27 octubre, el delegado zero con el pueblo
Yoreme, mayo, Sonora.
Palabras del Delegado Zero con el pueblo yoreme, mayo,
en Punta de la Laguna, San Ignacio de Cohuirimpo.
Sonora
27 de octubre del 2006
Compañeros, compañeras: buenas tardes.
Queremos agradecer al cuerpo de ancianos, a las autoridades tradicionales
y a los jefes guerreros del pueblo yoreme mayo, a los hombres y mujeres
de este pueblo, que nos hayan recibido.
Traemos un saludo de nuestros jefes y jefas, que son las comunidades
indígenas de raíz maya de las montañas del sureste
mexicano en Chiapas.
Y traemos esta historia que les queremos contar que es una leyenda.
Una leyenda es una parte que es historia y una parte que es inventada.
No sabemos qué parte es la que es verdad y cuál es la
que es inventada.
Decían nuestros antiguos, nuestros ancianos los más
primeros que llegaron a nuestras tierras, que cuando nació
el mundo, los dioses dieron una forma de organizar a nuestros pueblos.
Porque antes de que llegara el yori acá, el agua era para beber
y daba vida, los árboles crecían, la tierra daba frutos
y nada se compraba ni se vendía, ni mucho menos los hombres
y mujeres.
Y dice que dieron a organizarse y encargar a alguien que llevara
el buen gobierno. El buen gobierno —dicen nuestros antiguos—
es el que obedece al pueblo, no el que lo manda. Y que para que los
pueblos supieran a quien tenían que mandar, le dieron en la
vara de mando o el bastón de mando para señalarlo. Así
el pueblo sabía quién era que debía obedecer,
a quién había que darle orden y quién tenía
el cargo de cumplir la voluntad de los pueblos.
Así pasó, así nació la vara de mando
en los pueblos indios: no para mandar, sino para obedecer. Y era para
que cada pueblo supiera a quién tenía que darle orden.
Pero también dijeron, estos dioses que hacen el mundo, que
no podía ser una orden individual. Que la única forma
de hacer que el que tuviera el bastón de mando o la vara de
mando obedeciera, era que el pueblo se juntara, hiciera de todas las
voces una sola voz y en colectivo dijera su voluntad. Y aquel que
llevaba el bastón de mando tenía que cumplirla.
Eso era antes de que llegara el yori, el rico, a conquistar estas
tierras.
Cuentan también una historia: que entre esos dioses se les
olvidaba mucho lo que hacían o no eran capaces de ver muy lejos,
a excepción de uno: el dios guerrero, que era el que tenía
la capacidad de ver lo que iba a pasar después.
Y cuentan que ese dios guerrero era el encargado de cuidar al sol,
que era el que daba la vida a estas tierras. Y que para poder hacerlo
se hizo venado. Y que miraba cuando el sol se guardaba en las sábanas
de las aguas —en el mar frente al pueblo yoreme— y corría
después de beber en el Río Mayo, corría hasta
las montañas del sureste mexicano al Río Jataté,
y bajo la ceiba —el árbol madre— volvía
a ver, a beber el agua, y a ver que el sol volviera a salir cabal,
completo.
Y cada día y cada noche, el dios guerrero, el venado, iba
de un lado a otro, desde el pueblo yoreme hasta el pueblo maya para
ir a cuidar cuando el sol se acostaba y cuando se levantaba. Cada
vez que iba caminando y caminando, cada vez va marcando más
su trilla, su camino, y se va haciendo cada vez más hondo.
Los demás dioses se burlaron, le dijeron que cada vez que
iba y venía, iba haciendo cada vez más hondo y que se
iba enterrando. Y el dios guerrero, el venado, dijo: “no me
estoy enterrando, estoy brotando”. Y nadie entendió qué
era lo que pasaba.
Después llegó el yori, el rico, y volteó nuestro
mundo. Hizo que el que tuviera el bastón de mando —el
gobierno— se convirtiera en un mal gobierno. Y empezará
a mandar. Y obligó a los pueblos, a todos los pueblos indios
de nuestro país que es México a obedecer. Pero antes
no era así.
Y ese rico empezó a servir, ese mal gobierno empezó
a servir al que tiene mucho y a hacerle daño y a lastimar a
los pueblos indios de este país y a sus gentes, a sus hombres
y mujeres.
Vieron los dioses que estaba saliendo mal el asunto y decían:
“¿qué es lo que está pasando?, que no sabemos
qué pasa, ¿por qué estos pueblos aceptan que
alguien de fuera los mande?”.
Y entonces no supieron qué hacer y se reunieron hace muchos
años los pueblos indios de México, y sacaron el acuerdo
de que no habían estado cabal, que algo les faltaba en el cuerpo,
en el corazón, en la sangre.
Y encargaron a uno de los pueblos indios de la costa del Pacífico,
que buscara remedio. Empezaron a ver cómo le iban a hacer,
y vieron que se necesitaban: la dignidad, el respeto a uno mismo,
el respeto a la raza y el respeto al diferente.
Y acordaron que había que juntar esa sangre y repartirla lo
más que se pudiera, para que se levantara el yoreme, el maya,
el purépecha, el huichol, el tarahumara, el raramuri, el o’odham,
el comca’ac, el pima, para volver a exigir su derecho.
Y salió una flecha de territorio del Pacífico de los
pueblos indios e hirió al sol cuando más cansado estaba,
cuando ya había caminado todo el día y estaba por acostarse,
y lo hirió en un costado, en el sol, y empezó a sangrar.
Esa sangre se juntó en una gran nube, que luego fue exprimida,
apretada sobre el territorio, las montañas de todo el país
en México, y empezó a salpicar sangre —dignidad
se llamaba—, empezó a salpicar sangre entre toda la gente
de abajo. Pero no a todos les alcanzó: sólo algunos
hombres y mujeres alcanzaron a pintarse con esa sangre de dignidad.
Y por eso sabemos bien —ustedes y nosotros— que hay yoreme
que tiene el corazón de yori, y hay yoris que tienen el corazón
de yoreme.
Ésos que se quieren rebelar, ésos que tienen dignidad,
son los que fueron manchados por esa sangre.
Llegó el momento. Dicen nuestros mas antiguos, nuestros más
viejos, que si el yori volteó el mundo de cabeza y puso al
que trabaja abajo, y al holgazán arriba —enriqueciéndose—,
que tenemos que voltear el mundo otra vez, para que quede cabal. Y
que queden arriba los pueblos y abajo los gobiernos. Que queden arriba
los que manden y abajo los que obedezcan. Y entonces el jefe guerrero,
el jefe venado, no se hundirá en el tierra, sino que empezará
a emerger porque el mundo se volteó otra vez.
Eso es lo que nos cuentan y ese el mensaje que traemos nosotros.
Llegó el momento en que el mensajero, el gran mensajero que
nosotros reconocemos, que es el Congreso Nacional Indígena
—que tiene la sangre de todos los 62 pueblos que pueblan este
país— nos una y nos ayude a unir otra vez el Río
Mayo con el Río Jataté, la ceiba con la Isla del Tiburón
del comca’ac, con la montaña desnuda de árboles,
la pura roca del o’odham, con la montaña del pima, con
el río del yaqui. Y podamos juntos levantarnos, voltear el
mundo de cabeza y que se caigan de una vez, con ese movimiento, los
que están allá arriba.
Dicen nuestros antiguos, nuestros ancianos, que cada vez que hay
un cambio en el mundo desaparece una raza y que, hasta ahora, siempre
desaparecen las razas de los pueblos indios. Dicen que en esta vez,
la raza que tiene que desaparecer es la de los políticos y
la de los ricos, para que podamos vivir nosotros.
En esos primeros mensajeros que hubo, que unían al pueblo
yoreme con el pueblo maya, dejaban sus señales. Y esas señales
están desapareciendo. Está muriendo el Río Mayo,
está muriendo el río yaqui, la Isla del Tiburón
quiere ser convertida en mercancía, la roca desnuda de los
o’odham quiere ser vendida, la ceiba maya quiere ser asesinada.
Si eso desaparece, si esas señales que tenemos para caminarnos
desaparecen, andaremos el resto de nuestra vida perdidos como si estuviéramos
muertos, aunque hablemos, comamos, caminamos y durmamos.
Lo que estamos pidiendo pues, como zapatistas, como indígenas
guerreros mayas al yoreme, es que nos unamos en el Congreso Nacional
Indígena. Que juntos nos organicemos y volvamos a recuperar
la tierra, que será recuperar la vida. La tierra del yoreme
tiene que ser mandada por el yoreme, por nadie más. El fruto
y la riqueza que tiene, debe ser para el pueblo yoreme, para nadie
más. Es la última oportunidad que tenemos para salvar
esta tierra, si no la defendemos morirá todo lo que ahora vemos,
lo que tuvieron nuestros antepasados y lo que debieran tener nuestros
hijos.
Ese es el mensaje que traemos compañeros y compañeras.
Gracias.
Buaisiacobe, Sonora
Acto público
27 de octubre del 2006
Compañeros, compañeras: tenemos un mensaje de lo que
hemos escuchado y visto aquí en Sonora, y en el valle del mayo.
Pero antes de eso, queremos decir algunas palabras de algo que está
pasando ahorita aquí en nuestro país, en el estado de
Oaxaca. Como ustedes saben, en Oaxaca se levantó un movimiento
de todo el pueblo para sacar al gobernador Ulises Ruiz. Que como todos
los gobernadores, es un ladrón y es un criminal.
La gente de Oaxaca se organizó y tomó la ciudad, y
está demandando que renuncie el gobernador, porque puras maldades
está haciendo con el pueblo. El gobernador es priísta,
y está apoyado por Fox, y por el PAN, y por el PRI. Y no quieren
sacarlo de ahí. La gente ahí está en las calles,
exigiendo que se respete el derecho del pueblo de Oaxaca de vivir
con democracia, libertad y justicia.
Hace unas horas, nos avisaron a nosotros hace unos minutos, que paramilitares
del gobierno atacaron a una barricada, una concentración pues
de gente, y mataron cuando menos a una persona. Esa persona que mataron
trabaja en los medios alternativos —decimos nosotros—.
O sea, que no son de la televisión de paga o de los grandes
periódicos, sino que es gente como la que viene aquí
en el autobús, que está mirando a la gente de abajo
y sacando su voz, para que se conozca. Porque ya sabemos que en la
televisión sólo salen las cosas del gobierno, y en los
periódicos también.
Y esta persona, un compañero de la Otra Campaña, que
había andado por varias partes con nosotros, cuando andábamos
por Yucatán, estaba ahí tomando pues foto y película
de lo que está pasando y lo balearon, y murió.
Parece que hay otra persona muerta, y el gobierno no quiere hacerse
cargo pues de lo que hizo. Y ahorita lo que nos dicen pues es que
de todo el pueblo de Oaxaca se están movilizando. No se están
con miedo, sino que se están movilizando para tomar la calle
y protestar por esta nueva injusticia.
Y nosotros estamos haciendo un llamado a toda la Otra Campaña
a nivel nacional y a los compañeros y compañeras que
están en otros países para que nos unamos para exigir
justicia para la muerte de este nuestro compañero, especialmente,
a todos los medios alternativos y medios libres que hay en México
y en todo el mundo.
La historia de Oaxaca es la misma historia de Sonora. Se vive una
mentira. Porque los gobiernos con apoyo de los medios de comunicación,
empiezan a decir mentiras. Y se está diciendo que en Sonora
la gente está contenta y vive bien. Hace… Ayer, y hoy
salió en el periódico, que el gobernador Bours se reunió
con la comunidad yaqui, para decir que el no necesita pipa y pasamontaña
para que lo reciban los indígenas. Que porque éste es
el sexenio de los pueblos indios en Sonora.
Y sí es cierto, Bours no necesita pipa y pasamontaña,
necesita vergüenza y decencia, y no tiene ninguna de las dos
cosas. Es un sinvergüenza y un ladrón que está
engañando al pueblo de Sonora y al pueblo de México.
Lo que hemos escuchado da coraje compañeros. Porque lo que
está haciendo el gobernador Bours y el presidente Fox y el
partido PAN con el PRI están matando al campo mexicano, y al
campo de Sonora.
Vimos muchas extensiones de tierra, desde el norte de Sonora hasta
acá, que no están trabajadas por los ejidatarios, porque
no hay apoyo para el campesino. Y ustedes saben que no hay créditos.
Que se nos niegan, porque nos piden muchos papeles que no pueden conseguir.
Y luego, como quiera, si están trabajando todo el día,
como quiera no hay precios para el producto. No importa si están
cosechando el trigo. Como quiera, lo que están sacando apenas
va a servir para pagar la deuda de la cosecha pasada.
Y resulta que se está trabajando todo el día, y no
están ni siquiera sacando para comer o mal vivir. Solamente
se está trabajando para los funcionarios del gobierno, para
el gobierno y para los grandes ricos. Y ahorita que veníamos
para acá, vimos pues cómo aquí no se puede hacer
nada. Y el lago está rodeado de los latifundios de los propietarios
privados. Y bien que nos dijeron que ellos si tienen derecho al agua,
y el yoreme que vive aquí desde hace miles de años,
no tiene derecho al agua, ni a la tierra.
Y en la comunidad donde acabamos de pasar, no les quieren reconocer
una tierra que tienen hace más de cien años. Mil 300
hectáreas, y el gobierno sólo les reconoce 90 hectáreas.
Las otras hectáreas las quiere él, Bours, para convertirse
como Porfirio Díaz en un gran latifundista.
Y no sólo eso vimos compañeros. Lo vimos —porque
nos platicó la gente— que si eres indígena: yaqui,
pima, seri, pápago, o yoreme mayo, en las oficinas del gobierno
se burlan de uno. Y lo traen que vayan a México, y luego que
vayan a Hermosillo, y luego que vayan a Obregón o a Navojoa.
Y como quiera los traen de un lado para otro y nunca hay solución.
Y nosotros lo que estamos viendo es que aquí hay un problema,
que es: que el gobierno puso una ley que es como si hubiera decretado
que se muere el campo, como una pena de muerte. Como si hubiera encerrado
al campo en una cárcel, sin alimento, ni ayuda, a esperar a
que muere.
Y lo que está pasando es esto: que a los ejidatarios les están
quitando la tierra. Y ¿por qué se las están quitando?
Porque el gobierno cambió el Artículo 27 de la Constitución.
Y por eso nos platicaron hace rato que a una señora la engañaron,
y le vendieron su predio y ella ni siquiera recibió dinero.
Y ya no tiene nada. Pero eso lo escuchamos en todo Sonora, y en toda
la República, no nada más aquí en el valle del
mayo.
Dondequiera que estamos pasando son puras maldades y engaños
que está pasando en el campo mexicano. Si ustedes tienen un
poco de tierra, que quieren trabajarla, le van a pedir apoyo al gobierno,
que es su obligación del gobierno que tiene que apoyarlos con
maquinaria, con fertilizantes, con riego, van a ver que no les van
a dar. Les dicen que no hay. Y ustedes están viendo que a un
lado, donde está el propietario privado ahí sí
hay agua, hay crédito, hay tractor, hay todo. Lo que tenían
ustedes, y que les quitaron. Porque el banco hipotecó sus propiedades,
y se las quitó. Y ahora les va a quitar la tierra.
Y entonces, qué va a ser del yoreme, si su tierra se la está
quedando el rico. ¿Vamos a seguir dando vueltas hasta el gobierno
a ver si lo va a resolver? Lo digo porque ya lo vimos nosotros en
otras partes, y en nuestra tierra que es Chiapas. Así como
ustedes son yoreme, nosotros somos mayas, indígenas mayas.
Y debemos ser hermanos con el mayo, porque nuestro nombre se parece
y nuestra raíz y nuestra sangre.
Y nosotros sabemos que aquí el mayo, el yoreme. Que bien pasa
hasta que llego el yori y el rico, con su gobierno y lo empezó
a quebrar todo. Y aún que vivíamos malamente, pobremente,
teníamos la tierra y algo daba para comer. Y ahora ni siquiera
la tierra. Y el agua que también era nuestra, que era del yoreme,
ahora es propiedad del gobierno o de los particulares.
¿Cuántas veces ustedes no han pedido agua para su tierra?
No es para robar, ni para hacer negocio. Es para que la tierra dé
el fruto. Y se las niegan, les dicen: “no alcanza, no estás
en la ribera, no estás en el distrito de riego, no te toca”.
Y ustedes mismos saben, porque ustedes viven aquí, que viene
gente de fuera, de pronto, aparece, ya tiene tierra y tiene riego,
y tiene crédito, y tiene maquinaria y tiene precio para su
producto.
Y ustedes saben también que en el yoreme hay gente que estudió
y se capacitó. Que conoce la tierra, que conoce la necesidad
del yoreme. ¿Y acaso hay yoreme en el departamento indígena
del gobierno? No, hay un mestizo que ni siquiera conoce esta tierra.
Y el que está decidiendo el destino del yoreme y de su tierra
es un extraño, es un yori, es un extranjero.
Y en cada pueblo indígena donde estamos pasando, está
lo mismo. Y nosotros pensamos, si eso va a seguir así, si vamos
a seguir manteniendo a esos zánganos y haraganes de los gobiernos.
Si vamos a seguir aceptando que nos roben la tierra. Porque eso es
lo que están haciendo: robándola. Como hace 500 años
vinieron los españoles a robar. Y si antes trajeron ejércitos,
ahora traen políticos, funcionarios de la Reforma Agraria.
¿A quién le ha hecho justicia la Agraria? A nadie más
que al rico. E inmediatamente ustedes saben que si los ven que hablan
indígena. Que si hablan lengua yoreme, si hablan mayo, o aunque
no hablen, nomás que los vean, ya por eso los van a despreciar
y los van a humillar. Que no importa qué color tengan en la
piel. Lo que importa es que son pobres. Y el gobierno, el funcionario,
sólo le hace caso al que tiene dinero. Y ése es el que
compra a la policía. Y ése es el que mete injustamente
en la cárcel a la gente pobre del pueblo yoreme.
Si nosotros vamos a la cárcel, no vamos a encontrar ningún
político. Vamos a encontrar puros indígenas, campesinos,
estudiantes, obreros, maestros. La gente que hace trabajar la tierra
y que hace que Sonora sea grande. Y el ladrón: el que roba,
el que mata, es el que está en el palacio de gobierno de Hermosillo,
o el que está en la presidencia municipal.
Y nosotros estamos preguntando ¿por qué esto no se
sabe en otras partes? Escuchamos su voz, lo que nos dijeron aquí,
lo que nos dijeron en el camino, y lo que nos dijeron en la casita
donde nos recibieron. Y esto que ustedes dijeron, esta su palabra
y sui problema se va a conocer en otras partes de México y
el mundo. Porque la gente que viene con nosotros, no sólo es
de Sonora, viene de otros estados de la República mexicana,
donde hay compañeros, donde hay indígenas como ustedes,
donde hay campesinos como ustedes, con los mismos problemas.
Y lo va a llevar también a otros países: a Estados Unidos,
a Europa, a otros lugares, donde también van a conocer que
el gobierno de Fox, y el gobierno de Bours es una mentira. Es un gobierno
que roba al campesino, que lo mata —porque a la hora que no
apoyan al campo, están matando también al campesino—.
Nosotros vemos de los problemas que tienen, los escuchamos. Y escuchamos
también más allá en la otra comunidad los mismos
problemas. Y fuimos con el pápago, el o’odham —se
llama— y vimos que su tierra la están usando como basurero,
y está enojado el indígena pápago. Fuimos con
el seri, y su isla se las quieren quitar el gobernador para hacer
ahí un hotel, y está enojado el seri. Y fuimos con el
yaqui, y vimos también que les están mordiendo pedazos
de su territorio. Como si un monstruo empezara a comerse la tierra
y cada vez los están encerrando cada vez.
Y fuimos con el pima y ni siquiera les hacen caso. Sus tierras las
invaden los narcotraficantes y los ganaderos. Y el gobierno ni cuenta
se da, o se hace pato, como sabemos.
Y ahora venimos con los mayos, y escuchamos la misma historia. Y
nosotros decimos: Y viera que se une todo el pueblo mayo. Que la fuerza
crece. Y viera que se une el mayo con el yaqui, ya es más grande.
Y si se une el seri y el pápago, ya es más grande. Y
se une el pima, todavía más grandes.
Que si se unen los trabajadores, los estudiantes, los maestros, la
gente los empleados, las mujeres, los niños, los ancianos.
Lo sabemos bien que a los ancianos ahora los tratan así como
que ya no sirven, para qué, si ya produjeron toda la vida.
Y ahora nomás están estorbando. Y el gobierno los ve
mal. No les hace caso, no les da apoyo, no les ayuda. Como si viera
que no estuvieran haciendo nada, si estuvieron años, decenas
de años trabajando la tierra.
Si nos unimos todos ésos en Sonora. Y si nos unimos en todo
México, ¿por qué chingados no vamos a cambiar
la Constitución? Y que la tierra sea de quien la trabaja. Y
que en la tierra del yoreme mande el yoreme, no el yori. Si nosotros
juntamos esa fuerza, que es lo que queremos, y empezamos a conocer
nuestros problemas, van a ver que igual que aquí en Sonora,
en Yucatán, en Chiapas, en Veracruz, en cualquier estado de
la República, están diciendo que el Artículo
27 no sirve. Que tenemos que cambiarlo.
Nosotros decimos: tenemos que cambiar toda la Constitución,
porque tampoco reconocen a los pueblos indios. Tiene que volverse
a tomar la tierra. Otra vez la tierra tiene que ser de los campesinos.
Pero no nada más la tierra. Cuando tengamos la tierra, tenemos
que tener el crédito para trabajarla. Y la maquinaria, y el
precio para nuestro producto. Y a lo mejor uno piensa que eso no se
puede. Sí se puede compañeros.
Si aquí en Sonora hay mucha riqueza. Pero lo que pasa es que
se la está robando el rico. Viera que le quitamos esa riqueza
al rico, alcanza para todos, para que podamos vivir bien. Para que
haya escuela para los niños, para que haya buen salario para
los maestros, para que haya respeto a la mujer. Para que se venere,
como hay que venerar a los ancianos. Para que en cada lugar haya justicia.
Eso es lo que queremos nosotros: democracia es que mande el pueblo,
no que mande el gobierno. Y aquí en estas tierras, el pueblo
es yoreme. El que debe mandar debe ser el pueblo yoreme, no el yori
que vienen de otras partes.
Queremos libertad, que no estemos trabajando como esclavos. Queremos
que podamos vivir con dignidad. No importa si no tenemos grandes casas.
Lo que queremos es tener una casa decente para vivir: que tenga agua,
luz, drenaje. Que haya buena comida en la mesa —que a veces
cualquier cosa tenemos que comer, porque no alcanza—. Que no
sean muy altos los impuestos. ¿Por qué pagamos tanto
de agua, de predial, de luz, y de cuánta madre de papeleo que
pide el gobierno? Nada más para que los políticos se
estén enriqueciendo.
Que queremos justicia. Y justicia es que el que tiene delito pague.
Y aquí, en Sonora, el que tiene delito es el gobernador Bours.
Es el partido PRI, y es el Partido Acción Nacional. Y lo sabemos
que lo que quiere hacer Bours, está juntando dinero, y está
juntando tierra. Porque quiere ser el próximo presidente de
México. Por eso está juntando su dinero y poniéndose
de acuerdo con Calderón. Para que la próxima elección,
él sea el presidente de México.
Imagínense si vamos a permitir eso. Si ya vimos el daño
y la maldad que hizo en Sonora. ¿A poco vamos a dejar que lo
haga en el resto del país?
Lo que nosotros pedimos compañeros, es que vamos a luchar
juntos. Nosotros no estamos buscando cargo. No queremos ser presidente,
ni autoridad, ni nada. Lo que queremos es unirnos. Porque nosotros
somos indígenas chiapanecos, y también nos hacen las
mismas fregaderas que a ustedes. Y aunque estamos en el otro rincón,
queremos unirnos con Sonora: con e pueblo mayo, con el yaqui, son
el seri, con el pápago, con el pima y con los trabajadores
de la ciudad. Y los empleados, las empleadas, las mujeres, los ancianos,
los niños. La gente de abajo, ésa es que nos queremos
unir.
Y volvernos a levantar como en 1810, como en 1910. Pero que no vaya
a pasar lo mismo: que entra otro cabrón de gobierno y los pueblos
indios quedan olvidados. No queremos eso. Queremos que los pueblos
indios mero van a poner la fuerza, para que a la hora que cambie este
país, tiene que tomar en cuenta al indígena. Con respeto,
con cariño, y con admiración. Que es así como
nos movemos nosotros.
Nosotros queremos agradecerles compañeros y compañeras,
que nos hayan recibido, y que nos hayan dado su palabra. Hemos venido
aquí a aprender. No venimos a mandar, ni a dar orden. Venimos
a pedirle, de corazón zapatista, que seamos compañeros
de lucha, que seamos compañeras de lucha. Que si pelean aquí,
nos avisen para apoyarlos. Y que se peleamos en otro lado, les avisemos
para apoyarnos mutuamente.
Y ahora, que está pasando este dolor en Oaxaca, con estos
compañeros de medios alternativos y también del pueblo
de Oaxaca, que nos unamos para pedir justicia, con eso que está
pasando. Y que nos unamos para exigir que renuncie ya, hoy mismo,
Ulises Ruiz. Y que detrás de él se vaya Bours también.
Y todos los malditos que nos están gobernando.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Álamos, Sonora
Reunión en el Ejido Citahui con campesinos e indígenas
mayos
27 de octubre del 2006
Buenas noches.
Quería platicarles una cosa, porque aquí en tierra
del mayo, en este ejido terminamos Sonora, terminamos el noroeste
de México.
Estos compañeros y compañeras que viene en el autobús
y en otra camioneta, son de medios alternativos —decimos nosotros—,
o sea que no trabajan por la paga, no trabajan en Televisa y esas
cosas, Televisión Azteca. Sino que su forma de luchar es agarrar
la palabra de la gente humilde —así como aquí—
y que llegue a otros lados. Porque nosotros lo que vemos es que, pues
estamos solos cada quien en su lado. Parece que Sonora queda muy lejos
y parece que los Citahuis no existen.
Sabemos lo que la gente está aquí, pero en otros lados
no se nota —hasta que pasa una desgracia o hasta que hay una
guerra como en Chiapas—. Pero así como están ustedes
aquí, igual estábamos nosotros y nadie se da cuenta
de la miseria que tenemos y todo eso, hasta que nos levantamos en
armas contra el gobierno.
Y por eso, cuando nos alzamos en armas nos tapamos la cara y entonces
así siempre la traemos. Pero no es que estamos escondiendo
nada, es como nuestro modo de nosotros. Porque ya vimos que los políticos
sí muestran la cara pero no muestran su corazón, y sale
que son unos ladrones y unos criminales.
Entonces lo que nosotros estamos viendo es que lo que pasa es que
cuando los políticos o los medios pasan por un lado no ven
a la gente pobre, nomás entre ricos se ven. O juntan un chingo
de gente y nomás hablan ellos, y no se oye la palabra de la
gente.
Entonces pasan aquí los políticos y tiran su gran rollo
“que hay que votar por ellos” y nunca habla la gente qué
es lo que necesita. Entonces ahí nosotros pensamos que había
que hacer otra política diferente, Otra Campaña, donde
la gente hable y nos escuchamos entre todos y nos vamos conociendo.
Pero pues no podemos juntar a todo el país en un solo lugar,
entonces lo que hicimos es que vamos a cada lugar, pero no estamos
hablando con los políticos ni estamos hablando con los ricos,
sino que pasamos a los lugares más pobres, que está
más abandonado, más retirado, y le preguntamos a la
gente ¿cómo vive, si es que vive bien, si es que hay
justicia, si el gobierno sí cumple?
Y pues vemos en todos lados que no, no nada más aquí
con los mayos, ni nada más en Sonora, sino en todos los estados
que hemos pasado —de 32 estados llevamos 25 ahora con Sonora—,
nos faltan siete para terminar toda la República mexicana.
Y entonces estos compañeros que traen las cámaras y
los micrófonos, eso es lo que nos ayudan, como no podemos juntarnos
todos; en cada estado, en cada lugar, en cada región, hay un
grupo que se llama de la Otra Campaña. Es Otra Campaña
porque no es campaña electoral, no estamos pidiendo cargo ni
votos. Y es Otra Campaña, porque ahora habla la gente, no el
político.
Y entonces ellos mandan estas palabras, e información, su
video, para que vean que es gente como ustedes y escuchan la palabra
en otras partes.
Si ustedes le piden aquí al compañero Fausto o a otros
compañeros de la Otra Campaña les dicen: “bueno
y ¿cómo están los campesinos en Chiapas o en
Yucatán, o en Quintana Roo, o en Veracruz, o en Baja California
Sur?”, van a oír sus mismas palabras. Sus mismas palabras,
nomás que hablan de otra forma, no hablan así como norteño,
sino hablan según cada quien su región. Igual: el gobierno
les está quitando la tierra, hay muchos engaños, necesitamos
luchar, estamos solos, nos van a apoyar o qué van a hacer.
Y van a oír en todas partes esa historia y van a ver que su
dolor, su injusticia que tienen la tenemos otros en otras partes.
Y entonces se van hacer esta pregunta que yo les digo ahorita, que
es: ¿qué va a pasar si juntamos toda esa fuerza? Porque
ustedes aquí como ejido pues se mantienen porque están
unidos, pero si se unen con todos los demás mayos, ya es más
fuerte. Si se unen con los yaquis más, y así va creciendo
pues la fuerza.
Y en la Otra Campaña lo que se trata es de unir la fuerza
de todos los que estamos mal, jodidos, en todo el país. Eso
es lo que queremos hacer, no es que estamos pidiendo cargo ni vamos
a ir a hablar con Fox, ni nada. Ésa, su denuncia, la va a conocer
otro igual que ustedes. Y va a empezar a preguntar: “¿por
qué no nos unimos con los campesinos de los estados, con los
campesinos mayos?, porque nuestro problema es igual”.
Y entonces van a ver que lo que parece imposible, que es volver a
voltear de cabeza el artículo 27. Como dijo Zapata: “que
la tierra es de quien la trabaja”. Ése no echó
rollo, ése dijo: “¿aquí cómo le
vamos a hacer? Pues el que trabaja la tierra es el dueño”.
Y todos entendimos eso.
Y de pronto llega un político y un licenciado de la Reforma
Agraria y nos echa un rollo: “de que no sé qué,
que el ejido, que la propiedad y que hay que ir para un lado y para
otro”. ¿Y qué? si el que está trabajando
la tierra se la están quitando —si es que la tiene—
o la está trabajando para otro.
Si se levanta una gran movimiento campesino, me cae que no sólo
cambiamos ese artículo sino todo el gobierno, como en 1910
y como en 1810. Igual, que se levantó todo el pueblo y se cambió,
nomás que no con las armas, sino con un movimiento de protesta
nacional —decimos nosotros—, una movilización nacional
pacífica, eso es lo que estamos diciendo nosotros. No es que
vamos a agarrar las armas, sino que aquí luchan ustedes en
los Citahuis y nosotros en Chiapas, y los compas purépechas
en Michoacán, y otros compañeros en Baja California.
Y en cada lugar, pero juntos, apoyándonos. Y entonces ya no
vamos a estar solos.
Porque ahorita nos levantamos solos en un lado y rápido llega
la policía, el gobierno, el ejército y nos pega, o nos
mata, nos mete a la cárcel o nos desaparece. Esa historia ya
la sabemos. Porque somos poquitos en un lugar, pero si todos nos ponemos
de acuerdo, pues quiere que va a cambiar las cosas y el gobierno tiene
que obedecer. Y gobierno que no obedezca, gobierno que se cae.
Eso es lo que queremos, no queremos agarrar el poder, lo que queremos
es que la misma gente en cada lugar mande. Porque aquí los
Citahuis, está la gente que trabaja, pero el que manda es el
cabrón del Bours —que está en Hermosillo—
que nomás se está rascando sus güevos y no está
haciendo nada pues por la gente, porque ya lo vimos. No lo estamos
inventando.
Lo que queremos es que la misma gente que trabaja tome el destino
en sus manos. Y dice: “aquí se va a hacer así
y aquí manda aquí y esta tierra es de éste, el
que la está trabajando”. No el que viene a robársela
o a sacarle el oro o el cobre —como nos platicó el compañero
Fausto—, o como otras historias que nos está contando
el compañero, que ya tiene tiempo pues que fundó este
lugar y que va, que pasan los años, y los años, y los
años, y la tierra que están trabajando no se la da en
propiedad el gobierno.
Y ahora la está peleando un gringo que ni siquiera es de este
municipio —así como explicaron—, es ridículo
porque es de otro municipio y resulta que éste es Los Álamos
y lo está reclamando como que es parte de… o sea que
ni geografía sabe, no fue a la escuela pues. Entonces lo que
nosotros estamos pidiendo pues es esto.
Miren, está bueno que terminamos aquí Sonora, en un
lugar pequeño, con indígenas, porque Sonora lo empezamos
en un lugar pequeño con indígenas. Entramos pues por
San Luis Río Colorado, pasamos por Sonoyta —ahí
nos brincamos la raya pa’ los gringos, nomás para hacerles
mocos y luego nos regresamos otra vez— y luego fuimos a Magdalena
de Kino, y ahí hablamos con un pueblo indio que ustedes les
dicen pápagos, pero ellos se llaman o’odham —o’odham
se escribe—.
Y entonces ellos están bien bravos porque igual la misma historia:
les están despojando la tierra con trampas —con el Procede,
con el Procecom—. O sea, la tierra ejidal ya no es del ejidatario,
es del pinche banco o del funcionario, o a veces la gente ya no es
propietaria de la tierra y no sabe, porque alguien falsificó
su firma y lo vendió. Entonces puede ser que sus abuelos, tatarabuelos,
lo que sea, eran propietarios de la tierra y de pronto llega una orden
judicial y estás invadiendo tierra. Tú estás
acusado de despojo, no el rico que se la está robando, porque
hicieron una trampa legal. Donde quiera lo hemos visto y ellos no
dijeron.
Miren, esa es la parte mero del desierto de Sonora, pero ese pueblo
indio está ¡puta! miles de años antes de que los
españoles existieran siquiera. Y entonces llegó la raya
—o sea la frontera gringa— y entonces lo partió
a la mitad. Entonces, un lado de ese pueblo indio queda del lado gringo
y otro lado del mexicano, en Sonora —o sea un lado en Arizona
y otro en Sonora—, pero a ellos les vale madre, porque esa raya
para ellos no existe, porque son pueblo indio, y así se conocen
entre ellos.
Y nos están diciendo que sus tierras las usa el gringo para
echar sus basuras. Entonces nos dicen: “para los ricos los indígenas
somos el basurero, porque lo que no quieren nos lo avientan”.
Y es basura tóxica —que le dicen—, o sea es veneno,
que no la quieren enterrar en el lado gringo porque está prohibido,
porque hace daño. Entonces la entierran del lado mexicano,
porque el Fox es un baboso que no defiende al país, y ahí
sí dejan que envenenen la tierra mexicana, y no dice nada.
¿El Bours dice algo? No dice nada. Y ahí está
ese veneno.
Y no crean que nomás está en un lado, pues el veneno
es como la enfermedad: se empieza a pasar por abajo y se contamina,
y se contamina. Y cuando van a dar cuenta, pues ya un chingo de tierra
va a estar echada a perder.
Bueno, de ahí nos vamos a Punta Chueca, donde están
los compañeros seris, los indígenas seris —les
dicen ustedes—. Y ellos están… Mira compañero,
hay un lugar pues bien bonito: hoteles, buenas calles, luces, la playa
bonita, ahí vive el rico. Ahí nomás te vas un
poco más adelante, un lugar más jodido que éste,
ahí es donde están viviendo los indígenas comca’ac
se llaman a sí mismos, pero seris les dicen otros.
Y esa gente está preocupada. Toda su vida de miles de años
antes viven del mar, están mero en la orilla del mar y, enfrente,
hay una isla que le llaman la Isla del Tiburón —que es
también pues de Sonora—, pues ¿no está
siendo que el gobernador Bours quiere quedarse con la Isla para hacer
un hotel?
Y dicen que lo ven que anda en su helicóptero, ahí
asomándose para ver dónde va a hacer las cosas. Y ahí
nomás en la isla hay un destacamento de la armada de México
—de los marinos—, quesque está para cuidar el narcotráfico,
nomás está chingando a la gente de enfrente —que
es donde vive el pueblo—.
Entonces ellos dicen: “¿por qué? si esa tierra
es nuestra desde antes, cuando México no existía. Antes
de que los aztecas, todo eso, mucho antes, esa tierra era de ese pueblo.
Y ahora llega el rico y se la quiere quitar con engaños, para
vendérsela al extranjero. Eso es lo que están haciendo,
ni siquiera es que se lo van a quedar ellos, sino que son como intermediarios,
o sea nomás le quitan a uno y se lo venden al otro, además
bien barato, pues.
Y esa Isla del Tiburón pues les sirvió a ellos para
esconderse cuando los españoles, y los mexicanos, todos los
que llegaron a tratar de matarlos, ahí se escondían.
Entonces ellos dicen: “esa Isla es nuestro corazón, si
agarran esa isla, es como que nos arrancan el corazón”.
Y ¿quién va a querer que le arranquen el corazón?
Nos vamos a Hermosillo —luego de ahí—. En Hermosillo
nos juntamos con los estudiantes y los maestros de la universidad.
Y nos dicen pues que la universidad que dice quesque es gratuita,
tras que no: que puras cuotas y que colaboración y no sé
qué, como si estuvieran pagando.
Y resulta pues que después de que está pagando y pagando
—y ya salió bien caro—, y cuando sale la carrera
—que ya es profesionista—, no hay trabajo. Entonces para
qué tantos años pues de estarle dando y de tanto dinero
—porque sufre la familia para pagarle el estudio al chamaco
o a la chamaca, pues—, y luego resulta que no tiene trabajo.
Aunque salga doctor, salga ingeniero, no tiene trabajo. Entonces
ellos también están bravos, dicen: “porque esta
universidad no va para donde queremos, nosotros queremos que la universidad
saque gente que ayude al que está jodido y nos están
poniendo como si fuéramos a ser empleados de las grandes empresas,
y para eso no se estudia”.
Entonces ahí tienes que médicos, ingenieros, doctoras,
lo que sea, pues nomás las están preparando para que
les sirve a las grandes empresas. Y ellos dicen: “no, debiera
haber doctoras para que vinieran a con los mayos, y aquí hubiera
una clínica con una doctora que supiera”. Pues están
bravos también.
Bueno, y de ahí nos vamos con los yaquis, también bien
jodidos. Ahí nos recibieron las autoridades yaquis. Y ya nos
cuentan pues que tienen su territorio. Hagan de cuenta pues que tienen
aquí —como platicaron— las mismas y pico de hectáreas
que tienen. Pues que un decreto les quita un pedazo por un lado, y
luego otro decreto por otro lado, y luego otro decreto por otro lado:
los están empezando a encerrar. Y ¿qué tierra
les están quitando? Las buenas, no les quitan la mala tierra.
Entonces los están dejando pues sin nada. Y ellos están
embravecidos, porque dicen: “pues si esta tierra era nuestra
desde antes”. Y entonces se ponen bien bravos.
Bueno, nos vamos para Guaymas. Compañeros, no sé si
has visto… Bueno el compañero nos platicó en otro
lado de la Revolución mexicana ¿por qué fue?
Porque había grandes latifundios y los campesinos están
trabajando como peones acasillados, como esclavos. Ahí en Guaymas
ahí está, no es 1910, es 2006, ahí lo vimos.
Y gente, campesinos que vienen de otros lados, los tienen ahí
encerrados como si fuera chiquero.
Tienen niños de diez, doce años trabajando ahí.
¿Sabes cuánto le pagan? 45. Les dicen: te voy a pagar
150 y los enganchan, y a la hora de la paga nomás 45 pesos.
Trabajan quince horas al día, con químicos. Y nos enseñaba
una compañera pues, ahí en Baja California, se le quema
la piel. Y si estas embarazada, ¿te van a perdonar? No, “vete
si quieres”. Aunque la ley dice que tienes derecho. No, ahí
no hay ningún derecho más que el del rico. ¿Y
quién es el dueño? El presidente municipal de Guaymas.
Nos vamos con los pimas —ya casi cerca de Chihuahua—,
en un ranchito bien humilde pues. Y nos empiezan a contar la historia.
Buena tierra —la vimos—, viera que hay maquinaria sale
buena cosecha ahí. Pues los tractores los embargaron, la tierra
se la invaden los ganaderos —con ayuda de la judicial del estado
de Sonora— y los narcotraficantes.
Entonces tú, un campesino, te levantas y vas a tu milpa…
Y ya no hay milpa: está sembrado de marihuana. Y a ver, tú
dices: “¿pues cómo voy a comer la marihuana?,
¿qué voy a hacer?”. Y si te quieres acercar, pues
sale el narcotraficante —que está de acuerdo con el ejército
y está de acuerdo con el judicial, y con el gobernador—
y te amenaza pues ahí: “aquí te mueres”,
pues.
Pues ahí piensa el pobre campesino, dice: “bueno, pues
a ver cuando se la lleven ya voy a sembrar mi maíz”.
¡Cuál! llega la PGR: “aquí hay sembrado
marihuana, ¿de quién es? —de don Pánfilo
Pérez— agárrenlo”. Y lo meten a la cárcel
y al narcotraficante no. Y él ni siquiera sabía, ni
siquiera pues se metió ahí, y no puede protestar.
Bien olvidado, no hay luz, no hay drenaje, no hay agua, es Sonora,
el Sonora que dice Bours que es el más chingón estado
del México, ahí lo vimos, bueno.
De los pimas, pues nos vamos a Obregón a Cajeme. Y ahí
nos platican pues los estudiantes, los jóvenes, dicen: “no,
pues es que aquí está bien jodido —con los maestros
y todos, o sea la gente de la ciudad— que suben los precios
y que no alcanza la paga”.
Y luego ya empezamos hoy el recorrido con los mayos. Y pues donde
pasamos, y la misma historia de aquí. En una parte, que es
que les dan una dotación de tierra, y les dan mil, mil trescientas
hectáreas. Y a la hora de la hora, la misma tierra se la dan
a otro ejido para que se peleen entre ellos.
Bueno —dicen ellos—, ¿y se pelean para qué?
Para que el gobierno se la quite a los dos y se queda con ella, y
la vende. Porque el Bours quiere hacer la escalera náutica,
o sea quiere hacer un proyecto de puros hoteles, toda la costa de
Sonora. Pero viene desde Nayarit, puros hoteles, campos de golf…
¿Ustedes juegan golf? Porque va a haber un chingo de —si
lo dejamos a ese güey— puros campos de golf. A lo mejor
ni saben qué el es el golf —yo tampoco pues—, pero
va a haber muchos campos de golf. Pero es pal’ rico, no es para
nosotros. Y ahí sí va a tener agua ¿a saber por
qué necesita mucha agua eso? Bueno.
Y luego vamos a otro pueblo mayo, también la misma historia.
Y a todo esto agréguenle que si eres yoreme, peor te van a
tratar, porque eres indígena. ¿De dónde eres?,
¿de dónde son? De tal lado. “¡Ah! ahí
es zona mayo, son yoreme”. ¡Bah!, ni te abren la puerta,
o te dicen: “vete a México”. Juntas el dinero y
te vas a México con los papeles, y en México, te dicen:
“no, esto toca en Sonora, váyase a Hermosillo”.
Te vas a Hermosillo, llegas a Hermosillo: “no, te toca Obregón”.
Te vas a Obregón, y te dicen: “no, esto te tocaba en
México”. Y ya se te acabó el dinero y el tiempo,
y la paciencia. ¿Cómo vas a estar dando vuelta y vuelta
pues?
Ahí mismo en esa región están los pozos de agua
—si no, no hay cosecha—. Mira compañero, has de
cuenta que está encerrado en una cárcel el yoreme ahí.
No hay siembra ahí, es puro monte —porque no hay agua—,
y alrededor puros campos propiedad privada, y la parte que no tiene
agua es propiedad ejidal.
Entonces lo empiezan a ahorcar, a ahorcar, a ahorcar, hasta que tengas
que vender y entonces ya la agarran. Y nosotros ya lo vimos en otro
estado, que la tierra que va a agarrar el rico —que está
bien jodida—, inmediatamente empieza a haber carretera asfaltada,
hay jardín, hay foco, hay agua, fuentes, todo bien bonito.
Pero cuando vivía el indígena, no había nada.
Si ustedes dejan esta tierra van a ver que luego, luego, va a entrar
la calle aquí, autopista, y va a haber así grandes hoteles.
Y van a decir… Ustedes no lo van a conocer, entonces dicen:
“ésta no es mi tierra”. No, lo que pasa es que
ahora la tiene el rico, pero el que trabajó esta tierra ya
no va a estar.
Entonces eso es lo que estamos viendo nosotros. Pero podría
estar hablando de Sonora o de Veracruz, o de Quintana Roo, o de Yucatán,
o de Chiapas, de cualquier estado de la República. Y no vale
que el político lo va a cambiar, porque no lo cambia.
Nosotros no queremos que un partido político, no queremos
quién nos va a mandar, queremos mandar cada quien en su lugar,
que cada quien mande. Y que queremos hacernos compañeros. Que
la gente de este ejido sea compañera del EZLN, del Congreso
Nacional Indígena y de todas las organizaciones y grupos que
vienen en la Otra Campaña, que están en todo México.
No se hace bulla, porque nosotros sí queremos tirar al gobierno,
por eso no sale en la televisión. Porque si tú empiezas
a ver en la televisión que alguien quiere tirar al gobierno,
vas a decir: “pues sí tírenlo, pues si es un cabrón”.
¿O alguien piensa que Fox hizo algo bueno? Seis años
estuvo ahí. Y ahora va a entrar el otro güey de Calderón.
¿A poco vamos aguantar otros seis años? No, lo vamos
a tumbar.
Pero si lo tumbamos y siguen las cosas igual, entonces ¿para
qué vamos a luchar? Lo que tenemos que organizarnos es mero
como indígenas, para que a la hora que acabemos con esto el
indígena sí sea respetado, no pase lo que pasó
antes. Que respeten la cultura, respeten el color, respeten la lengua.
Que alguien pueda decir: “yo soy indio mayo” y toda la
gente baje la cabeza, de qué cabrón, pues sí.
No que ahorita a los indios mayos le hacen así, como que huele
feo, porque así nos hacían a nosotros. No dejaban que
se acercaban los indígenas a los mestizos, porque apestan —dicen—.
Y ahí nos contaron los mayos, del otro lado, que también,
que así hacen de por sí.
Entonces lo que nosotros queremos es eso. Pero resulta que en este
estado, por donde hemos pasado, hay como señales. Ustedes pues,
los que han ido a la escuela, saben que la Revolución mexicana
empieza en Sonora, en 1906, en la huelga de Cananea. Y ahorita estamos
en el 2006, ya se va a cumplir 100 años.
Y entonces, nosotros cuando llegamos a la tierra del pápago,
del o’odham, resulta que pasó eso que le llaman lluvia
de estrellas, empezaron como a caerse estrellas. Y entonces los de
ahí dijeron: “no pues esa es una señal, buena”.
Y luego vamos con el comca’ac, con el seri, y ahí empieza
también a caer estrellas. Y empieza a haber un relámpago,
como que está haciendo rayas en el cielo, pero de luz. Y el
día en que nos vamos yendo, la tortuga que nunca sale, asoma
la cabeza. Y entonces el de ahí dice: “esa es buena señal”.
Llegamos a Hermosillo que nunca llueve y no es temporada, todo el
día lloviendo.
Llegamos con los pimas, que hacía un frío de la fregada,
y en determinado momento de la noche, como un aire tibio, y no sabemos
porqué, sólo un ratito.
Y así en cada lado donde estamos pasando hay como una señal,
que nosotros decimos que quiere decir algo.
Y cuando llegamos aquí, me senté en la mesa me encontré
este escarabajo. Chiquitillo mira, es un escarabajo, no hace nada.
De éste hay allá en mi tierra. Y entonces hay uno que
nosotros le pusimos que se llama Durito, cuenta cuentos para niños
y para adultos —porque luego son medios rojos—.
Y entonces nosotros estamos pensando cómo es que se junta
la historia de Chiapas —y del EZLN— con la del pueblo
de Sonora.
Si ustedes no ven todas estas señales que estamos viendo nosotros,
entonces ¿quién las va a ver? Vean su dolor, vean la
injusticia que tienen, es la misma que tenemos nosotros. Y que toda
esta gente está haciendo, recorriendo todo el país y
la está recogiendo.
Entonces qué esperamos para ponernos de acuerdo y unirnos.
No es que se vayan para otro lado, aquí mismo. Que comisionen
a Fausto o a alguien que sea el contacto, el enlace pues —decimos
nosotros—, el mensajero, para que a la hora que va a pasar algo,
apoyarnos mutuamente y que alguien va y viene con el mensaje pues.
Aquí no se está pidiendo que viene otro a darles órdenes,
ustedes mismos. Lo que se pide es que nos pongamos pues de acuerdo.
Entonces ahí, si el escarabajo pues —Durito— vino
a aparecer en las tierras del mayo, en Sonora, y vengo yo también
de Chiapas, pues quiere decir que tenemos que ponernos de acuerdo.
O si no, pues somos tarugos en Chiapas y en Sonora. Y nosotros no
queremos eso. Queremos pues que cambien las cosas para bien de todos:
que los ancianos sean respetados, las mujeres sean respetadas, los
niños, los jóvenes. Todo lo que no está pasando
ahorita. Y hay una cosa que no nos deja: que son los políticos,
ésos son los que hay que quitar.
Y ahí vamos a ver que detrás de ellos, está
el que manda: es el rico, ése es el que quiere la tierra. Y
nomás nos pone a los políticos para estarnos entreteniendo,
para que no nos demos cuenta, a veces ni la cara da —y no usa
pasamontañas—.
Entonces, lo que nosotros decimos: hay que quitar a ésos —a
los ricos y a los políticos—, y volver a hacer otra vez
de nuevo todo, porque no quedó cabal. Como que hubiéramos
hecho esta casa —has de cuenta que es el país—
y a la hora de la hora no nos damos cuenta: no, pues no quedó
bien, porque está chueco lo de arriba. Hay que tumbarlo y volverlo
a hacer de nuevo, así es el país. Hay que tumbar al
gobierno y sacar al rico, meterlo a la cárcel.
Ustedes saben que en la cárcel sólo hay gente humilde,
no están los ricos, y ésos pueden hacer fregadera y
media y nadie les dice nada —hasta en la televisión sale—.
¿Y cuándo han visto la cárcel? “No pues
que está en arresto domiciliario” —dicen—,
lo encierran en su casa. Ves su casa: ¡uta! hasta yo quiero
que me encierren ahí, una casota, tiene su alberca y todo eso
—ya cuando me tomen preso, yo voy a pedir que ahí me
lleven, ahí los invitó a que lleven cigarros, no sean
gachos—.
En cambio al pobre campesino, al indígena, peor si no habla
español, pa’ dentro, y luego resulta que no sabe ni poder
decir su nombre en español y está acusado de asesinato.
Y nunca sabe, nunca ha salido de su casa, nomás que llegó
la policía y tiene que agarrar a alguien, lo agarra, lo tortura
y lo hace que firme lo que sea, pues si lo está torturando
y ahí está en la cárcel. Y nos cuentan historias,
todos indígenas: mayos, yaquis, seris, pimas, pápagos,
son los que están llenos la cárcel de Hermosillo. No
hay ningún político y el que debía estar ahí
—ustedes lo saben— es Bours. Ése es el que debía
estar en la cárcel por ladrón, y por baboso también,
porque además puras tonterías dice —como que ya
está agarrando la onda de Fox—.
Entonces, lo que estamos proponiendo nosotros compañeros es
ese: que lo piensen, que con Don Fausto, digan, estudien esto: “bueno,
¿qué mero quieren éstos que llegaron?”.
Y si es que están de acuerdo —porque es voluntad no es
que se da la orden—, si están de acuerdo, ustedes diga:
“nosotros le entramos a la Otra Campaña”.
Y ¿qué les pedimos? Sólo les pedimos una cosa:
que oigan a otro como usted. Así como nosotros venimos a escucharlos
a ustedes, que ustedes oigan. Pero no es que van a ir hasta Chiapas
o lo que sea, sino que los compañeros que pongan de enlace
les estén trayendo: “miren ya pasó en Chihuahua
y dijeron esto los rarámuris” —o sea los tarahumaras—
“o esto está pasando en Juárez”, según
qué dice la gente, no qué dice el periódico.
Y ahí vemos que sale el periódico que dice Fox que
las muertas de Juárez, pero ahí vamos a hablar con las
mamás de esas muchachas, a ver qué van a decir, a ver
si es cierto que hay justicia. Y así en cada lugar. Y ahí
van a encontrar esto que les venimos a decir: van a encontrar que
no estamos solos, no están solos aquí, aunque esté
apartado.
Y van a ver que a través de estos micrófonos, de estas
cámaras, como que se hace un puente por abajo, que no se mira,
hasta que se mira, y cuando se mira, es que ya empieza a caerse todo
lo que está arriba.
Y uno puede decir: “no pues está muy difícil”,
pero Porfirio Díaz parecía que era intocable un día
antes de caer. Y todo el poder que tenía parecía que
es lo grande, nadie lo puede tocar, un día antes de caer. Y
un día después, su ejército, su policía
y él, no quedó nada. ¿Y si saben quién
lo chingo? ¿no?, en el norte: el ejército de Obregón
y el ejército de Villa, fue el que los hicieron pedazos.
Nomás que aquí no se trata de lucha armada, se trata
de organizarnos y pelear. Y que pueda pelear el compa que ya tiene
edad —80 y tantos años— y la niña, y el
niño que están aquí. ¿Pues cómo?,
pues diciendo: “así esto está mal, tenemos que
cambiarlo” y hablando con otros niños. Donde quiera hay
niños pues, que están chavalillos pues, ya están
viendo que están mal las cosas. Si no, ¿qué le
va a tocar? Como dijo el compañero: “¿qué
le vamos a heredar pues a nuestra gente?”. Porque a ustedes
les heredaron la tierra y un problema. A ellos les van a heredar la
desesperación y la angustia nada más de qué van
a hacer.
Lo que sea lo que nos va a pasar, pues les vamos a heredar una vida
digna, a ellos y a los que siguen de ellos. Y un día van a
decir: “aquí, en los Citahuis nos juntamos y decidimos
que vamos a cambiar el país”. No que otro lo va a cambiar
por nosotros, no que va a venir un político y lo vamos a llevar
a la presidencia y él solito desde arriba, va a caer. No, eso
no existe. Existen los cambios cuando la gente de abajo se organiza.
Y entonces le van a poder contar la historia a ellos y a sus hijos
de ellos, y a los hijos de los hijos —cuando ya tengan la edad
del compañero— y le van a decir: “llegó
un momento en que dijimos ya basta, ya no más, y empezamos
a organizarnos con otros. Y ahorita este México que vez que
es diferente, es diferente porque nosotros luchamos, porque no nos
dejamos, porque nos cansamos, porque nos organizamos y nos unimos
con otros”.
Gracias compañeros.