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MANIFIESTO A LA CIUDADANIA
Las elecciones de Marzo-2004 ponen nuevamente de actualidad los problemas y los déficit de nuestra incipiente democracia, en la que, por ejemplo, se desprecia el debate público entre partidos o entre partidos y ciudadanos. Pero cada vez somos más los que damos por descontado que los partidos políticos no tienen ningún interés en debatir o confrontar sus ideas con los ciudadanos, sino en venderles sus promesas con costosísimas técnicas de marketing. En función de ello y aprovechando el contexto electoral, queremos promover un debate social y ciudadano sobre la democracia, sobre la forma de hacer política y sobre la participación ciudadana. Los ejes del debate que los partidos plantean hoy a la sociedad española no responden a los problemas nucleares que deberían abordarse. Las cuestiones territoriales y los nacionalismos se han convertido en el centro de discusión. La guerra contra el terrorismo se sitúa como el principal objetivo de la política nacional e internacional ¿Son realmente estos los principales problemas que ha de afrontar hoy la sociedad española? Vivimos en un contexto de globalización mercantilizadora en el que cada día es mayor la brecha entre ricos y pobres, entre los que están dentro del mercado o de la atención del Estado y los que no lo están o los excluidos sociales. Un mundo en el que, en las sociedades llamadas "desarrolladas", se eleva el listón de las necesidades "básicas" y, a su vez, se precariza el empleo, se deslocalizan las empresas, se privatizan las prestaciones sociales y se convierte la vivienda en un objeto de inversión inaccesible a quien la necesita. Tal contradicción está conduciendo a los márgenes de la vulnerabilidad social a un número cada día más elevado de personas (parados, empleados temporales, jóvenes, mujeres, enfermos, ancianos). Vivimos en un mundo, en el que para la mayoría de los habitantes de los países más pobres, también llamados eufemísticamente "en vías de desarrollo", se agrava el problema del hambre, la falta de acceso a la educación, al agua y a los servicios básicos. Vivimos en un mundo, pues, en el que el consumismo
exacerbado hace a unos "más ricos, más gordos y más
infelices", al tiempo que no permite a la mayoría satisfacer
sus necesidades elementales e hipoteca el futuro del planeta y el de nuestros
hijos y nietos. Pero también es verdad que vivimos en un mundo
que empieza a tomar conciencia de que estos problemas son problemas de
todos, porque están interrelacionados. Cada vez se ve más
nítidamente que las necesidades inherentes a la mercantilización
de la sociedad conducen inexorablemente a la inseguridad del empleo y
a la pérdida del derecho a las prestaciones sociales y a que las
empresas produzcan allí donde los costes sociales son menores,
lo que no impide que la brecha entre los países ricos y pobres
sea cada vez mayor. Comprendemos, además, que no podremos frenar
la presión migratoria, si no conseguimos oportunidades de satisfacer
las necesidades vitales a todos los habitantes del planeta donde quiera
que residan. Ante esta situación, ¿qué proponen los partidos?, ¿qué nos plantean ante las elecciones generales cuando, precisamente, optan a representarnos para afrontar estos problemas. ¿Están los partidos políticos proponiendo a la sociedad soluciones para profundizar en la democracia, mejorar los mecanismos de solidaridad social y reconducir la relación con la naturaleza? En el último año hemos podido ver cómo la sociedad española tomaba la iniciativa ante crisis como la del Prestige o la guerra de Iraq. Ahora como ciudadanía activa, comprometida con el mundo que nos rodea, debemos plantearnos qué es preciso cambiar para que estos acontecimientos no ocurran NUNCA MÁS. Y para ello, es preciso que fomentemos la discusión sobre nuestro modelo de desarrollo y sobre el modo de tomar las decisiones democráticas que nos afectan a todos. Nuestra sociedad tiene que dotarse de nuevos espacios y foros más amplios para el debate público y adquirir mayor capacidad para participar activamente en la formulación y decisión de las políticas públicas que nos afectan. Como ciudadanos exigentes, demandamos de los partidos políticos una respuesta a los siguientes interrogantes: a ¿Cómo van a afrontar los problemas globales de inseguridad en el empleo, de acceso a la vivienda, de atención sanitaria y calidad en la salud, de educación gratuita y de calidad, de universalización en los servicios básicos sociales, yendo a la raíz de los problemas y no quedándose en las superficiales ofertas de los remiendos a los mismos? b ¿Cómo afrontarán la lucha contra el hambre y la pobreza en el mundo y con quiénes y con qué recursos están dispuestos a contar, sabiendo que solo tenemos este mundo y que sus recursos son limitados? c... ¿Cómo afrontarán la solución de conflictos futuros y en qué marco de acuerdos internacionales y con qué filosofía de cooperación intervendrá nuestro país? ¿En qué grado se contará para la toma de decisiones futuras con la ciudadanía española que ansía la paz y detesta la guerra? d . ¿Cómo van a afrontar las insuficiencias de la democracia representativa? ¿cómo entienden la profundización en la democracia? ¿cómo harán posible una democracia participativa? ¿Cómo piensan reformar la reglamentación legal sobre democracia directa e iniciativa legislativa popular para que verdaderamente merezcan tal nombre y lleguen a ser verdaderos instrumentos para la soberanía del pueblo? Respuestas a estas preguntas se nos antojan imprescindibles, especialmente para poder alejar de nuestro pensamiento la desazón que produce la sospecha de que aquellos cambios de orden legal efectuados por la mayoría gobernante que suponen un mayor acercamiento a los intereses militares y económicos representados por el gobierno de los EEUU y su ortodoxia neoliberal (participación de tropas españolas en la ocupación de Iraq, especial papel de promoción y validación por el gobierno de la llamada "agenda de Lisboa", último reajuste del guión ultraliberal de la UE) y un seguimiento a ultranza de la llamada "cultura de la estabilidad", representan cambios irreversibles (disfrazados o no de "política de Estado") respecto de cuyo cuestionamiento no cabe esperar modificación sensible por un eventual gobierno de distinto signo político. Tal sospecha, de producirse, además de reducir el supremo acto político que representa el ejercicio del sufragio universal a una mera opción entre dos males, lo devalúa en tal medida que convierte la democracia en papel mojado, en una farsa electoral puesto que en manera alguna ha de ser útil para modificar aquellos aspectos mas sensibles de la economía y la política que inciden en la vida cotidiana de los ciudadanos. Como ciudadanos y electores comunicamos a los partidos
políticos que si persisten en ignorar el contexto de globalización
en el que se formulan actualmente las políticas, y se centran en
discutir sobre lo accesorio, ignorando los problemas reales y cotidianos
de la ciudadanía y las demandas de devolución de soberanía
al pueblo, no contarán con nuestro apoyo ni con nuestro Febrero de 2004. "Re(d)eS" Re(d)forma en Serio"
es un grupo de discusión que se plantea la necesidad de
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