La hora de la verdad
Rosa Díez

diputada socialista en el Parlamento Europeo.
EL PAÍS - España - 13-01-2005

 

Siempre he sostenido que Ibarretxe va a llegar con su plan hasta donde el Estado
de derecho le permita. Y así está siendo. Quienes traicionaron al sistema
pactando con ETA en Lizarra y presentaron después en el Parlamento el
susodicho plan siguen llevando la iniciativa. Por eso resulta tan desesperante
observar cómo, tras la votación el pasado día 30 de diciembre, multitud de voces
se muestran tan sorprendidas como escandalizadas por el desarrollo de los
acontecimientos. Hay incluso quien cree que los batasunos le han hecho "una
faena" al señor Ibarretxe. No sé si servirá de algo, pero voy a intentar que
comprendan la realidad quienes a pesar de haber visto a los padres poner los
juguetes bajo el árbol, siguen creyendo en la existencia de los Reyes Magos.
Ibarretxe ha buscado en el brazo político de ETA los votos que necesitaba para
aprobar su plan. Los ha conseguido tras una ardua y sibilina negociación cuyas
contrapartidas terminaremos por descubrir, como ocurrió con el pacto que
firmaron con ETA en Lizarra. Espero que a estas alturas a nadie se le ocurrirá
seguir pensando que la negativa de Atutxa a cumplir el auto del Supremo y
excluir de la Cámara vasca al partido de ETA obedeciera a su celo como
presidente del Parlamento. Ni siquiera -menos que nadie a ella-, a la juez del
Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que hace unos días corregía el
Supremo y apoyaba al trilero presidente. HB ha permanecido en la Cámara vasca
porque era un requisito instrumental imprescindible para que el plan obtuviera
la mayoría absoluta requerida. Que nadie se engañe. Si al PNV no le hubieran
hecho falta los votos de Otegi, hace tiempo el mismo Atutxa hubiera llamado a
los guardias para expulsarles del Parlamento.

El PNV es un partido predecible. Nunca en su historia ha tomado una decisión
que no estuviera al exclusivo servicio de sus intereses. Desde la traición a la
República en Santoña, hasta el pacto con ETA en Lizarra, nunca les ha movido
otro interés que no haya sido el propio. Si hubiera que buscar un eslogan que
definiera en pocas palabras su trayectoria, ésta sería "Nosotros, a lo nuestro". Y
como siempre les ha ido bien así, pues no encuentran ningún motivo para
cambiar de actitud. Su talento para falsear la historia ha sido tal que durante la
transición los demócratas a los que traicionaron en la Guerra Civil no sólo
obviaron esa parte obscura de su historia sino que se esforzaron en
"compensarles". Y seguimos en las mismas. Hemos hecho -todos- ímprobos
esfuerzos por "entender" al PNV. Como si la democracia española debiera algo a
los nacionalistas vascos. Asumiendo, de facto, las mentiras del nacionalismo, sus
mitos de pueblo oprimido, sus reivindicaciones más sectarias y más insolidarias.
El necesario esfuerzo por constitucionalizar al nacionalismo vasco siempre ha
estado trufado de una especie de "complejo" ante ellos. Como si fueran los
nacionalistas vascos quienes debieran darnos el label democrático a los demás.
No pierdo la esperanza de que la experiencia de estas casi tres décadas de
democracia nos sirva para no seguir cometiendo los mismos errores. El PNV ha
demostrado que es insaciable. Y que no tiene escrúpulos. Quiere todo el poder y
está dispuesto a todo para conseguirlo. Desde el Gobierno del País Vasco, ha
practicado el más absoluto desprecio hacia la democracia española. Ha utilizado
las instituciones vascas que ocupa para deslegitimar el sistema que le permite
ostentar el poder. Ha rechazado cualquier iniciativa encaminada a derrotar al
terrorismo sin concesiones políticas. Ha ignorado y tratado de silenciar a las
víctimas de ETA. Ha pactado con los terroristas la exclusión de los no
nacionalistas. Ha institucionalizado esa exclusión a través de una iniciativa que
finalmente ha sido aprobada en el Parlamento vasco.

La relación de actos de desprecio, deslealtad y traición del PNV para con el
sistema democrático es inacabable. Hoy, estamos ante un nuevo punto y seguido.
Un nuevo reto al sistema y un nuevo acto de desprecio a las víctimas. El plan será
enviado al Congreso de los Diputados. El señor Ibarretxe visitará al presidente
del Gobierno. El Congreso rechazará el plan. El presidente rechazará la iniciativa.
Pero Ibarretxe, ya lo ha dicho, seguirá adelante. Y convocará, no lo duden, un
referéndum. Espero que entonces no volvamos a poner cara de sorpresa ni nos
sintamos "defraudados". Espero que para ese momento tengamos ya preparada
la respuesta. Una respuesta que, a mi juicio, debieran conocer quienes quieren
romper la convivencia y también los ciudadanos a los que el Estado está obligado
a defender.

Los partidos políticos son instrumentos de la sociedad, que no nos pertenecen a
los afiliados sino a los ciudadanos a los que nos comprometemos a servir cuando
les pedimos su voto. Estoy convencida de que la ciudadanía española en general,
y la vasca en particular, esperan de nosotros, ante la gravedad de la crisis
provocada por Ibarretxe, Madrazo y Ternera, algo más que decisiones basadas en
cálculos electorales. Nos exigen que hagamos política, política con mayúsculas.
No me parece tan difícil responder a esa demanda. Se trata de tranquilizar a la
opinión pública respecto a la fortaleza de nuestra democracia. Los ciudadanos
esperan que los líderes políticos les confirmen con toda claridad que el Estado
actuará con todos sus instrumentos para frenar la iniciativa de Ibarretxe. Que el
Estado impedirá que el plan Ibarretxe sea viable. Que ese plan, por ilegal e
ilegítimo, jamás se aplicará. Esperan que les aseguremos que si el Partido
Socialista Obrero Español y el Partido Popular se pusieron de acuerdo para
derrotar a ETA actuarán también de acuerdo para frenar una iniciativa
secesionista, que rompería no sólo el territorio español, sino sobre todo la
convivencia entre los vascos y de éstos con el resto de los españoles. Todo esto
debemos hacerlo superando las diferencias legítimas entre los dos grandes
partidos. La gente necesita saber que nuestro Gobierno, con el apoyo del PP y
ojalá del resto de las fuerzas políticas del arco parlamentario, nunca consentirá
que se privilegie a unos ciudadanos frente a otros y que se mermen los derechos
de quienes en Euskadi no somos nacionalistas.

Los nacionalistas vascos, con la imprescindible ayuda de ETA y el vergonzoso
apoyo de Izquierda Unida, nos quieren hacer un chantaje. Hay que responder
con inteligencia y con firmeza. Con inteligencia al elegir la forma más eficaz de
enfrentarse al desafío, y con firmeza para que quienes han retado a la democracia
sepan que ésta no está en tregua. Para que pierdan la esperanza de obtener
réditos políticos rompiendo las reglas del juego.

Este es un año electoral en Euskadi. Y bueno sería que el plan llegara a la
campaña liquidado. Nada sería más pernicioso, en términos democráticos, que
aceptar que las elecciones autonómicas se conviertan en un acto plebiscitario. En
las elecciones políticas se confrontan proyectos homologados y homologables con
el sistema democrático. Las elecciones no están para refrendar las leyes y mucho
menos para legitimar una propuesta antidemocrática. Debemos rechazar cuando
antes el intento de los nacionalistas y de ETA de convertirlas en un plebiscito
legitimador de un proceso que las urnas jamás podrán refrendar. No hacerlo así
sería tanto como asumir la pretensión del nacionalismo sobre el ámbito vasco de
decisión. Sería tanto como aceptar el referéndum sin que Ibarretxe tenga la
necesidad de convocarlo y el Estado la obligación de impedirlo. Sería, en
definitiva, volver a caer en su trampa.

Lo que por antidemocrático no cabe en la Constitución, ni se revalida, ni se
plebiscita, ni se negocia: se rechaza. Como por cierto hizo Indalecio Prieto con el
primer Estatuto de Estella: decirles que no y esperar a que le mandaran otra
propuesta. Pues bien, en esta nueva hora de la verdad que nos plantean los
nacionalistas vascos, capitaneados por el señor Ibarretxe y pertrechados por ETA
y por Izquierda Unida, la única respuesta democrática posible es: No. Ni hoy, ni
mañana, ni nunca. Y si de paso sirve como a aviso para navegantes, pues mucho
mejor.

 

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