|

La Renta Básica no es
imposible
Eulàlia Solé*
Un estudio de la Fundació Jaume Bofill demuestra
que es factible la implantación de una renta básica para
todos los ciudadanos de Cataluña
Un estudio de la Fundación Jaume Bofill demuestra
que es factible la implantación de una renta básica para
todos los ciudadanos de Cataluña. Un presupuesto más equilibrado
y una fiscalidad con énfasis en los impuestos directos permitiría
que cada persona percibiera 528 euros mensuales, los ricos también,
puesto que habrían contribuido al establecimiento de esta retribución
generalizada.
Que una entidad como la Jaume Bofill avale con su informe una distribución
más equitativa de los recursos económicos constituye una
garantía de la seriedad de la propuesta. Sin embargo, la idea no
es una novedad. A finales del siglo XVIII, época en que las desigualdades
sociales eran aplastantes, en Gran Bretaña funcionaron con mayor
o menor eficacia las "poor laws", destinadas a dotar a los más
necesitados de un mínimo de subsistencia, calculado a partir del
coste del pan. Beneficencia que dos siglos más tarde se vería
superada por la racionalidad del Estado de bienestar.
Más cerca de nosotros, geográfica y cronológicamente,
el sociólogo y humanista Juan N. García-Nieto desarrolló
a finales del siglo XX razonados estudios sobre el tema, distinguiendo,
sin embargo, entre una "asignación universal incondicional"
y un "salario ciudadano". La primera aportación, equivalente
a la mencionada renta básica, la concedería el Estado de
forma universal y con independencia de si se trabajara o no. En cambio,
el "salario ciudadano" no sólo comportaría la
recepción de un ingreso suficiente para llevar una vida con unos
niveles de consumo medios, sino que el receptor estaría obligado
a una contraprestación en forma de trabajo "socialmente útil".
En síntesis, junto al trabajo económicamente rentable, éste
que los ciudadanos realizarían para elevar su nivel de ingresos
por encima del "salario ciudadano", se desarrollarían
otras formas de ocupación basadas en valores culturales, educativos,
de solidaridad que constituirían la contraprestación. Quien
esté interesado en el tema, puede acudir al cuaderno n.º 30
de "Cristanisme i Justícia", de 1989, firmado por García-Nieto
en colaboración con Eduardo Rojo.
Volviendo a la mencionada renta universal de 528 euros al mes, significaría
que las necesidades básicas estarían cubiertas, pero sólo
éstas, lo cual aleja el fantasma fácilmente esgrimible de
que la gente dejaría de trabajar. En una sociedad donde el consumismo
a menudo parece tan esencial como la respiración, el acicate para
tener acceso a más cosas asegura el apego al trabajo.
En cuanto a los recursos necesarios para la universalidad de esta renta,
basta con calcular cuánto costará el proyecto del Gobierno
español de incrementar las fuerzas policiales. Siendo que las causas
de la delincuencia radican mayormente en la pobreza y la marginalidad,
cuán más tranquilos viviríamos todos, tanto los aposentados
como los "chorizos", con menos policías y menos cárceles
a cambio de una mejor distribución del producto interior.
Mientras que unos se dedican a estudiar cómo todo el mundo podría
vivir mejor, otros sólo piensan en medidas policiales, cuando no
en preparar la guerra. Lo malo es que éstos tienen la sartén
por el mango. Por fortuna, ellos no son el fin de la historia.
* Publicado en La Vanguardia el 27/09/2002
|