Miguel Limia. Escapar de la autofagiaArtículo aparecido en la revista oficial cubana trabajadores.cu (09/11/2009 09:08)
Miguel Limia es presidente del Consejo de Ciencias Sociales del CITMA (Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente). Obsérvese sobre qué problema pone el foco (la productividad de los trabajadores) y qué otros problemas ignora (la ineptitud y la hipertrofia burocrática, por ej.). Para variar, admite que aunque se eliminase el embargo de EE.UU. los problemas seguirían existiendo.
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“El socialismo no es, esencialmente, un asunto de distribución, sino de producción”, afirmó Miguel Limia. Foto: Joaquín Hernández Mena
El presidente del Consejo de Ciencias Sociales del CITMA, Miguel Limia David, reflexiona sobre la sociedad cubana de estos días y perfila prioridades
Alina M. Lotti
Habla con soltura de la economía, la producción, los asuntos laborales; asume una postura crítica y optimista de la sociedad cubana que estamos construyendo; avizora caminos, da consejos, y mira con inteligencia el destino de una nación que ama.
Miguel Limia David —presidente del Consejo de Ciencias Sociales del CITMA, investigador y académico titular, filósofo y un ser humano extremadamente comunicativo— vive convencido de que las sociedades corren peligro de autofagia, es decir se consumen a sí mismas cuando no existe una estrecha correspondencia entre lo producido y lo necesario para sostenerse.
“Nuestra sociedad está pugnando por salir del subdesarrollo. Estamos sujetos a un bloqueo económico, comercial y financiero, e influidos por una crisis económica galopante que afecta a la humanidad. Tiene, además, que hacer frente a los cambios de la pauta climática global, lo cual crea retos muy serios en el campo productivo, y esto no se puede enfrentar con éxito sin trabajar.
“Por otra parte, el medio ecológico es retador, porque somos un país energo-dependiente; afrontamos una situación complicada con el agua y gracias a la voluntad hidráulica de la Revolución no nos hemos convertido en un archipiélago desierto.
“Sin embargo, todavía corremos el riesgo de amenaza hídrica, ya que el agua está distribuida de manera irregular. Donde vive alrededor del 40% de la población apenas se encuentra el 20% del agua, y esta hay que llevarla hacia donde se consume, a las ciudades, a la agricultura”.
Esos son retos, no obstante, ¿cuáles son las prioridades?
“Lo primero es hacer sostenible la economía, eso implica aumentar la productividad, la producción en líneas de punta, digamos a través del incremento del valor añadido, intelectual, de la aplicación de la ciencia y la técnica. Eso exige una cultura de innovación organizacional, empresarial, social, cultural, y sin trabajar no se logra”.
Sin embargo, en tal sentido tenemos agujeros, brechas…
“En Cuba, el primer derecho social adquirido es el del trabajo, de conjunto con el de poder ejercer el poder político. Pero al hacer tanto énfasis en el ciudadano como finalidad de la sociedad, en ocasiones se ha estimulado la opción del parásito, a través del igualitarismo; aquel que espera de la sociedad y no aporta como debiera hacerlo.
“En consecuencia hemos contribuido a la irresponsabilidad pública, ciudadana, y por eso estamos necesitados de formar una conciencia cada vez más centrada, en el trabajo”.
¿Cómo cataloga hoy la laboriosidad?
“Coincido en que la desestimulación a la laboriosidad es también condicionada estructuralmente en la sociedad, porque si se desvincula la distribución salarial de lo que se rinde, se estimula al vago.
“Al inicio del proceso de la construcción socialista estuvo justificado el énfasis en la redistribución de la riqueza social, para ponerla al alcance de todos. Ahora, cuando han pasado 50 años de Revolución, la fuerza hay que ponerla en cómo se produce, en el aporte de cada cual. El socialismo no es, esencialmente, un asunto de distribución, sino de producción.
“Actualmente estamos rescatando la laboriosidad como valor fundamental, creo que eso está en el centro de atención del Partido y del Estado, pero evidentemente hace falta un esfuerzo mayor, incrementar la productividad, evitar que haya personas sin trabajar”.
¿Qué medidas considera necesarias para aumentar la productividad?
“Para actuar sobre este indicador hay que tener en cuenta muchos factores, y no me detendré en la infraestructura, caduca en muchos sectores. En nuestro país —ciertamente— es necesario distribuir mejor el salario, y eso significa pagarle al trabajador por lo que produce en cantidad y calidad.
“No puede ser que haya sectores estratégicos que estén deprimidos desde el punto de vista del salario, sobre todo por la doble moneda, el sistema de mercado segmentado (medidas asumidas en un momento determinado para sobrevivir y salvar las conquistas del socialismo), porque eso trae consigo desestimulación.
“Pero el asunto no es simplemente salarial. Se puede laborar por estímulos no relacionados con el trabajo (buen pago y almuerzo, otras condiciones), pero eso no es lo mismo que realizarlo incitado por la propia actividad.
“Es necesario perfeccionar el contenido del proceso laboral, como la participación de los trabajadores en la toma de decisiones; en el uso real de los presupuestos, de los fondos de las empresas, en la decisión de lo que se produce según el tipo de labor, en la planificación y el uso del tiempo para la capacitación.
“Hoy la noción que tiene la ciencia en cuanto a la motivación laboral es mucho más compleja y rica que la de décadas pasadas, cuando se hablaba solo de estímulos materiales y morales. Esa dicotomía no existe. Las personas se mueven por motivaciones más complejas. Y quiero marcar esto porque la conciencia común tiende a pensar que los factores que regulan la vida laboral se expresan en un mismo eje de coordenadas. Y no es así.
“Hay que priorizar el sector productivo; tener en cuenta que algunos de sus elementos están envejeciendo, y corremos el riesgo de perder no solo a las personas, sino la propia capacidad de trabajar. Además de los conocimientos acumulados durante años, el obrero, el trabajador, tiene hábitos, habilidades, capacidades y es necesario que todo eso se traslade a otras generaciones”.
Hace unos momentos usted hablaba del bloqueo, ¿incide esto en la laboriosidad?
“El debilitamiento del bloqueo —respecto a este valor— no implica la solución de nuestros problemas. Sería, solamente, el cambio de un tipo de relación por otra forma de la lucha de clases, a través de mecanismos económicos, financieros, tecnológicos de propiedad industrial, comunicacionales, que van a perseguir lo mismo: derrocar desde adentro a la Revolución Cubana.
“Ahora, si no trabajamos con la calidad y no nos preparamos para tener una economía eficiente y autosostenible, no tendremos perspectiva como nación. Eso es lo no puede pasar”.
¿Cómo avizora el futuro de Cuba en este sentido?
“He ganado suficiente confianza en la capacidad creadora de los pueblos y el nuestro ha demostrado una resistencia no pasiva, sino creadora, innovadoraeconómica, social, y si nosotros hasta aquí, en condiciones precarias, hemos podido sobrevivir, defender las conquistas del socialismo y avanzar, no tengo ninguna razón para dudar. Seremos capaces de seguirlo haciendo en el futuro, sobre todo porque hemos logrado un potencial humano que no lo tiene ningún otro pueblo de este continente”.
¿Es posible fortalecer la laboriosidad en el socialismo?
“Sin duda alguna; lo que pasa es que las experiencias socialistas conocidas, incluida la nuestra, no han logrado enlazar correctamente la justicia social y la productividad, la eficiencia; porque en aras de una se ha afectado a la otra.
“Pero no toda propiedad estatal socialista es ineficiente; las tenemos muy eficaces y podría ponerte ejemplos.
“Resulta imprescindible la satisfacción mínima de necesidades básicas, que garanticen la asistencia y seguridad sociales por igual, pues no todos están en capacidad de laborar, pero quienes lo hacen necesitan diferenciarse por lo que producen. Eso hay que rectificarlo, aplicando un criterio de equidad, que garantice igualdad de oportunidades, pero que premie según los resultados de cada cual en el proceso del trabajo.
“Entonces, estamos abocados a transitar a una conciencia política que no se centre tanto en la noción del trabajador como receptor de derechos, sino como promotor de derechos y de obligaciones”.