|
Una Constitución sin ambigüedades
Joaquín Urías (profesor derecho constitucional) Recién empezada la campaña para
el referéndum del 20 de febrero, que aunque es consultivo sustituirá
al del 6 de diciembre de 1978, un fantasma recorre España: por
lo visto la Constitución es muy ambigua. El último recurso
para animarnos a apoyar el texto que han pactado los políticos
europeos es que, según nuestro Gobierno, como no dice nada, no
merece la pena votar que no. Desgraciadamente, el texto del tratado se queda
en el terreno de la ambigüedad cada vez que habla de principios básicos.
Cuando habla de libertad, democracia, paz y justicia, no incluye después
normas que desarrollen estas ideas. O sí, pero de un modo muy concreto.
Por descontado que en materia económica
lo que se va a votar el día veinte entra en mucho más detalle
del habitual en cualquier Constitución. Ahí sí que
no hay ni ambigüedades ni grandes principios. Se regula al detalle
la prohibición de déficit público en cualquier Estado.
Se prohíbe expresamente cualquier ayuda pública a cualquier
sector económico, detallando extensamente los supuestos posibles.
Se obliga expresamente y sin dudas a La ambigüedad está, más bien, en la propaganda institucional: artículos que no se leen enteros, palabras vacías sacadas de contexto, frases bonitas que no dicen nada. Y en sus protagonistas: políticos que animan a los andaluces a no leerse la Constitución y artistas remedando a Lauren Postigo en otra campaña de referéndum. Por si queda alguna duda, basta leerse los artículos que dicen que la Constitución Europea no entrará en vigor a menos que se apruebe en todos los países... ¡qué lejos de las amenazas de quienes dicen que si exigimos una Constitución decente nos vamos a quedar fuera de Europa!
|
Página
Principal
elreformador@nodo50.org