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Los puedes ver, pero no existen

Unas 100.000 personas viven en pueblos no reconocidos, dispersados por toda la geografía israelí. Son ciudadanos de un Estado que no les da agua, electricidad o los mínimos servicios sanitarios. No salen en el mapa.

El 18% de la población del Estado Judío de Israel, no es judía. Son los descendientes de los 150.000 palestinos que durante la guerra del 48 no se convirtieron en refugiados en alguno de los países árabes de Oriente Medio. Suponen, nada menos, que un millón de personas y, de ellas, el 10% vive en los llamados pueblos no reconocidos.

Las autoridades israelíes no reconocen su existencia a pesar de tener una historia que, las más de las veces, se remonta a antes del nacimiento de Israel. Sus habitantes, unos 100.000 ciudadanos de pleno derecho, no disfrutan de agua corriente, escuelas, electricidad o carreteras. Los pueblos no reconocidos son un trocito de Tercer Mundo dentro del Estado número 22 según la escala de desarrollo humano del PNUD (en la que España ocupa el puesto 21).

Ein Hod es el nombre de uno de los nueve pueblos no reconocidos que existen en Galilea, la zona norte de Israel, pero también es el nombre de un gran drama humano. Este pequeño pueblo fue desalojado por las tropas del ejército israelí durante la guerra del 48, sólo 150 de habitantes originarios no huyeron a Jordania. Antes de la guerra, Ein Hod era uno de los 550 pueblos árabes del territorio que conocemos como la histórica Palestina. En 1949, sólo quedaban unos 100.

A dos kilómetros del que había sido su pueblo natal, estas 150 personas establecieron una nueva colonia hecha con tiendas y chabolas en espera de que el antiguo Ein Hod les fuera devuelto. En 1953 el Estado de Israel decidió el futuro de la pequeña aldea árabe, y en él, no había sitio para sus antiguos habitantes. Pasó a ser un pueblo de artistas judíos. La improvisada Ein Hod se convirtió en permanente. Ya han pasado más de 50 años y los hijos y nietos de esas 150 personas siguen viviendo en chabolas.

Como Ein Hod hay otros 54 pueblos en el Estado de Israel, la mayoría, 45, en el desierto del Negev, al sur del país, y habitados por beduinos. La legislación que regula el estatuto de los pueblos no reconocidos data de 1965, la Ley de Planificación y Construcción, básicamente un plan general para el desarrollo en el que no se reconocían decenas de pueblos árabes que, por tanto, no se favorecerían nunca de las ayudas estatales. Muchas de las tierras sobre las que se asentaban estos pueblos fueron calificadas según esta ley de tierras para la agricultura. De forma retroactiva, además de ser pueblos no reconocidos pasaron a ser asentamientos ilegales y, por tanto, la posibilidad de la demolición es una constante incertidumbre en la vida cotidiana de esta gente.

Para luchar contra las demoliciones, por el reconocimiento y por los servicios que en teoría el estado de Israel tendría ofrecer a esta población, se creó en 1988 la Asociación de los 40. Gracias a su lucha, en 1992, Ein Hod fue reconocido como pueblo de pleno derecho. Aún hoy, están esperando por los mismos servicios mínimos por los que luchaban hace diez años.

El desierto del Negev

Abed El Razaq es un beduino del pueblo no reconocido de Al Qreen. Desde el pasado 9 de julio su casa ya no está en pie. A las 4:30 de la mañana, agentes del 'Green Patrol' acompañados por policías y soldados aparecieron en el pueblo. Las fuerzas del orden bloqueaban la entrada a la casa, mientras Abed miraba como los 'buldózer' destruían su hogar. Ninguna orden judicial fue presentada a Abed antes de que su casa fuera destruida; un día antes, una sesión judicial discutía sobre una posible demolición. No se tomó ninguna decisión, pero Abed ya no tiene casa. Su historia es sólo una más en el Negev, donde unas 70.000 personas viven en pueblos no reconocidos.

Para la gente que vive en estos pueblos, la intención del Gobierno israelí es trasladarlos a pueblos de concentración para así confiscar sus tierras. Siete de estos pueblos recogen, más o menos, la mitad del total de beduinos que vive en el Negev. En dos de ellos, Tel Sheva y Rahat, la media de los ingresos familiares es, tan sólo, el 38% de la media de una familia judía, según un informe del Departamento Gubernamental de Estadísticas en 1997. El mismo informe en 1999 reconocía a seis de los siete pueblos de concentración como los más pobres económica, educativa y sanitariamente. Esto se traduce, entre otras cosas, en que la comunidad beduina sufre una mortalidad infantil de 10 por cada 1.000 nacidos, cifra asciende a 19 si hablamos de los pueblos no reconocidos. En las comunidades judías la mortalidad infantil es del 5 niños por cada 1.000.

Pero la lucha de los beduinos y del Consejo Regional de los Palestinos Beduinos de los Pueblos no Reconocidos no pasa sólo por un reconocimiento de los pueblos, ni por una mejora de las condiciones económicas en las que viven. Se quejan también de la propia naturaleza de los pueblos de concentración, ya que la comunidad beduina no ha participado en su diseño, ni se ha tenido en cuenta el estilo de vida de esta peculiar comunidad árabe, habituada a ser nómada y a vivir en tiendas en el desierto. Incluso, los nombres de los nuevos pueblos no son árabes, sino hebreos.

Más información:

Union of Arab Community Based Associations en Israel
Asociación de los 40
Consejo Regional de los Palestinos Beduinos de los Pueblos no Reconocidos

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