Nuestros dineros
Eduardo Mendicutti
(El Mundo 24 01 04)


Conozco a un fulano, miembro del Círculo de Empresarios, que considera que el Gobierno gasta mal nuestros impuestos. Por ejemplo: hace unos días se consideró poco servilmente servido por una funcionaria y le gritó "¡Señora, tráteme como es debido, que su sueldo lo pago yo con mis impuestos!". Un muchacho que abundaba por allí le dijo al arrogante mamarracho: "Se equivoca. El que paga con sus impuestos el sueldo de esta señora soy yo, y considero que mi dinero está muy bien empleado, porque tiene mucho mérito tratarle a usted tan correctamente como ella lo está haciendo". Y si el muchacho hubiera sabido lo que yo sé, habría añadido que, con lo que el arrogante mamarracho paga a Hacienda, después de haberse inventado una sociedad que es la propietaria de todos sus bienes y que le tiene adjudicado un falso salario de supervivencia, no se puede pagar ni lo que gasta don Javier Arenas en tila, que es, a todas luces, poquísimo.

Es verdad que todos caemos alguna vez en la tentación de exagerar un poco lo que se hace con lo que el fisco nos sopla. Un amigo mío ecologista, cada vez que veía en la tele la central nuclear de Zorita, exclamaba, con lágrimas de indignación en los ojos: "¡Eso se ha construido con mis impuestos!". Otro amigo mío, sevillano acérrimo, solía quedarse extasiado frente al puente diseñado por Calatrava para la Expo y musitaba: "Esta maravilla se ha hecho con mis impuestos". Yo mismo me pongo enfermo cuando pienso que, con mis impuestos, el señor Álvarez Cascos no para de comprar cuadros en la galería de su novia.

Sería estupendo poder indicar uno en que quiere que se gaste el dinero de sus impuestos. Yo prohibiría dedicar ni un euro de lo que pago a comprar armas, a costear los viajes del señor Aznar (o similar) a Washington, al sostenimiento de la Iglesia Católica, a mantener la Monarquía o a pagar los anuncios del señor Zaplana. En cambio, contribuiría encantado con mis dineros fiscales a mejorar las medidas de protección de las mujeres maltratadas, a incrementar las ayudas a los inmigrantes, a extender los beneficios de la Seguridad Social a las parejas de hecho y a los matrimonios homosexuales, o a financiar las operaciones de cambio de sexo. Y, desde luego, a mejorar la escuela y la sanidad pública; o sea, todo lo contrario que los del Círculo de Empresarios, que piden poner límites a la sanidad y la educación gratuitas. ¿Y a esa patulea pretende un hipotético Gobierno de izquierdas rebajarle los impuestos? Vamos, anda...






 

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