Palabras
del Delegado Zero en Axtla de Terrazas, Huasteca potosina
28 de Noviembre
(Ultima etapa de la gira del Delegado Zero
con la Otra Campaña en su primera etapa)
Axtla de Terrazas, Huasteca potosina.
Reunión de adherentes en la Escuela Autónoma de Apicultura
Comandanta Ramona
28 de noviembre del 2006
Buenos días, compañeros, compañeras. Gracias
a las autoridades de Chimalaco que nos recibieron, a los alumnos y
a los maestros de la escuela autónoma de apicultura.
Queríamos platicarles un poco de lo que nos enseñó
la Comandanta Ramona, que es precisamente el nombre que llevan en
la escuela autónoma de apicultura.
Cuando estamos luchando por los derechos y la cultura indígena.
Porque por eso nos alzamos en armas nosotros. Porque nosotros somos
de Chiapas, y pues lo que son indígenas náhuatls, o
teenek, o pames —que hemos visto aquí en la Huasteca—
saben que como indígenas, aparte cargamos el desprecio a nuestra
cultura.
Entonces nos alzamos en armas contra el gobierno, porque no nos respetaban
como indígenas. Luego empezamos a hacer movilización
pacífica para obtener el reconocimiento de nuestros derechos
y nuestra cultura. No nada más de indígenas de Chiapas,
que somos nosotros, sino de todo el país.
Y una vez, hace ya casi seis años, hace cinco, en 2001, hicimos
una marcha por todo el país. Y ahí con nosotros iba
la Comandanta Ramona. Ella —como ya explicaron los niños
hace rato, cuando estábamos allá afuera— pues
era muy chaparrita pues. Y cuando acabamos de hacer el recorrido,
nos dijo que si habíamos escuchado y visto todo lo que ella
había escuchado y visto.
En esa vez cuando íbamos en la marcha, pues nomás se
juntaba la gente y hablábamos nosotros. No hay quien más
habla pues de la gente que está abajo escuchando. Y ella decía
pues que había visto mucho dolor en la gente que se acercaba.
Que no era nada más que llegaban a apoyarnos por nuestra lucha
por los derechos indígenas. Sino que ella veía que mucha
gente tenía su propio dolor, su propia historia de carencias,
de necesidades que no eran atendidas.
Y pues nosotros nos burlábamos porque decíamos: pero
tú cómo vas a ver si estás bien chiquita pues,
si siempre nos ponían encima, adelante a puras gentes así
altos. Y ella nos decía que ella había aprendido en
la lucha a ver con el corazón. Entonces podía ver cosas
que los otros no podían ver. Y también escuchar cosas
que los oídos no podían escuchar.
Y ella nos decía que teníamos que aprender a ver y
a escuchar con el corazón. Porque sólo así podíamos
ver realmente los dolores que tenía la gente, y no sólo
los dolores sino también las ganas de luchar.
Y entonces cuando empezamos a ver cómo le vamos a hacer. Porque
ya vemos que los gobiernos no cumplen. Ustedes lo saben, lo acaban
de platicar ahorita y en toda la Huasteca lo hemos visto, que no importa
cuánto se organicen y que van a pedir apoyo y el gobierno no
cumple. El gobierno promete, pero no cumple sus promesas. Y sólo
está —como lo hemos visto en la Huasteca— para
ayudar al que ya tiene dinero. Pero el que tiene necesidad, a ése
no le hace caso.
Hace rato pasó un compañero aquí a explicarnos
de los de la tercera edad. Y de por sí en otras partes aquí
en la Huasteca y en México, hemos visto que el gobierno dice
que le está ayudando con el programa de Oportunidades a la
gente de más edad. Y en todas partes hemos visto que no llega
ese dinero. Entonces alguien se está quedando con ese dinero.
Y pues nosotros lo investigamos y vemos pues que el que se queda
es el gobernador, el presidente municipal, el funcionario. Y entonces
vemos en las noticias de que el gobierno está ayudando a los
ancianos y ancianas, y resulta que no está llegando nada. Pero
como los políticos no le preguntan a la gente, no la escuchan.
Sólo lo que ellos están hablando y hablando, y que sale
en la televisión y sale en el periódico, y en el radio.
Pues no nos damos cuenta.
Entonces, cuando estamos viendo cómo vamos a hacer para poder
vivir con paz y con dignidad. Porque ese es el problema pues, que
no nos dejan en paz —como dijo un compañero— nos
tienen con el pie en el pescuezo, no nos dejan levantar. Siempre viviendo
con la necesidad. Entonces llegó la idea de nuestros compañeros
jefes, estaba todavía viva la Comandanta Ramona, la compañera,
y dijo: no, pues lo que tenemos que hacer es ir y ver, y escuchar
a todos los que nadie ve y nadie escucha. Entonces hay que pasar por
todo México —dice— esa es la orden. Y van a ver
que lo que van a encontrar es esto.
Entonces ella hizo un bordado —porque ella era artesana—
hizo un bordado que tenía todas la figuras y todos los colores
que se imaginen ¿no? Así como los alumnos aquí
de la escuela de apicultura nos hicieron el favor de dibujar lo que
aprenden, y que los compañeros de medios nos están haciendo
el favor de tapar. Pero ahí atrás tuyo hay un —la
cámara lo está tapando— donde los niños
cuentan pues lo que están aprendiendo.
Entonces, hagan de cuenta con todos esos colores que tienen eso que
pintaron los niños, ella hizo un bordado y nos dijo: este es
el país que queremos. Porque aunque todos los colores son diferentes
y todas las figuras son diferentes, se puede acomodar y que sea hermoso,
que sea bello, decía. Entonces dicen: lo que tenemos que hacer
los zapatistas es ir a encontrarnos con toda la gente de abajo, toda
la que tiene su necesidad, y entonces ponernos de acuerdo en hacer
otro país.
Y miren —a ver si me dan chance ahí otra vez medios,
gracias que nos están estorbando—, miren, nosotros estamos
por aquí, en estas montañas de aquí. Y ahorita
estamos por estas montañas de aquí. Más o menos
por aquí queda la Huasteca, y aquí quedan las montañas
del sureste mexicano.
Entonces, empezamos a caminar aquí en Chiapas, a conocer todos
los pueblos indios. Pero no nada más pueblos indios, también
maestros, trabajadores, amas de casa, jóvenes, ancianos, gente
que no es indígena, pero que también tiene la necesidad
y el problema pues de que no vive con dignidad —decimos nosotros—.
Y luego de aquí de Chiapas nos fuimos acá para Quintana
Roo. Aquí abajo hay una esquina —decimos nosotros—
una esquina del país que está en Chiapas, que se llama
Huixtla. Y las montañas que llegan aquí, antes de pasar
a Guatemala, ahí hay un pueblo indígena que se llama
mame y habla la lengua mame. Esos son compañeros zapatistas.
Pero en Chiapas hay muchos compañeros que no son zapatistas.
Pero ya son compañeros nuestros porque están en la Otra
Campaña.
Y entonces aquí pasamos a otra esquina que está por
este mero lado, que se llama Chetumal, que es en Quintana Roo y aquí
hay indígenas mayas, mero de raíz maya. Y entonces a
éstos les están quitando la tierra por esto del Procede
y el Procecom. Y uno piensa pues: ¿para qué quiere esas
tierras el rico? Pues es que están en la orillada del mar.
Y entonces los ricos los quieren para hacer hoteles, para que llegan
otros ricos. Entonces engañan a los ejidatarios, les quitan
la tierra, los corren y, en su lugar, no crean que van a sembrar.
Llegan y ponen un gran hotel, que nunca va a entrar el pobre porque
son hoteles bien caros, sólo llegan extranjeros.
De aquí nos fuimos otra vez a la esquina de acá que
se llama Cancún. Ahí de por sí ya le quitaron
todo a los campesinos, ya la tierra, las playas son de los grandes
extranjeros que tienen sus hoteles. Pues aquí entró
un ciclón hace tiempo. Y ese ciclón pues ya ven que
el aire no respeta si eres rico o pobre: pasó a tirar todo.
Y entonces tiró pues, perjudicó los grandes hoteles
y también las casas de los pobres. Por acá está
el gobierno de Fox, el gobierno de Fox dice: “yo voy a ayudar
a los de Quintana Roo por los problemas que tuvieron de esta desgracia”.
¿Y saben a quién le dio el dinero? A los hoteleros.
Esos sí recibieron millonadas de parte del gobierno, para ayudar
otra vez a levantar su hotel. Y el pobre campesino, el albañil
—porque muchos campesinos ya no tienen tierra, entonces ahora
se dedican de albañiles a trabajar en los hoteles—, ése
que perdió su casa, ni un quinto le dieron. Pero en la noticia
salió que Fox ayudó al pueblo de Quintana Roo. Mentira,
ayudó a los ricos.
Y de por sí la Comandanta Ramona antes de salir nos dijo:
vas a aprender a ver —me dijo— que según quién
mira es qué es lo que ve. Y vas a aprender a ver que cuando
el rico mira la tierra, mira dinero. Y cuando el campesino o el indígena
mira la tierra, mira la vida —dice—, no es lo mismo —dice—,
cada quien mira diferente. Y entonces ahí empezamos a ver ya
rápido que lo que el gobierno está mirando no es lo
mismo que miramos nosotros, compañeros.
Ustedes pueden mirar aquí y decir: bueno, aquí hacemos
la apicultura, y con la naranja, y salimos de pobre. Porque vamos
a tener nuestro producto, vamos a comer mejor, vamos a cuidar la naturaleza,
y además nos ponemos de acuerdo con otros para que también
se alimenten bien. Le damos la vuelta a los coyotes, que por ejemplo
pues son las cooperativas.
Pero el gobierno y el rico no ven eso, ellos ven: aquí hay
un pedazo de tierra, lo voy a vender o lo voy a comprar, lo voy a
hacer una mercancía. No me importa si eso va a destruir la
lengua náhuatl, o la lengua teenek, o la lengua pame. Para
mí lo que me importa es que éste es un pedazo de tierra
y lo compro y lo vendo. Y lo que quiero hacer es quitárselo
al pobre y que el rico lo agarre. Y ya qué va a hacer él,
no me importa.
Y yo les voy a decir qué va a hacer —porque ustedes
lo platicaron—. Le va a quitar, por ejemplo, la juguera que
nos platicaban y va a empezar a destruir la naturaleza. Entonces el
río que antes estaba limpio, ahora va a estar sucio. Porque
al rico no le importa si está destruyendo, lo que importa es
que si está ganando. Y en cambio, el que cuida la tierra ése
sí se va preocupando de ese problema.
Nos pasamos acá de Quintana Roo de esta punta a esta otra
punta en Yucatán. Igual: indígenas mayas, de raíz
maya, pero que son pescadores. Puerto Progreso se llama aquí.
Y ¿cuál es el problema que tienen?, pues que no los
dejan pescar compañeros. Que necesitan un permiso y no les
dan permiso. Y luego pues si salen a pescar los agarra el gobierno
y los mete a la cárcel por trabajar, no están robando
ni nada, están pescando porque de eso comen y eso es lo que
venden.
Y en lugar de detener a los grandes barcos, porque ahí hay
grandes barcos de la empresa pues. Hagan de cuenta como un terrateniente,
pero de barcos, barcoteniente —no sé cómo se le
vaya a llamar a ése—. Ése tiene así un
montón de barcos grandes y está saque y saque el pescado
y el camarón. A ése no le hacen nada, a ése el
gobierno hasta le ayuda, le cobra menos impuestos. Pero al indígena
que sale a pescar en su cooperativa, rápido lo detiene y lo
mete a la cárcel.
Bueno, nos seguimos acá para Campeche, aquí está
el estado de Campeche, por aquí. Y entonces ahí pasamos
en la capital, que es mero en la orilla del mar. Y luego nos metimos
a la otra esquina, casi en frontera con Guatemala: indígenas
choles, zoques, de todos los estados de la República en un
lugar que está aquí que se llama La Candelaria. Porque
ahí estaba despoblado, porque es pura selva. Entonces no, nadie
trabajaba ahí.
Entonces lo que hizo el gobierno es empezar a mandar de todo el país
campesinos sin tierra para allá. Entonces has de cuenta, en
este pedacito que se llama aquí Candelaria está toda
la República mexicana. Porque hay gente de San Luis, de Chihuahua,
de Sonora, de Michoacán, de todos los estados de la República
que llegaron campesinos ahí a trabajar. Ya no son de sus estados,
porque ya son familiares que fueron dejando cría. Ya son otras
generaciones.
Pero ahí pues estaban tranquilos, porque a quién le
interesa la selva. Hasta que llegó el capitalista y dice: sí
me interesa, porque los árboles me interesan, y me interesa
la cultura maya. Pero no como nos explicó el compañero
profesor, de que hay que interesarse en la cultura para defenderla.
No, para venderla. Entonces ¿qué hace? Saca a los campesinos
de ahí, rodea las ruinas mayas que hay ahí, muy antiguas
y las hace propiedad privada. Ya no es el beneficio para el campesino
que vive ahí. Es la empresa que compró la ruina.
Has de cuenta que compró la historia de México. Para
que vienen de otros países a decir: ¡ah, qué bonito
cómo eran los mayas antes! Pero no se da cuenta que ahí
están todavía vivos, no se murieron. Es como si ya hubiera
pasado mucho tiempo, y hubieran muerto todos los indígenas
y ya nomás quedara su ruina, esos montones de piedra. Pero
los que están trabajando ahí nomás al lado son
mayas también, y son de otras partes. Pero ya no pueden pasar
a ver su propia cultura, porque ahora es propiedad privada.
¿Sabes quién hizo eso? Salinas de Gortari, ése
fue el que se metió ahí. Y para meterse ahí cambió
el artículo 27 constitucional. Porque eran tierras ejidales
y comunales, y no se podían vender ni comprar. Y como hizo
el cambio éste con el Procede y con el Procecom, pues empezó
a endeudar a los ejidatarios, o con engaños, porque ya ven
que el gobierno tiene muchos caminos. Y entonces compró la
tierra que antes no se podía comprar.
Como dijo aquí un compañero: llegó al ejido
o a la comunidad, a la tierra comunal y los hizo pedacitos. Y lo que
antes se podían defender cuando estaban unidos, pues ya solos
ya no. Y entonces, como quien dice, los hizo pequeños propietarios,
pero pequeños: chiquititos. Y a cada uno lo fue golpeando y
se lo fue quitando la tierra.
Esto es Campeche. Luego entramos aquí a otro estado que se
llama Tabasco. Ese de plano ahí ya el campo está destrozado,
compañeros. Sólo unos pedacitos que dan aquí
esquina con Chiapas todavía se siembra. Pero el resto es puro
petróleo, puros pozos petroleros y refinerías, y todo
eso. Y eso cuando entra pues llega gente de todas partes y sube la
vida, el costo: sube la luz, sube el agua, sube los alimentos, todo.
Porque hay mucho trabajador ahí. Pero al mismo tiempo todas
esas industrias empiezan a destruir el campo. Porque se les sale el
aceite, porque se les explota la tubería. Y empiezan a destruir
todo lo que hay ahí.
Ahí de plano haz de cuenta que pasó una guerra. Pero
hay mucho dinero, nomás que el dinero no lo tiene la gente
jodida. El que lo tiene es el gobierno y las empresas extranjeras.
Porque dicen que el petróleo es de México, pero no.
Lo que pasa es que la planta que está siendo la procesadora
de convertir el petróleo en otras cosas es extranjera, pero
no nos están diciendo. Pero ahí nos dijo la misma gente.
Bueno, entonces de Tabasco agarramos aquí. Mira: Veracruz
es bien largo, ya ves que hay un pedazo que agarra la Huasteca. Pues
aquí mero en el sur, igual, es casi como si fuera Tabasco:
puros pozos petroleros, puros trabajadores que no ganan cabal el salario
mínimo, o los hacen trabajar mucho tiempo y no les pagan lo
justo. Mucha prostitución, mucho trago, mucha droga.
Como si hubiera entrado un ejército extranjero y hubiera cambiado
toda la costumbre. Esta parte del sur de Veracruz no es Veracruz,
es una cosa extraña ahí. Y ahí también
tenemos… Así como tenemos compañeros en Chiapas,
en Quintana Roo, en Yucatán, en Campeche, en Tabasco, también
ahí en Veracruz. Gente que está diciendo: no, pues no
está bien así, tenemos que hacer algo, tenemos que organizarnos.
Luego pasamos acá, al centro de Veracruz, mero donde está
el puerto, Jalapa, toda esa parte. Igual, ahí encontramos pescadores.
Encontramos un señor, un muchacho ni siquiera es señor,
que bolea los zapatos ahí en el parque de Veracruz. Y bien
bravo pidió la palabra. Pues órale de eso se trata,
aquí se trata de que hable la gente. Y dice: yo gano 10, 15
pesos al día boleando zapatos —y con perdón de
las señoras— y el cabrón policía me cobra
5 pesos al día para no levantarme y no llevarme a la cárcel.
Entonces dice: me quedan 5 o 10 pesos en mi trabajo, y trabajo todo
el día —dice—. Y estoy trabajando para el policía.
Pero ¿qué no tiene sueldo ése? ¿por qué
me está quitando a mí? Y dice: yo estoy aquí
boleando y veo, y que si llega un rico en su gran carro, hasta le
hace caravana de que sí le va a cuidar el carro y todo y no
le da nada. Y yo que soy pobre me está quitando mi dinero.
Y ahí encontramos también muchos estudiantes, jóvenes,
maestros, artistas, gente que está inconforme con todo lo que
está haciendo el gobierno. También esos dicen: nosotros
queremos luchar juntos en la Otra Campaña —que decimos—
en la Sexta Declaración.
Nos fuimos más pa’ca por Poza Rica, y casi bordeando
con la Huasteca: campesinos ejidatarios despojados de su tierra. Gente
que no tiene precio para el producto, y muchas poblaciones que ya
nada más hay mujeres de edad y niños. Y preguntas ¿dónde
están los jóvenes o los adultos? Pues estan en el otro
lado. ¿Y por qué? Porque ya no da trabajar la tierra
—me dicen—. No te da, aunque estás todo el día
trabajando sacas maíz, frijol, naranja, cualquier cosa que
estás haciendo la llevas al mercado y no te sale. Te gastas
más en el camión pa’ llevar la mercancía
que en lo que te van a pagar. Entonces, como ya no se puede mejor
me voy para otro lado, dicen.
De aquí de Veracruz nos bajamos acá para Oaxaca. ¡Uh!
Montón de pueblos indígenas hay ahí: zapotecos,
mazatecos, chinantecos, mixtecos, de todo pues hay ahí. Igual,
como en Chiapas, como son indígenas los desprecian. Igual les
quitan la tierra como cualquier campesino si es indígena o
no es indígena. Igual los maestros con bajos salarios, y se
organizan y le echan la culpa —como dijo el maestro—.
Dice: es que si hay un problema de educación, la culpa es del
maestro. Y no es cierto, la culpa es del gobierno. Peor si es escuela
rural, que tampoco hay apoyo, sólo en las urbanas —como
explicó el maestro—.
Triquis, de todo empezamos a ver aquí. Y aquí en esta
esquina, otra esquina que está por aquí, hay un lugar
que se llama San Blas, San Blas Atempa. Ahí se organizó
el pueblo y correteó al presidente municipal. Porque era un
ladrón, como todos los presidentes municipales. Y entonces
pusieron su gobierno autónomo. Pues que les avientan la policía
del estado. Y mataron gente, y metieron a la cárcel, y todo.
Y entonces hacen como que mandan sus mismos guardias blancas —no
sé cómo le dicen aquí, los paramilitares pues—
y atacan a los otros. Los otros quedan heridos, y los agarran y los
meten a la cárcel, acusados de que ellos atacaron. Y traen
las balas en el cuerpo, ahí los vimos. Porque lo entramos a
ver a la cárcel. Y dice: mira, yo estoy aquí todo cosido,
nos los enseñó los hoyos de la bala pues, varios. No
se murió pues porque ‘ta duro pues. Y dice: y yo estoy
acusado de haber disparado y a mí me dispararon —dice—,
y el que me atacó ahí anda, contento pues.
Y entonces nosotros decimos: ¿qué vamos a hacer? Aquí
mismo, más arribita, aquí éste se llama el Istmo
de Tehuantepec, esta parte donde se aquí como que le apretaron
el cinturón al México. Aquí también hay
pueblos indios. Bueno, aquí hay un lugar que se llama Unión
Hidalgo. Ahí nomás cerquita están poniendo unos
como ventiladores pero altos, grandes, grandes. Que es que para hacer
energía. Fíjate, ahora hasta el aire. Entonces está,
como hay mucho viento ahí, se llama La Ventosa, entonces están
los abanicos y están sacando energía eléctrica,
electricidad por el aire.
Pero es una empresa española, de un rico español. Y
la energía no va a las comunidades, va para donde están
las otras empresas. Y además no toman en cuenta pues que esos
grandes ventiladores, pues el aceite, todo lo que usan, pues empieza
a meterse abajo de la tierra. Porque se les derrama pues. Y ya abajo
de la tierra, pues empieza a envenenar.
Pero además, imagínense, porque son muy altos, los
pájaros que pasaban ahí contentos pues ya no, porque
va estar el abanico pues ahí. Porque son muy grandes, son muchos,
miles van a poner ahí. Pues entonces esos pájaros ya
no van a pasar por ahí, o si pasan por ahí se van a
morir. Y entonces en otro lugar donde llegaba ese pájaro ya
no va a llegar, y eso va a cambiar la naturaleza de ese tamaño
pues.
Entonces, estos campesinos de aquí, indígenas de Unión
Hidalgo en el Istmo dicen: nosotros no estamos de acuerdo, vamos a
luchar. Y se entran también en la Otra Campaña. Igual
que estos campesinos y pescadores que hay aquí en San Blas
—que les digo—.
Y ya nos metimos para acá mero a Oaxaca. Ahorita pues Oaxaca
se conoce porque está todo el pueblo organizado que quiere
quitarse a ése… pues es un asesino pues, hay que decirlo
claro pues. El Ulises Ruiz es el gobernador, como hay tantos gobernadores
en nuestro país —yo creo que todos—, que nomás
están viendo cómo perjudican a la gente. Nomás
que ahí ya se organizaron, en eso que se llama la Asamblea
Popular de los Pueblos de Oaxaca, la APPO. Entonces ahí están
peleando, ahí hay de muchas organizaciones, pero también
hay compañeros que son de la Otra Campaña.
De ahí de Oaxaca nos pasamos a Puebla. En Puebla, compañeros,
ahí vimos a indígenas que están trabajando en
fábricas maquiladoras. Porque en su tierra ya no hay para trabajar,
entonces entraron a trabajar en la maquila. La mayoría como
de 20 años, mujeres la mayoría. Y están trabajando
en las fábricas ésas que hacen los pantalones de mezclilla.
Y nos dicen pues que le pagan 45 pesos al día y tienen que
trabajar 14 o 16 horas cada día, como en la época de
Porfirio Díaz.
Entonces pasamos, ellos nos cuentan cómo está viviendo,
cómo está luchando y nos dicen: nosotros queremos luchar
también, juntos. Para que tenemos buen salario, para que nos
respetan. Porque además se burlan porque somos indígenas.
Nos explotan como trabajadores y se burlan como indígenas.
Y también ahí encontramos artistas, estudiantes, maestros,
gentes de la tercera edad, niños, todo, dice: nosotros queremos
luchar, queremos luchar. Y entonces también se entran en esto
de la Otra Campaña.
De ahí de Puebla nos vamos a Tlaxcala. Ahí en Tlaxcala…
Fíjate, pa’ que veas que te da coraje. Hay unos trabajadores
que ya es gente de edad, que estuvieron en Estados Unidos trabajando,
ex braceros —dicen— porque ya no son braceros pero fueron
braceros. Entonces dicen que cuando estuvieron trabajando en Estados
Unidos, cuando era la guerra mundial, 1942 hasta creo que el sesenta
y tantos estuvieron trabajando.
El acuerdo del gobierno de México y el gobierno gringo es
que les iban a quitar el 10 por ciento. Le quitaron de su salario,
para que cuando regresan a México tienen un poco de paga para
volver a levantar. Pues les hicieron perdedizo el dinero, compañeros.
Miles y miles de dólares que no aparecen. El gobierno gringo
dice que lo mandó, y está el papel que sí lo
mandó. Y el gobierno mexicano dice que no sabe qué pasó.
Entonces, son puros de la tercera edad, gente de edad. Unos ya se
murieron, entonces está su hijo, su pariente, su nieto, su
sobrino, lo que sea, que está luchando por el mismo derecho.
Y hacen movilización para que les paguen ese dinero. No pa’
que les den una limosna, es su dinero que ganaron. Y ésos también
dicen pues: nosotros le entramos.
Y ahí mismo pues fuimos a un lugar, en una colonia popular
ahí de una ciudad de Tlaxcala, que nos dicen: pues es que aquí
el presidente municipal pues de plano es un ladrón. Porque
quiere poner un impuesto según cuántos perros tiene
uno. Entonces, si tienes un perro tienes que pagar impuestos, si tienes
dos, más.
Y también está prohibido que vas a andar en bicicleta
con las herramientas si eres trabajador, si llevas tu herramienta.
Que porque se ve feo la ciudad. Entonces, si andas en tu bicicleta
con tu escalera, tu cubeta o lo que lleves, te paran y te multan.
Pues ahí se ve, dicen ellos: nosotros vemos que ese presidente
municipal lo único que está haciendo es viendo a ver
qué roba pues. Y nomás que le mete una ley, la ley esa
del impuesto de los perros —dicen— entonces, que ya la
gente estaba mejor agarrando gato. Pero, pues al rato le va a poner
impuesto al gato pues. Bueno.
De ahí de Tlaxcala nos metimos para Hidalgo. También
agarramos el borde que agarra la Huasteca. También las mismas
historias que ustedes ya saben: caciques, terratenientes, presidentes
municipales corruptos. No les cuento porque es lo mismo, no importa
si es San Luis, si es Tamaulipas, si es Querétaro, si es Hidalgo,
si es Veracruz. Es la misma historia ¿no?
Y luego ya ahí de Hidalgo nos fuimos para Querétaro.
En Querétaro pues agarramos otra vez el borde de acá
—ahí vienen los compañeros— que da a la
Huasteca, el de Sierra Gorda. También las mismas historias
que no les voy a contar, porque es la misma historia que hay aquí.
Como que aquí es otro estado, nomás que no lo reconoce
el gobierno. Debiera ser que La Huasteca es un estado completo, porque
son los mismos problemas, la misma gente, la misma lucha, la misma
lengua, además muchas veces ¿no?
Pero ahí en Querétaro, más por otro lado, más
pegado a la capital de Querétaro, hay un lugar donde les quieren
meter pozos de agua para quitarles el agua. No crean que es para ellos.
Hay agua debajo de su tierra, entonces quieren hacer los pozos, entubarla
y llevar el agua a Querétaro, a las industrias.
Y entonces ahí lo que hicieron los gobiernos es que compraron
al comisariado, o sea lo corrompieron, y ése puso las firmas
de algunos sin preguntarles. Y puso las firmas de gente que ya murió,
como que está viva. Y entonces fue y le dijo: sí hay
permiso pa’ que sacas los pozos.
Y ya cuando se enteró la comunidad, pues se organizó
y dice: nosotros no estamos de acuerdo. El Batán se llama ahí.
Nosotros no estamos de acuerdo. Dijeron: aquí no se van a llevar
el agua, porque es por engaño. Y están en la lucha legal,
pero están ahí resistiendo. También pues entraron
de compañeros ésos.
De Querétaro nos jalamos para Guanajuato, que es su tierra
de Fox. Donde quiera, compañero, la misma historia. Pero además
de que están despojando la tierra a los campesinos, la contaminación
lo que está haciendo. Dice que se ponen las empresas ésas
que echan muchos gases, cosas malas para el cuerpo, en las colonias
pobres.
Y de buenas a primeras pues la gente empieza a tener dolor de cabeza,
dolor de panza y pues piensa que está enfermo de algo y no.
Es que lo está envenenando la fábrica. Y cuando le reclaman
a la fábrica él dice: yo no sé. Y se muere la
gente, les da mucho cáncer ¿sí? Pero pensaban
que es así nada más, hasta que otros llegaron a decirles:
no, es culpa de la fábrica. También son compañeros
pues, así en toda esa parte.
Y luego de Guanajuato —¿para dónde nos fuimos?—,
Aguascalientes, sí —ellos también. Es que ya vienen
por todo el país ellos también—. En Aguascalientes
también llegamos, poblado de Cañada Honda se llama ahí
donde llegamos. Y también, la comunidad platicándonos
de cómo suben los precios, que no alcanza la paga, que están
despojando de la tierra a los campesinos, la represión a los
maestros, los ex braceros otra vez, los estudiantes que cada vez la
escuela es más cara —aunque dice el gobierno que es gratuita—,
porque les cobran cuotas y les cobran cooperaciones y un montón
de cosas.
Y luego de Aguascalientes nos fuimos para Jalisco. Ahí en
Jalisco llegamos con los wirarikari, o sea con los huicholes —que
les dicen afuera— que son una comunidad indígena. Que
agarra parte de Jalisco, parte de Nayarit y parte de Durango es su
territorio. Así como La Huasteca aquí agarra varios
estados, ahí su territorio agarra varios. Pues igual, que les
están invadiendo tierras. O sea el gobierno le paga a los pequeños
ganaderos, a los propietarios, a los rancheros, para que se van metiendo
poco a poco a sus tierras. Y ellos su idea pues es defender su territorio.
También se entran en la lucha.
De ahí de la Sierra Huichola, pues para Guadalajara. Igual,
otra vez empezamos a encontrar mucha gente y muchos jóvenes
que los persiguen nomás porque son jóvenes. Estudiantes
que la universidad está costando mucho dinero, o que cuando
acaban la universidad no hay trabajo. Mujeres perseguidas, acosadas,
golpeadas, violadas. Ancianos que no son respetados. Toda la misma
historia como si estuviéramos acá, pero ya estamos acá
en la otra orilla.
Luego de ahí de Jalisco nos fuimos para Nayarit. Igual, contaminación.
Fuimos a otra orilla acá, que es otro puerto que se llama San
Blas, también. Nomás que no es Atempa, es San Blas.
Y a ésos, los pescadores, los quieren quitar de ahí,
que los van a mandar a otro lado. Porque quieren hacer así
una gran empresa. Y los pescadores pues no se quieren dejar y se organizan,
y quieren luchar y también se entran pues de compañeros.
De Nayarit para Colima. En Colima hay ahí un volcán:
el volcán de Colima pues. Que cada rato sale en la noticia,
porque cada rato está aventando como que ya va a explotar.
Y entonces a los campesinos de ahí, unas pocas familias, los
quieren desalojar que porque hay peligro. Pero ahí nomás
queda, compañeros y compañeras, un hotel extranjero
que cobra como cuarenta y tantos mil pesos una noche, y a ése
no lo quieren desalojar.
Quieren desalojar a los campesinos pobres, porque el hotel quiere
esa tierra nomás para que se paseen los visitantes. ¿Tú
crees que un día vas a juntar 45 mil pesos para pasar una noche
ahí? Pues ni aunque trabajas todo un año ¿Quién
lo paga? El extranjero rico que viene de otro lado.
De Colima nos pasamos para Michoacán, aquí con los
compañeros. Aquí viene un compañero pues, ahorita
les va a platicar él: el compañero Juan Chávez,
el compañero Salvador. Que son ahí… ahí
mejor que les platiquen ellos pues, porque vienen de ahí, vienen
con la karavana.
Y luego de Michoacán nos pasamos para Morelos, el estado de
mi General Zapata: basura, contaminación, despojo de tierras,
bajos precios para los productos, bajos salarios, la naturaleza destruida.
Ése es en la tierra de mi General Zapata. Igual compañeros
que quieren luchar.
Luego bajamos a Guerrero. Igual, hasta acá a la otra esquina
acá en La Parota por Acapulco. Que quieren hacer una presa,
una termoeléctrica, va a ser una presa ahí. Y que las
tierras de los indígenas de ahí las vayan a llenar de
agua. Así la van a hacer un… como si fuera un lago. Y
los campesinos ahí no se dejan. Porque dicen: ¿a dónde
nos van a llevar? Y les dicen: te vamos a llevar a un lugar mejor.
Pero ellos ya saben lo que sabemos todos, que el gobierno echa mentiras,
que primero les va a decir que sí les va a dar un buen lugar
y los va a aventar donde quiera.
Y de ahí de Guerrero pasamos al Estado de México. Ahí,
compañeros, igual otra vez indígenas de varias razas,
otra vez despojo de tierras, otra vez represión. Lo que vimos
en el resto de la república y también muchos compañeros.
Y ahí pasamos por Atenco. Aquí viene un compañero
de Atenco, que ahorita les va a platicar de ahí lo que pasó.
Y luego entramos al DF, a la capital. Igual compañeros, nomás
que ahí como no hay tierra no te despojan la tierra. Ahí
lo que te quitan es la vida, el trabajo. Indígenas que están
trabajando ahí de artesanos o de pequeños comerciantes:
reprimidos, desalojados. Que no los dejan vender en la calle, que
porque se ve muy fea la ciudad, y los mandan para otro lado. Altos
precios en los productos, bajos salarios, mucha explotación.
Las grandes zonas de la ciudad, las más bonitas donde viven
los ricos, las más jodidas donde viven los pobres. Y ahí
fue cuando nos paramos porque pasó esto de Atenco.
Y entonces cuando estamos parados aquí, ya habíamos
hecho hasta acá, mira. Y entonces faltaba el norte. Y entonces
cuando estamos ahí nos dicen: no, al norte ni vayas. ¿Por
qué? No es que ahí están muy bien ya. Ahí
ya tienen solucionados sus problemas, no hay ningún problema,
todos votan por el PAN, todos tienen un gran nivel de vida, no vayas
porque nadie te va a hacer caso.
Pues nosotros como quiera dimos… Nuestra orden que nos dio
la Comandanta Ramona es que hay que ir pa’ todos lados. Ni modo
pues aunque no nos hagan caso. De repente vamos a llegar y va a haber
dos, tres gentes, pues ni modo a ése lo vamos a escuchar.
Entonces, otra vez jalamos y empezamos por Sinaloa. Y ahí
nomás entrando, pescadores que los tratan como criminales porque
pescan. No están haciendo nada malo más que pescar.
Y empezamos a recorrer Sinaloa.
Luego cruzamos acá y agarramos esta esquina: Los Cabos. ¡Pe’!
Unos hoteles bien bonitos, compañeros. Pero son de extranjeros,
no son de mexicanos. Todos, hasta los que trabajan ahí son
extranjeros. La gente pues de Baja California está arrinconada
ahí en las afueras de la ciudad. Que no tiene agua, que no
tiene luz, no tiene drenaje. Porque el agua la luz y todo lo bueno
está para los grandes hoteles.
Pasamos a La Paz, que es la capital aquí de Baja California
Sur. Igual, despojo de ejidos. Donde el ejido tenía su playa,
ahora es —perdón— el cagadero de los ricos. Porque
el drenaje lo aventaron para ahí, para donde vivían
ellos. Y entonces ahí ese lugar de la playa está lleno
de mierda pues, lo vimos, no es que es así es una palabra nada
más. Los pescados muertos, todo eso, pero el resto del lugar
que es que está bonito para los ricos.
De ahí jalamos pa’ca arriba, rumbo a Baja California,
que está acá. Esta es Baja Sur, por aquí así,
y aquí. Aquí nada más, una empresa donde trabajan
muchas mujeres, de un coreano, que hacen el calamar. Y nos están
platicando bien bravas porque les pagan muy mal, no les respetan su
trabajo, su horario, las corren a la hora que quieren. Mal pues les
va.
Y luego, ya casi cruzando, aquí hay unas salinas donde sacan
sal. Y entonces ahí a los ejidatarios les rentan la tierra,
según esto la empresa. Es una empresa japonesa, también.
Y entonces le renta la tierra, pero les paga muy barato. Y los campesinos,
los ejidatarios se organizan y dicen: no, tiene que ser más
caro, tiene que pagar bien. Y el gobierno se pone del lado del patrón,
no del lado del ejidatario.
Nos seguimos pa’ca, ya entramos a Baja California, aquí
nomás, se llama el Valle de San Quintín. Que has de
cuenta como Porfirio Díaz, como las haciendas de Porfirio Díaz,
y has de cuenta que estabas entrando en Oaxaca. Porque la mayoría
de los que están trabajando ahí son indígenas
migrantes de Oaxaca. Que ya llevan años ahí, y que trabajan
todos horas, horas. Les pagan muy mal y como no hablan español
los engañan.
Seguimos pa’ acá arriba, hasta la otra esquina —ya
no sé cuántas esquinas llevo pues—, pero hasta
acá a Tijuana. Además ahí, pues los jóvenes
que son perseguidos, además las trabajadoras de la maquila,
que las matan trabajando. No es así una canción, compañeros,
las matan trabajando. Porque están todo el día trabajando
y con lo que están haciendo las envenena a la hora que están
respirándolo o en la piel. Entonces están trabajando
dos, tres años y se mueren. Nos platicaban de una trabajadora
que se muere de 30 años, y estaba sana cuando tenía
27 años. Tres años tardó y se murió envenenada,
no porque la atropellaron ni nada, envenenada donde estuvo trabajando.
Y aquí compañeros, aquí en Tijuana ¿saben
qué pasó? Pues que aquí va una raya que es la
frontera. Aquí está el Río Bravo y aquí
está la raya. Pues que no es cierto, tras que hay México
acá también. Porque llegaron compañeros chicanos,
chicanas —se dice— o mexicanos, mexicanas que están
del otro lado, que dicen:
—Nosotros también queremos luchar.
—¿Por qué?
—Pues porque a los indocumentados acá no nos respetan,
o porque no respetan la cultura. Nosotros no somos gringos, nosotros
somos otra cosa: nosotros tenemos la raíz indígena de
acá. Y nosotros también queremos luchar aquí
en el otro lado —como dicen—, o sea, arriba de la frontera.
Bueno, de aquí nos jalamos. Aquí en esta esquina que
está aquí —otra esquina— hay un pueblo indígena
que se llama cucapá, que pescan. Igual, la misma historia que
acá, que en esta esquina. Que es que no los dejan pescar porque
son pobres. Y si pescan los detiene la marina y los mete a la cárcel,
o les quita la lancha y todo.
De aquí seguimos para acá. Bueno, aquí en esta
esquina nos orinamos ahí en el lado gringo pues, nomás
pa’ que se encabronara Bush. Luego aquí, esta parte de
aquí hay un pueblo indígena que se llama tohono o’odham.
Ése estaba antes de la frontera, entonces una parte quedó
aquí y otra quedó acá. Entonces ésos nos
platicaron que están bien bravos porque su tierra la usan de
basurero.
Pero de basura no de cáscaras y eso, basura de veneno, lo
que hacen las grandes empresas. Y dicen: del lado gringo no se puede,
está prohibido. Y entonces la entierran del lado mexicano.
Y está envenenando toda esta tierra, es basura muy, muy venenosa.
Pero es también su territorio indígena de esos págagos
—les dicen allá—.
Bueno, de aquí bajamos acá, por Sonora seguimos. Aquí
hablamos con estudiantes y maestros bien bravos, que ya están
cansados de tantos engaños del gobierno. Y de aquí nos
fuimos a este lado.
Esto que se ve aquí se llama la Isla del Tiburón. Aquí
mero enfrente y en esa parte, vive un pueblo indígena que se
llama comca’ac. Seris les dicen, los seris. Que es una tribu
guerrera de hace muchos años. Entonces resulta que el gobernador
de aquí quiere privatizar la isla, es una isla muy grande —se
ve pues—. Porque la quiere vender a las empresas hoteleras.
Y los seris dicen: no, ni madre. Porque, según su creencia,
esa isla es su corazón. Porque es el que los ha protegido contra
las invasiones y todo. Y dice: ¿a poco tú vas a vender
tu corazón?, no se puede. Entonces no podemos permitir que
nos roben el corazón —dicen ellos—, nosotros estamos
dispuestos a luchar. Y entran también en la lucha.
Y luego de ahí de los seris nos cruzamos pa’ acá
y vamos casi a la esquina con Chihuahua que está por aquí,
Sonora y Chihuahua, de un pueblo indígena que se llama pima.
¡Uy! De una vez, compañero, ese no tiene pa’ dónde
hacerse. Porque es buena tierra todavía, pero no tiene créditos
para sembrar, ni precio, ni nada. Entonces ahí está
viendo nada más a ver qué va a hacer. Y entonces llega
el narcotraficante y agarra la tierra, y siembra mariguana. Pero el
cristiano ése ni sabe quién fue, ni nada. Hasta que
llega el ejército y dice: aquí hay droga. Y agarran
al ejidatario que ni sabe qué onda. Y se lo llevan a la cárcel.
O sea ése ni siquiera puede trabajar.
Y luego bajamos acá con los yaquis. Tribu yaqui, también
guerrera. Y eso nos dicen: pues nosotros tenemos nuestro territorio
que tenemos de hace muchos años. Y dicen: como que nos están
dando mordidas al norte, al sur, al este, al oeste, y nos van encerrando,
y encerrando, y encerrando, y cada vez es más chiquito. Y nosotros
no estamos de acuerdo con eso, estamos dispuestos a luchar para acabar
con esa injusticia.
Y de ahí los yaquis vamos con los mayos. También, el
despojo de tierra a los ejidatarios y el problema del agua. Que resulta,
como no hay agua sacan los pozos. Pero el agua sólo se la dan
al terrateniente, a la comunidad indígena mayo no. Aunque ellos
estaban desde hace mucho tiempo ahí.
Y luego de aquí nos fuimos otra vez aquí a Sinaloa
y agarramos el tren, así como Pancho Villa, y le caímos
a Chihuahua. Pero antes pasamos con los indígenas rarámuris,
son los tarahumaras que están mero aquí. Igual, compañeros,
despojo de tierras, destrucción de la naturaleza, envenenamiento
del agua, y que no hay para dónde hacerse. Y los rarámuris
dicen: nosotros estamos dispuestos a luchar.
Y luego de ahí vamos a Chihuahua. Ahí encontramos otra
vez estudiantes, jóvenes, maestros, trabajadores que quieren
luchar. Y luego nos fuimos pa’ acá a la frontera, a la
otra esquina. Otra esquina que se llama Ciudad Juárez, donde
se conoce pues porque ahí matan muchas mujeres jóvenes,
las secuestran y las matan. También maquiladoras, como en otros
lados. Trabajadores que ya quieren luchar porque no se aguanta pues
por los precios.
Y luego de aquí nos bajamos para la Comarca Lagunera, que
está aquí, parte de Coahuila y de Durango. Que antes
era muy rica, de que daba mucha cosecha. ¡Pa’! Como que
cayó una bomba, compañeros. No hay nada. El agua y la
tierra es —acuérdense del nombre— para la lechera
Lala. Ésa que dice que: con Lala no se qué. En realidad
esa leche se está haciendo porque le están quitando
el agua a los ejidatarios y a los ejidos de ahí. Y todas las
tierras las está acaparando para venderle, para hacer el alimento
para las vacas lecheras.
Luego de ahí nos fuimos acá para Durango, empezamos
a bajar. En Durango, igual, los mismos problemas: colonias populares
sin servicio, maestros mal pagados, malos precios para los productos,
despojo de tierras.
De Durango pasamos para Zacatecas, misma historia. Sobre todo pues
de una comunidad donde se entra una mina y empieza a envenenar todo.
Y ahí la comunidad se organiza y la echa. Echa al patrón,
pero sólo organizados juntos. Porque así solos los estaban
fregando.
De Zacatecas pasamos a San Luis, capital. Y ahí nos platicaron
el problema éste de la minera San Xavier, que está amolando
el cerro de San Pedro. Y también vimos estudiantes, maestros,
pequeños comerciantes, también explotados por el ladrón
éste de Marcelo de los Santos Fraga, que es el gobernador de
San Luis.
De ahí jalamos para el Altiplano, Charcas. Igual, pero ahí
hablamos con mineros, también, con trabajadores de abajo. Nosotros
queremos luchar, nosotros también, vamos poniéndonos
de acuerdo. Ejidatarios despojados de su tierra, ex braceros que no
les pagan, maestros mal pagados, trabajadores que no reciben el salario.
Bueno.
Y de ahí nos fuimos para Nuevo León, quesque mucho
dinero. Sí, pero en unos, porque hay mucha explotación
pues de los trabajadores, y mucha destrucción de la naturaleza.
Y ahí nos bajamos por un lado que se llama Linares, donde les
invadieron la tierra pues, con engaños, a los ejidatarios.
Porque quieren hacer un aeropuerto. Y los ejidatarios, las mujeres
sobre todo, estaban bien bravas: no nos vamos a dejar, estamos a luchar,
queremos luchar con ustedes. Se entran también.
De Nuevo León nos pasamos para Coahuila. Y ahí empezamos
también a hablar con jóvenes, con maestros, con estudiantes,
con artistas. Llegamos a la zona minera, y nos contaron cómo
fue la muerte pues de los mineros ésos que salieron en la televisión.
Es que los mataron compañeros, los mandaron a morir. Porque
la empresa ya sabía que había peligro. Y como quiera,
porque le interesa la ganancia, los mandó allí. Esos
de Pasta de Conchos, que se dice.
De aquí nos fuimos pa’ acá y agarramos una esquina
que está aquí de Tamaulipas, que es Nuevo Laredo. ¡Uta!
Llegamos a la colonia más jodida que hemos visto: puras casitas
de cartón, así con… vaya ni techo algunas, sólo
un nylon y todo eso, y ahí amontonados. Y ahí los que
viven son los trabajadores de la maquila. Y no hay ni luz, ni agua,
ni drenaje, ni nada pues. Como que dios ahí les dijo: ahorita
vengo, y ya no volvió, se le olvidó.
Y ahí en Nuevo Laredo nos fuimos aquí por borde pues
de la frontera. Pasamos Reynosa, llegamos a Matamoros. A la otra esquina,
fuimos aquí que se llama Playa Bagdad. Pescadores igual, que
el patrón es el que los está explotando. Porque ahí
ni siquiera son cooperativa. Es un patrón que controla ahí
toda la pesca. Entonces, están trabaje y trabaje, y pues nunca
salen de pobres.
Y luego de aquí nos fuimos de Matamoros a Victoria. Ahí
en Victoria igual: colonias sin servicio, les quieren meter caminos
sin pedirles permiso, que van a pasar encima de sus casas, bajos salarios
para los maestros, los jóvenes perseguidos, la universidad
es muy cara.
De ahí pasamos acá a Tampico, Madero y Altamira. Misma
historia, no hay pa’ dónde hacerse. Y de ahí ya
entramos a la Huasteca, que es donde estamos ahorita, y donde hoy
terminamos.
Entonces, ahora sí que hoy ya decimos que cumplimos la orden
de la Comandanta Ramona. Y que ya vimos con el corazón y escuchamos
con el corazón. Pero ya todo lo que vimos no está cabal
si no nos juntamos todos, compañeros. Porque todo esto que
les conté, viera que nos ponemos de acuerdo y hacemos una red
de organizaciones pues. Porque decía la Comandanta Ramona —que
decía— es que cuando uno mira con el corazón ve
lo que está pasando y ve lo que va a pasar después.
Entonces ella decía: nosotros tenemos que ver…
Por ejemplo, alguien pues que está preocupado por la naturaleza
ve los árboles y ve cómo va a ser si se mueren. Dice:
es que si se muere la tierra, se muere la gente, no hay pa’
dónde hacerse. En cambio si lo cuidamos —así como
nos enseñaron ahorita los niños— dice: es que
si cuidas la abeja como que te da a cambio.
Igual es la tierra, si cuidas la tierra, la tierra te ayuda, te protege,
como que te agradece pues. Si están cuidando la abeja pues
da más tambos de miel —nos explicaron ahorita—.
Pues igual si cuidamos la tierra nos agradece, pero si no la cuidamos,
se muere, pues nos pasa a llevar. Eso es lo que nosotros decimos.
Entonces dice la Comandanta Ramona: es que si nosotros podemos ver
lo que va a pasar después, tenemos que imaginar dos mundos.
El mundo del que lo ve como rico y gobierno, que es el de muerte —dice—
porque ése todo lo va a hacer mercancía, lo va a vender
y se acabó. Y se acabó el mundo, porque no hay otro.
Cuando acaben de vender y comprar todo, ya no hay otro mundo que se
van a ir. Y si lo vemos con nuestros ojos —dice— entonces
el mundo va a ser diferente, y va a ser como este bordado, y nos ponía
el bordado.
Entonces va a haber ahí el teenek, va a haber el pame, va
a haber el náhuatl, va a haber el mestizo, todo el que está
trabajando realmente va a vivir con dignidad —dice ella—.
Pero para que ese día llegue, tenemos que luchar. Porque ahorita
estamos sufriendo, pero de balde, porque no hay esperanza. Pero viera
que le vamos a meter esperanza a nuestro sufrimiento, que nos vamos
a unir, que nos vamos a poner de acuerdo, y otra vez a seguir luchando
por la tierra.
Como el compa ése que le quieren despojar por el terrateniente
ése a su familia, a su mamá. Como el maestro que nos
vino a explicar también lo que pasa. Como lo cada quien nos
fue platicando: de que no hay precio para el cítrico, no hay
precio para la miel, no hay precio para el piloncillo, no hay precio
para el ganado, no hay precio para nada de lo que hacemos abajo. Pero
lo que hacen arriba eso sí cada vez es más caro.
Y entonces, si nos juntamos en la Huasteca, si nos juntamos en el
norte de México, y si nos juntamos todo esto que vimos, pues
es una fuerza muy grande compañeros. Y entonces ahora sí
que como el mapa, como que se levanta, como que se tiembla y se acomoda
otra vez.
Y entonces, en ese acomodo ya no vamos a estar batallando: que si
el presidente municipal, que si el gobernador, porque ya va a cambiar
todo eso. Y ya va a haber leyes que nos protejan y que nos cuiden,
así como nosotros tenemos que cuidar a la tierra. También
tiene que haber una ley y un gobierno que nos cuide y nos protege,
y eso ahorita no está.
Entonces, lo que nosotros decimos es que para hacer eso necesitamos
luchar, pero ya no solos. Tenemos que luchar aquí donde estamos,
en todo el municipio de Axtla, en toda La Huasteca, la escuela de
apicultura. Cada lugar tiene su parte, como que tiene su color y su
forma en el bordado, así como en ese dibujo.
Porque viera que sólo aparece la naranja no se ve ahí.
Pero se ve la rama y el árbol y se ve el señor ese,
o señora, no se que sea pero ta muy feo. Se ven las abejas,
se ve la bulla, se ve la caja, el sol, todo eso. Entonces, cada quién
tiene su parte… —¿es Luz? ¡Chin, ya la regué!
Perdóname, se ve muy bien, muy guapa la señora—.
Entonces cada quién tiene su parte pues ahí, igual
en ése. Pero tenemos que luchar, primero ponernos todos de
acuerdo. Eso es la Otra Campaña compañeros. No es otra
cosa. No es que vamos a venir a mandar nosotros. No, es que ustedes
mismos aquí, sus mismas autoridades tradicionales. Pero ya
no solos, sino juntos.
Entonces van a ver cómo sí conseguimos precio y conseguimos
no sólo darle la vuelta a los coyotes, quitarlos de plano,
que ya no haya coyotes, que directamente podemos echar el trato. Que
se respete realmente la tenencia de la tierra, que se respete lo que
dijo Zapata: de que la tierra es de quien la trabaja. No que ahorita
la tierra es de quien le da dinero a la Reforma Agraria. Lo sabemos
pues que así es.
Entonces, lo que nosotros queremos es organizarnos todos nosotros,
nos pongamos de acuerdo, nos levantemos, tumbemos a los gobiernos,
a todos, y volvamos a hacer otro acuerdo, otra Constitución
—decimos nosotros—. Una nueva ley donde nos pongamos de
acuerdo nosotros.
Y a lo mejor algunos piensan, porque ya tienen edad: pues ¿quién
sabe cuándo va a ser eso? Pronto. Porque esto que nos platicaron
ustedes —que ustedes dicen: ya no aguantamos—, donde quiera
lo escuchamos.
Y cuando la gente ya no aguanta ¿qué hace? Pues lucha.
Pero hasta ahorita todos luchamos solos, cada quién por su
lado pues. Y apenas muchos… dijo uno aquí: yo aquí
los vine a conocer —dijo el compañero—, yo no sabía
que ustedes también tienen ese pensamiento. Pues sí,
porque nos cruzamos y no sabemos quiénes somos.
—¿Cómo te llamas?
—Pues así.
Pero aquí lo que está haciendo la Otra Campaña
es que estamos mirando con el corazón, entonces estamos viendo
el pensamiento de la gente que quiere luchar. Y con ése estamos
haciendo el acuerdo, y con ése es que vamos a cambiar el país.
Y ya le paro, porque ya hasta yo me estoy durmiendo con lo que estoy
diciendo.
—Juanito, ¿no quieren hablar?
Viene el compañero del Congreso Nacional Indígena:
compañero Juan Chávez, es líder purépecha,
de ahí donde le di la vuelta, de Michoacán, ahí
están ellos. En una de esas tantas esquinas, ya me mareé
con tántas.
Xilitla, Huasteca potosina
Última reunión, con compañeros indígenas
28 de noviembre del 2006.
Compañeros, compañeras, buenas tardes, buenas noches
ya.
Pues agradecer a… ahora sí que a los cristianos que
ven para abajo y caminan abajo, que nos hayan hecho el paro de recibirnos
aquí, de la comunidad eclesial. Sabemos que así como
hay dos Méxicos, el México de arriba y el de abajo,
también hay dos iglesias: la de arriba, la de las autoridades
eclesiales y la de los párrocos y las hermanas que están
con los de abajo.
El día de hoy, con este evento —como explicó
el compañero— termina la primera etapa de la Otra Campaña.
Ahora sí que recorrimos todos los rincones de nuestro país,
los 32 estados, más dos estados que debieran ser estados y
no son estados, que es: la Comarca Lagunera y la Huasteca.
Que tienen encimados otros estados, pero sus problemas, su forma
de vida, su cultura, todo eso es como si fuera un estado. Y damos
cumplimiento así a algo que decíamos en la Sexta Declaración
de la Selva Lacandona, que decíamos ahí “de cómo
íbamos a hacer esto”. Dice:
“En México, vamos a caminar por todo el país
por las ruinas que ha dejado la guerra neoliberal y por las resistencias
que atrincheradas en él florecen. Vamos a buscar y a encontrar
a alguien que quiera a estos suelos y a estos cielos siquiera tanto
como nosotros. Vamos a buscar desde La Realidad hasta Tijuana a quien
quiera organizarse, luchar, construir acaso la última esperanza
de que esta nación, que lleva andando al menos desde el tiempo
en que un águila se posó sobre un nopal para devorar
una serpiente, porque esa patria no muera”.
Y el día de hoy, y precisamente aquí en una comunidad
indígena, empieza… —perdón— termina
lo que empezó en una comunidad indígena también
ligada a la lucha de las comunidades creyentes que están luchando
y organizándose abajo. Y precisamente en la zona —casi
como Chiapas— más pobre de este país.
Aunque hay lugares poblados, determinados puntos donde hay mucha
pobreza. En toda la Huasteca —lo hemos visto— es una zona
muy pobre y es una zona indígena. Y aquí en Xilitla
—como nos dijeron— es el 80 por ciento de la población
es indígena. Y nuestra lucha nace de comunidades indígenas,
de las comunidades chiapanecas.
Y precisamente frente a ustedes, indígenas, quiero agradecerle
a estos compañeros que vienen de varios estados de la República
y de varios países del mundo, que les decimos los medios alternativos.
Son los que han andado, algunos de ellos ya recorrieron de por sí
todos los lugares, a algunos les faltó unas partes o luego
se incorporaron. Pero su trabajo ha sido escuchar —junto con
nosotros— la palabra, y hacer que otros la escuchen también.
Y no sólo que la escuchen, sino que la vean.
A veces han maldormido, a veces han malcomido, muchas veces se han
peleado entre ellos, porque se llevan mucho tiempo pues en el mismo
autobús o en el mismo lugar. Pero son buenos compañeros
y compañeras. Ellos podían, y ellas, podían estar
en otro lado ahorita. Podían estar en un hotel, o en las vacaciones
en la playa, o en otro país, o estudiando en su escuela, o
trabajando en donde trabajan de por sí.
Y ellos eligieron, escogieron, escucharlos a ustedes y como a ustedes
a millones de mexicanos en todo el país ¿no? Y yo quería
agradecerles pues, a nombre de los que fuimos escuchados en estos…
en los 32, en los 34 estados de la República que recorrimos,
pues que nos hayan escuchado y que hayan llevado, y que sigan llevando
nuestra voz y nuestras imágenes pues, para que otros como nosotros
nos conozcan en todo el país.
También ha habido compañeros y compañeras que
han estado en el equipo de apoyo de la Comisión Sexta. Son
los que se turnan para ayudarnos en la manejada, para ordenar los
papeles que se reciben, todo eso. Y se fueron turnando en varios lados,
y ellos especialmente, pues ahora sí que si los otros malcomían,
estos no comían; si los otros maldormían, estos no dormían.
Y son cosas que no se ven, pero que yo les reconozco a los compañeros,
ellos saben. A veces estuvieron un buen tanto, a veces poco tiempo.
Les agradezco esto.
Y a tres organizaciones políticas, que desde hace más
de un año dijeron que le entraban con todo a la Otra Campaña.
Es gente que tiene trabajo en varios estados de la República,
y que el día de hoy están con nosotros y junto con nosotros
terminan el recorrido, este primer recorrido por la República
mexicana.
Es el Partido de los Comunistas, el Frente Popular Francisco Villa
Independiente UNOPI y la Unidad Obrera y Socialista, Unios. Esos compañeros
también nuestras gracias. Y también a los compañeros
del Congreso Nacional Indígena, que aunque no estuvieron en
todo el recorrido pues han estado en varias partes. Sobre todo cuando
hemos hablado con compañeros de pueblos indios.
Recorrimos todo el país y hablamos con todos los pueblos indígenas,
que algunos ni siquiera sus gobernantes sabían que existían,
y algunos ni siquiera nosotros sabíamos que existían.
Es hasta que los vimos, nos hablamos y nos contaron su historia, supimos
que se estaban ahí todavía resistiendo. A veces muy
pocos, a veces muchos, pero siempre conservando el orgullo de su cultura,
de su raíz indígena. Y siempre conservando esta rebeldía,
que es la que nos hace no dejarnos pues, no bajar la cabeza, no rendirnos.
Yo quería agradecerles a ustedes las palabras y quería
decirles en una reunión privada otras cosas. Yo quisiera que
pasaran… Creo que ya llegaron los muchachos de la… son
los bailadores ¿sí? Entonces que sea el acto éste
donde van a hablar… a bailar, perdón, los compañeros
jóvenes. Y luego que se retiraran los de medios alternativos
para hablar yo en privado con ustedes.
Pero yo quiero que termine esta primera parte con la voz del compañero
que habló de El Sabino, que es la zona más marginal
de la zona más marginada de la Huasteca. Que no quiso leer
su texto, pero yo encontré dos frases que definen mucho lo
que queremos en la Otra Campaña.
—Entonces, te pido permiso para leerlo compa.
“El Sabino somos un ejido muy retirado del municipio de Xilitla.
Fue fundado, según la historia, en 1920. Al 1929-1930, cuando
éste se recibió la carpeta básica del ejido,
eran en este tiempo 100 por ciento indígenas. Y ahora salió
un 15 por ciento indígena. —¿Es así?—.
“Lo más triste es que los que estaban del lado del poder
tomaron más tierras que los demás ejidatarios y empezó
el desorden. Una parte es del ejido, según pertenece a propietario:
el señor Adauto —¿Mar?— Adauto Mar. Otra
parte la tomaron los ejidatarios como terreno comunal, que según
compraron. Pero en el plano del ejido dice: terrenos vecinales del
ejido. Pero no es el legítimo plano, es otro que ellos mismos
solicitaron.
“Estamos re mal en este ejido en cuestión agraria, y
ahora del gobierno éste desde Salinas, que fue el que empezó
con el programa Procede, estamos peor los indígenas. Porque
cada día que pasa vemos que los gobiernos y los poderosos quieren
acabarnos y quitarnos las parcelas con sus sucias leyes.
“Que los diputados federales y senadores aprovechan con las
nuevas leyes: le cerraron el paso, el derecho a los indígenas.
Y arreglaron las propiedades que estaban siendo afectadas, para formar
nuevos centros de población. Ya que es un derecho que tenemos,
aunque seamos los más últimos.
—Fíjense lo que dice— “Los gobiernos nunca
se han tomado la molestia de revisar cómo está nuestro
suelo mexicano: cómo están los ejidos y comunidades
y propietarios.
—Que es lo que hizo la Otra Campaña: revisar cómo
está el suelo mexicano—.
“No han pensado hasta cuándo pueden tener cada mexicano,
si es que piensan en sus palabras que dicen, solidaridad, y en la
verdadera democracia. No ha verificado si están bien, no han
pensado cómo sacar adelante los ejidos y comunidades. Solamente
en tiempo de elecciones se acuerdan de estos pueblos.
“Somos también una comunidad desprotegida, donde se
cometen crímenes, robos, asaltos en las casas y en los caminos
reales. Y el gobierno no hace caso de todo esto que pasa. Ya solicitamos
soldados y policías y no hemos sido escuchados. Todos los grupos
de policías actúan de acuerdo con el delincuente. Aunque
haya evidencias de los crímenes no tratan de descubrir al criminal.
“Estamos marginados en salud, no hay médicos. Los maestros
no trabajan bien. Tenemos un mal camino. El gobierno de Salinas lo
informó pavimentado con un puente en el río Tancuilín,
y no hay tal camino. No hacen caso a nuestras necesidades. Que porque
no somos indígenas.
“Queremos decirles que no hablamos el náhuatl. Pero
somos indígenas 100 por ciento. No hablamos nuestro idioma,
porque los mismos gobiernos prefieren enseñar inglés
en los planteles educativos y no nuestra lengua materna”.
Para los pueblos indios que estamos en la Otra Campaña esta
carta del compañero sintetiza muy bien lo que pensamos. Atacan
nuestra cultura y quieren meter una cultura extranjera. Y nunca los
gobiernos se toman la molestia de ir a vernos ahí donde estamos,
donde tenemos nuestras necesidades.
Entonces nosotros terminamos esta primera etapa con estas palabras
de este compañero indígena, aquí de la zona de
Xilitla. Y nuestra participación en la Otra Campaña
en esta primera etapa.
Ahora sí, pásenle compañeros, compañeras.