que mostrar su propia impotencia.

* ( El presente texto sigue, como conclusión, a otro -más extenso- análisis publicado en la Revista del "Colectivo Baltasar Gracián, por la reconstrucción de la Enseñanza Pública", CRISIS nº 8 )

 

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