Palabras del Delegado Zero en Durango
5 de noviembre
Gómez Palacio, Durango
Acto público
5 de noviembre del 2006
Compañeros, compañeras: queríamos decir unas
cuantas palabras. Y esto que pedimos que hablaran otros compañeros
que vienen en la karavana es para que quedara claro en Durango que
la Otra Campaña no es del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional. También del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional, pero de muchas organizaciones.
No hay que desesperarse tanto por el manejo de los medios. Unos meses
antes de que mi General Francisco Villa fuera nombrado jefe de la
División del Norte, era tratado por los medios como un roba
vacas y como un ladrón, y como un violador de mujeres.
Somos zapatistas, en respuesta al joven que nos hizo una pregunta
de qué había pasado, y tratamos de hacer honor a mi
General Emiliano Zapata, en una parte muy importante que es respecto
a la posición frente al poder. Y también respecto a
los límites de nuestra lucha y la necesidad de aliarnos con
otros.
Cuando mi General Zapata formó el Ejército Libertador
del Sur, pudo construir en Morelos y en todo el sur del país
una fuerza que puso en jaque al ejército federal. Y no sólo
eso, sino que empezó a construir organización entre
los campesinos e indígenas del sur de México.
En determinado momento se dio cuenta de que no era posible sólo
en el sur, o sólo en la región de Morelos construir
una alternativa de país, y entonces tendió la mano y
la palabra a la División del Norte con mi General Francisco
Villa.
En un año, en una fecha, los dos ejércitos: la División
del Norte y el Ejército Libertador del Sur, confluyeron en
la Ciudad de México y la tomaron. Entonces, mi General Zapata
se negó a sentarse en la silla presidencial. Y mi General Villa
se sentó, pero —como luego se dice— sólo
para tomarse la foto.
Ambos jefes revolucionarios: Villa y Zapata se daban cuenta que el
problema no era quién estuviera sentado en la silla, sino la
forma en que estuviera organizado el pueblo para obligar a los gobernantes
a cumplir sus demandas.
La Otra Campaña no se propone tomar el poder, en el sentido
de cambiar sólo a un gobierno. Lo que se propone es organizar
a los pueblos en todos lugares, en todas partes. Y si ya estamos haciendo
historia y recordando 1910 y 1810, habría que recordarle a
los jóvenes de Durango, a los ejidatarios de Durango, a toda
la Comarca Lagunera, que estamos muy cerca del 2010. Y que es necesario
empezar a tomar decisiones.
Y no estamos hablando de un levantamiento armado, estamos hablando
de un levantamiento civil y pacífico, pero en todo el país
y apoyándonos unos a otros.
Nosotros como zapatistas recorrimos una historia parecida a la que
nos han platicado ustedes. Completamente arrinconados en la parte
más oscura de nuestro país, como indígenas tuvimos
que decidir de qué forma íbamos a morir: si como animales,
o como seres humanos, como hombres y mujeres dignos. Elegimos la segunda
opción y nos alzamos en armas y le declaramos la guerra al
ejército federal y desafiamos al que en su momento era el hombre
más poderoso de este país: Carlos Salinas de Gortari.
Unos días después de que estábamos combatiendo
contra las fuerzas del ejército federal, se levantó
una movilización pacífica en todo el país y en
todo el mundo, pidiendo que dialogáramos.
Eso hicimos, y recibimos del gobierno la misma respuesta que reciben
los ejidatarios de la Comarca Lagunera, los estudiantes, los jóvenes,
los maestros, los trabajadores de la maquila, las mujeres jóvenes,
los ancianos. Recibimos un engaño. De toda la clase política,
no sólo de un partido político.
Para nosotros es claro que aquí la humillación y el
dolor tiene el color azul del Partido de Acción Nacional. Pero
en nuestra concepción como zapatistas, toda la clase política
tiene un sólo color, que es el color del dinero. No basta entonces,
por elegir una de las opciones que están allá arriba.
Sino que es necesario que construyamos otra cosa. Otra opción
para nosotros, donde nosotros acá abajo podamos decidir nuestro
destino. Y no que alguien que venga de fuera, tome nuestras decisiones.
Hay en la Comarca Lagunera —se lo declaré hace unos
momentos a un periodista— como si hubiera pasado una guerra
y se estuviera en la resaca. El campo completamente destruido, altas
tasas de desempleo, una sobre explotación de la fuerza de trabajo,
destrucción de la seguridad social. Como si acabara de entrar
un ejército de ocupación —en este caso el ejército
de los políticos— y hubieran obrado, con sus manos y
con sus leyes, la destrucción que hubiera sido posible sólo
con bombas y con balas.
La situación que hemos encontrado es de desesperación.
Y al mismo tiempo, hemos volteado hacia allá arriba y hemos
encontrado de los gobernantes, de sus funcionarios y de los partidos
políticos, un profundo desprecio al dolor de la gente. Un profundo
desprecio a su desesperación y a su angustia.
Llegó el momento —pensamos nosotros— en que tienen
que elegir todos si van a seguir esperando allá arriba a que
alguien, ahora sí, los va a voltear a ver, y ahora sí
no los va a engañar. O juntos, unidos en esto que es la Otra
Campaña, empezamos a construir nuestra propia opción,
nuestro propio camino, donde nosotros tomemos nuestro destino en nuestras
manos.
Llegó el momento en que la Comarca Lagunera decida, otra vez,
como hace cien años, qué lugar va a tener en este gran
movimiento. Llegó el momento en que la Comarca Lagunera se
mire a sí misma, y no sólo reconozca sus dolores en
el campo, en la maquila, en la educación, en la juventud, en
las mujeres y en los ancianos. Sino también se reconozca en
ese gran espejo que es la Otra Campaña, también las
formas de organización y de resistencia que están emergiendo.
Si alguien, antes, del Congreso Nacional Indígena, un compañero
vino a decirles a la Comarca Lagunera que no estaban solos, es necesario
que la Comarca se diga a sí misma que no está sola.
En estos días que hemos estado con ustedes hemos encontrado,
en efecto, este proceso de destrucción. Pero también
grandes ejemplos de resistencia. Son esos ejemplos los que nos llevamos.
Y queremos decirles que no estamos buscando a la gente que vive mal.
Estamos buscando a la gente que está dispuesta a luchar. Que
no es lo mismo. Si ustedes: hombres, mujeres, jóvenes, niños,
ancianos, están dispuestos a luchar, tienen en la Otra Campaña
el único lugar, el único lugar donde van a ser tomados
en cuenta y respetados.
Lo que nosotros queremos en la Comarca Lagunera es que la gente de
aquí decida qué es lo que necesita y cómo debe
hacerlo. No se trata que un político de fuera, del Distrito
Federal o de otra parte, o de esos licenciados que abundan en las
clases políticas vengan a rollarnos y a convencernos de un
engaño, como han hecho con miles de ejidatarios —como
nos han platicado aquí—, y que han destruido el campo
en la Comarca Lagunera y la han entregado en manos de unos latifundista,
exactamente como hace cien años.
Hace cien años, el gran movimiento que sacudió al país
y al mundo, encabezado por mi General Francisco Villa y mi General
Emiliano Zapata, empezó con un fraude electoral. Uno que hizo
otra vez Porfirio Díaz para mantenerse en el poder. Y ahora
tenemos la misma historia repitiéndose: el Partido de Acción
Nacional, Vicente Fox, y los grandes propietarios se han burlado de
todos aquellos que pensaron que la vía electoral era un camino.
Felipe Calderón es un gobierno que va a ser impuesto, por
medio de un fraude electoral. Y cuenta a su favor sólo con
dos cosas: con lo que pueda comprar en los medios masivos de comunicación,
y con las fuerzas represivas: un ejército y una policía
cada vez menos convencidos de que tienen que defender al que tiene
todo y atacar al que no tiene nada.
Ese es nuestro mensaje, compañeros y compañeras. Gracias.
Colonia San Luis, Durango, Durango.
Reunión de adherentes
5 de noviembre del 2006.
Bueno, buenas noches otra vez, compañeros y compañeras.
Antes que nada gracias a las organizaciones, grupos, colectivos, e
individuos de Durango que nos recibieron. A la COCOPO que nos está
dando el hospedaje, como anfitriones. Y un saludo especial de las
comunidades indígenas zapatistas para quienes aquí en
Durango levantan bien alto la “A” del anarquismo, de los
punks y de los libertarios.
Compañeros y compañeras: quisiera contestar algunas
de las preguntas o dudas que se han dado aquí, que reflejan
en el mejor de los casos confusión, y en el peor de los casos,
mala leche —o sea, leche Lala, ¿lo tomaste eso? no lo
tomaste, bueno—.
Miren compañeros: el EZLN no tiene 12 años, tiene 23
años el próximo 17 de noviembre. Y el primero de enero,
cumplimos trece años de habernos alzado en armas. Chiapas estaba
en la así misma situación que están describiendo
ustedes aquí en Durango: que nadie se acordaba de él
y parecía que no pasaba nada en Chiapas.
Bueno, entonces, Chiapas no existía para el resto del país
en su población indígena. Ahí somos indígenas
de raíz maya: tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, zoques,
mames. Nuestra gente, las comunidades zapatistas no hablan español
en su mayoría, hablan lengua indígena.
Y todas sus tierras estaban en manos de los grandes latifundistas
—que en Chiapas les decimos finqueros—. No había
carreteras. Los coyotes —o sea, los intermediarios— se
quedaban con el producto igual que aquí en Durango, según
nos han contado. Y los servicios de salud y de educación, ni
siquiera por equivocación llegaban a las montañas del
sureste mexicano.
Ante esta situación, empezaron a morir muchos niños
menores de cinco años: miles de ellos. Que por supuesto nunca
aparecieron en las estadísticas, porque ni siquiera llegaba
el INEGI, o el gobierno a hacerles actas de nacimiento, por lo tanto,
tampoco tenían actas de defunción. Llegamos a una situación
desesperada. Teníamos que elegir cómo morirnos: si peleando
o por enfermedades curables. Y decidimos morir peleando.
Nos alzamos el primero de enero del 94, y no sólo nos dimos
a conocer al mundo, sino que también, con las armas en la mano,
tomamos la tierra compa. La que era de los finqueros, esos finqueros
que nos prohibían a los indígenas a andar en la banqueta
y nos obligaban a andar en la calle. Ésos que cuando una mujer
joven se casaba, tenía que pasar primero por la cama del finquero.
Ésos que se burlaban de la forma en que hablábamos,
de nuestro color, de cómo vestíamos, salieron corriendo.
Porque todo su poder estaba fundamentado en sus guardias blancas y
paramilitares.
Después de años de estar sembrando entre las piedras
del cerro, cosechando con trabajos media tonelada o menos de maíz
en una hectárea, pudimos tomar la tierra que antes se dedicaba
para la explotación intensiva del ganado para los grandes finqueros.
Y tomamos la tierra y la repartimos en colectivo. Y cambiamos el uso
del suelo: empezamos a sembrar maíz y frijol, y verduras, para
nuestras mesas, no para las mesas del poderoso.
El gobierno federal, compañeros y compañeras, ni el
estatal, ni siquiera los municipales, mandan en territorios zapatistas.
Mandan lo que se llama los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas
y las Juntas de Buen Gobierno. No recibimos absolutamente ningún
programa de apoyo gubernamental. Y gracias a eso, y gracias a eso
que hemos recibido: la ayuda internacional, y la ayuda nacional de
gente o de alguna gente como la que está aquí.
Y no ha sido ni para enriquecer al EZLN, ni para hacer las giras
y reunioncitas que tanto le molestan al compañero, sino para
levantar escuelas donde no había nada. Para preparar maestros,
mismos de la comunidad. Para hacer hospitales y farmacias donde la
atención y la medicina es gratuita. Cualquier comunidad zapatista
vive en mejores condiciones que las comunidades que reciben apoyo
gubernamental.
Ustedes pueden elegir no creerme y tienen la opción siempre,
si es posible, ir a las comunidades zapatistas, o revisar lo que mismo
publica la prensa de investigaciones del gobierno, del INEGI, que
dice que los únicos municipios en Chiapas que han mejorado
su nivel de vida, son los que tienen presencia del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional.
Los niños y las niñas que antes morían antes
de los cinco años. O que a los siete u ocho tenían que
cargar leña, o empezar a trabajar en el campo, ahora van a
la escuela. Y no aprenden a avergonzarse ni de su color, ni de su
lengua, ni de ser indígenas. No aprenden la historia que ofrecen
allá arriba, sino que aprenden la historia del levantamiento.
La historia de sus compañeros, de sus padres, de sus madres,
de sus hermanos, de sus tíos, de sus tías, que fueron
los que lucharon y que le dieron otro rumbo no sólo a su nivel
de vida, sino a su ser indígena.
Porque en Chiapas, después de muchos siglos, ser indígena
ahora es un orgullo. Y antes era una vergüenza. Cualquiera de
ustedes puede ver que en esos doce años, las comunidades indígenas
zapatistas tienen un nivel de vida mejor, mayor esperanza de vida,
mejor educación, mejor salud, y mejor alimentación.
Porque se prohibió el consumo del alcohol, y el dinero que
antes se usaba en el trago, ahora se tiene que usar para mejorar el
vestido y la comida de las comunidades.
Sin embargo, a pesar de todo esto, nuestra demanda principal —también
como dijo el compañero— era por los pueblos indios. Pero
nosotros nunca pedimos limosnas. No pedimos que hubiera programas
de apoyo. Nosotros pedimos que en la ley máxima de esta República,
que es la Constitución, se reconocieran los derechos y la cultura
de los pueblos indios. Se trataba de una deuda que este país
no ha acabado de pagar, después de tantos años de independencia.
Después de todos los años de La Colonia, y después
de todos los años del México prehispánico —que
le dicen—.
Y nosotros lo que estábamos pidiendo era que este país
dejara de avergonzarse de tener raíz indígena. De haberse
levantado sobre el color, la lengua y la cultura de los indígenas,
y les reconociera el derecho que tenían antes que españoles,
norteamericanos, franceses, y cualquier nacionalidad que tenga el
dinero les había despojado.
Los derechos y la cultura indígena decían, entre otras
cosas —dicen—, que el territorio es propiedad de los pueblos
indios, y que nadie —absolutamente nadie—, ni el gobierno,
ni el empresario puede hacer nada sin permiso de las comunidades.
Ni robarse el agua, ni despojar a tierra, ni cortar madera, ni extraer
minerales o petróleo, en suma, no se puede atentar contra la
naturaleza, si no es con la aprobación de los pueblos indios.
Eso decían los Acuerdos de San Andrés, que no sólo
firmó el EZLN, sino 40 pueblos indios de México. Algunos
de ellos que tienen territorio aquí en Durango, como los wirarikari
o huicholes —les dicen ustedes— que fue el compañero
Lauro que pasó. Su territorio abarca parte de Jalisco, de Durango
y de Nayarit.
Cuando nosotros hicimos esta demanda, hicimos una gran movilización.
Se juntó millones de mexicanos y mexicanas que apoyaban, y
cientos de miles en otras partes del mundo. Y el gobierno y la clase
política —ésa que ahora tanto entusiasma a algunos
aquí—, es decir: el PRD, el PRI y el PAN, hicieron el
acuerdo de desconocer nuestros derechos. Y ubicarnos a los indígenas
como alguien objeto de la limosna, de la lástima, de la caridad,
y de la pena ajena.
Ahí nosotros decidimos romper con la clase política,
con toda la clase política, y empezar a buscar otra forma de
hacer las cosas. Aquellos y aquellas que están esperando encontrar
en la Otra Campaña un liderazgo, se equivocaron de reunión,
se equivocaron de canal, y se equivocaron de campaña por supuesto.
Si están buscando a alguien que los dirija, alguien que les
diga qué hacer, alguien que los acuerpe, ahí está
el cuento engañabobos del FAP —el Frente Amplio Progresista—,
que está lleno de puros ex priístas, primero. Hay que
leer los periódicos. O la CND que está dirigida por
puros ex salinista —hay que leer los periódicos—.
O el gabinete de López Obrador en el que hay algunos que desempeñaron
una actitud de crimen en contra de los pueblos indios zapatistas,
como su flamante secretario de relaciones internacionales que se llama
Gustavo Iruegas, que es un asesino: autor intelectual de la matanza
de Acteal, fue parte del equipo negociador de Zedillo, cuando la mesa
de San Andrés.
Todas esas cosas, si quieren no las decimos, pero ahí están.
A lo mejor ustedes quieren obviar todos los agravios que la clase
política, que es como un circo donde los trapecistas pasan
de una pista a otra —y donde un priísta un día
es panista, y otro día es perredista y otro día está
otra vez priísta—. Nosotros no venimos a interrumpirlos.
Que les vaya bien. Pero donde va a llevar eso, no es a donde vamos
nosotros. Nosotros vamos para otro lado.
No es cierto que las líneas paralelas van a terminar por juntarse.
Ellos van para otro lado. Y ese lado va a cosechar en Durango y en
el resto del país, una nueva desilusión y un nuevo engaño.
Ustedes pueden creer —erróneamente— que si hubiera
ganado el PRD, las cosas iban a cambiar. Ganó el PRD, le hicieron
trampa, y no fue el EZLN ni la Otra Campaña la que se lo hizo:
fue el IFE —que tanto aplaudió el PRD en su momento—,
fue Fox —a quien se le llamó un gran estadista cuando
dio marcha atrás en el desafuero— y fueron los diputados
y senadores que acaban de conseguir el puesto por el PRD.
Nosotros compañeros y compañeras no estamos buscando
a quién dirigir. No venimos a Durango a buscar tropa, ni a
buscar masas para que hagan lo que les digamos. Pero tampoco venimos
a buscar que nos dirijan ustedes, Nosotros venimos a buscar en Durango
quién quiere luchar. Y a ofrecerle hacer trato: ustedes luchen
aquí, nosotros allá y nos apoyemos. Y por eso no es
sólo la Otra Campaña del EZLN, sino que hay partes por
todos lados. En todo el país, y en toda la República.
Porque así como la radiografía que nos hicieron de
Durango, pudiera funcionar para la Comarca Lagunera, para Chihuahua,
para las dos Baja Californias, para Sonora, para Sinaloa, para Quintana
Roo, para cualquier estado. Cámbienle la bandera y el escudo,
y es la misma historia de despojo, de humillación.
Si en algún momento pensaron que las maquiladoras eran prerrogativa
del norte, se equivocan. Quintana Roo, Yucatán y Campeche están
llenos de maquiladoras. Si piensan que el despojo de tierras es exclusivo
del norte: equivocados. Empieza desde el límite con Guatemala
y llega hasta Baja California.
Lo que está pasando ahora en este recorrido es que se está
rompiendo la aparente división que se dio por los analistas
políticos, a raíz de las elecciones, que dijeron: el
norte es azul, por lo tanto es de derecha. Y el sur es amarillo, por
lo tanto es de izquierda. Y el argumento de Fox y de muchos grandes
empresarios de que el norte tiene un alto nivel de vida, de hecho
podría ser un estado de la Unión Americana, mientras
que el sur está más cercano a Centroamérica y
tiene niveles de vida parecidos a los de Guatemala, El Salvador u
Honduras.
La Otra Campaña con esta gira que tanto les molesta, ha demostrado
que eso es una falsedad. Que hay la misma pobreza, el mismo desempleo,
la misma destrucción, el mismo desprecio a las mujeres, la
misma criminalización de la lucha social, la humillación
y los insultos a los jóvenes por ser jóvenes. El mismo
desprecio a los ancianos, porque ya no sirven. Y la misma corrupción
desde la escuela, en la calle, para los niños.
Lo que está proponiendo la Otra Campaña compañeros
y compañeras es que Durango rompa, como rompió Chiapas
en 94, eso de que no pasa nada en Durango. Y no que venga alguien
de fuera: ni Marcos, ni el EZLN, ni cualquiera de las organizaciones
que estamos en la karavana, porque nosotros sólo venimos a
escucharlos. Y nuestro único compromiso es: esto que nos contaron,
que lo conozcan en el resto del país. Porque, créanme,
no se conoce. No se sabe todo lo que está pasando.
Se supone que Durango era un estado rico, donde todos estaban contentos
e íbamos a ver los grandes letreros de la gente apoyando al
gobernador, y a Fox por supuesto. Y no ha pasado en ningún
estado de la República, salvo que los cuatro que nos faltan,
algo extraordinario ocurra, es mentira compañeros. El norte,
el centro y el sur de México tiene el mismo dolor: una clase
política parásita, completa toda ella, todos los partidos
políticos sin distinción. Y una clase empresarial estúpida
y vende patrias.
Si uno recorre la península de Baja California, en la parte
sur, en Baja Sur, empieza a ver los letreros en inglés de tierras
que se venden. Tierras que eran de mexicanos y que ahora son propiedad
de norteamericanos. Pero eso también lo vimos en Quintana Roo.
Cerca de la frontera con Guatemala. Las mejores tierras están
siendo acaparadas por estas gentes y se están rehaciendo los
grandes latifundios.
Nos hablaron de las maquiladoras. En Puebla, hablamos con jóvenes
y jóvenas —decimos nosotros— como los que están
aquí, que trabajan en maquiladoras —ellos son de raíz
indígena— por 45 pesos al día, por 16 horas de
trabajo. Si revisan sus libros de historia y lo comparan con las condiciones
laborales en la época de Porfirio Díaz van a ver muchas
semejanzas.
No se trata de que en este cuaderno esté lleno de quejas.
Quien piense eso está equivocado, y si quiere, cuando terminemos
se lo presto. Está lleno de rebeldías y de organización.
Porque Durango no es la queja, no es cierto. Nosotros no estamos escuchando
eso. Estamos escuchando la organización que hay aquí
para resistir. Y que corre el riesgo de ser derrotada, igual que nosotros
en Chiapas, o cualquier otra organización en cualquier parte
del país, si pelea sola, si lucha sola.
Lo que nosotros estamos proponiendo es, en efecto, una unidad, un
movimiento donde nadie mande, sin líderes, sin dirigentes que
se corrompan, que sean cooptados. O aunque salgan buenos, no los queremos.
Queremos que cada quien reconozca su lugar y le ofrezca al otro el
respeto a su trabajo y a su lucha.
En resumen, compañeros: en Durango nadie debe mandar, más
que Durango. Eso es lo que decimos nosotros. Y que la gente de abajo
es la que tiene que deshacerse de la gente de arriba, y tomar en sus
manos no sólo el gobierno: la tierra, los medios de producción,
las escuelas, las universidades, todo lo que se plantea un movimiento
de rebelión nacional. Pero no solos, ni por su cuenta, ni a
la hora que se les ocurra. Sino que hagamos ese acuerdo, para hacerlo
todos juntos al mismo tiempo.
Ahorita, en esta primera etapa de la gira, estamos conociéndonos.
Sabiendo qué está pasando en cada estado, quién
está y quién no está. Hace un rato en Gómez
Palacios decíamos que nosotros no estamos buscando gente que
viva mal, porque ésa pues ahora sí que son varios millones
—más de 80 millones de mexicanos—. Estamos buscando
gente que quiera luchar, no es lo mismo.
Y esa gente que quiere luchar: sea anarquista, libertaria, punk,
comunista, socialista, zapatista o nada, que ella misma sola se nombre,
tiene un lugar en la Otra Campaña si lo que se propone no es
seguir a alguien, sino construirse su propio camino. Y ese camino
tiene que pasar —decimos nosotros— por la reconstrucción
de nuestra patria. Y esa reconstrucción pasa sobre el cadáver
de la clase política mexicana actual y el empresariado.
Si para eso tenemos que desafiar no sólo a los partidos políticos,
a Calderón, al ejército, a la Policía Federal
Preventiva, o a lo que ustedes quieran, incluso a Bush o al idiota
que le siga, estamos dispuestos a hacerlo, así como mi General
Villa los desafió hace cien años.
Entonces, compañeros y compañeras: nosotros les pedimos
que lo piensen. No quiere decir que tomen ahorita la decisión.
Hay compañeros aquí en Durango de la Otra, y ellos les
pueden informar de qué se trata. Pero si se trata de buscar
líder, no es aquí. Si se trata de buscar a quién
dirigir, tampoco es aquí.
Si se trata de luchar con respeto y con dignidad, éste es
su lugar compañeros y compañeras. Gracias.