14-M: La guerra sucia del PP, tras un año del gobierno de ZP
Editorial de Re(d)foma en Serio

Lo escribió en un digital de la clac aznarista conspicuo catedrático como colofón a la sarta anti ZP diaria: "¡Nos han quitado la cartera"! a lamanera de metáfora ganosa de literalidad.

Emulando el título kantinano - esperamos no desgraciar, al modo del académico, la comparación - "La Religión en los límites de la Razón", tal parece que la oposición que el PP hace al gobierno se instala en los límites de la democracia. Es así porque no de otro modo cabe calificar el propósito de deslegitimar el resultado de las elecciones legislativas del 14 de marzo de 2004 que dieron la victoria a la lista del PSOE.

Hay, además, implícito desprecio a la voluntad de dos millones de votantes que decidieron cambiar a última hora su intención de voto o su voluntad de abstenerse para votar a Zapatero utilitariamente contra Aznar y su guerra. Jóvenes, abstencionistas crónicos autoexcluidos de una sociedad que los excluye laboral y, socialmente, activistas antiglobalización, pacifistas sinceros o sobrevenidos sin el menor entusiasmo hacia ZP y su partido: para Aznar, Acebes y el suyo, apenas basura electoral perfectamente prescindible, idiot savant que en su cuarto de hora de gloria les quitaron la cartera frente a la urna.

Claro es que desde las filas del PP las manipulaciones de la opinión pública que atribuyen a la Cadena SER y el supuesto "acoso" la noche de la jornada de reflexión, de millares de ciudadanos que acusaban al gobierno de haber mentido respecto de la autoría de los atentados, al tiempo que le atribuía la responsabilidad, o poco menos, de la carnicería , circunstancias que a juicio de los portavoces y líderes del PP son los que explican el vuelco electoral, acaban por configurar poco menos que un "pregolpe" (sic) de estado, según acusan.

La retahila goebbelsiana supuestamente argumentativa, es bien conocida, así que no insistiremos; solo recordar que la música nos suena a la misma partitura de cuando Aznar y sus ministros repetían una y otra vez que la invasión de Irak no era ilegal porque se inspiraba directamente en lamresolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU. Imposible de creer, ahora menos que cuando la foto de Las Azores, porque varios millones de ciudadanos que protagonizaron "El Vuelco" - y que no constituían "el suelo" o electorado incondicional del PSOE - vivieron con especial intensidad aquellas jornadas, así que parece improbable que la Sonata de la Insidia, representada en la - mas que nada bochornosa - Comisión del 11 -M por el PP y a diario ejecutada desde los medios que los apoyan, pueda encontrar eco en los que prestaron oídos y crédito al eslogan que se gritó el 13 en las cercanías de la sedes del PP "¡Las bombas de Irak estallan en Madrid!".

Conviene, con todo, recordar algunos hechos que sin duda deben arrojar no poca luz sobre aquellas jornadas. En primer lugar, el incumplimiento del Pacto Antiterrorista desde su raíz o justificación política en primera instancia: la vulneración del principio de no convertir la represión del terrorismo en objeto de disputa o controversia electoral. Directamente e unaugurando una linea, luego imparable, de usar como auténtico lobby gubernamental las asociaciones de víctimas del terrorismo, el PP emprende una verdadera "cruzada" contra los "cómplices" de ETA que bien pronto desborda el entorno abertzale para encontrar indicios de complicidad en los nacionalismos en general, generando una atmósfera inquisitorial que apunta a la izquierda y llega a cebarse con cantautores y cineastas, al tiempo que - como no podía ser de otra manera - exacerba aún mas los nacionalismos centrífugos en una típica relación dialéctica que haría las delicias de Gurvitch. Así va configurando una versión del nacionalismo español que le produce ciertos éxitos electorales, reconciliados definitivamente con la Constitución de 1978 hasta el extremo de explotar o vender una lectura patrimonialista de ella, asumiendo así implícitamente sus orígenes en la clase política franquista reunificada desde sus dos ramales democráticos, la antigua AP y algunos restos de la UCD-CDS. El llamado "patriotismo constitucional" al que se adscribe y que toma de Habermas, es el envoltorio legitimador con el que pretenden cubrir su integrismo tradicionalista neoimperial o neonacionalcatólico, esta vez no antiliberal, como lo fuera el franquismo, cuanto neoliberal, sin que por el neologismo, acreditado por demás les guste o no, quepa confundir a Mill o Madariaga con Von Mises, Hayek o Friedman, los apóstoles del nuevo culto económico ysocial.

Intereses electorales son igualmente los que inspiran a la dirección del PSOE, a dar el visto bueno a la decapitación de la dirección del Partido Socialista de Euzkadi-PSOE, de Redondo Terreros, Rosa Díez, etc., abiertamente beligerantes contra el entorno nacionalista y en relativasintonía con el PP por los que pudieran parecer terminar abducidos electoralmente.

El vigoroso movimiento contra la guerra de Irak protagonizado por los movimientos sociales y por conocidos figuras del mundo artístico y literario carecía de la urdimbre y articulación lo suficientemente sólida como para resistirse e impedir que su dimensión proactiva se decantara hacia la deriva reduccionista - e irrelevante respecto del final efectivo de la guerra y ocupación - que es justo cuanto significaba esa retirada de las tropas españolas, por lo demás demandada inútilmente en varias campañas electorales municipales, europeas y generales durante todo un año antes pero imposible de frenar ya tras el 11-M: ello enfrentaba al movimiento directamente con Aznar y su gobierno y, en menor medida, con su partido, al mismo tiempo que cuestionaba la "lucha contra el terrorismo" que Aznar vehiculaba, toda vez que, certeramente, veía en la invasión y ocupación de Iraq fuente de nuevos y mas peligrosos terrorismos que el secularmente sufrido a manos de ETA.

La promesa de Zapatero de retirar las tropas configuraba el triunfo de la reconducción del movimiento contra la guerra por el que había sacrificado todo su programa antineoliberal el movimiento alterglobalización,disolviéndose casi en su interior, por ello fue abiertamente criticado desde otros países europeos donde el "movimiento de movimientos" había combatido contra la guerra sin olvidar la agenda social y antineoliberal.

Con todo, en absoluto cuestionó ese movimiento de manera explícita el antiterrorismo ideológico gubernamental, simplemente se movía en otro plano, pero ello no tuvo reciprocidad, simetría, desde las bases mas sensibilizadas del entorno "popular" que lo sentían como una provocación: "¿Y de ETA qué? ¿Que dicen ustedes?" fue interpelación que los pacifistas escucharon a cada paso.

La primera reacción de estupor, miedo, rabia e indignación ante el atentado del 11 de marzo, fue seguida por el PP con una generalizada acusación a ETA, al terrorismo doméstico de cada día, compartidas en ese primer momento desde Llamazares a Zapatero pasando por Ibarretxe; las comparecencias televisivas de Acebes a lo largo de la mañana del 12 donde desgranaba los primeros indicios que parecían apuntar en la dirección que luego conoceríamos, llegaban indefectiblemente contrapunteadas con la machacona atribución a ETA, llegando a mediodía a llamar miserables a cuantos no compartieran tal hipótesis y ello cuando la SER avanzaba nuevos datos que configuraban la dirección distinta.

La manifestación convocada por el gobierno el viernes 12 por la tarde, en un clima donde la exaltación patriótica progubernamental , a pesar del lema por la constitución, contra el terrorismo, de ETA obviamente, no resultaba incompatible con la profusión de banderas preconstitucionales portadas por fascistas en traje de fascista, tampoco con un ambiente de intimidación contra los nacionalismos y la izquierda, especialmente en Barcelona y Madrid donde la respuesta "¿Quién ha sido?" aparecía coreada por gente de izquierdas y activistas contra la guerra a manera de respuesta, al tiempo que se abría paso la acusación de ocultación de la totalidad de los indicios, conforme iban siendo conocidos a través de la radio.

Al final de la jornada de reflexión, el sábado 13, Rajoy y Aznar ya habían perdido las elecciones, empeñándose en mantener la hipótesis de ETA al lado de la que ya reconocían que apuntaba al terrorismo islámico, - error en el que todavía hoy perseveran - y se hacían eco del más visible y popular de los aglutinantes de sus amplísimas bases: el antiterrorismo ideológico antinacionalista y antiizquierdista, como si interpelaran a los pacifistas, "¿Y ETA qué?" . Ellos -Rajoy, Acebes, Zaplana, dirigentes nacionales dando menos talla que el último de sus concejales de aldea - ignoraban la fuerza a la que se oponían: el miedo a la guerra, el sentimiento pacifista, unos más nobles y otros menos, pero de raíces profundísimas en España, porque fue ese mismo horror a la guerra - la guerra que él hizo, ganó y cuya memoria de victoria cultivó hasta sus últimos días - el que Franco manipuló a partir de los sesenta, y al que dedicó en 1964 una intensa campaña para celebrar los "25 años de paz" , ese mismo horror rastreable en la falta de apoyo popular en las amplias clases medias a la eventual reivindicación de la República durante la transición al tiempo que una democracia "normal" sin riesgos e inestabilidad, justamente la que empezaba a configurarse bajo la corona que precisamente por haberla puesto Franco garantizaba el orden, la paz y el seiscientos, colmaba las ansias de libertades. Y aquí residió el error del PP, en su gestión de la crisis generada por el gran atentado: tomar partido contra el lado de la mesa camilla familiar que recordaba el antiguo horror y hacía caso al Papa, a la memoria histórica, - a toda ella - al posicionarse contra el amplísimo consenso que configuraban la abuela y el nieto, la izquierda y las influencias en los movimientos sociales de la Iglesia. Había llegado a Madrid, de nuevo, la guerra, a la ciudad mártir de un millón decadáveres.

Tal parece, pues, que la machacona determinación que se empeña, ora en encontrar contactos y relaciones entre ETA y los terroristas ultraislamistas que atentaron en Madrid, ora en airear -como nunca antes de ahora quisieran- el posible papel jugado para el caso por las habituales conspiraciones de variados servicios secretos - ignoramos si en connivencia o no con mandos policiales que han debido jurarle amor eterno al pródigo en fondos reservados de reptiles Rafael Vera - verdaderas o verdadero disparate, a menos que consiga recabar los indicios suficientemente sólidos como ponerlos en manos del juez Del Olmo, no conseguirá hacer creer a ningún observador objetivo que existe fuera de la gestión de la información sobre el atentado -con el que en aquellos días culminaba un temerario e inconstitucional pulso, contumazmente sostenido, contra mayorías abrumadoras de la ciudadanía ninguneada durante la Guerra...- otra razón para su derrota.

Definitivamente esa siembra de sospechas e insidias parece configurarse como parte esencial de la táctica de acoso y derribo a ZP al tiempo que alimento para los sectores más derechistas, pues si hace escasas semanas más parecía que fuere exudado de Aznar impuesto a Rajoy, finalmente, y tras el episodio de la estatua de Franco y el video de la FAES, han debido descubrir las ventajas de la polifonía, así pues abandonan la tan reivindicada coherencia, cohesión, uniformidad para copiar sin ambages al gobierno de Zapatero, a su muy ensayada escolanía, los Maragall, de barítono, Bono de tenor e Ibarra dando el bajo, todavía pueden llegar a sonar aceptablemente en su oportunismo electoralista al lado del coro de grillos destemplados que compone el PP. No cabe duda que, dado el liderazgo interno y las amistades trasatlánticas de Aznar, siempre habrá quien traduzca en genial estrategia el viejo truco de trilero de hacer de la necesidad virtud.

Novedad ha sido , en la semana pasada, algún elogio interesado de Zaplana a la figura de Felipe González por mor de la comparación descalificatoria con el actual presidente del gobierno, a esta le siguió la noticia - ignoramos que tal virtual o performativa - dada por ABC de contactos de diputados del PP con Alfonso Guerra para pedirle que ejerza sus buenos oficios jacobinos en aras de neutralizar a Maragall y sus amenazas disolventes.

En esto ha quedado la voluntad regeneracionista aznarí que sedujo (y arruinó) a Anguita, en la nostalgia interesada del viejo marrullero predemocrático F.G. tan capaz de hacer pasar por interés de estado las más visibles demandas de los poderosos de la gran política o del dinero, del Poder al cabo.

La respuesta , pues , a la jugada del PSOE de retirar la estatua y hacer pública su disposición a escuchar sugerencias sobre el destino de la Pirámide de Cuelgamuros que, sin menoscabo de la legitimidad que en tanto que acuerdo parlamentario pueda caberle tocante a la recuperación simbólica de lo que aún quede de memoria histórica, - descontado los ciudadanos que en los largos años de gobierno felipista fueron muriendo como habían vivido, en la resignación - sin duda buscaba y conseguía poner en evidencia el larvado franquismo del PP, mayoritario, apuntando a quien quisiera percatarse - y no han faltado columnistas que así lo hicieran - sobre la fragilidad, pese a las apariencias, de la unidad de la derecha españolista en el PP, en un solo partido; la respuesta de los populares, que apuntamos anteriormente, viene siendo devolverle la pelota en la misma clave disolvente.

Juegos de manos, de salón, donde solo se disputa ocupar el gobierno - ¡la cartera! - mientras la economía vaya como va y sus consecuencias sociales igualmente, sus millones de trabajadores precarizados con salario de hace 25 años, con la vivienda inaccesible pero rentable todavía para el inversionista, con buenas bazas de una parte y de otra, y también con malas cartas de ambos lados: no suena igual el coro distorsionado a la intemperie de la oposición que desde los sillones del Gobierno, más cuando el tono
atiplado del Caudillo sofoca otros más tranquilizadores - a pesar de la toma de distancia de Rajoy sobre el famoso video de la FAES - y no es cosa de olvidar cierto comportamiento electoral que en todas la elecciones celebradas en España se impone con regularidad nomotética: los partidos que alcanzaron el gobierno en minoría repitieron con mayoría absoluta a las siguientes, así que al PP no le quedará más remedio que concentrar sus dardos en el flanco débil del gobierno ZP, aquel por donde se hipoteca con las fuerzas centrífugas, empezando por las de su propio partido, por donde crece la desigualdad y la impostura identitaria.

Por aquí si hay porvenir, el recuerdo de la ruptura en mil fragmentos de la URSS, las guerras de la ex-Yugoslavia, la posibilidad por ahora todavía remota de desmembración de España, la inquietud que suscita en millones de ciudadanos y que se superpone a la indignación ante las reivindicaciones insolidarias y antiigualitarias de Maragall , pueden acabar por imponerse y entonces será de nuevo quien pueda ofrecerse como la fuerza centrípeta que ahuyenta a los fantasmas quien conserve o gane todas las carteras. Que finalmente sea el neonacionalcatolicismo de Aznar o una suerte de republicanismo sin República auspiciado, dicen, por ZP, la fuerza centrípeta que consiga resolver o al menos atemperar las tensiones centrífugas que tan escaso favor hacen a la izquierda y a las víctimas precarizadas del neoliberalismo versión UE, es asunto de no menor calado, sobre todo porque , en el ínterin, las cuestiones sociales, el deterioro social que el reinado de la globalización genera, no acaban jamás de estar en la agenda de nadie:gobierno, oposición, sindicatos.

Por ahora la gente espera de Zapatero que los contenga, a Maragall y a los nacionalistas centrífugos vascos y catalanes, no que trate de aplastarlos ni que los provoque, es decir espera que los neutralice hasta que pueda ganar por mayoría absoluta las próximas elecciones. Que ERC, PNV, CiU no se lo esperen es bien distinto, así que todo se reducirá a sacar lo que puedan de ZP mientras les dure.

Sin embargo una nueva sensibilidad igualitaria, republicana strictus sensu - pese a ZP, - que no desea hacerle el juego a los nacionalistas centrífugos, que no se somete a su chantaje en virtud del cual solo otorgan carné de demócrata a quien se avenga a apoyar su supuesto e ilocutivo derecho de autodeterminación, parece ir calando en determinada opinión pública, exponente es que se ha quebrado el viejo juego de los agravios comparativos respecto de aquellas autonomías que consigan lograr más poder y dinero del Estado, y por tanto que mayor debilidad le procuren a éste, debilidad que en el contexto de la UE y de la globalización neoliberal la ciudadanía empieza a percibir si no como amenaza, al menos como eventualidad escasamente deseable. El otrora famoso "no es esto, no es esto" resuena en las meninges de los más viejos izquierdistas españoles que apoyaron o defendieron con entusiasmo las autonomías que habían de acercar el poder al pueblo.

Respecto de la otra izquierda, aquella que mejor merece esta ubicación ideológica, al menos por ahora poca esperanza cabe, porque es poco probable que se decida a optar entre ser una fuerza española, social y republicana, - lo que para nada le obliga a ser nacionalespañola, - o continuar abducida por los nacionalismos segregacionistas, pagándoles peaje.

 

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