Palabras del Delegado Zero en La Laguna,
Coahuila
4 de noviembre
Acto con ejidatarios del ejido El Cambio.
La Laguna, Coahuila.
4 de noviembre del 2006
Bueno, compañeros, compañeras. Hoy en la mañana
fueron un grupo de compañeros y compañeras ejidatarios
y nos contaron la historia de aquí de El Cambio. Y mostraron
los papeles que están firmados por el gobierno de Vicente Fox,
donde reconoce que los legítimos propietarios, legalmente,
en esta tierra, son ustedes.
También nos dieron el nombre del cabrón ése,
de Cornú, que es el que está haciendo un fraude —así
como hicieron el fraude en las elecciones—, está el fraude.
Y nos explicaron este dolor que tienen de que están defendiendo
su tierra y que los meten a la cárcel, y que se gastan toda
la paga que consiguen trabajando en pagar la fianza o el amparo.
Y eso que está pasando es una injusticia porque se supone
que el gobierno de arriba manda sobre el de abajo. Y el gobernador
Moreira —de aquí de Coahuila— y el presidente municipal,
debieran obedecer el papel donde está reconociendo la presidencia
de la República, quién es el propietario de estas tierras.
Entonces nosotros lo que vamos a hacer es la denuncia de lo que está
pasando aquí. Como decía la compañera que no
está en el mapa, vamos a poner en el mapa el ejido El Cambio,
en el mapa de la injusticia del gobierno, que es lo que está
haciendo.
Y vamos a difundir la lucha por cualquier parte. Y si vuelven a detener
a un solo ejidatario de acá, nos vamos a movilizar en todo
el país, vamos a hacer denuncias, no sólo en México,
en el mundo. Porque ahí, ¿se acuerdan que Fox decía
que su gobierno era el gobierno del cambio?, y aquí en el ejido
El Cambio se está viendo lo que es su gobierno, que ni siquiera
respeta sus propias leyes.
Entonces no crean que nosotros estamos aquí… Ustedes
lo saben porque aquí no se aparecen más que cuando hay
elecciones, entonces sí se llena de papeles “de que hay
que votar por uno y por otro”. Se pasan las elecciones y no
vuelven a aparecer. Y otra vez que juegan con el sentimiento de la
gente, de darle esperanza y no cumplen.
Nosotros no estamos buscando cargo, nosotros lo que estamos buscando
es que se dé a conocer la injusticia en cada lugar, para restregársela
en su cara al gobierno, para demostrarle que no sirve. Pero no nada
más, que si hay una injusticia en contra de alguien tenemos
que unirnos todos en todo el país. Y aquí vienen compañeros
de otras partes de México —aquí en la karavana—
, de otros estados de la República. Y vienen organizaciones
que tienen también en varios estados de la República.
Y ellos ya conocieron su problema cuando nos explicaron en la mañana.
Y queríamos venir a verlos porque sabemos que hay mucha gente
que tiene miedo —lo sabemos—. Porque está cabrón
pues que quieres luchar por tu derecho y te van a meter a la cárcel.
Pero siempre pasa así cuando uno está solo. Pero miren
compañeros, nosotros lo que nos pasó, porque —¿se
acuerdan?— nosotros nos alzamos en armas contra el gobierno.
Es que llega un momento en que se va a acabar la vida, entonces también
se acaba el miedo. Pero no queremos que vamos a luchar juntos, perdón,
no queremos que vamos a luchar solos, sino que vamos a juntarnos,
a unirnos, y cada quien respetando donde está cada quien. Entonces
lo que vamos a hacer nosotros es eso.
Y pedimos que estén en contacto con nosotros y que le digan
de una vez a la policía: “aquí ya no estamos solos”.
El Cambio ya está en el mapa, ya está en el mapa de
la Otra Campaña y aquí si tocas a uno, en Chiapas, en
todas partes, van a empezar a protestar y hasta en otras partes del
mundo, porque también viene gente de otros países. Que
son estos compañeros que están grabando, lo están
mandando para todo México y para otras partes del mundo.
Entonces ya van a conocer, porque antes pasa algo y quién
se acuerda. El periódico no se acuerda, la televisión
no se acuerda, el radio no se acuerda, porque El Cambio no existe,
pues.
Una compañera: —La prensa está vendida
SCIMarcos: —De por sí lo sabemos, pero estos compañeros
no hacen eso. Y entonces ya entre nosotros nos vamos a comunicar.
Ahora sí que como decimos: por abajo, no por arriba con los
grandes políticos.
Y me cae que nos movilizamos para exigir que cese esa injusticia
y además que se tiene que reconocer lo que es el derecho, y
el derecho es que los ejidatarios de El Cambio, son los propietarios
de esta tierra; y aquí el que está invadiendo la tierra,
es el Cornú ese. Ése es el que tiene que ir a la cárcel
por invasor. Y tienen que acusarlo de despojo de tierras y tiene que
indemnizar, porque ya nos explicaron que se está haciendo rico
con el yeso.
Y ahorita que entramos al pueblo lo vemos que está bien jodido.
Y vamos a su casa de él, él va estar a toda madre. Y
es una familia. Y aquí nos explicaron que son más de
200 familias, 218, que están mal. ¿Por qué? Esa
riqueza si es de esta tierra, aquí debiera estar buenas calles,
buena iluminación, auditorio, cine, buenas casas, todo eso,
porque son los propietarios de la tierra.
Eso es lo que nosotros estamos diciendo, que tenemos que organizarnos
para eso, para luchar juntos y eso es lo que vamos a hacer compañeros.
No les vamos a prometer mentira. Les vamos a prometer la verdad es:
que si los atacan los vamos a apoyar y lo que queremos es apoyarlos
también en su demanda.
Ahorita no podemos hacer más, pero ya cuando juntamos toda
la fuerza en el país —porque estamos recorriendo todo
el país—, entonces, qué nos va a durar el chingado
Cornú ése y el presidente municipal, y el gobernador,
y hasta el presidente de la República.
(Aplausos y gritos)
Universidad Autónoma de Coahuila. Torreón, Coahuila.
Acto público en la Facultad de Ciencias Políticas.
4 de noviembre del 2006
Buenas tardes a la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma
de Coahuila y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
gracias por recibirnos.
Hoy en la mañana a las afueras de esta universidad, aparecieron
con este panfleto pegado, lo voy a leer, dice: “No al EZLN,
el EZLN o Ejército Zapatista de Liberación Nacional
promulga un marxismo violento e intolerante en contra de cualquier
tipo de libertad, igual que la antigua Rusia con Trotzki —con
z— y que en cuba —con minúscula— con Fidel
Castro y ahora en Venezuela con Hugo Chávez. No olvidemos la
matanza de Acteal, no es libertad, sino toda una dictadura cruel.
Por eso digamos no al EZLN. La Laguna no los acepta. Asesinos, comunismo-satanismo,
Marcos es lo mismo”. Y ponen una foto de hace diez años
—o sea que me veo bien chido aquí—.
Bueno sólo para demostrar, vamos hacer gratis este…
no se dice “promulga”, el marxismo no lo promulgó
el EZLN, en todo caso debía decir “difunde”. Debe
tener coma, Trotsky no se escribe así, Cuba lleva mayúscula
porque es el nombre de un país, y abajo comunismo, satanismo,
“Marcos son lo mismo”, se usa el plural. Lo que demuestra
que la derecha necesita ir a la universidad o a la primaria cuando
menos.
Compañeros, compañeras, puesto que estamos en la —lo
voy a llevar por la letrina, luego se necesita—, como estamos
en la Facultad de Ciencias Políticas, es bueno hablar un poco
de política. Porque hubo un tiempo en que la política
era el lugar de los hombres y mujeres de Estado —se decía—.
Los políticos entonces —hubo un tiempo hace mucho—,
donde eran grandes oradores, tenían la capacidad de ver lejos
y se podía estar de acuerdo o no con su propuesta de sociedad,
pero no había duda sobre su decisión y sobre su inteligencia.
Entonces la clase política era algo que había que estudiar.
La ciencia política se crea para tratar de entender las relaciones
que hay entre los políticos, por un lado, y por otro lado,
para tratar de acceder a ella.
Conforme fue pasando el tiempo la política se convirtió
en una profesión. Y conforme fue avanzando el capitalismo en
el mundo se convirtió la política en una mercancía.
Actualmente no pueden encontrar un solo hombre de Estado o una mujer
de Estado, en cualquiera de los partidos políticos electorales.
De hecho, se puede constatar que difícilmente pueden articular
dos o tres ideas con coherencia. Y desde Zédillo, luego Fox
y ahora Felipe Calderón, han demostrado que no pueden hacer
nada sin el script, sin estar leyendo enfrente lo que tienen que decir
y, aún así, lo dicen con faltas de ortografía.
Llegó el tiempo en que la política dejó de ser
una ciencia, dejó de ser un arte —decían algunos—
y se convirtió en un espectáculo mediático. Hubo
un tiempo en que los cómicos tenían que andar en los
pueblos, en las calles, en las ferias, para ir buscando anécdotas
para poder hacer sus sketches, sus programas cómicos. Ahora
basta leer el periódico o ver la televisión en las declaraciones
de los políticos, para surtir cualquier programa cómico
que hay.
De hecho ahora se quejan los cómicos de que tienen gran competencia
con Fox, con los candidatos presidenciales y con los diputados, y
senadores, y no se diga con el gobernador de Coahuila.
Entonces, lo que está pasando es que se está quedando
sin materia de trabajo. Hace un rato estuvimos en la Autónoma
Antonio Narro, y decíamos que el estudiante, el egresado de
ahí —y había una compañera de Durango que
también explicaba esto—, se estaba quedando sin materia
de trabajo, porque no era sólo que ahora no era posible estudiar
el fenómeno en el campo, en el medio rural, para ayudar a la
gente, sino tampoco iba a haber campo ya para estudiar.
En el caso de la ciencia política y de las ciencias sociales,
también está hasta tal punto profunda la crisis política,
que no hay para dónde mirar, uno no sabe si en lugar de estudiar
los clásicos de la ciencia política para entender lo
que está pasando en México, no debiera optar mejor por
la revista Que, la revista Hola, Selecciones, Contenido, y a lo mejor
le pudiera servir más para eso.
Como estudiantes, como profesores y como universitarios se están
enfrentado a lo que hemos visto en otras partes de la República:
la lenta e inoxerable —o a veces rápida— privatización
de la enseñanza superior.
Y no se trata ahora sólo de que si se cobra o no para entrar
a la universidad. Ustedes saben que ahora se cobra por estar en ella
y ahora se cobra por salir de ella, a través del uso de bibliotecas,
de laboratorios, del material que debía ser gratuito para cualquier
estudiante y para cualquier profesor. Se está convirtiendo
la universidad en una empresa, y a la empresa lo que le importa es
la ganancia, no el servicio social.
En ese sentido, todos los estudiantes son los clientes a los que
se le ofrece una mercancía que hay que venderla. En ese sentido,
el espíritu crítico no toma en cuenta para nada, ni
tampoco el afán humanitario o la ética humanitaria que
debe animar a un profesor, a un investigador. Si la investigación
que se está haciendo, si las clases que se están impartiendo
no tienen una conversión inmediata en una mercancía
—en algo que se pueda comprar y vender—, no recibirán
ningún apoyo de las autoridades universitarias.
Y en muchos casos recibirán hostigamiento, represión
o represalias por insistir en que el carácter de la universidad
debe ser: hacer honor a su nombre. La universidad debe ser un lugar
universal, donde convivan todas las ideas —incluso la de los
idiotas que pegaron esos carteles en la mañana— y poder
confrontarlas por medio de razones, no por medio de insultos.
Lo que nosotros pensamos —como zapatistas dentro de la Otra
Campaña— es que cada uno de los dolores que vamos viendo
empieza a dejar para todos: hombres, mujeres, niños, ancianos
y sobre todo para los jóvenes las puertas cerradas.
Cada uno empieza a luchar —hombre o mujer— por construirse
una identidad. A veces esa identidad es una profesión, a veces
es un quehacer político, a veces es un trabajo, y muchas veces
es una forma de vestir, una forma de peinarse, una forma de manejar
su propio cuerpo, para decir: “aquí estoy y esto soy
frente a los otros”.
En ese sentido, hemos encontrado a muchos compañeros y compañeras
jóvenes anarquistas, punks, libertarios, que asumen su vestimenta,
su forma de peinar, su música, su forma de hablar, como una
forma de combatir al sistema, de decir: “no estoy con ellos,
no sólo eso, estoy contra ellos”.
Y pareciera difícil que un movimiento se pretenda a unir toda
una generación —como la de estos jóvenes—
con generaciones que ya vieron pasar muchas cosas, hicieron muchas
luchas y se encontraron, de una u otra forma, con el desprecio y el
racismo allá arriba. No sólo los pueblos indios, como
nos platicó Lauro.
Lauro es un líder de una comunidad indígena huichol
en Jalisco, que casi hace esquina con Durango. Esa zona no tiene nada
que ver ni con el estado de Jalisco ni con el estado de Nayarit, ni
con el estado de Durango. Es zona indígena, de pueblos indios.
Y sin embargo, aquí está frente a ustedes, después
de viajar kilómetros y kilómetros, para decirles que
no están solos, que nosotros sabemos que no estamos solos,
pero queremos no estar solos junto con ustedes.
Hace rato pasaron dos compañeros estudiantes a hablarnos —aquí
de la Autónoma de Coahuila y de la Autónoma Antonio
Narro— y veían con desesperación que la universidad
que se imaginaron no era la que estaban poblando, o en la que se estaban
desarrollando.
Su angustia no es la angustia sólo de ellos, y no termina
a la hora que se cruza ese portón y se sale de la universidad
y se ingresa a la calle o al mundo de fuera. Cada vez más el
mundo de allá fuera está entrando a la universidad.
Y ese mundo que entra, que golpea las ventanas, las rompe, que derriba
las puertas, que rompe los muros de los laboratorios y de las bibliotecas,
no es el mejor mundo.
Y de una u otra forma, enfrentarlo aquí dentro de la universidad
es también enfrentarlo afuera.
Hace unos momentos escuchamos historias de ejidatarios —de
aquí de la Comarca Lagunera—, de indígenas oaxaqueñas
—también— que trabajan y que luchan aquí
en Torreón y en la Comarca Lagunera. Y de una u otra forma
nos dimos cuenta de cómo se estaba colando Oaxaca por todas
partes.
Y es el momento y la hora de hablar de Oaxaca, porque lo que está
saliendo en los grandes medios de comunicación, olvidan cuidadosamente
una cosa: ese pueblo se levantó en contra de un gobernante
que se llama Ulises Ruiz, que es un criminal, un ladrón y un
asesino. O sea, los tres requisitos que se necesitan para ser gobernador
en México.
Ese pueblo se levantó y exigió esa salida. No sólo
fueron los maestros de la sección 22, también entraron
muchos grupos, colectivos y, sobretodo, población indígena
de Oaxaca, que era agredida, perseguida, hostigada y asesinada por
Ulises Ruiz.
Y todos esos enfrentamientos que se ven en la televisión olvidan
ese detalle: que allá arriba la clase política está
cometiendo una de las estupideces más grandes que ha hecho
el sexenio de Fox —y precisamente a la hora de salir—
que es apostar por la represión para mantener a un gobernante
al que nadie quiere.
Fox está dispuesto a terminar su sexenio con las manos manchadas
de sangre indígena, y no me refiero sólo a Oaxaca, sino
lo que está pasando en el resto del país. Y Calderón
parece estar dispuesto a iniciar su sexenio con las mismas manchas
de sangre.
Nosotros sabemos que es inútil estar denunciando allá
arriba, hacer vuelta y vuelta para pedir que el gobierno por favor
nos volteé a ver.
¿Por qué nos va a voltear a ver si ya acabó
el periodo electoral? Entonces sí cuenta el joven, no importa
cómo se vista, lo que importa es que tenga credencial de elector.
Entonces sí importa la mujer, no importa que el resto del periodo
sea agredida en la calle, en el trabajo y en la escuela. Entonces
sí importan los ancianos, aunque el resto del tiempo sean sólo
un estorbo. Entonces sí importan los trabajadores o los ejidatarios,
aunque el resto del tiempo no cuenten absolutamente para nada.
Allá atrás está la empresa Peñoles —que
nos explicó el doctor—. Y a mi izquierda —paradójicamente—,
allá hay un cerro negro que no existía, que fue hecho
con los desechos de la empresa Peñoles. Y nosotros podemos
elegir cada quien, a la hora que está eligiendo su identidad
¿qué hacer frente a esa empresa?
Podemos hacer lo que decía el doctor, darle la espalda y pensar
que finalmente no es nuestro problema, aunque él nos acaba
de explicar que, en efecto, que es nuestro problema.
Podemos voltearnos y hacerle una señal fraternal —mentarle
la madre o que se acomode esto donde quepa— y quedarnos nada
más ahí en una actitud contestataria.
O podemos elegir organizarnos. Porque si él nos platicó
el mal que nos puede hacer a los que estamos aquí, imagínense
a los trabajadores que están ahí más de ocho
horas trabajando por un salario mínimo, están trabajando
para morirse. Ese es el resumen de lo que está pasando en la
empresa Peñoles. Y la gente de Torreón está viviendo
para morirse.
No sólo se trata de que si hay que exigirle al gobierno que
tome las medidas necesarias, debiera ser la empresa Peñoles
la que pagara el tratamiento médico de todos, porque ella es
la responsable directo.
Nosotros en la Otra Campaña pensamos que el problema no es
un gobernante, sino es empresas como ésa, y que hay que librarse
de los dos. Nosotros decimos: en lugar de estar rogándole al
gobierno que por favor nos vea, en lugar de estar viendo para arriba,
mejor mirémonos entre nosotros. Y entre nosotros vamos a encontrar
los mismos rostros, los mismos dolores, y semejanzas en las identidades
que antes no conocíamos.
Y resulta que el movimiento de jóvenes, así como su
dolor, cómo son perseguidos como delincuentes; la agresión
a mujeres; el desprecio a los niños; el racismo de otra forma
dirigido a los ancianos y también a los pueblos indios; no
es sólo aquí en Torreón ni en la Comarca, ni
en Coahuila, sino en todo el país.
Y nosotros decimos: si empezamos a mirarnos entre nosotros y empezamos
a intercambiar nuestras experiencias, nos empezamos a dar cuenta que
es mucha la gente, mucha más la que está mirando hacia
abajo y tratando de construirse una identidad digna —porque
no se trata de hacerse ricos sino de vivir con dignidad—, mucha
más que la gente que está mirando hacia arriba esperanzada
a que venga un salvador, un redentor, un líder, un caudillo
—no importa si está enmascarado o no— a resolvernos
los problemas.
Son estos grupos, colectivos, organizaciones e individuos o individuas
—decimos nosotros—, que empiezan a decir su “ya
basta” interno frente a su propia realidad. Y nosotros decimos:
qué hermoso si pudieramos unir todo eso en un solo movimiento
sobre la base del respeto.
Que no mande Marcos, ni el EZLN, ni los pueblos indios, ni ninguno
de los grupos, sino que cada quien mande en su propio destino y tenga
parte en un movimiento que lo respete y que lo tome en cuenta. Que
el destino de este movimiento no sea el que un líder se encumbre,
se enriquezca o finalmente venda nuestras aspiraciones, o decida él
solo —o ellos solos si son varios— que nuestro problema
no importa y que es más importante otro.
De lo que se trata la Otra Campaña es de unir todas esas rebeldías
y hacer una gran rebelión nacional, no sólo para quitar
a los diputados, senadores, al presidente municipal y al presidente
de la República —que se niega a ver el crimen que está
haciendo la industria Peñoles—, sino también para
sacar de este país al dueño de esa industria y empezar
a hacer otra cosa ahí, aquí en esta universidad, en
todos los ejidos que nos hablaron y en las calles de Torreón.
Pero no que venga alguien de fuera a decirnos cómo debe ser
Torreón, sino que el mismo Torreón de abajo diga: “así
debe ser la universidad, así la calle, así el comercio,
así las relaciones entre hombres y mujeres, así entre
las distintas generaciones, así entre las distintas culturas”.
Pudiera parecer que estamos dibujando un buen sueño, una cuestión
utópica —se dice— que nunca se va a realizar, porque
cada quien está pensando que su fuerza es muy pequeña
para desafiar al de arriba.
Nosotros no estamos planteando unir pequeñas fuerzas, estamos
planteando construir una gran fuerza, que va a dar para eso y para
más. No sólo para deshacernos de esos malos gobernantes.
No sólo para deshacernos de los empresarios que están
ganando sobre nuestra muerte, sobre nuestra… nuestro deterioro
de la salud. Sino también para poder alevantar, poder levantar
entre todos otro país, diferente, donde sí se tome en
cuenta lo que nosotros decimos, cada quien en su lugar, cómo
deben ser las cosas.
Y tal vez hace 100 años, en 1906 en Cananea, se pensaba que
era imposible desafiar al régimen porfirista. Y cada vez, tal
vez después, hace 100 años —un poco menos de 100
años— cuando Porfirio Díaz realiza un fraude para
llevarse la presidencia otra vez, parecía imposible poder detenerlo.
Y cada vez, tal vez hace 200 años era imposible vencer al
ejército más poderoso del mundo —que era el del
imperio español— y tal vez alguien dijo: “vamos
a probar”.
La Otra Campaña está diciendo vamos a probar. Estamos
dispuestos a desafiar al que sea allá arriba y hacernos compañeros
con quien sea acá abajo. Y no le tenemos miedo a nada de lo
que nos están ofreciendo, con lo que nos están atemorizando.
Así como el pueblo de Oaxaca nos ha demostrado que no le teme
ni a las armas, ni a los tanques, ni a los helicópteros con
los que lo trataron de derrotar hace dos días —paradójicamente—
en una universidad como ésta en la que estamos.
Y que fue el pueblo, no sólo la gente de la APPO, sino que
la gente que salió de las colonias, que les permitieron derrotar
—porque hay que decirlo con esas palabras— derrotar a
las fuerzas de la Policía Federal Preventiva.
Nosotros sabemos que la víspera de un gran cambio, la víspera,
todo es imposible. Pero sabemos que las cosas empiezan a convertirse
en realidad, cuando un hombre, una mujer, en la soledad de su corazón
empieza a decir el ¡ya basta! —que nosotros dijimos en
1994— y que hemos descubierto en esta gira, se repite en el
corazón de miles de hombres y mujeres en todo el país.
Nosotros les pedimos que lo piensen, que se informen y que vean si
vale la pena. Si no vale la pena, si es mejor esperar al 2012: que
a lo mejor hay un buen candidato y a lo mejor sí se respeta
el voto, y a lo mejor sí puede tomar posesión, y a lo
mejor sí se acuerda de la Comarca Lagunera, pues ni modo, ahí
nos vamos a ver.
Pero si alguien piensa que sí, que vale la pena, y que es,
y que vale la pena sobre todo construir un movimiento donde valga
“yo”, el yo que cada uno tiene, no importa por pequeño
que le parezca o por poco importante que le parezca. Si piensa que
vale la pena construir un movimiento donde tenga lugar, ese lugar
es la Otra Campaña.
Nosotros queremos ser sus compañeros y compañeras,
a eso venimos, a decir esto. Y avisarles que vamos a regresar otra
vez a la Comarca Lagunera, pero ahora van a venir nuestros compañeros
Comandantes y Comandantas del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional, y ellos les van a contar mejor esa historia, porque ellos
son los que están en contacto directo con nuestras comunidades.
Esas comunidades, que en decenas de miles, hace tres días paralizaron
el estado de Chiapas para apoyar al pueblo de Oaxaca.
Nosotros queremos pedirles que dentro de sus actividades nombren
a Oaxaca, no sólo porque son mexicanos, sino también
porque hay oaxaqueños aquí en Torreón. Oaxaqueños
y oaxaqueñas de sangre indígena que, de una u otra forma,
han tenido que venir aquí a hacerse una vida digna. Que en
sus movilizaciones, sus informaciones, sus agitaciones, sus estudios,
sus pláticas, se nombre a Oaxaca, como nos han enseñado
a nombrarla la APPO —la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca—:
con dignidad.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Universidad Autónoma Antonio Narro, Coahuila
Reunión con adherentes
4 de noviembre del 2006
Compañeros, compañeras: primero que nada, gracias a
los profesores, investigadores y estudiantes de la Universidad Autónoma
Agraria Antonio Narro, que nos están recibiendo, y que nos
están dando su hospitalidad. Y especialmente a los organizadores
de las actividades aquí en la Comarca Lagunera, porque nos
han dado un excelente diagnóstico de lo que está ocurriendo,
no mediante un estudio, sino dándole voz a los dolores que
hay aquí en la Comarca Lagunera. Que de eso se trata la Otra
Campaña.
Yo quisiera pedirle permiso a los compañeros y compañeras
del Ejido El Cambio, que pudiera recontar su historia, ya la completé
más o menos, para que se conozca cabal. Porque faltaron algunas
cosas que luego me explicaron.
A estos compañeros y compañeras del Ejido El Cambio
los engañaron como han engañado a muchos campesinos,
y les quitaron la tierra, como se la quitan a muchos ejidatarios:
mandan un licenciado, unos licenciados que empiezan a tirar mucho
rollo. Nuestra gente en el campo pues es humilde y sencilla, no le
da mucho pues a la palabrería. Los engañaron y los hicieron
firmar que la tierra pasaba a otro propietario.
Esa tierra es muy valiosa a nivel internacional porque es un yacimiento
de yeso y de otros minerales. El cabrón que se está
apropiando de la tierra se llama Manuel Cornú Máynes.
Y se está enriqueciendo con esas 300 hectáreas, 304
hectáreas, que eran propiedad de ellos. Los engañó
y obtuvo en una ley amañada la propiedad. Y ahora se dedica
a explotar y a exportar y se está haciendo multimillonario.
Mientras que los legítimos propietarios y propietarias de
ese ejido, están arrinconados completamente. Como quiera, estos
compañeros y compañeras pues siguieron el trámite
legal. Solicitaron: “aquí hay una trampa, necesitamos
que nos reconozcan nuestros derechos ejidales”. Y lo obtuvieron,
porque aquí está un Certificado de Derechos sobre Tierra
de Uso Común, de Vicente Fox —que se dice que es presidente
de México—, y está firmado por Serio Zertuche
Suani, que es delegado del Registro Agrario Nacional, donde les reconoce
la propiedad de la tierra.
O sea, legalmente, son propietarios de la tierra, y a la hora que
la demandan son tratados como delincuentes. Por eso tienen 35 órdenes
de aprehensión, han metido a varios a la cárcel por
ese problema. Porque esa riqueza que es su propiedad de los ejidatarios
y las ejidatarias, está haciendo apropiada por ese güey.
Como ellos explicaron —y como se ha visto en el resto del país—,
en México la justicia es una mercancía. La puede comprar
el que tiene dinero y el que no tiene dinero no la puede comprar.
Y esa historia se va a repetir en el resto de los puntos que hemos
visto. Lo vimos ayer en la gasolinera en San Pedro de Las Colonias.
Que la señora ésa que quiere poner la gasolinera a fuerza,
compra a la presidencia municipal y a las autoridades para que le
den el permiso. Y a la gente no la toma en cuenta.
Entonces, esto hay que señalarlo porque se supone que el señor
Moreira, que es el gobernador de Coahuila, está ahí
porque tiene que atender a la gente, y tiene que ver por el beneficio
del pueblo de Coahuila, no por el beneficio de Cornú Máynes.
Y aquí, legalmente, por acuerdo del gobierno, los ejidatarios
de El Cambio son los propietarios legítimos y legales de esas
tierras. Son legalmente son los propietarios. Y ahí el invasor,
el que tiene que estar en la cárcel y recibir una orden de
aprehensión y un juicio es el señor Manuel Cornú
Máynes.
Y no es así, simplemente porque tiene el dinero y le pasa,
se mocha con el juez, se mocha con el presidente, se mocha con el
gobernador, y hasta con Fox. Pero legalmente, aquí está,
yo lo estoy viendo no está inventado. Y está: en Saltillo,
Coahuila, el 4 de enero del 2001. Ahí está, legalmente
esta ley les garantiza la propiedad. Y legalmente, cualquier abogado
honesto debería agarrar su causa, y no sólo obtener
el amparo para que no fuera detenido nadie, sino obtener una orden
de aprehensión en contra de Manuel Cornú Máynes,
y de todas las autoridades que están coludidas con él.
Insistimos en esto porque no se trata de un problema nada más
legal, porque ellos son los propietarios de la tierra, sino porque
esa riqueza que debía ser para ellos y mejorar está
siendo apropiada por una sola persona y su familia. Y está
perjudicando a todas las familias que están aquí. Que
como vemos, vinieron muchos y nos contaron: hay más que por
el temor de este uso amañado de las leyes, no se movilizan
pero tienen la misma injusticia.
Yo creo que esta gente que no vino va a tener que verlos a ustedes
de otra forma. Con más respeto, como los estamos mirando ahora
nosotros, porque ustedes tuvieron la valentía de decirlo. Y
a través de estos compañeros de los medios de comunicación
y de otros medios de prensa que vienen en la karavana y que son de
la Otra Campaña, lo vamos a difundir para que lo escuche Moreira.
Porque luego vamos a pasar por Saltillo y ahí vamos a decir
los nombres exactos. Ahí para que lo escuche, si es que no
llega su oído, o su oreja hasta La Laguna —que yo creo
que sí ha de haber algunos aquí orejas de Moreira—
como quiera, lo vamos a ir a gritar ahí en Saltillo. Porque,
legalmente, lo que están haciendo es un atropello. Compañeros,
compañeras, la Otra Campaña nos comprometemos que lo
vamos a llevar para todas partes. Y cuando llegue la hora —si
antes no se hace justicia—, lo vamos a hacer junto con ustedes
aquí.
Los compañeros… El compañero Felipe, del Ejido
Las Mercedes, del municipio Francisco I. Madero, es este ridículo
que incurren las leyes, porque a ellos los están acusando de
tener un pozo que no tienen. No lo tienen. La Noria. El agua es necesaria
pues para que el campo pueda producir, y ése está acaparado
—hay que ponerle nombre a los cabrones y cabronas que nos están
chingando—, el que se está agandallando las cosas se
llama María Cristina Tricio Haro —¿no es así?—,
ésa es la que está acaparando las tierras y el uso del
agua. El que tiene el agua manda, porque es el que puede darle el
alimento al campo para que pueda producir.
Entonces, a través de controlar las norias, de privatizarlas
y que pasen a su propiedad, se las despoja al ejidatario y lo orilla
a vender la tierra. Si vende la tierra, el ejidatario se queda sin
nada. Muchas veces, como nos platicaban pues los compañeros,
uno mediante engaños piensa que va a mejorar si vende la tierra.
Antes de Salinas de Gortari, no se podía, aunque lo quisieran
engañar, la ley prohibía la venta del ejido. Ahora la
ley la permite y además hace leyes para engañar a los
ejidatarios para quitarles la tierra. Y cada ejidatario que pierde
la tierra, pierde su razón de ser y su medio de vida. Sólo
le quedan dos opciones: irse al otro lado a buscar trabajo, o pelear
aquí por sus derechos.
Y esta gente de El Cambio y de Las Mercedes, en el municipio de Francisco
I. Madero, han elegido pelear por sus derechos. Y en ese sentido,
es lo que nosotros estamos buscando compañeros y compañeras:
gente como ustedes que pelee por sus derechos. Pero, como dijo un
compañero, que no pelee sola.
La compañera Arcelia nos demuestra ahora en la Comarca Lagunera
qué grande es Oaxaca. Porque Oaxaca la encontramos también
en Baja California, la encontramos también en el Puente, precisamente
en la raya entre Estados Unidos y México, ahí en Ciudad
Juárez y El Paso. Y ahora en la Comarca Lagunera vuelve a aparecer.
Y Oaxaca es importante por la lucha que está llevando.
En la siguiente actividad que es en la Facultad de Ciencias Políticas
de la Autónoma de Coahuila, vamos a extendernos más
sobre ese tema. Pero yo quisiera leer el testimonio que da Arcelia,
que —como dijo el compañero— no contó cabal
la historia. Me imagino que es una grabación que transcriben
de ella, porque —como explicó— la compañera
no sabe leer ni escribir. Dice:
“Mi nombre es Arcelia Morales Cruz, yo soy de San Martín
Pera y llegué hace seis años a la ciudad de Torreón,
Coahuila, buscando la vida. Nos venimos para que los niños
aprendan, porque en mi rancho no hay escuela y yo no quiero que sean
como yo. Quiero que estudien, para que tengan un buen trabajo.
“Primero anduvimos en los cruceros, pero las patrullas andaban
tras de nosotros. Nos acusaron de vender droga, que mariguana decían,
pero nosotros ni conocemos eso. Los de derechos humanos nos ayudaron:
hicieron una carta para que no nos sacaran, porque nos dijeron que
es un mismo México, y que aunque nosotros somos de Oaxaca,
podemos también estar aquí.
“Muchos dicen que somos güevones, pero no es cierto. Nosotros
también trabajamos, pero diferente. Aquí se trabaja
con puros papeles, pero en mi rancho es puro trabajo duro. En octubre
de 2005 —ahí va el nombre de otro cabrón—,
Jesús Gálvez Fraustro vino y nos invitó a un
proyecto en el Centro Hábitat. Era un comedor para los indígenas
y querían abrir siete talleres: herrería, carpintería,
costura, quesos estilo Oaxaca, carne seca y chorizo.
“Pero nomás funcionaban dos: el de herrería,
donde trabajaba mi hijo Emilio, y el de carpintería. Él
nos dijo que nos iba a pagar bien. Que iba a pagarnos la renta y arreglar
la casa. Y yo lo creí, pero no lo hizo. Sólo nos sacó
la firma y él fue el que ganó el dinero, porque pues
yo no sé leer, y cuando fui a firmar los papeles no sabía
qué decían. Pero él dijo: ‘no preguntes,
tú nada más firma, tú firma va a servir’.
“En un principio nos daban 600 pesos a la quincena, pero después,
cuando llegaba la quincena, se iba y se le olvidaba que tenía
que pagar. Se tardaba como una semana —fíjense: 600 pesos
a la semana son menos de cien pesos al día, como 80, y ella
nos platicó que hacía gorditas y se ganaba hasta 700
u 800 pesos al día, de eso sólo eran 80 pesos para ella,
y los otros 720 eran para el cabrón éste que se llama
Jesús Gálvez Fraustro, bueno—, entonces se le
olvidaba pagar.
“Y me decían que no podía salir temprano, no
tenía horas de trabajo —ya nos dijo ella que trabajaba
12 horas: entraba a las 8 y salía a las 8—, no tenía
horas de trabajo y él nunca me daba dinero. Lo mandaba con
los del DIF para que ellos me pagaran. Porque decía que me
tenía miedo. Y así se los decía a los del DIF.
Que iban a ser sus testigos, porque yo era una diablo. Y decía
que no le entendía, y que estaba operada del cerebro porque
preguntaba y preguntaba.
“Él dijo que con nuestros aguinaldos nos iba a comprar
un seguro, pero nunca no los dio. Y decía: ‘después
te entrego tu tarjeta para que puedas ir al doctor’. Y cada
vez que yo le preguntaba qué había pasado con mi aguinaldo,
él me decía: ‘estás loca pues, qué
estás haciendo para darte aguinaldo, si este pinche presidente
no nos quiere ayudar’. Pero el presidente sí ayudaba
porque del DIF le dieron a él —o sea a Fraustro—
33 mil pesos de aguinaldo para que nos lo diera, pero él nunca
lo repartió, y se tragó todo el dinero.
“En el comedor, no nos dejaba comer mucha carne y nos decía:
‘no coman porque engordan. Yo los veo que comen mucho’
—les decía—, pero nomás cuando era sopa
nos servían bastante. Y no nos dejaba bañarnos ahí
porque decía que olíamos feo.
“Todo lo que sobraba de comida o de cosas, él se lo
llevaba a su casa o lo mandaba vender. Y si yo hablaba para traerme
algo a mi casa, él decía: ‘para que chingados
te lo llevas, si yo te pago, pues con eso tú compra’.
Y ¿por qué él sí podía y yo no?
—ni un puño de jabón los dejaba llevarse—.
“Yo tengo tres becas para mis hijos, pero él me dijo
que me iba a quitar dos, que porque me daban a mí todo, que
nomás correspondía una beca por familia. Un día
se portaba bien, pero los demás no.
“Estuvimos trabajando hasta el 26 de mayo del 2006, y luego
nos corrió. Que porque no sabíamos trabajar. Que la
puerta estaba abierta porque él ya no tenía nada para
nosotros. Y nos dijo: ‘si no te sales, te parto tu madre. Tú
y yo ya cumplimos el trabajo’. Y a mí me dio miedo, porque
agarró el cuchillo con el que abría las gorditas y dijo:
‘ya váyanse hijos de su pinche madre, pinches indios,
ya no les quiero ver la cara’.
“Entonces, yo le contesté que era un maldito, porque
había ganado con mi firma y luego me fui. Y ahí vi que
todo lo que nos había dicho antes era puro cuento. Porque cuando
nos corrió no nos dijo: ‘ten, pues esto es tuyo, yo te
lo prometí’. A mí ya me había platicado
la esposa que Chui —o sea, Jesús, ése— había
ganado bastante dinero en Tuxtepec, Oaxaca, haciendo proyectos con
los indígenas. Como 50 o 60 mil pesos. Y que a él le
gustaba trabajar con ellos, porque no hablan. Entonces, él
hacía lo que quería.
“Yo lo único que quiero es que esta persona tenga su
castigo, para que ya no siga lastimando a más gente. Hay que
poner un fin a esto, para que ni él ni otras personas, hagan
lo mismo otra vez”.
Esa es la historia completa de Arcelia. Una parte nos las leyó,
no las explicó, otra nos la dijo el compañero. Y otra,
es este texto. Sobre estas tres realidades: la del Ejido Las Mercedes,
en el municipio de Francisco I. Madero; la del Ejido El Cambio, la
historia de Arcelia. Lo que escuchamos ayer en El Hormiguero y en
San Pedro de Las Colonias, más lo que explicaron los compañeros
estudiantes aquí de la Autónoma Agraria Antonio Narro,
y de la Autónoma de Coahuila, y de la Universidad de Durango,
pues más o menos se ve que el problema no es el gobierno.
Como explicó un compañero del colectivo de jóvenes,
dice: “el problema es que cada seis o cada tres años,
la gente pone su esperanza en un partido político, o en una
persona” —ya ni siquiera en un partido político,
en una persona—. Y lo vemos porque toda la propaganda electoral
es la foto de una persona, que si es guapo, que si está guapa,
que si se ve serio, que si se ve que es muy ladrón, o más
o menos ladrón, o que no se ve tan ladrón.
Y entonces uno piensa que los problemas que tiene los va a resolver
esa persona. Y órale, le avienta el voto para presidente municipal,
para diputado, para senador, para gobernador o para presidente de
la República. Y cada tres o cada seis años viene la
desilusión. Porque como explicó doña Arcelia,
en cuanto agarran la silla, pues ya es su silla y olvídate,
anda vete, si eres pobre —y no importa si votaste o no votaste—,
no importa si existes o no existes. Y no importa ni siquiera la ley,
como aquí en el ejido El Cambio pues, que nos presentaron.
Ni siquiera los papeles que ellos mismos hacen los respetan.
Y entonces, sabemos así que en todo nuestro país hay
gente jodida —eso no lo estamos descubriendo de nuevo—,
lo que pasa es que hay gente que cada tanto cree que alguien va a
venir a resolver el problema. Un candidato, un partido político.
Y cada vez parece que ahora sí. Y cada vez que ya mero, ya
me es más cerquita.
Y vemos que no gana el que queremos. Y cuando gana, perdemos, porque
se olvida de nosotros. Y vemos que incluso hacen sus trampas, como
hizo ahora Vicente Fox, que hizo fraude electoral. Que todos se dieron
cuenta, todo mundo, para poner a Felipe Calderón.
Entonces, vemos todas estas cosas, y hay un grupo de mexicanos y
mexicanas en todo el país, no nada más en Chiapas, ni
no nada más el EZLN, que dice: ¿para qué estamos
mirando para arriba? Si ahí nada más vamos a ver desilusión.
Mejor vamos mirándonos abajo, entre nosotros. Y vamos buscándole
el camino nosotros.
Y digo esto, porque la Otra Campaña no está buscando
un cambio de gobierno. Está buscando un cambio de país
completamente. No se trata de que alguien nos va a venir a decir qué
necesita la Comarca Lagunera, o qué necesita el Ejido Las Mercedes,
o los indígenas migrantes como la compañera Arcelia,
en Torreón. Y eso se trata la Otra Campaña en esta primera
parte. Porque ni el EZLN, ni ninguna otra organización que
es adherente puede decir qué Otra Campaña necesita la
Comarca Lagunera.
Lo que se necesita es que la gente que es nuestro compañero
y compañera en la Comarca Lagunera diga: nosotros queremos
que la Otra Campaña tiene que tener estas demandas. Tiene que
apoyarnos en nuestra lucha como ejidatarios, en nuestra lucha por
defensa del agua. En nuestra lucha por una universidad que no sólo
vaya dirigida a servir a la gente, sino además le garantice
a sus egresados que tenga trabajo.
Que garantice que la política no sea el trabajo de unos profesionales,
que son los diputados, senadores, candidatos —ya ven que es
como una carrera—. Antes había ingenieros, licenciados,
ahora hay políticos. Y de eso viven y ganan bien. Y ganan bien
pues porque se están vendiendo al gran propietario. ¿Cuánto
gana pues el político que le está haciendo la ley a
la señora que quiere poner la gasolinera en San Pedro de Las
Colonias? Pues se está enriqueciendo más que si tuviera
un puesto, que si tuviera una empresa.
El que le hace la transa a la señora que se está robando
los pozos, las norias, en Las Mercedes. El que está favoreciendo
al yesero ése que exporta incluso a Europa y Estados Unidos
en El Cambio. Ése les está pasando dinero y se están
enriqueciendo de eso.
Entonces, lo que nosotros decimos es: en lugar de estar viendo hacia
arriba, vamos a buscarle por otro lado. Pero compañeros, compañeras:
ustedes ya saben lo que pasa cada vez que pasa esto.
Que viene un político —no importa qué partido
político— y dice: ah, sí está muy cabrón
lo de la Comarca Lagunera, los ejidatarios, los indígenas,
los estudiantes, todo eso. Lo vamos a resolver cuando yo llegue al
poder. Y llega al poder —si llega o le hacen trampa y no llega—,
y a la hora de la hora va a decir: no, es que eso no es importante.
Porque es más importante lo que está pasando en Tabasco
o lo que está pasando en otra parte del país.
Entonces, viera que tenemos buena o mala suerte, según nos
va. Si tenemos mala suerte y sale el cabrón como Salinas de
Gortari, que se encabrona con la Comarca Lagunera y la rechinga seis
años. Y desde entonces: siguió Zedillo, siguió
Fox y es pegarle y pegarle a la Comarca Lagunera.
Y yo le digo pues a los compañeros que no son de acá
o que son muy jóvenes, la Comarca Lagunera era uno de los orgullos
de este país. La riqueza que producía equiparaba a la
riqueza que producía el petróleo. Y la gente de acá
agarró del trabajo la dignidad que los políticos y empresarios
no tienen. Y es esa dignidad la que los llevó a las rebeliones.
Porque —como se ha dicho— aquí es cuna de revolucionarios.
Y lo que hicieron los políticos desde la etapa neoliberal
fue destruir todo. Destruir la riqueza. Y ése es el problema
que está pasando porque la Universidad Autónoma Agraria
Antonio Narro, se está quedando sin materia de profesión:
pueden estudiar, pero no va a haber campo. La compañera de
biología se va a quedar sin nada que estudiar. Los ríos
van a ser una foto para que alguien se acuerde, como ahora se acuerdan
que hubo dinosaurios, porque hay dibujos.
O sea, lo que está haciendo el capitalismo, con la ayuda de
los políticos, es destruir la naturaleza y destruir el campo.
Ya ni siquiera va a haber esas empresas con las que se supone que
van a trabajar. Porque si se acaban el agua, la leche Lala, que dice:
“acompáñalo con leche Lala”, vamos a hacer
un letrero que diga: “despojo de tierras en la Comarca Lagunera,
acompáñalo con leche Lala”. Porque sabemos que
están despojando.
Y así en cada parte, porque allá en Chihuahua nos platicaron
que ésos que hacen pisos de Intercerámica, es que se
están robando de ejidatarios, la tierra. Y así como
les están haciendo con el yeso, porque hay que ir diciendo
mero cómo se llama cada quien. Porque en cada lugar tiene un
nombre el que nos está haciendo daño.
Entonces, todas esas cosas ya no va a haber. Porque la Lala se acaba
el agua, agarra su empresa y se va para otro lado. Eso es el neoliberalismo,
no sólo en México, se va a otro país. Y si ya
destruyó la Comarca Lagunera, pues a ver qué hacen los
estudiantes de biología que van a tener que estudiar arqueología,
porque van a ser cosas que ya no viven.
Y no estamos hablando aquí solamente de árboles, de
agua, de manantiales, de pozos, de norias y de extensiones de tierra.
Estamos hablando de la gente que vive y trabaja ahí. Que, muriendo
eso, pues se muere la gente. Aunque estén vivos, van a estar
en otro lado pues. Porque no va a haber pues cómo hacerla en
su lugar.
Entonces, lo que nosotros decimos: que la Otra Campaña no
se trata de que alguien mande, que diga: “lo más importante
es Chiapas”. No, ni madre ¿por qué? ¿y
la Comarca Lagunera qué? “Lo más importante es
el DF” ¿Y Oaxaca qué? “Lo más importante
es Oaxaca” ¿Y Baja California qué?
Porque eso es lo que nos pasa, cuando cada vez que se levanta un
movimiento. Que también apostamos nuestra esperanza, y a ver
si se va a acordar de nosotros. Porque eso es lo que nos decían
ayer en El Hormiguero: “no te olvides de nosotros”. Ahí
lo que están diciendo es: “no vayan a hacer lo que ya
hicieron otros políticos con nosotros”.
Entonces, lo que nosotros decimos: para que no pase eso, que no mande
nadie. Y para que no pase eso, que no sea alguien de fuera quien decida
qué hay que hacer y cómo luchar. No se trata de que
Marcos, ni el EZLN, ni los miles de organizaciones, grupos y políticos
que hay en la Otra Campaña vengan a decirle a la Comarca Lagunera
qué tiene que hacer y cómo se va a organizar.
Sino lo que tenemos que hacer es conocerlos —que es lo que
estamos haciendo— y respetarlos. Y decirles: compañeros,
compañeras aquí mandan ustedes, no manda Moreira, ni
el presidente municipal que tenga cada municipio. Mandan ustedes,
y ustedes son, en este México que vamos a levantar, los que
van a decidir aquí. Entonces, no va a haber ningún cabrón
o cabrona —porque hay de todo— que vaya a decir: “no,
eso no importa, vamos a hacerlo por otro lado”.
Entonces, lo que está haciendo la Otra Campaña es proponiendo
eso. Y ahora lo que queremos es preguntarles. No qué quiere
el EZLN que es la Otra Campaña, porque nosotros llegamos a
lo indígena nada más, y en Chiapas nada más,
no tenemos gente en otra parte. Sí hay gente que nos apoya.
Pero lo que nosotros queremos nada más es que nos respeten
como indígenas, porque somos indígenas. Y que respeten
a doña Arcelia como indígena. ¿Sí? Hasta
ahí.
Pero no se puede solo. Aunque el EZLN tiene mucha fuerza, no se puede
solo. Tenemos que unirnos con los jóvenes —como explicó
pues aquí el compañero—, con otras organizaciones
políticas de izquierda, con organizaciones sociales: colonos,
vendedores ambulantes, pequeños comerciantes, ejidatarios,
campesinos, pueblos indios. Pero la única forma que podemos
unirlos es que vamos respetando. Y respetando quiere decir es que
la palabra de cada quien vale. Y se toma en cuenta.
Y entonces, nosotros venimos aquí, con los compañeros
que organizaron, a decirles que lo que tenemos que hacer es que la
Comarca Lagunera nos diga qué Otra Campaña quiere, y
cuál no quiere. Para entonces hacer ahora sí que la
cuenta cabal en todo el país. Y la Otra Campaña agarre
el camino no que dice Marcos, no que dice el EZLN, sino que dice la
misma gente de la Otra Campaña.
Y aquí mismo ustedes tienen que decir: la Otra Campaña
no sirve si no toma en cuenta a Arcelia, si no toma en cuenta a la
compañera estudiante de biología, si no toma en cuenta
a los ejidatarios que nos presentaron aquí sus problemas, si
no toma en cuenta a los maestros, que también se están
tratando de —no lo dijo el compañero, pero ahora sí
que es la primera vez que en Coahuila se levanta un movimiento crítico
y disidente dentro del magisterio—. Todas esas cosas la Otra
Campaña tiene que responderles.
Y tiene que ser que cuando pase el problema en El Cambio, en El Hormiguero,
en San Pedro de las Colonias, en Las Mercedes, en las calles donde
está luchando Arcelia, con los compañeros del magisterio,
con los estudiantes de la Autónoma Antonio Narro, con los compañeros
de la Autónoma de Coahuila o de Durango, en todo el país
nos levantemos como ahora nos estamos levantando por Oaxaca.
Y no se trata aquí si son muchos o pocos, compañeros.
Lo que se trata es la decisión, porque así haya uno
solo, uno solo en El Cambio, que diga: “ni madre, yo no me rindo,
¿me apoyan?” Lo apoyamos. Porque detrás de ése
o detrás de esa compañera, otros se van a levantar también.
Porque así empiezan las cosas, no empiezan con un chingo de
gente. Empiezan con pocos que se empiezan a inconformar y a organizar.
Entonces, la Otra Campaña no se trata de que vamos a hacernos
del EZLN. Ni que todos nos vamos a ir a Chiapas, ni que nos vamos
a alzar en armas. Se trata de que vamos a luchar por medios civiles
y pacíficos, juntos, primero. Y para poder luchar juntos tenemos
que ponernos de acuerdo. Y para ponernos de acuerdo tenemos que conocernos.
Entonces, eso es lo que estaba pendiente.
Porque sabemos que teníamos compañeros en la Comarca
Lagunera, pero no sabemos quiénes son. Ahorita ya sabemos.
Faltan todavía. Y ¿a quién le toca preguntarle
a esos compañeros? que le preguntan: ¿cuál es
su gracia? —decimos nosotros— es ¿cómo te
llamas? Y uno dice: yo me llamo Pánfilo Pérez —o
como se llame cada quien—, o Petra Rodríguez y cuenta
su historia. Así tenemos que hacer, porque así nos conocemos
entre nosotros y empezamos a hacernos compañeros.
Y a la hora que se levante aquí el movimiento, pues el de
Oaxaca no va a decir: no pues no sé ni que es la Comarca Lagunera,
o cuáles son sus problemas. Porque ya nos conocimos. Y entonces,
nosotros les pedimos eso, que ustedes digan: yo soy, aquí estoy,
ésta es mi lucha, y quiero luchar junto con otros, apoyarnos
mutuamente.
Pero también, compañeros y compañeras, se trata
de que tiene que escuchar ustedes a otros. ¿Qué está
pasando en el resto de Coahuila? Cuando pasemos allá por Saltillo,
por Monclova, por Nueva Rosita, cuando vayamos a Pasta de Conchos.
¿Qué está pasando en la zona de Tamaulipas? En
toda la zona —como pasó el compañero de Juárez—,
en toda la zona del norte.
Fíjense, cuando empezó este problema de las maquiladoras,
sólo en las ciudades fronterizas había maquiladoras.
Ahorita hay hasta en Quintana Roo, ya las vimos. Como que la frontera
se fue corriendo hasta Guatemala, o hasta más para abajo, decimos.
Entonces, todos estos problemas, nosotros pensamos —los que
estamos en la Otra Campaña: el EZLN, las organizaciones políticas
y sociales, los colectivos y grupos como los compañeros que
están haciendo pues la palabra esta con la grabación
y la foto, y el video— todos éstos pensamos que tenemos
que conocernos y unirnos, y respetarnos. Que no mande uno, sino que
cada quien mande.
Entonces, nosotros no vamos a ir a llevar esos papeles con el gobierno,
no los vamos a engañar. Porque ya sabemos lo que pasa con el
gobierno. No le importa cuántos papeles, cuántos viajes
hagas, no te hacen caso. Cuando nosotros sí hicimos la demanda
de la ley indígena, levantamos millones de mexicanos y mexicanas
que apoyaba. Y se limpiaron el culo con la ley. Hicieron lo que quisieron.
Entonces, lo que van a hacer ahora: lo van a pagar. Van a pagar esa
humillación y todas las humillaciones que nos han hecho. La
humillación que le hacen a El Cambio, la humillación
que le hacen a Arcelia, la que hacen a Las Mercedes, la que le hace
a los maestros, la que le hace a los estudiantes. Aquí en la
Comarca, y en el resto del país. Lo van a pagar porque los
vamos a tirar. Los vamos a tirar de plano. No es que “pongamos
a otro”. No, ni madre. Y que en cada lugar mande cada quien.
Entonces, a lo que nosotros nos comprometemos como EZLN, y como compañeros
de la Otra Campaña que vienen en la karavana, es que en Zacatecas,
en Durango, en San Luis, en la otra parte de Coahuila, en Tamaulipas,
en la Huasteca y en todo el país, esta historia se conozca.
No sólo la historia de Arcelia, del ejido Las Mercedes, o del
nuevo.
Sino que se conozca también quién es el que está
haciendo daño. Y van a ver que cuando señalemos lo de
Lala, va a salir que en otras partes está haciendo la misma
chingadera. Y cuando mencionemos al señor ése, el cabrón
ése que se llama Fraustro —que es el que hizo la maldad
con los indígenas de Oaxaca—, también va a aparecer
en otras cosas. Cuando se diga el nombre de María Cristina
Tricio Haro, también va a empezar a salir. Y el señor
ése que está perjudicando a la gente de El Cambio, que
es Manuel Cornú Máynes.
Vamos a empezar a decir los nombre por todos lados, eso sí
lo hacemos, sí lo podemos hacer. Y podemos estarle diciendo
a todos los compañeros en el país que volteen a ver
a la Comarca Lagunera. No nada más lo que sale en las noticias,
sino que los vea a ustedes: que es gente que está luchando.
Eso es la Otra Campaña ahorita. Ahorita vamos a conocernos.
Hagan de cuenta pues que se está preguntando: a ver ¿tú
cómo te llamas? Y cada quien está diciendo pero en todo
el país. Y es muy grande la fuerza que tiene la Otra Campaña.
Precisamente por eso no sale en la televisión de paga ni en
los grandes periódicos. Porque si empieza a salir, la gente
va a decir: “uta, este movimiento sí es muy grande, y
sí va a hacer lo que los otros no hacen que es: respetarme,
escucharme, tomarme en cuenta”.
Entonces, cuando acabemos, con toda esa fuerza, que ya sepamos cuántos
somos, quiénes somos en la Otra Campaña en México
y al norte del Bravo —porque hay un chingo de compas del otro
lado, que son mexicanos pues, y mexicanas, chicanos, chicanas, como
se llame cada quien—, todo esos compañeros. Entonces
tenemos que ponerle día y hora cuando empieza ahora sí
la gran rebelión, y a cambiar todo nuestro país.
Se trata pues —respondiendo la pregunta del compañero—
que la Comarca Lagunera se construya un rostro ¿sí?
Hagan de cuenta pues que andamos todos con pasamontaña y no
se sabe bien cómo somos pues. Pero no se trata de que ya lo
tenemos, sino que lo vamos dibujando. Y ahí en ese dibujo de
la Comarca Lagunera tiene que estar el ejidatario despojado, tiene
que estar el estudiante reprimido, tiene que estar el preso político,
tiene que estar el maestro disidente, tiene que estar la mujer perseguida.
Toda tiene que estar ahí, y la Otra Campaña tiene que
tener ese rostro. El rostro que le demos entre todos nosotros.
Y eso es lo que les pedimos compañeros. Porque estamos proponiendo
que la Otra Campaña se pregunte a sí misma: ¿cómo
va a ser? Entonces, nosotros les estamos pidiendo que cada grupo y
colectivo responda cuál es la Otra Campaña que quiere.
Y así como organizaron nuestra visita aquí a la Comarca
Lagunera, organicen una consulta. Que se le pueda ir a preguntar a
la gente donde está trabajando y luchando, los seis puntos.
Que se organice esa consulta y que se haga el resultado y la Comarca
Lagunera diga: “aquí la Otra Campaña quiere ser
así”. Y nosotros lo tenemos que respetar.
Eso es lo que estamos proponiendo.
Ah, perdón. Es Hugo Cornú Máynes, sí
ya iba a chingar a otro. Es Hugo Cornú Máynes, no Manuel,
es que primero me dijeron Manuel y ahora es Hugo. Hugo Cornú,
es el regidor de Gómez. Hijo de la fregada. Pues sí
tiene dinero para comprar hasta un cargo político.
Entonces eso es lo que les estamos proponiendo compañeros.
Quiera que se organizan y luego hacen otra reunión ya entre
ustedes solos. Entonces ya digan: bueno, ¿cómo le vamos
a hacer para contestar esa pregunta: qué Otra Campaña
quieres? Y que se reúna cada quien como ejidatario, como maestro,
como estudiante, como cada quien es y diga: pues yo creo que debe
tener esto. Y entonces, organizar la consulta para poder hacerla ya
también nacional.
Es todo mi palabra, compañeros, compañeras. Gracias.
Lequeitio, Coahuila
Acto con ejidatarios
4 de noviembre del 2006
Compañeros, compañeras: buenas noches. No vamos a repetir
cosas que ustedes están viviendo, sólo quiero contarles
una historia.
Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos, y represento
a una organización que es el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional, que está formada por puros indígenas de raíz
maya, de las montañas del sureste mexicano, de Chiapas —que
también es México—.
Que sí está algo retirado a acá, de la Comarca
Lagunera. Pero nosotros nos acordamos que cuando nos alzamos en armas,
pues gente aquí de la Comarca Lagunera también se movilizó
para apoyarnos. Primero para que se detuviera la guerra, luego para
mandar ayuda humanitaria a las comunidades zapatistas, y más
después —en el 2001— cuando hicimos la marcha por
la dignidad indígena para exigir que el gobierno reconociera
los derechos y la cultura indígena.
Miren, nosotros hemos escuchado mucho dolor aquí en La Comarca,
un dolor que no se conocía. En el resto del país se
dice que el norte de México está bien, que está
viviendo bien, que es nada más en el sur donde hay problemas.
Y lo que hemos visto y lo que hemos escuchado nos ha demostrado que
no hay nada, ninguna diferencia entre el norte y el sur. Ni hay ninguna
diferencia entre los ejidatarios y los pueblos indios, ninguna diferencia
entre los estudiantes, los jóvenes, las mujeres, los ancianos,
los niños, los trabajadores de la maquila, los ejidatarios,
los obreros de la ciudad, los empleados, los pequeños comerciantes,
los ambulantes. Y no hay diferencia porque todos estamos abajo.
Y hace rato, que escuchamos a la compañera que nos explicaba
las injusticias que tiene en el seguro social y que tiene en su trabajo,
y que lloraba de rabia, cada uno de nosotros sintió ese mismo
sentimiento, esa misma rabia e indignación, que parece que
no se puede hacer nada. Parece que tenemos que estar soportando una
humillación y otra. Y que cada día las cosas pueden
ir peor. Y que si estaban mal con De la Madrid, y llegó Salinas
de Gortari y se puso peor. Y luego llegó Zedillo y se puso
peor. Y luego Fox y se puso peor. Y ahora quiere entrar Calderón
y se va a poner peor.
Y uno piensa que no va a poder, que siempre va a estar soportando
las humillaciones del patrón, del capataz, del gran propietario,
del funcionario. Y uno sabe que no está en el mapa de ellos.
Que no aparece el ejido El Cambio, que no aparece el municipio Francisco
I. Madero en su mapa, sólo cuando hay elecciones. Y entonces
sí vienen a prometer lo que sea.
Y como quiera sabemos que siguen los problemas: sube la cuenta de
la luz, el gas, el agua, el predial. Incluso antes que había
agua para sembrar la tierra, ahora ya no hay tampoco. Los que tienen
los pozos son en realidad intermediarios —coyotes, decimos nosotros—
para que las grandes empresas se lleven el agua para sus grandes ganancias:
como hace la lechera Lala. Que ahora sabemos que construye su leche
sobre la sangre y el despojo de los ejidatarios en la Comarca Lagunera.
Y también escuchamos hace rato en Torreón, que las
grandes empresas —esas de Peñoles— están
envenenando la sangre de los niños con plomo. Y no importa
que no estén trabajando ahí, el hecho de estar viviendo
cerca de ahí les está envenenando la sangre, y les causa
muchos problemas de salud.
Y uno piensa allá donde está: en su casa, en su trabajo,
que no va a pasar nada, que nunca van a cambiar las cosas. Y ahí
lo único que se trata es de ir tirando, de tratar de sobrevivir
a cada día. Y dormirse en la noche con la incertidumbre, con
la angustia, con la duda de qué va a pasar al día siguiente:
si todavía va a haber trabajo en la maquila, si por fin va
a llegar el agua, si va a llover, si va a haber algo que comer en
la mesa —que nosotros sabemos lo que se sufre poner algo ahí—.
Y en las noticias Fox diciendo que nuestro país es maravilloso,
que todos los mexicanos están muy contentos. En las noticias,
diciendo lo que dice el gobernador o el presidente, y nunca lo que
está diciendo la gente de abajo.
Nosotros no llegamos aquí como otros políticos a tirar
un rollo e irnos, llegamos a escucharlos. Por eso hace rato que nos
decían si podían hablar, a eso venimos compañeros:
a escucharlos. Porque esto es otra forma de hacer política,
que es escuchar a la gente, escuchar sus problemas y saber cómo
está el problema en cada lugar. Para irlo conociendo e ir sabiendo
la verdad.
Nosotros estamos recorriendo el México de abajo. Vamos a los
pequeños ejidos, nos metemos a los rincones de la montaña
donde viven los pueblos indios, donde viven, ahí. En las colonias
más pobres, y le preguntamos a la gente cómo vive. Y
ahí nos damos cuenta que todo lo que está saliendo en
las noticias son puras mentiras. Sabemos que el gobierno paga anuncios
en la televisión diciendo que ayuda a la gente.
Y ahí en el estado de Hidalgo había una mujer que lloró,
igual que la mujer de aquí, que pasó aquí hace
un momento, diciendo que había visto un anuncio, un comercial
donde Vicente Fox decía que ayudaba a las comunidades indígenas
y salía tomándose una foto en su comunidad de esa compañera.
Y estaba llorando de coraje porque ella decía: “nunca
llegó ahí y nunca llegó la ayuda”. Quién
sabe donde se tomó esa foto, o dónde hicieron esa película.
Porque no fue en mi tierra. Y ahí no llegó nada, y el
resto de los mexicanos puede creer que Fox fue a ese lugar a ayudar
a la gente y no fue. Ese video lo tomaron en el jardín de la
casa de Fox, en Los Pinos.
Y hace unos días, estuvimos con los indígenas mayos
—allá en Sinaloa y en Sonora— y nos contaban que
salía en el anuncio que el gobernador decía que había
mandando mucho maíz y frijol para ayudar a los damnificados
por el huracán. El pueblo mayo tiene una parte en Sinaloa y
otra parte en Sonora. Y decía que las bodegas estaban llenas
del maíz y el frijol que se habían comprado con la ayuda
del gobierno de Fox. Y nos enseñaron las bodegas y estaban
vacías. Ni siquiera había ratas, porque no había
maíz que comerse. Y estaba también ese coraje que ellos
sentían de porqué los estaba usando el gobierno para
echar mentiras.
Miren compañeros, el 31 de diciembre de 1993, Carlos Salinas
de Gortari era el hombre más poderoso de este país.
Parecía que nadie le podía hacer nada, parecía
que nada podía cambiar las cosas. Allá en Chiapas, donde
nos alzamos nosotros en armas, el PRI había ganado todas las
elecciones. Parecía que no se iba a poder hacer nada. Y estaba
él celebrando, brindando por el Tratado de Libre Comercio,
que era lo que le iba a permitir a él vender nuestro país
principalmente a los norteamericanos, y a todo el que quisiera comprarlo.
Nosotros sabemos que estos dolores que cargamos pues no tenemos dinero
para pagar un anuncio en televisión. Ni siquiera para que salga
en el periódico. Con muchos trabajamos tenemos un movimiento,
y sólo salimos en las noticias cuando nos matan, cuando nos
meten a la cárcel, o cuando pasa una desgracia —como
en la gasolinera de ahí de San Pedro de Las Colonias—.
Entonces sí aparecemos en las noticias, cuando estamos muertos,
cuando estamos en la cárcel o cuando ya abandonamos nuestra
tierra.
Unas horas después de que Salinas estaba celebrando con todos
sus amigos, ahí estaba celebrando el año nuevo, unas
horas después les llegó una noticia, una llamada por
teléfono. Y le avisó que un montón de indios
—así dijeron— un montón de indios descalzos
se habían alzado en armas y decían que había
que derrocarlo. Esos indios descalzos éramos nosotros, el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional.
Y en unos cuantos días todo el poder que tenía ese
hombre se fue derrumbando y cayendo. Pero no bastó lo que hicimos
nosotros. No bastó porque sólo lo hicimos en una parte
del país, porque sólo ahí tenemos fuerza. Y no
bastó, también, porque fue una lucha armada. Y en la
lucha armada no todos entran. Se trata de hacer una lucha donde todos
podamos entrar. Y no se trata de irse a otro lado a pelear, sino pelear
cada quien en su lugar.
Y a lo mejor a muchos de ustedes les parece pues que no va a cambiar
las cosas, que así va a seguir, que se va a ir el Marcos, se
va a ir la Otra Campaña y otra vez va a seguir el dolor, se
van a seguir robando el agua, van a seguir humillando a las trabajadoras
de las maquiladoras, se va a seguir burlando de nosotros el gobierno,
va a seguir saliendo en las noticias que todo está bien, y
nada va a pasar. Y yo nomás vengo —porque a eso me mandaron
mis compañeros indígenas de Chiapas— a decirles
que no es cierto, que sí va a pasar algo. Y que lo que va a
pasar ahora va a pasar en todo el país.
Y no se trata sólo de remediar quién tiene los papeles
de una noria, se trata de remediar quién va a defender este
país de la destrucción que les están haciendo.
Lo que nos platicaron de los ex braceros, no nada más está
acá en la Comarca Lagunera, ni sólo en Chihuahua. En
todo el país hay gente que trabajó durante muchos años
y le robaron el dinero, y ahora no quieren dárselo. O quieren
darle una limosna. Hay ejidatarios que han sido despojados de su tierra
con engaños. Durante años, décadas, generaciones
enteras han trabajado la tierra y de la noche a la mañana se
encuentran con que son acusados de despojo, y son amenazados con la
cárcel.
Cualquier ama de casa puede decir que en todos estos años
del gobierno del cambio —que decía Fox que iban a cambiar
las cosas—, puede decir que sí, que cambiaron las cosas,
pero que se pusieron peor. Y cada vez parece que no va a poderse poner
peor y sí se pone peor. Y ahora lo que se pone peor es que
esto que llamamos nosotros nuestra patria, que es México, se
va a acabar de morir de una vez.
Y nosotros estamos buscando no sólo cómo está
la situación, sino estamos buscando en todo el país
a hombres y mujeres que estén dispuestos a luchar. No con las
armas, sino a organizarse y a luchar en donde viven, en donde trabajan.
Y a unir esa lucha con todas las demás que hay en todo el país,
y juntos levantarnos. Hacer amanecer otra vez un primero de enero
del 94, pero no con armas y tiros, sino con la gente tomando lo que
pertenece: tomando las tierras, tomando los pozos, tomando las fábricas,
tomando los bancos, los comercios, tumbando, derrocando a los gobernantes:
a todos. Y volviéndonos a organizar para poder vivir como tenemos
que vivir, que es con dignidad.
Parece que no, ahorita, pero va a llegar el día. Yo vengo
a avisarles nada más. Y cada quien tiene que tomar la decisión:
si se va a quedar esperando a ver qué va a pasar, o va a querer
participar. No le estamos pidiendo que se vaya para Chiapas, ni que
se vaya ni siquiera para Torreón, que aquí mismo se
organice, y aquí mismo una su lucha con la lucha que hay en
Quintana Roo, en Yucatán, en Veracruz, ahora en Oaxaca, en
Chihuahua, en Tamaulipas, en Baja California, en todas partes. Y juntos
luchemos por nuestro país, porque esta patria mexicana sólo
tiene una esperanza de vida, y esa esperanza está abajo, está
aquí en la Comarca Lagunera, está aquí en el
municipio de Francisco I. Madero, está entre ustedes.
Nosotros solos no podemos, ni en Chiapas, ni en el resto del país.
Ustedes tampoco pueden solos. Cada vez pueden levantar una lucha y
va a terminar en la derrota, con presos, con heridos, con muertos,
con humillaciones, con corajes y con rabias. Si nos unimos todos podremos
por fin librarnos de esta gente.
Nosotros nos estamos comprometiendo a llevar esto que nos contaron.
No sólo aquí, en los ejidos de aquí del municipio
Francisco I. Madero, también lo que hemos escuchado en otras
partes de la Comarca Lagunera. Y así como les cuento lo que
pasa con los indígenas en Sonora, y en Sinaloa, y en Baja California,
como están los indígenas también en Chihuahua,
en cualquier parte donde pasemos vamos a contar la historia de la
Comarca Lagunera, y de lo que están haciendo.
No sólo los que están haciendo los de arriba, sino
también cómo se está organizando la gente de
abajo para exigir sus derechos y para ponerle nombre al que les está
haciendo ese dolor y esa injusticia.
Felipe Calderón va a caer, no va a terminar su sexenio. Tal
vez alguno está pensando que estamos hablando de un movimiento
que va a pasar dentro de muchos años. Pero incluso la gente
que está aquí, que tiene mucha edad, lo va a ver. Lo
va a ver, lo prometemos.
Y esos que están allá arriba, que ahorita están
muy contentos repartiéndose los huesos —en uno y otro
lado— y pensando que van a reinar para siempre, en pocos años
van a tener que ver la cárcel desde adentro o van a tener que
ver México desde otro país. Porque aquí no van
a caber.
Gracias compañeros, gracias compañeras.