| SCI Marcos:
Compañeros, compañeras:
Hoy en la tarde, los de abajo dejarán de contar. No tendrán
allá arriba quién los mire ni quién los escuche,
pero tienen en nosotros, en nosotras, en la Otra, un espacio. A partir
de mañana, el pueblo de México sabrá que hay otra
alternativa, otro camino, otra forma de hacer política.
Los compañeros y compañeras de la Otra a nivel nacional
—la única organización y movimiento de izquierda que
tiene gente en todo el país— han preparado un mensaje para
el pueblo de México.
Primera parte
(preparado por los estados del norte del país)
Ante el capitalismo, sistema que todo lo convierte en mercancía,
y que tiende a negar, reprimir y aniquilar nuestra cultura, nuestro pueblo
ha demostrado a lo largo de más de 500años —y desde
1848 en el caso del México ocupado— una férrea cultura
de resistencia.
Muchos han caído ante la presión aplastante de una realidad
que sólo permite la expresión cultural hegemónica,
meros espectáculos para turistas y pretexto para vender mercancías
y, en no pocos casos, personas.
Pero la Otra Campaña está creando y desarrollando una nueva
cultura, basada en principios humanistas como la libertad, el respeto
mutuo, el amor y la solidaridad.
Estos conceptos, despreciados y combatidos por los que controlan el poder
político, económico y cultural, son los que impulsamos quienes
nos ubicamos abajo y a la izquierda.
Arriba, los pocos, los poderosos, se dirigen hacia el abajo, para decir
sus mismas mentiras de siempre, los mismos engaños, el mismo desprecio.
Arriba, el odio hacia el débil y la débil, la mujer. Arriba
el maltrato, el desprecio, los golpes, la violación, el asesinato.
Arriba, la cultura política de la corrupción, del favoritismo,
del que paga manda.
Arriba, dicen que la obra cultural y el artista son una cosa más,
que se vende y se reparte.
Dicen que son los dueños del aire y no sólo del aire, sino
de las voces que en él caminan y se buscan, porque con la ley Televisa,
y sus otras mañas y sus planes, quieren que sólo se escuche
su radio, su tele, que es la misma tontería de siempre que engaña
y miente. Arriba imponen la forma de comunicarse con una misma lengua,
con una misma música, con una misma información, al mismo
ritmo, machacando un único pensamiento.
Arriba, se promueve el desprecio al diferente, al cholo, al ñero,
al mugroso, a la jóvena, al gay, a la lesbiana, al travesti, al
transexual, al que en su propio modo es diferente. Arriba dicen que el
ser joven es escuchar la música que ellos dicen, vestir como mandan,
hablar como hablan y hasta amar como dicen.
Arriba proponen que todo sea una cosa, y que como cosa se le etiquete
y se le venda, arriba el consumismo dice lo que hay que comprar y cuánto,
y a qué precio.
Arriba dicen que cada quien solo, que cada quien con lo suyo.
Arriba, los institutos del poder se especializan en comprar conciencias
y corromper el pensamiento libre, porque también al servicio de
los de arriba están intelectuales y artistas legitimando el arriba,
intercambiando guiños y caricias con los poderosos.
Arriba con sus escuelas y sus universidades al modo de arriba quieren
imponer al abajo la misma idea, el mismo plan, el mismo pensamiento.
Arriba dicen que sólo los que pagan pueden estudiar, que se rechace
a los feos, a las feas, a los diferentes, a las diferentes.
Arriba, todo esto y más dicen, y encima ahora, el que allá
arriba quede, en esta farsa de la democracia seguirá diciéndolo
y seguirá proponiendo el desprecio, la represión, el despojo,
la humillación y el olvido a la gente humilde y sencilla.
Abajo, nosotras, nosotros, la Otra, hemos encontrado, nos hemos encontrado,
la gente sencilla y humilde, que no se cree todo esto de arriba, que grita
NO, que resiste y lucha, contra este arriba que es el sistema capitalista.
Abajo hemos aprendido juntos, juntas, y hemos visto, nos hemos visto,
a los que luchan, a las que luchan por el respeto a la mujer, la niña,
la anciana, la trabajadora. Abajo, admiramos a las mujeres que luchan
y se rebelan ante la injusticia.
Abajo, en la Otra Campaña, buscamos acabar con esas lacras que
joden al pueblo, a la banda, al indígena, al obrero, al campesino.
Abajo, la obra cultural aunque no resulte tan bonitilla, la compartimos
para comunicar y decir nuestro sentir contra la explotación y se
hace con las manos, en la banqueta, porque bien sabemos que en los espacios
de arriba no hay espacio para el diferente, para el otro, para la otra.
Abajo, los medios alternativos resisten y luchan por otra comunicación
que incluya todas las voces, músicas y ritmos de la gente.
Abajo encontramos a los que luchan y se escuchan en otras voces, en otras
lenguas: a los pueblos originarios que defienden su cultura; a la jóvena
que defiende su ser jóvena y su ser mujer; encontramos al gay,
la lesbiana, el transexual, el poliamoroso, la bisexual, el travesti,
los otros amores, que defienden su derecho a amar a su manera, a vestir
y querer a su modo.
Abajo, los otros y las otras dicen, decimos, que no, que ni madre,
que la música y las formas de amar y de vestir son muchas, no una
sola, que cada quien su modo.
Abajo, no buscamos el aplauso y nos basta con la satisfacción del
deber cumplido y la necesidad de luchar.
Abajo la colectividad, la autonomía, la solidaridad, el respeto
y amor.
En la Otra Campaña el abajo se junta y el arriba tiembla, el abajo
decide mirarse y platicarse, organizarse y luchar.
O sea que abajo vemos que hay otra cosa, y abajo, en la Otra Campaña,
hay un lugar para las diferencias.
Por eso la Otra Campaña dice: Pueblo de México, compas de
la Otra Campaña, arriba te quieren destruir tu cultura y tus ideas.
Por eso te invitamos a sumarte a los de abajo y a combatir la cultura
dominante, al capitalismo. Te invitamos a defender tu espacio, tu lugar,
tu diferencia.
A los de arriba no los necesitamos más.
Juntémonos el abajo que somos, y a la izquierda luchemos.
¡De Chiapas a Chicago, la Otra Campaña va!
Segunda parte
(preparada por los estados del centro del país)
El pueblo de México sufre de dolor y hambre por causa del capitalismo,
por la ambición mezquina de unos cuantos que concentran en sus
manos la mayor parte de la riqueza y que se cuentan entre los más
ricos del mundo. Mientras la inmensa mayoría de mexicanas y mexicanos
vivimos en la pobreza extrema. Esta realidad torcida sólo la resolveremos
arrancándola desde la raíz, al recuperar las fábricas,
la tierra, los recursos naturales y los espacios políticos y culturales
para que pasen a manos de las trabajadoras y los trabajadores, que somos
quienes producimos. Las fábricas, la tierra, de por sí producen
sin los patrones. Si Pasta de Conchas hubiese estado en manos de las mujeres
y los hombres mineros se habría evitado la muerte.
Por eso decimos que todos los grandes ricos y sus lacayos, los gobiernos,
deben estar en la cárcel. Así, todo aquel que trabaje tendrá
un ingreso digno. Los ricos se han enriquecido por el robo, por el fraude,
por el despojo, por la explotación, en complicidad con los gobiernos.
Pero estos cabrones vienen por más, no se conforman con lo que
tienen. Estos capitalistas quieren nuestras tierras, nuestros bosques,
nuestra agua, nuestro aire y quieren destruir nuestra cultura, identidad
e historia.
Justicia.
Los terrenos que nos dejaron nuestras abuelas y nuestros abuelos se los
han quedado los ricos. Nos dicen que nos callemos, que somos borrachos,
que no sabemos hablar. Por eso queremos justicia. Una ley justa. Porque
cuando tenemos problemas los gobiernos nomás los tapan, los tiran,
y no nos hacen caso. Pero si va un rico, a él sí. A nosotros
nos discriminan, nos hacen menos. Nos creen tontos pero tenemos nuestra
lucha y la vamos a seguir.
Nosotros somos la Otra Campaña. Luchamos contra el capitalismo
—que es el sistema de explotación que estamos viviendo y
padeciendo actualmente y desde hace siglos— porque nos impone una
justicia prostituta en la que, el que tiene dinero la compra y el que
no, pues no, y así comete todo tipo de injusticias. El capitalismo
y sus gobiernos violan las leyes. Es decir, el capitalismo nos ofrece
un país en donde la justicia no existe para los pobres.
El sistema capitalista ha creado un país donde se ejerce la represión
y se asesina como su medio de solución a los conflictos sociales,
causados de por sí por el despojo, por la explotación, por
la carencia de justicia, y por el desprecio que desde arriba nos imponen
a la gente sencilla y humilde de abajo.
En este sistema, que es de los de allá arriba, la justicia se dedica
a criminalizar las luchas sociales y las demandas del pueblo. En este
sistema capitalista ser pobre y luchar por dejar de serlo es el peor delito
que se puede cometer en contra del dizque “estado de derecho”.
Amparados en este anti-lema, los poderosos se justifican para asesinar,
desaparecer, reprimir, torturar, violar, encarcelar y perseguir a los
que manifestamos nuestra inconformidad.
Ejemplos hay muchos, demasiados. Entre los más recientes están:
Oaxaca, Atenco, Lázaro Cárdenas y su producto: todos los
compañeros presos políticos que, junto con los demás
compañeros desaparecidos o encarcelados durante todas estas décadas,
son nuestros desaparecidos y nuestros presos políticos. Y mientras
en el país haya un solo preso político y un solo desaparecido,
no puede haber democracia.
Por todo esto decidimos construir este movimiento que se llama la Otra
Campaña. Para luchar, para que renazca la justicia desde el único
lugar posible: desde las manos de nuestro pueblo.
Democracia
No es posible que un pequeño puño de políticos concentre
las decisiones que nos afectan a los más de cien millones que somos
de mexicanos, cuando son sus decisiones las que han arruinado a México.
A estos vendepatrias sólo les interesa el poder para enriquecerse,
sirviendo a los grandes ricos. No hay diferencia entre el PAN el PRI o
el PRD, son lo mismo y están para imponernos a todos sus planes
de olvido, dolor y muerte.
Cada seis años, el capitalismo soborna a la prostituida farsa que
es la libertad de expresión con cantidades absurdas, enormes, de
dinero del pueblo para que los dueños del país y al mismo
tiempo de los medios masivos de comunicación —la televisión,
la radio, los grandes periódicos—, engorden sus bodegonas
repletas de dólares. Luego nos dan dos segundos de supuesta democracia
para elegir a un mismo verdugo que nos engaña con sus tres máscaras,
una amarilla, otra azul y otra tricolor. Enseguida, en la silla presidencial
se sienta el nuevo saqueador de nuestro tesoro, el nuevo asesino de la
república, el nuevo mandatario torturador de nuestro pueblo. Así,
el capitalismo le renueva al pueblo la misma vieja corona de espinas de
cada sexenio pero adornada con nuevas cuentas de vidrio y pasada por vel
rosita.
Esta democracia, este —según se dice— poder del pueblo,
le asegura al capitalismo una sola cosa: que el pueblo jamás tenga
poder y que el poder siga siendo siempre un gran látigo para esclavizar
y acallar al pueblo de México.
Y los capitalistas y sus achichincles del gobierno nos dicen: no hay opción.
Tú, pueblo, debes elegirnos y ya, no hay nada que puedas hacer,
¡si no votas, cállate! Y cuando ya están en la silla,
sea que votaste o no votaste, si hablas, si exiges que cumplan, si pides
cuentas, te ignoran, te desprecian, te humillan. Y si luego te juntas
con otros para hacer grande y más fuerte la voz de la comunidad,
del barrio, entonces te acusan en la televisión, te mandan chingo
de policía, te rompen la cabeza a macanazos, te patean, violan
a tus mujeres, matan a tus hijos y te meten a la cárcel.
Durante años, los culpables de todo esto, los ricos capitalistas,
los dueños de todo: de las fábricas, de las grandes extensiones
de tierra, de los grandes comercios, de los bancos y de todo lo demás,
junto con sus partidos políticos que los protegen, nos dicen que
no hay que protestar, que ya todo está mejorando, que falta poco
para que el dolor se acabe. Nos dicen que para terminarlo debemos seguirles
confiando a ellos mismos la conducción del país. Y nos dicen
que está claro que así es, como de por sí ha sido
siempre, que por eso lo único que se ocupa es presentarnos a las
urnas a elegir cuál de ellos nos gobernará.
Otra forma de hacer política
Pero dicen mentiras como lo hacen siempre. Nos engañan. No siempre
ha sido que los ricos manden con el látigo en la mano y el pueblo
nomás a agacharse y a sufrir. Y tampoco es cierto que no haya de
otra y que vamos a estar siempre sin abrir la boca, como ellos quieren.
Aquí estamos, aquí decimos nuestra palabra, aquí
juntamos nuestras voces para hacerlas fuertes y grandes, aquí estamos
haciendo, todas juntas, todos juntos, este movimiento nacional del pueblo
de abajo y a la izquierda, de los humildes y sencillos de México.
Aquí está la Otra Campaña, nacida de la Sexta Declaración
de la Selva Lacandona, que hace este llamado a escuchar y a que seas escuchado,
a organizarnos, a crear nuestras propias formas de hacer política,
de tomar juntos nuestras decisiones respetando a cada uno como es y como
quiere ser, respetando el modo de cada quien, de cada comunidad, de cada
barrio, de cada pueblo. En la Otra Campaña nadie tiene que dejar
de ser lo que es para ser, para vivir, para crecer.
Y anunciamos que vamos a derrocar al capitalismo. En la Otra Campaña
seremos todos los trabajadores del pueblo quienes participemos, reflexionemos
en colectivo y decidamos juntos sobre los grandes problemas nacionales.
El pueblo es el único capaz de encontrar las soluciones que beneficien
a todos los mexicanos. Por eso decimos que el pueblo mande y el gobierno
obedezca. Entonces entre todas, entre todos, vamos a hacer una nueva constitución
a través de un Plan Nacional de Lucha, en el que cada uno y cada
una de abajo del pueblo mexicano participen con su pensamiento, con su
palabra, con su escucha, con su aprendizaje y su enseñanza, con
sus manos y con su corazón.
La Otra Campaña quiere encontrar cada una de las letras de la palabra
México, y acomodarla en su lugar donde de por sí debe ir
cada una, para así poder quedar cabal. Las letras habían
dejado de hablar porque nadie las oía, pero aquí han estado
siempre.
Aquí han estado siempre en cada mujer, en cada hombre, en cada
niña y niño, en cada anciana y anciano de abajo. La Otra
Campaña te invita a pronunciar tu palabra y dispone su oído
atento y respetuoso para escucharla. Y cuando estemos todos completos,
entonces sí diremos “México” y entonces sí
el país, y hasta el mundo, será otro, uno nuevo y mejor,
uno de todas y todos, un mundo en donde sí habrá un lugar
para cada una, para cada uno; libertad, justicia y democracia para todas
y para todos.
Desde aquí, desde México, saludamos a todos los pueblos
del mundo que resisten, luchan y no se rinden ni se venden. A todos los
pueblos del mundo que sufren, en el palpitar de todas las latitudes del
planeta, los embates del capitalismo. Que son invadidos territorial y/o
culturalmente, que son violentados en una guerra desigual, injusta, oprobiosa
y que resisten y sobreviven y se organizan y se defienden. Hoy deseamos
saludarlos a todos, a los adherentes a la Sexta Internacional y también,
de manera particular, al pueblo palestino.
Compañeras y compañeros: esta es la Otra Política.
Esta es la Otra Campaña.
Tercera parte
(preparado por los estados del sur y costa del país)
Nosotras y nosotros, los de abajo y a la izquierda, que hemos sido discriminados
y ahora formamos esto que llamamos la Otra Campaña, hacemos un
llamado a todas y todos a que se unan a esta lucha para acabar con el
desprecio de los de arriba.
Nosotr@s estamos viendo desde nuestros pequeños lugares cómo
en México y el mundo se vive la discriminación, pues vemos
que mientras desprecian a uno nos desprecian a tod@s, ya que con esto
están acabando con la dignidad humana. Por eso, vemos que al quitarnos
esta dignidad, ellos, los de arriba, están convirtiéndonos
en sus esclavos; están escogiendo y decidiendo nuestro futuro.
Como pueblos, tribus y naciones indígenas nos discriminan por considerarnos
ignorantes. Nos meten el Procede y nos quitan las tierras, para que el
gobierno haga sus negocios. Pero la tierra es nuestra madre y no se puede
vender, ya que la tierra es nuestra fuente de vida. Pero eso a ellos no
les importa; sólo piensan en sacar sus ganancias. Con esto nos
condenan a desaparecer.
Por ser jóvenes, nos toca, todos los días, que la policía
nos pare en la calle y nos trate como criminales. A veces, hasta es la
gente la que nos ve feos, la que nos cree ladrones y delincuentes, por
tener el cabello largo o demasiada barba. Tenemos que vernos no como queremos
nosotros, sino como lo ordenan ellos. Para los de arriba, también
nuestra ropa nos hace criminales. Por estar vestidos de negro nos tienen
miedo y no nos hablan con respeto. Y así todos los días,
en el campo y la ciudad.
Como niños y ancianos, y como gente de habla extraña, extranjera
o indígena, nos pasa lo mismo: que nos ignoran y creen que no sabemos
nada, que no tienen por qué escucharnos. Y si nos vemos morenos
o pobres, peor, porque sin escucharnos hablar una sola vez, ya decidieron
que somos inútiles, y nos quieren hacer invisibles, que nos avergoncemos
de existir.
Si en algún momento nos enfermamos, todos y todas nosotros, no
se nos brinda respaldo, ni hay respeto de parte de los doctores. Si tenemos
alguna discapacidad, nadie se fija en cómo nos afecta, y el sistema
quiere que tengamos que hacer las cosas como los demás, que no
tenemos privilegios, sin ver el dinero que cuesta tener los aparatos y
la ayuda que necesitamos. Ni podemos entrar a nuestras escuelas o a nuestros
trabajos a veces, y siempre nos dicen los que obedecen a la injusticia
de arriba que nos toca a nosotros arreglar todos los problemas. A los
que tenemos VIH, nos tratan como si no fuéramos seres humanos,
se nos dice que es nuestra culpa, por tener vidas cochinas, por tener
sexo con cualquiera.
Y peor si nos ven cara de afeminados o de marimachas. Si creen que somos
homosexuales, lesbianas y bisexuales, nos hacen preguntas sobre nuestra
vida intima, no respetan nuestro derecho a tener una vida privada sana.
Si besamos a nuestro novio o novia en público, nos voltean la cara
y dicen que somos asquerosos, unos enfermos peligrosos. Los de arriba
dicen con su ley que hay lugares a los que no podemos entrar, y educan
a la gente para que nos tenga hasta asco, que escupan si tocamos una de
sus cosas.
Todos y todas los que no podemos mostrar mucho dinero no merecemos ni
tolerancia para el mal gobierno y el dinero egoísta. Si nos toca
tratar con la justicia, no nos pelan, obligan a nuestras familias a gastar
mucho dinero para intentar defendernos, porque a nuestros casos no les
dan solución nunca, durante años nos hacen esperar en la
cárcel, y nos dicen que somos culpables para verse bien. Nos meten
y nos guardan en la cárcel sin darnos chance de demostrar que somos
inocentes. Sí, nosotros los pobres ni somos humanos, como nos tratan
ellos.
Por ser niños de la calle, nos dicen mugrosos y nos sacan hasta
con la policía de los lugares donde vivimos. Ni nos sonríen,
fruncen el ceño, y así cuando la policía viene a
obligarnos a hacerles favores sexuales, nadie dice nada. Porque no sabemos
nada, porque nos vemos feos en sus falsas ciudades felices, porque ni
somos nada.
Así también nos toca a las mujeres. Ser vistas como menos
que un hombre y propiedad de los que nos dominan. Nos dicen que no tenemos
derecho a las mismas cosas, que necesitamos que nos digan qué hacer.
No tenemos derecho al deseo sexual, porque nuestro cuerpo ni nos pertenece,
si somos gorditas se pueden burlar de nosotras y las teles los aplauden,
y por ser mujeres nos gritan cosas vulgares en la calle, sin conocernos,
como si no tuviéramos dignidad y fuéramos puro objeto sexual.
En nuestra educación, desde niñas, las ideas de arriba buscan
hacernos creer que así está bien, que así debe ser
y que deberíamos estar felices y dejar de indignarnos por histéricas.
Desde chiquititas y chiquititos empiezan con esas mentiras, porque a los
de arriba nada les da tanto miedo como vernos libres y educadas. Entonces
hacen leyes que hacen difícil ser madres y abuelas, hacen leyes
para ellos controlar nuestros cuerpos y lo que podemos hacer en la vida,
y alientan a los que quieren abusar y explotarnos a que lo hagan. Si nos
pegan en nuestras casas y lo denunciamos, los medios de comunicación
no nos creen, hay gente que nos acusa de ser mentirosas y de no amar a
nuestras familias. Si nos matan, dejan salir a nuestros asesinos libres,
y dicen que son ciudadanos ejemplares, que nosotras éramos las
criminales, las malas esposas y las mujeres horribles.
Y si, por pobres y porque el sistema y el machismo nos destroza la vida,
nos convertimos en trabajadores y trabajadoras sexuales, es como si no
se pudiera caer más bajo. En el idioma, en nuestras vidas diarias,
parecería que no hay nada peor a que te digan “puta”.
Por nuestro trabajo, no nos dejan cuidar bien a nuestros hijos, meterlos
a la escuela, ni nos sanan bien si vamos a los hospitales. Además,
la policía tiene permiso para hacernos lo que quiera, porque ni
tenemos derecho según los de arriba, ni tenemos identidad digna.
Hasta algunos de los de abajo creen que los trabajadores sexuales somos
lo más bajo de la sociedad.
A los que somos transgéneros y transexuales se nos dice de todo,
sin importar lo que hagamos. Ni podemos ir al baño sin tener miedo,
porque las leyes y la educación de arriba quieren obligarnos a
ser o todo masculino o todo femenino, y si nos decimos seres humanos,
pues no existimos. Por eso nuestra ropa nos hace criminales, nuestros
rostros nos valen ser insultados por todos los partidos políticos
y la Iglesia, y si queremos ser felices, el capitalismo nos dice que no,
que así como somos no, que tenemos que entrarle a su juego y a
sus definiciones.
Para los que discriminan, lo más importante es que no sepamos quiénes
somos. Pero nosotros, en la Otra, creemos que todos juntos y diferentes
somos más hermosos y hermosas, y nos da orgullo que nos escuchen
decir quiénes somos.
Y así, cada un@, desde donde hacemos nuestras luchas, estamos siendo
reprimid@s por tratar de organizarnos. Ellos quieren dividirnos; los de
arriba, con sus malos gobiernos, tratan de comprarnos con dinero, promesas
y mentiras en sus falsas campañas. Pero nosotros, nosotras, no
nos callamos. Ellos nos quieren silenciar; nos reprimen, nos golpean,
nos encarcelan por ser luchadores sociales, nos desaparecen y hasta nos
matan. Pero ya somos muchas voces que tenemos ecos.
Todas estas son nuestras historias, mismas que nos hemos compartido a
las voces de la Otra Campaña. Entre nosotros y nosotras estamos
aprendiendo a escucharnos, a conocernos y a luchar por cambiar este nuestro
mundo. Porque estamos sintiendo este dolor de ser despreciados, despreciadas.
Por eso invitamos a todos y todas loas que se sientan identificad@s con
este dolor y que ya estén hart@s igual que nosotr@s de ser despreciad@s
a que nos unamos y luchemos siempre por acabar con este sistema, este
capitalismo que nos aparta, nos condena y nos mata.
Así que combatamos día a día la discriminación
para hacernos una forma de vida diferente: digna y justa.
¡Arriba la Otra Campaña!
¡Arriba tod@s nosotr@s que somos l@s discriminad@s!
Cuarta parte
(preparado por los estados del sureste del país)
Compañeras y compañeros:
Reciban un saludo de Chiapas, Tabasco, Yucatán, Quintana Roo, Campeche,
que queremos darles este mensaje.
Todas y todos estamos aquí reunidos porque vemos que el capitalismo
es robo, explotación.
El origen de todas las opresiones es el sistema capitalista, donde una
minoría se apropia de nuestro trabajo, de nuestras tierras, aguas
y recursos naturales, de nuestra salud, de nuestro pan, de nuestro techo
y nuestra educación.
Para el sistema capitalista, que es la forma de los ricos que hacen su
riqueza con el sudor del pueblo, para ellos todo debe ser negocio, la
vida de las personas no vale nada; ni la creatividad de los seres humanos.
Su afán de ganancia lo domina todo, eso es el capitalismo, eso
es el neoliberalismo.
En la Otra Campaña nos organizamos para que todas las personas,
del campo y la ciudad, construyamos un país y un mundo donde todas
y todos tengamos techa, tierra, trabajo, educación, salud y alimentación.
También, para construir con nuestras manos nuestros propios derechos
estamos aportando nuestra experiencia; para mostrar y ser visibles porque
nosotras y nosotros que somos el pueblo hemos construido las fábricas,
los arados, los hospitales, nuestros espacios familiares y nos negamos
a que se nos sigan arrebatando por unos pocos que se aprovechan y son
ricos por el trabajo de nosotros.
Por eso llamamos al pueblo de México a organizarnos para que nuestros
familiares no tengan que dejar su casa y su pueblo para trabajar en otros
lugares. Organizarnos para que los pueblos tengamos tierra y no se privaticen
los recursos naturales y humanos.
Llamamos a organizarnos para que todos tengamos un lugar para vivir con
dignidad, para que la educación sea para todos.
Llamamos a organizarnos para hacer realidad el derecho a la salud de mujeres,
niños, ancianos y de todas las personas.
Llamamos a organizarnos para que nuestros niños no crezcan con
desnutrición, hambre y enfermedades que se pueden prevenir y curar.
Nosotras y nosotros no pedimos un puesto en el gobierno, ni queremos estar
arriba de nadie. En la Otra Campaña buscamos tener un lugar en
la lucha por la liberación de todos los pueblos de México
y el mundo.
Gracias compañeros.
¡Vivan todas las mujeres y hombres que trabajan por un mundo mejor!
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