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Inmigrantes y derechos
Miguel Moliné Escalona Bajo el manto de las noticias y los artículos sobre la muerte de Juan Pablo II y el significado de su papado, aparece hoy una noticia [seguidamente adjunta] que me ha dejado perplejo: cuando un inmigrante en situación irregular acude a la Comisaría para formular cualquier denuncia, el funcionario de turno, después de recoger el testimonio de aquél, le comunica que se va a proceder a su expulsión. Sí, así es; lo han leído bien. Pero la responsabilidad no es de la Policía ya que ésta tiene instrucciones oficiales de citar a 'sin papeles' víctimas de algún tipo de delito para que se presenten en un plazo de 15 días en la Brigada de Extranjería, donde empezará su proceso de expulsión de España. En el mes de enero pasado entró en vigor el Reglamento de Extranjería propuesto por el PSOE y ya tenemos a la vista uno de tantos atropellos cometidos por esta estúpida ley que no es sino el fruto de un "progresismo" trasnochado y rancio. Moraleja para los inmigrantes en situación irregular: no interponga denuncia alguna, déjese golpear, violar, robar,... si acude a los policías será expulsado del país. Mensaje para los xenófobos: elija para sus atropellos inmigrantes 'sin papeles'; puede usted golpeares, violares, robarles,... es improbable que acudan a la Policía= La Policía cita para su expulsión a 'sin papeles' víctimas del maltrato: Si denuncian una violación, se les conmina por las Comisarías a presentarse ante la Brigada de Extranjería en 15 días. RAFAEL J. ALVAREZ, MADRID.- (ELMUNDO-40405) Luisa, con un nombre de mentira para una historia de verdad, se arremangó la vergüenza y el miedo para entrar en la comisaría. - Buenos días, mi marido me ha vuelto a pegar y a violar. Estoy harta y ya no aguanto más. El funcionario de policía recogió con respeto el testimonio, rellenó la denuncia y entregó una copia a Luisa. Pero cuando ella se iba a marchar, el agente abrió una carpeta distinta y sacó un formulario distinto. - Señora, usted está en España en situación irregular. No tenemos más remedio que proceder a su expulsión. Como en la comisaría no hay plazas suficientes para detenerla, le voy a hacer entrega de una citación para que acuda mañana a la Brigada de Extranjería, donde se iniciará su expediente de expulsión. Lo siento. Luisa arqueó las cejas, extendió la mano sin ganas, cogió el papel que le daba el policía y se marchó. Nunca regresó a la comisaría, ni apareció en la Brigada de Extranjería. Ha cambiado de casa, pero seguramente no de marido. Luisa, sin papeles con moratones. Luisa, antes ilegal que víctima. La escena ocurrió el 4 de marzo en una comisaría del sur de Madrid.Cuando la monja que echa una mano a Luisa y a sus iguales sin papeles por esa zona de la ciudad se lo contó a José Luis Segovia, este sacerdote y jurista madrileño se acordó de otras Luisas con la misma historia. El cura ordenó los datos que tenía, las experiencias similares que sus compañeros habían detectado en los despachos de acogida de Cáritas, y escribió al ministro del Interior, al secretario de Estado de Seguridad, al Observatorio sobre Violencia Doméstica del Consejo General del Poder Judicial y al Defensor del Pueblo un par de folios con la boca abierta, la conversión «de una denunciante en denunciada» en el tiempo que se tarda en cambiar de carpeta. Pero esta metamorfosis no es responsabilidad de los policías que generalmente escuchan y teclean atendiendo a las víctimas con sensibilidad, ni siquiera de las veleidades más o menos xenófobas de un agente determinado con ganas de hacer patria. Esto es un formulario de la Jefatura Superior de Policía de Madrid con encabezamiento de la Dirección General y membrete del Ministerio del Interior «expresamente preparado para estos supuestos de víctima inmigrante irregular», escribe Segovia. Así, la comisaría sólo rellena el nombre del denunciante, el delito denunciado y la fecha. Es decir, la policía tiene instrucciones oficiales de citar a sin papeles víctimas de algún tipo de delito (sexual en los casos denunciados por Segovia) para que se presenten en un plazo de 15 días en la Brigada de Extranjería, donde empezará su proceso de expulsión de España. Y para que no haya dudas, les piden que vayan «provistas de su pasaporte», según la citación oficial. «Derechos Humanos» «Es una victimización secundaria y terciaria, inventada por esta mala praxis. La citación deja bien claras y explícitas las consecuencias de haber acudido en busca de protección policial en un Estado de Derecho que tiene como prioridad política la proscripción de la violencia contra la mujer», señala Segovia con su lenguaje de jurista criminólogo en la carta que ha enviado a otro hombre de la Justicia como el juez José Antonio Alonso, a la sazón ministro del Interior. «Estoy seguro de que Alonso corregirá este tema, porque tiene una probada sensibilidad en materia de Derechos Humanos», confía el cura. Cuando el Gobierno presentó el Reglamento de la Ley de Extranjería y abrió el plazo extraordinario de normalización (del 7 de febrero al 7 de mayo) aseguró que durante ese tiempo se revocarían las órdenes de expulsión para facilitar a los sin papeles el camino a su regularización. Pero, el formulario es del Ministerio del Interior y tiene fecha de 2005, de meses entre febrero y mayo... ¿Y qué pasa cuando mujeres como Luisa reciben una citación como esa? «Por supuesto, no acuden a la Brigada de Extranjería, se procuran cambiar de domicilio, eluden el empadronamiento (con las consiguientes consecuencias en materia de sanidad y educación de sus hijos) y comunican al resto de mujeres connacionales que sale más rentable aguantar las palizas del compañero o la agresión sexual que ir en demanda de ayuda a las autoridades». Porque Luisa y otras tantas ya han desaparecido. Ni siquiera las religiosas que las abrigaban sin pedirles carné saben dónde están. «Es un despropósito colocar en el mismo nivel el derecho fundamental de la mujer a comunicar a los poderes públicos hechos que quiebran su dignidad como persona y el derecho del Estado a regular los flujos de la población inmigrante. Esta errática praxis no sólo no logra ninguno de sus fines (perseguir la violencia contra la mujer y controlar los flujos migratorios), sino que los invisibiliza aún más», remarca Segovia. Por una vez, los uniformes con despacho y las
sotanas solidarias quieren lo mismo, aunque sea para algo diferente: «Se
busca a Luisa».
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