Palabras
del Delegado Zero en Saltillo, Coahuila
18 de Noviembre de 2006
Plaza Nueva Tlaxcala, Saltillo, Coahuila.
Acto público.
18 de noviembre del 2006.
Compañeros, compañeras:
Queríamos llegar hasta acá, hasta Coahuila y hasta
Saltillo, porque queríamos saber si lo que dice el que está
arriba a mi derecha —el gober precioso del norte de la República—,
Moreira, es cierto. Si es cierto que en Coahuila todo está
bien, si es cierto que hay mucha ayuda y mucho apoyo, y que la gente
vive feliz.
Y lo que hemos encontrado es que sí, que hay grandes proyectos,
que hay muchos apoyos, pero son para los grandes propietarios, para
los grandes empresarios.
Lo que hemos visto en Coahuila nos hace confirmar lo que ya pensábamos:
que en el extraño mundo de Moreira, los de abajo no existen,
como no sea para humillarlos, para despreciarlos y para reprimirlos.
Tal vez, alguien que me está escuchando, si mira para arriba
y mira lo que dice la televisión con Marcos Martín Soriano
o en los periódicos, o en la radio, puede pensar y creer que,
en efecto, que todo va bien en este país y que todo va bien
aquí en Coahuila y en Saltillo. Y que los que son culpables
de que salgan las cosas mal son los chavos, las chavas, la banda,
la raza que es diferente y que toma las calles, no para apropiarse
de ellas, sino para declarar su diferencia y su identidad.
Y resulta que los que amenazan a esos pequeños comercios no
son esta banda, no son estos chavos, sino son los funcionarios de
Moreira, los funcionarios del presidente municipal: los que los extorsionan,
los que hacen que aumente el precio del transporte, el precio del
agua, del gas y de la luz.
Lo que hemos descubierto en San Pedro de las Colonias, en la Comarca
Lagunera, es que este señor que está arriba a mi derecha,
a dedicado todo su tiempo, su esfuerzo y el dinero, a hacerse propaganda
a sí mismo, a promoverse como si fuera un producto que ahora
estamos descubriendo no sirve para nada —como la mayoría
de los que se producen en todo el país en la clase política
mexicana—.
Ellos piensan que pueden doblegar a los de abajo a través
de engaños, pero si estas gentes que me escuchan voltean a
ver su mesa, van a descubrir que cada vez se come más mal y
cada vez se come de peor calidad.
Cada vez menos alimento, cada vez sube más la cuenta de la
luz, del predial, del drenaje, del agua potable, cada vez sube más
el transporte. ¿Y por qué? Si los que estamos trabajando
acá abajo somos los que estamos levantando esto, los que hacemos
que todavía Coahuila —a pesar de sus gobernantes—
sea un orgullo para nuestro país.
¿Por qué cada vez vivimos peor? Y ¿ por qué
ese señor que está arriba y los zánganos de los
diputados locales y los presidentes municipales y los regidores, y
todo eso que conforma esa mafia de criminales que es la clase política
mexicana en Coahuila, por qué cada vez se enriquecen más?
Vimos la destrucción que están haciendo en la Comarca
Lagunera, y no sólo, también la destrucción que
están haciendo a la hora de privatizar las universidades públicas.
La Antonio Narro, la Autónoma de Coahuila, cómo la están
convirtiendo a través de cuotas y cooperaciones, a través
del costo de laboratorios, de uso de biblioteca, de tesis, de exámenes
profesionales, en unas universidades privadas cada vez más
caras y que cada vez nos dejan más fuera de la educación.
Vimos que lo mismo ocurre en la preparatoria, en la secundaria y
en la primaria.
¿Dónde está pues el Coahuila del extraño
mundo de Moreira? Está nada más en su cabeza y en los
grandes medios de comunicación que se venden para difundir
esta mentira.
Pero no siempre es así, no siempre encontramos gente que se
crea esas mentiras. Encontramos otra gente que se organiza, otra gente
que lucha y se rebela. Y es cuando ellos que están allá
arriba, empiezan a vender la idea al resto, de que somos delincuentes,
de que somos gente malvada.
Y ellos piensan que van a doblegar a estos jóvenes, a los
chavos y a las chavas. Y no saben que cada estoperol, que cada percing,
que cada tatuaje, que cada centímetro de negro en sus ropas,
es una cuenta que van a cobrar, y se la van a cobrar a los responsables
de quienes hoy los criminalizan, de quienes hoy los persiguen.
Porque va a llegar ese día —como llegó para nosotros,
los pueblos indios de Chiapas— y entonces lo que era nuestra
identidad, lo que sigue siendo a pesar de ellos, se va a convertir
en una afrenta y en una cuenta pendiente que tenemos que cobrar.
Creen ellos allá arriba que los doblan, que los rinden, que
les meten miedo. Y lo que hemos visto aquí en Saltillo y en
Coahuila es que no lo han logrado, que cada vez son más, que
cada vez están más decididos. Y es gente como ustedes,
banda, a la que queremos de compañeros y de compañeras.
No para venir qué hay que hacer, sino para aprender de ustedes,
porque a eso hemos llegado a Saltillo y a eso hemos llegado a Coahuila.
Hemos visto lo que ha hecho en el campo el gobierno del estado y
el gobierno federal. Han completamente destruido la tierra ejidal
y la tierra comunal. Las tierras que antes producían alimento
y orgullo para el pueblo de Coahuila, ahora están en manos
de las grandes empresas.
Hemos descubierto que aquí en Coahuila no gobierna Moreira,
aquí el que manda es la leche Lala, la industria Peñoles
y Aguas de Barcelona, entre otras.
Y entonces, ¿por qué vamos a seguir comprando la simulación
cada tres años, cada seis años?, que ésos, los
que están allá arriba, disfrazándose de un partido
político o de otro, nos siguen robando, persiguiendo, explotando
y despreciando.
Lo que nosotros estamos proponiendo en la Otra Campaña, es
que ya va siendo hora, ya va siendo hora de que derroquemos a esos
gobiernos. A ésos que están al frente y a los que realmente
mandan en Coahuila y en nuestro país, que son los grandes empresarios.
La tierra tiene que ser de los campesinos, pero no sólo la
tierra, con ella tiene que ir incluido los créditos, los fertilizantes,
las semillas y, sobretodo, el precio para el producto, porque hemos
visto por aquí lo que nos han contado, por ejemplo, que el
melón, ni siquiera tiene precio, ¿para qué tanta
jornada de trabajo?, para que ni siquiera podemos conseguir un precio
justo a la hora de ir al mercado.
Y estas políticas que tiene el de allá arriba lo que
han hecho es que cada vez más gente tenga que ir a trabajar
al otro lado. Y en su lugar se están erigiendo las grandes
haciendas, los latifundios, las grandes fincas con sus tiendas de
raya, como en la época de Porfirio Díaz. Y los que las
están trabajando, los que están siendo esclavizados,
somos nosotros, los pueblos indios de este país.
Y cuando los gringos cierren por fin la frontera, ¿a dónde
va ir la gente sin empleo, sin tierra, sin ninguna oportunidad de
estudio, sin nada que les signifique vivir con dignidad? Sólo
le quedara una opción: convertirse en fantasma o luchar.
Lo que nosotros estamos pidiendo, compañeros, es que se levante
Saltillo, que se levante Coahuila, pero que no lo haga solo.
Que los ejidatarios, los pequeños comerciantes, los locatarios
de mercado, los jóvenes y jóvenas, la banda, las organizaciones
sociales, las organizaciones políticas, los obreros, se levanten
junto con nosotros, en un movimiento civil y pacífico, para
al mismo tiempo y de una vez por todas, librarnos de estos obstáculos
que hay, en lo que queremos, que es una vida digna.
Nosotros queremos respeto y eso es lo que ofrecemos.
Queremos que la gente en Saltillo mande y que el gobierno obedezca.
Queremos que la gente en Coahuila mande y el gobierno obedezca.
Que nuestra diferencia, nuestra identidad, sea respetada.
Que las mujeres no sean tratadas como un objeto.
Que los ancianos no sean despreciados como algo que ya no sirve.
Que los jóvenes sean saludados por su dignidad, sin importar
su apariencia, y la mayoría de las veces precisamente por su
apariencia. Porque esta banda no se pone así nada más
porque sí, es su posición política, es su forma
de decir “no al de arriba”, es su forma de decir: “soy
un rebelde, no me voy a dejar, no importa cuánta policía
me avientes, no importa cuántos tengamos que entrar a la cárcel
y, ahora, no importa cuántos tengamos que morir”.
Campesinos de Coahuila, obreros de Coahuila, estudiantes de Coahuila,
la banda de Coahuila, ancianos, mujeres, jóvenes, niños.
Todo lo que está aquí abajo es lo que queremos nosotros
aprender como zapatistas, como indígenas de las montañas
del sureste mexicano, aprenderles a decir compañeros y compañeras.
Y que podamos crecer allá nosotros en paz y con dignidad,
y ustedes también aquí. No mandarlos nosotros, pero
tampoco que ustedes nos manden a nosotros.
Lo que nosotros queremos es que no nos mande nadie.
Que cada quien pueda tener en sus manos su destino y pueda salir
a la calle con tranquilidad, sabiendo que tiene un trabajo digno,
que tiene un alimento digno en su mesa, que hay luz en su casa, sin
que eso signifique una angustia, una carga. Que haya estudio y que
al final de él, hay también un trabajo y una profesión
que puede hacer crecer a nuestra sociedad.
Nada, absolutamente nada de eso es ofertado por los partidos políticos
electorales. Nunca van a encontrar nada de eso, ni en el programa
de gobierno de Moreira, ni en sus diputados locales, ni en los presidentes
municipales, porque nada de eso nos va a ser regalado por nadie, lo
tenemos que conquistar.
Ya va siendo hora que dejemos de cosechar derrotas, les llegó
la hora a ellos, ahora les toca perder a ellos.
Y nosotros tenemos que aprender a ganar por nosotros mismos, en nuestro
lugar. No para que llegue otro al poder, no para que otro se enriquezca,
sino para que todos parejos podamos vivir en un México, digno,
libre, democrático, justo.
Como lo quisieron antes, hace 100 años los que se alzaron
en armas.
Como lo quisieron antes, hace 200 años, los que lucharon contra
la Corona Española.
Y los que ahora —como nosotros y ustedes— en este movimiento
civil y pacífico, vamos a arrancarle a los de allá arriba.
Otra patria, la única que va a ser posible levantar: la de
abajo, la de izquierda.
Compañeros y compañeras: nosotros les pedimos que se
asomen a este movimiento. Sabemos que hay mucho escepticismo y desconfianza,
que piensan que esto se trata de otro partido político, de
otra propuesta de alguien que quiere llegar al poder o vender el movimiento.
No se trata de eso, porque nosotros no venimos acá, hasta
Coahuila, a decirles qué hacer. Venimos a que nos enseñen,
a que nos regalen su palabra, su experiencia y a aprender de ella.
Y venimos que, a través de nuestra mirada y de nuestro oído,
otros chavos en el país, otras chavas, los vean a ustedes y
los vean con orgullo y con admiración, porque aquí hemos
visto gente, jóvenes y jóvenas, que no se dejan. Y no
importan los golpes y no importan los barrotes de la cárcel
que les pongan enfrente, como quiera siguen rebeldes y siguen luchando,
y siendo camaradas del que está caído.
Queremos que volteen a ver a los campesinos, a los ejidatarios que
no se quedan callados, que luchan por recuperar su tierra, por hacer
florecer otra vez la Comarca Lagunera y todo el campo en Coahuila.
Queremos otra vez que sean vistos y escuchados los pequeños
comerciantes, los locatarios del mercado, la gente que trabaja la
calle para tener algo digno para llevarse a la boca.
Queremos que volteen a ver a los estudiantes, a los maestros de primaria,
de secundaria, de preparatoria y de la universidad. Y su lucha —también—
por un trabajo y un salario digno.
Queremos otra Coahuila, sin ella no podremos tener otro México.
Y les decimos a ustedes la verdad, como acostumbramos nosotros: Coahuila,
otro Coahuila no será posible si no construimos otro México.
Venimos a proponerles que nosotros en Chiapas, ustedes acá
en Coahuila y los compañeros que hay en todo el norte de la
República, y en el centro, y en el sur de nuestro país
hagamos un acuerdo para librarnos de quienes nos están explotando,
despreciando, despojando y reprimiendo: los grandes gobiernos y los
grandes propietarios.
Gracias compañeros, gracias compañeras.