Palabras del Delegado Zero en Monterrey, Nuevo León
17 de Noviembre de 2006

Escuela Bernardo Agrousset, Monterrey, Nuevo León.
Reunión con niñ@s de primaria y secundaria
17 de noviembre del 2006.

Buenos días, alumnos de primaria y de la secundaria que nos están recibiendo aquí.

Nosotros queríamos contar una historia, que es como de un rompecabezas y que tal vez tengan ustedes que armar y completar la imagen. Tal vez hoy. Tal vez dentro de algunos años.

Nosotros somos indígenas de Chiapas, de raíz maya. Y nuestros pueblos se llaman según la lengua que hablan: el pueblo tzeltal se llama así porque esa es la lengua que habla; el tzotzil, el chol, el tojolabal, el zoque y el mame. Siete pueblos, junto con el mestizo, es lo que forman nuestros pueblos, los pueblos zapatistas que decimos nosotros.

Y según nuestro modo, en la palabra, en la lengua, habla no la cabeza, sino habla el corazón —decimos nosotros—.

Y nuestra lengua es tan rica, que hay muchas palabras que no tienen traducción ni al español ni al inglés, ni a cualquiera de los idiomas europeos u occidentales.

Para decir que estamos tristes decimos que nos duele el corazón. Para decir que estamos contentos, decimos que nuestro corazón canta. Y así en muchas otras palabras vamos diciendo lo que vamos sintiendo y cómo vemos al mundo.

Hay una historia según nuestros antiguos. Nuestras creencias es que en la naturaleza, en la tierra, en los árboles, en los manantiales, está la historia de los hombres y mujeres, no sólo la historia que pasó antes, sino también la que va a pasar después.

Y cuentan nuestros más viejos que cuando los dioses hicieron el mundo, pues eran, eran un relajo, así como cuando echan relajo ustedes. Y todos estaban haciendo bulla y no quedaron las cosas completas, cabales. No quedó el mundo como debía haber quedado, pero más o menos ahí se iba.

Los hombres y mujeres trabajaban, vivían parejos, no había quien mandara ni quien obedeciera y todo lo sacaban por acuerdo. Y luego lo que pasó es que dijeron que iba a llegar un momento en que iba a llegar otro de fuera, iba a querer conquistar las tierras, e iba a querer destruirlas. Y entonces que era necesario que estos pueblos, los originarios de estas tierras, antes de que existieran todos los demás países, tuvieran una memoria.

Y entonces los dioses les regalaron un árbol. El árbol sagrado para nosotros los mayas es la Ceiba, la que sostiene al mundo sobre su cabeza y que hace que la tierra no se caiga con sus raíces. Ese era el árbol —decían estos dioses— , el árbol de la memoria.

Cuando llegan los conquistadores —los conquistadores españoles—, se dan cuenta de que no pueden vencer a los pueblos indios que están defendiéndose en todo el territorio, que después sería México. Y que la fuerza la estaban obteniendo de ese árbol, de esa Ceiba, del árbol de la memoria.

Y quisieron destruirlo. Quisieron quemarlo. Le prendieron fuego y entonces la lluvia apagó el fuego y no pudieron destruirlo.

Entonces vieron que para destruirlo tenían que cortarlo. Trajeron sus hachas, sus lanzas, sus espadas, y empezaron a cortar el árbol de la Ceiba, hasta que lo tiraron al suelo. Y luego lo empezaron a hacer astillas, a partir por completo para que no quedara nada.

Entonces vino un viento muy fuerte, levantó todas esas, ramas, hojas y astillas del árbol y las repartió por todo el pueblo, por todo el territorio mexicano.

Y dicen nuestros antiguos, que de ahí, de esas astillas que llegaron otra vez en la tierra, volvieron a germinar y que eso son los pueblos indios, casi sesenta, más de sesenta pueblos indios que habitan el territorio mexicano.

Y dicen nuestros antiguos que el trabajo de esos pueblos indios es guardar la memoria para que este país recuerde lo que fue, recuerde lo que fue sus raíces.

Y en nosotros lo que nos encontramos en 1990,1994, es que este país había olvidado lo que era. Entonces estaba —¿si se acuerdan?— ése de presidente, Carlos Salinas de Gortari. Y decía pues que prácticamente ya éramos tan avanzados como Estados Unidos y como Canadá —por eso hizo el Tratado de Libre Comercio—. Y que ya no había ninguna necesidad ni ninguna pobreza en nuestro país.

Y resulta pues que los pueblos indios estaban completamente abandonados.

Nosotros como indígenas descubrimos que nuestro país no nos reconocía como su raíz, como su base cultural, ni siquiera como seres humanos.

Para los de arriba, para los gobernantes del PRI, del PAN, del PRD, los indígenas somos ignorantes porque no hablamos español. Nuestros jefes indígenas —hombres y mujeres— que son los que nos mandan, por eso yo soy Subcomandante, ellos son los Comandantes, los que mandan, para los que voy a llevar el regalo que me dio el profesor.

Estos compañeros, la mayoría nunca fue a la escuela, ni la mayoría habla español, hablan sólo lengua maya.

Y hay como ustedes, niños de su edad, que estarían en la primaria o la secundaria allá en las montañas del Sureste mexicano, que no hablan español, ni han ido a la escuela.

Para los de arriba, para el gobierno, ustedes son gentes cultas y estudiadas, y mis compañeros y compañeras son ignorantes.

Hay una niña de diez, once años; un niño de doce, trece años, que puede identificar un ave con sólo escuchar su aleteo, que puede saber cuándo está en celo, dónde tiene su nido y cuánto tiene de cría.

Hay un niño y una niña allá que sabe cuándo va a parir la vaca una ternera, cuándo la yegua está embarazada, cuándo hay que sembrar.

Y es nuestra gente la que es ignorante y la gente de la ciudad es la que sabe.

Hay un anciano que nunca fue a la escuela y que puede leer nada más en las nubes y en la dirección del viento, cuándo tiene que sembrar, cuándo va a cosechar, cuándo va a dar el maíz y cuánto le va a dar cada hectárea, sin haber ido a la universidad. Pero ese compañero es un ignorante y el que es culto es el presidente municipal de Santa Catarina.

Hay un niño y una niña que saben leer la tierra, leer el manantial, leer el aire, conocen los animales con sólo escucharlos, con sólo ver su huella, pero para los de arriba, nosotros somos ignorantes porque no hablamos español. Y en cambio el sabio es Natividad González Paras —que es el gobernador de Nuevo León y que se dedica a robar la tierra—.

Lo que nosotros vemos es que el mundo se enchuecó, estaba de una forma y los grandes ricos y los gobernantes lo voltearon. Y ahora resulta que el ignorante es el que manda y el sabio es despreciado.

Ahora resulta que el criminal es gobierno y la gente que trabaja y que lucha está en la cárcel.

Ahora resulta que el que trabaja es pobre y el que no trabaja es rico porque le quita al pobre.

Todo esto vimos nosotros allá donde estamos y tuvimos que hacer que nos escucharan y que nos vieran. Teníamos que salvar —decíamos nosotros— la memoria de estas tierras y hacerla recordar a todos los que estaban en todas partes del México.

Nuevo León para nosotros es diferente —porque yo escuché hace rato, cuando hacían su juramento de estudiantes como neoleoneses y como mexicanos—, y ustedes tienen que saber que hubo aquí sangre de Nuevo León, que decidió amar a su tierra, a Nuevo León y a su país. Y entendió que la mejor forma de amarla era luchando por ella, yéndose de estas tierras.

Y es gente neoleonesa que se fue para Chiapas y después formó lo que se llamó Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que somos nosotros. Por eso el vínculo, el puente, el corazón que nos une a Nuevo León con Chiapas, viene de hace muchos años y es una historia que no quieren difundir los que están allá arriba en Nuevo León o allá arriba en el gobierno, pero que nosotros tenemos que guardar en nuestra memoria.

Nosotros queremos agradecerles que hayan llegado hasta acá los compañeros y compañeras que son de la karavana —que ustedes los ven—, es gente que viene de otras partes del país y de otras partes del mundo. Y que lo que están haciendo junto con nosotros es aprender, aprender de Nuevo León, aprender de Monterrey, de Santa Catarina, de los lugares de donde vamos pasando, donde lo que queremos es escuchar y tratar de alimentar —de alguna forma— ese árbol de la memoria que somos los pueblos indios.

Va a llegar el día compañeros y compañeras de primaria y de secundaria, que eso que hoy están recordando como algo que pasó mucho tiempo, es algo que van a vivir cada día y cada noche: un pueblo que lucha, que sale a la calle, no de diez, de veinte, sino de miles, de cientos de miles, de millones, porque la destrucción que están haciendo en la Huasteca, la están haciendo en todo el país.

Porque los campesinos ya no aguantan.

Porque los pueblos indios ya están cansados de que los desprecien y los humillen.

Porque los jóvenes ya están cansados de que los traten como delincuentes.

Porque los estudiantes ya están cansados de estudiar para no encontrar empleo.

Porque los maestros ya están cansados de no recibir un salario justo.

Porque los trabajadores y las trabajadoras ya están cansadas de que los estén humillando y ni siquiera les den un salario justo.

Porque toda la gente, abajo, en todo el país, está cansada de los gobernantes.

Y cada vez que un pueblo se cansa de quien lo gobierna, se levanta y lo derriba. Lo derroca.

Esto que recordaron con las canciones de la Revolución Mexicana, va a volver a pasar dentro de poco tiempo. Entonces, tal vez ustedes tendrán unos pocos años de más — porque tampoco va a tardar mucho tiempo esto que les digo— y entonces yo les pido que recuerden la historia ésta y armen el rompecabezas.

Porque lo que no contestaron los campesinos que representaban a los que pelearon en la Revolución Mexicana, es que después de esa Revolución los pueblos indios quedamos igual. Porque después de la Guerra de Independencia los pueblos indios quedamos igual.

Y en este nuevo movimiento que se va hacer, los pueblos indios ya no vamos a quedar igual, vamos a conquistar por la buena o por la mala el lugar que merecemos como raíz y como memoria de esta patria que es México.

Nosotros les pedimos que cuando llegue ese momento, recuerden ese pendiente.

Esos compañeros y compañeras que vinieron en 1999 a la consulta, los que van a venir el año que entra —también espero que los inviten aquí a su escuela para que platiquen con ellos—, todos esos compañeros y compañeras son indígenas como muchos, decenas de pueblos indios en todo el país, que lo que estamos reclamando es un lugar digno, de respeto, en todo el país.

Así como la mujer demanda que sea respetada, los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, nosotros como pueblos indios queremos que nos respeten.

Cuando esto que va a pasar empiece a pasar, les voy a pedir que armen el rompecabezas completo y vean que este país no va estar cabal, no va tener democracia, ni libertad, ni justicia, si vuelve a olvidar a sus pueblos indios.

Y si este país los vuelve a olvidar, este país va a ser destruido, porque quien pierde la memoria pierde la vida.

Así como nos explicó el compañero, el profesor, lo que va a significar la destrucción de la naturaleza aquí en el municipio de Santa Catarina, lo que ya fue perder el río y lo que será perder la montaña, imagínense así, pero en todo el país, donde las montañas, los ríos y los árboles somos nosotros los pueblos indios y necesitamos un lugar y un espacio para vivir.

Y el que vivamos y existamos va a garantizar que los demás puedan vivir y existir.

Ni modo, hay que irse a clase otra vez. Gracias.