Palabras
del Delegado Zero en Tampico y en el municipio de Altamira
25 de noviembre
Altamira, Tamaulipas
Reunión con jóvenes y colonos
25 de noviembre del 2006
Bueno, buenos días, compañeros, compañeras.
Quiero leer antes de empezar a hablar, la carta que mandó un
compañero que es vendedor de periódico, voceador pues.
Donde dice: “Primero yo veo al país que cada día
hay más pobreza, porque todo cuesta caro. Y eso se repercute
hasta en los niños que van a la escuela, porque muchos no tenemos
para los útiles. Porque piden muchos cuadernos, y las cooperaciones
para los maestros. Nomás piden sin saber si hay dinero o no.
“Yo creo que por eso muchos no terminan de estudiar: por falta
de dinero. Más las personas que menos tienen. Yo, gracias a
dios, por poquito que gano, mis hijos van a la escuela. Pero es muy
difícil para ellos ir para allá.
“Le comunico esto para ver qué se puede hacer. No para
mí, sino para todo el país. Y el gobierno ayuda, pero
no sabe que los que están encargados de repartir, muchos de
por sí se quedan con las cosas. Si no asistes a la junta, les
ponen falta y le quitan el apoyo. Y el gobierno creo que eso lo ignora.
“Quisiera decirle más, pero por ahora, por el momento
es todo”. Eso nos entregó pues la compañera.
Bueno, mires, compañeros, compañeras, les vamos a explicar
qué estamos haciendo nosotros. Aquí los compañeros
del Frente Campesino y Popular Francisco Villa entregaron esta carpeta,
donde vienen una serie de denuncias de lo que están haciendo
los gobiernos en Tampico, Madero, Altamira —y ahora sí
que en todos lados ¿no?—.
Y nosotros venimos ahorita de Nuevo Laredo, Matamoros y Victoria.
Estamos recorriendo todo el país, hablando así con gente
como ustedes, pues más que nada para preguntarles ¿cómo
viven?, si están bien, si está mal, si hay justicia,
si hay libertad, si hay democracia. Y desde que salimos de allá
pues estaba esto de las elecciones para presidente de la República.
Y mucha gente está esperanzada de que si gana alguien que es
bueno pues nos va a resolver los problemas.
Y nosotros, que venimos de Chiapas, que somos del EZLN, indígenas
zapatistas, nosotros pensamos que no hay quién va a venir de
fuera a ayudarnos. Que no va a llegar nunca un buen gobernante que
piense en la gente. Sino que la misma gente se tiene que organizar.
Y empezamos a recorrer todo el país, y a hablar y a escuchar
con la gente. Por eso decimos que es Otra Campaña. Aquí
lo que importa es lo que la gente cuenta de sus problemas. No lo que
dice otro que viene de otro lado. Y entonces, lo que nosotros hacemos
es que escuchamos los problemas y los vamos contando, para que se
sepa.
Porque muchas veces, pues no sale en la televisión o en los
periódicos, o en el radio, pues mas que lo que dice Fox. Y
pues ya sabemos que Fox está diciendo puras mentiras. Porque
dice que todo mundo está contento, que todos tienen buena salud,
y que tienen trabajo y escuela, y ganan mucho dinero. Y que si se
van a Estados Unidos es porque van a conocer —dice él—,
van de turistas. Les gusta viajar mucho a los mexicanos y se van para
allá.
Y pues lo que hemos visto es que no es cierto. Que la gente se tiene
que ir al otro lado porque aquí no hay trabajo. Que los campesinos
tienen que buscar trabajo en el otro lado porque los despojaron de
sus tierras: los terratenientes, los hacendados, y los gobiernos por
medio del Procede.
Y vimos que en todas partes de la República, a las personas
de la tercera edad —a los ancianos y a las ancianas— no
los respetan. Los tratan como que es gente que ya sirvió, pero
ahorita ya no sirve. Como si fuera un producto que ya se caducó,
o una pila que ya no sirve y la quieren tirar a la basura. Y se olvidan
de todo el tiempo que estuvieron trabajando y luchando pues por salir
adelante.
Y a algunos les quieren dar una limosna con esto del INCEN, que nomás
lo usan para quitarles los datos y ponerlos en los votos. Lo vimos
ahora que pasó en la elección de julio. Todos sabemos
que hubo una trampa del gobierno: de Fox y del IFE —que anda
sacando sus anuncios: que la democracia, y que saca tu credencial
de elector y no sé qué—. Y a la hora de la hora
lo que hicieron fue usar todos esos nombres para meterle los votos
a Calderón y que ganara con trampa. De por sí.
Y lo sabemos porque muchas veces fue lo que hizo el PRI, durante
años y años, hacer fraude electoral. Y ahora es el PAN
el que lo está haciendo. Ése es el único cambio,
que nomás… antes era un color, ahora es otro el que está
haciendo esas trampas.
Y lo sabemos también que en esas elecciones llegan los candidatos
y prometen todo: que van a meter pavimento a las calles, que van a
ayudar a la gente necesitada con despensas, que va a bajar el precio
de la gasolina, el de la luz, que va a bajar el precio de lo que compramos,
que van a subir los salarios… Y se van. Y a la hora que llegan
ya al cargo, ya no se acuerdan de nada pues. Ni siquiera saben en
qué colonia estuvieron o cómo se llama la gente a la
que le prometieron. Porque nada más querían el voto
pues.
Y fuimos ahí a Nuevo Laredo y encontramos una colonia que
se llama Blanca Navidad: puras casas de cartón, no hay agua,
no hay drenaje, no hay luz. Y esa gente que está viviendo ahí
trabaja en la maquiladora. Y tiene que trabajar —dicen ellos—
de nueve a diez horas al día para sacar 50, 60 pesos diarios.
Dicen: pues no alcanza para nada, porque son familias de cinco o de
seis críos.
Y ¿cómo los van a mandar a la escuela? Y si los mandan
a la escuela, pues les piden cuota, cooperación —así
como platicó el compañero que vende periódicos.
Entonces, o comes o vas a la escuela. Y todavía eso, de que
están viviendo ahí con esas condiciones, todavía
el gobierno los persigue porque dice que son invasores. Que están
ahí en un terreno irregular, dicen.
Y lo que hacen, no es que tratan de arreglar el problema, sino que
tratan de sacarlos con miedo, y llegan y les queman las casas. En
la noche, con los niños adentro. Que si no se despiertan, pues
ahí mueren quemados. Y el gobierno va a decir pues que fue
un accidente. Pero todos saben que fue el presidente municipal y el
gobernador de Tamaulipas, es el que está haciendo eso.
Y nos platicaron también, y nos llevaron —porque lo
vimos— que están las grandes empresas norteamericanas
—no son mexicanas—. Son las empresas norteamericanas que
hacen los aparatos eléctricos y todo eso, que todo lo que está
podrido lo están llevando en un canal al Río Bravo.
Lo vimos. Se ve cómo está el veneno y hasta huele. Dicen:
con tantito que está uno ahí, le duele la cabeza y le
da… se le revuelve el estómago.
Y la gente de ahí de Nuevo Laredo está oliendo y tomando
esa agua. Y el gobierno de Tamaulipas nada más dando declaraciones
en la televisión y fotografiándose en las fiestas a
donde va. En lugar de hacer su trabajo.
Y nos platicaron cómo viven los trabajadores de las maquilas.
Dicen que no les dan tiempo para nada, ni siquiera para ir al baño.
Peor si son mujeres. Y los horarios se los van cambiando a cada rato.
Entonces, si tú estás acostumbrado a dormir de noche,
te ponen a trabajar de noche. Y cuando ya te estás hallando
a dormir de día, te cambian el horario para el día.
Entonces, el organismo de esos trabajadores pues se va cambiando,
se va revolviendo pues, y pues se empiezan a enfermar más.
¿Hay hospitales? Hay. ¿Cuestan? Mucho. Y la medicina,
ya ven que Fox dice que el seguro popular. ¡Bah! Todos sabemos
que es mentira: que hay una lista de enfermedades, y que si no estás
en la lista, pues ya perdiste. Y aún así, que agarres
la enfermedad que viene en la lista, entonces le dicen: no hay medicina.
Por eso da coraje ver que Fox está diciendo que ya toda la
gente pobre tiene medicina y sabemos que no es cierto.
Bueno, pues eso lo vimos ahí en Nuevo Laredo. Y nos fuimos
para Matamoros. Nos fuimos con unos pescadores, ahí en Playa
Bagdad, se llama. Entonces, ahí dicen que ellos están
trabajando todo el día para un patrón. Y no pueden…
Hagan de cuenta que están en las haciendas porfiristas: ahí
estaba la tienda de raya que le fiaban al campesino para tenerlo endeudado
siempre.
Entonces, todo lo que ganaba lo tenía que pagar y quedaba
a deber. Hasta hay una canción que se llama El Barzón
que eso dice: queda a deber, queda a deber, queda a deber. Pero estamos
en Tamaulipas, donde dice que hay libertad, democracia y justicia
—dice Eugenio Hernández, el gobernador—. Y esa
gente está viviendo como esclavo, exactamente como hace cien
años, cuando gobernaba aquí Porfirio Díaz.
Y pues ellos ya no ven la puerta. O sea, no hay para dónde
hacerse. Van a pedirle al gobierno un crédito para comprar
una lancha e independizarse, ni les abren la puerta. Ni siquiera les
abren la puerta, porque lo ven que es gente humilde. Pero cuando llega
el patrón —que llega bien vestido y en su carro—,
entra directo, ni siquiera tiene que pedir permiso. Como si fuera
su casa, a la oficina del gobierno, del gobierno del estado y del
gobierno municipal de Nuevo Laredo.
Y ahí estuvimos pues, viendo esos problemas. De los jóvenes,
por ejemplo —nos platicaron ahí en Matamoros—,
que los agarra la policía como si fueran delincuentes. Y lo
único que están haciendo es trabajo cultural: sus tocadas,
su arte pues de artesanía. Que se ponen a conseguir y a difundir,
y a pensar, y a decirle a la gente que hay que pensar, que analizar.
Y nomás porque los ven que se visten de negro, o porque se
peinan de otra forma, o lo que sea, luego, luego los levantan. Y si
no pagan una mordida pues —se dice—, se los llevan y tienen
que pasar ahí un tiempo en la cárcel ¿no?
Y los jóvenes nos dicen: ¿por qué? Pues nosotros
¿qué delito tenemos? No estamos robándole a nadie,
no estamos matando a nadie. Y ¿por qué nos están
tratando pues como delincuentes?
Bueno, nos fuimos a Victoria —ayer estuvimos en Victoria—,
y nos platica una maestra —porque tiene que ver con lo que han
denunciado aquí—, una maestra de primaria, del Sindicato
de Trabajadores de la Educación, que pide un crédito
para comprar una casa. Entonces, le quitan el dinero que tiene que
estar pagando. Ella misma dice: ¿cuántas veces va a
pagar la casa? Porque cada tanto le cobran y le cobran, y le cobran,
y los intereses…
Y pues se va a morir, y sus hijos se van a morir y la casa va a seguirse
pagando. Pues resulta que no puede entrar a la casa, porque la hicieron
de mal material. Porque lo que hizo el gobierno es agarró ese
dinero y le dijo:
—Bueno, pues has unas casas para los maestros. ¿Cuánto
vale?
—Mil pesos —supongan—.
Y dice:
—No, pues métele material malo y que valga 500, y yo
me quedo con el resto.
Pero dice:
—No pues es que se va a caer la casa.
—¡Qué importa! pues es gente pobre, no va a pasar.
—Se va a meter el agua.
—No importa.
—Se va a cuartear.
—No importa.
—El agua va a salir sucia.
—No importa, que sea lo más barato posible.
Porque el gobierno se queda con la otra parte. Y el gobierno sí
pone en su gasto que le costó mil pesos. Pero no es cierto:
se gastó 500 nada más. Y entonces dice la maestra:
—No es justo que yo esté pagando por una casa de mil
pesos, y vale 500. Y yo no puedo entrar a vivir ahí. Y yo toda
mi vida he trabajado —ya tiene edad la señora—
toda mi vida he trabajado para dejarle algo a mis hijos. Y ahora ¿qué
les voy a dejar? Un montón de basura.
Que además la tienen que seguir pagando, porque se endeudaron.
Bueno, ahí también nos platican de una colonia que hay
ahí en Ciudad Victoria que se llama Azteca, la colonia Azteca.
Llegan los colonos y nos dicen: no pues es que un día nos levantamos
y de pronto vimos que hay ingeniero. Y le fuimos a preguntar qué
está haciendo —no llegó el gobierno a avisarles,
ellos se dieron cuenta—. Y dice:
—No pues es que aquí —hagan de cuenta que esta
casa—, por aquí va a pasar el camellón de un boulevard.
Y dice:
—Y yo ¿dónde voy a vivir?
—No pues a ver cómo le haces porque aquí mero
van a pasar los carros y los trailers.
—Pero yo no sabía nada.
—Ah pues ve a preguntar con el gobierno a ver qué pasa.
Y entonces, ya van a preguntar con el gobierno. Los traen vuelta
y vuelta. Y tienen que dejar de trabajar para ir a hablar con el gobierno.
Y no los reciben. Y ya, rascándole por todos lados se enteran
de que sí, que quieren hacer un boulevard que atraviese mero
por su colonia, y a la gente no le están avisando. Hasta que
ya vean el trascabo enfrente de su casa que se la van a pasar a llevar.
Es una colonia que lleva doce años ahí. Y ahí
vive, esa gente lleva viviendo doce años ahí. Y entonces,
con muchos trabajos: pues que un block y otro block. Y se fueron haciendo
sus cuartitos. Hicieron marchas y mítines para meter luz y
drenaje, y teléfono, y agua potable. Y ya lo tienen. Y ya que
consiguieron eso, el gobierno les dice: no pues te tienes que ir porque
aquí va a pasar el boulevard. Para los carros, no para la gente.
Y entonces ellos dicen:
—Y nosotros ¿qué vamos a hacer?, ¿pa’
dónde nos vamos a hacer? Dicen que nos van a mandar para otro
lado.
Dice:
—Ya vete de ahí.
—Y yo ¿cómo le voy a hacer?
—Pues te voy a dar un bulto de cemento para que te vayas a hacer
block.
Y vuelvas a hacer lo mismo otra vez. Que te costó doce años
hacerlo, ahora te tienes que ir a otro lado y volver a empezar. Volver
a levantar tu casa. Volver a luchar por que le pongan drenaje, luz,
agua potable, teléfono. Todo lo que ya había conseguido
ahí, de pronto ya lo quieren hacer a un lado, para hacer un
boulevard nada más.
Para que el gobernador Eugenio Hernández se tome una foto
diciendo que está ayudando al pueblo de Tamaulipas. Pero no
dice que ese boulevard va a pasar encima de la dignidad de la gente.
Que ese es el problema: que ya no nos respetan.
Pasamos en Nuevo Padilla: unos pescadores que están ahí
en la presa. Y nos estaban platicando hace rato un compañero
joven, dice: es que nosotros queremos vender artesanía en Tampico
o en Madero, y nos levantan. Nos dicen que no, que es delito. Entonces,
ellos nos dicen: entonces, trabajar es un delito.
Sí, le digo, porque fuimos con los pescadores y no pueden
pescar, porque es un delito. Tienen que sacar un permiso. Entonces
están pidiendo permiso para poder pescar, y el gobierno no
les da el permiso. A ellos, que es gente igual como en esta colonia,
hagan de cuenta que estamos ahí ahorita. Pero al que sí
tiene dinero, sí le da el permiso.
Entonces, estamos viendo eso en todas partes y lo que está
pasando. Ahorita les cuento nada más de Tamaulipas, pero igual
lo vimos en Coahuila y en Nuevo León, y en Sonora, y en San
Luis Potosí, y en los 32 estados de la República, porque
éste es el último estado, que ya recorrimos todo. Todavía
vamos a pasar a la Huasteca, más para adentro en San Luis Potosí.
Pero ya lo vimos todo y no hay ningún cambio. No importa si
gobierna PRI, si gobierna PAN o si gobierna PRD, o PT, o Convergencia,
o Panal. El que sea que esté gobernando, es lo mismo. El gobierno
está para servir al que tiene dinero.
Cualquier campesino puede decir:
—Pues es que yo no puedo sembrar.
—¿Por qué no puedes sembrar?
—Porque no me dan crédito.
Y el gobierno dice que hay créditos. Pero para que te dé
el crédito, tienes que tener dinero. Entonces dicen los campesinos:
pues viera que tengo dinero, no pido prestado. Entonces ¿a
quién le dan los créditos? Pues al terrateniente que
ya tiene, entonces tiene más. Entonces, el gobierno cada vez
le está dando más a los que tienen mucho, y les está
quitando al que no tiene nada, más que su tierra.
Y entonces, en todas partes donde pasamos vemos pueblos así
enteros desiertos. De repente algún anciano, algún niño
por ahí. Y los hombres y las mujeres ¿dónde están?
En el otro lado, trabajando. Y ¿por qué se fueron? Pues
porque aquí no hay trabajo, o el trabajo está muy mal
pagado. O la tierra que había que trabajar, el producto no
tiene precio, no vale la pena venderlo pues. Mejor hay que irse a
buscar a otro lado.
Entonces, desde Chiapas, Quintana Roo, Yucatán, Campeche,
hasta Baja California Sur, Baja California, Sonora, todo el norte
de México, todos los estados están igual. Y entonces
nosotros le preguntamos a la gente: y ¿qué vamos a hacer?
Porque ya vimos que no hay democracia. Aquellos que creían
que todavía con el voto se iba a poder cambiar, ya se dieron
cuenta que no.
Porque se burlaron de ellos, de todos. Millones de mexicanos que
se burlaron que dice: no, aquí no me importa tu voto, va a
ganar el que yo quiero. Como hace cien años: así entró
Porfirio Díaz, con un fraude electoral, nomás que ahora
se llama Felipe Calderón.
Entonces, nosotros decimos: ¿qué vamos a hacer? Si
vamos a dejar eso. Porque no es que las tierras se están quedando
así solas a ver quién las agarra. No, las están
agarrando los gringos. De veras, no es mentira, no es un cuento que
estamos… Los vimos, vimos los letreros, donde quiera. Antes
no se podía hablar inglés, tienes que hablar español
aquí. Aquí ahora está prohibido el español,
tienes que hablar en inglés. Los anuncios, los nombres de las
cosas. Hasta tienes que pagar en dólares en muchas partes de
la frontera.
Entonces, ¿dónde quedó México? Y es igual
en Baja California que en Quintana Roo. No crean que los gringos se
detuvieron nomás en el norte, se quieren llevar todo. Y entonces,
nosotros decimos: a la hora que están destruyendo a la gente
trabajadora, pues están destruyendo a nuestro país.
Va junto, no es nada más que se vende el país y la gente
vive bien. No es cierto.
Cada vez que el gobierno dice que va a hacer algo en beneficio del
pueblo, sale al revés. Ahí está el Artículo
27, que lo reformó Salinas de Gortari. Dijo: es beneficio para
el campesino. El campo está peor que nunca, peor. Ahora hay
otra vez hacendados, grandes latifundios, como hace cien años
en la época de Porfirio Díaz. Y eso no había
después de la revolución.
Como que le dieron la vuelta pa’ tras a la revolución
mexicana y la pusieron otra vez. Como si Porfirio Díaz estuviera
gobernando. Nada más que ahora en lugar de una persona, pues
es un grupo de —perdónenme— de cabrones y cabronas
—porque también hay mujeres—, que nada más
se están enriqueciendo vendiendo a nuestro país.
El gobierno —lo hemos visto nosotros en cualquier lado—
es como un intermediario: le quita al pobre y se lo regala al rico.
Y nada más, cada vez que hay elecciones, para taparle el ojo
al macho —como se dice—, o sea para controlar a la gente,
pues nada más: bueno, pues vamos a repartir unas cuantas despensas,
algunas gorras, unas playeras, unos medio fondos, calzones —no
sé lo que se pueda—.
Y ya la gente, pues tiene necesidad, ni modo, ¿qué
va a hacer? Pues va y vota. Como quiera, no importa por quién
voten. Porque ellos van a hacer la cuenta como les convenga. Y hasta
dentro de tres años, otra vez, que venga el que quiera ser
presidente municipal. O seis años, el que quiera ser gobernador
o presidente de México. O diputado, o senador, o síndico,
lo que sea cada quien en cada lugar.
Y mientras tanto, el resto del tiempo, ni quien se acuerda de aquí.
Sólo se acuerdan cuando pasa una desgracia: que si viene un
ciclón y se empieza a caer todo: tantos muertos. Ahí
sí sale en la noticia. Pero los niños que se están
enfermando por el veneno de Tersa —de la empresa ésa
que nos dijo el compañero—, eso no va a salir en el periódico.
Hasta que se mueran un buen tanto. Si se mueren dos, tres, no vale.
Y ¿qué le decimos pues a la mamá, o al papá?
No pues tu hijo se murió, pero no es noticia, hasta que se
mue… Júntate varios que se mueran, y entonces sí
ya el gobierno va a hacer algo. ¿Por qué? Ahora resulta
que para que nos volteen a ver, nos tenemos que morir.
Que fue lo que tuvimos que hacer nosotros. Porque como indígenas
no nos miraban. Tuvimos que irnos a morir a la calle, peleando. Y
entonces, sí dijeron: ¡ah! sí es cierto, hay indígenas
en México. ¡Ah! sí es cierto, están bien
jodidos. ¡Ah! sí es cierto, no los respetan su cultura.
Hasta entonces.
Entonces, nosotros estamos diciendo: si es que nos vamos a tener
que morir todos para que nos tomen en cuenta, pues ¡de balde!
pues ya estás muerto. Ya para qué te tomaron en cuenta.
¿Quién va a leer la noticia de nuestra muerte? Nadie,
porque todos van a estar muertos. A la hora que México se muera,
el que va a estar leyendo la noticia va a ser el extranjero que se
quedó con todo.
Y entonces, nosotros decimos: ¿nos vamos a esperar hasta el
2012, a ver si ahora sí ponemos un buen candidato? No aguanta
el país. No aguanta ya. Ya la gente ya está harta, ya
está buscándole por dónde le va a hacer. Porque
aquellos que todavía pensaban: no pues yo, si aquí no
la hago, me voy a ir para el otro lado. Ya no se va a poder, ya están
cerrando los gringos: están haciendo su muro ése. Y
si no te ahoga el río, te agarra la migra, o te matan los rancheros.
O te hacen como quieren cuando estás trabando allá.
Porque también tenemos compañeros del otro lado y nos
contaron:
—Aquí si te pasa una desgracia, que te están asaltando,
o te están matando, no puedes decir ayúdenme a la policía.
Porque la policía te va a preguntar:
—A ver, ¿tienes papeles?
—No.
—Pa’ fuera.
—Pero es que me están matando.
—No, eres ilegal, no tienes derechos. Vas pa’ fuera.
Entonces, se va uno a morir a una tierra extranjera pues. Lejos de
su familia y todo. Y luego pues les pagan una miseria. Nos platicaron
pues que los tienen trabajando dos, tres meses en la pizca, y cuando
ya va a llegar el día de la paga, le avisan a la migra. Y llega
la policía migratoria y se levanta a todos, y de regreso. Y
el patrón no le pagó a nadie, contento. Nomás
le dio a la policía un tanto.
Y por eso sale en las noticias de que agarran a muchos indocumentados.
Son los mismos patrones los que los denuncian. No es cierto que los
agarran así descuidados. No es que uno va caminando en la calle
y lo agarra la migra. No, cuando está trabajando y cuando va
a cobrar. Cuando exige sus derechos, cuando pide justicia, cuando
pide libertad, es cuando lo denuncian y lo echan para atrás.
Entonces, esos extranjeros se están metiendo aquí.
Nos están haciendo daño aquí, y también
si cruzamos al otro lado, nos están haciendo daño.
Y entonces ¿qué vamos a hacer compañeros? Porque
aquí están todos estos problemas y aquí dice
que el gobierno no hizo caso. Aquí dice que la ayuda que llega…
Y nos platicó también el compañero de la tercera
edad que te piden dinero para entrar, porque te van a dar dinero,
y no te dan dinero: nomás les quitaron los 130 pesos. Y en
otros lados nos dicen que les van a dar y ya mero llega, y ya mero
llega, y se ve que el que lo quiere repartir ya se compró un
carro, ya tiene una casa. Pues que se está quedando con todo
el dinero.
¿Y que el gobierno no sabe? Sí sabe. Claro que sabe
pues, si es así como reparte. Hagan de cuenta que es como un
ladrón que tiene una banda, pues le tiene que dar a cada tanto
pues. Pero a los que son las víctimas, pues es el pueblo de
México, todos.
Las escuelas, nos están platicando pues. Que la escuela es
pública y gratuita —se dice—, cualquiera puede
entrar sin pagar. Pero está la cuota, está el uniforme.
Está que una cooperación, y ahora los cuadernos, y ahora
los libros. Entonces resulta que uno sí está pagado
la escuela, que dice el gobierno que es gratis.
Que la salud, que hay para todos. Ya les platiqué eso de que
te tienes que enfermar de lo que dice la lista. Si te enfermas de
otra cosa, que dios te bendiga ¿no? Como si uno puede escoger
qué enfermedad tiene. No puede escoger: la que le toca, ésa
es la que le toca. Pero vas al Seguro Social pa’ ver si te van
a dar cita. Y si ya entraste, ni te voltean a ver.
—¿Usted cómo se llama?
—Urrutia Tejada.
—Bueno, ¿qué tienes? ¿cuántos años
tienes? Pues estás… gripa, ahí tómate unas
pastillas.
Ni siquiera lo volteó a mirar el doctor. Ahí sentado,
nada que te revisan, ni nada. Y si le preguntamos al doctor ése
porqué hace así, pues dice: es que me tienen con mil
pacientes en una semana, no me pagan, me están quedando a deber,
no tengo derechos laborales. ¿Y yo qué culpa tengo?,
va a decir el paciente. Entonces, ¿de quién es la culpa?
Pues del gobierno.
Entonces, nosotros vemos que no importa qué gobierno es: no
está para servir al pueblo. Aunque dicen que para eso están,
cuando piden el voto. Si tú le preguntas al presidente municipal
de Altamira: ¿usted para qué está? “Yo
estoy para el pueblo de Altamira y yo estoy dispuesto a todo por él”.
Y le preguntamos al gobernador para qué está en Tamaulipas:
“yo, para servir a Tamaulipas”.
Pero hay dos Tamaulipas: el del que tiene, y el que no tiene. Entonces,
cuando el gobernador Eugenio Hernández dice: “yo estoy
a favor de Tamaulipas”, está a favor del Tamaulipas que
tiene dinero. Y ese dinero lo agarran del que no tiene, o sea, del
que trabaja.
Entonces, nosotros decimos: no pues, para qué tanta vuelta
y vuelta. Si vamos a ir a hablar con el gobierno, es para decirle
que se vaya. Lo que nosotros queremos —claro se los decimos
compañeros— es derrumbar al gobierno, tumbarlo. A todos:
al presidente municipal, al gobernador, de todas partes, al diputado,
al presidente de la República, a todos, que no quede ninguno.
Que el que no alcance a correr para Estados Unidos, meterlo a la cárcel,
porque todos tienen delito. Todos, no hay quien se salva.
El que no mató, robó. El que no robó, engañó.
El que no engañó, defraudó. Porque aquí,
en México, los delincuentes y los criminales son gobierno.
Y la gente que trabaja está en la cárcel. Ésa
es la ley. Así está la justicia. Si tú tienes
una necesidad o un problema, que te hicieron una maldad, y vas con
el juez: “oiga, el señor ése me hizo un perjuicio,
me machucó, me rompió tal cosa, justicia” ¿Cuánto?
¿No, a poco no pregunta así?
Y ahora resulta que si un coche de un rico atropella a una señora
pobre. Y va con el juez, la señora pobre le tiene que pagar
al rico porque le rayó el carro. Así es de ridículo
pues, lo vimos en varios lados ahí. Porque el juez se vende.
Y el que tiene el dinero pues es el rico, el pobre no tiene dinero
pues, está esperando eso.
Entonces, ¿para qué vamos a estar sosteniendo pues
esos gobiernos? Porque además les estamos pagando. Porque con
los impuestos, lo que se paga de la luz, del teléfono, del
gas, de todo eso, con eso están comiendo ellos. Pero no tienen
llenadero. No crean que si un político tiene un millón,
dice: “ya tengo un millón de pesos, me voy a estar tranquilo”.
No, quiere diez. Y si ya tiene diez ¿se contentó? Quiere
cien. Y si tiene cien, quiere mil.
Y así se hizo la fortuna el rico éste, el amigo de
Salinas de Gortari y de Fox, y de Calderón, y de López
Obrador, y de todos los políticos, que es Carlos Slim. Que
es el tercer hombre más rico del mundo. ¡Fíjate!
¿cuánto tendrá? Pues ése hasta caga dinero,
yo creo. ¿Y dice: “no pues ya me voy a quedar así”?
No, quiere llegar a ser el primer. Y ¿de dónde va a
sacar el dinero? Pues de los mexicanos y las mexicanas. Ahí
está, ya ven que dice: “todo México es territorio
Telcel”. Mentira, nosotros ya recorrimos todo México
y no es cierto. Lo único pues, hay que meterlo a la cárcel
por mentiroso, además de por ladrón.
Pero ahí andan todos pues con su telefonito, y que éste
está más bonito, y que éste tiene lucecitas.
Y está agarrando pues el dinero, y el dinero, y el dinero.
Y ¿cómo están sus trabajadores? Bien jodidos.
No tienen derecho a sindicato, no tienen Seguro Social, no reciben
sus derechos laborales, ni tienen buena paga. Están como cualquiera.
Porque de eso está viviendo.
Entonces, compañeros y compañeras, nosotros ahora sí
queremos decirles unas cosas. Primero, pues que no es sólo
EZLN que está en esto. Nosotros estamos en Chiapas, sólo
con pueblos indios. Y ahí nos quedamos. Pero aquí en
la Otra Campaña hay de todo el país. Hay otras organizaciones.
Cada quien hay quién organiza obreros, quién organiza
colonos, quién organiza estudiantes, pueblos indios, señores
de la tercera edad.
Cada quien está en su lucha, peleando pues fuerte. Pero está
solo. Y por eso nos pegan en un lado y nos pegan en otro, nos engañan,
o no sabemos qué está pasando. Si no venimos aquí,
pues no sabemos todo lo que sale aquí que han hecho en Altamira,
Tamaulipas, y Madero. Aquí está: tiene fotos, datos,
todo, no es mentira. No es que alguien nos va a decir: no pues es
que lo inventantes. No, aquí está: tal día, tal
hora, el señor tal hizo esto. Está demostrado.
Y hay otras cosas que no necesitan demostrarse: que si sube la gasolina,
sube el pasaje, lo sabemos. Y si sube la gasolina, va a subir la leche,
el pan, los refrescos, todo. Porque cuando vayamos a reclamar al…
¿por qué está más caro? Pues es que yo
tengo que pagar más de transporte, de la gasolina. Cuando sube
la gasolina, sube todo, eso está claro.
Y ¿por qué? si este país es productor de petróleo.
¿Por qué es tan cara la gasolina? Debía ser más
barata. ¿Por qué es más cara que en Estados Unidos?
Y nosotros le estamos vendiendo el petróleo y la gasolina a
Estados Unidos. Pues porque nuestros gobiernos están de rodillas
con los gobernantes gringos. Y con el extranjero. Cualquier extranjero.
Si quieres vivir bien en México, tienes que nacer en otro
país y tener dinero. Pero si eres de aquí, mexicano,
y trabajas y eres pobre, te tratan peor que si fueras un animal pues,
o un criminal.
Entonces, lo que hicimos nosotros fue ponernos de acuerdo en cada
lugar donde estamos pasando, donde se están organizando. ¿Nos
vamos a luchar juntos? Sí. ¿Cómo? Pues si nos
hacen algo a uno, ¿tú me apoyas? Sí, yo te apoyo.
Entre todos nos estamos diciendo eso. Pero luego dicen: pero bueno,
¿qué vamos a hacer con nuestro país? Porque yo
sé que mi problema como pueblo indio de Chiapas no se arregla
solo. No se puede arreglar sin Tamaulipas pues. Se necesita Tamaulipas.
Y entonces, si el de Tamaulipas me dice: no pues mi problema tampoco
solo, se necesita también Chiapas. Pues vamos a unirnos, decimos
nosotros. ¿Para qué? Pues para hacer una rebelión
nacional. Así, claro, les digo pues. No con armas, sino con
la lucha de la calle. O de la montaña, donde esté cada
quien. Y ¿qué es lo que vamos a proponer? Que se caiga
el gobierno.
Y les vamos a dar un plazo: tal día a tal hora, el que no
se va: a la cárcel. Y luego, ¿qué va a pasar,
quién va a gobernar y qué vamos a hacer? Compañeros:
no necesitamos esos gobiernos. Van a ver como empieza a marchar todo,
si la misma gente se empieza a poner de acuerdo.
Altamira va a caminar mejor sin el presidente municipal, se los aseguro.
Y Tamaulipas va a ser un territorio libre y soberano —porque
así debe decir— cuando no tenga el gobernador que tiene.
Cuando no se siente otro cabrón —o cabrona— ahí,
sino que el pueblo mande. Porque eso es la democracia.
Y entonces, toda esa riqueza que se están quedando los ricos
y todo eso, se reparte entre la gente, la que trabaja. Porque si no
¿de dónde sale ese dinero que tienen ellos, que se pagan?
Estábamos haciendo la cuenta de lo que gana el gobernador de
Tamaulipas, y está ganando como 6 mil al día, 6 mil
pesos al día de su sueldo. Más lo que se mocha el narco,
más lo que se moche la empresa, más lo que se moche
los que están contaminando, más que el que le da para
que le dé una ley a su favor, todo eso, pues fácil ganará
10, 15 mil pesos al día. Imagínense pues.
Un salario mínimo tarda —¿qué?—
pues un año ¿no? Casi un año para ganar lo que
él gana en un día. Y aparte no gasta, porque le dan
para la gasolina, le dan un chofer, le dan carro, le dan avión,
le dan helicóptero, le dan de comida. Si se enferma, tiene
seguro —pero no el seguro popular—, él se va a
Houston para que lo curen, pues lo sabemos.
Los que son estudiantes, jóvenes, que van a la universidad.
Que dicen: no pues yo voy a darle duro y voy a ser doctor, y voy a
trabajar y a poner un consultorio, o a trabajar en el Seguro y ahí
voy a ganar dinero para mi familia, para vivir bien. No es cierto.
Cuando salga a buscar el empleo, va a ver que si no tiene palancas,
no le dan el trabajo. Aunque sea un buen cirujano, no agarra el trabajo.
Lo agarra el compadre de Eugenio Hernández, aunque sea un tarugo
que no sabe ni hacer un café, ése va a ser el jefe del
hospital.
Porque no se reconoce pues el trabajo de la gente. Si es muchacha
peor. Si es muchacha, va a decir: ahí no me importa si estudiaste
mija, si no si estás buena o no estás buena. De plano
lo dicen así. Y que no pues está chaparrita y gordita,
y prietita: no. “No, pero es que yo sé hacer muchas cosas”.
No me importa, yo quiero otra cosa. “Pero es que aquí
dicen que solicitan trabajo”. No pero así decimos, pero
en realidad queremos otra cosa. Y a ¿quién se le pide
justicia? ¿Al gobierno? Pues si ése hace igual.
Entonces, lo que nosotros decimos es que ya no se puede hacer así.
No podemos estar pensando que al otro día va a ser igual, y
al otro día va a ser igual, y todos los días va a ser
igual. Y estos críos van a crecer y va a ser igual. Y sus hijos
van a ser igual. Y decimos: ¿por qué? Porque además
no va a ser cierto: no va a ser igual, va a ser peor siempre. Cada
vez peor.
Entonces, nos estamos poniendo de acuerdo entre todas estas organizaciones
a nivel nacional. Y nos estamos conociendo, por eso estamos pasando
en cada lugar. A ver dónde hay compañeros, donde hay
gente, necesidad. dónde hay gente que está dispuesta
a luchar, porque eso es lo que estamos preguntando. ¿Quién
está dispuesto a luchar? Y si alguien me dice: no pues yo ya
estoy muy viejito, yo ya no. Aquí cabe, porque no se trata
de ir a correr, se trata de exigir los derechos.
Y si dice: no pues yo estoy muy chiquillo. Cabe, porque es el país
que vas a tener que trabajar. No, es que soy mujer: cabe. Hombre,
joven, punk, dark, el que sea cada quien, como es cada quien, cabe
aquí. Y se trata que esta lucha responda su demanda de justicia,
no la de un político. Nosotros no estamos buscando que si vamos
a ser presidente, y que… No. Que cada quien, en cada lugar,
se organice, luche, junto con todos. Y empiece a haber justicia. Y
seamos libres, y seamos independientes. Porque ahorita no hay indepedencia.
Ésta, decimos nosotros, es la lucha por la segunda independencia.
La primera fue contra los españoles. Ésta, que es la
segunda, es contra todo el mundo que nos quiere acabar como país.
Entonces, lo que nosotros les pedimos compañeros y compañeras,
que lo piensen. Que se informen con los compañeros que están
de la Otra Campaña que fueron los que nos invitaron aquí,
aquí a Altamira, cómo está ese… —mucho
gusto, ándele, no se mande nomás porque luego…—.
Entonces, nosotros les pedimos compañeros, compañeras,
pues que piensen bien qué van a hacer. Porque eso de por sí
va a pasar. Y cuando se empiece a escuchar la bulla de que ya se está
levantando la gente en todo el país, ustedes van a pensar:
“a nosotros nos avisaron que iba a pasar, entonces tenemos que
decir qué vamos a hacer aquí en Altamira. Si vamos a
ver que pasan las cosas, o a ver qué nos dicen las noticias
—que primero no van a decir nada, hasta que ya pasa—.
Y entonces ustedes tienen que decir: bueno, ¿qué vamos
a hacer nosotros y para qué? ¿Qué es lo que hay
que hacer? Luchar aquí en Altamira, aquí en Monte Alto,
aquí en esta calle, aquí en esta casa, ahí es
donde hay q ue luchar. ¿Para qué? Para que aquí
—no en otro lado— haya justicia, haya libertad y haya
democracia.
Ustedes saben que si necesitan algo, tienen que ir y pedirle al presidente
municipal. Tiene que ser al revés. Si el presidente municipal
quiere algo, va a tener que venir permiso a ustedes. Y ustedes dar
órdenes. Porque es donde nosotros decimos: el gobierno tiene
que obedecer y el pueblo tiene que mandar.
Entonces, viera que es que es al revés, que ustedes dijeran:
a ver, nosotros los vecinos de las colonias aquí en Monte Alto,
presidente municipal preséntate aquí a tal hora. Y que
venga, y le digan: ay no podemos, date otra vuelta. Así como
nos hace a nosotros: date otra vuelta y otra vuelta. O párate
ahí en el sol. “Es que ya tengo que comer”. Espérate,
porque ahorita estoy en otro asunto. Y ya que lo traigamos vuelta
y vuelta, va a decir: vas a pavimentar esa calle. “No, pero
es que mi…” No, es la orden, y si no, te quitamos.
Entonces, tienes que ir con Obras Públicas y pavimentas esa
calle, y tapas esos agujeros. Porque es lo que tiene que hacer el
gobierno: obedecer a la gente. Eso es lo que queremos. No que alguien
otro va a llegar a mandarnos. Queremos que llegue a obedecernos. Ahí
ya cambió la cosa pues. Por eso no estamos con los partidos
políticos electorales. Hay otros partidos pues que están,
pero no están en lo electoral, están por otro tipo de
lucha.
Entonces, ahí piénsenlo compañeros. Si es que
les interesa, pues pregunten con los compañeros aquí
de Altamira que están en la Otra Campaña. Y vamos a
unirnos. Y ese día va a llegar y no va a tardar. Si alguien
piensa: no pues es que yo ya tengo edad, no me toca verlo. Lo va a
ver. Lo va a ver, se lo prometo. Porque ese Calderón no vamos
a dejar que acabe.
Ahorita lo que está haciendo Fox, ¿a poco no da coraje?
Porque ya se está burlando de uno. Está diciendo que
todo está bueno, que todos están contentos. Y uno está
viendo que no es cierto. Como que se burla de uno, ya da coraje. Antes
daba risa, porque decía puras tonterías. Pero ahorita
ya nos está dando coraje ¿no?
Y viera que llega ese día, lo primero que vamos a hacer es
meterlo a él a la cárcel. por mentiroso también,
y por todo el daño que nos hizo. Pues ésa es nuestra
palabra que les traemos, compañeros y compañeras. Gracias.
Tampico, Tamaulipas
Acto público en la Plaza Libertad
25 de noviembre del 2006
Buenas noches Tampico, capital del mundo y sucursal del cielo. Queremos
pedirles un momento en que abran sus corazones y sus oídos
para escuchar la palabra que traemos.
Este país está doliendo por todas partes. Si eres indígena
te duele porque se burlan de ti, de tu lengua, de tu color, de tu
forma de vestir, de tu cultura. Si eres pueblo indio en México,
duele serlo.
Duele también si eres persona de la tercera edad: anciano
o anciana, nuestros mayores —decimos nosotros—, nuestros
sabedores. Donde quiera que estés te tratan como si fueras
la envoltura de un producto que ya fue consumido. Se burlan de ti,
de tus enfermedades, se burlan de lo que ya serviste y ahora ya no
sirves, y sólo te ven como si fueras objeto de limosna o de
lástima.
Y duele si eres mujer: mujer joven, madura, adulta, o niña.
Para el resto de la sociedad sólo vas a ser un objeto, y como
un objeto vas a ser tratado y exhibido. Ningún respeto para
tu inteligencia, para tu capacidad, para lo que sabes. Todo el esfuerzo
para tratar de aparentar un modelo de belleza que ni siquiera pertenece
a estas tierras, viene de más al norte. Duele ser mujer, aquí
en México.
Y duele también si eres trabajador del campo, campesino. Si
antes podías poseer la tierra en un ejido, en una tierra comunal.
Llegó el gobierno —el mismo conquistador de hace 500
años, pero ahora vestido de licenciado de la Reforma Agraria,
o de la Secretaría de Agricultura— a decirte que ahora
es pequeño propietario, que te entres al Procede y al Procecom.
Y entonces firmas.
Y ahora eres un pequeño ranchero que se muere de hambre porque
no tiene créditos ni apoyo para sembrar. Y cuando vas a solicitar
al gobierno que te apoye un poco, te dice que tienes que tener dinero
para que te puedan prestar. Y uno piensa en su corazón que
si tuviera dinero no anduviera prestando, no anduviera pidiéndole
al gobierno nada.
Y si eres también ejidatario en cualquier otra parte, de pronto
te vas a encontrar una mañana con que el gobierno compró,
o el patrón, el nuevo hacendado, el gran finquero, el gran
latifundista que está regresando otra vez como hace cien años.
Y ya compró al comisariado ejidal y resulta que la tierra que
trabajaste tú, y tus padres, y tus abuelos, y tus bisabuelos,
y generaciones enteras desde que Emiliano Zapata y Francisco Villa
conquistaron la tierra para los campesinos, ahora ya no es tuya. Es
de otro que ni siquiera conoces, es de otro que ni siquiera ves, es
de otro que ni siquiera es de este país, es un extranjero.
Duele ser campesino en México.
Y duele ser trabajador de la ciudad, obrero de la maquila, obrera
de la maquila. Catorce, dieciséis horas diarias de trabajo;
45, 50 pesos al día. Sin descanso, sin seguro social, sin aguinaldo.
Sin nada de las prestaciones que durante muchos años fueron
para los trabajadores y las trabajadoras una ayuda. Si eres trabajador
o trabajadora de la maquila, al servicio del estado, de una empresa,
empleado, chofer, lo que sea cada quien, resulta que cada vez tiene
menos para poder sobrevivir él y su familia.
Y resulta también que duele ser un trabajador que no sea empleado
de nadie: un trabajador que tenga un pequeño comercio, a veces
un pequeño local, a veces en la calle. Y resulta que el gobierno
ha criminalizado el trabajo. Resulta que nadie puede ponerse a vender
honestamente lo que él mismo produce, porque llega el gobierno
y le dice que no tiene permiso, que aquí en estas tierras de
México sólo tiene permiso el que es de otro país,
el que tiene una gran tienda, un gran centro comercial, un gran centro
turístico, un gran hotel.
Y resulta que estás trabajando y trabajando, y viene el funcionario
por los impuestos, por la mordida, por el permiso, que resulta que
es más caro que lo que pueda ganar uno, no en un día,
sino en una semana. Duele ser, también, comerciante ambulante
o pequeño comerciante.
Duele ser cada cosa que somos en este país. No importa en
qué estado estemos, en qué rincón, en qué
provincia. No importa, porque es igual para ellos allá arriba:
los mismos centros comerciales, los mismos hoteles, las mismas ventas
de las mismas marcas que se pueden encontrar en cualquier ciudad norteamericana.
Y cuando uno entra a esta ciudad no sabe si está entrando
a Tampico, o a Villa Hermosa, o a Tuxtla Gutiérrez, o a Acapulco,
o a la ciudad de México. Porque es la misma imagen calcada
y repetida una y otra vez. Una imagen que no nos pertenece ni como
tamaulipecos, ni como tampiqueños, ni como maderenses, ni como
de Altamira, ni como mexicanos en cualquier rincón que estemos.
Esos dolores que nos están infringiendo como campesinos, como
trabajadores de la ciudad, como mujeres, como ancianos, como ancianas,
y ahora también como jóvenes. Porque ahora resulta que
la juventud, la edad que tenga uno es un delito para éstos
que han dicho que son gobierno, y que dicen que están para
servir a la sociedad.
Y resulta que la forma de vestir, de hablar, de peinarse, es un delito
para esta gente de allá arriba. Y nos persiguen como jóvenes
nada más por la apariencia. Como si los criminales anduvieran
en la calle y no estuvieran en el palacio de gobierno de Ciudad Victoria,
Tamaulipas.
Nosotros estamos sintiendo este dolor allá en las montañas
del sureste mexicano. Y hemos recorrido ya los 32 estados de la República,
y en todas partes hemos sentido ese mismo dolor. Y además hemos
sentido la misma rabia que siente cualquiera de ustedes al ver los
espots publicitarios del señor Fox y sus discursos: diciendo
que el pueblo de México está feliz con él, que
durante seis años trabajó para el pueblo de México,
que cualquier gente pobre tiene seguro popular, tiene vivienda digna,
tiene buen trabajo y salario.
Como si fuera mentira que durante su sexenio, como nunca antes, millones
de mexicanos y mexicanas tuvieron que emigrar a otro país,
como si hubiera una guerra aquí. Porque no hay trabajo digno,
porque no hay nada que llevarse a la boca, porque no hay un techo
bajo el cual meterse y uno pueda decir: esto es una casa y no una
vergüenza.
Y si antes escuchábamos esto y pensábamos: tal vez,
sí, tal vez en algún lugar sí está ocurriendo
eso. A lo mejor el gobierno sólo se olvidó nuestra ciudad,
nuestro barrio, nuestra casa, nuestra calle, nuestro trabajo, nuestro
ejido, nuestro pueblo indígena. Y resulta que no, que recorrimos
todo el país y todo está igual abajo.
Mentira que el norte vive bien, mientas el sur padece. Mentira que
en el norte de México hay otro país diferente al que
hay en el centro y en el sur de este país que se sigue llamando
México. Es igual: duele lo mismo ser mexicano en las montañas
del sureste mexicano, en la península de Yucatán, que
en la península de Baja California, en Sonora, en Chihuahua
y en Tamaulipas.
Y perdónenme que diga esto: pero en estos días que
recorrimos Tamaulipas, nos hemos dado cuenta que el señor Eugenio
Hernández no es más que un sinvergüenza. Porque
se la ha pasado simulando, en estos casi dos años, que está
gobernando este estado, y en ningún lugar, en ningún
rincón hemos visto nada de lo que él dice que ha hecho.
Hemos ido a Nuevo Laredo y hemos visto colonias hechas de casas de
cartón, como en la canción, como sólo se veían
hace cien años en este país. Y resulta que el gobernador
de este estado donde está Nuevo Laredo está diciendo
que la frontera es un manso de esperanza. Es un remanso de paz donde
de vez en cuando algunos narcotraficantes se dan de tiros. Pero fuera
de eso no pasa nada, todo está bien.
Y hemos visto, también en Nuevo Laredo, cómo las maquiladoras
están envenenado el Río Bravo y el aire que respiran
los tamaulipecos de ese lugar. Igual Reynosa, igual Matamoros. Los
pescadores de Playa Bagdad explotados como en tiempos de la conquista.
Ni siquiera en la colonia habíamos visto esas condiciones de
vida.
En Nuevo Padilla, pescadores que quieren derecho a poder trabajar
y no dedicarse a la delincuencia son tratados como si fueran criminales
y narcotraficantes, y perseguidos por la marina, por la armada de
México. Que en lugar de estar vigilando este país en
contra del extranjero, está persiguiendo a sus mismos habitantes
por un delito que antes no existía: que es trabajar.
Y fuimos también a Ciudad Victoria, que es donde se supone
que vive este señor, o aparenta que vive cuando no está
de viaje paseando. Y resulta también que ahí: fraudes
contra los maestros en las casas, fraudes contra las colonias populares,
engaños a la gente sobre el destino del dinero.
Construir una ciudad, destruirla otra vez y volverla a construir
para beneficio únicamente de los grandes centros recreativos
hoteleros y de los grandes centros comerciales. Sin que importe los
trabajadores, sin que importe la gente que está ahí.
Y fuimos a Altamira e igual. Y ahora Tampico y Madero: igual. Y dónde
está el gobernador de Tamaulipas que no sea frente a una cámara
de televisión, pagando para que alguien le crea. Y nadie, ni
el que está detrás de la cámara, le cree lo que
está diciendo.
En Nuevo Laredo nos dijeron una verdad que ahora entendemos: aquí
en Tamaulipas todos los gobernantes son Ulises Ruiz. Todos son criminales,
todos son asesinos, y todos son ladrones. Todos, ninguno se salva.
Aquí los centros de prostitución no están en
la zona roja, están en el congreso del estado, en el palacio
de gobierno y en la presidencia municipal de Tampico, de Madero y
de Altamira.
Y nosotros vimos y escuchamos esto, lo mismo aquí en Tamaulipas
que en el otro rincón de nuestro país en Baja California,
y en el otro rincón de nuestro país que es Quintana
Roo, y en nuestro propio rincón que hemos tratado de construir
un lugar digno: que son las montañas del sureste mexicano.
El último rincón que este país tiene, casi en
la frontera con Guatemala.
Y nosotros hemos llegado hasta acá, porque traigo un mensaje
de las comunidades indígenas zapatistas de raíz maya:
del sureste de México al sureste de Tamaulipas. Y nosotros
sabemos que aquí en estas tierras, en Tampico, en Madero y
en Altamira se juntan tres elementos de los que pocos pueden enorgullecerse:
La rebeldía del norte. La que hizo nacer hace cien años
la revolución mexicana.
La resistencia de los costeños frente a la invasión
extranjera. Que en todo el golfo se reproduce en cada lado.
Y la puerta de la huasteca y su sabiduría indígena.
Que es la que nos ha ayudado a seguir el camino.
Estas tres cosas que tiene este rincón de Tamaulipas: la rebeldía,
la resistencia y la sabiduría es la misma que alimentó
los pulmones del general Sandino que estuvo trabajando aquí
en Tampico cuando los campos petroleros pertenecían al extranjero.
Y de lo que aprendió aquí en Tampico fue a Nicaragua
a derrotar al invasor yanqui.
Y a lo mejor esa historia no nos la enseñan, porque resulta
que respirar el aire de Tampico da malas ideas. Da ideas de rebelión,
de alzarse, de levantarse, de exigir la libertad y la democracia y
la justicia que nos están convirtiendo allá arriba en
un teatro de mal gusto.
Y nosotros venimos a esta tierra a decirles, a pedirles que unan
la playa de Miramar con una laguna que tiene el mismo nombre: la laguna
de Miramar en la Selva Lacandona. Que unan su lucha a la lucha nuestra,
no con las armas, no para taparse la cara, no para ser objeto de la
atención mediática, sino para cambiar de una vez por
todas este país que da vergüenza cada vez que miramos
hacia arriba.
Y cada vez que vemos a los gobernantes en la televisión, en
las fotos de las páginas de sociales, o en las páginas
de la nota roja —porque se turnan entre una y otra—, cada
vez que vemos eso nos da vergüenza y pensamos que nos equivocamos
de país. Que no vale la pena ser mexicano o mexicana, porque
sólo representa dolor y lástima uno mismo.
Pero si hacemos —y los invitamos a eso—, hacemos otra
cosa. Si empezamos a mirarnos entre nosotros como ancianos, como ancianas,
como mujeres, como trabajadores, como trabajadoras, como jóvenes,
como maestros, como estudiantes, como empleados, como pequeños
comerciantes, como choferes, como niños y niñas, como
lo que es cada quién, vamos a encontrar que el mismo aire que
se respiró en estas tierras hace tantos años y que ha
dado tantos hombres y mujeres dignos y rebeldes para la historia de
esta patria, tiene que volver a andar.
Porque lo que hemos descubierto en los 32 estados es que hay un viento
que está ahorita todavía como un rumor abajo. El rumor
y el viento que advierte que ya van a ser cien años de que
este país se sacudió en la revolución de 1910.
Que van a ser doscientos años que se sacudió del dominio
español. Y que ya va siendo hora que nos sacudamos del dominio
del imperio de las barras y las turbias estrellas, que está
a unas cuantas horas de aquí.
Lo que hemos descubierto en Tamaulipas es que no es cierto. No está
tan cerca Estados Unidos. Aquí de Tampico lo que queda más
cerca son las montañas del sureste mexicano. Lo que queda más
cerca de ustedes no son los gabachos del otro lado, sino los indígenas
a los que yo represento, y los trabajadores que hay en todo el país
y las trabajadoras que están luchando por lo mismo que debemos
luchar todos.
Nosotros queremos avisarles que la historia cansada de andar se repite,
y que que está en nosotros que no sea la misma historia de
derrota de hace cien años y de hace doscientos años.
Nos vamos a levantar otra vez, no con las armas, sino con un movimiento
civil y pacífico. En todas partes al mismo tiempo. Y la historia
en México, en Tamaulipas, en Tampico va a volver a caminar
los pasos del de abajo.
No más los pasos de los gobernantes, de los grandes propietarios.
Ahora el paso del campesino, del obrero, del joven, de la jóvena,
del anciano, del niño, del que está abajo. Y entonces
esa es la historia que va a valer la pena aprender y escuchar y enseñarle
a otros. Porque va a ser una historia que vamos a escribir nosotros.
No que vamos a escuchar o a leer en los libros ajenos, sino el que
cada uno va a escribir en su corazón, en su casa, en su calle,
en su montaña, en su lancha si es pescador.
Esto va a pasar y el pueblo de Tampico va a tener que contestar,
como cada tanto tiene que contestar de qué lado está:
si está del lado de los espectadores o está del lado
de los actores. Si está del lado de los de abajo o está
del lado de los de arriba. Llegó la hora y sólo he venido
a eso a Tampico, a avisarles.
Llegó la hora como hace cien años y como hace doscientos
años. Tenemos que levantarnos de nuevo, acabar con todos los
gobernantes, todos: desde el más pequeño hasta el más
grande. Meterlos a la cárcel o sacarlos del país: exportarlos,
como luego se dice.
Sacar también a los grandes propietarios y tomar en nuestras
manos el campo. La tierra para quien la trabaja, la tienda para el
empleado, la fábrica para el obrero, el vehículo para
el chofer. Todo lo que hacemos cada quien como generación de
riqueza, que sea propiedad de los trabajadores. Y que el gobierno
nos obedezca, nunca más nos mande él, ni nadie, mucho
menos un extranjero, que eso es lo que quieren hacer.
Queremos invitar al sureste de Tamaulipas que se una de una vez en
la Otra Campaña con el sureste de México. Como se ha
unido otras veces en la historia de este país, y no sólo
con nosotros sino con toda la República. Y digamos ahora sí
todos juntos, en nuestra lengua de cada quien, en nuestra estatura,
con nuestro tono de voz: ¡Ya basta! Y que lo escuche el que
está arriba. Y no importa que no salga en la televisión,
ni en el periódico. Porque la víspera, un día
antes de una gran rebelión parece que no pasa nada. Y ahora,
el día de hoy, estamos en el día anterior, en la víspera.
En todas partes donde hemos pasado en el norte de México,
hemos encontrado gente como ustedes. Gente a la que es un orgullo
para nosotros los zapatistas llamarles compañeros y compañeras.
Compañeros y compañeras, llegó la hora y hay
que decidir. Que cada quien decida y tome por fin en sus propias manos
su destino. Esto que nosotros llamamos patria nos está pidiendo
a nosotros, a los de abajo, no importa en qué lugar estemos,
que hagamos algo por ella. Si no muere y muere para siempre.
Gracias compañeros, compañeras.
Tampico, Tamaulipas
Reunión de adherentes en La Guarda
25 de noviembre del 2006
Buenas tardes compañeros, compañeras. Queremos agradecerles,
primero que nada, a los compas aquí de La Guarda que están
haciendo el paro para que podamos reunirnos. Y en general a la Otra
aquí en Tamaulipas y aquí en el sur de Tamaulipas, para
que podamos llegar nosotros y los compañeros de la karavana.
Queríamos platicar algunas cosas que tienen que ver, en general,
con la Otra Campaña y lo que nos proponemos —tal vez
ahí alcanzo a responder algunas de las preguntas que hicieron
las compañeras y el compañero—.
Es que si tratáramos de meternos en la cabeza del que está
arriba, del poderoso, que pudiéramos ponerlo en un diván
psicoanalítico y preguntarle ¿cuáles son sus
miedos? Y nos empezara a contar a qué es a lo que le teme,
uno de sus temores es que no que puedan circular las mercancías
—ese es su deseo más grande—, que pueda circular
el capital, el dinero, las mercancías, y que gente lo pueda
comprar.
De hecho, ése es el Tratado de Libre Comercio. Que las mercancías
de allá puedan cruzar para acá y quiebren al comercio
nacional, y por supuesto, al campo y a la industria nacionales. Su
temor es que empiecen a circular libremente las ideas. Porque las
ideas llevan un detonante que germina y provoca cosas que no son previsibles,
ni con el software libre.
Y el problema de estos compañeros jóvenes, que están
y que nos están haciendo el paro aquí, es que detrás
de su vestimenta, detrás de su forma de vestir, de su forma
de peinarse, no hay una moda, sino que hay una idea. Y a la hora que
hacen trabajo cultural aquí en La Guarda, o donde se esté
moviendo cada quien. Y trabajo cultural en el sentido más amplio.
No sólo una obra de teatro, o una música, sino incluso
una artesanía, lleva una carga de una idea.
Y a la hora que esas ideas, que van desde el punto básico
del sistema. Que es gente que se niega a emplearse con alguien, sino
que se convierte en su propio patrón, su propio empleador.
Eso es la autogestión: resolver uno mismo sus problemas, con
los límites que eso plantea. Están las ideas de la libertad,
de otra democracia —diferente a la que nos tienen acostumbrados
los partidos políticos—, y de la justicia.
De una justicia que es un concepto que ya está completamente
cambiado y maleado. Ahora la justicia se refiere a lo que dice un
juez, o a lo que dice una ley. Pero la justicia originaria no tiene
que ver con eso. La justicia originaria tiene que ver con: a cada
quien según su trabajo, a cada quien según su necesidad.
Y si alguien la debe, la paga.
Y lo que ha pasado después, son otras cosas que hablaré
ahorita, pero me refiero al problema de estos jóvenes y jóvenas
—como decimos nosotros— que en su forma de ser y de vestir
están traficando con ideas ilegalmente, pero legítimamente.
Pero el gobierno, o la gente los paramilitares que se organizan para
perseguirlos, no pueden decir que en realidad están persiguiendo
las ideas de estos chavos y chavas. Sino tienen que decir que están
persiguiendo una supuesta tendencia. Éste es el absurdo del
sistema en el que estamos en México: que están persiguiendo
a gente que puede llegar a ser un criminal. Porque no hay ninguna
prueba de que sea un criminal.
Si está en la calle reunido, si está vendiendo su artesanía,
si está en una tocada, en una reunión cultural de teatro,
de cine, de artes plásticas, o lo que sea, potencialmente lo
ven como que a lo mejor puede distorsionar, o hacer disturbios, de
la paz social y de la tranquilidad. Se puede llegar a ser un delincuente,
lo es ya en potencia.
Y así como el señor Bush lanza una guerra preventiva
en Irak —que porque a lo mejor tenían bombas atómicas,
luego resultó que no, pero ya no importó, ya está
ahí—, igual, atacan a los jóvenes de manera preventiva.
Pero no porque vayan a impedir que sean delincuentes. Sino lo que
tratan de impedir es que esas ideas se empiecen a pasar por otro lado.
Porque ellos tienen una frescura que tal vez se ha olvidado en la
vieja izquierda, o en la izquierda tradicional y ortodoxa, que es
que hay que hablarle a la gente de lo que le duele. Y lo que le duele,
en este caso, es la falta de libertad. La falta de espacios.
Y a todos, no importa la edad y la generación, la falta de
respeto: como mujeres, como ancianos, como hombres, como trabajadores,
como ciudadanos, como niños… Es esta falta de respeto
que es la que se está generalizando junto con el intercambio
de mercancías.
Es ese temor, del que está allá arriba, que es el que
permite, no sólo que los ataque la policía, sino que
se empieza a generar una especie de cultura de segregación.
En el mejor de los casos, que la gente adulta —o madura, como
luego dicen— sea tolerante y diga: bueno, sí, son chavos,
al rato se les va a pasar y van a entrar al aro. Y se van a fajar
la camisa, y se van a peinar decentemente, o van a ir al peluquero.
O ya no van a usar la pintura para echársela en el cabello,
sino para pintar una pared.
Y en el peor de los casos, es callar ante las agresiones que reciben.
Y eso no es sólo aquí en Tampico, Madero y Altamira:
es en todo Tamaulipas, y en todo el país. Y no porque se nos
haya ocurrido a nosotros que venimos de las montañas, sino
porque banda de ellos, en todo el país, no los ha contado.
Además, están agregando una cosa. Están agregando:
ya no, ya no más, ya basta.
Y no quiere decir que digan: no, pues ya nos vamos a alzar en armas.
Quiere decir que estamos buscando la forma —ellos y nosotros—
de hacer cada quien en su lugar algo.
Si le seguimos en el diván psicoanalítico con ese rico,
poderoso, o con Azcárraga, el presidente municipal de Tampico.
Decimos: ¿a qué le temes? Él empieza a imaginarse,
ese poderoso, hagan de cuenta una piel de leopardo, pero de conflictos
sociales. Donde empiecen a aparecer en el supuesto manto homogéneo
del país —ese extraño país que Fox anuncia
en sus espots televisivos—, empiecen a aparecer manchas. Pero
no una o dos, sino que las manchas sean la constante. Y que esas manchas,
rojas —focos rojos les dicen en el gabinete de seguridad del
gobierno de México— empiecen a aparecer por todo el país.
Ese es un temor.
Y la lección que da el psicoanalista mayor que es el Departamento
de Estado norteamericano, es que hay que tratar esas manchas como
si fuera sólo una. A cada una hay que golpearla por separado.
Y hay que evitar que las otras manchas sean visibles. Por eso toda
la estrategia de medios de comunicación.
No se trata sólo de mentir sobre un movimiento, sino también
callar sobre él, es una forma de eliminar ese punto de conflicto,
o esa mancha en la piel del leopardo que es nuestro país. Que
nosotros pensamos que lo era, y nos decían que no era así.
Que en el norte la tela estaba lisita y de un sólo color, y
era azul además el color.
Le dicen a los gobernantes que lo que tienen que hacer es tratar
cada conflicto social —no importa de quién sea—
de ancianos, de jóvenes, de estudiantes, de maestros, de trabajadores,
de campesinos sin tierra, incluso de niños, como si fuera un
solo conflicto. Que no hubiera nada más. Cercarlo, rodearlo,
aislarlo y romperlo.
A veces, rompiéndolo con la represión, a veces con
la corrupción. Y a veces, simplemente dejando que se desgaste
en el vacío. Porque lo que no se ve y no se escucha, no existe
para el de arriba.
Ustedes saben bien que la gente de abajo sólo es visible para
el de arriba cuando hay una desgracia. Decíamos ahí
en Altamira, y lo dijimos en Nuevo Padilla también cuando pasamos
ahí, que se necesita que se muera un buen tanto de gente de
abajo, para que el gobierno diga: “¡Ah sí! voy
a solucionar tal problema”. Pero si se mueren pocos, pues no
hay solución.
Entonces, la estrategia de ellos es vernos así. Evitar el
tráfico de ideas. Porque detrás de ese tráfico
de ideas empiezan a surgir malas ideas, o malos ejemplos. Lo que decía
alguno de los chavos de la banda que decían: es que nos acusan
de lesionar las buenas conciencias en Tampico, Madero, Altamira y
la región —como dicen los locutores de radio locales—.
El temor que sigue, para arriba, es que esas manchas en la piel de
leopardo tengan una forma de comunicarse. Que se convierta en una
red que le permita a esas manchas que si tocas a una, vibren las demás.
Ésa es una pesadilla todavía peor para el de arriba.
Porque eso impide que pueda atacar un solo movimiento y que lo demás
está tranquilo.
A la hora que el gobierno toca a Atenco… Con esta estrategia
de que es un movimiento solo, lo demás está aislado
porque no aparece en los medios de comunicación, es la tormenta
electoral —como lo definió muy bien la compañera—,
todo mundo está volteando hacia arriba, nadie hacia abajo,
puedo golpear a Atenco sin que haya respuesta.
Y lo que ocurre es que Atenco le señala al de arriba, y también
a nosotros el de abajo, que de alguna forma se creó ya esa
red. Aunque no fuéramos concientes de haberla creado, o nos
lo hubiéramos propuesto hasta después. En efecto, tocaron
a Atenco, lo golpearon, pero vibró el resto de las manchas
negras o subversivas —como le quieran llamar allá arriba—
que hay en el país, que son los de la Otra Campaña.
Cuando nosotros empezamos a hacer la gira, sabíamos que íbamos
a encontrar estos puntos negros, o rojos pues para los de allá
arriba. Y que el riesgo es que en el momento en que se fueran a hacer
visibles, iban a ser también visibles para el de arriba. Y
eso iba a dejarlos de alguna forma desprotegidos.
Y que era necesario que conforme fuera avanzando este descubrimiento
de México. El redescubrimiento de nuestro país, que
en el caso del norte ha sido sorpresivo, no sólo para los medios
—que se han hecho patos—, sino también para nosotros
como Comisión Sexta, y me imagino también que para los
compañeros de la karavana que lo han visto y escuchado directamente.
Este redescubrimiento de México era: que fuera tejiendo al
mismo tiempo la red. Que no dejara que quedara desprotegida esa gente.
Y nosotros decíamos: ¿quién es el que va a hacer
eso? Los compañeros de la Otra Campaña.
¿Quién es el que va a hacer, a darle casita, hacerle
casita, o darle apoyo a los pescadores de Isla Mujeres? Que se aventaron
y nos dijeron sin miedo que su enemigo es el gobierno de Quintana
Roo, que los está criminalizando porque son pescadores. Y los
quiere sacar de ahí para hacer un complejo turístico.
Pues los compañeros de la Otra Campaña en Quintana Roo.
Es los que podían… son los que pueden y podían,
en este caso, mantener informado al resto de la red de lo que estaba
ocurriendo en Quintana Roo, para que la red respondiera.
Después de Atenco, golpearon en Yucatán a indígenas
mayas, Oxcúm se llama el lugar, que quieren meter un aeropuerto.
Ellos se resisten, los golpean, los meten a la cárcel. Pero
antes, solos, sin que nadie más se diera cuenta. Y después
de Atenco, si reacciona el resto de la red. Aunque sea haciendo denuncias.
Pero el hecho de saber, ya es un problema —por esto que les
explicaba— ya es un problema para el de arriba, porque empieza
a haber un tráfico de ideas.
Ya no es sólo la identidad que hay entre el indígena
cucapá que está en Baja California, por Mexicali, con
el indígena maya que está en la Península de
Yucatán, en el dolor y en el que es despreciado por ser indígena,
por su color, por su cultura, por su lengua. Sino también en
cómo es atacado y —ojo— cómo es respaldado
por un movimiento que no busca una raja política.
Porque el problema es éste, que cuando hay un levantamiento
o hay algo en algún lado, llega mucha gente, pero de esa mucha
gente, un buen tanto llega a sacar raja política. Me va a servir
para mi candidatura, me va a servir para mi promoción mediática…
Y llegan a ese lugar no para ayudar, sino para ver qué sacan.
Y en el caso de la Otra Campaña como no se está planteando
una elección popular, o una nueva… o un nuevo candidato
o lo que sea. Como no existe eso —¿cómo decirles?—
es algo más limpio y honesto, a lo que no está acostumbrada
la gente, vaya, ni dentro de la misma Campaña.
Que uno empieza a ver con desconfianza y con escepticismo cualquier
movimiento político que se acerca a la Otra Campaña,
porque está todo el antecedente de la clase política
en México. El que llega pues, si llega de un partido político,
pues luego, luego, te buscas la cartera a ver si todavía la
tienes —bueno, los que usan cartera, yo no uso—, o el
bolso, lo que traiga cada quien. Nada más que en sentido político.
Entonces, nosotros decimos: Atenco significó eso y nosotros
teníamos que dar la respuesta como Comisión Sexta y
como EZLN, de decir que sí, que algo ya había cambiado
en nuestro país. Y no podíamos seguirnos de largo y
dejar Atenco como lo deja cualquier organización política.
Es decir: bueno, los golpearon, probecitos, ¡presos políticos,
libertad! y vámonos a seguir para adelante.
Teníamos y tenemos todavía —y lo estamos haciendo—
que hacer un esfuerzo para que esos compañeros que están
en Santiaguito, que están en el penal de La Palma, y que están
en la cárcel de Texcoco, sepan que no están solos. Porque
ése es el mensaje de la Otra Campaña.
Nos presentemos e intercambiamos este mensaje de que no estamos solos.
No importa dónde estés, ni tu color, ni tu lengua. El
hecho es que estás con nosotros, y eres compañero y
compañera. Al rato en el mitin, viene con nosotros en la karavana,
un compañero del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra,
de Atenco. Él nos va a contar ahí más detalladamente
de lo que yo pueda decir porque él lo vivió, y además
él es de esa organización. Y de eso se trata la Otra
Campaña, no de suplir voces, o agarrar vocerías. Sino
que cada quien tome su palabra.
Seguimos con el diván psicoanalítico del señor
Azcárraga —éste el de aquí o el que está
allá en México—, y sigamos viendo pues cuáles
son sus miedos. El miedo que sigue es que esa reacción que
provoca a la hora que golpea a uno y que toca a uno, en lo que es
la red, no espere el ataque, sino que pase a la ofensiva.
Eso sí ya es la pesadilla peor. Porque es cuando las manchas
que están en la piel de leopardo deciden que se color, su color,
es el que debe tener toda la piel. Y no ser un lunar o algo extraño,
o algo anormal en esa piel. Como anciano, como homosexual, lesbiana,
transgénero, trabajador de la ciudad, petrolero, maestro, estudiante,
mujer, niño, indígena, como lo que cada quien es en
las diferencias que se están mostrando.
Y lo que está permitiendo la Otra Campaña es: está
abriendo un espacio que permite el tráfico de ideas. Y si no
nos acostumbramos a ese tráfico de ideas, vamos a reaccionar
como el que está arriba. Por eso es importante la etapa de
conocernos. Porque uno teme lo que no conoce.
Y si nosotros no conocemos lo que significa el movimiento de los
jóvenes: el punk, el dark, el anarquista, el libertario. Si
no conocemos las posiciones de los comunistas, de los socialistas,
de los trotskistas, de los anarquistas, de los que no son ni una cosa
ni otra, sino son lo que son: ecologistas, de los derechos humanos,
por la equidad de género, por los derechos de los niños,
todo eso. Si no los conocemos, entonces vamos a agarrar espontáneamente
lo que tenemos a la mano para juzgarlo.
Y lo que tenemos a la mano es, en el mejor de los casos, un vacío
cultural: una ignorancia de qué es cada cosa. O, en el peor
de los casos, una propuesta conservadora, de derecha, reaccionaria.
Que nos diga: los jóvenes son así, los niños
así, las viejas o las mujeres —todas las denotaciones
que de arriba nos dan a los de abajo—.
Entonces, en este tráfico de ideas, nosotros tenemos que aprender
a ver al México que estamos redescubriendo como parte de la
Otra Campaña y sabernos parte de él. Decía yo
en Ciudad Victoria que qué orgullo saber que habíamos
redescubierto el norte de la República. Y que ahora sabíamos
que era parte de México.
Porque de la Huasteca, la habíamos bordeado por el lado de
Veracruz, por el lado de Hidalgo. Sabemos que es parte nuestra. En
efecto, Tampico, Madero, Altamira, es… O sea, del Cerro Bernal
para abajo, todo es la Huasteca. Pero el resto del país, el
resto que nos unía con ellos dolores, pero también rebeldías…
Fuimos a Nuevo Laredo: la colonia más pobre que se puedan
imaginar, que se llama Blanca Navidad —paradójicamente—,
son casas de cartón que deben ser del tamaño ahí
donde nos tenían ahorita separados de ustedes —y además
con la luz ésa que nos estaba cegando, entonces no veía
quién estaba hablando—. Con familias de cinco, seis personas,
sin luz, sin agua, sin drenaje, nada.
Fuimos a hablar con ellos, y ahí a pocos pasos de la frontera
había una bandera nacional —vieran qué bonito
ondeaba, bien alta, limpia, nueva, cuidada—. Y se supone que
no, que lo que nos han dicho ustedes es que aquí todo es..,
la vocación es norteamericana, y que no se puede hacer nada
y todo. Y ahí en la frontera, a unos pasos, gente pobre que
no tiene nada, lo único que tenía era la esperanza en
que esa bandera pudiera ondear de otra forma.
No como la ondea Fox, ni Eugenio Hernández, ni Azcárraga.
Sino como sólo la saben ondear los que están abajo.
Lo que sigue en la Otra Campaña después de esta etapa,
porque está esta tentación: está la otra pesadilla
que tiene el de arriba en su diván psicoanalítico que
es que su calendario ya no valga. El problema es que para el de arriba
hay lugares y tiempos para hacer las cosas.
Por eso, esa retoma, o esta reconquista de los espacios urbanos,
para decir: a tal hora se puede hacer tal cosa y después de
tal hora ya no. Y en tal lugar puedes hacer tal cosa y en otros lugares
no. Es cada quien a su lugar para que haya orden y control de arriba,
no para que haya convivencia pacífica. No es cierto, eso es
lo que venden, pero en realidad lo que están buscando es el
control.
Entonces, éste es el lugar para reventarse de los chavos;
éste es el lugar para estudiar, a veces se confunde ¿no?
que luego hace más desmadre en la universidad que en el antro.
Éste es el espacio de la cultura de élite. Éste
es el espacio para la cultura de la raza, de la banda, de los apestosos,
ahí se van a La Guarda. Los demás se van aquí
al lado de la.. ¿está al lado de ése, ya no me
acuerdo, por donde estaba el INBA? Bueno, igual.
Y en estos lugares te puedes vestir, porque va completo el menú,
así te tienes que vestir, así tienes que hablar. Si
vas para otro lado, tienes que vestirte de otra forma. Y a lo mejor
uno de estos bandas que dice: no pues es que no sabe hablar y no sé
qué. Si le ponemos un esmoquin y lo plantamos en el Casino
Tampiqueño, pues a lo mejor hasta lo saludan: licenciado ¿cómo
está usted? Sin que sepa quién es. Y si a uno de allá
lo ponemos aquí con rastas y órale a ver éntrale,
pues a lo mejor ni lo dejan pasar aquí por lumpen ¿no?
Dicen: no, éste de plano ya va más pa’ abajo.
Entonces, en ese ordenamiento que nos están haciendo, surgen
estos focos de rebelión o de resistencia. Como éste
donde estamos ahorita. Y como —aunque no lo quieran ver ustedes,
a lo mejor a eso vine nada más desde las montañas del
sureste mexicano, como decimos nosotros—, como son cada uno
de ustedes. Dejando de lado a los que vienen a orejear. Tanto los
que son adherentes, como los que simpatizan, como los que vinieron
a asomarse a ver de qué se trata todo esto. Hay ahí
un foco de resistencia, y una idea que quiere ser traficada con el
resto, intercambiada.
Y en este libre tránsito, o en este tratado de libre movimiento
de las ideas que es la Otra Campaña, sólo se pide una
cosa a cambio, no es un voto, ni nada de eso. Sólo se pide
que pagues de la misma forma: con el oído. Así como
hubo oído para la palabra de ustedes, que ustedes concedan
el oído.
En el calendario de arriba, sólo hay lugares para eso, y uno
acaba de pasar. Y al rato que venga López Obrador y el movimiento
de la CND, o como se vaya a llamar, según el paso, les va a
poner el calendario del 2012. Dice: está bien, ya se burlaron
de nosotros en 2006, ahora vámonos para el 2012. Vamos a construir
la candidatura, vamos a construir el nuevo partido político.
Que no es nuevo: va a estar Muñoz Ledo, va a estar Arturo
Núñez, Manuel Camacho Solís, todo lo que haya
ido soltando los demás partidos. Y según como vaya creciendo,
los del PRI se van a pasar. Al rato Eugenio Hernández va decir:
yo soy perredista y lopezobradorista. Y al rato Martha Sahagún
va a ser candidata del PRD. Todo es posible, todo se puede ahí,
de veras.
Si rascan ahí —les da risa—, pero el candidato
que ahora es miembro del senado del PRD en Hidalgo, es el que está
acusado de haberlos asesinado en el periodo de Salinas de Gortari.
Guadarrama se llama. Y es senador de la República, por la candidatura
del PRD. Y todavía están en la PGR las denuncias del
PRD por asesinato de más de 500 de sus militantes, por ese
señor. Pues ¿por qué no va a ser otro de los
que ahora los persiguen, uno de sus candidatos? Si se trata de unir
todo lo que sea.
Entonces, la Otra Campaña lo que dice: no, ese calendario
no. Reclamamos nuestro derecho a otro calendario. ¿Cuál?
Ése es el que tenemos que construir nosotros. El primero de
diciembre Felipe Calderón entra con tres grandes problemas:
Uno, el que le vaya a provocar, mientras le encuentran el precio
al Frente Amplio Progresista, el movimiento de López Obrador.
Que es cuestión de que se arreglen. Vean los nombres de los
dirigentes del Frente Amplio Progresista. Ni es frente, ni es amplio,
ni es progresista. Nomás hay que llegarle al billete ¿no?
El otro es Oaxaca y el ejemplo que está generando. Porque
Oaxaca no es sólo el dolor. Mira, nosotros estábamos
en comunicación cuando fue el ataque a la universidad, a “esa
calle” que dice Ulises Ruiz. Me acuerdo porque nosotros éramos
“cuatro municipios nada más” y el de Oaxaca es
“sólo una calle”.
Y estaban ya los compañeros cercados completamente, y ya estaban
esperando que entrara la Federal Preventiva al campus de la universidad,
porque estaban en la calle todavía peleando. Y de pronto, ahora
sí que no lo esperaban ellos, pero tampoco la Federal Preventiva,
y los pobladores de la colonia les caen por atrás.
Y pocas veces se recuerda a la Policía Federal Preventiva
corriendo como corrió esa vez. Que acuérdense que insistían
mucho: fue una retirada estratégica, fue un repliegue…
Los militares siempre decimos así cuando nos hacen correr.
En realidad no huimos, es que nos replegamos para reorganizarnos ¿no?
No era el cálculo. Y ni siquiera era una propuesta: bueno,
vamos a esperar a que nos lleguen aquí y entonces, cuando ya
vean que nos van a pegar, ustedes salen. No, fue una reacción
espontánea, pero construida por el ejemplo. Esa reacción
de esos pobladores que le salvan la vida —porque seguro iban
a hacer una matazón— a los miembros de la APPO, no hubiera
sido posible si no existiera la APPO.
Y si no hubiera existido ese grupo de ciudadanos: hombres, mujeres,
la mayoría indígenas que dijera: aquí nos trincamos
y ni modo, si nos tocó, nos tocó. Pero tampoco se hubiera
conseguido esa victoria si esa gente no hubiera estado atenta y oyendo
no lo que dice la televisión de paga, o la prensa de paga.
Sino que lo que se está construyendo —como decía
el compa— de la radio bemba, lo que se dice abajo.
Entonces, se necesitan las dos cosas. Nosotros pensamos que la Otra
Campaña va a ser igual. Porque se habló de la marcha
de Atenco el día 5 de mayo. Pero empezamos con 400. Cuando
salimos de Chapingo éramos como 400, y ya habíamos encargado
quien nos va a llevar cigarros a la cárcel, si es que llegamos
o lo que sea. Y fue en el trayecto de la marcha, justo cruzando Texcoco,
donde la gente empezó a sumarse. Y llegamos 5 mil ahí.
Y nosotros no decimos que sea porque haya ido Marcos o el EZLN, o
la Otra Campaña. Es que toda la campaña informativa
había fracasado. Y está fracasando en todo el país,
de veras. Yo veo que se angustia mucho por lo que dicen los medios
de comunicación o no dicen.
Ahora estuvimos en Zacatecas, fuimos al Cerro de la Bufa. Si saben
un poco de historia, si no, pues se las cuento. Cuando avanza la División
del Norte contra el ejército de Huerta, los federales de Huerta
—“los pelones”—, hay una batalla que es definitiva
que es la de Zacatecas. Y el Cerro de la Bufa era el punto básico.
Cuando está atacando la División del Norte, allá
hay un museo en la Bufa y hay un periódico que dice: “detenidas
las hordas de Pancho Villa”, “el ejército federal
firme, no pasará nada”. Unos días antes de que
cayera. Unos días antes de que se destrozara la columna vertebral
del ejército huertista y se derrumbara la dictadura. La prensa
de ahí estaba diciendo que no iba a pasar nada, que todos contentos.
Que eran una bola de robavacas. Y que sólo era cuestión
de tiempo para que el gobierno impusiera el orden.
Así va a pasar igual aquí. No se trata ahorita, en
esta etapa, de que vámonos a levantar en las masas. Se trata
de que vamos a presentarnos entre compañeros. Y en este presentarnos
entre compañeros pues va a estar el punk, va estar el darketo,
va a estar el anciano, el que tiene mucha experiencia en lucha sindical,
el que es un comunista firme y ortodoxo, el que es anarquista, el
que no sabe qué es pero está hasta la madre de lo que
está pasando, el profesor, el estudiante, pero ya de otra forma,
no en un aula, sino en un campo de lucha.
No en este espacio de que nos encontremos los zapatistas a través
de los medios de comunicación. No pues es que lo vi a usted
en televisión señor y… Sino que nos empecemos
a ver como compañeros y como compañeras, y entonces
sí, decidir después de este encuentro qué vamos
a hacer.
¿Qué sigue después del primero de diciembre?
Sigue que nosotros respondamos a la pregunta: ¿quiénes
somos? y ¿dónde estamos? Ya no cada quien individualmente
en su grupo, o en su colectivo, o en su región, o en su estado,
sino como Otra Campaña. Y ahí podamos definir entonces
qué con la gente que está en los dos pies, con los dos
pies en lados diferentes: en la pista de arriba y en la pista de abajo.
Porque el problema no es si los lopezobradoristas son buenos o son
malos. El problema es que están mirando hacia arriba, y nosotros
estamos mirando hacia abajo. Lo que vimos en el norte y lo que ya
llevábamos en el centro y en el sureste da… Y aquí
contesto a la pregunta de la compañera: ¿cuándo
se acaba la Otra Campaña? Cuando haya otro país, del
que estemos satisfechos. Todos los que estamos en la Otra Campaña,
no los zapatistas.
Hasta que haya otro Tamaulipas, otro Madero, otra Altamira y otro
Tampico. Que la misma gente diga de aquí: órale sí,
ya, así quedó cabal. Aquí paramos. Pero mientras
no, no se puede parar. Y es cuando nosotros decimos: cuando ese otro
país se levanta y se organiza, se tiene que dar a sí
mismo una nueva forma de relacionarse: una nueva ley, una nueva Constitución.
Y el problema es que ahora las constituciones las hacen los congresos
constituyentes. Que se juntan quién sabe dónde un grupo
de lumbreras. Gente capaz, que habla muy bien y piensa muy bien, pero
no ve abajo. Y ésa es la que decide qué se hace en el
campo. Y ¿por qué no se le pregunta a los campesinos
qué se hace en el campo?
Y yo estoy seguro que la respuesta es diferente en Sonora a El Mante,
en Tamaulipas. Diferente. Y debiera haber una solución y una
respuesta para el campesino de Sonora, que no tiene tierra, que lo
despojaron y que está trabajando en una hacienda porfirista
por 45 pesos, él y sus hijos menores de 15 años. Y es
diferente la respuesta que espera el campesino de Mante, o de Güemes,
o el pescador de la presa ahí en Nuevo Padilla.
Y diferente la que estamos esperando nosotros como indígenas
en Chiapas. Igual el maestro, igual el estudiante, igual el de la
tercera edad, igual el homosexual, la lesbiana, todas las diferencias
que han salido y se han hecho visibles. Pero además de una
forma irreverente, que eso ha sido la Otra Campaña.
Tenemos que conocer esto y saber que eso somos, y darle la garantía
a todos de que este movimiento es otro, es diferente. ¿Por
qué? Porque cada quien, no importa su tamaño, tiene
un lugar. Y ese lugar se le va a respetar. Y no vamos a venir a decirle
a Tampico: ¿sabes qué? pues tú te aguantas porque
ahorita lo más importante es Oaxaca.
No, nos tiene que doler igual Oaxaca que lo que nos platicó
el compañero de El Fresno en Madero. Igual. Y debemos reaccionar
igual. El problema es que El Fresno en Madero no sale en los medios,
sólo en los periódicos locales. Y lo de Oaxaca está
saliendo en todo el mundo. Pero debiéramos responder igual
Y debiéramos ser capaces de voltear la vista en forma simultánea
abajo en lo inmediato y en lo local, abajo y en lo inmediato en lo
regional, y abajo y en lo inmediato en lo nacional.
Y ese es el reto que tiene el norte, porque ahora sí que se
tiene que apurar —como decimos nosotros—, porque el resto
de la República, centro y sur, donde pasamos antes, ya está
sobre eso. La Otra Campaña tiene que saber reaccionar a Oaxaca,
a Chiapas, a Madero, a Nuevo Padilla, y al local de La Guarda si sufre
alguna agresión por estar recibiendo aquí transgresores
de la ley. Y no hablo de mí ¿eh? Ustedes son los transgresores
de la ley.
Es esa capacidad de reacción y es donde cada quien tiene que
contestar: bueno, para mí la Otra Campaña si no da una
respuesta al aspecto de la lucha cultural, no sirve, va a ser como
cualquier cosa. Pero en lugar de decirnos así, nos tiene que
decir: la Otra Campaña tiene que tomar en cuenta el arte, la
artesanía popular autogestionaria. Tiene que haber espacios,
y tiene que valorarse ese trabajo y respetarse. No importa que no
esté en una vitrina. O que no haya un permiso de la CTM, o
de la CNOP —o ya no sé cómo se llama—, de
que es un vendedor de calle.
Pero igual el pescador de acá del mercado, que tiene que vender
su pescado, igual tiene que decir: aquí mi trabajo vale. Y
el de la trabajadora sexual en Matamoros, tiene que ser respetado
ese trabajo, el de todos. Porque cada uno se está levantando
esto porque no los respetan. A nosotros no nos respetan, a ustedes
tampoco.
Si la Otra Campaña no es capaz de construir a su interior
esa relación de respeto, entonces ¿cómo se la
vamos a ofrecer al que está afuera? Nos va a decir: n’ombre
ustedes son peor que los otros porque ni gorras dan. Y sus reuniones
son bien aburridas porque tiran mucho rollo y todo. En cambio ahí
el PRI, llega el candidato, habla y nos da las tortas y vamos. Y ¿tú
quieres que me meta contigo? No, yo no me voy a meter. ¿Qué
es lo que le vamos a ofrecer? Que su palabra va a ser tomada en cuenta
ahí donde está.
No vamos a tomar en cuenta que alguien está en el movimiento,
porque pueda venir a La Guarda. Se supone que la Otra Campaña
debiera ir a esa calle, debiera ir al Fresno y preguntarle a la gente.
No sólo qué le pasó, sino qué movimiento
necesitan. “No pues yo necesito un movimiento que me garantice
esto, y esto, esto otro. Y ése es el Programa Nacional de Lucha.
No algo que se le ocurre allá, sino algo que surge, que se
construye en cada lugar del país. Y ésa es la parte
que sigue.
Después del primero de diciembre, la Otra Campaña tiene
que decirse a sí misma: yo soy esto. Definirse. Están
conmigo éstos, éstos no están conmigo, aunque
no sean nuestros enemigos. Y el próximo año debe decir:
bueno, ahora sí vamos. Si ya nos garantizamos a nosotros mismos
que nos tomamos en cuenta —ahora sí que todos—,
entonces, ya empezamos a preguntarle al resto de la gente.
Y ahí vamos a estar junto con ustedes, no va a ser desde las
montañas del sureste mexicano. Por eso es el delegado zero,
siguen los demás delegados. Y hay ancianos, y hay adultos maduros,
y hay niños, como explicó la Lupita es una pirinola
así de este… es la delegada 5 y cuarto. Cuando crezca
va a ser 5 y medio, un día va a llegar a 5 tres cuartos, hasta
que llegue a 6.
Y entonces, hablar con la gente y preguntarle.
—Y bueno y ¿para qué me estás preguntando?
—Pues es que estamos haciendo el Programa Nacional de Lucha
por cómo va a quedar el país.
Y todos esos miedos, que cada quien carga uno, los vamos a cambiar
por otro miedo. Que es el miedo de que las cosas estén pasando
en las calles y nosotros estemos desde una ventana asomándonos
y viendo cómo la historia va cambiando la calle, las casas,
y todo lo demás. Y que uno nomás esté observando.
Y no importa qué edad tenga uno. Ese miedo no podemos permitirlo,
ése es el que tenemos que vencer.
Tenemos que salir a la calle, al campo, a la montaña, a la
escuela, al sindicato, al mercado, a donde está cada quien.
Pero no se trata de que nos vamos a confrontar con el gobierno todavía,
tenemos que confrontarnos con la gente y es lo que cuesta más
trabajo. Porque a esa gente ya le pasó el PRI, ya le pasó
el PAN, el PRD, el PT, Convergencia, el Panal, más los que
inventen en este tiempo.
Lo que nosotros ya vimos en este país es que no aguantan.
Que lo que decían los chavos de: ya no, ya hay que hacer algo.
Lo hemos escuchado por todos lados, y en todas las lenguas, no sólo
en español. También en lengua indígena. Y entonces,
si eso ya va a pasar, nosotros necesitamos garantizar que no nos pase
lo que ha pasado en otras veces.
Que no pase la guerra de independencia y sí: se van los ibéricos
y quedan los criollos y abajo queda igual. Porque eso fue, la verdad,
eso fue lo que pasó. A pesar de Morelos, de Hidalgo, de Vicente
Guerrero.
Y en la revolución mexicana, a pesar de Villa y de Zapata,
quedó igual. Cuando menos para nosotros como pueblos indios,
quedó igual. Entonces, cuando los compañeros me dicen:
vamos a entrarle pero déjales claro que ahora sí ya
no va a ser igual, es una advertencia: el nuevo México que
surja, tiene que tener —a fuerza— un lugar para nosotros
como pueblo indio de respeto y de dignidad.
Y nosotros decimos que así va a decir el homosexual, así
van a decir los ancianos, así van a decir las mujeres. Cada
quien va a decir: el nuevo México que surja tiene que tener
un lugar de respeto y dignidad para mí. Y eso incluye no sólo
las condiciones materiales: una casa digna, un salario y todo eso.
También implica cultura, información, formas de relacionarse.
Y entonces sí, lo que va a circular libremente en este país
van a ser las ideas. Precisamente lo que ahorita prohiben. Y de todas
partes del mundo van a llegar a tratar de estudiar ese nuevo sistema
de relación, donde las ideas importan más que las mercancías.
Y donde las personas valen más que los vehículos que
transportan las mercancías.
Eso es lo que nos estamos proponiendo compañeros y compañeras.
Y eso es lo que les pedimos que ahora en la próxima vez que
se reúnan los que son adherentes…
Que los que son simpatizantes, lo piensen, echen el volado o como
cada quien decida cada uno, y decida qué va a hacer, porque
sólo hay dos opciones: o estás viendo desde la ventana,
o estás siendo visto desde la ventana.
O eres actor o eres espectador, y eso ahí cada quien es libre.
Como quiera, nosotros le contamos luego lo que pasó. Para eso
hay poesías y corridos, y todo eso, donde uno se entera lo
que hicieron otros. O si cada quien va a contar su parte de la historia.
Porque preguntaba el maestro, dice: bueno y qué está
haciendo el EZLN por la historia. Pues por la historia nacional, no
sabemos. Pero, a la hora que tomamos el control en nuestros territorios
y empezamos a hacer escuelas sin la ayuda del gobierno. Y empezaron
a ser maestros nuestros compañeros de las comunidades, la historia
que enseñan es donde ellos son los héroes, fíjate.
Y ese niño está creciendo: mi papá peleó
en Ocosingo y gracias a él tengo esto y esto, y esto. También
se habla de Villa y de Zapata, pero eso está lejos. Él
tiene a su tío, o a su prima, o a su hermano, que es zapatista
y que luchó. No es algo que pasó hace tiempo que luchó
ahí. Imagínense en todo el país. Que la historia
contemporánea no fuera qué dice Fox, o Eugenio Hernández
o Azcárraga. Que eso es ahorita la historia contemporánea
y sobre eso va cada quien. Que la historia contemporánea fuera
lo que cada quien, uno de nosotros, hizo, no que le contaron hacer.
Entonces, hacer la consulta. Que se pregunten entre los mismos que
están aquí en esta zona ¿qué Otra Campaña
quiere? Los seis puntos que decía Víctor hace rato.
Que los que están dudando si le entran o no, pues se decidan
y si le van a entrar, pues eso es lo único que prometemos:
otro México, nada más.
Y después de eso, prepararse para la siguiente etapa el año
que entra, y empezar a hacer ese trabajo afuera. Ya no para que entren
a la Otra Campaña, porque no se trata de hacer un nuevo partido,
se trata de hacer una rebelión nacional. Construir el Programa
Nacional de Lucha. Ponernos de acuerdo, y poner un día y una
hora. Y ese día levantarnos todos al mismo tiempo.
Y ese día empezar a preguntarnos no por quién nos va
a oprimir, sino cómo le vamos a hacer o qué vamos a
hacer con la libertad que conquistamos nosotros mismos. No que nos
vino a regalar un candidato, o un partido, o un enmascarado chiapaneco
—que luego dicen que no soy chiapaneco ¿verdad?—
Bueno.
Es todo, gracias compañeros, compañeras.