Palabras del Delegado Zero en Ciudad Victoria, Tamaulipas
24 de Noviembre

Ciudad Victoria, Tamaulipas
Reunión con adherentes
24 de noviembre del 2006

Buenas noches Ciudad Victoria, la otra Ciudad Victoria. Queríamos platicar algunas cosas de lo que hemos visto. Porque cuando llegó esta idea en la cabeza —decimos nosotros— de nuestros jefes indígenas allá en Chiapas, teníamos una vaga idea de lo que estaba pasando en el resto del país.

Nosotros vivimos en las montañas de Chiapas, en las montañas del sureste mexicano. Y veíamos dolores que nos había platicado la gente que llegaba allá. De lo que pasaba en otras partes de la República, lo que pasaba en el campo, lo que pasaba en la ciudad, lo que pasaba con los jóvenes, lo que pasaba en las escuelas y en las universidades. Y con los trabajadores en la ciudad y también en el otro lado, al norte del Río Bravo.

Cuando nosotros empezamos a hacer este plan de buscar a otros que fueran como nosotros, para conocer su historia, esto que explicaba la compañera de que esta reunión es para escuchar la palabra que nadie escucha —o sea la palabra de la gente de abajo—, no sólo la reunión, sino la Otra Campaña de eso se trata en esta etapa. De que nos conozcamos y que sepamos quiénes somos y en dónde estamos.

Cuando empezó la gira, recorrimos 21 estados de la República, llegamos al Distrito Federal, y se dio el ataque de los gobiernos del estado de México, el municipal de Texcoco y el gobierno federal de Fox en contra de los compañeros de Atenco. Y ahí detuvimos la gira para hacer acciones de solidaridad, buscando la libertad de nuestros compañeros y nuestras compañeras.

Después de un tiempo, vimos que había que seguir con el norte —lo que había quedado pendiente— y unos comandantes se movieron para estar pendientes del pueblo de Atenco y yo pudiera terminar la gira que había iniciado en enero de este año.

Antes de eso, estuvimos preguntando con la gente cómo veía el país, con gente cercana. En una reunión en Puebla, en el estado de Puebla y en su capital que es Puebla también, nos reunimos con unos intelectuales, hombres y mujeres, estudiosos de lo que pasa en nuestro país. Para analizar qué estaba pasando con esto del movimiento poselectoral, después del fraude electoral en contra de López Obrador. El que va a imponer ahora el primero de diciembre a Felipe Calderón como un presidente ilegítimo en Los Pinos y en el Palacio Nacional. Y también cómo veían la Otra Campaña.

Porque nosotros habíamos visto en esos 21 estados del sureste, del sur y del centro de México lo suficiente como para tejer una red de lucha y de apoyo entre la gente de abajo. Y estos intelectuales, estos estudiosos, nos decían que el norte era completamente diferente. Que en el norte nos iba a ir muy mal. Que el norte estaba en otra situación, tenía otras ideas, otra expectativa, y sobre todo, nos dijeron: tiene otro nivel de vida.

Prácticamente nos dijeron que no valía la pena recorrer el norte del país. Que si nos había ido más o menos bien en el sur y en el centro, pues con eso se iba a levantar la Otra Campaña, y el norte… pues el norte era otra cosa. Prácticamente, estaba perdido para ellos.

Y nosotros recordamos lo que habíamos escuchado de gente como ustedes, pero de otras partes de nuestro país en estos estados. Y entonces nos preguntábamos si será que en el norte no hay ejidatarios que están siendo despojados de sus tierras por medio del Procede.

Si no hay jóvenes que estén siendo perseguidos por la policía, nada más por su apariencia física. Por cómo se peinan, cómo se visten, por la música que escuchan. Si será que las mujeres en el norte no son hostigadas, perseguidas, violadas, golpeadas y asesinadas.

Si las universidades en el norte son autónomas. Si las universidades en el norte son públicas y gratuitas. Si los maestros en el norte —los maestros de primaria y de secundaria— tienen sus derechos laborales respetados. Si los trabajadores de las maquilas en el norte tienen buenos salarios, y jornadas laborales justas, y prestaciones de trabajo.

Si la gente que está en el norte, los pueblos indios que hay en el norte, sí ven respetados sus derechos y su cultura…

Pues nos quedó la duda, porque ellos nos estaban diciendo, y ellos estudian lo que los indicadores económicos, las tendencias electorales, todo eso. Si todo esto no estaba pasando. Si realmente nuestro país acababa en Puebla —por eso el Plan Puebla-Panamá—, y que en todo el norte de la República era otro país. O peor aún, que era ya parte de la Unión Americana.

Pues como somos zapatistas dijimos: no, pues vamos a sacar nuestra duda. Y empezamos a recorrer el norte de la República. Y descubrimos que hay pueblos indios, aunque sus gobernantes los ignoren.

Fuimos a Sinaloa y encontramos ahí al pueblo mayo yoreme. Y nos contaron cómo son perseguidos, despreciados, humillados por ser indígenas, aunque sea gente que trabaja. Aunque sea gente que quiere aprender a vivir. Aunque sea gente que no quiere dejar de ser indígena, ni quiere dejar de ser mexicana.

Nos cruzamos a Baja California Sur, nos fuimos hasta la esquina de este país, que es en Los Cabos. Y durante el recorrido vimos montón de territorios, de terrenos, de construcciones, propiedad norteamericana. Los letreros en inglés, las indicaciones en inglés, el dueño en inglés y el que lo servía, pues era un gobernante de izquierda, según esto.

Prácticamente la parte sur de la Península de Baja California es un territorio norteamericano, propiedad de norteamericanos, ni siquiera de europeos, de norteamericanos. Y veíamos las grandes construcciones de lujo, los grandes hoteles. Y en la orillada: la gente que la trabajaba.

(Como en la colonia Azteca, que al rato vamos a ir, nomás que acabemos de hablar. Ya nos pusimos de acuerdo y ahorita nos vamos para allá para que nos enseñen el lugar y cómo está la situación).

Y como gente la que ha pasado aquí, que eran los… son pues los que trabajan los jardínes, los que atienden en los hoteles, los que cocinan en los restaurantes, los que hacen esto del pollo —que nos platicaba el compañero—, porque parece que a los gabachos les gusta mucho eso de la comida de plástico. Y cómo habían ido despojando —porque hablamos con ejidatarios—, que esos terrenos eran terrenos ejidales que fueron despojados por el gobierno.

Nosotros dijimos, bueno, a lo mejor es el clima de Baja California Sur, que les gusta mucho a los gringos, va a ser diferente más adelante.

Cruzamos hacia Baja California, o Baja California Norte, como les dicen unos, y ahí nada más en el límite entre Baja Sur y Baja California, hay una gran extensión donde se consigue sal. Son las salineras, que son tierras ejidales. Y eso es propiedad de una empresa japonesa. Y esa empresa japonesa, le está pagando renta a los ejidatarios, a los legítimos propietarios de esa tierra.

Con trampas del gobierno les está pagando una miseria. Y ahí había un movimiento ahí para exigir un precio justo, o que se fuera la salinera de ahí. Escuchamos su palabra, nos comprometimos a lo mismo que nos comprometemos en todas partes, que es a llevar esa historia, para que la conocieran en el resto de la República.

Y ahí nomás cruzamos, llegamos a un lugar que se llama el Valle de San Quintín. Que hagan de cuenta que están viendo una película de la época de Porfirio Díaz, en las grandes haciendas. Y hagan de cuenta que es lugar de estar entrando a Baja California, estaban entrando a Oaxaca. Porque todos los trabajadores son indígenas, migrantes de Oaxaca, triquis la mayoría, mixtecos y zapotecos. Trabajando en condiciones laborales iguales o peores a las grandes haciendas porfiristas.

Las mujeres tenían que entrar a trabajar, porque si no, no alcanzaba la paga para poder comer. Y nos mostraban sus manos laceradas por el químico que las hacen usar en el campo. Si ninguna protección, sin guantes, sin máscaras para el veneno, ni nada para eso. Y nos platicaban que hacían ese trabajo, y lo siguen haciendo, embarazadas, o con el niño terciado a la espalda —como se dice—.

Seguimos más adelante, en Ensenada, una gran construcción que están haciendo con capital norteamericano, cuyo trabajo es mandar el gas mexicano para Estados Unidos. Pero con un gran peligro para el medio ambiente, y también con un gran peligro militar, porque ya ven que Estados Unidos está peleando con todo mundo, y recibe ataques terroristas.

Pero esa industria está en territorio mexicano. Si recibe un ataque terrorista del pueblo de cualquier lado, sobre todo ahorita en Medio Oriente y en Oriente Medio que se están peleando, pues los afectados van a ser mexicanos.

Llegamos a Tijuana, y nos platicaron las condiciones de vida de las maquiladoras. Que eran las mismas que habíamos escuchado nosotros en Puebla. De mujeres en la maquila que están trabajando todo el tiempo: jornadas de diez, doce horas. Salarios que van de los 80 a los 100 pesos al día. Y también, sin ninguna condición de protección para su salud.

Y nos platicaban la historia de una trabajadora que estuvo tres años: de los 27 a los 30 años, en una maquiladora. Y se murió a los 30 envenenada, por todo lo que había respirado y su piel había tocado en la maquila.

Ahí nos encontramos con los mexicanos y con los chicanos y chicanas que están del otro lado, en la zona de California y de otras partes de la Unión Americana. Y también nos contaron cómo a los indocumentados —o sea, la gente que está sin papeles trabajando allá— no pueden reclamar sus derechos. Porque a la hora que reclaman sus derechos, el patrón los denuncia a la migra y los deportan y van para atrás.

Pero derechos tan elementales como el derecho a la vida. Si una mujer es agredida por su marido, y ella es indocumentada, no puede hacer la denuncia a la policía porque la deportan. Entonces, nos platicaban historias de mujeres mexicanas, ilegales de aquel lado, asesinadas por el marido, sin decir nada, con la policía a un lado. Porque si la policía las descubría las iba a echar para atrás. Y ellas eran —esa familia— el único sostén de la gente que tenían… de sus familiares que tenían en México. Algunos de ellos en Oaxaca.

Seguimos recorriendo pues el norte de la República. Ahí ya llegamos —ahí mismo en Baja California—, encontramos a un pueblo indígena. Y el gobernador que es del Partido Acción Nacional ahí en Baja California, ni siquiera sabía que había un pueblo indio, o sea, indígenas en su territorio. Kumiai se llama ese pueblo.

Y nos estaban contando cómo les están quitando las tierras. Los pueblos indios en el norte de México no reconocen la frontera. Ellos estaban antes de que existieran los países. Y las fronteras cruzaron en medio de sus territorios. Pero para ellos esa frontera no existe. Se mueven de un lado y de otro, porque es su territorio, es su tierra.

Y para los pueblos indios, la tierra es el lugar de la cultura, el lugar de los muertos, el lugar de la tradición. El que nos hace ser indígenas, decimos nosotros. Entonces, igual: asediados por el gobierno, por medio del Procede y del Procecom. Y el gobierno convirtiéndose en una especie de coyote —le decimos nosotros, intermediario creo que le dicen aquí en el norte—, donde el gobierno le despoja la tierra a los campesinos o a los pueblos indios y luego la malbarata, la vende a otros.

Nos platicaba aquí el compañero de la… —que pasó hace rato— sobre la lechuguilla para sacar el ixtle, que les pagan 70 centavos el kilo. Porque todavía de ese kilo de lechuguilla todavía hay que sacar el ixtle, hay que estarlo rayando —eso nos lo platicaron en Coahuila, otros trabajadores—.

Bueno, en este caso, les despojan de la tierra por menos de 50 o 70 centavos el metro cuadrado. Y en el momento en que el gobierno la vende, esa tierra sube de valor, porque en esa tierra se va a construir un centro comercial, o un complejo hotelero, o una carretera, o un boulevard —que es lo que no le quieren decir a la colonia Azteca—.

Les están diciendo que les conviene irse, porque cuando pase ahí el libramiento vial éste que van a hacer, va a subir el precio de su terreno y entonces van a tener que pagar más impuesto. No, va a subir el precio del terreno y el que lo tenga lo va a poder vender más caro. Entonces, le van a ofrecer una miseria por esas tierras que tienen ahí, y luego, automáticamente, ahí va a subir de precio.

Y a la hora que empiezan a instalarse los centros comerciales, las grandes tiendas y las oficinas en torno a ese libramiento vial, va a subir todavía más el terreno. Entonces, van a vender digamos el terreno en 10, 15 pesos el metro cuadrado. Y va a llegar a 800 o 900 pesos el metro cuadrado, pero ya en manos de otro. Que es así donde se va a enriquecer. Eso ya lo vimos también en ese lugar.

Nos seguimos ahí en Baja California y llegamos con otro pueblo, que es el pueblo cucapá. Ese pueblo cucapá hace nueve mil años pescaba en el Río Colorado, donde va a caer al Golfo de California. Y ahora resulta que es un delito pescar. Porque el gobierno dijo que había que proteger la flora y la fauna de esa zona, y prohibió la pesca de determinadas especies.

Y nosotros vimos los barcos de las grandes empresas armadoras que están ahí pescando. Y los indígenas cucapás no pueden pescar en sus lanchas. Porque son detenidos por la infantería de marina. Pero a los grandes propietarios no les hacen nada. Ese pueblo, ahí en el pueblo cucapá, encontramos a otro pueblo que es el pueblo kiliwa.

Del pueblo kiliwa quedan cincuenta familias, sólo cuatro hablan la lengua. Y tanto los han chingado —perdón la palabra—, tanto los han perseguido y hostigado, que las mujeres kiliwas hicieron un pacto de muerte. Dijeron: ya no vamos a parir hijos, porque sólo los parimos para que sufran. Entonces, cuando muera la última niña —nos la enseñaron—, se acabó el pueblo kiliwa.

Eso se llama etnocidio, y es obra del gobierno de Vicente Fox. Porque les voy a decir qué pasó. Llegó Fox a visitar ahí y a decir que iba a proteger la naturaleza. Los cucapás y los kiliwas fueron a hablar con él y le dijeron: nosotros queremos que nos dejen hacer lo que hemos hecho desde hace 90 siglos, 9 mil años, que es pescar, de eso vivimos. Y Fox les dijo: no, porque hay que hacer un estudio ambiental a ver si no hay problema, si no van a destruir la naturaleza.

Y los cucapás decían: pues si nosotros estamos hace 9 mil años y la naturaleza no era destruida. Es hasta que llegaron ustedes que empezó a ser destruida. “No, pues tiene que hacerse el estudio”, les dijo Fox. “Bueno, pues que se haga el estudio”, dijeron los cucapás. Dice: “no, pero no hay dinero. Consigan ustedes dinero y hagan el estudio”.

A gente que no tiene nada, más que la lancha para pescar, el supuesto presidente de la República, Vicente Fox, le dijo a esa gente que tenía que cooperarse entre ella para pagar un estudio que vale millones de dólares. Porque su gobierno no tenía dinero para hacerlo. Pero sí tenía dinero para comprarle las toallas a Martha Sahagún, para comprarle sus vestidos, y para cubrir las transas de sus hijos de Martha Sahagún, los hermanos Bribiesca.

Bueno, seguimos pues ahí por Mexicali y llegamos a Sonora. Y hay otro pueblo indio ahí que se llama tohono o’odham —pápagos, les dicen en México—, pero es otro pueblo indio que la frontera lo partió a la mitad. de hecho la frontera pasa por un centro ceremonial, encima, la raya.

Y ellos nos estaban diciendo que ahí en su territorio, del lado mexicano, los gringos pusieron un basurero tóxico. Un basurero que está prohibido en su territorio, porque envenena la tierra y el aire, el agua. Todo lo que tiene que ver ahí. Entonces, las leyes norteamericanas prohiben esos basureros en su territorio, en el territorio norteamericano. Pero nomás cruzan la frontera y ahí está el basurero.

Y el gobierno de Fox no dijo nada. Pero los pápagos, los tohono o’odham, dicen: no, pues es nuestro territorio de un lado y de otro. Y están usando nuestra tierra como si fuera un basurero, literal. Y además, esa basura va a envenenar todo lo que está alrededor.

Seguimos, y fuimos a la costa de Sonora, que da al Golfo de California. Y ahí hay un pueblo, otro pueblo indígena que se llama comca’ac —que le dicen los seris, también les dicen en México—, y ese pueblo, tú pasas a un lugar que hay ahí y ves… Has de cuenta que estás en una ciudad gabacha de esas de diversión, o sea de recreo: grandes construcciones, hoteles, casas de lujo, todo eso. Y luego entras a un camino de terracería y a menos de 20 minutos, puras casas de cartón. Es ahí donde viven los indígenas comca’ac, o sea los seris.

Y ellos tienen, enfrente de ellos hay una isla que se llama la Isla del Tiburón. Para ellos, es el corazón de ellos como indígenas, la Isla del Tiburón, porque fue la que los protegió cada vez que eran atacados por todos los que los han atacado. Desde otros pueblos indios como los comanches, los apaches, los sioux. Luego los mexicanos —o los mexicaneros, dicen ellos—, y luego todos los gobiernos que han pasado.

Iban… Van y se refugian a esa isla: es su corazón. Dicen: “por ése vivimos”. Y resulta que el gobernador de Sonora, que es priísta empanizado, es Bours —que es así como el sobrino político de Elba Esther Gordillo— quiere la isla. Se las quiere quitar, porque la quiere vender para un complejo hotelero.

Enfrente de ellos está la comunidad llena de casas de cartón. Hay una base de la infantería de Marina, que se supone que está para cuidar el paso del narcotráfico. Y no hace otra cosa que estar hostigando a las mujeres y a los jóvenes del pueblo seri.

Nos seguimos para abajo y llegamos con los yaquis. Los yaquis tienen un territorio que se los han ido mordiendo por los cuatro puntos cardinales. Que una ley, que una expropiación… Y los empiezan a acorralar y a encerrar. El pueblo yaqui es un pueblo guerrero, por naturaleza.

Se ha mantenido peleando todo este tiempo. Peleando contra españoles, peleando contra otros pueblos indios, contra los gringos cuando invadieron, y contra todos los gobiernos mexicanos.

Y dicen: “nosotros lo que queremos es que nos dejen vivir en paz. Nosotros no estamos ambicionando la tierra de otros. Estamos queriendo defender nuestra tierra y vivir con dignidad”.

De ahí nos fuimos con los pimas, otro pueblo indio en Sonora, casi en el límite con Chihuahua. De una pobreza extrema. Sus campos son invadidos por narcotraficantes. Y a la hora de que llega el ejército o la PGR a agarrar narcotraficantes, los agarran a ellos, no a los que están sembrando la droga.

Entonces, el gobierno no les hace caso, y sólo les hace caso para meterlos a la cárcel. Las cárceles en Sonora están llenas de indígenas, no de políticos, que es como debía estar lleno.

Luego fuimos con los mayos, al valle mayo, ahora del lado de Sonora, no el de Sinaloa. Compañeros, compañeras: grandes extensiones de tierra con pozos de agua. Donde hay propiedad privada. Donde está la propiedad comunal de los mayos, los pozos no se pueden abrir, están clausurados. No hay permiso. Sólo el permiso lo tiene el hacendado, el propietario de a un lado. Y la gente ya completamente arrinconada.

Nos brincamos a la sierra tarahumara, a Chihuahua. Y vimos a los tarahumaras —como platicó el compa hace rato—. Están destruyendo completamente ese bosque. Y están orillando a los tarahumaras a la muerte, ya ni siquiera digas a la miseria. Y los tarahumaras también buscando para dónde hacerse. Y diciéndonos, entre otras cosas, que no se llaman tarahumaras, que se llaman rarámuris. Tarahumaras les dicen los mestizos. Nosotros somos rarámuris, dicen ellos.

Y bajamos a Chihuahua, a la capital. Y nos cuentan ahí, otra vez, jóvenes como en Sonora, como en Sinaloa, como en Baja California, como en Baja Sur, que nos dicen: “es que a nosotros nos persiguen porque nos vestimos de negro, y porque nos peinamos diferente. Y porque nos hacemos un percing, o porque nos hacemos un tatuaje. Pero no hacemos otra cosa más que eso. Y nos ven en la calle y la policía va sobre nosotros. Y hay que mocharse, si no quieres que te lleven al separo, o si no quieres que te den una calentada”. Y el delito es el calendario. Porque soy joven, ése es mi único delito.

Y nos platican las mujeres: es que nosotras no podemos andar tranquilas ni en la calle, ni en ningún lugar. Ni siquiera a conseguir trabajo por lo que sepamos hacer o por nuestra capacidad. Porque llegamos a pedir empleo y el que está dando los trabajos —si es hombre— pues nos mira.

No mira lo que decimos que somos, sino nos mira físicamente. Y así nos valora y así nos va a dar el trabajo. Entonces, no importa qué estudiaste, ni lo que sabes hacer, sino cómo estás. Y luego, cómo eres, porque hay que ser amable con el que está contratando.

Y nos empiezan a platicar de las universidades en Sonora, en Sinaloa, en Baja California, en Baja Sur. Dicen: eso de que la universidad pública y gratuita es pura mentira. Te ponen cuotas. Cuotas para inscribirte, y luego cuotas de laboratorio, y luego cuotas de la biblioteca. Y luego, si te quieres graduar, es una lana: para hacer la tesis, para registrarla, para que haya el examen profesional. Y ya para que tengas el título, resulta que pagaste por una universidad que el gobierno está diciendo que es gratuita.

Y las amas de casa diciéndonos: no, pues aquí la luz, el agua, es lo más caro, más caro que la comida. A veces hay que elegir entre una cosa y otra. Y son lugares donde hay temperaturas muy extremas. Cuando hay mucho calor, tienen que usar el aire acondicionado porque si no se mueren, así de sencillo. Y cuando hace frío, tienen que usar la calefacción porque si no se mueren de frío.

Entonces, están entre una cosa y otra. Y las tarifas de luz son muy altas para el ama de casa. Porque el del centro comercial paga menos luz, aunque la tenga prendida para sus marquesinas, y para sus tiendas.

Chihuahua: igual. Fuimos a Ciudad Juárez, muchas maquiladoras también. Que nos cuentan la misma historia que escuchamos en Tijuana y en Puebla, y en Quintana Roo y en Yucatán.

Y ya empezamos a entender que no es cierto, que el norte sigue siendo México. Y que sigue siendo explotado, despreciado, reprimido y despojado, robado. Y ya a esas alturas estamos entendiendo…

(Vamos a esperar a que se vaya, pues se escapó de su casa para venir para acá. No, de veras, hace rato me dijo eso, yo creo que ya lo cacharon, por eso vinieron por él. Si entregó aquí una carta para advertirme que el chupacabras era Carlos Salinas de Gortari, ya lo sabíamos nosotros).

Entonces, a estas alturas del norte, ya nos dimos cuenta que no, que el norte seguía siendo México. Que estaba siendo explotado, robado —o sea despojado—, reprimido y despreciado. Igual que si fuera cualquier estado del sur de la República ¿no?

Entonces, empezamos a entender de que el norte estaba mucho más cerca de las montañas del sureste mexicano, que lo que nos estaba diciendo Vicente Fox y sus funcionarios ¿no?

Y entonces, empezamos también a descubrir que no sólo se trataba de que estaba la misma miseria que había, que hay pues, en el sureste de México, y en el sur, y en el centro. Sino que también hay la misma rebeldía y la misma resistencia.

Entonces, ya seguimos por la Comarca Lagunera, Durango, Zacatecas, Coahuila, San Luis Potosí, Tamaulipas ahora, Nuevo León. Y empezamos a ver a nuestro país de otra forma: como que… como si se hubiera rehecho la geografía que habían destruido los gobernantes, haciéndonos creer esta mentira de que el norte ya estaba en otra etapa de la modernidad. El centro estaba en tránsito. Y el sureste pues era de plano parte de Centroamérica.

Y volvía a crecer en nosotros, en los que estamos en la Otra Campaña y en los zapatistas, el sentimiento de nacionalidad que nos habían estado robando durante todos estos años. Que nos habían hecho mirar hacia el norte como un destino, o como una aspiración. Cuando en realidad, lo que es el norte, al norte del Río Bravo en Estados Unidos, es el responsable de nuestros dolores.

Nosotros queremos avisarles lo que va a pasar en este país. Porque, si ya lo que habíamos visto en el sur y en el centro daba para hacer algo importante en este país, lo que hemos visto ya en todo el país —porque prácticamente aquí en Victoria terminamos el norte de México, falta la Huasteca, arrancando desde Tampico, Altamira y Madero—, lo que hay ahorita en este país de dolor y lo que hay de rebeldía da para un alzamiento nacional.

Y lo que tiene que preguntarse la Otra Campaña, todo este conglomerado de grupos, de colectivos, de organizaciones, de familias, de individuos, que hay en todo el país, es preguntarse… empezar a preguntarse: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar?

Si está dispuesto a llegar sólo a un cambio de gobierno, a que entre otro a dirigir. O si de una vez —que es lo que pensamos nosotros los zapatistas— es que hay que librarse de toda la clase política. Que hasta ahora ha vivido como parásita. Y además, como un parásito que hace daño.

En nuestra idea como zapatistas se está repitiendo la guerra de conquista, casi 500 años después. Nada más que en lugar del ejército español, están los diputados, los senadores, los gobernantes, los gobernadores, los presidentes municipales, las cámaras locales. Que mediante leyes, están legalizando todo el despojo y la conquista de nuestra tierra, fundamentalmente, por extranjeros. Y de esos extranjeros, fundamentalmente por norteamericanos, por capitales norteamericanos.

Y nosotros creemos que lo que une a Tijuana, Matamoros, Victoria, Ciudad Juárez, Los Cabos, La Paz, con las montañas del sureste mexicano y con todo lo que está de entre un lado y otro, sigue siendo esa bandera verde, blanco y rojo, con un águila devorando una serpiente en medio.

México sigue siendo el mismo en su dolor. Lo que nosotros vemos es que ese dolor va a llegar el momento en que nos va a llevar a la muerte, no física, pero sí como nación. Y que llegó el momento en que tenemos que hacer algo. Lástima que se fue Don Filemón, que es el que nos decía que ya hay que hacer algo por nuestra patria. Hay que aprender a nombrar a nuestro país de otra forma. Diferente a lo que ha hecho Fox con ella, y lo que va a seguir haciendo Calderón.

Porque miren: Fox dice tarugadas. Y primero daban risa, ahora dan coraje. Porque se está burlando de nosotros, después de los seis años de lo que dijo. Que a nosotros nos dijo que en 15 minutos arregla Chiapas. Y que a todos les dice: ya tienes Seguro Popular.

Y ahora nos decía una señora en Coahuila, dice: “no, cuál Seguro Popular. Hay una lista y tienes que enfermarte de lo que hay en esa lista. Porque si te enfermas de otra cosa, te chingaste, ya no recibes ningún apoyo”. Y dice: “entonces cómo voy a hacer yo que me voy a enfermar y diga: a ver de qué me toca enfermarme hoy, porque si me…” Dice: “así de ridículo es”.

Y les da coraje y rabia seguir viendo los espots de televisión de Fox y sus informes y todo lo que está diciendo a la prensa, a la radio y la televisión. Ya no da risa, ya da coraje, porque ya se están burlando de uno, después de haberle destrozado la vida a familias enteras.

El principal producto de Vicente Fox en estos seis años, son los millones de mexicanos que están en el otro lado. Y que la economía nacional dependa de la gente que no vive en este país, que son los mexicanos que están al otro lado. Junto con el petróleo, eso es lo que sostiene acá.

Entonces, imagínense el peso que hay sobre la gente que está del otro lado, nuestros compatriotas, que tienen que sostener la economía norteamericana, y también la economía mexicana. Ellos y ellas. Y aparte de eso, los tratan como terroristas y como criminales. Y ¿quién los arrojó allá? Es este gobierno.

Nosotros decimos que el que sigue ya no debe terminar. Porque si termina, con él vamos a terminar como país. Tenemos que hacer algo. Y nosotros los estamos invitando a que lo hagan junto con nosotros. O si no, lo vamos a hacer solos. Porque no podemos seguir cargando con esta historia —después de este México que ya vimos, nosotros y todas las organizaciones, grupos y colectivos que hay en la Otra Campaña—, y regresar a las montañas del sureste mexicano, o al estado de cada quien, o al país de cada quien, y hacer como que no pasó nada.

No podemos, después de esta lección de historia que nos han dado ustedes aquí en Victoria, ahorita que hablaron. Y hace rato en Nuevo Padilla, y al rato en la colonia Azteca. Y ayer en Matamoros, y antier en Nuevo Laredo. Y así en cada parte de los puntos que hemos estado. No podemos hacer como que no aprendimos, porque sí aprendimos.

Y aprendimos que somos compañeros. Aprendimos que hay gente dispuesta a todo. Y no se trata de dispuesta a matar o a morir. Sino dispuesta a luchar. Porque nosotros no estamos llamando a un movimiento armado, sino a un movimiento civil y pacífico.

Nosotros decimos que es el momento, que esta es la hora. Que si ya nos conocimos, lo que sigue es asegurar que nuestro movimiento no agarra otro camino. Porque si hay mucha gente allá afuera —aquí en Victoria, y en todo Tamaulipas y en el norte de México— que dice: no pues ése otro movimiento va a ser igual. El Marcos va a agarrar cargo, o le van a dar dinero. O se va a hacer una casa en otro lado. Todas las cosas que sabemos que pasan con los líderes políticos.

Y es donde nosotros decimos: no, es que este movimiento no es zapatista, ni es de Marcos. Tiene que ser de la gente de abajo. Y es la gente de abajo la que tiene que decir cómo debe ser. Por eso explicó el compañero. Llegó el momento en que la Otra Campaña se diga a sí misma: yo soy esto. Ya no lo que dice el EZLN, sino yo que estoy participando aquí.

Porque así le vamos a poder decir a la gente de afuera que somos diferentes, que nos escuchamos entre nosotros. No lo que dice un líder, un comité central, el CEN —o no sé cómo se llamen ahora lo de los partidos políticos electorales—, sino que tiene que ser que valga la palabra de cada uno.

De Don Filemón que se acaba de ir, porque le cayó la justicia de su familia porque se escapó. Pues a lo mejor ya no puede venir, pero hay que ir a su casa y preguntarle. Y cada quien tiene que responder esa pregunta. Y responderla todos y sacar la cuenta cabal de todos, porque eso ofrecimos.

Ofrecimos otra forma de hacer política que es escuchar a la gente, que eso era lo que importaba. Pero no sólo escucharla, sino tomarla en cuenta. Que valga pues, la palabra de cada quien.

Y entonces, poder empezar a hacer el trabajo afuera. Porque el problema compañeros que hemos visto —y lo vimos ahí en Nuevo Padilla— pues es que no se escucha cuál es el problema de la gente. Y por eso la solución no llega. En el extraño mundo de la cabeza del presidente de Nueva Padilla —del presidente municipal—. O en la cabeza —si es que tiene— de Eugenio Hernández —¿así se llama?, ¿sí? bueno—, no existe el resto. O se le ocurre que a lo mejor Victoria necesita un boulevard, aunque destruya viviendas. O necesita otra cosa.

Pero no hay el mecanismo para que la gente opine y haga valer su opinión. Que valga como orden —eso decimos nosotros—. No se le toma en cuenta la opinión de la colonia Azteca. No, que mande la colonia Azteca. Y que sólo se haga ahí lo que ellos permitan. Que el gobierno pida permiso. No que nosotros le pidamos permiso al gobierno. El gobierno no tiene porqué decidir cuál debe ser el rumbo de la Autónoma de Tamaulipas. Debe ser la comunidad universitaria de la Autónoma de Tamaulipas. Y de cualquier universidad del país.

¿Cuál debe ser el rumbo de la educación en México? Debe ser trabajo de los maestros, no de un licenciado que está allá, o de una señora, porque ahora pusieron a Josefina Vázquez Mota, que es la viuda alegre porque escribe libros así extraños. Que no sabe nada de educación, nada, ni hablar sabe pues. Y ésa es la que se va a encargar, según esto, en el sexenio de Felipe Calderón de la educación pública. En realidad, ahí la que va a decir es Elba Esther Gordillo. Que vean —lo que nos platicó la compañera— lo que ha hecho con el magisterio, por fraudes.

No es posible que alguien decida aquí: se van a hacer unas casas, tengo un presupuesto de un millón de pesos. Y hace una transa con la constructora y le dice: échale más arena en lugar de más cemento —por ponerles un ejemplo—, no le eches cal.
—No, porque se va a caer la casa.
—¡Pst! Pero es gente pobre, qué, nadie se va a dar cuenta. O cuando se den cuenta, pues ya pasó el tiempo. O van a pensar que es mala suerte, o que dios así lo quiso, o fue el destino, o la tormenta que llegó.

Y se ahorra 500 mil. Y esos 500 mil son para él. ¿Por qué? ¿Por qué no decide cómo debe ser la casa, incluso cómo debe ser construida y con qué material, la familia que la va a habitar? Ésa es la que tiene que decir que ese material sea de calidad. Porque ahí va a vivir. Si pasa una desgracia, es su familia. Pero no.

Vimos en colonias marginales pues, en todo el norte de la República y has de cuenta que estamos en Yucatán o en la ciudad de México: casas de cartón, techos de plástico, sin agua, sin drenaje, sin luz. No estoy hablando de Chiapas, estoy hablando de Nuevo Laredo, gobernada por Eugenio Hernández —que dice que Tamaulipas ya está del otro lado—. Y está bien bonito, grandes extensiones de tierra para cultivar. Y mucha miseria en determinados lugares. Y a esa gente, la más pobre, es a la que más le cargan la mano.

En otra parte, en otro estado del norte de la República, nos dice un señor: “Subcomandante, a ver cómo le va a hacer porque aquí viene la cuenta del agua, que quieren que la pague”. Y le digo: pues yo ¿qué hago? “No, es que en mi colonia no hay drenaje, no hay agua, y me están cobrando y tengo que pagar, si no me la cortan”. Pues que se la corten. Pues ¿cómo se la van a cortar? “Sí, pero me da coraje que me estén burlando así, porque no sólo no me ponen el agua, sino además se burlan de mí”.

Y eso es lo que ya están haciendo los gobernantes. En lugar de caballos, arcabuses, vergantines —lo que usaban para conquistar cuando conquistaron México— ahora están usando licenciados, diputados, senadores, gobernadores, presidentes municipales.

Y al final, no va a quedar nada. Y vamos juntos: los pueblos indios, los jóvenes, los maestros, toda la gente de abajo va junta. Y vamos a empezar a vivir como fantasmas: sin raíz, sin identidad. Porque ni crean que los gabachos van a decir: órale, éntrenle. No, siempre vamos a ser así el sótano de su país. El basurero, porque para eso están usando nuestro país: para poner la basura que ellos no quieren tener ahí.

Entonces, nosotros decimos: hagamos este movimiento y no nos detengamos. Que sea la elección pasada de julio, la última de la clase política actual. Y que la próxima vez que haya elecciones, haya cambiado todo abajo, para que ya el que quede —el que vayamos a poner— obedezca, no mande. Porque ahorita lo que estamos escogiendo es quién nos va a mandar y quién nos va a dar orden.

Y se supone que en 1910 hubo un movimiento por libertad. El mismo que hubo en 1810. Y para que no agarra chueco, se necesita que se participe cada quien. Y para que no agarre chueco, no buscar pues un cargo. Sino que cada quien decida qué se va a hacer en cada lugar. Y en colectivo, tomando en cuenta a todos.

Por eso, nuestro movimiento lo que quiere no es cambiar de amo, sino que no mande nadie. Eso se llama libertad. Que el que trabaje reciba lo justo. Y que el que no trabaje, no reciba nada. Eso se llama justicia. Lo mismo con que el que tiene delito lo pague. No al que le están inventando un delito nada más porque es pobre.

Y democracia quiere decir que el pueblo manda y el gobierno obedece. Ésas son las tres demandas. Y para eso necesitamos otro país. Y el lugar de donde va a salir es la Otra Campaña. No es cierto que hay muchas alternativas.

Hay otras alternativas que quieren llegar al poder: como la de López Obrador. Pero la nuestra no quiere llegar al poder.

La nuestra quiere cambiar el país de nuevo y volver a hacer todo otra vez. Eso es lo que les queríamos decir compañeros. Vámonos a la colonia. Gracias.