Jose Antonio Pérez, es periodista y escritor.
Ha publicado Manual Práctico para la desobediencia civil (1994), Politica para los muertos civiles (1997); Rebelión en la sociedad civil (1999) y Diccionario del paro (y otras miserias de la globalización) (2002) entre otros.

 

 

Renta Básica: el derecho a la existencia garantizada

José Antonio Pérez

Algo más de dos décadas de experimento neoliberal han bastado para evidenciar la quiebra social producida por un modelo económico generador de paro, precariedad y pobreza. Ante la magnitud del fracaso de la política oficialmente correcta, la razón práctica ha vuelto la mirada hacia la denominada Renta de Ciudadanía, una propuesta que hasta hace poco se consideraba tan filantrópica como inviable. Sin embargo, la terca realidad ha puesto de manifiesto que la verdadera insostenibilidad reside en un modelo socioeconómico que, aparte de sus consecuencias medioambientales, produce tales desajustes sociales que, en última instancia, podría generar también una agria respuesta por parte de los agraviados.

Diversidad en las denominaciones Singreso garantizado (guaranteed income), ingreso básico, salario social, dividendo social o subsidio universal (allocation universelS pero fecunda coincidencia de fondo en las distintas perspectivas ideológicas desde las que se formula una de las más inteligentes propuestas de progreso: la renta básica. En definición de Philippe Van Parijs, se trata de un ingreso pagado por el gobierno a cada miembro pleno de la sociedad conforme a los siguientes requisitos: a) incluso si no quiere trabajar; b) sin tener en cuenta si es rico o pobre, c) sin importar con quien vive, y, d) con independencia de la parte del país en la que viva.

Un antecedente remoto de esta idea se encuentra en Thomas Paine, quien, ya en 1796, proponía que, además de otorgar una pensión a los mayores de 50 años, se facilitase a toda persona, al cumplir los veintiun años, la suma de quince libras esterlinas "como compensación, en parte, de la pérdida de su herencia natural", esto es, la apropiación de los bienes libres comunales -caza, pesca, aire, agua, pastos- por la propiedad privada.

En Estados Unidos, la propuesta comenzó a barajarse a raíz de la Gran Depresión de 1929. Defendida por notables científicos encabezados por J. R. Oppenheimer que, en 1963, advirtieron sobre los riesgos sociales derivados de la automatización. El Ad Hoc Committee on the Triple Revolution (cibernética, armamentística y derechos humanos), postuló con firmeza la idea de garantizar que cada ciudadano pudiera disponer de "unos adecuados ingresos como derecho inalienable". Robert Theobald formuló una propuesta concreta de ingreso garantizado al entender que éste representa: La posibilidad de poner en práctica la creencia filosófica fundamental que se ha repetido constantemente en la historia del hombre, según la cual cada individuo tiene un derecho sobre una participación mínima en la producción de la sociedad. La falta perenne de casi todas las necesidades en la vida impedían la aplicación de sus creencias hasta años recientes: la llegada de una abundancia relativa en los países ricos da al hombre el poder para llegar a las metas que permitan garantizar un nivel mínimo de vida para todos.

Según Erich Fromm, la esencia de la renta garantizada es que: Todas las personas, trabajen o no, deben tener el derecho incondicional de no morir de hambre ni carecer de techo. Recibirán sólo lo que necesitan básicamente para mantenerse, pero no recibirán menos. Este derecho expresa un nuevo concepto en la actualidad, aunque es una norma muy antigua, proclamada por el cristianismo y practicada por muchas tribus primitivas: los seres humanos tienen el derecho incondicional de vivir, sin importar si cumplen su deber para con la sociedad". Fromm entiende que el campo de la libertad personal se ampliaría enormemente con una garantía social que acabara con la dependencia económica de las personas (de un padre, de un esposo, de un jefe) que ya no se verían obligadas a someterse a la extorsión del hambre. Un ingreso garantizado terminaría con el dominio de la burocracia que "administra" y humilla a la gente. Al no requerir ninguna "prueba" de necesidad por parte de una persona para obtener un techo sencillo y un mínimo de alimentos, eliminaría tanto la burocracia con su inherente desperdicio y sus violaciones a la dignidad humana.

Obviamente, de este aspecto de las libertades personales no quieren oir ni hablar esos novísimos "liberales"que defienden una economía donde los patronos obtienen cuantiosos beneficios a partir del trabajo precario. En efecto, a nadie se le oculta que a una persona que contase, como un derecho cívico personal, con una renta mínima garantizada sería difícil persuadirla para que se degradara realizando un trabajo basura a cambio de un salario de ídem. Por eso, hay autores que defienden este salario de toda la ciudadanía concebido desde una perspectiva republicana.

Por lo que a otras corrientes de opinión favorables a la propuesta, hay que destacar el hecho significativo de que prestigiosos economistas, entre los que cabe citar a los Nobel Herbert Simon y James Tobin, aun sin ser defensores específicos de la renta básica, aceptaron avalar el VIII congreso del Basic Income Europe Network (BIEN) como apoyo a un debate serio en torno a esta materia. Por su parte, Ignacio Ramonet, promotor de ATTAC, no alberga la menor duda al respecto. Según escribió en un editorial de Le Monde Diplomatique: "Establecer un ingreso básico incondicional para todos, otorgado a todo individuo, desde su nacimiento, sin ninguna condición de estado familiar o profesional. El principio, revolucionario, consiste en que se tendría derecho a este ingreso de existencia porque se existe, y no por existir. Su instauración se apoya sobre la idea de que la capacidad productiva de una socedad es el resultado de todo el saber científico y técnico acumulado por las generaciones pasadas. También los frutos de este patrimonio común deben ser aprovechados por el conjunto de los individuos, bajo la forma de ingreso básico incondicional. El cual podría hacerse extensivo a toda la humanidad, ya que, aquí y ahora, el producto mundial repartido equitativamente bastaría para asegurar una vida confortable al conjunto de los habitantes del planeta".

 


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