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Los trabajadores muertos en
Burgos y el escándalo del negocio de la Formación en Prevención de
Riesgos Laborales
¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde habremos de llegar? ¿Hasta cuántos más? Estos últimos diez trabajadores muertos -asfixiados, quemados...- en Burgos, sus cadáveres, han pasado a engrosar la larga e inadmisible lista de víctimas por las condiciones reales con que se desarrolla el trabajo bajo la presente Desregulación generalizada entre nosotros. Un verdadero desmantelamiento ése, de las legislaciones española y europea en sus aspectos más progresistas o protectores de las condiciones laborales, una y mil veces exigida por el guión único de todos esos Programas comunitarios o recomendaciones del FMI, de las patronales y de los lobbies empresariales que impulsan a ultranza la Competitividad, directamente o a través de tantos beneficiarios de "fondos de reptiles" (sus voceros free-lance, revestidos con la púrpura de alguna cátedra universitaria, la elegancia cool de los Servicios de estudios de instituciones financieras y/o la autoridad otorgada por las redacciones de medios de comunicación dudosamente progresistas). Naturalmente, no estamos aludiendo tanto a inexistencia de Legislación reguladora sobre las condiciones de seguridad en el trabajo como a una extrema facilidad para contratar mediante "fraude de ley" y en cualesquiera condiciones, a cual más "basura" o precaria; al abaratamiento excesivo del despido; a la práctica permisividad para subcontratar indefinidamente y a la carencia de normativas penalmente severas respecto de las empresas matrices, que les obliguen a ejercer frecuentes controles -a fondo- de sus subcontratas so pena de incurrir en responsabilidad subsidiaria (y ser desprovistas de bonificaciones fiscales o sociales, a más del posible tratamiento sancionador al que en su caso hubiere lugar, siquiera por cómplice pasividad ante los siniestros laborales). Entre todas las lacras que producen un diario goteo de víctimas humanas sobre las que se actúa con dedicación y resultados desiguales (a saber: el terrorismo político; el de los asesinatos, heridas y mutilaciones de mujeres a cargo de sus parejas masculinas, o "violencia de género"; los accidentes por imprudencias temerarias del tráfico y la sangría múltiple con diversas formas de drogadicciones varias, incluyendo el alcoholismo, el tabaquismo u otros), donde ni al gobierno anterior ni al actual o a las mayorías parlamentarias que los sostuvieron les ha temblado el pulso para adoptar medidas punitivas de la mayor -y, en determinados aspectos, algo discutible- severidad, la poca eficacia de las políticas públicas destinadas a reducir unas permanentemente altísimas cifras de siniestros laborales con víctimas mortales (nada juzgables como accidentales, dada su tan contumaz como previsible frecuencia), así como el escándalo o alarma social que comportan, se ponen dramáticamente de manifiesto con cada nuevo caso de "accidentes" - especialmente múltiple, como ahora en Burgos - que mantienen a España en cabeza del macabro y criminal ranking de Europa.
Mas tampoco es que no se haya llegado a pretender ya -si no directamente por los gobiernos de España, sí que por algunos jueces de oído ultrasensible al dictum económico del capitalismo desregulado- hacer recaer toda la responsabilidad de un incidente con resultados de gran invalidez sobre el propio "accidentado", quien/es según las sentencias que la presnsa reprodujeron "debería/n haberse negado a efectuar una tarea de riesgo sin la protección adecuada"... ¡aun cuando ello le/s reportara la amenaza de un despido - inmediato o aplazado a la terminación del correspondiente contrato de trabajo temporal-, como cabría esperar de casi cualquier empresario ubicado al final de esa larga "cadena de subcontrataciones" al que debe resultarle, al parecer, casi imposible logar "su" competitividad sino es, solo, a través de la reducción de costes. Sin embargo, culpabilizar a la víctima de un "accidente laboral" es mucho más difícil e inaceptable que anatemizar como "parias sociales" a los adictos al tabaco -sin el menor coste en programas de deshabituación para la Seguridad Social- o que actuar penalmente contra los conductores pero sin obligar a los fabricantes de automóviles a limitar la velocidad de los vehículos... o que desentenderse de las condiciones de vida en los hogares donde se produce la "violencia de género". Pero no hay duda, en cambio, de lo "polít¡camente correcto" que es actuar en pro de unas supuestas virtudes y contra los "malos hábitos" de la ciudadanía, sobre todo si ello logra traducirse en alguna reducción del déficit público a niveles tolerables por el Pacto de Estabilidad; en caso contrario el "comisario político" para nuestra economía, Solbes, se encargará de recordarlo según acostumbra, y, consecuentemente, realizar un número mayor de inspecciones Recientemente la cúspide del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales trató de incentivar al Cuerpo de Inspectores de Trabajo con una sustanciosa cantidad global de "productividad por objetivos" para que extremaran su dedicación y celo relativos a labores preventivas de los riesgos laborales. Pero obtuvo una negativa de dichos funcionarios, con la protesta, exigencia o recomendación de que cuanto la grave situación requeriría es, meramente, una ampliación de plantillas en la Inspección Porque sin duda dinero hay, cualquier ciudadano puede notarlo a bote pronto: miles de horas de publicidad en la radio y de metros cuadrados de papel en los diarios ofrecen cursos y titulaciones de todo nivel sobre Prevención de Riesgos Laborales en academias privadas; los avisos relativos a formación de semejante índole auspiciada o impartida por los sindicatos ocupan espacio privilegiado y permanente en tablones de anuncios de las grandes empresas, los Bancos y la Administración Pública; miles de horas de clases financiadas con el FORCEM (ahora "Fundación Tripartita") por Fondos europeos o estatales y de jornadas de delegados sindicales dedicados específicamente a la "prevención", no son capaces de reducir las mortales cifras. En realidad, sería un milagro que así fuera: porque no es en la gran empresa donde se producen las frecuencia mayores de la siniestralidad laboral. Es en ese otro apartheid sindical y laboral donde reina el miedo a perder el puesto de trabajo, o donde tan sólo acude el trabajador contratado por unas Empresas de Trabajo Temporal que no lo volverán a llamar si se recibe alguna queja del cliente, en la cutre nave de la subcontrata o la obra de construcción donde las tareas a destajo -y sobre la base de 12 o más horas al día- hacen "inútiles" o "un estorbo" los arneses y quitamiedos para llegar a los 1000 euros/mes... donde hablar de "Prevención de Riesgos Laborales" a los empresarios implicados sería tanto como disertarles sobre filosofia pura para conseguir un cambio en sus actitudes. los propio trabajadores, carne de cañón para el accidente, bajo esas condiciones, nos afirmarían,no dsin paradoja, que el mayor riesgo laboral quie sufren consiste en la pérdida del puesto de trabajo, en la seguridad de que si así fuera no encontrarían otro mejor, o en de simplemente no podercon el salario base de convenios colectivos miserables, lo que les obligaría a prescindir de protecciones para poder conseguir el destajo, los metros cuadrados de solería, de tabique o de enfoscado, así vemos que ostentamos en España las mayores cotas de de precariedad laboral de Europa y también las mayores en numero de accidentes laborales. salta pués a la vista la evidente relación de una y otra lacra, y sin pretensiones omnicomprensivas cabe afirmar en consecuencia que no hay seguridad en el trabajo sin seguridad en el empleo. Sin duda es la muerte, o la inválidez, la "enfermedad profesional" mas probable del precariado. Así, igual que quién se acuerda de santa bábara cuaándo truena , cuando sucede un hecho luctuoso y sobre todo con amplia repercusiónmediática, los sindicatos suelen hasta convocarnos , en esos terribles casos, a que participemos en manifestaciones o simbólicos paros locales o sectoriales mentras eso sí, ellos continúan dentro del sector de la "Formación en Riesgos Laborales" , ofertando cursos subvencionados, aunque sin parecer interrogarse sobre si tendrá límite esta impostura (o si el volumen de esos Fondos no debería revertir en una drástica reducción -¡de una vez, ya!- del número de "accidentes") y haciendo marchar la maquinaria burocrático-sindical subsidiada o paraoficial sin cuestionarse el "sistema" neoliberal en su conjunto, que quizás vuelva inútiles cualquier tipo de medidas en tanto no impliquen aumentar la obligación empresarial de aumentar la seguridad del empleo y penalizar las actividades empresariales regresivamente predadorasy deshumanizadas. Creemos que esos últimos 10 compañeros muertos y casi asesinados por un sistema sin alma han colmado el vaso de toda paciencia cívica; que es ésta la hora de reclamar responsabilidades del Ministro de Trabajo, Caldera, del Consejero autonómico de Empleo, Villanueva, y del Alcalde, Aparicio, así como de los mismos líderes sindicales, tan prestos para la condena a posteriori cuanto ineficaces en la inexcusable previsión. Tambien es el momento de exigir la congelación de todos los Fondos destinados a Formación en Prevención de Riesgos laborales hasta tanto por fin vengan insertos en políticas públicas realmente creíbles (en las que, para resultarlo, el formar a los trabajadores para que sean "cuidadosos" respecto de su propia integridad física o al empresario con la salud y vida ajenas no serían, ni con mucho, la principal medida a adoptar). Otras formas de ver y solucionar el problema son posibles. Pero, sin embargo, respecto del principal portavoz - y celador - de la ortodoxia vigente, el ayer eurocomisario y hoy vicepresidente económico del Gobierno, no nos será posible pedir su dimisión. Y no lo podría ser porque, pese a la democracia, a Solbes, Rato, Solchaga, Boyer, Fdez. Ordóñez, Matutes, Almunia o De Palacio..., como a tantos otros de los "gurús" encumbrados hasta esas poltronas de la OCDE, el FMI y la UE, desde donde tenemos que sufrir que nos adoctrinen inmisericordes, NO los hemos elegido los ciudadanos.
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