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LA JORNADA
7-07-05

Adolfo Gilly/1

Navegar es necesario (Estudio de un documento)

1. "Alguien pregunta: ¿todavía eres marxista? Nunca antes ha sido tan extensa como hoy la devastación provocada por la búsqueda de la ganancia, según la define el capitalismo. Casi todo el mundo lo sabe. Cómo es entonces posible no hacerle caso a Marx, quien profetizó y analizó tal devastación. La respuesta sería que la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas políticas. Sin mapa alguno, no saben a dónde se dirigen". Así escribe John Berger en un texto reciente, Dónde hallar nuestro lugar (en Ojarasca, junio 2005).

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional dice, en la Sexta Declaración de la Sierra Lacandona, que una vez más se va a lanzar a caminar, ahora por territorios para ellos apenas explorados y de los cuales tienen referencias amigas, pero no experiencias muy directas. Saben a dónde quieren dirigirse, pero el mapa de la ruta lo irán haciendo junto con otros en el camino. Razón de más para estudiar qué nos quisieron decir con su Declaración. Pues en su caminata ellos esperan encontrar abrigo y compañía.

Es como lanzarse a navegar, nada más que por tierra. En las montañas andinas al autobús que va de pueblo en pueblo lo llaman "flota" -"apúrate, mamá, que ya viene llegando la flota..."-, tal vez por misteriosas reminiscencias marinas de aquellas alturas. Se van a lanzar a navegar, pues, por los caminos. La Declaración y sus documentos preliminares son la preparación escrita de este andar.



2. Cuando uno va a partir en empresa semejante, no lo hace sin antes recapitular lo pasado: el mapa para un camino que no tiene mapas está en la memoria de lo vivido. Uno sí sabe a dónde quiere ir, lo que no tiene es el mapa preciso. La Sexta Declaración comienza diciendo lo que hasta ahora han hecho, contando para las comunidades indígenas y para todos su propia historia de estos años. Empieza entonces donde ésta empieza, en el ¡Ya Basta!:

"... nos levantamos en armas en enero de 1994 porque vimos que ya está bueno de tantas maldades que hacen los poderosos, que nos humillan, nos roban, nos encarcelan y nos matan, y nada que nadie dice ni hace nada". Por la humillación se inicia la insurrección, porque "ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales. [...] Nuestra pequeña historia es que nos cansamos de la explotación que nos hacían los poderosos y pues nos organizamos para defendernos y para luchar por la justicia".

Humillación y explotación , es decir, racismo y capitalismo entrelazados, son dos ideas clave que sustentan cuanto sigue en esta Declaración. La tercera es rebelión, insurrección, desquite, el nombre que se le quiera dar a la fulgurante acción principio de todo lo que vino:

"Entonces nos preparamos bien con la política y las armas y de repente, cuando los ricos están echando fiesta de Año Nuevo, pues les caímos en sus ciudades y ahí nomás las tomamos y les dejamos dicho a todos que aquí estamos, que nos tienen que tomar en cuenta."

Luego vino el apoyo, la gritadera de la gente de las ciudades que pudo parar la guerra, los diálogos, los acuerdos y otra vez, como en la historia inmemorial, los engaños y las traiciones de los gobiernos, la paciencia y la espera indígenas, la unión con los "otros pueblos indios de México" y, también, los encuentros internacionales en territorio zapatista.

Después fueron las marchas, las consultas nacionales, la Marcha por la Dignidad Indígena de inicios de 2001, apoyada por millones, hasta el Congreso de la Unión. Todo lo que se podía hacer, se hizo. Pero no: el Congreso se negó a reconocer esos derechos y aprobó una ley tramposa: "O sea que ese día que los políticos del PRI, PAN y PRD aprobaron una ley que no sirve, pues lo mataron de una vez al diálogo".

Entonces, "desde mediando el 2001 hasta mediando el 2005", se dedicaron, explica la Declaración, a cumplir solos, por su lado, en territorio zapatista, lo que dicen "los Acuerdos de San Andrés en lo de los derechos y cultura indígenas" y formaron las Juntas de Buen Gobierno:

"Este modo de gobierno autónomo no es inventado así nomás por el EZLN, sino que viene de varios siglos de resistencia y de la propia experiencia zapatista, y es como el autogobierno de las comunidades."

Cuenta entonces la Declaración los problemas, las dificultades, los apoyos, los logros ("aunque todavía falta un buen tanto para lo que debe de ser") y explica sobre la tarea silenciosa de esos años:

"Bueno, pues nosotros los zapatistas del EZLN nos dedicamos ese tiempo a nuestra fuerza principal, o sea a los pueblos que nos apoyan." Pero también, agregan, "lo que pasó en este tiempo es que nuevas generaciones renovaron toda nuestra organización" y en esos 12 años "los comités han estado preparando toda una nueva generación de comandantes y comandantas [...] insurgentes, insurgentas, milicianos, milicianas, responsables locales y regionales, así como las bases de apoyo que eran jóvenes en el inicio del alzamiento, son ya hombres y mujeres maduros, verdaderos combatientes y líderes naturales en sus unidades y comunidades". Y además quienes entonces eran niños ahora son jóvenes y "estos jóvenes tienen una formación política, técnica y cultural que no teníamos quienes iniciamos el movimiento zapatista".

Esta recapitulación de la propia historia, como todo el documento, parece estar destinada en primer lugar a las propias comunidades, a ser leída y releída, comentada y platicada, reconocida y recordada y pormenorizada con más detalles ("¿y te acuerdas aquella vez cuando...?") por los lectores, escuchadores y comentadores colectivos. Comienza por la insurrección y sus prolegómenos en donde tomaron la decisión y esta vez no, como en otras historias dirigidas a otras audiencias, con la larga y silenciosa tarea preparatoria del grupo guerrillero que años antes se internó en la selva.

Quien tiene idea de cómo se organizan las fuerzas de un movimiento para lanzarse a una lucha incierta -e inciertas son en sus inicios todas las grandes luchas- sabe que es preciso primero asegurar la comprensión, la solidez interior, la confianza en si misma de la fuerza inicial, del entramado humano ya existente y probado del propio movimiento. Requiere pues explicar, discutir, recapitular, razonar entre todos, no nomás lanzar directivas desde arriba o "bajar línea", como se dice en jerga de activista.

Cuando uno va a partir, recapitula entre todos lo andado y deja a su gente, en el puerto o en el poblado, al mejor reparo que pueda tener. Esa tarea no se improvisa ni se deja al azar. Seguros de sí mismos, y no desarmados, tienen que quedar los que organizados en sus pueblos permanecen mientras los otros parten, ahora que "llegó la hora de arriesgarse otra vez y dar un paso peligroso pero que vale la pena". El Congreso no sirve, los partidos tampoco, la soledad no es buena, el encierro tampoco: "Un nuevo paso en la lucha indígena sólo es posible si el indígena se junta [...] con los trabajadores de la ciudad y el campo".

A razonar y explicar los fundamentos y el contenido de ese paso está destinada la parte sucesiva de esta Sexta Declaración.



3. Cuando uno va a partir, estudia las costas conocidas, averigua las corrientes y los vientos, pregunta al cielo por el estado del mar y, a quienes saben, por los peligros y las sorpresas que lo esperan. Pero sobre todo se asegura de llevar consigo los buenos instrumentos de navegación. Una lectura atenta de la Sexta Declaración me dice que, en este caso, esos instrumentos existen. Bien utilizados, deberán permitir lo principal en cualquier lucha: no equivocarse de enemigo.

En la descripción del mundo y del país, la Declaración pinta una inconfundible raya roja y negra: el enemigo es el capitalismo y éste no es un conjunto de personas, sino "un sistema social , o sea una forma como en una sociedad están organizadas las cosas y las personas, y quien tiene y quien no tiene, y quien manda y quien obedece". Los que tienen grandes riquezas "las obtienen de explotar el trabajo de muchos. O sea que el capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores ". Entonces:

"Al trabajador no le pagan cabal lo que es su trabajo, sino que apenas le dan un salario para que coma un poco y se descanse un tantito" y al otro día vuelva al "explotadero". Esta palabra, "explotadero", es una definición, porque al parecer deriva del nombre popular del lugar donde se trabaja, el trabajadero, nada más que ahora es también el lugar donde se explota, el explotadero.

De estas ideas fundadoras, explotación y plustrabajo , enunciadas en el párrafo anterior, la Declaración pasa a otros dos conceptos clave para explicar la dinámica del capital: el despojo y la violencia .

"Y también el capitalismo hace su riqueza con despojo , o sea con robo, porque les quita a otros lo que ambiciona, por ejemplo tierras y riquezas naturales. [...] Y además de explotar y despojar , el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan contra la injusticia."

De allí, la Declaración lleva a sus lectores a la mercancía:

"El capitalismo todo lo convierte en mercancía , hace mercancías a las personas, a la naturaleza, a la cultura, a la historia, a la conciencia. Según el capitalismo, todo se tiene que poder comprar y vender. Y todo lo esconde detrás de las mercancías para que no veamos la explotación que hace. "

Las mercancías, a su vez, no son lo que aparentan o lo que dicen ser, sino un fetiche escondedor y engañador:

"Y entonces las mercancías se compran y se venden en un mercado. Y resulta que el mercado, además de servir para comprar y vender, también sirve para esconder la explotación de los trabajadores. [...] O sea que en el mercado vemos mercancías, pero no vemos la explotación con la que se hicieron."

Extender explotación, despojo, represión y mercancías, es decir, extender el capitalismo, en superficie y en profundidad, a todos los territorios geográficos y humanos del globo terráqueo, es lo que se llama "globalización neoliberal", agrega el documento:

"O sea que el neoliberalismo es como la teoría, el plan pues, de la globalización capitalista. Y el neoliberalismo tiene sus planes económicos, políticos, militares y culturales", que consisten en imponer y mandar en "un mercado mundial, un mercado para comprar y vender todo lo del mundo y para esconder toda la explotación de todo el mundo ". Por eso, "la globalización neoliberal es una guerra de conquista de todo el mundo, una guerra mundial".

Además de tratar de eliminar a los indígenas pues "estorban a la globalización neoliberal" porque "no producen ni venden las mercancías de la modernidad" y encima se rebelan, "el capitalismo neoliberal también quita las leyes que no lo dejan hacer muchas explotaciones y tener muchas ganancias": las leyes sociales, las regulaciones sobre los movimientos y las ganancias del capital, los derechos de los trabajadores, las tierras ejidales y comunales -es decir, el artículo 27-, las propiedades públicas como la energía y el petróleo:

"Entonces, como quien dice que resumiendo, el capitalismo de la globalización neoliberal se basa en la explotación, el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan. O sea, igual que antes, pero ahora globalizado, mundial".

Pero resulta que los que no se dejan son muchos y "hacen resistencias", y "no sólo en un país sino que donde quiera abundan, o sea que, así como hay una globalización neoliberal, hay una globalización de la rebeldía . [...] Y vemos todo esto en todo el mundo y ya nuestro corazón aprende que no estamos solos ".

Con esta concepción teórica del mundo del capital, de la explotación y de las luchas, escondida en la desconcertante dulzura de la traducción literal al castellano de modos de los idiomas indígenas, la Sexta Declaración traza un cuadro muy preciso de la situación -es decir, se sitúa, se ubica y dice, entonces, que ese es el punto de partida del programa que, junto con otras y otros, propone elaborar.

En ese cuadro coloca después el análisis y la descripción de la situación mexicana. Es trasparente y no creo necesario repetirlo aquí. Sólo subrayar que una y otra vez insiste en otras dos palabras: experiencia y organización , organización y experiencia, es decir, la herencia intangible que cada generación recibe, recicla y enriquece, a su modo y con sus broncas, en la nueva situación que le tocó vivir

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