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LA JORNADA Anuncian que ahora las bases vigilarán el trabajo de las JBG Festejan toda la noche el fin de la alerta roja HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO La Garrucha, Chis., 16 de julio. Anoche, en el caracol Resistencia hacia un nuevo amanecer, sólo había dos maneras de interrumpir el baile: otro aguacero, o la enérgica aparición de la junta de buen gobierno (JBG) Camino del futuro para dirigir "unas sencillas y breves palabras" a las bases de apoyo del EZLN y a la sociedad civil. ''El motivo de nuestra fiesta es por el fin de la alerta roja, porque habíamos cerrado nuestras oficinas para prevenir cualquier intento del gobierno por atacar a nuestros hermanos mientras hacíamos nuestra consulta". Hacia la medianoche, "la compañera Carla'' tomó el micrófono de los músicos para hablar en nombre de la JBG, y se refirió al resultado de la consulta, donde los pueblos zapatistas decidieron "formar una coalición de organizaciones nacional e internacional". A partir de hoy, agregó, "en los caracoles las bases de apoyo vigilarán para que el gobierno autónomo cumpla. En 12 años hemos avanzado en nuestra organización. Hemos madurado. También hemos dialogado con el gobierno. Por eso alcanzamos los acuerdos de San Andrés". Ante un millar de indígenas, un poco iluminados por focos dispersos, la junta zapatista dijo que, pese a los esfuerzos de los pueblos, ''los patrones y los poderosos mataron el diálogo''. Carla, madre de familia y ahora gobernante zapatista, señaló que, como producto de la consulta y los cambios de su organización, los zapatistas llevarán su palabra a distintas partes de ahora en adelante. ''Saldremos a platicar con todos los sectores desprotegidos y explotados. Con ellos vamos exigir el cumplimiento de los 13 puntos que dieron origen a nuestra lucha.'' Advirtió: ''No nos importan las consecuencias de lo que pase por nuestras nuevas acciones. Juntos tendremos la fuerza''. Enseguida tomó la palabra ''el compañero Gustavo'' y repitió el mensaje en tzeltal, en términos más floridos y detallados, haciendo referencia a la traición de los tres poderes de la Unión y los partidos políticos, y al recorrido que efectuarán próximamente los zapatistas por los diferentes estados de la República. Otro miembro de la JBG, de muy buen humor, con esa ironía tan tzeltal, dijo para terminar el brevísimo acto político: ''Ahora que ya están enterados por qué es la fiesta, vamos a celebrar hasta que el cuerpo aguante, que yo creo que es hasta el amanecer''. Tal cual. Las cumbias duraron la noche entera, lo mismo que parejas que las bailaran, y cuando ya aclaraba, casi sin solución de continuidad, se echaron a andar los motores de los primeros camiones. Y del baile a la redila, sin dormir, centenares de indígenas cogieron los caminos de la selva. Imperceptiblemente, como por arte de magia, se levantaron los ''techos'' del improvisado campamento, y al salir el sol ya sólo quedaban algunas estacas en el lodo y los últimos grupos de familias y jóvenes que acudieron a la reapertura de su caracol, esperando la salida de sus carros. Simultáneamente, empiezan a llegar los grupos de sociedad civil interesados en los proyectos de los municipios autónomos, y los primeros campamentistas. Uno de ellos comentó anoche, cuando la fiesta llevaba muchas horas y aún no tenía para cuándo acabar: ''No me quiero imaginar una fiesta de este tipo, con música y alegría, y además que todos estuvieran bebiendo alcohol. Sería completamente distinta''. Para empezar, nadie hubiera llegado vivo a la aurora. Y estos zapatistas se amanecieron todos, listos para retornar a sus comunidades en las demás cañadas de aquí a Montes Azules, algunas a más de siete horas de viaje. Unos en carro, otros caminando montaña. Cuando Carla mencionaba en su discurso la posibilidad de ser atacados, y reiteraba lo dicho en los comunicados recientes de CCRI-CG del EZLN, acerca de los riesgos que significa esta nueva etapa de la lucha zapatista, no decía palabras sólo por decirlas. De acuerdo con una abrumadora cantidad de testimonios directos que ha recogido La Jornada en días recientes, todo indica que se cierne sobre diversas regiones indígenas del Chiapas rebelde un nuevo fantasma de contrainsurgencia paramilitar (directamente vinculado a la estructura del PRI), que en algunas partes de las cañadas y la zona norte ya amenaza de manera explícita a las comunidades rebeldes. Resulta notable que festejen hoy sus estructuras de gobierno, con evidente alegría, comunidades indígenas que, tras muchos años de luchar, ven que la lucha todavía sigue. ''Y falta un chingo'', expresó anoche un indígena que comentaba el tema. Para colmo, lo decía riendo. LA JORNADA Comités sancionarán labores de los gobiernos autónomos Crean rebeldes estructura para evaluar a las juntas Morelia, Chis., 16 de julio. Aquí no hubo fiesta. Es decir, baile y cumbias. ''Ayer se reabrió este caracol. Empezamos a trabajar desde las primeras horas de la mañana. Durante el tiempo de la alerta habíamos trabajado de manera clandestina. La experiencia fue difícil, pero ya sabemos que estamos en una etapa difícil de nuestra lucha. Y fue bonito porque tuvimos que trabajar bajo otro techo, sin estas paredes. Fue un trabajo de resistencia. Y cuando menos en nuestra región no tuvimos problemas graves''. Habla un miembro de la populosa junta de buen gobierno (JBG) Corazón del arco iris de la esperanza, donde casi la mitad son mujeres, y bien plantadas; arrechas, como dicen los chiapanecos. ''Al reinstalar otra vez nuestros trabajos aquí, en el caracol, vimos que está interesante hacer nuestros cambios. Estamos integrando las nuevas comisiones. La que era de vigilancia se vuelve de información, porque ahora la vigilancia la van a hacer compañeros bases de apoyo del EZLN, pero lo que van a hacer es vigilar que la junta haga bien su trabajo.'' De hecho, al llegar hoy al caracol Torbellino de nuestras palabras, con lo que me encontré primero fue con esta comisión de vigilancia que, en efecto, era gente de las comunidades. Unos 15 hombres y mujeres de diversas edades, mero bases, y los de mayor edad, analfabetos. Una mujer no dejaba de tomar nota cuidadosamente de cuanto se decía. En algún momento se alzó la blusa, sacó la teta izquierda y se la dio a su niño al lado, que se empezaba a poner inquieto. Y ella, sin interrumpir su cuidadosa escritura. Entre ellos, los miembros de la comisión, estrenándose, intercambiaban comentarios animadamente, en legua tzeltal. Las mujeres tojolabales permanecían silenciosas, pero escuchaban con atención el duelo de preguntas, donde el reportero preguntaba, y los indígenas también. Así que mejor me mandaron a hablar con la junta. Mientras esperaba ser recibido, me senté en un banco a la sombra de la tienda del caracol. En el prado de enfrente, un grupo de mujeres extendía y lavaba grandes lienzos de plástico, asistidas por dos hombres. Un trabajo laborioso que las tenía muertas de risa. De pronto suspendieron su actividad y caminaron hacia los edificios. Un joven se me aproximó para decir: ''Ya lo va a recibir la junta''. Resulta que esas mujeres eran la junta; la mitad de ellas al menos. Ya quisiera uno ver a un presidente municipal, de esos que ganan 80 mil pesos al mes (sin contar ''extras''), lavando plástico o barriendo la plaza del ayuntamiento. ''Tenemos la función de ver y valorar los trabajos y los proyectos'', prosiguió el hombre de la JBG que hablaba la mayor parte del tiempo. ''Atender el trabajo conjunto. Vamos a retomar el contacto con la sociedad civil. Por demás, nuestras tareas de autonomía siguen igual''. Explica que durante el periodo de alerta los gobiernos municipales rebeldes siguieron funcionando. ''Sólo se suspendieron los trabajos con los hermanos no zapatistas, pero otra vez los vamos a encontrar y atender. La JBG hace una apertura, porque somos un gobierno que obedece; lo que el pueblo pide y manda". Hace luego hincapié en la nueva ''vigilancia''. Se rotarán semanalmente dos personas por municipio para estar presentes en el caracol vigilando a la JBG, para luego ir a informar a sus respectivos Marez (Municipios rebeldes autónomos zapatistas). ''No son una guardia. Ellos pueden tomar acciones si es necesario. Son la crítica de nuestro trabajo como gobierno''. En el camino, un campesino tzeltal, base de apoyo zapatista, describía esta nueva estructura de vigilancia en términos similares. Le pregunté: -¿Y ya te va a tocar pronto estar en vigilancia? -No creo. Pueden pasar años. Para la comisión (de vigilancia) van cada vez sólo dos compañeros por municipio, y somos miles. Una mujer de la JBG agregaría en la entrevista que las comunidades estarán pendientes "para que el gobierno autónomo no abuse y sí sea justo", y recalcó que durante la alerta roja la junta atendió "todos sus pendientes" y vio "a las distintas gentes que la buscaron". El hombre que hablaba anteriormente prosiguió: "Abrimos las oficinas ayer por la mañana, y hacia la tarde reanudamos las visitas a nuestros compañeros de los municipios". -¿O sea que aquí no hicieron fiesta para reabrir el caracol? El indígena, rápido como flecha, replicó: "Para nosotros la fiesta fue este trabajo que hacemos. Ahora necesitamos crear, y los cambios que vienen valen la pena. Por eso nosotros estamos aquí para dar nuestro granito de arena". |
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