Palabras del Delegado Zero en Ciudad Juárez
1 de noviembre del 2006
Ciudad Juárez, Chihuahua
Acto público
1 de noviembre del 2006
Bueno compañeros, compañeras, yo quisiera pedirles
un poco la atención para explicar algunas cosas. Queremos agradecer
a la Otra Ciudad Juárez, que nos haya enseñado lo que
nos ha enseñado. Pensamos que no basta ni lo que escuchamos,
ni lo que vimos. Y pensamos que es necesario que regresemos otra vez
a acá a Juárez, junto con mis compañeros jefes
y jefas, para no sólo conocer lo que están haciendo,
sino para aprender de ustedes y de sus luchas.
El problema que nosotros estamos viendo, no sólo aquí,
sino en muchas partes, está el problema éste de la identidad.
Yo veo que hay muchos aquí jóvenes, mujeres también.
Y está lo que nos está ofreciendo el sistema, el que
está arriba: a quién tenemos que parecernos, cómo
debemos vestirnos, qué rostro debemos asumir, qué musica
debemos escuchar. Incluso la rebeldía, están ofreciendo
una alternativa falsa: que es el grupo éste de babosos de RVD,
que le dicen al joven que eso es ser rebelde.
Y cada quien se empieza a construir su propia identidad, su forma
de vestir, su forma de peinarse, su forma de hablar. Y esa identidad
que va construyendo cada quien, es la que es atacada por uno y por
otro lado. Por uno y por otro lado nos tratan de domesticar, como
mujeres, como jóvenes, como ancianos, como niños. Y
vemos esta injusticia de que se supone que hay un gobierno que debe
proteger a la población, y es el gobierno el que la está
agrediendo.
Nosotros vemos esta injusticia de que haya aquí crímenes
y que la muerte tenga también una clase social. Y si esa muerte
es de una trabajadora, que además es mujer, que es pobre, y
que trabaja en una maquila, no valga nada hasta que salga en el periódico.
Y que la familia de esas mujeres que han sido asesinadas en Juárez
y en todo el país, sólo reciban la burla de Fox, y de
cualquiera de los funcionarios que se han referido al tema. Como si
no fuera un ser humanos, como si no fuera una trabajadora, como si
no fuera una joven la que fue asesinada.
Y cada vez que hay presión sobre ese lado, van y buscan un
chivo expiatorio, o sea cualquiera que se les ocurra, lo agarran y
dicen: “aquí ya tenemos al criminal”. Y al mismo
tiempo se está cometiendo otro y otro, y otro crimen.
Hemos visto dos Juárez: está el Juárez el de
arriba, el que preocupa tanto a los gobernantes, que es igual que
el México que hemos visto en el resto del país: un México
que cada vez está más vendido al extranjero, y donde
el gobierno está completamente de rodillas frente a él.
Hace rato, cuando estábamos en el Puente Lerdo alguien —yo
supongo que es un provocador, espero que no sea un miembro de la Otra
Campaña— gritaba: muera el anarquismo, viva la revolución.
Los compañeros de la karavana son los que hacen ahorita que
la Otra Campaña sea nacional. Ellos agarran la imagen y la
voz de todos ustedes y en cualquier parte donde pasamos, y hace que
se conozca en el resto del país, y en el resto del mundo.
Ningún periódico local, de los que están aquí,
ninguna televisión de las grandes, va a hacer eso. No sólo
porque no les conviene, sino sobre todo, porque los desprecian. Porque
no importan. Porque aquí sólo importa lo que diga el
presidente municipal, el gobernador del estado, o Fox —bueno
Fox nunca importa qué dice porque dice puras tarugadas, pero
cuando menos va a la barra cómica—, pero la gente de
abajo, los únicos que recogen esas palabras y las llevan lejos
son estos compañeros y compañeras, a los que ahora el
presidente municipal quiere acusar de ladrones. Si fueran ladrones
estarían en la presidencia municipal, no en la Otra Campaña.
Y quiero señalar esto, porque si no todos, la mayoría
de estos colectivos y grupos que trabajan en medios alternativos,
son anarquistas y libertarios. Y para nosotros los zapatistas, es
un honor tenerlos como compañeros y como compañeras.
Lo que hemos visto duele mucho. Duele doble porque además
nos habían vendido la mentira que no estaba así el norte.
Con esto de la Otra Campaña y con esta primera gira empezamos
a derrumbar la gran mentira que separaba al norte con el sur, o al
norte con el centro.
Nosotros queremos ofrecerles algo diferente, porque yo sé
que hay gente aquí que no es adherente y que se acerca a preguntar
o a saber de qué se trata. Si es un nuevo partido político,
si ahora el Marcos quiere ser presidente, o quiere ser gobernador
de Chiapas —yo soy una persona decente, nunca voy a hacer esas
cosas, por favor—. O si se trata de hacer algo para que se enriquezcan
unos cuantos y las cosas sigan igual abajo. O si se trata de que aquí
en Juárez alguien va a venir a decirnos qué hacer: Marcos,
la Otra Campaña, los que sean.
Y lo que nosotros estamos diciendo es exactamente lo contrario: se
trata de que cada quien luche, que no deje su lucha. Su lucha cultural,
su lucha por educación, su lucha como mujer, su lucha como
joven, como anciano, como trabajador. Pero que ya no lo haga solo.
Lo único que se propone la Otra Campaña es tirar esa
frontera que está ahí, y la que se va haciendo en torno
a cada familia, a cada trabajador, a cada generación. Incluso
la que separa a Juárez de la ciudad de Chihuahua. Y la que
separa a todo el Chihuahua urbano de la Chihuahua rarámuri,
en la que estuvimos. Y no sólo estuvimos en la Sierra, sino
aquí mismo en Juárez estuvimos en la colonia rarámuri.
Y es completamente diferente.
En Juárez se está concentrando lo que más vergüenza
debe dar a este país: miseria extrema, crímenes impunes,
desprecio, persecución y corrupción en los gobernantes.
De una u otra forma, en Juárez se reflejan todas las contradicciones
que hay en el país. Todo lo que es víctima de los políticos
y de los grandes propietarios.
Pero también se refleja el otro. Aquí en Juárez
se están conjuntando las diferentes rebeldías, cada
quien tiene su historia, su forma de luchar. Y la Otra Campaña
es la oportunidad de que eso se conozca en otras partes. Y que sea
posible tender los puentes para unir una cosa con otra.
A lo mejor, no importa aquí si está el EZLN, si está
Marcos o cualquiera de nosotros. Lo que importa es que ahora su voz,
su imagen, la va a ver otro igual que ustedes, que está en
Quintana Roo, o que está en las montañas del sureste
mexicano. O en la Sierra Huichola, que es el compañero wirárika
que pasó. Y que nos empezamos a dar cuenta que nuestros dolores
son semejantes porque hay uno, uno, que es el responsable.
Nosotros no estamos proponiendo que nos vamos a reunir para echar
baile, o para conocernos y estar contentos nada más. Nos estamos
reuniendo para organizar un levantamiento nacional. Lo que nos proponemos
en la Otra Campaña es derrocar al gobierno. A todo el gobierno:
al municipal, a Reyes Baeza, a Fox, a Calderón, o cualquier
baboso que se ponga allá arriba.
Y que volvamos otra vez a reconstruir nuestro país. Y no derrocarlos
por un movimiento armado, sino hacerlo con la movilización,
civil y pacífica. No los estamos invitando a que se vayan a
otro lado. Ni que venga gente de otro lado. Los estamos invitando
que ahí en su colonia, en su barrio, en su escuela, en su centro
de trabajo, se organicen y empiecen a darse a conocer para que de
todas partes podamos apoyarlos. Y al revés, que ustedes puedan
apoyarnos en cualquier lugar que estemos.
Hace unos minutos, estaba adentro en la escuela —en uno de
los salones donde siempre me encierran para que no se espante la gente—,
y había una foto de unos insurgentes marchando, era allá
en La Garrucha. Debe haber sido el año de 1994, cuando llegaba.
Y hay una gran manta que dice: “viva el EZLN, Ciudad Juárez”.
Si desde entonces, Ciudad Juárez volteó a vernos a nosotros
—que hasta entonces nadie nos había volteado a ver—,
porqué nosotros y el resto del país no debe voltear
a ver a Ciudad Juárez, de otra forma. Pero no sólo cuando
alguien muere, y no es castigado el que la mató. Sino también
cuando se empieza a voltear a ver al Juárez que está
luchando y que se está organizando.
No ver el escándalo de que si el periodista se cayó
a la hora que estaba filmando lo del puente. Sino ver cómo
se tendió el puente, el otro puente, no el que está
allí con la frontera, el que se tendió abajo entre los
mexicanos y chicanos que están del otro lado de la frontera,
y los que estamos de este lado.
Lo que nosotros venimos a proponerles es que entren al movimiento
más honesto y noble que ha tenido este país, desde la
revolución mexicana de hace cien años. Y si hace cien
años vienen tocando las cosas, hagan la cuenta: que estamos
en el 2006. Y en estos años tenemos que ver que la celebración
del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución,
se celebre abajo y no arriba.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Ciudad Juárez, Chihuahua
Reunión con adherentes
1 de noviembre del 2006
Bueno, miren compañeros: lo que nosotros vemos y que venimos
a decirles es que la Otra Campaña es muy grande. Como no tienen
idea, en todo el país. Y que esta dinámica de las asambleas
nunca crece. Nunca van a pensar que si nos reunimos ahorita un tanto
y luego nos volvemos a reunir, aunque esté Marcos o Tacho,
o el que sea, la próxima semana van a llegar más. No
es cierto.
Gente se va a acercar, los va a escuchar y va a decir: “yo
paso”. Porque no entendemos de qué se está discutiendo,
porque están hablando de cosas que ustedes nada más
saben. Hasta se hablan pues con apodos, o todo eso, pero los que venimos
de afuera no entendemos.
Y va a llegar el rarámuri, y no va a ser el problema de que
no puede pagar el pasaje o ya es muy tarde. Es que no los entiende,
no los entendemos. Por eso nosotros decimos: hay que sacar a la Otra
del espacio de la asamblea. Porque a la asamblea está el que
puede estar y el que aguanta. No el que está interesado. Hoy
en la mañana vimos a nuestras mamases Corral. Tiene 85 años,
anda en silla de ruedas, no va a venir a la asamblea. Pero antes de
que muchos de los que están aquí nacieran, ella estaba
enfrentando —junto con otras mamases— al gobierno federal,
al ejército, a la Dirección Federal de Seguridad, que
era la encargada de desaparecernos a todos nosotros. Ni siquiera encarcelarnos
o matarnos: desparecernos.
Y ella está en la Otra Campaña junto con otras mamases,
porque cree y está convencida que ésta es una opción
política también para ellas. Porque su lucha no es sólo
porque se presente a su hijo, que se llama José de Jesús
Corral —y que es mi hermano—, sino porque entiende que
lo que hizo que José de Jesús eligiera ese camino, enfrentara
una desaparición, y el dolor que ella carga junto con otras
mamases, es un sistema político.
Como nuestras mamases Corral hay mucha gente en todas partes de la
República que no va a ir a las asambleas. En ningún
lado la Sexta Declaración dice: para ser adherente hay que
ir a una asamblea, pegar carteles y difundir. En ningún lado
dijimos eso. Lo que dijimos nosotros: hay que estar convencidos de
quién es el enemigo. Nada más. Uno. Dos: hay que abrir
el oído para conocer al otro. Tres: hay que presentarnos cada
quien. Y echar acuerdo.
Porque yo entiendo que haya mucho celo entre que si se va a agandallar
la Liga de Unidad Socialista, Unios, o el Partido de los Comunistas,
todo el movimiento. Pero el problema que tenemos ahorita no es ése.
Es que la gente que está haciendo política arriba, cuando
ve bulla, mete el pie en la Otra Campaña. Y a lo mejor no lo
vieron en Juárez, pero en el proceso electoral, y en la movilización
pos electoral de López Obrador, organizaciones y grupos usaron
el nombre de la Otra Campaña, para engancharlo al movimiento
por López Obrador.
Entonces, nosotros decimos: ¿por qué no la Otra Campaña
se dice quién va a estar y quién no va a estar? Pero
nosotros no vamos a estar de acuerdo —y yo creo que la mayoría
de los pueblos indios tampoco— de que se decide en una asamblea
quién está y se ponga un activómetro. Y entonces,
según cuántas asambleas vas, cuántos volantes
pegas, vas poniendo estrellitas. Y entonces sí, yo gané.
Ese compa que está en la maquiladora, o el que escribió
aquí una carta que le llevan años cobrándole
el agua y no tiene agua, no tiene servicio de agua y le llega la cuenta
y tiene que pagarla si no lo desalojan. Ése, alguien tiene
que ir a preguntarle qué Otra Campaña quiere, no va
a venir a quí. Y nosotros pensamos que eso le toca a la Otra
Ciudad Juárez.
Aparte de que se puedan reunir para pelearse quién es la vanguardia
y quién es la retaguardia, y quién es la neta y quién
no. Porque pueden hacer si quieren un concurso de dolores. A ver quién
tiene más dolores. Y entonces sí, que las organizaciones
políticas de izquierda —grandes como dicen ustedes, que
además son pequeñas—, les van a poner muertos
en la mesa, que no se las van a acabar. Antes de que ustedes nacieran.
Ésos, de la hoz y el martillo. Que lo usan de diferentes maneras.
Y es gente que no está allá arriba y pudo estarlo,
me cae. Podría estar en el PRD, podría estar de diputado,
de senador, de regidor, y todo eso, y no está. Y podemos no
estar de acuerdo con su posición, y que si la dictadura del
proletariado, y todo lo que quieran. Pero es gente que no se vendió
y pudo hacerlo. Porque a lo mejor alguien no se vende porque pues
no le ofrecen pues. Pero a ellos sí les ofrecieron. Les dijeron:
órale, camínenle por acá, y dijeron que no.
Y nosotros no estamos diciendo: vamos a hacer la Otra Campaña
y vamos a hacer un zapatismo grande. Nosotros dijimos: no. Nosotros
nuestro horizonte es la cuestión indígena. Y en Chiapas,
y en una parte de Chiapas. Se está haciendo un desmadre por
todos lados. Y esta desesperación que vimos en algunas partes
aquí en Juárez, está en todo el país.
Es mi deber como su compañero, porque somos compañeros,
decirles que va a haber un alzamiento.
Si ustedes quieren seguir discutiendo quién es la neta y quién
pega más carteles y quién hace la difusión y
quién no. Pero cuando pase lo que va a pasar, cuando menos
no nos van a reclamar: ¿por qué no nos dijeron? Lo dijimos
y lo vieron. Y ahí está lo que hemos podido —no
tenemos otros medios—, ustedes saben que el periódico
que antes sacaba, ya no saca nada o saca pequeñas notas recortadas.
Ahorita lo único que tenemos es la página y los tenemos
a ustedes nada más.
Y no lo estamos haciendo para difundir los problemas del EZLN. Has
la cuenta y vas a ver ¿cuánto ha salido el dolor de
las comunidades zapatistas en un año que lleva la Otra Campaña?
Hemos usado nuestra palabra para hablarles a ustedes de los pescadores
de Quintana Roo. O para hablarles de los rarámuris, que son
de aquí de Chihuahua. O de los maestros, o de los estudiantes,
o los de Oaxaca. No lo estamos usando para crecer nosotros.
Nosotros estamos diciendo: que crezca cada quien. Que crezcan los
anarquistas, los libertarios, los comunistas, los socialistas, los
que no son nada: crezcan. Y unámonos porque si no nos van a
destruir, por un lado, a todos. El que nos va a matar no va a decir:
no, éste es anarquista, a éste mátalo doble.
Igual. Si es comunista mátalo triple o menos, o no lo mates
tan duro. Igual nos va a acabar con todos.
Pero aparte de eso que es un mecanismo de sobrevivencia natural,
es que la gente ya está hasta la madre. Y se va a alzar sola.
Y quien se alza solo cosecha una derrota, no hay pierde. Y lo que
nosotros no queremos es una derrota más: queremos una victoria.
Ahora, si es posible unir toda esa fuerza para obtener esa victoria,
nosotros los zapatistas decimos: ¿por qué nos vamos
a detener en que nos den un permiso, en que nos reconozcan una tierra,
en que pongan el drenaje a ese compañero? De una vez vámonos
por todo, es lo que decimos nosotros. Y hay quien dice no. Órale.
El problema es que cada quien le entró aquí a la Sexta
por su propia razón. Y nosotros pensamos que esa razón
es que vio su lucha y dijo: esto le sirve a mi lucha. No lo decidió
en una asamblea. No se reunió Juárez y dijo: nos adherimos
a la Sexta. No, fue hasta que ya estaban adheridos que se encontraron.
Entonces, nosotros decimos: ahí mismo decidan qué Otra
Campaña quieren.
No se trata de si el rarámuri le va a entrar o no. Eso lo
va a decidir él y va a decidir cómo. Las madres de desaparecidos
políticos tienen que decir: “yo le entro a la Otra Campaña
y ésta es la Campaña que quiero, ésta es mi posición
a los seis puntos. Si no le gusta a otro, muy su cuento. Ésa
es la consulta que yo me hago a mí mismo, a mí misma
en este caso”. O los de Kloakaskomunikantes, o el Colectivo
de Lunática, o los compañeros de LUS. Cada quien, es
en su práctica, donde está haciendo su lucha. Los maestros
y todo eso.
“Es que se necesita una Otra Campaña que contemple el
trabajo con lo académicos”. Porque a los académicos
a lo mejor no les caen mal, pero no explotan fuerza de trabajo. Ellos
están produciendo conocimiento y ensayando cuando los dejan.
Pero no viven de explotar a otro. Y sí, no es lo mismo un rarámuri
viviendo en la colonia donde fuimos, o en la sierra, a un profesor
universitario. Pero el que lo está jodiendo a uno y a otro
es el mismo.
Entonces nosotros venimos a decirles: compañeros, está
cabrón. Abajo está cabrón. O sea, la gente está
harta. Y lo que nosotros estamos diciéndoles es: vamos a echar
trato. Y la gente está diciendo sí. Y ahí no
importa si tiene internet o no, si llega el periódico o no,
o si va al acto donde se va a tomar una foto y firmar. No, ahí
lo que él quiere es que, a la hora que él se levante
junto con todos. Y entonces sí, el de arriba no pueda pegarle,
o no igual. Porque por todos lados está pasando lo mismo.
Y no sólo eso. Nosotros como pueblos indios, con los compañeros
del CNI, a lo mejor no los oyen, están diciendo: lo que se
está muriendo no va a nacer otra vez. Y es paradójico
que los pueblos indios, sobre cuya sangre se levantó lo que
eso se llama Patria, son los que digan: hay que salvar a la Patria.
Independientemente de que si alguien dice que la patria no existe
y las fronteras bla, bla, bla. No voy a discutir eso.
Eso están diciendo: esto que es nuestra sangre, nuestra tierra,
se va a morir si no lo salvamos nosotros. Lo vamos a hacer. Y lo que
decimos es: echemos trato. Pero si no quieren, lo vamos a hacer solos.
Porque esa fue la decisión primera del EZLN y de los pueblos
indios.
Nosotros dijimos: buenos, sale mejor, y es mejor si nos echamos trato
juntos. No pretendemos nosotros: ahora vamos a hablar por el anarquismo
libertario, o por los medios alternativos, o por las organizaciones
políticas que se plantean el socialismo. Decimos: que cada
quien hable y que se debata. Pero si tenemos este mínimo acuerdo
entre nosotros en quién es el responsable de lo que nos está
pasando, vamos a enfrentarlo juntos. Y ya llegará el momento
de las asambleas a ver quién tiene la verdad y la mentira.
Y luego se verá que no hay ni una ni otra. Pero ése
va a ser otro país ya, donde nos tenemos que poner de acuerdo.
Lo que nosotros les pedimos es: si no nos ponemos truchas, este México
que estamos tocando abajo se va a levantar. Y no va a haber opción.
Porque ustedes lo van a traer a esta asamblea y ese pueblo va a decir:
“mejor el PRI porque te da gorras. Aquí ni siquiera gorras
te dan. Y es el mismo: la misma disputa de quién es el efectivo”.
Entonces decimos: saquen la discusión sobre los seis puntos
de la asamblea. Y que cada colectivo, grupo, familia, individuo u
organización diga: yo quiero esta Otra. Y veamos cómo
piensa la mayoría. Y que la Otra, así como se juntó
para recibir a la Comisión Sexta y luego para azotarse por
lo que salió mal o para echarse piedras mutuamente, se organice
ahora para ir con ese rarámuri que dijo que sí. O que
está en la sierra y que se juntaron y dijeron: “e vamos
a entrar a la Sexta porque vemos que ésto, y ésto, y
ésto, por lo que hicimos antes, ya lo probamos”.
¿Quien va a ir a la sierra a recabar la información
—porque no hay internet— para traerla a la ciudad y meterla,
para que junte su palabra con la del huichol, o con la del pescador
de Quintana Roo que fue el que dijo: queremos que mi palabra se haga
grande, que dale alas y llévala lejos. Ese era el compromiso,
no que creciera el EZLN. Sino que se corriera por todos lados.
Porque yo veo compañeros, perdónenme, que hablan de
Lomas del Poleo y nadie ha tenido la delicadeza de decirnos a nosotros
qué pasa en Lomas del Poleo. Lo dijo este Tobi así,
entre que sí y que no, cuando estábamos en el puente.
Y hay otro problema en Anapra, y ni siquiera sabemos qué quiere
decir. Y si la Otra en Ciudad Juárez no nos dice qué
pasa en Lomas del Poleo y en Anapra, entonces, ¿quién
nos lo va a decir?
Porque ustedes se están reprochando mutuamente que hay que
ir para allá, pero aquí hay gente de Australia, de Estados
Unidos, de Italia, de España y de cuando menos seis o siete
estados de la República, más las organizaciones que
son nacionales. Entonces, ustedes están desaprovechando decirle
a esa gente que puede llevar al resto del país, qué
pasa en Lomas de Poleo, y qué es Anapra y qué está
pasando.
Entonces, el problema es que si queremos hacer la Otra a nivel nacional,
tenemos que definir claramente las cosas. Y es lo que les pedimos
nosotros. Nosotros no decimos: va a ser así, el que le entró
le entró, y el que no, se chingó. Nosotros decimos:
discútanlo. Ninguna organización va a hacer eso. Ningún
movimiento va a hacer eso. Que cada quien discuta y dé su opinión.
Lo que estamos haciendo no tiene precedentes, no hay un manual. Como
dijo el compañero: nos vamos a caer y tropezar. Y a lo mejor
sale el protagonismo y el zapatour y todo eso. Pero no hay nada, ningún
manual, ningún libro que nos diga: cada vez que quiera usted
hacer otra forma de hacer política, siga los siguientes pasos.
No hay.
Nosotros decimos: éste es nuestro límite como zapatistas.
Juntemos nuestros límites y vamos a dejar de tener límites,
y vamos a dejar de tener límites. Tan así que esa frontera
nos la va a fanfirulear. Ésa y otras que hay por otras partes.
Entonces, nosotros les pedimos compañeros, respetuosamente,
que los que pueden —porque tienen tiempo, capacidad, modo—
se reúnan y digan ¿cómo le vamos a preguntar
a los adherentes a la Sexta, que no pueden venir a las asambleas,
que no son activistas, que no pueden enterarse por internet y todo
eso, cómo les vamos a ir a preguntar: oye qué Otra Campaña
quieres?
Porque si vamos a criticar el protagonismo de Marcos y del EZLN,
órale. Lo que estamos diciendo es que: ya a la chingada la
Sexta Declaración. La Primera Declaración de la Otra,
y que ahí vaya la palabra de Juárez, y del anarquista,
del libertario, del comunista, del socialista, y del que no es nadie,
y del zapatistas: el civil y el armado. Y que ahora sí sea
producto de todos.
Entonces que les pedimos pues que hagan eso. Que cada colectivo se
diga: ahora vamos a definir ésta es nuestra propuesta. Y estamos
dando una fecha. ¿Por qué? Porque cuando el EZLN dice:
órale, vamos a aventarnos y queremos luchar junto con ustedes
no es: luchen y nosotros nos quedamos en la montaña. Es: luchen
y ahí vamos a estar con ustedes. Entonces, van a venir compañeros
nuestros a vivir con ustedes. A ir a Lomas de Poleo, o a las maquiladoras
con ustedes. No un día o dos, sino a ir con ustedes. Y el problema
del agua, y echarle cubeta cuando se inunde y todo eso.
Entonces, a mí me mandan adelante para ver quién es
quien se quiere subir nada más al templete, y quién
sí puede darle. Si hay un lugar donde se va a meter o no. Si
va a poder comer o no. Si va a haber alguien que le enseñe
el modo de Juárez, porque no lo conocemos.
Eso es lo que nosotros decimos: explorando el terreno. Ya vimos lo
que vimos. Y no vimos lo que no nos enseñaron. Nada más.
Y con eso vamos. Y eso voy, yo lo informo y a la otra vuelta vengo
y traigo a los compañeros y les digo: con éstos, hay
que hablar con los demás. Ahorita no les estamos pidiendo que
levanten Ciudad Juárez. Les estamos pidiendo que la Otra de
Juárez diga, cada quien, así va a ser la Otra en Juárez.
Si esto no se cumple, me salgo. Órale. Y si esto sí
se cumple, le entro.
Y que hagamos pues lo nacional, y ahí vamos a ver qué
tenemos. Porque ahorita hay gente dentro de la Otra Campaña
que nomás está sacando raja política. Pero para
arriba. Lo vimos pues en el movimiento poselectoral de López
Obrador. Y cada vez que haya un acto grande, y cuando prenda la Otra
Campaña —porque va a prender— y van a volver ahora
sí que las masas —como dicen— a tomar las calles
en Juárez y en todo el país.
Y ésos van a volver a aparecer. Ésos, y van a volver
a decir: compañeros, yo los llevo y todo eso. Yo los conduzco,
yo los dirijo, yo soy la vanguardia que necesitan. Entonces, tiene
que quedar claro quién es y quién no es. Quién
puede levantar la bandera de la Otra Campaña y quién
no debe levantarla. Porque la va a usar, la va a enlodar. Porque a
la hora que le estamos diciendo a la gente: “ésta es
otra forma de hacer política”, es que tenemos que cumplir
la palabra. Si no, digamos otra cosa compañeros.
Y no digámosle: bueno, vamos a hacer como que queremos hacer
otra forma de política, pero no la vamos a hacer. En realidad,
acá se va a decidir la jugada.
Entonces, eso es lo que les estamos pidiendo. Si les parece autoritarismo,
protagonismo, caudillismo, etcétera, que les pida —no
que les ordene, que les pida—: respóndanos qué
Otra Campaña quieren. Y hagamos una votación entre todos
y que la Otra Campaña —no el EZLN, ni Marcos—,
la Otra Campaña decida: por aquí, así, en este
lugar y de esta forma.
Eso es lo que les pedimos. Que hagan una reunión posterior,
y ahora sí que sin que estén los medios alternativos,
porque se está grabando todo. Luego si quieren les dejamos
un casete para que vean qué papelón. Entonces sí
se saquen los trapitos al sol pues, pero ya no es que tienen que…
los demás tenemos que ver todo eso, porque ni siquiera sabemos
quién está en la jugada. Y estamos aquí al frente,
pues yo me imagino por… por comodidad. Pero no venimos a juzgar
a nadie. Nosotros no vamos a decir éste es el bueno, y éste
es el malo. Ese papel lo rechazamos desde 1994, y no lo vamos a hacer.
Entonces, entre ustedes se sacan su gana, su pelea, lo que sea. Y
hacen luego un acuerdo. Dicen: bueno, nosotros podemos —entre
que somos una cosa y otra—, vamos a preguntarle a las mamases
Corral: “ñora, qué pedo” —no le digan
así porque le faltan al respeto—, no pero digánle:
“Oiga, ¿qué Otra Campaña quiere?”.
Entonces, ella les va a decir: “pues una que retome la lucha
de mi hijo, que es esto y esto, y una que me diga qué pasó
con mi hijo”.
Bueno, la Otra Campaña tiene que ver el problema de los desaparecidos
políticos. No puede agarrarlo como una cuestión coyuntural,
como hacen los partidos de izquierda —los de arriba, se supone
¿no?—, dicen: ah ¿va a haber elecciones? Sí,
se toman fotos con las ñoras y todo eso. Y luego, seis años
después: nada. No, tiene que ser parte de su lucha.
Y si vamos con los compas de La Lunática, órale: es
que tiene que tomar en cuenta lo de la diferencia, lo de los medios
alternativos, todo eso, si no, no. Y así en la prepa Altavista:
tiene que tomar en cuenta lo de la educación. Con las mujeres:
tiene que tomar en cuenta lo del respeto de género, etcétera.
El compa pues que nos habló de la música: tiene que
tomar en cuenta que la música también como una forma
de expresión, de comunicación, de agitación.
Todas esas cosas tiene que tener la Otra Campaña, pero eso
no lo vamos a decidir nosotros. Nosotros somos indígenas. Nuestra
jefatura no habla español. Y no le gusta el rock, de paso,
lo lamento Mastuerzo, pero. Nosotros estamos impuestos a la marimba
pues. Pero si decimos que un mundo donde quepan todos los mundos,
pues órale, que le entre el rock, que le entre el ska, y todo
eso. Y cada quien su modo, y que podamos construir ese mundo de esa
forma.
Entonces, compañeros, ojalá pues se puedan reunir algún
día para eso. Y hagan ese acuerdo, porque como quiera lo vamos
a hacer. Porque la mayoría ya está saliendo que sí
hay que hacerlo. Si alguien ya después, cuando pase lo que
pase, pues nos podrá reclamar lo que sea, pero, ahora sí,
que no le avisamos, pues no. No nos podrán reclamar eso. Sólo
compañeros, compañeras.
Ciudad Juárez, Chihuahua.
Reunión con adherentes de la Otra en el Otro lado.
1 de noviembre de 2006.
Bueno, compañeros, compañeras.
La movilización que tuvimos hace rato fue simbólica
en varios sentidos: no sólo porque lo dedicamos a los desaparecidos
políticos, unos minutos antes nos habíamos reunido con
el Comité de Madres por Desaparecidos Políticos, aquí
en Ciudad Juárez.
Y nos habían contado la historia, no sólo la historia
de su dolor, de haber perdido a un hijo o una hija y no saber qué
pasó con él, sino también la historia de su lucha.
Y es gente que lleva años, décadas enteras, luchando
por la presentación.
En toda la Otra Campaña de este y del otro lado, se está
dedicando este día a demandar la presentación de los
desaparecidos políticos que desde los sesentas, el gobierno
mexicano ha estado desapareciendo.
Pero también fue simbólico porque lo dedicábamos
al pueblo de Oaxaca. Y fue simbólico porque en la raya encontramos
a Maria Eugenia que nos dijo que es de Oaxaca, y a la hora de saludarla,
saludábamos al pueblo de Oaxaca, paradójicamente en
la raya de la frontera.
Conforme hemos avanzado en esto de la Otra Campaña, hemos
encontrado al pueblo de Oaxaca en muchos otros estados. Y sigue siendo
Oaxaca aunque esté en baja California o en Baja Sur, o en cualquier
estado donde los hemos encontrado, como ahora sigue siendo Oaxaca
también en Nueva York, en El Paso, o donde cada quien se encuentre.
Hace unos años cruzamos al otro lado, por aquí por
Juárez al Paso. Estuvimos en el Segundo Barrio, esperando para
agarrar la highway que va para Albuquerque, y luego Phoenix y llegar
hasta San Diego, Los Ángeles —por eso mi inglés
es medio pocho, porque tuve que agarrar ese acento, bastante pocho,
no medio pocho, pocho completo—.
Y cuando estábamos aquí, en El Paso, nosotros nos preguntábamos
—yo creo que la pregunta que se han hecho muchos de ustedes—
es ¿quién es el extranjero de ese lado? Si el que lleva
la sangre latina o el que allá arriba —a veces con sangre
latina y a veces con sangre anglosajona— pretende estar en un
país que no le pertenece, que nunca le ha pertenecido.
Cuando íbamos por Baja California Sur, nos preguntaban los
compañeros de la Otra Campaña, si no imaginaba yo que
estaba en territorio norteamericano, por la gran cantidad de propiedades,
que dice, que sus letreros están en ingles y que son propiedad
de ricos norteamericanos.
Y yo les decía que no, que más bien me recordaba a
Quintana Roo, que está en la otra península, donde se
estaba dando lo mismo.
Yo quisiera pedirles que metieran en sus conceptos, en sus análisis,
un concepto que se ha olvidado que es el de guerra de conquista.
Nosotros como pueblos indios, con el Congreso Nacional Indígena,
estamos viendo que lo que se está haciendo en nuestro país
—y hablo el país no sólo al sur del Río
Bravo, también al norte—, un proceso de conquista y que
si, antes, los ejércitos eran los españoles con sus
caballos, arcabuces y cañones, ahora son los partidos políticos
con sus leyes, sus diputados, sus senadores —de uno y otro lado—
y con sus gobernantes —de uno y otro lado—.
El plan original del gobierno norteamericano era correr la frontera
hasta el centro de México. El Plan Puebla Panamá era
eso. Se estaba vendiendo al resto del país, la ilusión
de que el norte del país tenía mejores condiciones de
vida. Y entonces era necesario para ellos tener tranquilidad en la
frontera ésta en la que estamos, haciendo que se pusiera como
una especie de barrera social, política, de leyes, incluso
física, en la zona que va de Puebla y el Istmo de Tehuantepec.
De ahí para abajo todo iba a ser Sudamérica, y de ahí
para arriba todo iba a ser Norteamérica.
Sabemos que el gobierno norteamericano es de por sí estúpido,
y ha ido comprando siempre las mentiras que se le ofrecen —Vietnam,
Cuba— y yo creo que compró la mentira de Vicente Fox,
del Plan Puebla Panamá, que le iba a permitir correr la frontera
y darse seguridad y alivio en la frontera original.
En términos concretos, lo que se propone la Otra Campaña,
es correr la frontera para el otro lado. Esa va a ser nuestra respuesta
al interés del gobierno norteamericano en hacer la guerra de
conquista y en convertir nuestra nación en una estrella más
de su bandera. Va a ser al revés: nosotros vamos a ir corriendo
la frontera cada vez más al norte, para que México vuelva
a tener su lugar como nació y como creció.
En esto que estamos haciendo, estamos conociendo otro país,
y otro país no me refiero sólo a la gente que está
luchando, sino a realidades que están surgiendo.
Hace rato escuchamos a los compañeros de Nueva York, adherentes
de la Otra —que se acaban de cruzar o hace poco—, y uno
puede imaginar cuál es el proceso que van a seguir para conformarse
una identidad propia. Porque el problema, por ejemplo, de los mexicanos
y chicanos que están al norte del Río Bravo, no es sólo
la agresión o la repulsa que reciben del gobierno anglosajón,
sino también —lo que nos platicó el estudiante
hace rato—, que incluso los mexicanos piensen que no son mexicanos,
que son de otro lado. “Que se vayan a su país”
—dicen— de una u otra forma.
Y cuando estaba la discusión de que si los chicanos y mexicanos
que están al norte del Río Bravo, eran de la Otra Campaña
o eran de la Sexta Internacional, nosotros respondimos lo que respondió
el Congreso Nacional Indígena cuando el gobierno dijo: “bueno,
pero ¿cómo sabemos si alguien es indígena o no?”
—que querían hacernos prueba de DNA para ver si había
sangre indígena—. Y el Congreso Nacional Indígena
respondió: “la auto asignación, la auto identificación.
Si yo digo que soy indígena lo soy”. Y es una forma de
relacionarse con la tierra, con la cultura, con el agua, con el aire,
con los árboles, con todo eso.
Entonces dijimos: “bueno en el caso de la Otra Campaña
es también la auto asignación, la auto identificación”.
Pero el problema que tenemos compañeros es que las diferencias
que están surgiendo, que no es sólo la de los pueblos
indios, ni sólo la de homosexuales, lesbianas, transgéneros,
travestis, es también esta realidad del México que está
al norte del Bravo, el México que está creciendo en
las entrañas del monstruo —diría José Martí—
y que tiene su lugar específico, su forma especifica de ver
las cosas, su forma de ser lo que es.
Nosotros no podemos permitir que la Otra Campaña sea una aplanadora
que homogenice a todos. La Otra Campaña va a tener éxito
si cada diferencia resulta y brilla con su propia diferencia en el
colectivo que somos. En el momento en que nos empecemos a plantear
la homogenización, es que vamos a plantear que alguien va a
hegemonizar, alguien va a mandar y a decir: “éste es
el modelo nuevo”.
Y en nuestro país —desde antes de la conquista de los
españoles— ése ha sido el problema: que si vamos
a cambiar de jefe o de poder, o de gobierno, y las cosas abajo siguen
igual, entonces no estamos cambiando nada.
Nosotros lo decimos como pueblos indios porque fue la Guerra de Independencia,
luego la Revolución Mexicana, cambiaron los gobiernos, cambió
todo el sistema y los pueblos indios siguieron igual. Y yo creo que
cada quien podría agregarle su diferencia y su dolor que no
hay cambios.
Y nosotros creemos que cada quien le entra a la Otra Campaña
con la apuesta de que va a ser diferente ahora, pero eso no depende
de Marcos ni del EZLN, ni del Congreso Nacional Indígena, depende
que cada realidad diferente se agrupe, conquiste su espacio y lo defienda,
primeramente dentro, mismo con sus compañeros y compañeras.
Los chicanos y chicanas, los mexicanos, no importa en que lado, si
sea Nueva York, Chicago o El Paso, o San Diego, tiene que construir
esa identidad y hacerse compañero sin dejar de ser, con el
resto del país, con el resto de las realidades que se están
organizando.
Y a la hora de construir esta identidad, es construir las demandas
específicas, que serán diferentes las de Nueva York
a las del Paso, a las de San Diego, a las de San Francisco, de Los
Ángeles, de Houston, de San Antonio, todo donde se está
regando este mensaje de la Otra Campaña, que es el mensaje
simplemente de darnos otra oportunidad, no darle otra oportunidad
al de arriba, que es lo que preguntaba el estudiante en concreto,
dice: ¿por dónde debemos buscarle, cambiando las cosas
por arriba o por abajo?
La disyuntiva no es revolución violenta o pacifica, la disyuntiva
es desde dónde vamos a construir las cosas. Si apostamos a
que es desde arriba, nosotros, los zapatistas y los que estamos en
la Otra Campaña, pensamos que no es por ahí, que las
cosas —como las casas— se construyen desde abajo. Y en
ese sentido, el país que anhelamos, el mundo que anhelamos,
es posible si lo construimos desde abajo.
Y está parte que estamos haciendo de reconocernos de identificarnos,
de decir “esto soy”, no es sólo recordarnos a nosotros
mismos lo que somos —como decía el compañero del
Segundo Barrio: nuestra historia—, sino también significa
decirle al otro: “mírame, escúchame, porque si
tú no me miras y no me escuchas, nadie más lo va a hacer”.
Y hasta ahora el poderío que tienen allá arriba está
sustentado sobre la parcelización, cada quien por su lado y
—en el mejor de los casos— enfrentados unos contra otros.
Esa frontera existe: los rinchers —no sé qué
nos mandaron ahí—, el cherife, que además tiene
sangre latina, según me dicen, el cherife de El paso que nos
aventó, es una parte, en efecto. Yo creo que se recordó
—como estamos en Chihuahua— cuando mi general Villa fue
y se les metió —antes de las torres gemelas— a
Columbus.
No se trata sólo de eso, también se trata de que nosotros
podamos romper esa frontera y cuando decimos “la Otra Campaña
no reconoce esa bandera ni esta raya”, quiere decir no sólo
eso, que no sólo reconocemos que no exista una diferencia entre
nosotros, sino que debemos tender los puentes, porque a veces esos
puentes son los que nos están separando, porque los estamos
rompiendo nosotros mismos.
Y es paradójico que Chiapas quede más cerca de El Paso
que de la ciudad de México en muchos aspectos, o que de la
capital Tuxtla Gutiérrez. Y que paradójico —lo
repito pues—, de que Chiapas se haya acercado a Oaxaca en Ciudad
Juárez, exactamente en la raya con El Paso.
Son esas paradojas que van a ir apareciendo —no sé si
es maña de los zapatistas o ya estamos todos contagiados—,
de que cosas que no nos imaginamos empiezan a ocurrir. Y no se trata
de ir brincando de fila en fila para, hasta llegar a la primera para
ser espectadores, porque si antes lo veíamos más lejos,
ahora lo estamos viendo de cerquita. Aquí es que hay que acabar
con la división entre el actor y el espectador. Nosotros tenemos
que hacerlo, nadie más lo va a hacer.
Y están estos trucos que nos están vendiendo desde
allá arriba. Siempre que se habla de un líder, se esconde
algo. Y cuando se habla de Marcos, se está escondiendo a los
pueblos zapatistas. Marcos no vale nada sin esos pueblos, que ahorita
están paralizando el estado de Chiapas, en todos, no se puede
transitar por ahí, porque todos los pueblos zapatistas, salieron
a cerrar las carreteras para recordar a los desaparecidos y para decirle
a Oaxaca que no está sola.
Llegará el momento de decirle a El Paso que no está
solo, a San Diego, a Los Ángeles, y no nos vamos a poner a
detener “que si trae pasaporte, a ver si realmente eres o si
traes un tatuaje de Aztlan para ver si eres chicano o eres chicana”,
ni el color, lo que nos va a unir es cómo definimos al que
está arriba y cómo nos ubicamos nosotros.
El mundo que vamos a construir no tiene nada ver con el que hubo
antes. Y será infinitamente mejor al que tenemos ahora. Pero
esa creatividad y organización, esa imaginación que
los ha llevado a resistir como han resistido —ahora sí
que en las entrañas del imperio—, es la que nos tiene
que servir también ahora para imaginarnos cómo va a
quedar todo.
Un Juárez donde las mujeres jóvenes no sean asesinadas,
donde no sea esta congregación de injusticias que es Ciudad
Juárez, y que Juárez no termine en esa raya ni en el
Puente de Lerdo, sino que se extiende hasta El Paso, y se extiende
hasta Albuquerque y hasta Nueva York, como lo vimos hasta ahorita.
Entonces nosotros tenemos que aprender a imaginarnos eso, porque
es ese miedo el que tenemos que perder, el miedo a decir: “así
queremos las cosas”, porque a la hora que las empezamos a soñar,
las empezamos a nombrar y entonces empiezan a existir.
Ese es el reto fundamental de la Otra Campaña, no importa
que río se le atraviese, sea el Bravo, el Usumacinta o cualquiera
otro de los ríos que nos están vendiendo como si fueran
paredes, si antes de que llegaron ellos, eran fuente de vida —como
nos platicaron ellos o como sabemos nosotros—.
Ahora que estamos en Chihuahua, nosotros nos acordábamos de
lo de Chiapas, porque dicen que Chihuahua es el estado más
grande. Nosotros decimos que es Chiapas, nomás hay que plancharlo
y entonces sí ya queda más grande. Y como homenaje a
las compas… no se desesperen si van allá y no me encuentran,
hay setenta mil soldados que tratan de hacer lo mismo y tampoco me
encuentran (risas), tampoco me encuentran y no se quejan, bueno sí
se quejan pero no se oye pues.
Llega un momento, en esto de las realidades… Porque cuando
las mujeres zapatistas, indígenas zapatistas, empiezan a discutir
su ley y llegan al acuerdo que una ley es que las mujeres puedan ser
choferes. Pues nosotros dijimos:
—¿Por qué, por qué se le ocurrió
eso? ¿no?
—Pues se nos ocurrió desde nuestras demandas.
Y llegó el momento en que había que aplicarlo. Y allá
nuestro modo es que el jefe tiene que poner el ejemplo. Entonces le
dijeron a las Comandantas:
—Ahí está la combi, tienes que aprender a manejar.
—Hay diositillo —dijo la compañera— este…
Y va y le pregunta a otra compañera indígena, nomás
que ésa sí insurgenta que ya sabía manejar. Y
le pregunta:
—Y ¿qué sientes?
—No, pues nada.
—Pero, ¿no sientes así como que te va a pasar
algo malo o lo que sea?
Entonces ya la compañera insurgenta le empieza a decir:
—N’ombre no se siente nada y además ellos manejan
peor —ya vez cómo son las mujeres que mal hablan de los
hombres—.
Se sube la compañera, pero nomás se subió…
—Ahorita vengo.
Y sale corriendo. Y ya regresa.
—Y ¿qué pasó?
—Es que me dio diarrea del miedo.
Pero aprendió a manejar, aprendió a manejar, y para
ellos, para ellas, para nuestras compañeras significaba romper
una barrera que nosotros no entendíamos. Nosotros decíamos:
“bueno pues si saben manejar o no, que eso qué importa”.
Pero para ellas significaba hacer algo que les estaba vedado, nada
más por ser mujeres.
Entonces, en ese sentido, este puente que hay que construir entre
las mujeres del otro lado o al norte del Río Bravo —decimos
nosotros, porque en todo caso el otro lado es el de arriba, nosotros
estamos en el mismo lado que es el de abajo—, con las mujeres
de Oaxaca que fueron golpeadas y reprimidas, con las mujeres de Atenco
que fueron violadas, con las zapatistas, con las de todos los grupos
y colectivos que están acá; es un trabajo que tiene
que construirse cada quien.
No se trata que los hombres suplanten a las mujeres, ni que los indígenas
suplanten a los mestizos. Que cada quien tenga su realidad. Eso es
lo que se está proponiendo la Otra Campaña.
Gracias compañeros, gracias compañeras.