Victoriano Crémer: El canto de un grillo


Desconozco los motivos que sigue el Gobierno para otorgar medallas de oro al Mérito en el Trabajo. Entre las últimas veintisiete repartidas por  el Consejo de Ministros hay tantas  concedidas a empresarios que los nombres de los trabajadores de a pie pueden pasar inadvertidos. Parece que a estos el esfuerzo diario, como el valor al soldado, se les supone y, en consecuencia, lo que resulta loable es el tesón de los dueños de una empresa por vigilar su negocio de sol a sol. No me negarán que todo esto resulta un poco extraño.

 Dejada constancia de mi sorpresa quiero celebrar que al menos una de las medallas otorgadas al mundo  artístico y cultural haya recaído, en efecto, en uno de los mayores trabajadores: VICTORIANO CRÉMER (Burgos 1907). Un activo poeta que recientemente, en el IV Congreso Internacional de la Lengua (Valladolid, 2003),  nos recordaba, a sus 95 años, los delitos cometidos por la poesía al desligarse de su fundamento, que es el hombre.

 Victoriano Crémer pertenece a la primera promoción de la poesía social, la que tiene como finalidad tratar del ser humano y sus problemas más inmediatos: el trabajo, la injusticia, la falta de libertad, etc; la poesía que se ocupa del hombre en cuanto personalidad inserta en un contexto histórico concreto. Al desgarro existencial, característico de esa poesía de la posguerra, Crémer le añade la plasticidad de un lenguaje expresionista, la capacidad para crear imágenes con las que representar  la realidad en su crudeza, lo que justifica que su obra se haya  definido de "tremendismo formalista".

  En su último libro -La paloma coja (encrucijada). Ed. Celya, de Salamanca, 2003- acogiéndose nuevamente al símbolo de la paz, denuncia el dolor y la injusticia con el enérgico lenguaje de siempre. Las últimas guerras se suceden con tanta frecuencia que esa paloma coja de Crémer, como otras de sus obsesiones, sigue siendo actual, terriblemente presente; tanto que cabe preguntarse si no es hora de retomar su obra y hacerla un sitio preferente en nuestras calles y plazas públicas. Los jóvenes anarquistas que hoy las ocupan ¿sabrán cómo lloró, en 1947, este poeta la muerte del luchador que ellos evocan y admiran?:

 " Y te mataron, sí. Fue por la espalda.

  Tu hermoso cuerpo de cristal y roca

  tembló en el aire azul de la mañana. "

 El autor de esta Fábula a Buenaventura Durruti es Victoriano Crémer, el fundador, en 1944, con Eugenio de Nora y el Padre Glez. de Lama, de la revista Espadaña, secretario durante la República del Ateneo Obrero de León y que fue detenido en la guerra varias veces por su actividad anarcosindicalista. Quien al hablarnos de su poética nos dice:

 “ Todo evoluciona. Hasta la Poética. Y naturalmente la propia. Antes, era todo lo enfático a que me obligaba el hambre. Ahora, procuro ser todo lo estricto que me impone mi concepto de la justicia social “

 ¡Felicidades, Don Victoriano!, no tanto por este medalla, que le sobra, sino por la lucidez con la que registra el canto de los grillos. Somos, en efecto,

 

"Tierra que el huracán desborda

  y el corazón desvía "



Mª Ángeles Maeso

 

 

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