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Documento | Castellano |
| La renta básica de ciudadanía Diario de Noticias, 20-5-05
Paco Roda
| 23/05/05 | | | |
| No están los tiempos para propuestas ni reflexiones arriesgadas. En ello va el comer caliente cada día. Por eso, la progresiva benignidad del pensamiento crítico explica el inmovilismo intelectual más pesebrista. Por otro lado, la izquierda intelectual y política, superada por los debates que se nutren, única y exclusivamente de las consecuencias del conflicto nacionalista y sus derivados, olvida dirigir su mirada a las cosas de la vida. A la derecha ni le importan. Se discute de los problemas que la clase política quiere discutir. Pero se echa en falta buscar soluciones a los problemas de verdad. A los asuntos de a pie de obra, a los sentidos y vividos por la gente, a la realidad sin aditivos ni colorantes. Esta propuesta es una de esas ideas que remueve conciencias. Porque llega allí donde el pensamiento único ha unificado los criterios. Porque para ese pensamiento único, nada hay posible, ni justificable más allá de lo estrictamente correcto.
Esta propuesta sirve para ganar libertad. De la auténtica. Y es que la libertad efectiva se ha de medir por la capacidad de elegir el rumbo de la propia vida. O lo que es lo mismo, bandearse en el presente con dignidad y no sucumbir ante el incierto futuro. Porque hay millones de personas en el Estado español que padecen graves dificultades económicas y sociales para ser alguien en la vida. Esta propuesta tiene que ver con la mejora del Estado de Bienestar. Pero sobre todo tiene que ver con las necesidades de la gente que vive a precario, desempleada, que sobrevive de subsidios sociales en la periferia social y con cuantos ciudadanos, sea cual sea su situación económica, social o familiar quieran acogerse. Porque es una propuesta universal. Sin condiciones previas. Sólo por ser ciudadano o ciudadana de un país.
Hace ya algún tiempo me posicioné a favor de una renta básica de ciudadanía de carácter universal e incondicional. Hoy vuelvo a insistir. Porque sigo creyendo en ella y porque creo que sigue siendo viable, técnica y económicamente. Pero más aún. Porque esta propuesta ha ido ganado enteros en el pensamiento, no ya academicista, sino en la calle. No obstante, esta idea no trata de ganar adhesiones incondicionales. Sólo quiere hacer pensar y vencer resistencias morales. De momento. La idea consiste, básicamente, en asignar un ingreso modesto pero digno y suficiente para cubrir las necesidades básicas de la vida a pagar a cada miembro de la sociedad como sujeto de derecho y no sujeto a otra condición que la de ciudadanía o residencia. Esta renta básica sería individual, universal e incondicional. Con estas premisas encima de la mesa es lógico que haya reacciones. Y es que una de las dificultades más grandes de esta idea es que debe superar ciertas resistencias de carácter emocional o ético. Incluso en el núcleo duro de la izquierda social y progresista y entre los profesionales de lo social, hay cierta corrección moral que dificulta digerir propuestas de este tipo. Y es que se propone un sueldo sin contraprestaciones y para todo el mundo que lo solicite, sea cual sea su condición, tenga o no ingresos y quiera o no trabajar. Atrevido, ¿verdad? Pues sí. Pero las resistencias también saltaron todos los plomos del estado de Wyoming, el primero de la historia de los EEUU en conceder el voto a las mujeres en 1889. Aquello en su día fue un escándalo moral. Pero también una victoria democrática. Tanto que hoy nadie cuestiona este derecho universal que causó sangre, sudor y lágrimas en la historia del feminismo mundial. Ésta es una idea utópica pero cargada de posibilismo. Sólo hace falta sobreponerse a la resistencia moral fraguada en la amasadora del pensamiento único y apostar por ideas revolucionarias. Ésas de las que tan escasos andamos.
Hay en España ocho millones de personas pobres. Ésta es una constante a lo largo de los últimos veinte años. Este índice sangrante ha aumentado en los últimos diez años, a pesar de los elevados índices de riqueza oficial, del incremento de las políticas sociales y laborales y al despliegue en todas las comunidades de los programas de rentas mínimas de inserción, programas, dicho sea de paso, de escasa efectividad como mecanismo de prevención y erradicación de la pobreza. A esto se añade una excesiva fragmentación de las prestaciones sociales, casi todas condicionadas y graciables a las que les falta coherencia e integración y que da lugar a sangrantes agravios e inconsistencias. Si a esto unimos una elevada precariedad laboral, nos encontramos con una subclase empobrecida que malvive con unas prestaciones sociales de urgente revisión que permitan la individualización de los derechos sociales y económicos. Esta propuesta sirve para corregir estas carencias.
El pasado 15 de abril se presentó, a la Mesa del Congreso de los Diputados una proposición de Ley de creación de la Renta Básica de Ciudadanía con objeto de debatir y llevar adelante esta iniciativa. Ha sido el primer asalto político. Esta ley pretende acabar con las situaciones de pobreza, evitar la estigmatización de aquella parte de la población que depende de las prestaciones asistenciales para subsistir, incrementar el grado de autonomía y libertad real de buena parte de la población en sus elecciones de participación en el mercado laboral y de proyectos de vida en general, racionalizar el sistema de prestaciones y subsidios condicionados del actual Estado del bienestar en la línea de una menor fragmentación y de una mayor coherencia, evitar los efectos perversos que el actual sistema tiene en la existencia de determinados casos de fraude, de desincentivos al empleo y de falta de cobertura y avanzar en la integración y la coherencia entre el sistema fiscal y el de prestaciones sociales. Por otro lado, esta proposición de Ley aconseja que esta prestación económica universal no sea nunca inferior a la cantidad económica que conforma el umbral de la pobreza de cada comunidad autónoma. Para las personas mayores de 18 años, la cuantía de la prestación económica mensual será, como mínimo, del 100% de la cantidad que conforma el umbral de la pobreza y la duración de este derecho se mantendrá a lo largo de toda la vida del preceptor. Éste es el reto.
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