A-380
Pedro Ramiro
Asombrado por la mole,
por el derroche de medios,
peroratas infumables
tan contrarias al diserto,
discursos grandilocuentes
con nula chicha por dentro,
me incitan a cavilar
y atar algún cabo suelto.
¿Es sostenible abordar
este avión gigantesco,
que precisa para alzar
su pesaje tan inmenso
consumir tanta energía
con cifras de tantos ceros?
¿Dónde hay necesidad
de viajar más de ochocientos
en hotel de diez estrellas,
con camarotes de ensueño?
El consumo de ceodós,
con efecto invernadero,
sigue su marcha ascendente,
lo de Kioto fue un exceso.
El A trescientos ochenta,
viene a sumarse al modelo
que el Tratado certifica
en su apartado tercero.
¿De cuando acá es esencial
exhibir los argumentos
de unir puntos tan lejanos
con gran apresuramiento
y lograr un record Guinness
con esos vuelos directos,
que enlazan el norte al sur
entre Liverpool y Wellington,
o el levante y el poniente,
desde China al eurocentro,
o vayan de Barcelona
hasta la tierra del fuego?
¿Para qué tanto sudor
en diseñar los proyectos
que se asientan sin ambages
en superar el modelo,
la sostenibilidad
que requiere el crecimiento?
Y todo para tentar
a los principios del vuelo,
conseguir autonomía:
¡quince millones de metros!;
lograr la sustentación
con tantas millas por medio,
acordarse de don Newton,
el del cuerpo en movimiento,
el de la acción y reacción
igual pero en tono opuesto;
alcanzar el grado más
el monumental ingenio;
invertir miles de vidas,
ingenieros y talento,
para dividir en tres
el pasaje de sustento:
primera, bisnis, turista,
globalizado comercio.
El liderazgo del mundo
se pregona a cuatro vientos ,
la vieja Europa renace
con estos cuatro sujetos:
Anthony Blair, el de Azores,
y el long monsieur chiraqueño,
don Gerard, germanoesrréder,
y el parvenu Zapatero.
La neo-social-democracia
con el capital más negro,
la grandeur y el germanismo,
el quiero pero no puedo.
Un poco de por favor,
seamos un poco más serios.
Que construir aeroplanos
no es despilfarrar dinero,
que es un valor a adoptar
aquello de ser austero;
que el progreso no requiere
tantísimo presupuesto;
un poco de lentitud,
menos aceleramiento,
que el verso pierde el compás
hasta el punto del mareo,
y menos querer fardar
ante americanos nuevos,
de ser los más competentes
en lo del librecomercio
y de comprobar in situ
a ver quien llega más lejos
o quien la tiene más grande,
más global, con más trayecto,
y es que el neocapitalismo
da priapismo sin remedio.
Que yo no pienso volar
con tamaño monumento;
que me declaro objetor
de este consumismo obsceno;
ni principios de Bernoulli,
ni de física, ni inventos,
que yo no pienso volar
aunque lo mande el gobierno.
©Pedro Ramiro, enero 2005