|

¿Reparto del trabajo o renta básica?
María Jesús Izquierdo
http://www.attacmadrid.org/d/5/040106194729.php
El debate sobre los derechos de ciudadanía y
la contraposición trabajo/renta básica, está adquiriendo
una importancia creciente en el seno de la izquierda. Sin embargo, los
derechos de ciudadanía no son únicamente una cuestión
de clase, sino también y en la misma medida, de género.
No podemos pensar que la izquierda aspire a tener legitimidad en sus debates
y propuestas mientras ignoremos la dimensión de género de
cualquier problema o propuesta. Al mismo tiempo, si se pretende que la
ausencia en los debates de esta dimensión se debe a que el problema
se aborda desde una perspectiva general, lo que en realidad ocurre es
que se presentan como generales los posibles intereses de los hombres,
o se pretende que los intereses de los hombres son comunes a las mujeres
y los hombres. Por otra parte, no se puede continuar planteando los derechos
de ciudadanía sin tener en cuenta la enorme trascendencia social
de los movimientos migratorios y el doble rasero que se usa para tratar
a los inmigrantes. Sirva esta aportación para poner el acento en
el género cuando abordamos las cuestiones relativas a los derechos
de ciudadanía.
La degradación en las condiciones de trabajo que se ha producido
en los últimos años, sumada a la constatación de
que una porción considerable del paro tiene carácter estructural,
ha abierto un debate crítico sobre la necesidad de revisar la vinculación
que actualmente tiene el estatuto de ciudadanía con la consecución
de un empleo. En un extremo del debate se encuentra la propuesta de Reparto
del empleo, en el otro la creación de una Renta de ciudadanía,
universal e incondicional. Del lado del Reparto del trabajo, que iría
acompañado de una reducción considerable de la jornada laboral,
el movimiento de mujeres ha subrayado la necesidad de considerar todo
el trabajo y no sólo el trabajo remunerado. De esta manera, tanto
las mujeres como los hombres podrían participar en paridad de condiciones
en la esfera mercantil y en la familiar, lo que a la par supondría
mayor disponibilidad de tiempo para el desarrollo personal. Es más,
una medida de reparto del trabajo que comportara reducciones significativas
de la jornada laboral mercantil permitiría dedicar más tiempo
a las actividades no remuneradas, por ejemplo, al trabajo doméstico,
y cuidado directo de las personas física o psíquicamente
dependientes, en su mayoría niños y viejos.
En el otro extremo del debate, desde las posiciones de defensa de una
Renta básica incondicional, se señala que el deterioro en
las condiciones de trabajo, fruto de los altos niveles de desempleo y
la subsiguiente desmovilización de los trabajadores, sitúan
a éstos en una posición muy débil para negociar sus
condiciones laborales, por lo que disponer de una Renta básica
incondicional, lejos de disuadirlos de obtener un empleo remunerado, afianzaría
su posición al negociar un contrato de trabajo. Se entiende que
una renta de alcance universal -suficiente para cubrir las necesidades
básicas- no comporta por sí sola que la gente deje de trabajar
y en cambio, le pone en mejor situación para negociar sus condiciones
de trabajo. La Renta básica no habría de ser tan alta como
para que dejara de tener incentivos integrarse en el empleo remunerado.
La defensa de esta propuesta se fundamentaría según van
Parijs en la lucha contra la exclusión sin estigmatizar a nadie,
porque la recibirían todos.
¿Cuál podría ser el impacto de esta medida sobre
la persistencia y consolidación de la división sexual del
trabajo? Podría contribuir a que la figura del ama de casa lejos
de desaparecer se vea reforzada. Al mismo tiempo, la garantía de
una renta mínima individual situaría a las mujeres en una
posición de mayor autonomía y por tanto menos sometidas
a relaciones insatisfactorias de pareja por miedo a quedar sin medios
de vida. Pero más allá de los casos extremos donde el conflicto
familiar ha estallado (en que la renta básica ofrece mayor autonomía
a la mujer), la Renta básica podría constituir un estímulo
para que sean ellas quienes se ocupen de las tareas domésticas,
habida cuanta de las diferencias salariales entre mujeres y hombres y
de que para muchos hombres el deseo de obtener ingresos es superior al
de disponer de tiempo propio para atender personalmente a la familia.
De hecho, no son pocos los hombres que alargan innecesariamente su presencia
en el lugar de trabajo o se detienen a tomar unas copas para evitar regresar
temprano a casa. Además, la opción de que trabaje el hombre
fuera de casa puede ser más rentable ante un horizonte de vida
en común "hasta que la muerte les separe", horizonte
ante el cual en casa, como en la fábrica, se aplica la lógica
de la división jerárquica del trabajo, en base a pretendidas
ventajas económicas para el conjunto. El resultado es que se podrían
llegar a reforzar las concepciones organicistas de la familia, según
las cuales no existen conflictos y oposiciones de intereses en el seno
de la unidad familiar. Como la izquierda marxista ha venido destacando
desde siempre, cuando en la aplicación de una medida se pone el
acento en el bienestar del conjunto se ignora la existencia de conflictos
de intereses. Aquello que se toma como un beneficio para todos responde
a los intereses de una parte, los cuales se oponen a los intereses de
la otra parte. Es tan falso tomar a la fábrica como una unidad,
una comunidad de intereses entre trabajadores y empresarios, como tomar
a la familia como una unidad de destino.
Según el informe de la OCDE Perspectivas del empleo, 1998, concretamente
en nuestro país en los últimos diez años ha crecido
la proporción de personas que desean ganar más dinero respecto
de las que desean trabajar menos. En 1985 deseaban ganar más el
64% de los trabajadores, y trabajar menos el 31%, los datos respectivos
para el año 1994 son 70% y 30%, situándonos muy por encima
de la media de la Unión Europea en cuanto a la preferencia por
los ingresos, siendo un 56% los que preferían ganar más
dinero a tener más tiempo libre (dada la actual tasa de ocupación,
suponemos que la mayoría de entrevistados eran hombres, lamentablemente
carecemos de esta información). ¿Es que en nuestro país
la gente confiere cada vez más importancia a los ingresos, o que
la capacidad adquisitiva de los salarios se ha deteriorado en los últimos
años, y está más deteriorada en nuestro país
que en el resto de países europeos? Las dos cosas a la vez.
Sea cual sea la razón de la importancia asignada a los ingresos,
es un indicio muy poco prometedor de que reciba soporte la lucha por la
reducción de la jornada laboral, y cuánto menos si el precio
de conseguirla es una reducción salarial, cosa que sin duda afectaría
en particular a los cabeza de familia.
Hay un indicio adicional que no permite guardar muchas esperanzas sobre
el futuro inmediato del trabajo. André Gorz advierte de la tendencia
a substituir los contratos de trabajo por contratos de actividad. Mediante
éstos, se rompe la relación de los asalariados con su empresa
cuando ésta no tiene necesidad de su trabajo, la cual puede recurrir
a sus servicios intermitentemente y con la intensidad que le convenga.
Ante la creciente pérdida de control de la propia vida su propuesta
es la reapropiación del tiempo por parte de los trabajadores aumentando
así la diferencia entre capitalismo y sociedad. Inicialmente Gorz
era remiso a la propuesta de una renta incondicional, un ingreso suficiente
para todos, que substituyera los ingresos de redistribución, como
son la renta mínima de reinserción, el subsidio de desempleo,
o la pensión de jubilación, pero en la actualidad confiesa
que ha cambiado su posición al respecto. Gorz sigue a Marx en la
propuesta de que la distribución de los medios de pago corresponda
al volumen de la riqueza creada y no al volumen del trabajo ofrecido.
Otro de sus argumentos a favor de la incondicionalidad en la renta es
que hace posible a su vez la incondicionalidad de las actividades, porque
para André Gorz "trabajar", estar vinculado a un empleo
remunerado, no es la única posibilidad. La reapropiación
del tiempo supone a su entender abrir la puerta a la posibilidad del trabajo,
frente a "el trabajo", siendo este último la subordinación
de la vida a los intereses capitalistas. ¿Podemos creer que esa
reapropiación del tiempo significará que hombres y mujeres
dediquen más horas al cuidado de los dependientes, o por el contrario,
permitirá que los hombres dediquen más horas al trabajo
mercantilizado y las mujeres a la producción de bienes de uso?
¿No podemos acaso sostener la idea de que la reducción de
la jornada laboral es la fórmula más clara de reapropiación
del tiempo?
Una propuesta que a mi entender se puede acercar más a los intereses
de las mujeres, es la que hace Claus Offe, sin embargo no podemos decir
que esté totalmente exenta de riesgos. Offe constata la existencia
de lo que denomina un "frente popular del capital" que vincula
los incrementos en la ocupación a los recortes salariales y otros
costes del trabajo, y un capitalismo de corte más humano que se
decanta por un incremento del período de formación, aunque
la estrategia de la cualificación genera perdedores y ganadores.
No son los niveles absolutos de formación los que generan ventajas
en el mercado laboral, sino los relativos. No es tener formación
lo que sitúa en una posición ventajosa, sino excluir a los
demás del acceso a la formación que uno o una ha adquirido,
gozar de una ventaja diferencial frente a los demás. No está
en juego tener una buena formación sino tener una formación
buena mientras los demás carecen de ella. En cierto modo la apuesta
por la formación es un juego de suma cero, como muchas otras soluciones
falsas dado que con ellas cuando ganan unos pierden otros. Lo que se acaba
de señalar no contradice el valor absoluto de la formación
en sí, la formación en su valor de uso, cuando hablamos
de la formación en su valor de cambio, el valor de la misma ya
no es absoluto, sino relativo.
La salida que propone Offe ante el "frente popular del capital"
y el "capitalismo de corte más humano" es el reparto
del empleo estableciendo una "cuenta sabática" de un
mínimo de años entre los 18 y la edad de jubilación,
de uso obligatorio. En la base de su alternativa está la creación
de un fondo de tiempo, derecho al tiempo. Nuevamente, esta propuesta requiere
una lectura de género, ¿cómo puede afectar a las
mujeres y a la división sexual del trabajo? Bajo las actuales condiciones
cabe la posibilidad que las mujeres la administren de tal modo que se
facilite la externalización de los costes del cuidado de la vida
humana hacia ellas. Externalización que cada vez está sometida
a más tensiones, por tomar su tiempo de libre disposición
en el período en que los hijos son pequeños. De hecho, los
hombres y las mujeres dan distinto uso a las excedencias laborales no
retribuidas, ellas las dedican fundamentalmente a cuidar de la familia,
ellos a formarse. Sin embargo, entiendo que los riesgos de género
de la propuesta de Offe son inferiores a los de la propuesta de van Parijs,
ya que la propuesta de Offe implica que la cuenta sabática deriva
del trabajo remunerado.
Para no encerrarme en el punto de vista de género cayendo en lo
que critico, quisiera acabar este comentario con un apunte sobre los implícitos
en la idea de que una Renta básica incondicional sitúa al
trabajador (sea mujer u hombre) en mejor posición para negociar
sus condiciones de trabajo. El innegable desequilibrio de fuerzas entre
los trabajadores y los empresarios hace que la posibilidad de que un trabajador
negocie su contrato con un empresario sea un planteamiento erróneo
e incluso de mala fe. La legalización de la negociación
colectiva ha sido el instrumento que ha permitido crear una sujeto colectivo,
los trabajadores, que permitiera equilibrar las fuerzas entre el trabajo
y el capital en el proceso de negociación de las condiciones de
trabajo. La creación de ese sujeto colectivo ha sido una medida
de dos caras: a) por una parte contribuye a equilibrar las fuerzas cuando
se sigue una vía contractualista de relaciones entre trabajo y
capital, y b) situar las relaciones trabajo/capital en el terreno de los
contratos es una maniobra de la derecha civilizada para evitar la lucha
de clases, la politización del conflicto trabajo/capital.
Ahora contemplamos con estupor las maniobras de la derecha más
salvaje y la aceptación por parte de algunos elementos supuestamente
de la izquierdas de lo que últimamente se denomina personalización
de las negociaciones laborales. ¿Estamos recuperando la idea de
que respecto del capital -y como clase- no hay negociación posible
sino lucha, o nos hemos ido al otro extremo, rindiendo los principios
más elementales de la defensa colectiva de los derechos de los
trabajadores?
Finalmente, y más importante que todo lo anterior. Cuando hablamos
de un subsidio universal e incondicional, ¿a qué universo
nos estamos refiriendo? La construcción de la ciudadanía
europea está contribuyendo a reforzar las políticas de exclusión.
¿Es posible desde una posición de izquierdas defender la
ciudadanía europea y una noción de derechos universales
que es en la práctica excluyente?
Referencias bibliográficas
Gorz, André, Miserias del presente, riqueza de lo posible. Buenos
Aires, Paidós, 1998.
Alonso, Luis Enrique, Trabajo y ciudanía. Estudios sobre la crisis
de la sociedad salarial. Madrid, Trotta, 1999.
Offe, Claus, "Il reddito di cittadinanza: una strategia inevitabile
per contrastare la disoccupazione", STATO E MERCATO, nº 56,
agosto 1999.
Van Parijs, Philippe, Arguing for Basic Income, Ethical Foundations for
a Radical Reform. Londres, Verso, 1992.
María Jesús Izquierdo esProfesora de la
Universidad Autónoma de Barcelona.
|