Palabras
del Delegado Zero en la cuarta y última esquina del país:
Tamaulipas
21 de Noviembre
Nuevo Laredo, Tamaulipas
Encuentro en la colonia Blanca Navidad
21 de noviembre del 2006
Buenas tardes compañeros, compañeras. Es un honor estar
aquí con ustedes. Como platicaron ya algunos que pasaron, gente
de aquí de estas tierras fue hasta Chiapas a conocernos y a
contarnos su historia.
Y les queremos explicar qué venimos acá a hacer nosotros.
Nosotros somos indígenas chiapanecos, en el último rincón
de este país y estamos bien jodidos. No nada más porque
somos pobres, además porque somos indígenas. Y eso no
lo podemos cambiar. Se burlan de nuestro color, se burlan de cómo
hablamos, se burlan de cómo vestimos y se burlan de nuestra
cultura, de nuestras creencias.
Y resulta que nosotros ya estábamos aquí antes que
llegaran los güeros, los españoles, los gringos, los franceses,
los japoneses, los coreanos, todos los que están llegando aquí
a robar a nuestras tierras. Y resulta que allá nos quieren
robar el agua.
Ahora, ya saben ustedes, que antes, hace tiempo el agua no se vendía,
se regalaba. Ahora se vende en una botella. Y el que la embotella
es un patrón y ése se está robando los manantiales.
Y se roba los árboles, y se roba nuestra tierra.
Y entonces, nosotros estamos como olvidados. Este país no
se acuerda que hay indígenas. No sabe pues. Está pensando
que es del primer mundo por el Tratado de Libre Comercio. Estaba Salinas
de Gortari y estaba diciendo en la televisión y en el radio,
y en los periódicos que ya todos vivimos bien y estamos contentos.
Y entonces, pues entró nuestro coraje, nos enojamos pues,
y nos alzamos en armas. Y le declaramos la guerra al gobierno y al
ejército. Y empezamos a pelear con él. Porque lo que
nosotros demandábamos no es que queríamos ser presidente,
ni gobernador, ni presidente de la República. Nosotros queríamos
que nos respetaran.
Porque eso vemos que no hacen los ricos ni los gobiernos: no respetan
a la gente humilde. La tratan como si fuera animal. La desprecian,
la mandan a vivir en cualquier rincón y ni siquiera se preocupa
si tiene una buena casa, si tiene luz, si tiene agua, si tiene drenaje.
¿Cuánta gente entra en un pequeño cuartito?
No le importa. Al gobierno sólo le importa si el rico le va
a pagar su dinero. No le importa si esa empresa está envenenando
el río, lo que le importa es que el dueño se moche para
ellos.
Y entonces, lo que nosotros estamos viendo y vimos desde entonces,
es que nadie va a resolver nuestros problemas de allá arriba.
No importa qué gobierno llega. Ustedes saben que cada vez que
hay elecciones, llega un candidato y dice: “yo les prometo que
si votan por mi, ahora sí voy a resolver los problemas”.
Y cuando llega al poder ¿cuándo ha regresado a Blanca
Navidad? ¿Cuándo ha ido a Chiapas? ¿Cuándo
ha ido a Nuevo Laredo? Ni se acuerda. Ni sabe si existe esta colonia.
Ni sabe si hay indígenas aquí en nuestro país
que es México.
Y nosotros pensamos que ya estuvo bueno de estar esperando que alguien
va a venir de fuera, otro, que se va a portar bien, o que no va a
robar mucho. Ahorita ya vimos que el gobierno hizo una trampa, para
poner a Felipe Calderón como presidente de México. Porque
no importó que no ganó las elecciones —porque
no las ganó—, hizo trampa. Y ahora va a quedar de presidente
y está toda la televisión y la radio, y los periódicos,
diciendo que México es de todos, que todos vamos a estar tranquilos.
Son puras mentiras, No vamos a estar tranquilos. Nosotros los zapatistas
no vamos a estar tranquilos. Nosotros, en la Otra Campaña,
no vamos a estar tranquilos. Ellos piensan que nos vamos a dejar.
Que van a poder humillar a la gente todo el tiempo que quieran.
Y nosotros venimos hasta acá, hasta Tamaulipas, aquí
a Nuevo Laredo, aquí a Blanca Navidad, a decir que ya no. Que
ya basta. Ustedes nos contaron su historia que pasó aquí,
y yo pido a las cámaras de televisión que vienen, y
a los fotógrafos de los periódicos, que tomen fotos
y tomen video de esas casas. Y digan si es justo que en este país
un trabajador, una trabajadora y su familia vivan así.
Les digo eso porque en los medios de comunicación se está
diciendo que en el norte todos están contentos. Que todos saludan
a Fox y lo quieren mucho. Que todos viven como viven los gringos en
Texas. Que toda la gente vive bien. Y en otras partes de la República,
si alguien no conoce lo que pasa en Blanca Navidad, piensa que es
cierto.
Como si el país se hubiera partido a la mitad y hubieran dicho
que el norte es otro México que ya está muy bien. Y
el sur es el que está jodido. Y hemos caminado por todo el
norte. Este es el último estado que visitamos. Ya recorrimos
todos los estados. Estamos terminando con Tamaulipas. Y no importa
si es en el norte, si es en el sur, si es en el centro del país,
en todas partes, hay gente que es humillada, explotada, despreciada,
robada y reprimida.
Así, exactamente igual que ustedes aquí en Blanca Navidad.
Y yo quiero preguntar esto, porque si toman una foto de esa casa que
está ahí, o de la que quemaron, y le preguntamos a quién
vivía ahí nos va a decir que era una trabajadora o un
trabajador. Que trabajaba más de ocho horas al día y
le pagaban 45 o 50 pesos al día. Tal vez un poco más.
Y que vayan a tomar la foto o el video de la casa del presidente
municipal de Peña. O que vayan a Victoria y tomen la foto o
el video de la casa del gobernador de Tamaulipas. O que vayan a ver
dónde vive, el rancho de Vicente Fox y de Martha Sahagún.
Y vamos a preguntar cuánto tiempo ha trabajado Vicente Fox:
nada.
Durante seis años, no hizo absolutamente nada, más
que salir en televisión diciendo tonterías. Lo único
que hizo fue venir a la frontera, o cruzar a Estados Unidos a ponerse
de rodillas delante de Bush. A obedecer lo que él dijera.
Y no le importó que los mexicanos que tenían que cruzar
al otro lado del Río Bravo, al otro lado a buscar trabajo,
lo tenían que hacer porque aquí en México no
hay un trabajo digno. ¿Quién va a aguantar con 45 pesos
al día?
Díganme un solo político que gane el salario mínimo?
Ninguno. Y ellos son los que lo ponen. ¿Cuántas horas
trabaja un diputado federal? Trabaja 140 días al año
y gana 7 mil u 8 mil pesos al día. Más lo que le dan
de mordida las grandes empresas para que haga leyes a su favor.
Y la gente que vive aquí en Blanca Navidad es gente que trabaja.
Y si Laredo, Nuevo Laredo, los dos lados, tiene cosas es por la gente
que trabaja, no por los políticos. Y qué bueno que nos
invitaron a venir a verlos y escucharlos. Porque esto es lo que nosotros
queremos: hablar con la gente de abajo y verla. No creer lo que nos
están diciendo los gobernantes.
Ahora sabemos, ahora, que lo que dijo seis años Fox fue mentira.
Y que lo que está diciendo Calderón también es
mentira. Y nosotros como indígenas en Chiapas, no podemos ver
que están vendiendo nuestro país y lo están destruyendo
—así como destruyeron sus casas, igual—, eso es
lo que están haciendo. Igual en Quintana Roo, en Yucatán,
en Baja California Sur, en Sonora, en Chihuahua, en Michoacán,
en Guerrero, en cualquier parte del país, están haciendo
eso con la gente pobre.
Y ¿a quién le importa?, dicen. Lo que importa es los
ricos, que vengan a invertir. No importa que sea para explotar a la
gente. Porque, ¿por qué no pensó eso el presidente
municipal de Nuevo Laredo, que aquí no vivían animales?
Aquí vive gente que trabaja, no como él, que no trabaja.
Y ahora resulta que la vienen a amenazar y le vienen a decir. Y ahorita
que veníamos para acá nos enseñaron donde trabajan
las empresas maquiladoras. Tienen su agua, y aquí no hay agua.
Tienen una planta de luz ahí pegadito, y aquí no tienen
luz. Tienen drenaje y aquí no tienen drenaje.
Y entonces, yo le pido a las cámaras de televisión
otra vez que vean esta casa, y vean la casa del dueño de la
empresa Sony, que tiene de este lado la parte que envenena, porque
del otro lado no le dan permiso. Porque saben que eso es veneno para
la gente, para el aire, y para el agua que está tomando. Y
también para los alimentos.
Miren: es una vergüenza lo que estamos viendo. Yo no sé
cómo va a tener cara mañana el presidente municipal
de Nuevo Laredo para presentarse ante los medios y qué les
va a decir. Porque su deber de él era que ustedes vivieran
bien. Y aquí lo vimos todo que es mentira. Lo mínimo
que puede hacer, si tuviera vergüenza, es renunciar. Antes de
que lo metamos a la cárcel.
Pero no lo va a hacer, se va a mochar con los dueños de la
televisora, para que no salga este discurso. Eso es lo malo. Entonces,
compañeros y compañeras, ¿entonces qué
vamos a hacer? Si nos vamos a esperar dentro de seis años.
Y cuánta gente más va a morir dentro de seis años.
Y nadie va a llevar la cuenta. No vamos a salir en el periódico,
hasta que mueran miles, pero ya estamos muertos ¿para qué?
Porque nosotros, como indígenas, nos empezamos a salir en
las noticias hasta que nos empezamos a morir. Y cada lugar donde hay
una desgracia, entonces sale en la noticia, cuando ya es una desgracia.
Y ¿por qué? porque es cuando sale, vemos en la televisión
y en lugar de ver las injusticias que sufrimos como trabajadores de
la maquila, como habitantes de una colonia popular.
Yo les pregunto si la policía de Nuevo Laredo detiene a los
ricos. Detiene a la gente jodida. Y ¿a quién es al que
le pide que se moche? —la mordida— es a la gente jodida.
Entonces, aparte que hay que mantener a la familia, hay que mantener
al holgazán del presidente municipal, y hay que mantener a
los holgazanes de la policía. Que a la hora que enfrentan a
otro que sí tiene armas, salen corriendo. Sólo cuando
ven a la gente humilde, entonces sí son muy alzados y muy levantados,
y muy valientes.
Lo sabemos porque lo hemos visto en cualquier calle, de cualquier
parte de nuestro país. Y entonces, nosotros decimos: ¿qué
vamos a hacer? Porque aquí nos han dicho que hay que unir el
norte con el sur. Sí, y el este con el oeste. Hay que unir
a todo nuestro país. Y nada más, si sólo fuera
por eso, para que le diera vergüenza al gobernador de Tamaulipas
y al presidente municipal de Nuevo Laredo, nosotros los zapatistas
y las zapatistas, los más jodidos de este país, les
vamos a mandar ayuda nosotros.
No importa que tengamos que atravesar toda la República. Y
aunque sea algo muy humilde, algo vamos a hacer. Y aquí va
a llegar ayuda y ustedes van a decir: esto me lo dio otro jodido igual
que yo, pero que tiene dignidad. Y ¿a ver si sale en la noticia
que entre los jodidos se están apoyando? Porque eso es lo que
nosotros queremos. Que entre las gentes que estamos mal nos apoyemos.
Y nos vamos a hacer una pregunta. Porque esa maquiladora que vimos
ahí, si no hay trabajadoras no se produce nada. Y entonces
¿para qué queremos al presidente municipal si nada más
nos está jodiendo? Sabemos que es el que manda a quemar las
casas. Lo sabemos. Aunque él dice que él no sabe quién
fue. Porque quiere que la gente se vaya de aquí. Porqué
cuando un rico se va a vivir, primero le ponen la casa, la calle,
el jardín, el drenaje, el teléfono y la luz, y ya después
se va a vivir. Así lo vemos en los anuncios.
Y la gente que está trabajando llega y no hay nada, ni siquiera
papeles de la tierra. Y con pedazos de cartón —lo estamos
viendo—, o de madera empezar a hacer su casita. Luego, nueve,
diez horas en la fábrica. Y luego cuántas horas para
poder levantar la casa. Y luego luchar para que le metan drenaje.
Y luego otra chinga para que le metan luz. Y luego otra más
para que le metan agua. Y todavía cuando va más o menos
ahí, vienen y te desalojan porque eres ilegal.
Y el que es ilegal es el que está allá en el palacio
de gobierno pues. Aquí en Nuevo Laredo y allá en Victoria
y allá en el Distrito Federal, en Los Pinos.
Entonces, nosotros decimos: si nos unimos todos, pues de una vez
vamos a mandar a la fregada a todos los políticos, pero a todos.
¿Para qué nos vamos a detener con uno? Y así
hacemos un trato: ustedes luchan aquí, y nosotros los apoyamos
allá.
Pero aquí en la Otra Campaña no nada más estamos
los zapatistas. Hay gente de todo el país, y gente también
jodida. Hay organizaciones campesinas, sindicatos, hay otras organizaciones
de maquiladoras de otras partes del país, hay otras colonias
populares de otras partes del país.
Y en todas partes es el mismo batalle: la tenencia de la tierra,
los servicios, la seguridad, todo lo que nos están platicando
aquí lo hemos visto en cualquier parte de nuestro país,
desde Quintana Roo hasta Baja California en el norte.
Y entonces, nosotros decimos: si ya no nos pueden engañar
con eso de que el norte está bien y el sur está mal.
Y ya descubrimos que todo el país está mal. Y no sólo
hasta el Río Bravo, incluso cruzando al otro lado del Río
Bravo, porque sabemos que hay muchos mexicanos y mexicanas de aquel
lado.
Entonces, ¿por qué vamos a dejar que nos sigan engañando?
Lo que nosotros queremos es hacer un acuerdo, compañeros y
compañeras, en todo el país. De toda la gente que está
mal, que está siendo humillada, que está como aquí
en Blanca Navidad.
Y no se trata sólo de hacer el acuerdo de mandarnos maíz,
o una despensa, lo que podamos hacer los zapatistas. Se trata de que
aquí en este lugar, todos ustedes tengan una casa digna. Porque
son trabajadores. Y sus hijos tengan salud, educación y alimentación,
y seguridad.
Y que a nosotros allá en Chiapas nos dejen en paz. Que nos
dejen ser indígenas, nosotros no queremos ser mestizos, queremos
seguir siendo indígenas. Y que nos dejen trabajar la tierra.
Y que cuando vayamos en la calle, nadie se burle de nosotros. Que
nos respeten.
Miren: la mayoría de nosotros no hablamos español,
pero conocemos la tierra mejor que cualquier pinche licenciado. Y
que el gobernador de Chiapas. Y yo estoy seguro que ustedes, como
trabajadores y trabajadoras de la maquila, conocen mejor el trabajo
de la maquila que el charro que está en el sindicato. Que a
lo mejor nunca ha estado en la línea.
Entonces, nosotros decimos: ¿para qué queremos eso?
¿Para que queremos a los políticos? Cualquiera, de cualquier
partido, de uno o de otro. Lo que queremos hacer es librarnos de ellos,
ya por completo.
Como en 1910, pero no con las armas. Con un movimiento civil y pacífico,
pero todos de acuerdo, al mismo tiempo. Vamos a ver qué hace
el de Nuevo Laredo y el gobernador de Tamaulipas y el presidente —si
es que hay todavía presidente, porque ahorita hay dos, luego
cuando hay dos, no queda ninguno, eso lo vamos a hacer nosotros—,
si están todos ésos ¿para qué?
Nosotros decimos: nos levantamos al mismo tiempo, los tumbamos. Y,
de una vez, para qué nos detenemos, saquemos a los ricos también.
Si hay un rico en este país que diga: yo soy rico y trabajé
honradamente y lo demuestra, órale.
Pero sabemos que la inmensa mayoría fue porque robó.
Le robó al trabajador, le robó al colono, le robó
al chofer, le robó al albañil, le robó al campesino,
le robó al indígena, a alguien le robó y ahí
fue como agarró eso.
Pero de todos, el máximo ladrón es el político,
porque ése no hace nada, no hace absolutamente nada, más
que salir en televisión y tomarse fotos en el periódico.
Entonces, nosotros decimos: si quitamos todo eso y empezamos a hacer
acuerdo. Y entonces, el que trabaja tiene que tener vivienda, y el
que no trabaja es el que tiene que ver a ver cómo le hace.
Eso es lo que nosotros decimos.
Y nosotros los estamos invitando a este movimiento, porque yo les
tengo que decir la verdad —yo no soy político para echarles
mentiras—, lo vamos a hacer de por sí. Calderón,
lo vamos a tumbar, no va a terminar los seis años que le tocan.
Antes del 2012 va a caer. No va a terminar.
Las elecciones pasadas, fueron las últimas de este país
de esa clase política, se acabaron. Ahora tenemos que hacer
otra cosa.
Entonces, nosotros decimos: viera que somos más, pues más
fuerza tenemos. Y no se trata de que aquí va a venir a mandar
Marcos ¿por qué si él es de Chiapas? Que aquí
manden ustedes mismos. Aquí mismo los colonos dicen: así
se va a hacer esto y esto otro, y el que quede de presidente municipal—el
que ustedes quieran—, en lugar de dar órdenes tiene que
obedecerlos.
Porque eso es lo que es la democracia: que la gente manda y el gobierno
obedece. Y durante todos estos años nos han engañado.
Porque ahora los gobiernos dan la orden y los tenemos que obedecer.
¿Por qué? Si debiera ser al revés. ¿A
poco vamos a permitir que haya un político ladrón de
presidente? Lo quitamos y ponemos a otro. Y ése sí,
en ese momento, ése que entre de político va a ganar
el salario mínimo —a ver si puede—. Y el trabajador
va a ganar lo que gana un diputado, que son 112 mil pesos al mes.
Eso es lo justo.
Porque según la cuenta que hacemos nosotros, para salir a
mano, el salario mínimo debería de andar entre 800 pesos
al día, si fuera cabal. Para que no te hagas rico, no es para
que te compres una troca, ni para que andes tomando trago todos los
días, ni nada. Así, cinco personas, que vivan bien,
que tenga escuela el chamaco, y que tenga calzones, todo. 700 pesos,
si no, no alcanza. Y nos están dando 45 pesos, cuando lo dan.
Y tiene que ser la jornada pues de ocho horas. Y tiene que cuidarse
la salud de la gente. ¿Ustedes creen que si las trabajadoras
y trabajadores de la maquila, son los dueños de la maquila,
a poco van a andar regando toda la suciedad que riegan? Lo van a cuidar
y van a cuidar a su gente.
Entonces, yo no entiendo, nosotros no entendemos porqué los
que trabajan tienen que vivir con la angustia de a ver a qué
horas se le da la gana al presidente municipal venir a quemar una
casa. Y ahorita es de la señora ésta. Y no sabemos si
mañana va a ser la de otro.
Entonces, esa angustia, nosotros decimos: vamos a cambiarla. Nos
han hecho vivir con miedo todo este tiempo, años, cientos.
Lo que nosotros decimos es: ahora vamos a cambiarlo, ahora que tenga
miedo él, a ver qué va a pasar. Que tenga miedo el presidente
municipal de Nuevo Laredo, y el gobernador de Tamaulipas y Felipe
Calderón.
Porque lo que está pasando es que ya la gente se está
hartando y se va a levantar. Lo que nosotros no queremos es levantarnos
y que entre otro a hacer las mismas fregaderas. Por eso, nosotros
decimos: quitamos a todos y ¿en lugar quién? Cada quien
en su lugar. Que aquí en esta colonia, donde estén ustedes
viviendo —porque va a haber buenas casas ahora sí—
decidan qué es lo que se va a hacer ahí. Si se mete
pavimento, si se mete drenaje, en dónde y todo.
Y no para que uno se enriquezca, sino que todos vayamos parejos.
Si somos los que estamos haciendo la riqueza, no es el patrón
el que la está haciendo. Ni es el presidente municipal. A lo
mejor, si hay presidente municipal o no hay, nadie se va a dar cuenta.
Pero si no hay gente ¿quién?
Entonces, yo les pido de favor compañeros y compañeras,
que nos den el permiso de contar su historia en otras partes. Porque
no se conocía. Y que donde quiera que pasemos nosotros contemos
la historia de cómo se organizaron, de cómo los agredieron,
de cómo los compas estos licenciados echaron la mano pues,
para que no los fregaran. De cómo se organizaron para resistir
y de cómo lograron detener —ahorita— su avaricia
y su egoísmo del presidente municipal de Nuevo Laredo.
Para que lo cuente yo y otra gente entienda. Y aprendamos —que
es lo que queremos— a decir: tenemos compañeros y compañeras
en Nuevo Laredo. ¿Dónde mero? En Blanca Navidad. Ahí
asómate, ahí vas a ver una bandera verde, blanco y rojo,
porque son mexicanos igual que nosotros.
Igual allá vamos a estar en Chiapas, y en todas partes de
la República va a haber quien pueda decir eso. Y ustedes puedan
decir lo mismo. Porque eso es lo que tiene que entender el gobierno:
Blanca Navidad ya no está sola. Ya nunca más va a estar
sola.
Nosotros nada más queremos pedirles pues que nos tengan al
pendiente. Cualquier cosa que pase, para donde quiera podamos estar
levantando la voz. Y que ya no puedan tocarlos sin que nadie se entere.
Así, no importa si no lo saca la televisión o el periódico,
porque lo vamos a saber nosotros. Y nosotros buscamos maña
para que en todo el país se enteren. Y para que se enteren
en otras partes del mundo.
Porque eso es lo que queremos hacer: que nos conozcamos entre todos,
y nos apoyemos mutuamente, sin que nadie mande. Sino que cada quien
mande sobre sí mismo. Gracias compañeros, gracias compañeras.
Nuevo Laredo, Tamaulipas
Reunión de adherentes
21 de noviembre de 2006
Buenas noches compañeros y compañeras. Primero que
nada, pues gracias a Martha porque, como lo explicó, llegamos
a Nuevo Laredo por ella, por necia. En el plan original regresábamos
después de Monclova, regresábamos a Monterrey y nos
íbamos a Matamoros. Ella pegó el grito en el cielo como
está acostumbrada, y nos dijo: no, ¿y aquí en
Nuevo Laredo? Entonces, cambiamos la ruta y llegamos acá.
Y qué bueno que se puso terca y que nos hizo venir hasta acá
para aprender lo que aprendimos el día de hoy. Miren: aquí
se habló mucho del miedo, de que no se tiene miedo. Nosotros
los zapatistas tenemos miedo. Tuvimos miedo el 31 de diciembre de
1993. Unas horas antes de alzarnos en armas. Y teníamos miedo
de morirnos como animales. Y entre ese miedo y el miedo a morir peleando,
pues elegimos mejor peleando.
Luego pasó lo que pasó que ya, por lo que han dicho,
parece que lo conocen bien. Y cuando estuvimos haciendo esto de la
lucha por los derechos y la cultura indígena y empezamos a
conocer mucha gente, de Tamaulipas, del norte de México y de
toda la República. Nos empezó a nacer otro miedo. Es
el miedo de que estuviera ocurriendo una injusticia en alguna parte
de nuestro país y no hiciéramos nada nosotros como zapatistas.
Cuando alguien se pregunta eso: si va a hacer algo, se tiene que
hacer otras preguntas. Se tiene que preguntar si se va a limitar a
apoyar la lucha contra una injusticia, si la va a querer dirigir,
o si va a hacer otra cosa. No se trata nada más de conocer
que está pasando algo en la Blanca Navidad o en las maquiladoras
de Juárez, de Tijuana, de Puebla, de Quintana Roo, o de Nuevo
Laredo. Sino cómo nos vamos a relacionar con esa gente.
Y eso es lo que tratamos de responder nosotros con la Sexta Declaración.
Imaginamos entonces, por lo que nos habían platicado gente
como ustedes, que en el resto de nuestro país se estaban cometiendo
una serie de injusticias que no eran conocidas. Como la que nos hizo
a nosotros levantarnos en armas.
Si se recuerdan, hasta antes de las primeras horas de 1994, los indígenas
no existían en México, mucho menos en Chiapas. Ni se
sabía qué era Ocosingo. Que en todo caso, aparecía
en la geografía como el municipio más grande del país.
Pero de Chiapas no se sabía nada, más que estaba cerca
de la frontera con Guatemala. Y tal vez alguno todavía pensara
que era parte de Centroamérica ¿no?
Esa injusticia que nosotros recibíamos como indígenas
nos hizo alzarnos en armas. Y fue hasta que nos empezamos a morir
en las calles de la ciudad, de Chiapas, que el mundo y México
nos volteó a ver. Y nosotros pensamos: y a lo mejor están
pasando otras injusticias y no las vamos a ver hasta que llegue una
desgracia, o llegue la muerte.
Les voy a contar la historia que nos platicaron hace, pues ayer,
los familiares de los mineros de Pasta de Conchos, aquí cerca
en Coahuila, en el municipio de Nueva Rosita. Los mineros bajaban
cada día como 2 mil metros adentro de la tierra para trabajar.
Y un minero bajo tierra, es como un campesino sobre la tierra o como
una maquiladora en la línea de producción: sabe lo que
está pasando. No necesita estudiarlo, sabe cuando algo está
fallando, cuando hay un gas, cuando la tierra está diciendo
que no, o está diciendo que sí.
Y ellos se dieron cuenta que la mina los estaba amenazando. Dieron
el aviso a sus supervisores, de que había gas, que no había
lo necesario para defenderse en caso de una explosión o un
incendio. Porque así como en las maquiladoras no les dicen
que hay malas condiciones que les pueden afectar su salud. O se los
dicen y como quiera no les dan la solución.
Los mineros tenían el derecho a que existiera ahí,
en ese lugar, extinguidores, equipos de aire, equipos de rescate,
en caso de que hubiera un accidente. Por lo regular, el minero entraba
en una especie de carro hasta donde llegaba, y salía en él.
No estaba funcionando el carro, entraron caminando. Eran, nos dijeron,
como 2 mil 500 metros, 2 kilómetros y medio.
Nosotros que somos caminadores, sabemos que eso en planada toma como
45 minutos, en planada, a buen paso. Si va uno con carga, o va cansado,
o es en subida o lo que sea, pues puede tomar una hora y media o dos
recorrer esa distancia.
Los mineros reportan a la empresa que están esos problemas
y que puede haber una desgracia. Y la empresa les dice: “si
no quieres no bajes y estás despedido”. Para un minero
en la zona carbonífera de Coahuila, perder el empleo es perder
la vida. No hay otra cosa que hacer ahí. Se quedan sin nada,
absolutamente nada. Y con ellos va la familia.
Entonces, si el minero elegía no bajar a la mina moría.
Y si bajaba moría. Y lo que pasó es que bajó,
se dio la explosión y murieron. Sesenta y cinco mineros y sus
familias no tiene ni siquiera los cuerpos. Entonces, sus mujeres,
sus hermanos, sus hijos, lo que están diciendo es que yo quiero
que me regresen mi cuerpo, el cuerpo de mi familiar, porque lo quiero
enterrar. Está bien, ya se murió, ni modo.
Pero a la hora que empiezan a exigir eso, se empiezan a dar cuenta
de que pudieron no haber muerto. Que pudo haber condiciones de seguridad
en la mina, para que no murieran. Y se dan cuenta de que los asesinaron.
Porque los asesinaron. La empresa los mandó sabiendo que se
iban a morir.
Y las autoridades del Trabajo que habían visto ya la mina
y habían visto que no había condiciones, no dijeron
nada. La empresa se mochó con el supervisor para que no dijera
nada. Y el sindicato se había dado cuenta también. Y
se mochó la empresa con el sindicato y no dijo nada.
Entonces, ellas empiezan —ésas, las señoras con
las que hablamos—, se empiezan a dar cuenta de que fue un crimen
con cómplices. Es criminal la empresa, el gobierno federal
y el sindicato. Los tres mataron a mi gente, y ni siquiera me devuelven
mi cuerpo. Entonces, ellas dicen: yo necesito el cuerpo de mi familiar
para enterrarlo, y necesito que se haga justicia, porque no fue un
accidente de trabajo —así lo presentaron los medios de
comunicación—, pero fue un crimen.
Y nos estuvieron explicando, pero nosotros no lo sabíamos.
Ellos, ellas, esos familiares —los hombres y mujeres que son
los familiares— fueron los que nos contaron la historia. Y dicen:
nosotros queremos tres cosas: “que nos devuelvan los cuerpos,
que haga justicia —o sea que se castigue a los culpables—,
y que no vuelva a ocurrir”.
Fíjate, esa señora que perdió no sólo
a su marido, a su compañero de toda la vida, que perdió
además su sostén para poder educar a sus hijos y para
poder comer y vivir, está preocupada de que no le vuelva, que
no le pase a otra mujer como a ella, lo mismo que le pasó a
ella. O sea, que de un día para otro, su marido, su hermano,
su hijo, su papá, baje a la mina y ya no regrese.
Pero además, baje sabiendo que va a morir. Esa historia que
nos contaron ellos y que nosotros les dijimos: déjenos contarla
en otro lado —como le pedimos ahora a los colonos de Blanca
Navidad, que nos dejen contar su historia—, se da aquí
en el norte de la República. Donde la propaganda del gobierno
dice que todo está bien.
Donde, cuando fue la muerte de esos mineros, 65, fue cuando apareció
en la prensa, y cuando nos dimos cuenta cómo trabajaban los
mineros en México. Y que nos enseñan una historia de
todas las explosiones y hay una explosión igual hace más
de un siglo: en 1889, en época de Porfirio Díaz. Entonces,
estamos en el siglo XXI, y los mineros siguen trabajando como en el
siglo XIX.
Y nos están vendiendo eso de la modernidad, y el Tratado de
Libre Comercio, y los chips electrónicos y la fast food y todas
esas cosas que nos están diciendo. Pero fue hasta que apareció
esa desgracia que nos dimos cuenta. Eso por la prensa.
Entonces, los zapatistas dijimos: no pues seguramente en nuestro
país hay injusticias y heridas tan grandes como la nuestra,
o tal vez mayores que la nuestra. Y lo que tenemos que hacer es conocerlas.
Y a la hora que vamos a conocer, pues vamos a presentarnos. Y tenemos
que preguntar y responder qué queremos uno de otro.
Decimos: vamos a recorrer el país y vamos a hablar con las
compañeras trabajadoras de la maquila, y nos van a contar su
historia. Y nosotros les vamos a contar la nuestra —o ya la
contamos porque fueron allá a Chiapas—, y luego ¿qué?
Pues mucho gusto en conocerte, y adios. Eso pudiera darse entre amigos
o entre familiares. Pero entre gente que tiene el mismo dolor y que
sabe que es el mismo responsable, tiene que haber otra cosa.
Entonces, ahí la posibilidad es que nosotros le dijéramos
a las maquiladoras: “éntrense de zapatistas, entren al
Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. O
que ellas nos dijeran: éntrenla a la CJM ¿sí?
Nos podrían haber dicho eso. “Éntrense a luchar
con nosotros y aquí metemos, hacemos más grande la CJM,
maquiladoras y anexas”.
Una compañera: —¡Órale, sale, qué
buen rollo!
SCIMarcos: —Maquiladoras y anexas: CJMyA. O no, o vamos a hacer
juntos un partido político nuevo, y nos metemos a las elecciones,
y López Obrador y…..
La compañera: —¡Ni madres!
SCIMarcos: —O, que fue lo que propone la Sexta Declaración,
dice: bueno, tú luchas aquí, nosotros allá y
nos apoyemos. Hagamos trato, decimos nosotros allá, echemos
trato. En que tú luchas aquí y nosotros allá
y nos apoyamos: nosotros a ti, y ustedes a nosotros.
Entonces, con esa idea empezamos a recorrer el país. Y lo
que encontramos en el país es que: en la mañana, cuando
fuimos a ver donde esta el desagüe ése de las maquiladoras.
Que nos decía Martha: “no pues es que hay como una franja,
una zona franca en la frontera”. Y yo le decía: pues
es que la zona franca agarra hasta Quintana Roo. Porque lo mismo que
vimos en el Río Bravo y en esas maquiladoras lo vimos en Quintana
Roo, en el otro extremo del país. Y lo hemos visto en todos
los estados de la República.
Si el norte fue el primer paso para el modelo de las maquiladoras,
ya hace mucho que no son patrimonio del norte, ni de la frontera.
Están en todo el país, absolutamente en todo el país.
Hasta en las zonas indígenas. Y muchos de sus trabajadores
y trabajadoras son de raíz indígena. Son indígenas,
que no encontraron trabajo, o les despojaron de la tierra y tuvieron
que entrar a trabajar.
Entonces, empezamos a recorrer el país y empezamos a conocer
todas estas historias, que no van sólo con la injusticia que
están recibiendo. Sino que iban acompañadas de alguien
que está luchando. Porque aquí no sólo estamos
conociendo el problema de Blanca Navidad, sino estamos conociendo
cómo la gente se organiza para resistir.
No estamos conociendo sólo la situación de las maquiladoras,
sino cómo se organizan para defenderse como trabajadores. Así,
en cada parte de la República, más que encontrar dolores,
hemos encontrado resistencias y rebeldías. Y algunas mucho
más ricas que las del EZLN, y por supuesto con menos prensa,
con menos reflectores y con menos fotos. Más antiguas que la
del EZLN —que ya tiene 23 años—, con más
victorias, menos visibles. Y, en muchos casos, con más muertos
que los nuestros.
Bueno, empezamos a recorrer y nosotros decimos: bueno, en determinados
lugares nosotros tenemos que dar la señal de que la Otra Campaña
no es una campaña electoral. Y que esto que estamos diciendo
de que vamos haciendo compañeros es algo real, tiene que ser
efectivo.
Y pasamos en un lugar en Querétaro donde hay unos campesinos
que les quieren perforar pozos de agua, para que el agua llevarla
a Querétaro a las fábricas, a las maquilas. Igual, nomás
que los tanques que nos enseñó Martha, pues la tubería.
Y los tubos van a los pozos que están en las tierras de ellos.
Entonces, ellos dijeron: no, porque a la hora que se lleven el agua
van a destruir el clima del valle —que es donde ellos trabajan,
no son indígenas, son campesinos mestizos—. Entonces,
ellos empiezan a hacer una resistencia. Les empiezan a decir —porque
a lo mejor esta historia la conocen— es que ustedes se están
oponiendo al progreso. Van a afectar fuentes de empleo en Querétaro,
nada más por necios. Pero les vamos a pagar la tierra.
Porque ahora con el Procede le pueden quitar a los campesinos la
tierra, que antes no se podía. Antes de Salinas de Gortari
no se podía vender, ni comprar, ni enajenar el ejido. Los campesinos
se niegan —a ver si les suena la historia—, el comisariado
ejidal se vende —hagan de cuenta que es el líder sindical—.
Y entonces tiene que entregar las firmas que la comunidad está
de acuerdo.
Como la comunidad no está de acuerdo, va al panteón
y toma la lista de los muertos y firma por ellos, y entrega el papel.
Y la empresa que va a hacer la perforación de los pozos de
agua, para llevarle el agua a las empresas que están en Querétaro,
lo presenta y dice: ahora, ustedes que están aquí están
invadiendo mi tierra. Y son generaciones —desde la época
de Porfirio Díaz— de propietarios de tierra que fueron
heredando y heredando. Y de un día para otro, amanecen y resulta
que están acusados de despojo y tienen una orden de aprehensión.
Y nunca supieron porqué. Bueno, ya luego supieron porqué.
Cuando se dan cuenta, por supuesto corretean al comisariado ejidal
éste, y se trincan. Y hacen su campamento y dicen: aquí
no nos sacan más que muertos. Porque lo que va a pasar es que
si perdemos nosotros, va a morir la tierra.
Y habla un señor, un ejidatario de ahí, dice: “yo
vengo —llegó a la reunión— del valle de
aquí al lado, y se siente el calor. Y vengo aquí y se
siente la humedad. Dice: yo no estudié en la universidad, ni
siquiera fui a la primaria, con trabajos sé leer y escribir,
pero lo que yo sé es que en el otro valle perforaron los pozos
y ya no llueve. Y se murió la montaña de alrededor y
se murieron los árboles y ya no llueve. Ya no puede sembrar,
ni con riego, dice. Porque el agua se la llevaron.
Les pusieron unas… Les dijeron: nomás nos vamos a llevar
—no sé— ocho litros por segundo. Y entonces ellos
estaban viendo la toma que decía ocho litros por segundo. Pero
la que estaba entrando en la fábrica decía 800 litros
por segundo. Era la real. Y ellos veían que no. Entonces dice:
yo no sé, pero yo sé que si se llevan el agua de esta
tierra, la nube no va a llegar. Y la montaña —porque
era un valle y se veía ahí— se va a morir. Y si
nosotros dejamos esta lucha, nosotros vamos a ser cómplices
de matar esta tierra.
Se trincan. Dicen: no, aquí nosotros vamos a estar. Nadie
les hace caso. Son los opositores al progreso, los desestabilizadores,
todo lo que les han dicho también a ustedes. Y entonces, nosotros
ahí decimos: nosotros los apoyamos. Para apoyar el plantón
les vamos a mandar maíz, porque no tenemos otra cosa pues.
Seguimos en la ruta y llegamos a Colima. Hay un volcán que
se hizo famoso porque a cada rato lo saca López Dóriga,
de que el volcán ya va a… Y hay unos campesinos que nunca
se quieren salir, son de la Otra Campaña. Y entonces, dice:
y no entendemos porqué está gente, estas familias están
—son poquitos, son menos de los que hay en esta asamblea—
no entendemos —dice López Dóriga— porqué
no se quieren salir, si corren peligro y no sé qué.
Pues vamos a conocerlos ¿no? a ver porqué no se quieren
salir. Porque el volcán está echando el humo pues, no
es así que está dormido. Y entonces vamos y —qué
te diré yo, ¿como 10 kilómetros Miguel?—
hay un hotel de lujo, el más lujoso del mundo. ¿Cuánto
cobran la noche?
Miguel: —Tres mil doscientos dólares.
Varias voces: —¡¿Qué?!
Miguel: —Te llevan en helicóptero desde el aeropuerto
al hotel.
SCIMarcos: —¿Es japonés o coreano?
Miguel: —Es japonés.
SCIMarcos: —Es un hotel japonés, pero que está
como a mil metros, dos mil metros de la comunidad, y vale como 40
mil pesos una noche. Una noche. Es de los más exclusivos que
hay en el mundo nomás que ése no se conoce, no sale
en el periódico. No va a salir en El Mañana anunciado
pues.
Y entonces resulta que el hotel, pues quiere tener todo el terreno.
Y entonces dicen… Quieren tener donde están. Esa comunidad
se llama La Yerbabuena, son como 15 o 20 familias. Y entonces dicen:
no pues porqué —dicen— el volcán sí
es un peligro para mí, y no para el hotel. Pues lo que quieren
es meterles miedo de que el volcán va a explotar y los va a
matar a ellos y se va a detener antes del hotel. Pues lo que quieren
es que se salgan para tener la tierra.
Y a cada rato llega el ejército: de que ahora ya viene el
volcán, súbanse a los helicópteros, los vamos
a llevar en helicóptero —quién sabe dónde
los van a botar pues—. Y ellos dicen: no, porque aquí
hay un engaño, porque ¿por qué a ése que
está ahí no se lo llevan? Pues porque tiene dinero.
Entonces, no es cierto que el volcán está amenazando
mi tierra. Lo que está amenazando mi tierra es ese hotel.
Nosotros decimos: nosotros los apoyamos, les vamos a mandar maíz.
Y les mandamos maíz. A los de Querétaro, mandamos a
los de Querétaro y les mandamos a La Yerbabuena. Y yo les cuento
esto porque la especialidad de los zapatistas es dar problemas. Y
luego a ver quién los resuelve. Y está el problema este
de la Noche Buena. El 22 de diciembre van a llegar aquí mil
despensas, que van a mandar las comunidades zapatistas para la gente
de la Noche Buena. Es lo poco que vamos a poder… De la Blanca
Navidad, ya le cambié el nombre.
Es que estoy pensando que sea Noche Buena para ellos. Entonces van
a llegar lo poco que podamos conseguir, pero mil paquetitos que digan:
de las comunidades indígenas zapatistas para la gente digna
de la Blanca Navidad. Pero espérame, es que ustedes las tienen
que entregar, no sé porqué aplauden.
La compañera: —Pues claro las entregamos y a mucho orgullo.
SCIMarcos: —No pero tienen que ir a pepenarlas…
La compañera: —Pues vamos a pepenarlas, pues claro,
sería super.
SCIMarcos: —O sea, se trata de que como Otra Campaña
en Nuevo Laredo —y bueno ya se fueron los del otro lado—
pero tendrían que asumir trabajos que les den cohesión
como grupo. Y nosotros pensamos que la Blanca Navidad es un lugar
donde coinciden muchas luchas: no sólo la de una prensa honesta,
no sólo la lucha de las maquiladoras, no sólo la lucha
por una vivienda digna, sino esto que decimos que debe ser la Otra
Campaña de que tenemos que ser compañeros.
Qué mejor mensaje para los jóvenes del tecnológico
que nos estaba diciendo: bueno, pues es que el mensaje es que hay
que ir a chambear. Porque aquí la vergüenza no va a ser
sólo para el presidente municipal de Nuevo Laredo ¿verdad?
También para el sindicato de Telefonistas, y para todos los
grupos que están aquí, de que de Chiapas —desde
el otro rincón del país— llegue ayuda a algo que
ustedes tienen aquí a unos minutos.
Y de eso se trata la Otra Campaña. Ya no se trata de que vamos
a voltear a ver a Chiapas, o a Marcos, o a los pueblos indios. Sino
cada quien tiene que voltear a ver su realidad y su lucha, y tiene
que buscar la forma de hermanarla y de hacerla compañera con
las otras luchas. Eso es lo que hace la Otra Campaña, y nadie
más lo hace. Sin sacar raja política.
Porque va a venir la CND, López Obrador, va a venir el Diálogo
Nacional y cuánta madre que va a salir por ahí, y lo
que va a querer sacar es raja política. O sea, en qué
me sirve su movimiento para salir en la prensa, para poder venderlo,
o para tener concesiones, o cosas por el estilo.
Y el único que puede ofrecer una ayuda desinteresada es la
Otra Campaña. Y nosotros decimos: si hacemos eso nosotros que
estamos en Chiapas, el EZLN, ¿qué va a hacer la Otra
en Nuevo León? ¿la Otra en Matamoros? ¿la Otra
en Victoria? ¿la Otra en Coahuila? Que también tiene
este punto. Porque el símbolo de la Blanca Navidad, es un símbolo
que se sigue por toda la frontera hasta Tijuana, que es: la situación
no sólo laboral de las maquiladoras, sino las condiciones de
vida, y de persecución que sufren las maquiladoras. Y en el
resto del país.
Y entonces, nosotros podríamos decirle a la gente de la Blanca
Navidad lo fundamental, que es que la Otra Campaña es diferente.
Si la Otra Campaña no es capaz de decirse a sí misma:
soy diferente. Entonces, ¿cómo vamos a ir con el resto
del pueblo a decirles: nosotros no somos como el PRD, ni como el PT,
ni como el PRI, ni como el PAN, somos otra cosa?
—Y ¿por qué te voy a creer?
—Porque mira, esto hice aquí, no en Chiapas, lo hice
aquí en Nuevo Laredo.
O lo hice en Matamoros, o en Reynosa, o en Valle Hermoso, donde cada
quien se mueve. Y entonces, sí podamos construir esta red de
relación diferente, de apoyo, de solidaridad. Que es la que
nos va a permitir levantarnos.
Nosotros no queremos hacernos capitalistas. No nos interesa hacer
una empresa de café. Nosotros queremos hacer otro país
diferente. Y el estorbo es el capitalismo. Es la propiedad privada
de los medios de producción. Porque nosotros imaginamos: nosotros
no queremos que las maquiladoras tengan mejores condiciones laborales,
queremos que sean dueñas de la maquila. Eso queremos.
Porque si ustedes son dueñas de la maquila, ustedes no van
a permitir que se envenene a la gente que trabaja. No van a permitir
que ese niño crezca con la vergüenza de que a lo mejor
va a tener que vender su dignidad para poder vivir. No lo van a hacer.
El trabajo va a dejar de ser una carga y se va a convertir en ser
un orgullo. Y eso sólo es posible si el trabajador, el de Telmex,
es dueño de Telmex, el de la maquiladora es dueño de
la maquiladora. Y el trabajador de la prensa de El Mañana,
es dueño de El Mañana.
Y así cada quien. Porque si uno está produciendo la
riqueza ahí, sólo va ser dueño de su destino,
si es dueño del que lo hace vivir, de su base económica
pues, decimos nosotros. Nosotros sólo vamos a conquistar nuestro
respeto como derechos y pueblos indios, derechos y cultura indígena,
cuando todo el país conquiste su derecho fundamental.
No vamos a ser libres, hasta que las maquiladoras de Nuevo Laredo
lo sean. Y al revés: ustedes no van a ser libres hasta que
no seamos libres nosotros. Entonces, no se trata de entrar al EZLN,
ni que entremos a la CJM. Se trata que cada quien tenga su lucha,
la haga crecer y la hermane una con otra.
Y entonces, que este país vuelva a ser país. Porque
ahora resulta que la frontera es otra cosa, depende de qué
lado estés. Si es la frontera sur, nosotros. O es la frontera
norte, ustedes. Y a lo mejor ya vamos a empezar a platicar y a plantearnos
otras cosas. Porque yo no entiendo —lo he visto— qué
tiene que ver la zona de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, con la
zona de Tampico, Madero y Altamira. Y el gobierno es el mismo.
Según nosotros, éste es otro estado, el de la frontera.
Y son otros problemas, y debía ser otro criterio de gobierno.
Y resulta que están poniendo el gobierno en Victoria —que
está a la mitad— y que se hace pato en la zona de la
Huasteca, y se hace pato en la zona fronteriza. Y no está haciendo
nada.
Entonces, si la gente empieza a organizarse y a tomar el destino
en sus manos entonces empieza a preguntarse: ¿por qué
soy parte de tal lado? Porque si ven el mapa de Tamaulipas, pues ahora
sí que brincas de Coahuila, agarras un pedazo de Nuevo León,
luego agarras otro pedazo de Tamaulipas, y es nada más la pura
trompa de la jarra —que le dicen pues al mapa de Tamaulipas—.
Pero si toda la franja fronteriza, porqué no debiera tener
otra forma de gobierno tomando en cuenta las condiciones reales?
Entonces, el problema no es si mejoramos la distribución y
la inversión en la producción, circulación y
consumo del café. El problema es quién es el dueño
de las cosas, decimos nosotros. Si nosotros somos dueños de
la tierra… Y ser dueños de la tierra es cómo producirla
y que haya precio para el producto. Y los trabajadores son dueños
de las fábricas, de los comercios, de los bancos. Porqué
nos vamos a hacer daño, o a explotar entre nosotros.
Si cada uno de nosotros creció sabiendo que eso era una injusticia.
Cualquiera de las trabajadoras de la maquila, así como nos
platicaba la compañera: es que yo no puedo tomarle el tiempo
a una maquiladora como yo, porque sé que la estoy poniendo
a que órale apúrate, y dale y dale. Y nada más
es para servir a otro.
Pero ¿cuáles serían las condiciones de trabajo
en la maquila si fuera un consejo de administración de trabajadoras?
Miren: porque nosotros descubrimos que eso de que hay que tener estudio
para gobernar es pura mamada —con perdón, y no se le
antoje a nadie—. No es cierto, nuestra gente es analfabeta y
gobierna bien. Y si gobierna mal, para fuera. Y otro, y otro, y otro,
y otro, hasta que quede uno bueno. Y otro para que aprenda, y así
, y así.
Entonces, cuando descubrimos en todo nuestro país, en este
recorrido, que había estos dolores, que había estas
resistencias y estas luchas que había que conocer. Y que teníamos
que hermanarnos, nos preguntamos: ¿qué vamos a hacer
con esa fuerza? Si vamos a cambiar de presidente, o vamos a cambiar
de país.
Nosotros, en la Otra Campaña, elegimos cambiar de país.
Y si se atraviesa Calderón, López Obrador, Madrazo,
o como el que se vaya a llamar el que quiera llegar, lo vamos a tumbar.
De una vez les avisó, porque entonces dice: a lo mejor va a
tumbar a Calderón, para que entre López Obrador. No,
también vamos por él. Y por el que se atraviese.
Porque el problema no es un problema de gobierno. El problema es
un problema económico. Hay quien tiene y quien no tiene. Y
el que no tiene es el que produce, y el que tiene no produce nada.
Y en medio de esa relación hay una clase política —toda
la clase política— que es un parásito, que nos
está envenenando a nosotros y que en el momento en que deje
de servirle al poder, lo va a quitar y va a poner a un militar o va
a poner al que quiera. O va a poner a un demócrata, como luego
se dice. O democráta como dicen los gabachos pues del otro
lado.
Nosotros no queremos eso. De una vez vamos a… Si vamos a juntar
toda esa fuerza, vamos a ponernos todos de acuerdo. Y vamos a entrar
en otra relación. Y que en esa nueva relación veamos
quién produce el café, quién lo empaca, quién
lo comercializa y quién lo vende y quién lo compra.
Y en esa relación entre trabajadores del campo y de la ciudad…
Porque el problema no es aquí si uno es indígena o
es mestizo, nosotros decimos: no, el país no pertenece a los
indígenas, no. Pertenece a los trabajadores y a las trabajadoras.
No importa su color. Importa su lugar en la sociedad. Entonces, aquí
nosotros no estamos haciendo una lucha de los prietos contra los blancos.
No, estamos haciendo una lucha de los que no tienen nada, más
que su trabajo, contra los que lo tienen todo y no trabajan, que son
los grandes propietarios.
Y en esa lucha se está atravesando la clase política,
pues hay que hacerla a un lado. Entonces nosotros decimos: encontramos
a ustedes a las maquiladoras, a los telefonistas, a los chavos, los
estudiantes o jóvenes en general, a los trabajadores de la
prensa. Y encontramos en otras partes organizaciones políticas
de izquierda, que son de izquierda y que no entraron a la cuestión
ésta electoral. Porque saben que es una mentira.
Encontramos a grupos y colectivos como los que vienen en la karavana,
que su trabajo es la noticia pues, pero la noticia abajo pues, que
no deja ganancia pues, que no es capitalista pues se dice. Y encontramos
a gente que hace trabajo cultural, y encontramos a pueblos indios
en todo el país. Incluso Coahuila que nos decían: es
que aquí ya no hay indígenas, pues encontramos dos grupos
indígenas. Los encontramos de que hablamos con ellos, no es
que los inventamos.
Entonces, estamos encontrando todo esto, y entonces nosotros decimos:
tenemos esta fuerza, vamos a usarla para esto. El que le quiera entrar,
órale. Y el que no le quiera entrar, pues ahí le avisamos
que eso es lo que va a pasar. Y va a tener que elegir: si va a ver
las cosas que pasan detrás, o frente a un televisor, o escuchando
una radio, o leyendo un periódico. O lo va a vivir haciéndolo.
Si eres niño, niña, joven, jóvena, adulto, adulta,
anciano o anciana, va a tocar. Porque según nosotros, el país
no aguanta más. Y cada quien va a buscar por dónde le
va a hacer. Entonces, nuestro miedo como zapatistas es saber que existe
la Blanca Navidad y no hacer nada. Y saber que existe todas y cada
una de las cosas, las injusticias que hemos visto y no hacer nada.
Y entonces nosotros decimos: otra vez, como en diciembre de 93: por
esto, vale la pena morir. Y estamos dispuestos a hacerlo. Ese miedo
de no hacer nada, porque nuestro país será destruido,
es más grande que el miedo que tengamos a que nos maten. Por
eso salimos. Y por eso estamos haciendo este recorrido.
Entonces, ya para acabar, yo les pido que se reúnan. Porque
además hay una pregunta que va a ser la consulta en diciembre
de cómo va a quedar ya la otra Campaña. Y les vamos
a preguntar a cada uno de los que están en esta consulta nacional,
de los que son adherentes, o los que vayan a ser adherentes en este
periodo, dice: bueno, ¿qué va a ser la Otra Campaña?
¿Cómo debe de ser? Los seis puntos que decimos nosotros.
Y preguntarles a todos y definirlo. Porque yo no sé si se
va a enojar el señor Peña —se llama el presidente
municipal— porque vamos a regresar el año que entra y
ahora vienen más zapatistas: o sea el delegado 1, 2, 3. Y vamos
a estar vuelteando aquí, ya no así de un día,
sino más tiempo.
Porque ahora lo que se va a tratar es de hablar con las maquiladoras,
que no están en la CJM, ni son zapatistas, ni son nada, pero
están siendo explotadas. Y a la hora que les digamos:
—Éntrate con nosotros, cuáles son tus condiciones.
Nos va a decir:
—¿De qué partido eres?
—No pues de ninguno.
—Entonces, ¿quién eres?
—Pues soy de la Otra Campaña.
—Y ¿qué es la Otra Campaña?
Lo que se responda aquí en Laredo tiene que ser lo mismo que
se responda en las montañas del sureste mexicano, porque es
lo que nos hace compañeros. Y entonces, la maquiladora de ahí
y la maquiladora de Quintana Roo —porque también hay
maquiladoras allá y son indígenas mayas los que están
trabajando ahí— le tenemos que decir lo mismo: nosotros
queremos que tú seas el dueño de donde estás
trabajando. Y para eso tienes que luchar.
—No, pero es que son muy fuertes, y todo eso.
—No, pero mira es que somos en todo el país.
Entonces, ir levantando lo que nosotros decimos el Programa Nacional
de Lucha. Porque estamos acostumbrados a que llega alguien y nos dice:
el programa para las maquiladoras es éste. Y pues nadie le
pregunta:
—Oye ¿y tú cuando trabajaste en una maquiladora?
—No pues nunca, ni siquiera sé qué es una maquiladora
pues. Hasta ahorita estamos entendiendo.
Pues entonces, los que tienen que decir qué onda con las condiciones
laborales, de trabajo, las condiciones salariales, sus derechos laborales,
sus condiciones de vida —porque ya vimos que está pegado,
junto—, sus familias, todo eso, pues son la gente de las maquiladoras.
Y entonces, ahí entra en el Programa Nacional de Lucha. Dice:
el nuevo país para las maquiladoras, según las maquiladoras,
son éstas.
Y para los indígenas son éstas, pues que digan los
indígenas. Y los estudiantes que digan su parte, y los jóvenes
su parte, y las mujeres su parte, y los ancianos su parte. Cada quien
su parte. Y ahí se construye el Programa Nacional de Lucha
¿Vamos bien?
Y ahí ya le ponemos fecha: tal día a tal hora, el país
se para. Y cae el gobierno y entonces los ricos nos van a decir: y
con quién nos arreglamos. Escoge: quieres boleto de avión,
hay un tren a las cinco, un avión a las 6, un autobús
de no sé qué —como la canción de John Sebastian—
o la cárcel. No pero entonces quién va a trabajar. Pues
los que han trabajado siempre la maquila. ¿No va a estar el
señor como se llame el dueño de la maquila? No, y como
quiera va a trabajar.
Entonces, al principio va a haber un desbarajuste porque dice: y
ahora quién nos va a dar la orden. Y las mismas maquiladoras
van a decir: y ¿para qué necesitamos quien nos de orden?
Ya sabemos qué hacer. Nomás que ahora, lo primero que
tenemos que hacer es cuánto se produce y cuánto merecemos
nosotras por nuestro trabajo. Y vas a ver que aumenta el salario inmediatamente,
porque ustedes no van a decir…
Y luego ¿cuáles son las condiciones de salud? Pues
ustedes no van a decidir que las condiciones de la maquila sean lesivas
para la trabajadora. Y así en cada lugar. Y en las universidades
van a decir…
Ése es ahora sí que mi mensaje especial para los estudiantes,
porque ustedes van a estudiar una carrera. La compañera es
de administración de empresas, no va a encontrar empleo a la
hora que salga. Y el empleo que hubiera para una administradora de
empresas lo va a agarrar el compadre del señor Peña,
o la comadre pues. Aunque haya estudiado corte y confección.
Va a agarrar el puesto. Y la compañera esa que estudió
administración de empresas pues va a terminar en una maquila.
Y se va a hacer la pregunta de que para qué estudió
cinco o seis años —incluyendo la tesis porque se colgó
un poco, lo que sea— si lo pudo haber hecho con los estudios
de primaria. Entonces, la escuela no es sólo que sea gratuita
y que haya la carrera que quieres estudiar, es que tiene que haber
un empleo al final, si no para qué.
O sea, un doctor que se gradúa y no hay un hospital para atender,
y entonces para qué. Y se necesita el doctor, y se necesita
el administrador y todas las profesiones que hay. Pero los empleos
no se están decidiendo por capacidad, se están decidiendo
por palancas. Cuando se deciden así, porque luego la empresa
llega con todo. Hasta al barrendero lo traen de otro lado.
Entonces, como explicaba Martha, dice: no es cierto que vienen a
traer empleo. Pues sí, no es cierto. En San Luis Potosí,
la Minera México que quiere poner una mina a cielo abierto
—que va a contaminar todo el valle de San Luis— ofrecía
a cambio 40 empleos. Y ¿sabes qué va a explotar? Oro
y plata. ¿Les suena como hace 500 años? Ocho años
va a sacar el oro y la plata que hay ahí en el cerro de San
Pedro. Nomás que le pusieron San Xavier para cambiarlo.
Lo que no contaron ellos es que iba a haber gente que dijera que
no. Así como los de la maquiladora no encontraba gente que
dijera que no y ya la están encontrando. Y así como
los que están vendiendo este país, pensaban que no iban
a encontrar gente que dijera que no. Y es cuando la Otra Campaña
dijo: NO.
Y ¿entonces qué? Eso es lo que tenemos que construir
entre todos. Esa es nuestra palabra. Yo creo que ya di la conferencia
de prensa con eso. Tán tán. Adiós, gracias.