Palabras de Delegado Zero en la reunión
con locatarios del tianguis Héctor Espino.
Hermosillo, Sonora
23 de octubre del 2006
Bueno, compañeros, compañeras, buenas tardes. Gracias
a los tianguistas que nos recibieron aquí en el local de Héctor
Espino. Y al compañero pues, que nos dio la carne asada y los
burritos. Cuando dijeron que iban a dar burritos, pensé que
va a venir el gobernador —qué bueno que no—.
Miren, lo que nosotros estamos haciendo y lo que se sabe. Porque
es importante que cuenten los problemas que hay, porque en el resto
del país se dice que “el norte de México es panista
y que todo mundo vive bien y que todos están contentos y que
nadie tiene necesidades” —así están diciendo—.
Y nosotros que ya pasamos por Sinaloa, Baja California Sur, Baja
California, y ahora estamos en Sonora, pues vemos que no es cierto
lo que se está diciendo arriba. Donde quiera que hemos pasado
hay gente que tienen necesidad. Y donde quiera que hemos pasado hay
gobiernos que se están haciendo tarugos en lugar de hacer su
trabajo.
Ahorita los compañeros nos están diciendo pues, de
los retenes que hay, que vienen pues desde el Norte, desde la frontera.
Se supone que esos retenes son para que no se pasan armas y drogas,
pero lo sabemos bien que lo que hacen en esos retenes es extorsionar
a los pequeños comerciantes y quitarles las cosas, o pedirles
que se mochen con la mordida.
Y entonces lo que vemos es que no es justo que la gente está
trabajando todo el día y finalmente el dinero se lo está
llevando alguien que nomás está molestado. Lo hemos
visto en otras partes de la República estas quejas. También
hemos visto que, pues ahora sí que el gobernador aquí
nomás no gobierna, o no gobierna pues para la gente de abajo.
Ya después vamos a platicar más de que estuvimos con
la comunidad seri, de todo lo que hemos visto allá. Pero ahorita
lo que les digo es aquí de los tianguistas, un poco lo que
es el plan de ellos, para que se pongan abusados porque lo hemos visto
en otras partes.
Los planes de los gobiernos es que lo que debe crecer son los centros
comerciales de lujo y los comedores de lujo que son de capital norteamericano.
Entonces, no importa que aquí se venda mejor comida y más
barato, ni se vendan mejores productos. Lo que se trata es que se
espante la gente de que hay problemas, y mejor se vayan a comprar
a los centros comerciales.
Por eso provocan la división entre los tianguistas, para que
haya choques y enfrentamientos y la gente diga: “no, no vayas
al Héctor Espino, porque ahí nomás puede haber
problemas o se van a pelear”. Y entonces terminen yendo a los
grandes centros comerciales. Y eso nos parece injusto porque la gente
que está aquí no es criminal, ni está robando.
Si fuera criminal o estuviera robando sería gobierno del estado
de Sonora o presidente municipal de aquí de Hermosillo.
Entonces, si sabemos pues que estamos haciendo una lucha honesta
por sobrevivir. Porque no le estamos quitando nada a nadie, lo que
estamos haciendo es ganando el pan de cada día y conseguir
un poco de paga. ¿Por qué nos están haciendo
eso de los gobiernos? Si se supone que el gobierno debe estar para
ayudar a la gente más necesitada, y lo que vemos es que está
ayudando a los que más tienen.
Ustedes acaban de ver ahora que pasó las elecciones —que
por cierto el gobernador de aquí es del PRI, pero jaló
con el PAN, con Felipe Calderón, o sea se puso de acuerdo con
Elba Esther Gordillo—, pues ya ven que vinieron los políticos,
los tres: Madrazo, López Obrador y Felipe Calderón.
Y a prometer cuánta cosa que se les ocurra para pensar que
nosotros vamos a depositar nuestra confianza en un voto —que
además no respetaron porque hicieron fraude—.
Y entonces nosotros estamos pasando por la República para
descubrir otro México, ese que no sale en los periódicos
ni en la Televisión. Porque de veras, que en cualquiera que
vea la televisión nacional de paga o que lea los grandes periódicos,
dice que en el norte no pasa nada, que toda la gente está tranquilo.
Y nada más están diciendo que en Sonora y en Sinaloa,
puros levantamientos, puros choques de narcotraficantes. Entonces,
la imagen que se está dando de nuestros estados del norte,
es nada más como si fueran una cueva de ladrones, como si nada
más aquí vivieran narcotraficantes y criminales. En
lugar de que se vea que hay gente que está trabajando —como
ustedes— aquí en este tianguis.
Hace rato estábamos comentando pues, con el compañero,
de la trayectoria beisbolística de Héctor Espino. Y
nos estaba contando él, que aquí, a cada parte le pusieron
nombres de beisbolistas. Es mejor eso que ponerles nombres de políticos,
porque ya sabemos que nada más están robando.
Entonces nosotros estamos pasando para que se escuche su voz. No
estamos yendo a los centros turísticos, ni hablando con los
políticos, estamos hablando con gente como ustedes. Y lo que
estamos haciendo es lo que no hace ningún político,
que es preguntarles cómo está la situación, para
que se conozca. Porque sólo este movimiento es el que los escucha.
Y a ver si le da vergüenza al gobernador y al presidente municipal
lo que aquí nos contaron, porque en lugar de hacer para que
la gente aquí puede trabajar en paz y tranquila. Y pueda llegar
la gente contenta a comprar las cosas buenas que se venden aquí,
pues nada más está provocando la división y el
enfrentamiento.
Nosotros no estamos buscando ningún cargo, nosotros no estamos
haciendo partido político. Nosotros lo que estamos haciendo
es escuchando la palabra de abajo, y que otros en otras partes los
escuchen. Este problema que tienen ustedes como tianguistas lo escuchamos
también en la ciudad de México, y también en
Veracruz, y también en Chiapas, en los mercados.
Y siempre nos están diciendo este problema: que está
uno todo el día chambeando, y aparte llegan los inspectores
o los funcionarios a pedir mordida porque si no lo van a cerrar. Y
si quieren meter pues mercancía los acusan de contrabando,
y ellos ven cómo los grandes camiones de las grandes empresas
pasan y nadie les dice nada. Y además lo sabemos bien que las
cosas que venden en esos centros comerciales son más caras
y son más chafas que las que se venden en los mercados populares.
Entonces, nosotros queremos que esa voz que ustedes están
dando llegue a estas otras partes de la República, para que
se hace un acuerdo, no sólo en el tianguis del Héctor
Espino, no sólo en Sonora, sino en todo el país, para
exigir los derechos del pequeño comerciante y de los ambulantes.
Que no están haciendo ningún crimen, sino lo único
que están haciendo es trabajar con dignidad, que es lo que
está haciendo cualquier gente acá. Y que los gobiernos
de los estados, de los municipios y el federal, no sólo tiene
que dejar de molestar a la gente, sino además tiene que dar
los apoyos, que ahorita se le están dando a los grandes ricos.
Nosotros lo que queremos es organizarnos compañeros. Que cada
quien se organice donde está, pero no para que manden aquí
los zapatistas en Hermosillo o en el tianguis, sino que los mismos
tianguistas se organicen y ellos digan qué es lo que se tiene
que hacer aquí y cómo se va a hacer. No que venga ningún
cabrón licenciado a empezar a dividir o a decir cómo
van a hacer las cosas. Si él nunca ha vendido pues en un tianguis,
nunca ha trabajado en un mercado público, ¿cómo
va a saber la necesidad de la gente aquí?
Lo que nosotros decimos es que la misma gente se tiene que organizar,
así como nos organizamos nosotros allá en Chiapas, donde
las mismas comunidades indígenas son las que mandan y las que
deciden qué se hace. Por eso, allá antes no había
hospitales ni escuelas, y ahora sí hay. Pero no las puso el
gobierno, ni una cosa ni otra, la hicieron las mismas comunidades
con el apoyo de otras partes. Y ahí nosotros mismos hicimos
las construcciones. Y los maestros y la gente que está atendiendo
en los hospitales es nuestra misma gente que se capacitó, y
que se pudo hacer ese conocimiento para darlo al bien de la gente.
Allá donde estamos nosotros no manda el gobierno, ni Fox,
ni el gobierno del estado de Chiapas, ni los municipios. Mandan pues
las mismas comunidades que ponen y quitan autoridades.
Lo que nosotros queremos de ustedes, no es que se entran a un partido
político, se entran con nosotros, o que van a hacer los que
les digamos. Lo que queremos es que cuando luchen por sus demandas
—como ésa que nos dijeron aquí: que haya respeto
de la autoridad y que se unan todos los tinguistas— ya no estén
solos, sino que lo podamos apoyar nosotros, pero también otras
organizaciones que vienen en la Otra Campaña. Porque también
hay otros locatarios de mercado, otros vendedores del pequeño
comercio —que decimos—, que también ven todas esas
injusticias y no ven la forma de la salida. Porque lo saben bien ustedes
que el gobierno los trae vuelta y vuelta con papeles. Y en la vuelta
y vuelta, como quiera sigue subiendo la luz, la renta, el predial,
los impuestos y los precios de las cosas que tenemos que consumir.
Y entonces como que nos están aventando al precipicio para
que nos vamos a caer, y tenemos que buscar la forma pues de sobrevivir.
Nosotros pensamos que así solos no se va a poder. Hay que
hablar con los otros tianguistas de las otras organizaciones que están
aquí. Y decirles claramente que si sigue la división,
van a perder todos —también ellos—, porque finalmente
aquí va a haber un enfrentamiento, va a haber una desgracia,
un muerto o algo. Y entonces el gobierno va a decir: “se cierra
el tianguis”. Y en lugar de eso, van a ver que va a haber aquí
un centro comercial. Y se van a quedar sin el empleo y la gente que
antes compra aquí, bueno y barato, ahora ya no va a tener dónde,
va a tener que pagar más.
Ellos lo que quieren —los que están allá arriba—
es sacarnos, compañeros: de Hermosillo, de Sonora, de todo
el país. Ellos quieren pues, entregar esta nación a
los grandes ricos pues de otros países. Ya lo vimos, no estamos
inventando. Llegamos a Bahía de Kino, compañeros, compañeras:
grandes casas de lujo, puros letreros en ingles. Cuarenta minutos
más adelante, la comunidad seri, casas de cartón, sin
drenaje.
¿Cómo es posible, que Bours esté diciendo que
Sonora avanza? Si las comunidades indígenas en este estado,
están viviendo como en la época de la Colonia, como
cuando dominaban aquí los españoles. Y en lugar de españoles,
los que están dominando en estas tierras son norteamericanos,
japoneses, coreanos, no importa quién, de qué color
es el dinero, que es el que está mandando.
Y da coraje, porque estas cosas que traigo nos dieron en la comunidad
seri. Y nadie puede llegar allá para conocer esa riqueza cultural.
Son indígenas que tienen su propia lengua, su propia cultura.
Y debería ser un orgullo para Sonora, porque es gente bien
chingona, como toda la de Sonora de abajo, la de arriba no. Y no se
puede llegar porque hay un camino de terracería, que cuando
llueve —como ahorita— no se puede pasar. La carretera
llega nada más a donde están las casas, las viviendas
y los comercios de los norteamericanos.
Ni siquiera es cierto que van a dejar aquí beneficio ésos
que vienen de afuera, porque nos platicó un indígena
seri —que trabaja ahí con los gringos—, que cuando
se les acaba la comida, se van a la frontera, compran la comida allá
y luego se vienen otra vez acá. Lo único que está
dejando esa gente en Sonora es su basura, lo estamos viendo claro,
pues.
No es que lo inventamos pues, lo vimos. Y nosotros decimos: porqué
los retenes no le hace nada a esa gente que nomás está
metiendo comida de fuera en lugar de venir a comprar aquí al
tianguis de Héctor Espino, que es mucho mejor la comida —ahorita
le vamos a entrar a la carne pues—.
Entonces nosotros estamos viendo eso pues, compañeros y compañeras.
Y estamos pensando qué vamos a hacer. Si vamos a esperar que
llega un partido político que se va a portar bien, no se va
a portar bien compañeros. La policía lo que está
haciendo aquí es deteniendo a la gente pobre. A la gente rica,
a los grandes narcotraficantes no les hace nada.
Entonces, de qué sirve que vamos a estar esperando: “que
si el PRI, que si el PAN, que si el PRD, a ver si quiera dios sale
uno que no es ladrón”. Todos, lo hemos visto que todos
son ladrones. Si entra cualquiera de ustedes de diputado —con
trabajo tiene un local— o de presidente municipal, al rato ya
tiene casa, carro y lo que sea. ¿Y de dónde sale el
dinero si no trabaja? Esa gente no trabaja, ¿y por qué
cada día tiene más dinero?, ¿y por qué
la gente que sí trabaja, cada vez batalla más? Pues
porque lo que está mal es todo el sistema, no es un partido
político.
Nosotros no decimos que hay que votar por uno y por otro. Nosotros
decimos que hay que mandar a la fregada a todos los políticos,
a todos: al presidente municipal, al congreso del estado, al gobernador,
al presidente de la República, a los diputados, a los senadores.
Y tenemos que organizar otra vez desde abajo, mismo con la misma gente
que vaya viendo quiénes son buenos líderes o quiénes
son buenos dirigentes. Y si se empieza a corromper o vender, quitarlo
y poner otro. Y así cada vez para que se vea bien cómo
es el avance de cada cosa.
Miren, hay que hacer una pregunta, porque los grandes políticos
se enriquecen y uno pregunta ¿de dónde sale el dinero?
si cada vez que vamos a pedir un apoyo, nos dicen que no hay presupuesto.
Sale de lo que están quitando. Si todo ese dinero en lugar
de que se quedan los políticos, realmente se aplica para lo
que necesita la gente, de veras que todo el país se va a levantar.
Y entonces sí va a poder decir: “el norte, el centro
y el sur de México, que vive bien”, no ahorita las mentiras
que nos están diciendo. Porque nos dijeron pues que: “nombre,
allá nadie te va a hacer caso porque toda la gente está
bien contenta”. Y estamos viendo que no es cierto, que la gente
está bien brava, bien indignada por los engaños de los
políticos y porque no mejora la vida.
Parece pues como que no hay otra cosa que hacer: “pues ni modo,
así nos tocó”. Pero sí hay otra cosa que
hacer, es eso de la Otra Campaña. Viera que se organizan entre
ustedes como tianguistas y llevamos su palabra lejos hasta México,
imagínense que se levanta aquí un movimiento por justicia
y los apoyan en la ciudad de México con su nombre: a la Unión
de Tianguistas de Hermosillo del local Héctor Espino. Que llegara
ayuda de otros lados, pues ya no estaríamos solos, ya no. Porque
ahí es donde nos están ganando: que cada quien está
por su lado, a veces sólo una familia, a veces sólo
una persona, a veces sólo un locatario, a veces sólo
una unión, y entonces es donde nos pegan. Pero si nos estamos
uniendo todos los de abajo, entonces podremos hacer esto.
No se trata que nos vamos a levantar en armas, no. Este es un movimiento
civil y pacifico. Es nuestro derecho, porque dice la Constitución,
dice la Constitución, que el pueblo puede cambiar a su gobierno
si no sirve, es nuestro derecho. Pero resulta que no lo podemos cambiar,
porque cada seis años, nos cambian pues la cara del que va
a mandar, pero es el mismo ladrón, aunque cambia de partido
político.
Entonces nosotros, compañeros y compañeras los invitamos
que lo piensan, que lo piensan bien. Nosotros lo que estamos invitando
es a cambiar a México, todo, no nada más una partecita,
ni nada más un partido político. A volver a organizar
todo como cuando en 1810 se hizo la Independencia contra España,
como cuando en 1910, se hizo la Revolución contra Porfirio
Díaz, ya va a ser el 2010 y tenemos que pensar qué vamos
a hacer.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Universidad de Sonora, Sonora
23 de octubre del 2006
Buenas noches. Queríamos agradecerles la paciencia para escuchar
nuestra palabra, y para escuchar la palabra del compañero del
Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco, y del Congreso
Nacional Indígena.
Llegamos un poco tarde porque estábamos en el tianguis del
Héctor Espino. Y entonces, nos dijeron: ahí va el burrito.
Yo pensé que era el gobernador Bours y me espanté porque
nosotros no hablamos con delincuentes.
Yo vengo hablando a nombre de comunidades indígenas de los
pueblos tzotzil, tzeltal, chol, tojolabal, zoque y mame. Vivimos en
las montañas del sureste mexicano y ahora me ha tocado traer
el oído y la palabra de las comunidades zapatistas.
Según nuestra tradición cultural, el mundo fue creado
por varios dioses. Unos dioses muy bailadores, muy reventadores —también
decimos—, que no lo hicieron cabal. Dejaron cosas pendientes,
o cosas que se hicieron mal.
Una de ellas fue que no hicieron a los hombres y mujeres cabales,
todos, es decir, de buen corazón. Sino que se les salió
por ahí algún gobernador, o algún presidente
del país que salió con el alma mala y con el corazón
chueco.
Cuando se dieron cuenta los dioses de esta injusticia, de que había
hombres y mujeres que estaban viviendo a costa de los demás,
quisieron ayudar algo a los hombres y mujeres de maíz. A los
pueblos indios de este país.
Y para ayudarlos les quitaron una palabra: les quitaron el “yo”.
En los pueblos indígenas, en los de raíces mayas y en
muchos pueblos de este país, la palabra “yo” no
existe. En su lugar se usa el “nosotros”.
En nuestras lenguas mayas es el “tic”. Esa terminación
de “tic”, que menciona al colectivo o a la colectividad,
se repite una y otra vez. Y no aparece por ningún lado el “yo”.
(Palabras en tzotzil) “Nosotros no tememos morir luchando”,
decimos nosotros. Nunca hablamos en singular. El “tic”
que se repite una y otra vez en nuestras lenguas, viene a ser como
el tic-tac de ese reloj que nosotros queremos llegar, para ser parte
de este país, sin ser una vergüenza para él, una
afrenta o un motivo de burla o de limosna.
Cuando nosotros empezamos a ver lo que teníamos que hacer:
de recuperar un lugar en este país, y vimos que topábamos
pared por el lado de los políticos, empezamos a buscar por
todas partes a esos hombres y mujeres —como los de la Sonora
digna que ahora nos recibe— que habían volteado el corazón,
el oído y la mirada hacia los últimos hijos de esta
tierra. Hacia el rincón más olvidado de este país
que está, en efecto, en el último rincón de la
República mexicana: en las montañas del sureste mexicano.
Ustedes pueden pensar que el “yo” los salva. Que el “yo”
los mantiene fuera de cualquier injusticia. Que Chiapas queda muy
lejos. Que la nación tohono o’odham, o la nación
comca’ac —o seris, como les dicen ustedes— queda
suficientemente lejos de la universidad de Sonora. Que la injusticia
no los va a alcanzar.
Pero hay una historia, que cada uno lleva, que da vergüenza
y da pena. Una mujer que es agredida sexualmente, violada. Y cuando
llega a protestar, le dicen: “y ¿para qué te vistes
así? ¿por qué enseñas así tu cuerpo?
es que de por sí buscabas que fueras agredida”.
Un joven que es golpeado, humillado, metido a la cárcel. Y
como explicación les da: “¿por qué te vistes
así? ¿por qué te peinas así? ¿por
qué te juntas con esa gente?”
Un investigador o un académico que decide que sus alumnos
deben enfrentar la realidad, y no el mundo aséptico de la academia,
y empieza a contar lo que está ocurriendo después, y
es despedido o sancionado. Y le preguntan: ¿por qué?
Y le contestan: “porque eres así”.
Cada quien va construyendo en su “yo” su dolor. Y nadie
está exento. La bala que nos mate, el garrote que nos golpee,
el barrote detrás del que estaremos, la humillación
de un despido o de una mala palabra, no importará entonces
de dónde vino, si siempre va a lastimar el “yo”
que tanto y tanto promovieron los que están allá arriba.
Para poder transformar esto en otra cosa, habría que pensar
en lo que va a pasar. Hagan de cuenta que pudieran meter el acelerador
a la película de su vida. Años en la universidad viendo
cómo se va transformando poco a poco, o rápidamente,
en una institución privada. Suben las cuotas, suben el costo
de los laboratorios, sube el costo de la biblioteca. Y baja, al mismo
tiempo, la calidad. Cada vez maestros más mal pagados, cada
vez las investigaciones dirigidas hacia otro lado.
Porque aquí se ha hablado de la maquila, y uno piensa en una
fábrica, y olvida que también se maquila el conocimiento
científico. En las universidades públicas, entre comillas,
de nuestro país, se maquila el conocimiento científico
que necesitan las grandes transnacionales. En un laboratorio se está
produciendo un pedazo de un conocimiento que luego se va a unir con
otro y va a producir —contra toda ética humana, y sobre
todo universitaria—, va a producir destrucción y muerte.
A veces, pocas veces, los investigadores se dan cuenta de esto y
se rebelan. Así como el académico se rebela. E inmediatamente
está la estructura burocrática universitaria que en
nada, o en poco, se diferencia de la estructura burocrática
del Estado o del gobierno, para poner de un lado —o encapsular—
a ese maestro o a ese investigador.
Sigan adelantando la película. Años estudiando, consiguen
la paga, se empeñan, y acaban con honores. Un hombre, mención
honorífica, llega a buscar trabajo: ingeniero, médico,
químico —lo que ustedes quieran—. Y resulta que
el trabajo lo obtiene el primo del hermano, del cuñado, del
que le bolea los zapatos a Bours.
Y uno se pregunta en ese momento: ¿de qué sirvió
tanto empeño y de qué sirve ese papel que dice graduado
con honores en la Universidad de Sonora? Si a la hora de la hora,
es un idiota el que va a tomar el puesto. ¿Dónde está
la justicia? Y resulta que Chiapas no está quedando tan lejos,
ni el territorio o’odham, ni el territorio comca’ac.
Porque esas injusticias se empiezan a reproducir en todas partes.
Resulta que el “yo” que cada uno va construyendo, no es
más que un basurero para los de allá arriba. Misma historia,
adelantamos la película.
Una mujer graduada con honores. Llega a buscar trabajo, y el que
la va a emplear la mira de pies a cabeza, para decidir si la contrata
o no. Nada de sus conocimientos, nada de su capacidad, únicamente
su apariencia física. Si le tocó la suerte de ser hermosa
—o sea, chaparrita, gordita y morena— la van a dejar fuera.
Si responde a los patrones de belleza impuestos, entonces, no importa
su conocimiento, sino los favores o si es accesible a su empleador.
Y entonces, ¿para qué el estudio? ¿para qué
la universidad?
Y uno se da cuenta que el “yo” empieza a romperse y que
vienen cosas incompletas. No basta una universidad, se necesita otro
sistema que le garantice al estudiante un empleo digno y justo. Y
para eso empiezan a aparecer muchos estorbos por un lado y por otro.
Y uno se va dando cuenta y empieza a voltear por otros lados, y descubre
que el territorio o’odham es usado como basurero de deshechos
tóxicos. Y uno piensa que el desierto de Sonora —en la
parte que hace frontera con los Estados Unidos— está
muy lejos de Hermosillo. Pero la tierra, compañeros, compañeras,
es como el cuerpo humano. Si se envenena en un lado, se envenena todas
partes.
Y uno piensa que lo que está ocurriendo en el territorio seri
nos queda muy lejos. Porque venimos de allá y vimos en Bahía
de Kino grandes construcciones lujosas para los norteamericanos. Y
a menos de media hora de ahí, en Punta Chueca, la comunidad
indígena seri vive en casas de cartón, justo como vivía
antes de 1910, y antes de 1810.
Y sabemos, por boca de ellos, que su corazón, el que los protegió,
el que les dio la vida, que es la Isla del Tiburón, cada tanto
es sobrevolada en helicóptero por este pequeño reyezuelo
Bours, como si fuera su dominio.
Cuando me contaban eso recordé la historia del emperador,
perdón del gobernador Estrada Cajigal de Morelos, que para
excitarse se sube al helicóptero. Se lleva su novia —no
sé si Bours lleva novio o novia—, pero no sé qué
les pasa que necesitan… ¿Qué les pasa a los gobernadores
que necesitan un helicóptero para ponerse cachondos? Es algo
que va a haber que investigar.
Si nosotros seguimos corriendo la película de lo que va a
ser nuestra vida, vamos a descubrir lo que pensamos que estamos descubriendo
aquí en la Otra Campaña: que si el dolor es individual,
la posibilidad de aliviarse y de curarse tiene que ser en colectivo.
En el “tic”, en el “nosotros” que estamos
construyendo.
Y eso es lo que queremos hacer acá en la Otra Campaña.
Nosotros no queremos decirle a la Universidad de Sonora cómo
debe ser. Nosotros queremos hacernos compañeros y compañeras
de la comunidad universitaria de la Universidad de Sonora, en su lucha
por una universidad digna. Que no sea una vergüenza decir que
se es de Sonora y se es de la Universidad de Sonora. Como para nosotros
no es una vergüenza decir que somos zapatistas de Chiapas.
Eso es lo que estamos buscando en cada lugar: construir un “nosotros”.
Imagino que muchos de aquí se habrán acercado con el
escepticismo que nos han sembrado: un nuevo movimiento, un nuevo líder,
un nuevo corrupto en el futuro. Se hace un movimiento y Marcos termina
de gobernador —no, es muy feo eso, no me deseen ese futuro—,
con un puesto, o con dinero, lo que sea. Y las necesidades de la gente
quede fuera.
Nosotros, como dijo Octavio, no estamos buscando un líder,
quién nos mande. Ni tampoco estamos buscando una masa a quién
mandar. Estamos a los mejores hombres y mujeres de cada lugar. Ésos
que sientan por esta tierra, por este aire y por este mar, lo que
nosotros los zapatistas desde Chiapas sentimos. Que sientan el mismo
dolor por el territorio o’odham, y por el territorio seri, que
sentimos nosotros que estamos en el otro rincón de esta país.
Porque lo tienen aquí.
Y todo esto viene a cuento porque los compañeros y compañeras
de la nación tohono o’odham y los compañeros seris,
nos han dicho que han visto señales en la tierra, en el aire
y en el mar, que hablan de que algo va a ocurrir.
Yo soy un Subcomandante cualquiera, pero algo he leído y según
yo, en 1906, Sonora, con Cananea, anunció la revolución
de 1910. Nosotros pensamos, por estas señales que nos dan los
pueblos indios, que otra vez, en Sonora, en las tierras de Sonora,
brillará la profecía que unos años después
habrá de hacerse realidad.
Nosotros queremos que en el pase de lista que estamos haciendo por
todo el país, el hombre y la mujer dignos de la Sonora digna,
o sea la de abajo, diga presente y convierta su “yo” e
el “nosotros”.
Ofrecemos respeto, ofrecemos oído, ofrecemos luchar y morir
por ustedes. Gracias compañeros, gracias compañeras.
Universidad de Sonora. Sonora
Facultad de Economía
23 de octubre del 2006
Bueno, buenas noches. Nosotros queríamos contarles una historia,
de la que… la historia que no aparece a la hora de las cámaras
y de los micrófonos. Que es cómo fue que empezó
el movimiento nuestro del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional. Según tengo entendido, la mayoría de los que
están aquí, o un número de ellos, son de Economía,
aquí de la Universidad de Sonora. Y tiene que ver con esta
cuestión de la economía.
Según nuestra concepción, como zapatistas, a la hora
que se hizo la conquista de nuestro país por el imperio español,
vinieron primero los ejércitos españoles, derrotaron
a nuestros ejércitos de los pueblos indios. Y detrás
de ellos, vino un modelo económico. El modelo económico
que empezó a discutir si los indígenas eran seres humanos,
o eran animales.
Esta discusión sobre si los indígenas tenían
alma o no duró bastante tiempo, y en el entretanto, los indígenas
fueron tratados como animales. Cuando se decidió que, en efecto,
los indígenas eran seres humanos, se dijo que eran como niños,
que necesitaban ser cuidados por alguien, encomendados a alguien.
Y fue cuando se hicieron las encomiendas.
Luego vino toda la historia de la Colonia, que significó una
guerra de despojo y de robo flagrante de las riquezas naturales de
este país. Grandes yacimientos de plata y de oro fueron saqueados.
Y la población indígena no fue aniquilada, simple y
sencillamente, porque significaba una mano de obra barata, regalada.
Aunque en términos estrictos no se hablaba de esclavitud,
los indígenas eran los esclavos en estas tierras. Vino la guerra
de Independencia, y vino un cambio de gobierno, sin que cambiara el
modelo económico. Los indígenas pusieron la sangre.
Fueron la carne de cañón. Derrocaron al imperio español
y se creó lo que ahora es México.
Después volvió a agotarse las condiciones de vida y
se dio el alzamiento de 1910, que como decía hace rato, en
realidad empieza en Sonora, en Cananea, en 1906. Y nuevamente un grupo
político tomó el poder y para las comunidades indígenas
no cambió nada.
Esta guerra contra los pueblos indios, los pueblos originarios de
estás tierras, significó para algunos que les quitaran
la tierra. Y para otros, que fueran aventados a las montañas
o marginados completamente de la geografía nacional. Las comunidades
indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano,
no existían para el gobierno ni para el resto de la República.
No había censos, no había votaciones. La gente podía
nacer y morirse sin que fuera tomada en cuenta, porque nunca había
un registro de quién nació y quién murió.
Así como para el gobierno de Sonora, no existe el pueblo comca’ac,
ni el pueblo tohono o’odham. Porque sigue viviendo en las mismas
condiciones de aquellas épocas.
La situación en la que nos encontrábamos nosotros nos
llevó al límite: a tener que decidir entre si nos moríamos
de enfermedades curables, o nos moríamos peleando. Yo les pido
que entiendan esto, porque por lo regular se plantea la opción
entre vivir o morir. Las comunidades indígenas de Chiapas sólo
podían elegir en la forma de morir. No había ninguna
esperanza de vida.
Eran tal las condiciones de miseria, de desprecio, de racismo que
imperaban en Chiapas, que impedía que los indígenas
caminaran por las banquetas de las calles de las ciudades. Tenían
que caminar por la calle, como los animales. Las mujeres jóvenes
que se iban a casar, antes pasaban por manos del finquero, del terrateniente,
en lo que se llamaba el derecho de pernada. Y no les estoy hablando
de 1806, les estoy hablando de 1992. Que eso es lo que ocurría
en las comunidades indígenas zapatistas —ahora zapatistas,
entonces no se sabía—.
Ahí el modelo económico era muy sencillo: era, se trataba
que las grandes extensiones de tierra, el plan —como decimos
nosotros para decir: el plano—, las buenas tierras que tenían
riego, eran dedicadas a la ganadería extensiva. Sólo
se sembraba zacate pues para el ganado de los grandes finqueros, y
no se sembraba ningún producto alimenticio. Se daba esta paradoja
de que Chiapas, las regiones indígenas eran productoras de
carne y nunca había carne en las mesas de los índigenas.
Todo era llevado a la capital y de exportado —a la capital del
estado—, y de ahí exportado a otras partes de nuestro
país.
Las comunidades indígenas tenían que sostenerse en
el cultivo del café. Que como ustedes saben en economía,
depende del precio que dicten los grandes monopolios. Y subía
y bajaba, sin que las comunidades pudieran entender de qué
se trataba. Porque el trabajo para cosecharlo era el mismo, pero el
precio siempre cambiaba, y siempre a la baja.
Si ustedes están pensando que están produciendo en
un pedazo de tierra y tienen que preocuparse por vender su producto,
en el caso de las comunidades zapatistas, tenían que preocuparse
por llevar ese producto al mercado. Y encontrarse con los intermediarios
—que nosotros les decimos allá: coyotes—.
Entonces, digamos que se cosechaba un bulto de café, como
de 50 kilos. Como no hay carretera, había que llevarlo en el
lomo cargando. Dos o tres días de camino hasta la carretera
más cercana. Pagar de 20 a 30 pesos por el camión que
lo llevaba a la cabecera municipal. Y en la cabecera municipal, a
la hora de intentar vender el café, ser detenido por el coyote,
por el intermediario, que lo topaba. Y aprovechándose que nuestra
gente no habla español, le intentaba pagar menos del precio
que estaba establecido.
A la hora que el indígena se negaba a vender a ese precio,
el intermediario le decía: “si no te gusta, regrésate
con tu café a tu pueblo”. Si uno hace la cuenta de lo
que significaría regresar otra vez a la comunidad. Otros tres
días de camino cargando el bulto del café, que no se
va a poder usar. Esto llevaba a las comunidades a vender al precio
más ridículo que pueda haber.
A lo que significaba esta economía de pobre, se agregaba el
racismo. Se agregaba el desprecio a una cultura y una lengua, porque
siempre significó en Chiapas —y nosotros ahora estamos
descubriendo en el resto del país—, que indígena
igual a ignorancia. Si alguien era indígena, es que era un
ignorante. Simple y sencillamente porque no hablaba español.
A pesar de que sus culturas y sus conocimientos superaban, en mucho,
lo de cualquier facultad de la Universidad de Sonora.
Esto se fue agudizando, y viene otro elemento de la economía
que es el de la salud. Llegaron grandes epidemias de enfermedades
curables, que empezaron a atacar sobre todo a la población
infantil. A niños menores de cinco años, que empezaron
a morir por miles, como si cayera una bomba.
El ladrón éste Salinas de Gortari, hace el decretó
de cancelación de las reformas al Artículo 27, y vuelve
la propiedad de la tierra una mercancía. Y eso termina con
dos cosas que sostenían un poco al campo mexicano. Por un lado,
que la tierra no se podía comprar ni vender si era ejidal o
comunal. Y por otro lado, que ya no había reparto de tierra.
De una u otra forma se empezó a orillar a las comunidades
indígenas a elegir entre una muerte y otra. Es esa disyuntiva
la de la forma de morir, la que decide en 1992, cuando se están
cumpliendo 500 años del descubrimiento de nuestro continente,
llevan a votar la guerra. Es cuando los jefes indígenas, las
autoridades tradicionales, deciden que hay que irse a morir a la calle
y a la ciudad del poderoso. Y no morir en las montañas.
Se da el alzamiento, y entonces lo que ocurre es que las comunidades
y el Ejército Zapatista baja de la montaña y a su paso
va correteando, decimos nosotros, o echando fuera a los latifundistas.
Y entonces, las grandes extensiones de tierra pasan a propiedad de
sus legítimos propietarios: las comunidades indígenas,
después de siglos —en muchos casos— de haber sido
usurpadas.
El reto que tienen entonces las comunidades zapatistas es: que tiene
que organizar la economía de otra forma. Y aquí es donde
viene un choque que hay entre los modelos económicos, que dicen
que cualquier modelo económico que se base sobre el trabajo
colectivo va a fracasar. Que es el interés individual el que
hace que la economía se desarrolle a la hora que un individuo
o una individua quiere superarse. Y le hace trabajar más, producir
más y mejor.
Y las comunidades zapatistas, como expliqué hace rato, no
saben conjugar los verbos en primera persona del singular, sino en
primera persona del plural. Entonces, el reto que se tuvo entonces
es que era necesario organizar esa economía, una economía
de guerra —porque aún permanecemos alzados, en armas—,
que permitiera cumplir con las necesidades básicas de la población.
Hasta antes de nosotros, la mayoría de los movimientos que
se planteaban un cambio, se plantean alzarse o rebelarse, llegar al
poder, y luego hacer los cambios. Y ese luego, ese después
nunca llega.
Bueno, entonces teníamos este problema: ¿cómo
organizar otra economía en estas situaciones de cerco y de
hostigamiento del gobierno? El gobierno usó contra nosotros
—todavía sigue usando— una táctica de contrainsurgencia
que usa con los pueblos indios que es: meter dinero a las comunidades
para comprar líderes. Pero se le olvida el pequeño detalle
de que hay una pirámide de corrupción. Entonces, en
efecto, el gobierno federal destinaba mucho dinero: digamos mil. Y
600 se quedaban en el gobernador, 300 en el presidente municipal,
200 en el síndico y a las comunidades no llegaba nada.
Entonces, ese modelo de contrainsurgencia económica se quebró
desde un principio y no ha logrado levantarse, porque está
en la esencia misma del Estado mexicano esto del sistema de corrupción.
—Espero que alguien esté escuchando, porque es un desmadre
allá pues—
A la hora que no se solucionan las demandas, porque lo que el gobierno
hizo fue decir: “sí, sí te voy a arreglar tu problema”
y no hacerlo —que es lo que hace con todos—. Nosotros
teníamos la tierra, teníamos los medios que antes habían
sido propiedad ajena, y ahora eran propiedad de las comunidades, y
estaba el problema de cómo organizarse.
Ahí se siguió el criterio de la cultura ancestral de
nuestras comunidades indígenas: del colectivo. Y el colectivo
siempre se preocupa por su elemento más débil. Les voy
a poner un ejemplo: las mujeres en las comunidades zapatistas tienen
más protección que el hombre. En las comunidades zapatistas
el gobierno es de asamblea, como ésta, pero sólo de
la comunidad. Si una mujer es abandonada por el hombre, la comunidad
proyeje a la mujer, la acuerpa, y se preocupa de su manutención.
Si es con delito, el hombre es expulsado de la comunidad.
Si una mujer se embaraza, es cuidada por las demás mujeres.
Y sus hijos son mantenidos por el resto de la comunidad, para que
la mujer pueda dar a luz y educar al recién nacido, mientras
la comunidad la está protegiendo, cuidando al resto de los
niños.
Entonces, en este caso, es ese criterio del colectivo de protejamos
a nuestro elemento más débil, o más vulnerable,
y así se hace más fuerte la comunidad. Evitando la debilidad
de uno de ellos.
A la hora que se decide qué se va a hacer con la tierra que
se tomó, las comunidades deciden repartir la tierra entre quienes
no la tienen. Y repartir la tierra entre quienes tenían las
peores condiciones de cultivo. Porque la mayoría de las comunidades
estaban en las lomas, en los cerros, que no dan mucho para vivir.
Les ponía el ejemplo en otra parte que una hectárea
en montaña daba media tonelada de maíz, y en el plan,
o sea en la planada, daba de siete a ocho toneladas de maíz.
Entonces, esto provocó, junto con un cruce de otras fuerzas,
porque las mujeres éstas que les digo, se organizan y hacen
la Ley de Mujeres, e imponen la ley seca. Entonces, mucho del dinero
que se dedicaba al acohol en las comunidades, de pronto ya no tiene
gasto. Y eso hace que se empiece a mejorar la alimentación,
el vestido, de las comunidades, por indirecta.
Y a la hora que empieza a convertirse, se empieza a trasladar el
cultivo del forraje para ganado en cultivo de maíz, frijol
y verduras. Entonces, lo que antes era hambre, ahora se empieza a
convertir en alimento en las mesas de los indígenas zapatistas.
Quiere decir con esto que a partir del primero de enero de 94, las
comunidades indígenas que se rebelan elevan su nivel de vida,
aunque la lógica era que debían ir para abajo. Empieza
a llegar ayuda de gente como ustedes, de la sociedad civil, y en lugar
de que se va a la parte armada digamos, que es el EZLN, o a los dirigentes,
se da a las comunidades, y empiezan a construirse escuelas. Aquí
está el otro elemento. Porque así como hay que decidir
entre una economía y otra, también hay que decidir entre
una educación y otra.
Y el problema está que estaba la educación del gobierno
en escuelas que no existían, y con maestros que nunca llegaban.
Entonces, se levanta la escuela y está el problema de quién
va a dar las clases. Entonces, las mismas comunidades designan de
entre sus miembros —como un cargo, o sea como un trabajo que
hay que hacer— que se preparen como promotores de educación.
Ahí no se resuelve el problema, porque no es sólo tener
maestros, sino qué se va a enseñar. Y entonces, cada
zona de comunidades, o sea cada pueblo indio —nosotros somos
siete pueblos indios diferentes— empieza a construir su propio
sistema educativo, que no se parece uno al otro.
El sistema educativo de las comunidades zapatistas tzotziles, que
es de los Altos de Chiapas, es diferente a la de los tzeltales que
es en la Selva Lacandona, o a los choles que es en el norte de Chiapas.
Por poner un ejemplo, o a los tojolabales que están en la frontera
con Guatemala al sur.
Entonces, van construyendo su propio modelo educativo para alfabetizar,
remarcando mucho el mantener la cultura indígena. Y dentro
de esa cultura indígena, la historia. Y no me refiero a la
historia de Hidalgo, de Morelos, de Villa, de Obregón, de Carranza.
Me refiero a su historia. A sus parientes, que se alzaron en armas
en 1994, e hicieron lo que hicieron.
Entonces, la historia se empieza a convertir de algo ajeno y lejano,
en algo propio e inmediato, que tiene su propia sangre. Esto no quiere
decir que no estudien matemáticas, español, geografía,
todo eso. Pero empieza a verse de otra forma. Sonora, por ponerles
un ejemplo, no es un estado que tiene tantas extensiones, tantas cabezas
de ganado, y un tarugo de gobernador. Es la gente que volteó
a vernos en enero de 94, y los que van a ser después nuestros
compañeros. Se empieza a construir lo que nosotros llamamos:
“otra geografía”.
Volviendo a la economía, porque está cruzado todo esto,
se reparte la tierra y empieza a decidirse los excedentes que se empiezan
a producir, empieza a decidirse para dónde van. Y entonces,
es cuando las comunidades deciden que van para su elemento más
débil. Por ejemplo, la zona de los Altos no siembra, no hay
tierra, no hay tierra para sembrar. Los indígenas de ahí
tienen que rentar la tierra en otros lados. Se mochan con una parte
con el propietario, y la otra parte es con la que comen el resto del
año.
Entonces, las zonas que sí siembran maíz, mandan maíz
a las comunidades que carecen de la tierra para cultivarla. Y así
en cada lugar, empieza a verse cuál es el elemento más
débil, para que esté levantándose. Esto llega
hasta el proceso de autonomía que se conoce como las Juntas
de Buen Gobierno. Que se trata de que este gobierno autónomo
decida a dónde van las obras.
Ustedes saben que en los gobiernos —yo creo que sólo
el de Sonora no lo hace, que es un buen gobierno— deciden que
la obra se hace donde va a salir en la televisión. Si no, no.
Porque obra que no sale en los medios, no existe. Entonces, si una
escuela está en un rincón muy apartado, aunque se necesite,
no la va a levantar. Porque ningún periódico va a ir
a cubrir esa noticia. Tiene que ser donde hay bulla ¿no?
En el caso de las Juntas de Buen Gobierno, el criterio es al revés:
tiene que dedicarse el esfuerzo, precisamente ahí donde no
se ve. Porque la ayuda de la sociedad civil nacional e internacional
llegaba a los pueblos que están sobre carretera. Pero los pueblos
zapatistas están montaña adentro. Entonces, la ayuda
económica que llegaba, se quedaba nada más en los pueblos
de las cañadas —decimos nosotros—, o a borde de
carretera.
Entonces, eso elevó el nivel de vida de esas comunidades.
Pero el de las otras estaba quedando abajo. Entonces, lo que hace
la Junta de Buen Gobierno es: agarrar los proyectos y, en lugar de
dedicarlos a la parte donde se ve, los empieza a mandar a las comunidades
más alejadas. Y es ahí donde se empiezan a construir
escuelas, hospitales, farmacias, que no se ven.
Como en el caso de los Altos de Chiapas, la zona tzotzil, es la zona
más pobre de los zapatistas, ahí el servicio de salud
es gratuito. No se cobra ni la consulta ni la medicina. En otras partes,
la consulta es gratuita pero sí se cobra la medicina al costo.
Y de esa forma se está subvencionando o apoyando la salud gratuita
en la zona más pobre.
Sin embargo, esto que pudiera parecer idílico, tiene muchos
problemas: una es que el resto del mercado sigue siendo de ganancia.
Entonces, a través de cooperativas, tratan de mejorar el precio
del café, pero no se puede. Entonces, se tiene que empezar
a construir un mercado alterno. Entonces, se empiezan a hacer tratos
con otros estados, con organizaciones de otros estados y de otros
países, para que el café zapatista se comercialice a
precio justo —decimos nosotros—, por poner un ejemplo.
Y detrás del café, las artesanías, que digamos
que es más o menos de dónde tenemos las cosas.
Entonces, lo que nosotros decimos es que llegamos a topar pared en
nuestro modelo económico. No es posible pensar que en una parte
de México haya lo que algunos llaman un laboratorio de economía
colectiva, mientras que el resto del país está en el
capitalismo salvaje. Es una chaqueta mental, para decirlo en términos
claros.
No es posible esto. Por eso nosotros decimos que es en todo el país,
debe empezar a construirse otra economía, otra forma de relacionarse
con la naturaleza, con la producción, y entre productores.
Cuando empezamos a hacer esto, y empezamos a salir a esto de la Otra
Campaña, nos dimos cuenta que las condiciones que nos llevaron
a nosotros a alzarnos en armas, aparecen otra vez en pueblos indios
y en zonas marginales de todo el país. La misma desesperación
y el mismo cambio de disyuntiva entre vivir o morir, a escoger la
forma de morir.
Nosotros decimos que el país se está acercando al borde
de un precipicio, que se va a llamar guerra civil, sin ningún
control, sin ningún interlocutor para llegar a un arreglo pacífico,
o para llegar a métodos racionales de resolver un conflicto.
Y que por eso es necesario que se organice una red en todo el país
que encamine esos brotes de descontento por la vía pacífica
y civil. Porque ya estuvo bueno de que los de abajo estén poniendo
los muertos, y el terreno destruido. Y los de arriba nada más
estén cambiando de gobierno.
Los problemas que tenemos, entonces, es que no es posible que dure
el sueño zapatista —como le decimos nosotros— mucho
más si no se generaliza, si no se hace de todos. Nosotros decimos:
lo que nos dio resultado a nosotros, probablemente no le de resultado
a otra parte. Evidentemente, la realidad de Sonora es diferente a
la realidad de Chiapas. Nosotros no pretendemos exportar el sueño
zapatista a Sonora, sino que Sonora construya su propio sueño.
Y podamos echar trato, decimos nosotros. Hacer un acuerdo que implique
respeto mutuo entre Sonora y Chiapas, y en el resto de la República.
Que signifique mejor nivel de vida, digno, para Chiapas, pero también
para Sonora.
Durante todo este tiempo que estuvimos parados ahí en Atenco,
por la represión que sufrimos como Otra Campaña, nos
estuvieron vendiendo la idea de que el norte de la República
era panista, y tenía un nivel de vida igual a Estados Unidos.
Esta frase que dijo algún empresario, que dijo: “el norte
produce, el centro roba, y el sur güevonea”. Decía
algo así ¿no? Y por eso explicaba que el norte tenía
un alto nivel de vida y, no sólo eso, sino que alcanzaba para
cargar con el centro y el sur del país. Prácticamente,
éramos el lastre de la nación.
Y lo que hemos descubierto no tiene ninguna diferencia… Lo
que hemos descubierto en el territorio de los pueblos indios en Sonora,
no tiene ninguna diferencia con lo que encontramos con los mayas en
Yucatán, o los popolucas en Veracruz, o los chontales en Tabasco,
o los zapotecos, mixtecos, en Oaxaca. O los náhuatls en Puebla.
Y así en cada parte donde hemos pasado está la misma
etapa de despojo.
La diferencia que vemos nosotros es que si en la guerra de conquista
el ejército español fue el que conquistó la tierra,
y luego llegaron los demás. En el caso de la conquista actual,
en el papel del ejército español: los partidos políticos
y la clase política. Son los funcionarios y los gobernantes
los que están legalizando el despojo, y la apropiación
de la tierra.
Uno puede pensar lo que se vende allá arriba, que el pueblo
mexicano aguanta todo. No es cierto, no aguanta todo. Y el punto de
quiebre está por alcanzarse. Si estos partidos políticos,
o estos políticos y funcionarios están funcionando como
el ejército de conquista, que está poniendo las tierras
conquistadas en manos del extranjero. Entonces, uno de los enemigos
principales —pensamos nosotros— es la clase política.
Toda la clase política, no importa de qué partido sea.
Porque aquello se ha convertido ya en una cueva de ladrones y nada
más se turnan, o se pelean por el botín. Y el botín
sigue siendo la riqueza pues de nuestro país. Si alguno de
ustedes, o alguna, todavía tiene alguna noción de patriotismo,
de lo que significa la patria y la nación mexicana, habría
que decirle de que cada vez más —y no sólo el
norte de México— nuestro país se está convirtiendo
en una estrella más de la bandera de las barras y las turbias
estrellas.
Y perdónenme, pero no hay ninguna diferencia entre Hermosillo,
Villahermosa, Cancún y Tuxtla Gutiérrez. Es el mismo
modelo de centros comerciales, con algunas tienditas alrededor, como
si se hubiera calcado de un lado para otro. Y cada vez, lo que le
daba identidad a cada estado, o a cada población es mandado
a la periferia. No habría entonces ninguna diferencia entre
Sonora y Quintana Roo. Y no me refiero a diferencia de quién
es mejor, sino que la riqueza cultural del noroeste se ha perdido
igual que la riqueza cultural del sureste.
Se trata entonces, también, no sólo de construir otra
economía, sino de la última oportunidad de este país
de seguir siendo, sin que sea una vergüenza serlo.
Gracias compañeros, gracias compañeras.