Palabras del Delegado Zero en
en Monterrey
16 de noviembre
Campamento Tierra y Libertad, Monterrey, Nuevo León
Acto público
16 de noviembre del 2006
Buenas noches, compañeros, compañeras. Gracias a la
asociación civil Tierra y Libertad que nos está recibiendo.
Vamos a tratar de explicar como una misma cosa es un sueño
o una pesadilla, dependiendo quién la sueña. Allá
arriba los grandes poderosos de Monterrey, de la zona conurbada y
de Nuevo León tienen un sueño donde todos nosotros estamos
con la cabeza gacha, sin protestar, produciendo lo que ellos quieren
que produzcamos. Sin ninguna demanda de justicia, sin ninguna demanda
laboral, de vivienda o de servicios.
En su sueño nadie protesta, nadie se manifiesta, nadie demanda
lo que es justo. En su sueño de allá arriba el mundo
está en paz, en paz para ellos. Porque no es lo mismo la paz
de arriba que la paz de abajo.
En el sueño de abajo se hace una pesadilla ese mismo sueño.
El trabajador, el ama de casa, el estudiante, el joven, el anciano,
el niño, la mujer se convierte una pesadilla el pensar que
nada va a cambiar, que todo va a seguir igual. Que cada día
al levantarse, al ir al trabajo, a la escuela, a encontrarse con otros
iguales no va a haber esperanza, va a ser la misma angustia de cada
día, cada hora y cada noche.
La misma angustia del ama de casa que ve que en su casa cada día
hay menos alimento y de peor calidad. La angustia del trabajador que
cada vez recibe menos salario o le van quitando poco a poco prestaciones.
La angustia de la mujer que es agredida en cualquier lugar donde se
mueva. La angustia del joven que sabe ya de una vez que va a ser perseguido
como si fuera un delincuente y un criminal. La angustia del anciano
que sabe que va a ser visto como un estorbo, como algo que ya no sirve,
como un montón de basura, un montón de basura que hay
que desechar.
Pero si cambiamos un poco la historia, habrá que volver un
poco más para atrás. Llegó un momento en que
ésos que están arriba decían que las cosas tenían
que cambiar. Fue entonces cuando empezaron a despojar la tierra y
empezaron a apoderarse de las grandes cosas que ahora tienen. Y entonces,
a mucha gente la dejaron sin nada. Sin nada que tuviera más
que sus manos para trabajar y su familia, su prole. Y entonces le
llamaron a esa gente, a los trabajadores y trabajadoras, los proletarios.
Los que no tenían nada más que a sus hijos y hijas,
su prole.
Y esos grandes ricos empezaron a juntarse en las ciudades, y entonces
a las ciudades les decían los burgos, y entonces a esos que
mandaban en las ciudades se les dijo burgueses. Pero en general, desde
entonces, hay dos clases fundamentales: los que no trabajan, que son
los que tienen las cosas, las fábricas, son los dueños
de las cosas que tenemos. Y los que no tienen nada, que son los que
trabajan en el campo o en la ciudad.
Y en el sueño de ellos, de allá arriba, abajo no pasa
nada. Los trabajadores siguen conformes, las trabajadoras conformes.
Todo mundo conforme y contento sin rebelarse, aunque cada vez viva
más miserable y muera como animales.
Pero en la pesadilla de ellos allá arriba, llega un momento
en que se levantan las banderas de abajo, que la gente se junta y
empieza a movilizarse, que se levanta la hoz y el martillo del partido
obrero rojo, del partido de los comunistas. Que se levanta la “A”
la del anarquismo, que se levanta el comunismo libertario, que se
levanta la estrella roja de cinco puntas con el fondo negro del zapatismo.
Donde se levanta la identidad de cada quién: la bandera del
arco iris, de la diferencia sexual. La bandera de cada uno y se empieza
a unir, y empieza a luchar juntas.
En la pesadilla de allá arriba —de Natividad González
Parás, de los grandes propietarios aquí del grupo Monterrey
y de la gente rica de Nuevo León— se levanta un movimiento
que une todas esas banderas. Y no sólo desafía al rico,
sino desafía la frontera. Y tiende sus puentes con los chicanos
y las chicanas, con los trabajadores y trabajadoras que han tenido
que cruzar al norte del Río Bravo para trabajar.
Que une a los pueblos indios con el trabajador de la ciudad, con
el campesino que es despojado. En esa pesadilla que tienen ellos significa
para ellos su muerte. Y en el sueño de abajo ese día
que cada día se acerca más —como hoy lo estamos
viendo aquí en Tierra y Libertad— para nosotros significa
la vida.
Si nosotros vemos y hacemos sumas y restas, quitemos a todos los
trabajadores de este país y verán que no camina: que
nada se produce, que no circulan las mercancías, que no se
vende y que no se compra. Pero si quitamos a los grandes propietarios
no pasa nada, o pasa una cosa fundamental: que toda la riqueza que
se está generando ya no es apropiada por unos cuantos políticos
o unos cuantos empresarios. Sino que empieza a ser devuelta, en forma
ordenada y equitativa, a la gente que lo produce. Eso es lo que estamos
queriendo nosotros.
Según nuestra cuenta que estamos haciendo, una familia de
aquí, del campamento Tierra y Libertad, de la Asociación
Civil Tierra y Libertad, que tenga cinco personas —el padre,
la madre y tres hijos— necesitaría mínimo 485
pesos al día para vivir como salario mínimo. Si le ponemos
todas las necesidades, el salario mínimo debía andar
entre 700 y 800 pesos al día.
El señor gobernador de Nuevo León, González
Parás, gana en promedio de 6 mil a 7 mil pesos al día.
Si comparamos lo que hace González Parás con cualquiera
de los trabajadores de la construcción de aquí, veremos
que el que está acá sí trabaja, y González
Parás está cobrando tanto por hacerse pato, o por hacer
injusticias, por no cumplir su trabajo que es gobernar.
¿Por qué vamos a estar manteniendo a alguien que no
sólo no está haciendo nada, sino lo poco que hace es
para hacernos daño? Lo que hemos visto en estos días
en Nuevo León nos ha demostrado que el gran gobierno que se
presenta en todo el mundo como ejemplar, del estado de Nuevo León,
no está formado más que por una bola de criminales,
cuyo único destino debía ser la cárcel de Topo
Chico. Y debían salir los que están ahí, que
es gente humilde y sencilla.
Lo que nosotros nos estamos proponiendo, compañeros, en la
Otra Campaña es que vuelvan día y noche a inundar las
calles las banderas de la rebelión. Las banderas de la rebelión
comunista, anarquista, libertaria, de los jóvenes, de las mujeres,
de los ancianos, de los niños, las estrellas rojas que cada
quién lleva en el corazón y que significan no sólo
el desafío a un sistema, sino también empezar a construir
una alternativa.
Las semejanzas que vemos nosotros entre la lucha zapatista y la Asociación
Civil Tierra y Libertad son muchas. Ambos nos hemos preocupado por
mejorar el nivel de vida de nuestros compañeros y compañeras.
Y ambos sabemos que nuestra lucha tiene un límite, y el límite
nos lo está marcando el que estemos solos y separados.
Hemos llegado a un acuerdo junto con otras organizaciones, grupos
y colectivos en este movimiento de la Otra Campaña. Y lo que
estamos haciendo es prometiéndole a esos de allá arriba
que su peor pesadilla —que es que nosotros nos levantemos al
fin juntos y unidos— se va a cumplir y va a ser una realidad.
Y que el sueño que entonces sólo acariciamos hasta el
amanecer —que es el de que podamos ser libres, de estar sin
angustia, de poder vivir en paz— va también ser una realidad.
No se puede que nos ponemos de acuerdo con ellos. No se puede que
el progreso de este país es el mismo para los de arriba que
para los de abajo. Alguien tiene que desaparecer. Y hasta ahora, siempre
los que hemos desaparecido, los que hemos sido asesinados, reprimidos,
somos los trabajadores del campo y de la ciudad. Ahora eso está
por terminarse.
Quienes tienen que desaparecer son los grandes propietarios y los
políticos que están a su servicio. Y los que tienen
que prevalecer, vivir y vivir mejor son los que hacen andar Nuevo
León, los que hacen andar Monterrey, los que hacen andar el
norte del país, los que hacen andar todo esto que nosotros
llamamos México: los trabajadores del campo y de la ciudad.
La pesadilla de ellos está por hacerse realidad en poco tiempo.
En todo nuestro recorrido por los 31 estados que llevamos —nos
falta sólo uno y dos partes de dos estados que tienen lógica
propia en Coahuila y en la Huasteca Potosina— podremos dar un
informe a todos nuestros compañeros y compañeras para
que se den cuenta de la fuerza que hay en todo el país, y que
hasta ahora —antes que se levantara la Otra Campaña—
había permanecido sola, aislada, separada del resto del país.
Ahora no sólo estamos conociendo a la Asociación Civil
Tierra y Libertad. No sólo estamos conociendo al otro Nuevo
León y al otro Monterrey. No sólo conocemos el significado
que aquí tiene la hoz y el martillo, la “A” libertaria,
la identidad que cada uno ha construido en su lucha. No sólo
lo hemos conocido, sino que hemos aprendido —junto con todos
los demás— a saber ya que somos compañeros y compañeras.
El que se tiene que preocupar de qué va a pasar con nuestro
movimiento es el que vive en el palacio de gobierno. El que vive en
San Pedro, el gran poderoso se tiene que preocupar porque tal vez
aquí ha empezado a escribirse otra historia, donde ahora el
que la escribe es el que ni siquiera sabía leer y escribir.
Nosotros sabemos lo que cuesta levantar una casa y sus servicios.
Lo que cuesta levantar una familia. Sabemos que para nosotros, los
que estamos abajo, es una lucha diaria: a veces de hora por hora y
día por día. Y vemos con desesperación, con rabia
y con odio que aquellos que no trabajan tienen todo resuelto. Y no
fue porque así les llegó, porque sacaron la lotería,
o porque dios así quiso. Ellos lo tienen todo porque nos lo
roban a nosotros.
Si nos quitamos de esos ladrones, de esos despojadores, entonces
podremos tener lo que es nuestro. Esas construcciones que levantan
los trabajadores de la construcción, de aquí de esta
colonia y de otras partes, serán para los trabajadores, no
para los grandes ricos. El fruto de la tierra será para los
campesinos. Los pueblos indios tendremos por fin el respeto a nuestra
identidad. Y todas estas banderas que ahora se levantan, más
las que se seguirán levantando en el resto de estas jornadas
de lucha, podrán hacerlo con dignidad y con respeto. Porque
aquí al único que no respetamos es al que está
arriba y a su gobierno.
Compañeros y compañeras, es un honor estar con ustedes
y es un honor saber que estamos del mismo lado y que somos compañeros
y compañeras.
Gracias.
Monterrey, Nuevo León
Reunión con trabajadores en local de telefonistas
16 de noviembre del 2006-11-19
Buenas noches compañeros, compañeras. Queremos decir
algunas cosas de lo que hemos escuchado, y hacer referencia a otros
encuentros que hemos tenido, promovidos por trabajadores de Teléfonos
de México —por ejemplo en Puebla—, y dejando de
lado los sueños guajiros de los compañeros de El Militante,
que siguen suspirando por dirigir el movimiento de López Obrador,
y de ver en la CND algo que no existe. Que ojalá les vaya bien
porque la Otra Campaña ya se va a definir para que gente como
ustedes ya no esté distrayéndonos con esas tonterías.
Miren compañeros, nosotros estamos distinguiendo aquí
dos grandes grupos: el de los trabajadores del campo con los compañeros
de El Pajonal que pasaron y los compañeros de El Galeme, de
Monte Morelos. Y los trabajadores de la ciudad. Y en esto de los trabajadores
de la ciudad, a su vez varios grupos: el que se refiere a los trabajadores
de la industria —en este caso representados por los compañeros
de Teléfonos de México y los ex mineros—, los
trabajadores del magisterio y de las universidades, y los otros trabajadores:
los trabajadores sexuales y trabajadoras sexuales y de centros nocturnos.
Nosotros estamos viendo, después de ir aprendiendo por toda
la República —porque eso es lo que estamos haciendo—
al escuchar la palabra de los trabajadores, que después del
siglo XX no siguió el siglo XXI, sino siguió el siglo
XIX. Yo puse atención a las descripciones que nos hicieron
de la situación laboral en Nuevo León y del mercado
laboral, y pues semejan mucho a las condiciones en las que el capitalismo
salvaje fue emergiendo y fue apoderándose del resto del mundo.
Y lo que está ocurriendo en el campo —que nos llamaba
la atención de forma urgente los compañeros de El Pajonal,
ahora en la Huasteca, y también los compañeros de Monte
Morelos— que cada vez México está más cerca
de este regreso histórico en el reloj. Que empezó con
—no con el Partido de Acción Nacional, sino con el Revolucionario
Institucional— con Salinas de Gortari, cuyos antecedentes estaban
en Miguel de la Madrid.
Esto que nos explicaban los compañeros de Teléfonos
de México, si lo comparamos con lo que pasaba hace 20 años,
nos remite a esta destrucción completamente de la situación
de la lucha sindical, de sus prerrogativas. Y de cómo el trabajo,
el trabajo sindical, requiere un esfuerzo tan grande —pensamos
nosotros los zapatistas— que debiera rebasar la demanda de democracia
sindical, y de mejores prestaciones laborales.
Nosotros pensamos que nuestro país se acerca, o está
al borde de un estallido social semejante al de la revolución
de 19… que inició en 1910, y que inició en 1810
con la guerra de independencia. Para poder defendernos como trabajadores
del campo y de la ciudad de esta gran ofensiva que nos manda completamente
al esclavismo o a la desaparición. Porque lo que nos están
advirtiendo los compañeros de la Huasteca —aunque ellos
insisten mucho en esta parte de que todo Nuevo León y todo
Monterrey va a ser afectado por este proyecto que quieren imponer—
es el reflejo de lo que está pasando en el resto del país
en el campo.
El campesino está desapareciendo con la misma velocidad con
la que está desapareciendo la rentabilidad del campo. Ya no
se producen alimentos, ya no hay quien los produzca. Y en la válvula
de escape que hasta ahora ha usado el sistema en nuestro país,
está por desaparecer. Que es: los ejidatarios despojados, los
comuneros despojados, los trabajadores despojados de sus niveles de
vida anteriores, tendían a emigrar a la Unión Americana
para obtener empleo. Y sus lugares eran ocupados por los migrantes
de otras partes del estado.
Esta separación entre el norte, el centro y el sur del país
se fue diluyendo conforme avanzaban los años. Y podemos decir
que en algunos estados del norte de la República, por poner
un ejemplo —para los compañeros de El Militante—
Zacatecas, gobernado por el PRD, tiene más población
que no nació en Zacatecas, que población que nació
en Zacatecas. De esa población, la mayoría de los zacatecanos
no viven en Zacatecas, viven en la Unión Americana. Sólo
una pequeña parte está viviendo en Zacatecas.
Pero no sólo ocurrió que se fueron desplazando, así
como nos dijeron los compañeros de Telmex, que tenían
cincuenta y tantos mil trabajadores, y luego 15 mil menos, pero la
empresa creció. Como que se destruyó las prerrogativas
laborales que habían conquistado con años de lucha,
no sólo en el sindicato universitario, no sólo en el
movimiento obrero de Telmex, sino —y no sólo en el campo
neoleonés—, sino que también se destruyeron las
relaciones laborales.
Ahora tienen que trabajar más los mismos. Tienen que trabajar
más y producir más, que nos remite al capitalismo más
elemental con el que fue surgiendo, y que alguien dijo que “nacía
resumando mierda y sangre”. En este caso, en nuestro caso, en
nuestro país, no es una alegoría, es literal. Los despojos
a campesinos no sólo son a través del medio legal, sino
a través del asesinato, de la muerte, de la desaparición
selectiva y forzada de dirigentes.
Y entonces, lo que ocurre es que la población que había
conquistado ciertos derechos en el norte de la República, tiende
a mantener su nivel de vida y se brinca al otro lado. Y el vacío
que deja es llenado por migrantes de otras partes del sur del país
y del centro. Y ésos entran ya con condiciones laborales más
bajas todavía.
Por poner un ejemplo: las tierras ejidales, ya no van a ser trabajadas
como ejidos o tierra comunal, sino como tierras hacendarias, como
por los terratientes, por las viejas haciendas porfiristas. Y eso
lo hemos visto en todo el norte de la República, con las mismas
condiciones de peones acasillados de la época porfirista. Pero
en lugar de ser campesinos norteños, son indígenas de
Oaxaca, de Puebla, de Veracruz, de Chiapas, de Guerrero, de Michoacán.
La población indígena está siendo desalojada
de sus tierras y se le está ofreciendo la otra frontera —por
llamarlo de alguna forma—, no cruzar al otro lado, sino cruzar
al norte de la República. Pero ya no llegan a tierras ejidales.
Llegan a grandes extensiones de tierra manejadas como hacienda.
Y en el caso de los centros urbanos, llegan a trabajar de jardineros,
o de empleados menores en los grandes centros estos de fraccionamientos,
como el que quieren hacer ahí en la Huasteca.
En el caso de los trabajadores, sin embargo, sobre todo los trabajdores
de Telmex, nosotros como zapatistas ya casi por terminar el recorrido,
vemos más sentido, no sólo sentido de clase, sino sentido
respecto al lugar que le toca al trabajador en la lucha que está
por reventar de un momento a otro.
Lo vimos en Puebla, y lo hemos visto con pequeños núcleos
de trabajadores del sindicato de Telmex, que están como más
abiertos a incluir entre el término trabajador, a otros que
no son los trabajadores de Telmex. Nosotros vemos —a lo mejor
por eso los trabajadores de Telmex son los que más han entrado
a la Sexta Declaración y a la Otra Campaña— que
entienden más su lucha dentro de Telmex, dentro de la empresa,
como parte de una lucha más grande de todos los trabajadores
de la ciudad. Y como parte más grande de una lucha de todos
los trabajadores del país.
Esto, nosotros, es algo que nosotros estamos buscando. Hemos estado
buscando, porque nunca hemos querido hacer lo que están haciendo
otros que es tratar de suplir el lenguaje, o las expectativas, o las
demandas, o la situación de los obreros. Sino lo que hemos
buscado es que los obreros, los trabajadores de la ciudad, mismos
ellos nos digan qué y cómo.
Para nosotros, el punto fundamental es el sistema capitalista. Y
con él van Reyes Tamez, Natividad González Parás,
y como se vaya a llamar el que quiere entrar, o el que ya está
entrando en las presidencias municipales o en el congreso local en
el caso de Nuevo León.
Y nosotros decimos: si se necesita un esfuerzo tan grande para resistir
esa ofensiva tan brutal en contra de los derechos laborales —lo
que nos describían aquí muy bien que era la precariedad
del trabajo—, o sea nadie sabe si al día siguiente…
o la gran mayoría de los trabajadores no sabe si al día
siguiente siquiera va a tener empleo, ya no digamos si va a tener
un salario justo. El esfuerzo para poder resistir eso es tan grande,
que el movimiento obrero tiene que plantearse desde ahora en sus discusiones
si ahí se va a quedar.
En el Encuentro Obrero de la ciudad de México, nosotros les
decíamos a los compañeros: es necesario plantearse sí
la lucha sindical, pero empezar a proponerle al trabajador otro horizonte.
Porque la fuerza que se va a acumular va a ser tan grande, y el movimiento
obrero va a tener que contestar si se conforma con Hernández
Juárez, de relevo de Fidel Velázquez —aunque un
Hernández Juárez más débil—. Si
el relevo de Rodríguez Alcaine va a ser el Vega Galina del
SUTERM, y así los equivalentes que esta izquierda moderada
y adocenada, y bien portada que es el PRD le está ofreciendo
pues al resto de la población. O si se van a ir por todo.
Nosotros pensamos que hay que irse por todo, que vale la pena. Que
si nos vamos a plantear enfrentar no sólo a Natividad, y al
congreso del estado, al Grupo Monterrey —si es que queda todavía
algo que no esté de prestanombres de las grandes empresas norteamericanas,
japonesas y coreanas—, habría que plantearse también
otro tipo de relación. Y en ese sentido, el trabajo sindical
ya no sólo sería contra Elba Esther Gordillo, sino tendría
que empezar a discutir: y en lugar de ella quién.
Porque antes fue la lucha contra Longitud —decían los
compañeros porque no sabían decir Jongitud—, y
luego apareció Elba Esther, y sobre ella se está dando
todo este juego que permite el fraude electoral que impone a Felipe
Calderón. En ese sentido, el movimiento magisterial se está
convirtiendo clave, en clave pues, en punto nodal. Así como
la Huasteca es el punto nodal —vemos nosotros— de la lucha
en la zona metropolitana de Monterrey.
En el caso de la lucha obrera, sindical, o como le quieran llamar,
la lucha contra el charrismo de Elba Esther se está volviendo
un punto nodal, y por eso Oaxaca es tan importante. No sólo
por la participación de la APPO, sino porque esa lucha, lo
que está produciendo en la lucha magisterial de la sección
22, y el reflejo que está ocurriendo en otras luchas magisteriales.
Nosotros decimos, pensamos: que cada grupo de la Otra Campaña
en un lugar tiene que encontrar una lucha que lo aglutine, que haga
pasar —lo que dijo un compañero: dejémonos de
quejar y hagamos propuestas concretas—. Lo que va hasta ahora,
falta mañana que vayamos a la Huasteca, parece ser que ese
punto nodal es la lucha en la Huasteca. Y que en torno a ella, se
aglutinen los diferentes sectores y empiecen a plantear —en
torno a esa lucha concreta— la defensa de esas tierras ejidales,
la defensa de… Porque parece que ahí se refleja todo:
destrucción del medio ambiente, despojo de tierras, malversación
de fondos, corrupción. Prácticamente en la Huasteca
está la síntesis de los gobiernos neoliberales pues
que está padeciendo nuestro país.
Y nosotros pensamos, por lo que hemos visto ahora de lo que va la
Otra en Nuevo León, que tiene la fuerza suficiente para romper
con el cerco de los medios y para hacerle saber a esos compañeros
y compañeras el mensaje fundamental en esta etapa de la Otra
Campaña que es: que no están solos.
Estos compañeros que vienen con nosotros en la karavana de
medios alternativos han logrado lo que pensamos que parecía
imposible que es: crear una red de comunicación que no dependiera,
o que no dependa de los grandes medios masivos de comunicación.
Que las luchas sean visibles, aunque no salgan en el canal de las
estrellas o en Televisión Azteca, o en Milenio, o en El Norte,
o en Reforma, o en el periódico que sea de cada lugar. Que
otros en otros lugares se enteren de esa lucha.
En la reunión que tuvimos de adherentes en la Casa-Museo del
Doctor Margil, llegó el momento en que gente que estaba en
la universidad, por ejemplo, se estaba conociendo en ese espacio.
A lo mejor, lo que se necesita no es una reunión, una asamblea
sectorial, o de adherentes así pluri, pluri de color —decimos
nosotros—, sino se necesita también una lucha. Una lucha
en torno a qué articularse, y cómo hacerse presente
y conocerse.
Y además, nosotros pensamos que no hay que soltar la lucha
nacional. Que los compañeros del sindicato de Teléfonos
de México, que son ahorita lo que nosotros vemos que…
donde parece estar más clara la Otra Campaña —cuando
menos como lo vemos nosotros los zapatistas—, debieran seguir
tendiendo los puentes con los otros compañeros y compañeras
que hay en el resto del país. Y con los otros compañeros
y compañeras trabajadores de la industria.
Porque, para nosotros, ahí es donde está el punto:
en la apropiación de la fuerza de trabajo. Sea en Telmex, sea
en la ex fundidora, sea en cualquiera de las empresas que hay. Y si
nuestro movimiento no toca ese punto, no va a ser un movimiento fundamentalmente
anticapitalista.
Y nosotros pensamos que toca a los trabajadores, no a los indígenas
zapatistas, no a los maestros universitarios, ni a los estudiantes
de filosofía, ni al movimiento juvenil. Sino a los obreros
que son los que están confrontando directamente esa apropiación,
esa expropiación pues de valor, en la compra-venta de la fuerza
de trabajo, los que tienen que plantearnos el por dónde ir,
por dónde tenemos que caminar.
Nosotros no vemos al movimiento obrero como un sector más
de la Otra Campaña, sino lo vemos como el eje articulador que
nos permite, que nos va a permitir, a la Otra Campaña decir:
somos un movimiento anticapitalista, directo a romper eso.
Porque lo que hemos aprendido en la Otra Campaña es que hay
muchas formas de oponerse al capitalismo: una de ellas es ir a su
núcleo central. Pero hay otras: está la autogestión.
Está atacar al capitalismo por la liga del consumo, que nos
lo decía alguien que nos regañaba ahí en la reunión
de la plaza, que decía que porqué consumíamos
Coca Cola y todo eso. Cuando el movimiento anticapitalista había
de plantearse no la cuestión del consumo, sino quién
es propietario de la empresa Coca Cola. Que sería diferente
si los propietarios fueran los trabajadores.
El problema no es si se van a comprar o no celulares de Telmex, o
de Movistar, o no sé, ya estoy haciendo comerciales —ahí
le borren—, sino el problema es quién es propietario
de esa ganancia. Una cosa es que fueran los trabajadores de Telmex,
y otra cosa es que sea Slim. Y entonces, esa gran riqueza que concentra
Slim —que lo lleva a brincar a ser el tercer hombre más
rico del mundo—, imagínense si esa riqueza estuviera
en los trabajadores.
Porque yo me acuerdo que hace 20 años, les platicaba en otra
reunión, las compañeras operadoras de Telmex estaban
demandando que se hiciera un estudio sobre las sillas que usaban,
porque pasaban mucho tiempo pasando mensajes, cuando no estaba lo
automático, para las ladas y todo eso. Entonces, estaban reclamando
un estudio que les permitiera sentirse cómodas, y que no les
afectara su salud. De ese nivel a de pronto estar viendo peleando
a ver si todavía va a haber jubilación, o si se le van
a alargar el periodo de jubilación. Y así.
Nosotros pensamos que hay que aprender de los compañeros mineros,
que pasaron aquí, porque acabamos de hablar con unos mineros
en San Luis Potosí, en la zona del Altiplano, en el desierto,
que están llevando una lucha por despojo. Si la Otra Campaña
no permite que los escuchen a ustedes compañeros, esos mineros,
entonces para qué carajos sirve la Otra Campaña.
Es decir, son estos puentes y estas redes de encuentro las que tenemos
que construir. Es necesario que se encuentren los maestros que tienen
la experiencia del movimiento estudiantil del 71, 72 y 73 de la Autónoma
de Nuevo León, con los jóvenes estudiantes del Consejo
General de Huelga en la UNAM, de la huelga del 99. Pero también
con todos los estudiantes y maestros que están brincando en
toda la República contra este proceso de privatización
disfrazada de cuota y de cooperación voluntaria. No sólo
a nivel universitario, sino también en la secundaria y en la
primaria.
Entonces, todos estos problemas junto con el problema del magisterio,
en este caso refiriéndonos a la Coordinadora y al Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación, que es al que a la
hora de enfrentar… Fíjense cómo fue: estaban enfrentando
demandas laborales, se enfrentaron al estado y ahora se están
enfrentando —queriéndolo o no queriendo— pues a
la próxima vicepresidenta. O sea, la Martha Fox de Calderón
va a ser Elba Esther Gordillo. Y va a tratar de usar el mismo aparato
que le permitió hacer el fraude, que es el sindicato, los charros
pues, la estructura charra, no el sindicato porque están las
otras corrientes.
Pero ¿qué vamos a hacer con los compañeros campesinos?
Que la parte del campo es la parte más desesperada, así
lo hemos visto. Llevamos 31 estados de la República, nos falta
uno: Tamaulipas y partes de Coahuila y partes de San Luis Potosí,
pero el día 20, 21, ya estamos en el último estado.
La situación en el campo es no sólo igual de desesperada
que en la época porfirista, sino la rabia, el odio —que
decía el compañero de la sección de mineros,
de los ex mineros—, el odio que reflejó el compañero,
del rencor, cada uno de los que habló en contra de las arbitrariedades
—como la compañera que se queja de las arbitrariedades
de Natividad— ése está generalizado. Pero está
disperso.
Si la Otra Campaña no puede tender esos puentes, y esas experiencias
de lucha, que podamos aprender ahora sí de otros. Como nosotros
los zapatistas decimos: bueno, en lugar de decirle a los obreros qué
onda, mejor vamos a aprender de ellos; en lugar de decirle a los maestros,
vamos a aprender de ellos, y así. Esto que nosotros hemos llamado
nuestra gran escuela, cuya una de las más brillantes cátedras
es la que nos dieron hoy ustedes. Entonces ¿qué va a
hacer?
Eso es lo que nosotros estamos proponiendo. Ahorita se está…
se les está proponiendo que se queden aquí. Nosotros
les pedimos respetuosamente, que en esa reunión acuerden las
dos cosas: no pierdan la lucha local que es importante, y es la que
hace ruido, y es la que permite tender los puentes tanto a la Huasteca
como a la Autónoma de Nuevo León, como a todo lo que
fue saltando aquí como las trabajadoras sexuales. Pero tampoco
pierdan lo nacional, porque ésa es la riqueza de la Otra Campaña,
y que nos va a permitir darnos un rostro y un perfil.
En lugar de andarle oliendo los pedos a otro movimiento, que ni siquiera
va a donde queremos ir. Si los otros están proponiéndonos
a Hernández Juárez y a Vega Galina como el nuevo movimiento
obrero, nosotros estamos proponiendo un movimiento obrero donde no
haya empresarios, va a ser otro movimiento obrero.
Si los maestros de la Autónoma de Nuevo León, o de
cualquier lugar, son los que toman la dirección de la universidad,
junto con los alumnos, es otra universidad. Pero no se trata de que
venga Reyes Tamez o su equivalente a decir qué es lo que debe
ser la Autónoma de Nuevo León. Si aquí es donde
está el problema, aquí es donde tiene que salir la solución.
Miren, lo que nosotros vemos, como fue hace tiempo —porque
hace años nos platicaban esto del sindicalismo blanco—,
si de aquí de la zona metropolitana de Monterrey se extendió
el sindicalismo blanco… Porque ya nos explicaron que ahora resulta
que los grandes sindicatos nacionales, y los corporativos se están
descolorizando pues por decirlo de alguna forma y se están
haciendo blancos. O sea, su discurso cada vez es más cercano
a la patronal y, a veces, hasta avergonzarían a cualquier líder
de sindicato blanco.
Si eso está ocurriendo a partir del laboratorio que se hizo
aquí en la zona de Monterrey con los sindicatos blancos, y
ahora no hay ninguna diferencia entre esos sindicatos blancos, y los
demás sindicatos a nivel nacional. Imagínense la hermosa
lección de dignidad que diera Nuevo León, de que aquí
surgiera otra propuesta sobre el trabajo concreto.
Si aquí los trabajadores de la ciudad tienden ese puente con
los trabajadores del campo, con los compañeros ejidatarios,
nosotros pensamos que no sólo les va a dar bandera, sino les
va a dar cohesión, lugar de discusión, lugar de definición.
Y va a ser un lugar para intercambiar todas esas historias de lucha
que aquí vimos, pero como el tiempo era corto, no acabamos
de entender. Pero que hay que conocer y hay que conocerlas más.
Si de aquí salió lo que hizo que el reloj se devolviera
después del siglo XX al siglo XIX, si estamos en la Otra Campaña,
pensamos nosotros que de aquí, de esta zona del norte de México,
debiera salir el reloj que realmente diera la vuelta a la historia
y nos llevara a otro siglo.
Que no fuera una repetición de las burlas, dolores, odios
y rencores que han sido todos los siglos anteriores desde que…
pues desde el descubrimiento de América, que fue —para
nosotros—donde empezaron los problemas.
Nosotros lo que queremos hacer es ser sus compañeros y compañeras.
Lo que hemos visto cuando empezamos a recorrer el país es más
terrible que lo que pensábamos. No en desorganización,
al revés. Hemos descubierto luchas que parecía que no
existían.
Todo este azote escéptico que fue la reunión de adherentes,
donde dijeron: es que aquí no pasa nada, nadie entiende nada,
somos una mierda, somos conformistas y todo eso. Y que estas reuniones
son la contradicción fundamental.
Que la reunión de ayer en Río Verde es la contradicción
fundamental. Si ustedes hubieran escuchado a esas mujeres, no volverían
a decir que en Nuevo León no pasa nada. A las mujeres ejidatarias
en Río Verde.
Y ahora que escuché al compañero de la Huasteca, que
escuché a los compañeros ex mineros, que escuché
a los telefonistas, que escuché a los maestros universitarios,
a los compañeros del magisterio democrático, a todos
ésos. Pues yo no sé de dónde están sacando
—a lo mejor están leyendo mucho El Norte y El Regio y
esas cosas—, de dónde están sacando que en Monterrey
no pasa nada pues. O en la zona metropolitana, o en Nuevo León.
Está pasando. Y esta reunión de trabajadores es de
las más ricas —junto con la de Puebla— que hemos
encontrado y que nos da esperanza de que sí, la participación
de los trabajadores de la ciudad no va a ser una concesión
de la Otra Campaña, sino que van a entrar ellos y van a construirse
un perfil, un rumbo, y con ellos de la mano, tal vez con ellos adelante,
empezaremos a andar un camino que necesitamos y que merecemos.
Lo que hemos visto en el campo asegura el estallamiento social. El
problema es que si no hay una alternativa, los de arriba se van a
recomponer. Ésa es la lección de la historia: se arreglan,
como quiera encuentran otra forma de salirse. Pero si hay una alternativa
para toda esa gente, en este caso los campesinos de Monte Morelos,
los de Río Verde, los de la Huasteca, de los trabajadores y
todo eso, entonces, tendremos que responder una pregunta fundamental
que ya no va a ser ¿cómo le hacemos para no morirnos?
Sino ¿cómo le hacemos para vivir mejor como trabajadores
del campo y de la ciudad?
Entonces, el problema ya no va a ser ¿qué hacemos con
Natividad? o que injusticia nos hizo, o el diputado es un cabrón,
o el jefe de la policía, o lo que sea. Vamos a tener problemas,
sí, pero van a ser otros, diferentes. Que ya no van a depender
nada de la angustia de si sobrevivimos o no sobrevivimos; si tenemos
qué comer; si nos vamos a tener que vender nuestra dignidad
o no.
Las trabajadoras sexuales de la ciudad de México, de Orizaba
y de Tlaxcala —que también son compañeras de la
Otra Campaña— decían: “nosotras no somos
prostitutas”. Una zona de prostitución es, por ejemplo,
el Congreso de la Unión, decían. Y prostitutas son las
que viven en Los Pinos —eso lo dije yo, pero le eché
la culpa a ellas—, dicen: “nosotras somos trabajadoras
sexuales, porque nosotras no vendemos nuestra dignidad”.
Y ése es el problema fundamental: en el capitalismo no sólo
—en esta etapa actual—, no sólo se vende la fuerza
de trabajo, se vende la dignidad del trabajador. Entonces, si vamos
a defender la dignidad, necesitamos una fuerza tan grande que hay
que preguntarse. Nosotros decimos: vamos por todo. Porque si no vamos
por todo, nos vamos a quedar sin nada.
Ya sé que eso alarma a los intelectuales de izquierda, y a
los del PRD y a los entusiastas de López Obrador, de que el
todo o nada da miedo. Pero es que detrás del nada no hay país,
no va a haber país. No hay las medias Otrtintas ahorita, se
acabaron. No porque lo diga yo, escúchense a ustedes mismos.
Si quieren les pedimos a los compañeros que les dejen una grabación
de lo que dijeron. Y cada vez que se depriman, pónganla. Y
van a ver que se van a levantar, porque además es su propia
voz.
Entonces, esperamos que… No voy a hablar más de la Huasteca,
porque mañana vamos para allá. Pero pues yo creo que
en esta discusión que vayan a tener ahorita, y más adelante.
Y luego en alguna reunión de adherentes, si encuentran ese
punto de encuentro que sea la lucha, no nada más el rollo —la
tarea concreta que pedía un compañero— van a poder
salir más cosas.
Y sí les pido, respetuosamente, que no pierdan el conecte
que tienen ahora a nivel nacional gracias a estos compañeros
de los medios alternativos. Que hagan contacto con sus otras secciones
sindicales, o del movimiento magisterial, o del movimiento universitario,
del movimiento de mineros, del movimiento de Telmex, todo eso. Porque
eso es lo que nos va a dar perspectiva nacional, y lo que nos va a
permitir resistir las tonterías esas de que hay que ir a educar
a las masas de López Obrador —que además no están
en ningún lado, no sé dónde las ven ustedes pues—.
A nosotros no nos preocupa si son dos millones de gentes los que
están o no en la calle. Nos preocupa ser compañeros
y compañeras de ustedes aunque sean tres o cuatro. Si un compañero
campesino de la Huasteca dice: “yo me trinco”, y es nuestro
compañero, con ése nos vamos. Porque en lo que hemos
aprendido nosotros es que los grandes movimientos no nacen con dos
millones de gentes, nacen con tres, cuatro, cinco gentes que empiezan
a decir: ya basta. Y empiezan a correr la voz.
Creo también que como Otra Campaña en Nuevo León,
y especialmente como trabajadores, pudieran aglutinar a los chavos,
o a los jóvenes, o como se quiera llamar aquí, y sí
crear una red de información. Que entre ustedes sí estuvieran
informados de lo que está pasando y que no va a aparecer en
El Norte. Les va a salir más barato que ir al psicoanálisis
por la depresión que traen. Y nos van a poder enriquecer a
todos nosotros de la lucha del otro Nuevo León que es al que
veníamos a encontrar y que sí encontramos.
Y qué bueno que encontramos a los trabajadores, porque hubiera
sido una vergüenza pasar por acá y no saber qué
piensan los trabajadores y ex trabajadores, jubilados, pensionados,
todo lo que pasó aquí, para poder llevarlo a otros lados.
El mensaje que llevamos, o que vamos a llevar de acá, pues
es ese mensaje de rabia que dijo el minero, el compañero minero,
el compañero ejidatario, la compañera de la colonia
popular y todo eso. Y van a ver que esa rabia va a encontrar un saludo
en el resto de Nuevo León, en Coahuila, en todo el norte de
la República. Y en el resto del país. Cuando menos,
yo les aseguró que tiene ya el saludo de los zapatistas de
las montañas del sureste mexicano.
Gracias compañeros y compañeras.
Plaza de Colegio Civil, Monterrey, Nuevo León
Acto con jóvenes.
16 de noviembre del 2006
Compañeros, compañeras, buenas tardes.
Queremos agradecer, primero que nada, a los compañeros musiqueros
que abrieron pues la parte cultural de este evento. A los compañeros
puesteros de Colegio Civil también, que nos están haciendo
el paro. Y también pues a los jóvenes, hombres y mujeres
que organizaron este evento y que nos permiten a nosotros escuchar
la voz de ustedes, sus problemas y, sobre todo, sus luchas, como los
compañeros de la Organización Democrática Independiente
de García, aquí en Nuevo León.
Miren compañeros, lo que nosotros vemos es que esta gente
de arriba nos desprecia, le damos asco. Si antes querían vernos
de rodillas, con la cabeza gacha y obedeciendo, ahora ni siquiera
quieren vernos. Piensan que afeamos su ciudad, su país, sus
negocios.
Se les olvida que a la hora que nos están persiguiendo, la
policía cuando llega a atacar a los puesteros de Colegio Civil
o cuando persigue a la banda por el graffiti o nada más porque
existen. Porque están reunidos en una calle, a veces con el
pretexto del toque de queda y a veces ni siquiera con ese pretexto.
Nada más por que se peinan diferente, se visten diferente o
porque son diferentes y les dan asco y les dan desprecio.
Así como a los puesteros de Texcoco, a los floristas, los
atacaron por eso, que provocó toda la injusticia que ahora
se vive en Atenco.
Así como a las mujeres las agraden nada más porque
son mujeres, a tortearlas, a agredirlas, incluso a matarlas, como
nos han explicado que pasa aquí en Nuevo León.
Y resulta que nosotros venimos desde las montañas del Sureste
mexicano, somos indígenas y nos pasa lo mismo. Nos desprecian
por nuestro color, les damos asco por nuestra estatura, por nuestra
forma de vestir y por nuestra lengua.
Y cada vez que pasa algo, siempre la policía en lugar de estar
buscando —como ésos que están allá—,
a quienes mataron a sus jefes, nos están buscando a nosotros
y vigilándonos para ver si vamos a hacer algún mal,
como si la gente que trabaja en esta ciudad le estuviera haciendo
un mal.
Y ellos quieren remodelar todo esto. Y se les olvida que esa tienda
puede vender porque tiene empleados, gente como nosotros que está
vendiendo las cosas.
Y esos que se transportan en esos autobuses, que es gente humilde
y sencilla, lo puede hacer porque hay un chofer que los puede mover.
¿Y qué van a hacer si no tienen trabajadores, si no
tienen trabajadoras? Si les gusta, si les disgusta perdón,
nuestra forma de ser. No les importa el corazón que tenemos
ni nuestra dignidad, ni nuestro conocimiento, ni nuestro trabajo,
sino que no seamos diferentes a lo que ellos quieren que seamos.
No es cierto como pasó a decir alguien aquí, que alguien
se viste, se peina o se pone percings o tatuajes por una moda. No
es cierto, lo hemos aprendido a lo largo de nuestro recorrido por
la República. Es una forma en que cada quien está diciendo:
“esto soy”. Y a la hora de decir “esto soy”,
está diciendo: “estoy en contra de ti, del que estás
arriba, es mi forma de protestar”.
Ese percing, ese tatuaje, ese peinado, esa música, esa forma
de vestir, es una forma de rebeldía, es una posición
política, es la forma en la que estamos diciendo somos rebeldes.
Estamos diciendo “no” a tu sistema, a tu sistema de valores,
a tu sistema de explotación, que es el mismo sistema que deja
sin escuela a los niños, el mismo que está destruyendo
la naturaleza —como nos explicaron los compañeros de
la Organización Democrática Independiente—.
Es el mismo sistema que pretende desalojar a los puesteros para poner
un gran centro comercial, un centro comercial al que no vamos a poder
asistir nadie de la gente de abajo, y sólo la gente que gane
bien, que se vista bien, que huele bien —según ellos
allá arriba— va a poder entrar ahí.
¿Y los demás? Y los trabajadores y las trabajadoras
y la gente que no tiene la paga lo suficiente, la gente que sabe que
es mejor lo que se vende en esos puestos que lo que se vende en los
grandes centros comerciales. Porque además esa gente está
eligiendo una forma de vivir digna, porque si fueran delincuentes
o criminales serían gobernadores del estado de Nuevo León,
como González Páras, que ya lo vimos ayer en Río
Verde.
Aquí, en esta plaza, no está la gente a la que hay
que regañar porque no está luchando, está aquí
precisamente porque está luchando y se está haciendo
una pregunta. Se está preguntando a qué vinieron los
zapatistas, a qué vino la Otra Campaña y de qué
se trata esto. Porque ya antes otros han pasado aquí, y esos
movimientos han terminado en un líder que se encumbra, que
se corrompe, que se vende, mientras las cosas siguen abajo.
Y esa es la pregunta que nosotros venimos a hacerles compañeros
y compañeras, porque nosotros —yo hablo a nombre de los
indígenas zapatistas, de las indígenas zapatistas—
estamos buscando el otro país, al otro país que está
abajo y estamos buscando a la gente que lucha, no a la gente que está
conforme.
Y no porque queramos mandarla, pero tampoco queremos que nos manden,
queremos hacer un trato: que luchemos juntos, porque va a llegar el
día que este gran sueño irreal que han construido aquí
en Monterrey los grandes poderosos, se va a derrumbar. Y alguien va
a llegar a decirnos que ya cambiaron las cosas, que ahora es otro
el quien nos manda.
Y nosotros pensamos igual que los jóvenes libertarios, anarquistas,
comunistas, punks, darketos, metaleros, lo que sea cada quien, no
estamos buscando quién nos mande.
Queremos tener una sociedad donde nadie nos diga cómo tenemos
que vestirnos, cómo tenemos que pensar, cómo hablar,
cómo deben vestirse las mujeres o cómo deben comportarse
o cuál es su lugar.
Queremos un lugar, un país, donde cada uno pueda decidir qué
es lo que tiene que hacer con su vida, que eso y no otra cosa es lo
que se llama la libertad.
Y a nosotros como pueblos indios nos han hecho eso una y otra vez.
Nos dicen: “pelea, lucha, muere”. Y al final viene otro
y las cosas siguen igual para nosotros.
Y nosotros no queremos un país donde sigan humillándose
a los pueblos indios, donde se siga persiguiendo a los jóvenes,
donde se siga haciendo violencia contra las mujeres, donde se siga
despreciando a los ancianos, donde se siga viendo a la diferencia
sexual como un delito, como algo que hay que esconder.
Nosotros queremos un país donde pueda ser cada quien lo que
es, sin que nadie le esté regañando, golpeando, matando,
metiendo a la cárcel o desapareciendo.
Miren compañeros jóvenes, nos gritan en la familia,
nos gritan en la escuela, nos gritan en las calles, nos pegan y nos
reprimen en uno y otro lado.
Y hace rato cuando íbamos llegando, un compañero joven
me decía así a la pasada: “nos golpearon porque
somos jóvenes y porque tenemos un tatuaje”. Y trae la
herida todavía en la cabeza. “No hicimos nada más
que ser jóvenes”.
Y ese compañero, esa compañera, se está dando
cuenta que lo están golpeando nada más porque es un
joven y porque es diferente. No hay ningún delito que tenga,
más que un calendario que lo marca todavía así
como es. Y sí es cierto que ese calendario no importa, cuando
tenga 30, 40, 50, 60 años, va a decir: “todavía
así soy”. Porque aquí el problema de la valentía
no es tomar un arma, sino seguir siendo cada quien que es, desafiando
lo que sea.
Porque sí es cierto que hay segregación, desprecio
y represión al que traiga un percing, al que se peine de otra
forma, al que se pinte el cabello de colores, al que traiga un tatuaje
que se vea. Pero hay gente que como quiera lo hace, porque dice: “así
soy y lo que yo tengo adentro en mi corazón no tiene que ver
con eso”.
Porque hay gente que se espanta y que tiene desprecio para cuando
ve a alguien que se viste así. Y si en una calle, en una parte
de la acera, topa con un grupo de jóvenes o mujeres que se
vistan como se visten los jóvenes, y del otro lado está
la patrulla esa P622 que está allá atrás, se
van a cruzar la calle y piensan que del otro lado es donde está
la seguridad. Y resulta que no, que son esos policías los que
extorsionan, los que violan, los que agraden.
Nosotros queremos un mundo donde cualquiera de las mujeres que está
aquí se pueda vestir como le de la gana y eso no signifique
que la vayan a agredir, a insultar, a golpear, a violar y a asesinar.
Queremos un mundo donde las mujeres y los hombres ya de edad, ancianos,
no sean vistos como, con desprecio, como si fueran, sólo sirvieran
para recibir limosna, caridad o lástima.
Queremos un lugar donde las universidades se pueda estudiar con dignidad
y al final de todo haya un trabajo digno para cada quien.
Queremos un país donde cada quien valga por lo que es, no
por lo que aparenta. Porque si a ésas vamos, ésos que
se visten muy bien y que aparentan que son gente decente lo hemos
descubierto, a veces a través de los grandes medios, a veces
de los rumores que corren por abajo, que es la gente más criminal,
la que agrede a los niños sexualmente y a la niñas.
Ésos que dicen que son los representantes de la decencia,
son los más indecentes que tiene este país. Y la mayoría
de ellos son políticos: presidentes municipales, diputados
locales, senadores federales, diputados federales, gobernadores del
estado y presidentes de la República como Vicente Fox y Martha
Sahagún, y ahora Felipe Calderón.
Nosotros estamos viendo todo eso, y no queremos crear un movimiento
donde alguien mande. Queremos crear un movimiento donde nos unamos
todos y nos pongamos de acuerdo para que nadie nunca más nos
diga lo que tenemos que hacer.
Cuando podamos decir: “no”. Para poder decir “no”
sin que eso signifique un golpe, una bala, una cárcel.
Que podamos defender la naturaleza en el municipio de García.
Que podamos vivir dignamente y vender buenas cosas en Colegio Civil.
Que podamos estudiar en la Autónoma de Nuevo León o
en cualquier universidad y no estar pagando por estar en una cárcel.
Poder tener un trabajo a la hora de salir. Poder subirse a un autobús,
ir a un evento deportivo o a una diversión, a cualquier hora
del día sin temor de que te van a agredir, que te van a violar,
que te van a golpear, que te van a meter a la cárcel.
Todos y cada uno de nosotros hemos vivido esto, por indígenas,
por jóvenes, por mujeres, por ancianos, por estudiantes. En
resumen: porque somos gente de abajo, que está diciendo que
no.
Hay mucha más gente en Monterrey, en Nuevo León, que
está siendo explotada, pero dentro de todos esos hay unos que
dicen: “ya no, ya basta”.
Pero ¿qué voy a hacer con mi lucha yo solo?, ¿cómo
voy a enfrentar a la policía, a los gobiernos, a sus leyes,
a todos los funcionarios que nos humillan? A todos éstos que
quieren hacer de la ciudad de Monterrey como si fuera un domo que
estuviera separado del resto del país o del resto de la realidad,
donde no hubiera gente fea, morena, cochina, apestosa, o sea, nosotros.
¿Qué vamos a hacer? compañeros y compañeras,
es lo que venimos a preguntar. Porque nosotros les estamos proponiendo
un trato, un trato de iguales, de compañeros, no de subordinación,
no de que nos obedezcan, pero tampoco los vamos a obedecer nosotros.
Nosotros queremos lo mismo que ustedes: que nos dejen en paz, que
nos dejen ser indígenas, que nos dejen cosechar la tierra,
crecer, vivir con dignidad, aprender, guardar nuestra cultura y poder
salir a cualquier lugar con nuestra ropa, con nuestro color y con
nuestra lengua y ser tratados como seres humanos, no como seres inferiores
o como animales —que así nos trataban en Chiapas antes
del alzamiento—.
Nosotros pensamos que ustedes como jóvenes, como puesteros,
vendedores ambulantes o comerciantes —como le digan— como
organización que defiende el medio ambiente en uno, en otro
lado; que defiende las luchas en las colonias populares por servicios;
que cada quien en su lugar construya su destino. Y, antes de eso,
para poder triunfar, unamos nuestras rebeldías, sin que una
esté encima de la otra, sin que una represente más importancia
que la otra, sino que en este movimiento podamos, como iguales, unir
nuestras fuerzas y enfrentar lo que está allá arriba.
No enfrentarlo para que nos dejen un pedazo de tiempo para vivir
tranquilos, enfrentarlos para acabar definitivamente con ellos: con
lo políticos, con los grandes empresarios.
Y entonces volver a organizar todo: que las calles sean de la gente
y no de los automóviles. Que las ciudades sean de la gente
que las habita y que las trabaja y no de la gente que las explota,
la gente que las convierte en una mercancía.
Que la gente decida qué hacer con un cerro o con un árbol,
o con un manantial de agua, y no el que tiene dinero, sino el que
tiene la razón, poniéndose de acuerdo entre todos.
Nosotros queremos proponerles eso. Ese lugar donde podemos unirnos,
nosotros le decimos la Otra Campaña. Donde todos somos iguales,
todos somos compañeros y compañeras. Créanme
que nosotros pensamos como zapatistas que no hay otro lugar igual
en este país, ni en la historia de la humanidad, donde esto
se pueda hacer con honestidad y con verdad.
Tal vez alguno de ustedes piensa, si este movimiento va a acabar
con Marcos como presidente o como dueño de una empresa. Nosotros
no estamos queriendo eso —así como dijeron los compañeros
de la Organización Democrática Independiente—,
a nosotros nos mandaron a escucharlos, a conocerlos y a hacerles esta
propuesta. Y si viera que están de acuerdo podamos ser compañeros.
Y cuando luchen los jóvenes y las jóvenas, aquí
en las calles de Monterrey, sepan que tienen un compañero y
una compañera de la misma edad allá en las montañas
del Sureste mexicano, que ni siquiera habla español, que tiene
un pasamontañas y que es zapatista por decisión propia,
así como por decisión propia se pusieron esos lentes,
ese percing, ese tatuaje, ese peinado, lo que es cada quien.
Así como eligieron su opción política, comunista,
socialista, anarquista, libertaria, o lo que es cada uno sin tener
que definirse.
Así como cada quien decide esa libertad de lucha, nosotros
decidimos la nuestra. Y ahora queremos unir esa libertad de lucha
con la suya, con la de ustedes.
Y a la hora que peleemos nosotros, por métodos civiles y pacíficos
—de eso se trata todo esto—, tengan ustedes la seguridad
que estaremos a su lado aunque estemos retirados.
Y entonces el puente que se va a construir entre esta plaza, entre
Colegio Civil, entre el municipio de García, entre la Universidad
Autónoma de Nuevo León, entre este templete donde tocan
los musiqueros que tienen otra forma de luchar también por
medio de la música; o en ese graffiti que hay que hacer rápidamente,
cronometrado, para que no le cargan la granadera o para que el semáforo
no se ponga en verde; va a poder tender un puente hacia la lucha del
sureste mexicano de esas montañas. Y allá con nuestro
modo seremos compañeros.
Y entonces podremos construir en todo el país, en todo el
país, un movimiento que por primera vez ponga a temblar el
sistema entero y termine derrumbado, que eso es lo que queremos.
No estamos pidiendo migajas, estamos exigiendo y vamos a tomar lo
que es nuestro. Y lo que es nuestro es la libertad que nos han quitado,
es la justicia que han comprado y es la democracia que han convertido
en un espectáculo mediático para poder imponer a un
candidato que es Felipe Calderón.
Nosotros, compañeros y compañeras, venimos a Monterrey
a invitarlos a derrocar al gobierno, a todos los gobiernos. A echar
a los ricos de este país, de esta ciudad, de ese estado. Y
a volver a construir una relación de iguales, de respeto entre
hombres y mujeres, entre niños, jóvenes, ancianos y
adultos. Una nueva relación en un nuevo país.
Gracias compañeros, gracias compañeras.