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Os dejo un texto muy interesante, de una ponencia de Carlos Hermida en la Universidad Complutense de Madrid:
EPISODIOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
La falsificación del pasado forma parte del instrumental utilizado por las clases dominantes para imponer su hegemonía ideológica sobre el conjunto de las clases dominadas y anular los referentes políticos e ideológicos de los trabajadores.
Mediante la tergiversación de los hechos o su ocultación, la burguesía transmite una visión de la historia acorde con sus intereses; una historia oficial que sacraliza determinados acontecimientos y personajes, mientras ignora o estigmatiza otros, aquéllos que no encajan en su visión del mundo y en su orden.
No es de extrañar que la revolución bolchevique y toda la historia de la URSS sean objeto de manipulación sistemática, porque no ha existido otro hecho en el siglo XX que haya causado tanto pavor a la burguesía. Octubre de 1917 es la peor pesadilla del capitalismo hecha realidad: el poder en manos de los trabajadores, fábricas y tierras nacionalizadas, soviets, obreros con armas, racionamiento con carácter de clase... en fin, el mundo cabeza abajo. Por ello, la desaparición de la URSS no ha puesto punto final a la propaganda anticomunista; es preciso borrar su recuerdo de la memoria histórica de la clase obrera.
Un buen ejemplo de esta amnesia programada lo encontramos en determinados episodios de la Segunda Guerra Mundial. Si realizásemos una encuesta al azar preguntando a un número indeterminado de personas por el desembarco de Normandía, la mayoría de los encuestados sabría situarlo históricamente y respondería que los estadounidenses lo protagonizaron; sin embargo, esa misma mayoría no sería capaz de ubicar la batalla de Stalingrado o sus referencias serían más borrosas. En el imaginario popular, Normandía fue el hecho decisivo de la Segunda Guerra Mundial, el desembarco que hizo posible la victoria de los aliados y selló la derrota de la Alemania nazi, mientras que Stalingrado va cayendo en el olvido, relegado a un hecho de armas menor. Y la verdad es bien distinta. Stalingrado fue la batalla más importante de la Segunda Guerra Mundial, la que cambió el signo de la contienda, pero los potentes medios de comunicación norteamericanos, en especial el cine, han contribuido
a crear el mito de Normandía, ocultando el papel de la URSS en la guerra.
En la primavera de 1941 Hitler es dueño de Europa. Desde le comienzo de la conflagración el 1 de septiembre de 1939, los ejércitos alemanes han ocupado Polonia, Noruega, Dinamarca, la Francia atlántica, Gracia y Yugoslavia. Alemania cuenta con la alianza de Italia, Hungría, Bulgaria, Rumania y Eslovaquia, y algunos países oficialmente neutrales, como Suecia y España, colaboran activamente con los nazis. Sólo Inglaterra resiste, sometida a duros bombardeos y al bloqueo de la guerra submarina. Es ahora cuando Hitler decide acometer su gran objetivo militar, que no es otro que el del capitalismo alemán: la conquista de la Unión Soviética.
El 22 de junio de 1941 un gigantesco ejército de 5 millones de soldados, en el que se incluyen fuerzas húngaras, rumanas, finlandesas e italianas, inició el ataque contra la URSS. En los tres primeros meses de lucha los soviéticos sufrieron continuas derrotas y los alemanes ocuparon las repúblicas bálticas, Bielorrusia, Moldavia y casi toda Ucrania. A pesar de las enormes pérdidas, la Unión Soviética resistió, y fue esta resistencia la que impidió que Hitler ganara la guerra. Si Stalin se hubiese rendido, como en junio de 1940 hizo el gobierno francés, los nazis habrían
controlado las gigantescas reservas de materias primas del país, así como innumerables fábricas e instalaciones industriales. Con este potencial económico en sus manos, no es difícil aventurar que el gobierno británico no hubiese podido continuar la lucha, pactando algún tipo de acuerdo con Alemania. No es exagerado afirmar, por tanto, que la tenacidad en la lucha del pueblo soviético fue trascendental para el curso de la guerra.
Mientras estos acontecimientos sucedían en la URSS, la guerra se hacía cada vez más universal. El 7 de diciembre de 1941 los japoneses atacaron la base naval estadounidense de Pearl Harbour. Estados Unidos declaró la guerra al Japón y pocos días después Alemania e Italia declararon la guerra a Estados Unidos. A finales de año la contienda alcanzó una dimensión mundial y quedaron definidos los dos bandos contendientes: de un lado, Alemania, Italia y Japón —el denominado EJE— y, de otro, los aliados, Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética.
En la primavera de 1942 el ejército alemán reanudó la ofensiva y en septiembre comenzó la batalla de Stalingrado. La conquista de la ciudad se convirtió para Hitler en un objetivo prioritario, pero su defensa adquirió también un valor simbólico para los soviéticos. Durante meses se combatió en la ciudad, que quedó completamente destruida, y los soldados soviéticos dieron innumerables muestras de heroísmo. El 2 de febrero de 1943 lo que quedaba del VI ejército alemán se rindió. El mariscal Von Paulus, 24 generales y 90.000 soldados fueron hechos prisioneros. Durante todo el período de la batalla los alemanes perdieron 1.500.000 hombres, aproximadamente el 25% de las fuerzas que operaban en el frente soviético, 2.000 tanques, 10.000 cañones y 3.000 aviones26. El desastre fue de tal magnitud que los alemanes ya no lograrían recuperarse y las tropas soviéticas hicieron retroceder a la Wermacht durante el resto del año .En los primeros meses de 1944 continuaron los éxitos del Ejército soviético y la retirada de los alemanes.
La victoria de Stalingrado fue el resultado de varias causas. Una de ellas fue la enorme capacidad industrial de la URSS. A pesar de las enormes pérdidas de 1941, la economía planificada demostró su efectividad a lo largo de la contienda. Los soviéticos fueron capaces de fabricar más armamento, y en muchos casos de mejor calidad, que los alemanes. Los economistas neoliberales tienden a ridiculizar los logros de la planificación, pero los datos estadísticos son abrumadores. En 1941 la invasión nazi había privado a los soviéticos del 63% de toda la producción de carbón,
el 68% del lingote de hierro, el 58% del acero, el 60% del aluminio, el 41% de las líneas férreas, el 84% del azúcar y el 38% de los cereales. ¿Qué país hubiera resistido en esas circunstancias? Y la URSS resistió. Sobreponiendose a una situación pavorosa, entre julio y noviembre de 1941 fueron desmontadas y transportadas hacia el este 1.523 empresas industriales. En sólo 19 días, del 19 de agosto al 5 de septiembre, se sacaron de la siderurgia “Zaporozhstal” 16.000 vagones cargados de
maquinaria. Diez millones de personas fueron evacuadas ante el avance alemán. Las plantas industriales fueron montadas de nuevo lejos del frente, en los Urales, Siberia Occidental y Asia Central. Nunca se había hecho nada parecido en país alguno.
De estas fábricas salieron cantidades ingentes de armamento. La industria produjo durante la guerra 489.000 cañones, 130.800 aviones y 102.500 tanques y cañones autopropulsados.
Aunque en diversas publicaciones se afirma sin pruebas documentales que la Unión Soviética recibió un inmenso apoyo militar de sus aliados, Alec Nove, especialista en economía soviética, sostiene que es “una realidad innegable que la ayuda de Occidente contribuyó relativamente poco a los armamentos de Rusia”.
En segundo lugar, la identificación entre el partido comunista y el pueblo soviético. Contrariamente a las esperanzas de los invasores, la población de la URSS no se levantó ni se rebeló contra el gobierno, aunque en muchas zonas, como ocurrió en el resto de Europa, hubo colaboracionismo con el ocupante. Este hecho vendría a confirmar que la represión de los años treinta no abrió ninguna brecha insalvable entre gobernantes y gobernados y que el apoyo al régimen, aun en una situación militar en ocasiones desesperada, fue mayoritario.
En tercer lugar, la victoria se debió también a la capacidad de Stalin, quien, superando los graves errores iniciales, supo rectificar, tomar decisiones adecuadas y dejar una amplia iniciativa a los oficiales del Estado Mayor.
Stalingrado marcó la bisectriz de la guerra y así lo han reconocido multitud de historiadores. Henri Michel afirma que fue una victoria decisiva30, Williammson Murray y Allan Millet, autores nada sospechosos de prosovietismo, consideran que fue una derrota catastrófica para las armas alemanas que inclinó la balanza a favor de los soviéticos31 y Gerhard Weinberg estima que Stalingrado simbolizó el cambio de marcha de la guerra32.
El 6 de junio de 1944 los norteamericanos desembarcaron en Normandía.
No se trata de menospreciar la contribución de Estados Unidos a la derrota del nazismo, pero la apertura del segundo frente en Europa se produjo cuando Alemania se encontraba en vísperas de su derrota. Estados Unidos e Inglaterra habían pospuesto durante dos años el desembarco en Francia para debilitar a la URSS, pero en el momento en que vieron que era capaz de ganar la guerra con sus propias fuerzas, entonces se decidieron a intervenir para frenar la influencia política de la Unión Soviética y controlar los movimientos de resistencia en los países de Europa occidental.
Es evidente que la liberación de toda Europa por las fuerzas armadas soviéticas habría significado un durísimo golpe para el capitalismo a escala mundial y los Estados Unidos estaban dispuesto a evitarlo a toda costa. De igual manera les preocupaba el protagonismo de los comunistas franceses e italianos en la lucha contra el ocupante alemán. A la altura de 1944 los problemas políticos pasaban a primer término, porque militarmente la guerra estaba ganada.
Durante tres años la Unión Soviética luchó sola. El sacrificio y las penalidades soportadas por el pueblo de la URSS fueron enormes. Las pérdidas humanas se elevaron a 26 millones de personas, una buena parte civiles que fueron víctimas de la guerra de aniquilación practicada por los alemanes. Fueron destruidas 1.700 ciudades, 72.000 aldeas y 32.000 empresas industriales. En conjunto, la URSS se vio privada
del 30% de su riqueza nacional y el conjunto de sus pérdidas constituyó el 40% del total de las sufridas por todos los combatientes.
El aporte decisivo de la URSS en la victoria adquiere también su verdadera dimensión cuando se analizan las bajas del ejército alemán en territorio soviético. El número muertos y heridos de los alemanes en el frente del este fue seis veces superior al que tuvieron en el frente occidental y mediterráneo, y allí fue destruido también el 75% de su armamento.