La Comisión Sexta llega
a Tijuana, 18 de octubre
Tijuana, Baja California
Reunión con trabajador@s de la maquila
18 de octubre
Buenas noches, compañeros, compañeras. Gracias especiales
a los trabajadores y trabajadoras de la maquila, que están
sacrificando el tiempo con su familia, o de descanso, para venir después
de la chamba a acá, a hablar, a darnos su palabra. Y también
para darnos su oído.
En lo que hemos escuchado, que era lo que queríamos, escuchar
su historia, y empezamos a sacar algunas cuentas. Y nos recordamos
lo que escuchamos en las maquiladoras de Altepexi, en Puebla. Que
son las que hacen los pantalones de mezclilla, ropa de mezclilla del
cabrón éste empresario Kamel Nacif —o algo así
se llama—, que se dedica a violar niñas y disque es el
amigo del “gober precioso” este de Puebla.
Hablamos con compañeros y compañeras, jóvenes
la mayoría de ellos —alrededor de los 20 años
de edad—, la mayoría mujeres. Y la mayoría de
ellos indígenas, que venían de comunidades y estaban
trabajando en la maquila. Y nos contaban condiciones laborales muy
parecidas a las que ustedes están contando: con 14 o 16 horas
de trabajo, con 45 pesos al día de salario.
Y lo siento si voy a contradecir lo que han dicho a algunos acá,
de que en este país no pasa nada, y que la gente está
enajenada. Pero lo que hemos visto nosotros en la Otra Campaña,
en ya 23, 24 estados de la República, es lo contrario. Hay
mucha rabia y hay mucha indignación. Muchas historias de injusticia
que están buscando la forma de organizarse, de salir. Y muchas
historias que no eran conocidas, de gente que se está organizando,
luchando, y buscando camino, incluso mucho antes de que nos alzáramos
nosotros en armas.
Desgraciadamente, para que nosotros nos viéramos como indígenas
en Chiapas, tuvimos que morir y matar —que eso fue el alzamiento
del primero de enero del 94—. Y viera que hubiera pasado un
movimiento como el de la Otra Campaña, que pudiera vernos y
escucharnos —cuando menos entre nosotros los que estamos abajo—,
tal vez no hubiera sido necesario que gente nuestra, de nuestra sangre,
hubiera tenido que morir, o ser desaparecido, o estar en la cárcel,
por el alzamiento.
Tal vez ustedes se están preguntando: de qué se trata
esto de la Otra Campaña, y si valió la pena o no, dejar
de estar con su familia, o de dejar de descansar un poco de la chinga
que es del trabajo. Nosotros lo que estamos ofreciendo es escucharlos.
Aquí pasaron compañeros y compañeras que se echaron
grandes rollos. La Otra Campaña no es eso. La Otra Campaña
les está ofreciendo, si hay gente aquí que realmente
entienda lo que es la Otra Campaña, es escucharlos. Y llevar
su voz lejos.
A veces, parece poco. Parece poco tener a alguien que escuche la
historia y que saque las cuentas. Porque yo saqué las cuentas
del compañero que nos explicó lo del Seguro Social.
Él nos dice que le pagan de pensión mil 600 pesos al
mes, después de 45 años de estar cotizando para el Seguro.
Y de estar trabajando y produciendo para el país —como
luego dicen los anuncios de televisión—. Y se gasta —porque
no hay medicina en el Seguro— 400 pesos la caja de pastillas
para diez días. O sea, se gasta mil 200 pesos al mes, y le
quedan 400 pesos al mes para vivir. O sea, 13 pesos al día.
Si nosotros le decimos a ese compañero que Vicente Fox, por
hacerse tarugo seis años, se va a llevar 3 millones 350 mil
pesos de pensión, para pasar su vejez. Tal vez la rabia empieza
a adquirir otro sentido. Porque hay otros que están viendo
esa injusticia: y ¿por qué? él que no hace nada
—más que como hemos dicho estar pendiente de los delincuentes
hijos de la señora Martha Sahagún—. ¿Por
qué el que estuvo trabajando tanto tiempo, ahora recibe además
de todo, el desprecio?
Porque lo que él nos estaba contando era el desprecio, la
rabia que sentía, porque ni siquiera lo voltearon a ver. Porque
viera que el médico le hubiera dicho: “mira, no tengo
la medicina, o no tengo tiempo”, lo que sea, y le hubiera explicado,
pero ni siquiera lo volteaba a mirar a ver qué tenía.
Y a lo mejor le diagnosticó nada más por su edad: tanto
edad, según el porcentaje de estadísticas, debe padecer
de tal cosa, y le recetó lo primero que ocurrió. Pero
igual, si lo hubiera analizado, igual no habría habido la medicina.
Y esa rabia que nos expresó él. La rabia que nos expresaron
los compañeros, es lo que hemos estado encontrando en todo
el país. No sé, hablan mucho de la educación
y de la televisión. Nuestros jefes, los comandantes y comandantas
que van a venir en la siguiente vuelta, la mayoría nunca fue
a primaria, y la mayoría no habla español. Y fueron
los que dirigieron el alzamiento el primero de enero del 94. El alzamiento
del primero de enero del 94 fue con más de cinco mil combatientes.
Estuvieron diez años organizando, y empezaron como está
empezando la Otra Campaña, y empezando a descubrir qué
era lo que estaba mal y quién era el responsable.
Nosotros no tenemos televisión. No llega ahí. No llega
el gobierno, no llega la televisión, no llegan las carreteras.
Los soldados llegaron después del alzamiento, y llegaron tarde,
porque no mandan ahí: mandan los pueblos.
A la hora que salimos nosotros con esto de la Sexta Declaración,
empezamos a escuchar historias como las de aquí. Búsquedas,
de a ver por dónde. Y escuchamos historias como la que nos
adelantó Jaime. Después de años y años
de estar luchando por un sindicato en una maquiladora, conseguir el
registro, al otro día —después de celebrar—
llegar y encontrarse con que el galerón está vacío.
Y que la empresa emigró, con todo y máquinas, a saber
dónde: a Corea o a Puebla, es lo mismo.
Y no hay ni una ley que proteja al trabajador. Porque ni siquiera
puede a tomar las máquinas y pedir la requisa. Y en cambio,
están todas las leyes para favorecer a la empresa maquiladora.
Yo no sé mucho de maquila, lo poco que sé es lo que
me han contado ustedes y otros compañeros, pero según
esto —lo que yo entiendo— es que en la maquila cada quien
hace un pedazo del producto.
Y lo que nos platicó Jaime y los platicaron ustedes, compañeros,
pues es que también al trabajador lo están maquilando.
O sea, llega a trabajar tal día, a tal hora, y se va y luego
en otra parte, y en otra parte, y en otra parte. Y lo empiezan a pedacear
la vida. Yo no sé cómo alguien puede organizar su vida
con esos horarios. Y luego exigírsele que esté sano.
Y luego, que no tenga problemas nerviosos, o de salud, normal, que
le puede achacar a la contaminación, que le puede achacar a
la edad, a la mala suerte, a la herencia, y que resulta que es el
sistema el que lo está teniendo así.
Si en 1810 empezaron a haber señales y nadie las vio, lo entiendo.
Si en 1910 también empezó a haber señales y nadie
lo vio, lo entiendo menos. Pero si en el 2006, están estas
señales y no las ven, entonces es que no entiendo. Porque no
les pido que lean un libro, ni que escuchen a un grande político.
Ni que alguien venga: ni Marcos, ni nadie a decirles lo que está
pasando. Sino que se escuchen entre ustedes. Y que se den cuenta que
esa rabia, si no está organizada, va a reventar por otro lado.
Por el lado menos pensado.
Y el problema es que cuando esas rabias revientan por cualquier lado,
y sin organización, sin acuerdo, terminan en la derrota. Y
a veces son derrotas que tardan muchos años en sanar. Lo que
está proponiéndoles la Otra Campaña compañeros
trabajadores de la maquila —trabajadoras—, es que haya
quien los escuche y que esa su voz llegue a otros lados. Y empiecen
a encontrarse junto con otros trabajadores y trabajadoras de otras
maquiladoras.
Y que vayamos dándonos cuenta juntos, con los pueblos indios
que están aquí, con los compañeros de Atenco,
con las mujeres, con los jóvenes y estudiantes, con los obreros
que sí tienen contrato colectivo —y que están
a punto de perderlo—, con los ancianos que después de
años de estar trabajando son tratados como deshecho químico
—que además hay que estar manteniendo con mil 600 pesos
al mes—, rogando porque se muera lo más pronto posible,
y además haciendo todo lo posible porque se muera, incluso
que se muera de rabia por ser maltratado.
Entonces, nosotros no les estamos proponiendo ni que vamos a resolver
el problema de la maquila, ni que si nos eligen a nosotros vamos a
dar leyes. Lo que nosotros les estamos prometiendo es que si se organizan
no van a estar solos. Y que estos compañeros de la Otra en
Tijuana tienen la obligación, porque a eso se comprometieron,
a estar con ustedes, y avisarnos a todos los demás para que
si pasa algo, o están en una lucha, podamos apoyarlos, aunque
sea con el ánimo, que a veces ni eso tenemos.
Porque cualquiera de ustedes sabe en nuestra historia, cuántos
dolores hemos tenido que duelen doble, porque nadie los conoce. Imagínense
la rabia que nos platicó el compañero —que ya
no veo aquí, pero hace rato ahí estaba—, de saber
que está siendo así humillado y que nadie se da cuenta.
Que nadie comparte ese dolor. Y a la hora que se conozca esa historia,
van a ver que en otras partes de la República otros van a decir
lo mismo, porque además otros lo dijeron sobre lo que está
pasando con el Seguro Social.
Y los que se piensan que la llevan bien porque tienen contrato colectivo,
se van a enfrentar con que tampoco eso va a servir, también
va a desaparecer. Y los que se precian de tener estudios todavía,
se van a encontrar con que va a aumentar el precio de las universidades.
Y los que ven con desesperación que empiezan a entrar los capitales
extranjeros, van a ver todavía con más angustia y desesperación
que el país entero, empieza a convertirse en una estrella más
de la bandera de las barras y las turbias estrellas. Y en esa no entramos
nosotros. Ni por nuestro color, ni por nuestra historia.
Porque este pueblo lo que tiene fama es de ser rebelde. Ya nos decía
una compañera hace rato: “si es cierto que los mexicanos
y mexicanas son güevones y güevonas, entonces ¿por
qué vienen tantas empresas acá?” No es cierto,
se está produciendo mucha riqueza y alguien se la está
quedando. Y el primero y más visible que se está apropiando
de esa riqueza son los políticos, todos.
Yo escuché a algunos ingenuos que pasaron aquí a decir
que el movimiento poselectoral y todo eso, como si fuera diferente
un partido de otro. Y nosotros podemos contarle lo que esos partidos
han hecho cuando son gobierno, o que están haciendo cuando
son gobierno en otros estados. Nada, absolutamente nada cambia para
nosotros. Nada. Ni como indígenas, ni como mujeres, ni como
jóvenes, ni como trabajadores.
Como se trata de elegir, porque es el año del 2006, aunque
ya pasaron las elecciones, pues uno siempre tiene que elegir. Y tienen
que elegir si van a esperar seis años, a ver si llega otro
que ahora sí va a cumplir, con seis años más
de sufrimiento, seis años más de dolor —o a lo
mejor ya no da la vida para esos seis años—. A ver si
llega otro salvador, otro redentor, a que si cumpla leyes que nunca
se han cumplido, como no sea para beneficiar al rico. Y a lo mejor,
en esos seis años, este país deja de ser México
y se convierte en una vergüenza, que es lo que está empezando
a ser.
Ayer estuvimos en Ensenada, y estábamos diciendo que era una
vergüenza que Baja California era el estado —de los 24
que hemos pasado— que peor trataba a los indígenas. Y
ya hemos pasado por varios. Por el Oaxaca del idiota de Ulises Ruiz.
Por Chiapas por supuesto, de donde venimos. Por Guerrero, que es gobernado
por el PRD. Por Michoacán, que también es gobernado
por el PRD. Por Jalisco, que es gobernado por el PAN. Y en cualquier
estado hemos visto que los políticos, no importa qué
color sea su camisa, son los mismos ladrones. Y a veces, es el mismo
nombre que veíamos antes en otro partido.
Y entonces nosotros decimos: ¿de qué se trata? De que
vamos a hacer un partido político y a ver si llega un líder
que no se venda, que no se rompa, y lo hacemos presidente de la República.
Y luego, seis años después: bueno, pues no salió
tampoco ése. Y a los hijos, heredarles desesperanza.
Nosotros no queremos eso. Nosotros queremos derrocar a los gobiernos,
a todos. Sacar a los ricos, y empezar a hacer otro país. Donde
se tome en cuenta todo, porque dijo aquí un compañero:
“no basta con que las maquilas sean propiedad de los trabajadores”.
Es necesario que no se destruya la naturaleza, todo lo que nos estuvieron
explicando.
No basta pues con que la riqueza se reparta equitativamente, sino
que además haya respeto a la mujer —nos dijeron hace
rato—. Y no basta con que este país tenga una bandera
verde, blanco y rojo, con un águila en el medio, si ni siquiera
reconoce a los pueblos que la levantaron como nación: los pueblos
indios.
Y muchas cosas que hemos ido recolectando. Y créanme que no
se trata de que vamos a estar unidos —como dijo una compañera
aquí: “vamos a estar unidos porque hay que estar unidos”—,
vamos a estar unidos pero vamos a preguntarnos ¿para dónde
vamos? Nosotros en la Otra Campaña no vamos detrás de
nadie. No estamos buscando un líder. No estamos buscando quién
nos mande, quién nos diga qué hacer. Pero tampoco estamos
buscando a quién vamos a mandar, y a quién vamos a dirigir.
Estamos buscando lo que estaba el compañero que fue a pedir
al Seguro Social medicina: respeto. Y si lo estamos pidiendo, eso
es lo que estamos ofreciendo. Y a lo mejor va a parecer difícil
que, cada quien en su chamba, piense que esto tiene futuro. Lo tiene.
Porque lo que va a pasar, va a pasar. Y tenemos que decidir si le
vamos a entrar o no.
Y no estoy hablando de un levantamiento armado, ni de ponerse pasamontaña,
levantarse en armas. Estoy hablando de un levantamiento pacífico.
Y no de irse a otro lado, sino luchar cada quien en su lugar. Y poder
transformar esto en todas partes, pero apoyándonos unos con
otros. Hacer, por fin, el nudo que dice Jaime, en el lecho del río.
Si uno piensa que es muy difícil, yo les pido por favor que
pongan el oído en la Otra Campaña, y van a oír
historias, no sólo heroicas, sino de éxito. De triunfo
que han tenido y que nadie conoce, porque nada más se conoce
lo que dice la televisión, o los periódicos o la radio.
Y a ellos no les conviene que esas historias se conozcan. Como no
le conviene que conozcan la historia del compañero, que lleva
la mitad de su vida trabajando en la maquila, y aún así
se dio tiempo para estudiar, que no entiendo a qué hora, sobre
todo si les están cambiando. Y como quiera lo hizo.
Y si eso hace un individuo, y un grupo, y un colectivo, y un pueblo.
¿Por qué putas madres no vamos a poder cambiar este
país? Nosotros pensamos que sí. Porque ya vimos que
por el otro lado no. Y realmente lo que nos estamos proponiendo es
tan grande que, o nos hacemos grande, o desaparecemos. Y así
aunque están hablando todos: que mejor hay que votar por uno,
hay que votar por otro, hay que protestar por el fraude. Nosotros
decimos: si tenemos toda esta fuerza, porqué en lugar de dirigirla
para que uno llegue al poder, porqué no la cambiamos de dirección
y hacemos que la misma gente tenga la capacidad de tomar su destino
en sus manos, y decidir.
Yo no sé ustedes, pero según yo, eso es la libertad.
Y por eso es lo que cualquier ser humano lucha. Y la libertad debe
incluir el respeto. Y no se trata sólo que al compañero
que va al ISSSTE lo respeten, sino que lo curen. Y que le den lo que
es justo, porque para eso estuvo trabajando. Y no puede ser que cuando
tenga sesenta y tantos años, lo botemos a la basura, como si
fuera una batería que ya no sirve para escuchar la música.
Porque es un ser humano. Y porque además es el destino que
nos espera, si antes no nos toca lo que nos toca.
Entonces, lo que les estamos invitando nosotros compañeros
y compañeras de la maquila, no es a reuniones como ésta,
a escuchar rollo, tras rollo, que a veces no tiene que ver con lo
que nos reunió aquí: que era escucharlos a ustedes.
Y por eso se hizo la reunión, no para oír otros rollos.
Sino al revés, que los escuchemos a ustedes y que esa voz llegue
lejos.
Y de esa voz, ese oído, que se está haciendo ya nacional
e internacional —porque tenemos compañeros del otro lado
de la frontera y en otros países también—, poder
empezar a ver nuestra fuerza, conocernos. Y ver que ni somos tan pocos,
ni somos tan débiles, ni estamos tan enajenados, ni somos tan
cobardes, como algunos de los que pasaron a hablar dijeron. Mentira.
Lo que hemos visto nosotros, da y sobra para levantar un país,
si podemos unirlo en un movimiento que se respete a sí mismo
y que respete a sus partes.
Eso es lo que les está proponiendo la Otra Campaña
compañeros y compañeras. Ahí lo vean, hay compañeros
aquí en Tijuana, que les pueden explicar más: quién
es el enemigo, según vemos nosotros; cómo se pueden
transformar las cosas. Y cualquiera que les diga que es un camino
diferente a que ustedes mismos se organicen y tomen su destino en
sus manos, les está mintiendo.
Nosotros, y muchos pueblos indígenas en México, y muchas
organizaciones como las que están aquí, y grupos y colectivos,
son la muestra. Aquellos que han tomado su destino en sus manos, han
podido conseguir lo que han tenido. Todo lo demás es mentira,
o es una limosna que no dura para nada.
Entonces, les pedimos que lo piensen, y si le quieren entrar, ese
es su único compromiso: contarnos su historia: decirnos “esto
soy, y aquí estoy”, “así veo el mundo, así
veo a mi país”, “y esto quiero hacer”. Un
sindicato, respeto, mi reconocimiento como derechos y cultura indígena,
el respeto como mujer, el respeto como anciano, mis derechos laborales,
la propiedad de la tierra… Lo que sea de cada quien.
Y entonces, en correspondencia, también den ustedes el oído
al otro. Ahí van a descubrir que no están solos, que
no estamos solos. Y ese es el único mensaje de la Otra Campaña.
Ni camisetas, ni gorras, ni tortas. Nada más esta palabra:
no están solos compañeros.
Nada más se necesita dar el paso, para que podamos responder
de alguna forma a la solidaridad, al respeto y a la admiración
—y hablo a nombre de mis compañeros del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional— que provocan en nosotros.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Reunion Adherentes y simpatizantes en el multikulti
Tijuana
Buenas tardes compañeros, compañeras. Gracias a la
Otra Tigüana —como se dice—, y gracias especiales
al equipo de seguridad que forman las compañeras y compañeros
brown berets —los gordos— boinas cafés que nos
están cuidando.
Nos sentimos como entre compañeros, como de por sí
somos y compañeras, y nos sentimos aquí seguros con
aquellos que reivindican el color que somos de la tierra, en este
caso el café. Y es importante porque allá los gabachos
para burlarse de los mexicanos, que están de aquel lado y de
este lado, nos dicen brownies —los cafecitos—. Como si
tener nuestro color fuera un delito o algo motivo de burla.
Me parece que el jefe purépecha Juan Chávez, del Congreso
Nacional Indígena, ha hecho un excelente resumen de lo que
hemos visto en Baja California. Recorrió la destrucción
de la naturaleza con las gasificadoras, recorrió también
la destrucción de los pueblos indios. Yo quisiera detenerme
porque quiero agradecerle especialmente a las compañeras trabajadoras
de la maquila que estén aquí. Porque sabemos que es
su tiempo de descanso, el que dedican a su familia, el poco que les
dan, y como quiera lo están dedicando para estar con nosotros.
Nos platicó la compañera de la muerte de Marina y de
Gladis. Voy a tratar de contar la historia, según la cuenta
que estuve haciendo con los datos que me pasó la compañera,
de la historia de Marina.
Ella entró a trabajar de 27 años a la empresa. Entraba
a trabajar a las cinco de la mañana. Si bien le iba —digamos
que vivía a una hora de camino—, tenía que salir
de su casa a las cuatro de la mañana. Si tenía que arreglarse
o prepararse antes de salir, tenía que levantarse a las tres
de la mañana.
Después de ocho horas de trabajo y de que sólo le daban
cuarenta minutos para consumir algún alimento, y que le reducían
el tiempo para ir al baño. A veces por medidas del capataz
o a veces por la sencilla medida de cerrar con candado el baño,
o dejarlo todo sucio para que nadie entrara, según nos han
contado trabajadoras maquiladoras de otras partes. Terminaba a la
una, pasadas.
Por supuesto, Marina no podía llegar tarde al trabajo porque
se lo descontaban o la corrían. Pero nadie tomaba en cuenta
que no siempre terminaba a la hora que termina la labor, sino que
a veces se alargaba y nadie le tomaba en cuenta ese trabajo extra.
Hacía otra hora del trabajo a su… otra hora de viaje
a su casa. Llegaba a las dos, tres de la tarde a hacer de comer o
a atender a su familia.
Tal vez era soltera, tal vez estaba casada, tal vez era madre soltera.
Y entonces tenía que ocuparse de los trabajos que los varones
idiotamente están relegando sólo en las mujeres, o sea
mantener su hogar. Si bien le iba, podía darse un poco de respiro
a las seis o siete de la noche, y entonces poder dedicar ese tiempo
a decidir qué iba a hacer, porque al otro día a las
tres de la mañana tenía que levantarse.
A Marina le pagaban 100 pesos al día, 105 pesos por esas ocho
horas de trabajo. Según la cuenta que hicieron unos compañeros
economistas —que son adherentes de la Otra Campaña y
que asesoran a la comisión Sexta— para poder consumir
lo necesario para sobrevivir se necesitarían 485 pesos al día,
si no te enfermas, si no vas a la escuela, y si no te diviertes. Sólo
para consumir los alimentos, tener luz, gas para poder sobrevivir
y, por supuesto, si no te compras ropa.
A Marina sólo le daban 105 pesos al día y tenía
que decidir qué hacía con ese dinero. Es de esperar
que ella decidía darle de comer a su familia. Y tal vez tratar
de arañar un poco el presupuesto —o sea comer menos y
de peor calidad— por si tenía algún hijo al que
tenía que pagarle la escuela, los útiles, o el uniforme
escolar.
(Porque aunque el gobierno de Fox dice que la educación es
gratuita, sabemos que no, que se piden cuotas, cooperaciones. En realidad
se paga por la escuela aunque en la ley diga que es gratuita).
Marina se empezó a sentir mal, tal vez pensó que era
un catarro o algo que le había pegado, y no le dio mucha importancia.
No podía comprar la medicina porque la empresa no le da los
medicamentos. No podía declararse enferma porque la corrían.
Y ellas nos están contando de que si se declaraban enfermas,
van para afuera.
Fue creciendo la enfermedad, y tenía que optar —Marina—
por comprar la medicina que necesitaba, o por comer. Y Marina optó
por darle de comer a su familia y por comer ella. La enfermedad avanzó,
tal vez llegó a escupir y a vomitar sangre, y en tres años
se acabó.
Una mujer joven, de 27 años, llega a los 30 y se muere de
una enfermedad que le dio en el trabajo. Y si hacemos la cuenta, Marina
estuvo trabajando para morirse. Y si no trabajaba, también
se moría.
Y esa historia que nos contó la compañera —que
ahora trato de contar de otra forma— es la que hemos escuchado
en trabajadores y trabajadoras de la maquila en todo el país.
Y hasta donde sabemos nosotros, la legislación laboral obliga
a las empresas a dar lo que la compañera nos explicó
que tienen que cooperarse para comprar, o sea: equipo de seguridad
y medicamento.
Que las enfermedades que están sufriendo ameritan que sea
la empresa la que cubra los gastos médicos. Pero aún
así, aunque los cubriera ¿cuánto vale el pulmón
de ustedes? Que uno sepa que se va a morir o que le va a dar cáncer.
¿Cuánto? dice: ora, yo te doy mi pulmón, mis
dos pulmones, y lo que me quede de vida… Porque se murió
a los treinta, échale que hubiera llegado a los sesenta o a
los setenta, treinta años de vida por cuánto. ¿Cuánto
tasa el derecho laboral en México 30 años de vida de
una mujer?
Y esa agresión la juntamos con la que nos platicó Octavio,
del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra en Atenco. Porque ahí
violaron mujeres, porque eran mujeres nada más, si hubieran
sido varones no les hubieran hecho lo que les hicieron. Y cualquier
mujer que me está escuchando sabe lo que significa la agresión
al cuerpo nada más porque es mujer. El tener que soportar que
estén introduciendo en sus partes los garrotes que usa la policía.
Y el que era acomedido le ponía el condón al garrote.
Y esas historias nos las contaron las compañeras nuestras de
la Otra Campaña.
Uno pudiera pensar: “pues es una injusticia. ¡Que metan
a la cárcel a los policías!” Las que están
en la cárcel son las mujeres, las que fueron violadas. Y después
de todos estos meses, apenas el idiota de Soberanes —que es
de la Comisión Nacional de Derechos Humanos— está
dándose cuenta que sí, que se violaron los derechos
humanos. Que hay indicios de que se violaron los derechos humanos.
Aunque hay fotos, hay videos, hay grabaciones que dan cuenta de esto
que pasó.
Y aquí yo quiero presentarles a unos compañeros que
vienen con la Otra Campaña. Estos compañeros lo que
están haciendo es eso: recogiendo los dolores en imagen, en
audio, en escrito, en texto para que se conozca por todas partes.
Porque a lo mejor ahora puede venir Octavio para contarles lo de Atenco,
pero a lo mejor no hubiera podido venir nadie de allá.
Pero gracias a estos compañeros que son de los medios independientes
o alternativos, es que en todo el país nos empezamos a dar
cuenta de lo que nos está pasando. Y vamos a conocer la historia
de Marina y la de Gladis, y la de cada una de ustedes, y de las formas
que están luchando, organizándose. Así como conocemos
también, a pesar de todo de lo que han sufrido, la dignidad
de las presas y presos de Atenco.
Para nosotros es un dolor Atenco, pero también es un orgullo
saber que tenemos esos compañeros y esas compañeras.
Y saber que a pesar de todo esto, el pueblo de Atenco nos sigue recibiendo
como lo que somos: como compañeros y compañeras de lucha.
Según me dicen, en esta reunión hay adherentes, trabajan
en las maquiladoras, hombres y mujeres, y hay gente que simpatiza.
Tal vez se está preguntando de qué se trata todo esto,
de qué se trata esto de la Otra Campaña, de la Sexta
Declaración, para ver si le entro o no le entro, eso es lo
que hace un simpatizante. A lo mejor me van a pedir dinero, a lo mejor
me van a pedir que esté yendo a todas las reuniones y no voy
a poder, porque tengo que trabajar, tengo que vivir.
Y lo que está haciendo la Otra Campaña, lo que ofrece
y lo que pide es un oído. Que así como estos…
a través de estos compañeros de medios alternativos
que vienen en la karavana, y los que de por sí son aquí
de la Otra Tigüana. Como La Transgresora, que es una estación
de radio por ahí. Creo que es 96.1 ¿sí? 96.1
es la transgresora del cuadrante. Eso, nos están ofreciendo
el oído, un oído nacional e internacional para que otros
que somos como nosotros, como nosotras, podamos escucharnos, conocernos,
conocer nuestra historia, aprenderla, aprender de ella, y sobre todo
aprender de nuestra lucha.
Y nosotros le pedimos a los adherentes de la Otra Campaña
sólo eso, que escuchen a otros de otras partes. A veces tan
cercanos como el Valle de San Quintín, o como Ensenada, o como
el pueblo kiliwa, o kumiai, o pa ipai, que son pueblos indios de aquí,
de Baja California. Y que nos damos cuenta que el otro idiota que
es el gobernador del estado, tampoco se ha dado cuenta que hay pueblos
indios en este territorio. Y no sólo eso, sino que estaban
mucho antes de que la mala sangre que lo parió existiera. Eso
es lo que está pidiendo pues la Otra Campaña.
Y según vamos viendo en el recorrido y vamos pesando lo que
está pasando, recordamos lo que nos pasó en La Paz.
Hay una colonia popular, o sea gente humilde, y les pusieron una antena
de celular pero de esas grandotas, de Iusacel, en medio de las casas,
con una escuela ahí cerca. Sin preguntarle a nadie. Le dijeron
a la gente que iban a poner una caseta telefónica.
La gente contenta porque va a haber teléfono ahí, y
resulta que les pusieron una antena de celular como de 20, 25 metros
de altura. Y pues aparte del ruido que produce esa máquina,
la parte que no les decían es el daño cerebral que producen
las microondas de los celulares, de las antenas celulares poderosas
en las cercanías.
Por la molestia del ruido se organizaron, exigieron que se apagara,
pero ahí sigue la antena. Y ahora poco, si se acuerdan, hubo
un huracán. Entonces nos estaban contando unos niños
—no nos lo contaron los adultos, unos niños—, un
niño y una niña pasaron a decirnos que esa noche no
durmieron porque crujía el monstro, decían. Y el monstruo
era la antena, que con el viento estaba crujiendo como rugiendo, y
pues lo primero que piensas es que se va a caer. Y se salían
con sus lamparitas a alumbrar para qué lado va a caer, pa’
correr pa’l otro lado. Y una señora ya de edad, que usa
bastón dice: “yo pa’ dónde voy a correr.
Pa’ donde caiga ahí me va a tocar, porque yo no voy a
poder correr”.
Y esto que nos platicó también la compañera
de la empresa esa de plomo, que cómo empieza a destruir la
naturaleza. Y lo que nos contaron de las maquiladoras. Pues yo creo
que sin ninguna pena podemos decir —así como los cigarrillos
dice que: “este producto puede ser nocivo para la salud”—:
el capitalismo es nocivo para la salud.
Y debiéramos ir poniendo por todas partes eso: advertirle
a la gente que es el sistema en el que estamos el que nos está
matando. Como mató a Marina, como mató a Gladis, y como
nos está destruyendo en vida a nosotros, a todos. A los pueblos
indios —como explicó Don Juan— y –como explicaron
ustedes— a los no indígenas también que son trabajadores.
Entonces lo que está proponiendo la Otra Campaña es:
cuenten su palabra ustedes mismos, nadie más por ustedes. Y
alguien la va a escuchar porque ese es su compromiso. A cambio, su
compromiso también de escuchar. Y van a ver que de ese dolor
que están escuchando pudieran pensar que uno se va a entristecer,
o a caer, o a derrotar, y pasa lo contrario. Uno siente que no está
sólo, que hay muchos como uno y que hay historias de lucha
que antes no se conocían y que ahora se están conociendo.
Y el siguiente paso es que esas luchas que están tan dispersas,
desde Quintana Roo hasta Tijuana, pudieran hacer un acuerdo y unirse,
que eso es lo que plantea la Otra Campaña.
Y si aquí está este sistema que nos hace daño
a la salud, no hay mejor medicina que destruir el virus que es el
sistema. Y entonces empezar a construir otra vez otro país,
con otro sistema donde tomamos en cuenta todo. No sólo a los
pueblos indios, no sólo las condiciones laborales, sino también
el cuidado, el mantenimiento y el crecimiento del medio ambiente que
es donde nos desenvolvemos.
Nosotros les pedimos que lo piensen, a esos que están simpatizando,
no se trata de hacer un partido político, ni de mocharse con
cuánto para el líder, o para la cuota sindical, o lo
que sea. Lo que se trata es de no estar solos ni una vez más.
Y saber que tenemos compañeros no sólo en México,
sino también en el otro México que está cruzando
la frontera. Porque esa frontera nos la impusieron, esa no tiene nada
que ver con lo que pensamos nosotros.
Queríamos agradecerles esta escucha. Gracias compañeros,
gracias compañeras.
Palabras del Delegado Zero con Adherentes de Tecate y Tijuana.
18 de octubre del 2006
Bueno, nosotros no estamos de acuerdo con que sea antipatriarcal.
No, no es cierto, sí estamos de acuerdo.
Miren compañeros, quería comentar algunas cosas, dos
fundamentales —aparte de pedirles más trabajo del que
ya han hecho para que podamos llegar hasta acá—. Uno
es el problema de la palabra. Si hemos dicho que la Otra Campaña
debe ser el oído que escuche la palabra de todos, está
el problema éste de hablar.
Y ahora que estaba el compañero de artes graficas del otro
arte, batallando para expresarse —decía él—,
recordaba lo que nos pasó en San Martín Texmelucan,
en Puebla, que pasó un compañero grafitero —yo
me imagino que los grafiteros de aquí de Tijuana no pasaron
porqué están grafiteando la camioneta—, pero pasó
un compa joven, mero grafitero o sea lo vez, y tú dices: “éste
es candidato a que lo levante la tira”. Y trató de hablar
y no pudo, dijo dos, tres cosas —así que no muy se entendía—
y alcanzó a decir nada más, pues que él hablaba
con —ahora, sí que con el bote pues—, con el spray.
Y se fue. Estaban haciendo en una pared que estaba con propaganda
de partidos políticos, estaban haciendo un grafiti mientras
estaba la reunión de adherentes en San Martín Texmelucan.
¡Uta, vieran ese grafiti! Mejor que cualquier comunicado del
Subcomandante Marcos o del EZLN, o sea lo que decía él
con esa gráfica —porque además era una banda,
no era sólo él— está bien, bien fuerte,
pues.
Y ahí nosotros llevamos mano —los zapatistas—,
porque nosotros cuando decimos di tu palabra en lengua maya, nosotros
decimos: ¿qué dice tu corazón? Y el corazón
no siempre habla con palabras, habla con otras formas, a veces es
la música —que ya veremos pues de eso en los conciertos
que va a haber—, a veces con el arte gráfico, a veces
con el propio trabajo.
Y la Otra Campaña tiene ese reto, de saber escuchar esas otras
formas de lo que dice el corazón de la gente que se está
levantando, que muchas veces no sólo no podrá hablar,
sino que ni siquiera lo podrá hacer en castilla —que
es más o menos el puente que nos está uniendo hasta
ahora—.
Y aparte de ese problema, está el problema de las jerarquías.
Y cuando uno habla de jerarquías en la Otra Campaña,
uno piensa que se trata de quién manda y quién obedece.
Y el problema de la Otra Campaña no es ése. El problema
es de las jerarquías de esfuerzo. Porque las organizaciones
políticas de izquierda piensan que la jerarquía es dirigir
el esfuerzo a organizar a la clase obrera para destruir al capital,
tomar el poder e implantar el socialismo, por ejemplo.
Y la jerarquía para los grupos —estoy siendo muy esquemático—
anarquistas o libertarios, es destruir el poder, que no haya. Y para
los grupos feministas o antipatriarcales es que se garantice en los
hechos el respeto, no sólo la igualdad y la equidad pues, sino
el respeto al diferente en ese caso. Y a los pueblos indios, pues
lo más importante, jerárquicamente, es luchar por nuestro
reconocimiento como derechos y cultura indígena.
El problema es cuando, según su organización, grupo,
colectivo, o pensamiento de cada quien, y que tiene una jerarquía
de su esfuerzo, quiere imponerla a los demás. Ahí sí
—como dice el Andulio— se chingó la señora
Roma esa, porque entonces se trata de ver quién manda, y eso
ya se va a traducir en una jerarquía. Y va a ser el momento
de en que la Otra Campaña —para usar la imagen del compañero
de artes gráficas—, se va empezar a desmadejar.
Nosotros estamos proponiendo esto de la consulta para definir lo
que es la Otra Campaña. Y les estamos pidiendo no sólo
que digan cómo debe ser la Otra Campaña, sino que digan:
“si la Otra Campaña no tiene esto, yo me salgo”.
Porque ése va a ser un reto. Por ejemplo, para las compañeras
que están planteando esto de, de la lucha por las mujeres.
Nosotros estamos de acuerdo, perfectamente con eso ¿no? No
puede ser —y lo explicó bien la compañera que
dejó su escrito—, no se trata sólo de la violencia
en contra de las mujeres, sino de todo un ambiente, una cultura, un
sistema de valoración, una jerarquía de belleza, una
jerarquía de inteligencia, de creatividad, que deja a la mujer
en otro plano. También de acuerdo en eso.
Pero si cada quien va decidiendo sus jerarquías y dice: “si
la Otra Campaña no toca este punto yo me salgo”. Esa
es la pregunta fundamental que hay en la consulta que estamos proponiendo
y que tendríamos que resolver. Porque a lo mejor podríamos
convivir unos y otros en proyectos generales, siempre y cuando no
se toquen los puntos más sensibles.
Nosotros los zapatistas pensamos que ese es uno. Que no podemos estar
proponiendo un mundo nuevo y esforzándonos por cambiar todo,
si no tocamos ese punto. Así como también decimos: no
vamos a repetir la misma historia de la Guerra de Independencia y
de la Revolución, de que haya un cambio profundo en este país
y los pueblos indios queden igual. Igual, no estaríamos de
acuerdo de hacer un cambio profundo y que el trato a la mujer —y
no me refiero sólo al trato físico, sino en general
y cultural—, no cambie.
Entonces, esas cosas fundamentales son las que tenemos que resolver.
Y el esfuerzo no es sólo pelear por ese espacio, sino por convencer
a los otros en este aspecto básico, porque no se trata aquí
de pasar al tribunal para juzgar a los hombres machos —pienso
yo—, sino de hacer un trabajo de convencimiento. Hasta qué
punto está tejida esta red que damos por supuesta, que no cuestionamos
y que nos lleva a decir: “lo importante es el trabajo con el
movimiento obrero” y no la lucha por el respeto a la mujer,
por ejemplo. Y que se nos responde en determinado momento: “sí,
eso sí está mal, pero no importa ahorita, esperemos,
porque otra cosa es más importante”.
Que igual nos puede decir el otro lado: “ahorita no importa
la organización obrera, porque lo que es necesario es desarrollar
los medios libres”. Si la Otra Campaña empieza a optar
por un lado y por otro, sacrificando una de sus virtudes, que es esta
pluralidad dentro de un solo camino, va a empezar a perder por sí
sola, sin llegar todavía a la confrontación directa
con el capital, o sea con el poderoso.
Es cuando nosotros decimos: “en la Otra Campaña hay
un espacio que tienes que conquistar y que tienes que defender”.
No se trata aquí de que todos agarremos el discurso. Los varones
el discurso de las mujeres y ahora resulta que los hombres están
luchando por los derechos de las mujeres, sin que se tome en cuenta
cuál es su palabra. Así como que los mestizos agarren
el discurso de los pueblos indios, sin que se tome en cuenta la palabra
de los pueblos indios.
Y así por muchos lados. Porque hay riquezas aquí que
no se escuchan todavía. Así como fue difícil
que el compañero de artes gráficas se expresará
—o ese grafitero de Texmelucan— también, por ejemplo,
hay muchas experiencias dentro de la Otra Campaña de autogestión,
que no hemos escuchado porque los que las practican son los que están
detrás de las cámaras y los micrófonos —mayoritariamente—.
Y aquí pasó un compañero que dijo que nunca
se ha puesto a trabajar con el capital. De estos compañeros
y compañeras —anarquistas, libertarios, punks, todos
los nombres que tienen—, han construido su propia economía
de autogestión, para no depender del capital. Y lo explicó
el compa de La Transgresora: “pues, ahora sí que hay
están nuestras camisetas y lo que sea, porque de ahí
sacamos para el transmisor”.
Otro podría optar: “voy a trabajar con un patrón,
voy a sacar la lana y voy a comprar el transmisor”. Otro podría
optar: “voy a pedir un proyecto para conseguir el dinero para
poder hacer ese trabajo”. Y estos compañeros y compañeras
están asumiendo esa posición como una posición
política que no se ve, como tal vez no entendamos la posición
política de peinarse de una forma, de vestirse de una forma,
de ser, de cada quien.
Y podíamos aprender, o empezar a aprender, a diferenciar lo
que es una moda de lo que es una posición política.
Por ejemplo de los dark o de los punk. Y son cosas que nosotros como
zapatistas no conocíamos. Como no conocíamos hasta qué
punto está lastimada la relación con las mujeres en
nuestras comunidades, hasta que ellas mismas lo plantearon. Porque
no fue la dirección zapatista la que dijo: “a ver reúnanse
las mujeres y pónganse de acuerdo”, sino como parte mismo
del proceso, esto se planteó.
Y a lo mejor un día que venga Susana, porque las que levantaron
ese trabajo —que recuerdo— y que están vivas es,
era, sólo queda Susana, porque la otra era Ramona y ya murió.
Y lo más seguro es que a Susana le toque el Norte, el Noroeste.
Y venga a aquí y puedan platicar, Carmen y todas las compañeras
con ella, y cuente cómo esa historia se tejió así,
y se tejió a contra corriente de los hombres.
Entonces nosotros decimos: sería bueno no sólo que
la Otra Campaña se definiera por el respeto a la mujer, sino
sería bueno que las mujeres, las que hacen ese trabajo, hicieron
el trabajo de concientización, de educación —no
sé como llamarle—, que impusieran su presencia y su respeto
dentro de la Otra Campaña.
Y que así como en Ensenada dijimos: “la Otra Campaña
no puede presentarse al resto del pueblo si no practica otro forma
de hacer política, que es escucharse a sí misma y tomarse
en cuenta”. Nosotros pensamos que no podríamos presentarnos
al pueblo de México y dibujar un mundo maravilloso, donde la
mujer no tenga cambio, por ejemplo. O donde los pueblos indios sigan
siendo despreciados. O siga siendo la forma de vestir, la preferencia
sexual, la estatura, el color de cada quien, un motivo de burla, de
desprecio o de discriminación.
Y cuando están señalando aquí que no se trata
sólo de decirlo, porque, en efecto, bueno pensábamos
que era muy fácil venir a decirlo, ahora resulta que no es,
lo difícil es expresarlo, más difícil todavía
sería practicarlo. Y en ese sentido, la Otra Campaña,
tiene en esa riqueza la posibilidad de ver que esa gran madeja —que
describió el compañero— no agarre para otro camino.
Porque yo los escucho a ustedes y digo: qué chingón
lo que nos contó el compa Reinaldo. Y además, qué
chingón cómo lo hizo. Nos contó una historia
y describió toda una situación social. Y él se
da cuenta de que va a topar pared, porque no importa que esfuerzo
pueda hacer por el chamaco éste que empieza a pintar, si sabe
que más allá de sus fuerzas y de la voluntad del niño
—o del mismo compa Rei—, hay un sistema que se va a comer
a ese niño, que se va a comer como drogadicto, como empleado,
como trabajador de maquila, como lo que sea.
Y a lo mejor —igual como explicaba Carmen—, el esfuerzo
por poder conquistar un espacio para que se respete como mujer, a
lo mejor se logra construir el espacio aquí entre los compañeros,
en el Colectivo Cosme o en la Otra Tijuana, o en la Otra Baja California
—y si es chicle y pega en toda la Otra Campaña—.
Y como quiera ya está la sociedad que te está pegando,
a veces directamente, físicamente —como a las presas
de Atenco— o a veces por lo que explicó esta compañera
que dejó su escrito, de que es la cultura sexista: cómo
se refiere uno a la mujer, cómo la concibe, sobre todo en los
hombres, pero —perdónenme— también en las
mujeres. Porque luego se olvida señalar que el machismo lo
ejercen muchas veces las mujeres en contra de sí mismas ¿no?,
y también compañeras, y también de colectivos
feministas.
Entonces, si nosotros tenemos esta riqueza que vimos ahorita y que
vimos en la mañana, y vamos a tomar una definición,
una decisión que nos va a decir: “esto somos”.
Nosotros pensamos que lo que deben tomar en cuenta cada quien, es
que su ámbito de trabajo y de lucha, su espacio, no sólo
se mantenga, sino que no aspire a hegemonizar y homogenizar toda la
Otra Campaña.
Que la Otra Campaña no se convierta en un movimiento feminista,
por ejemplo. Pero tampoco en un partido político, otro ejemplo.
Ni en un medio libre gigantesco, ni en un gran mural, ni en una organización
indígena. Porque hemos logrado conseguir, hasta ahora, que
confluyan todas esas fuerzas. Lo que necesitamos es que juntos decidamos
que la bola que es la madeja no vaya para otro lado, que no termine
reproduciendo lo mismo que dice combatir.
Entonces, lo que nosotros les proponemos compañeros, son dos
cosas: Una: que en cada colectivo, grupo, organización en el
que está cada quien, discuta esto que les estamos proponiendo.
Porque están los seis puntos, pero la pregunta fundamental
es esta: “si la Otra Campaña no hace qué cosa
¿te sales?” Porque ya está la respuesta de qué
fue lo que te convocó —que es la Sexta—. Pero la
Sexta ya pasó, porque la Otra Campaña ya existe, ya
es real, ya va más allá del EZLN. En efecto, somos una
parte de la Otra Campaña, aunque todavía esté
girando mucho de si pasa la Comisión Sexta o no pasa, pero
lo vimos desde Atenco que ya no es así.
Entonces, es necesario que la Otra Campaña se dé rostro
y diga: “esto soy” y dé su declaración,
su primera declaración, su primer pronunciamiento —como
le quiera llamar cada quien—.
Y entonces cada quien se va a responder y va a decir: “yo necesito
—por ejemplo, diría Carmen— que la Otra Campaña
defina claramente una posición frente al machismo, frente a
lo patriarcal, frente al sexismo”, todo lo que nos estuvo explicando
ella y las otras compañeras que pasaron.
Y otro diría: “se necesita que se dé, que quede
claramente que el núcleo de explotación del capitalismo
está en los obreros, en la explotación de la fuerza
de trabajo de los obreros”.
Y otro dirá: “el núcleo fundamental es que tiene
que garantizar no sólo la libre información, a la hora
de recibir el derecho a la información, no es sólo a
la hora de recibirla sino también a la hora de producirla”.
Y así cada quien puede ir agregando. Porque los compañeros
purépechas y nahuatls que vienen representando al Congreso
Nacional Indígena de la región Centro Pacífico,
dirán: “y que se garantice el respeto a los derechos
y la cultura indígena y al ejercicio de la autonomía
y todo eso”.
Y cada quien le agregue: “eso fue lo que nos convocó,
pero si falta tal cosa, entonces la Otra Campaña no es mi movimiento”.
Esa es una parte de la pregunta que están haciendo las seis,
los seis puntos que dijimos.
Y la otra parte de la pregunta es: “hacia dónde no vamos
a ir ahorita”. Porque lo que ocurrió es que una parte
de la Otra Campaña —muy pequeña, pero ellos piensan
que son muchos—, se fue detrás del movimiento electoral.
Y como la Otra Campaña no tenía una definición
respecto a la lucha hacia arriba, nada más que no era nuestra
pista, pues se sintieron con la libertad de hacerlo. Nosotros pensamos,
a lo mejor ya llegó el momento de que la Otra Campaña
tiene que decir: “nada por arriba, nada. Ni nada que apunte
hacia arriba —a lo mejor sí, a lo mejor no—. Y
si la Otra Campaña va a terminar detrás de un candidato
o apoyándolo frente a un fraude o lo que sea, para que uno,
alguien, llegue al poder, entonces sí yo no le entro”.
O si terminamos diciendo: “bueno es que el capitalismo ya bien
visto no está tan feo, a lo mejor le podemos adecuar algunas
cosas”. Me estoy yendo a los dos extremos, pero esa es otra
pregunta que tenemos que resolver, porque tenemos que definir claramente
quién es compañero y quién no. ¿Cómo
nos vamos a identificar? Y qué en este mundo de diferencias
y de divergencias que tenemos, ¿cuáles son las diferencias
que vamos a tolerar y cuáles no? Eso lo tenemos que decir.
Entonces les pedimos que lo discutan, porque no es algo que se discuta
en una asamblea. Porque ya se vio que en una asamblea el que habla,
y sabe hablar, pues convence o le aplauden, o lo que sea, y no están
tomando en cuenta ni los argumentos, ni la inteligencia, ni la creatividad.
Todo lo que se quejaron de cómo se… que no se toma en
cuenta en las mujeres, no se toma en cuenta en nadie que no sepa pasar
a hablar al micrófono.
Entonces, lo define cada colectivo o grupo —nosotros les decimos
eso— y que se reúnan como Otra Tijuana, Otra Tecate y
digan: “bueno, cada quien su rollo, pero tenemos que preguntarle
a los que no pueden venir a la asamblea, tenemos que ir con ellos”.
Porque la Otra Campaña nunca dijo, la Sexta Declaración
nunca dijo: “para ser adherente, tendrá que asistir a
tanto porcentaje o aguantar tanto tiempo las asambleas”.
Se dijo que había que ser anticapitalista y de izquierda —o
sea que no bastaba con ser progresista, sino que había que
apuntar hacia una alternativa al capitalismo—, y a lo mejor
se agrega otra, como la anti patriarcal, anti sexista y cada quien
le va ir agregando las partes que queda, pero no dice en ningún
lugar que hay que ir a las asambleas, en Tijuana, en el mutikulto.
Y entonces si hay gente, aquí cerca, en la zona de Tijuana
y de Tecate… Les digo esto porque ayer hablé con una
jefa indígena kumiai, que está en un pueblo en Tecate,
cerca de, en el municipio de Tecate, pero la vimos en el municipio
de Ensenada —como pueblo indio—. A lo mejor batallan y
todo eso, pero quién le va a preguntar a esos compañeros
lo de lo patriarcal, lo de lo anticapitalista, lo de la izquierda,
lo del papel de los medios de comunicación, todo lo que se
ha ido desglosando a través de este año que lleva la
Otra Campaña.
Entonces, debiera haber un esfuerzo dentro de los adherentes que
pueden, para hacer esto. Y entonces si podrían promover entre
las maquiladoras, porque no le van a pedir a esa gente que está
trabajando todo el día y el poco tiempo que le queda pues tiene
que atender su casa, su familia o descansar, que además se
reviente tres o cuatro horas en una asamblea.
Debiera haber alguien, una brigada o algo que pudiera ir y sentarse
con esa persona, con ese compañero, y cumplirle la palabra:
“no importa que eres uno, te tomamos en cuenta”. A lo
mejor gana o pierde tu posición, lo importante es que estamos
haciendo lo que se está diciendo de otra manera de hacer política.
Si no lo que va pasando, es que vamos ir delegando en uno y en otro,
hasta que la gente que realmente se entró a esto porque pensaba
que era algo nuevo, sea desplazada por el que dice o los que dicen
representarla. En este caso, por la asamblea, o por los activistas
de la Otra Campaña, o por los grupos que tengan la hegemonía
en una determinada región del país.
Porque habrá lugares donde la Otra Campaña tiene más
presencia de organizaciones políticas y en otros lugares tiene
más presencia de colectivos y grupos de información
y cultura. Y en otra parte de grupos feministas. Y en otras partes,
de pueblos indios. Pero no es eso, no se está disputando el
poder o el territorio, lo que se está disputando es un sistema
político, que es el que nos está llevando por varios
lados a lo mismo.
Entonces esas son las dos propuestas, compañeros. Proponemos
que lo que queda de octubre y todo noviembre, cada colectivo responda
esas preguntas. Y que se organicen entre todos —ahora sí
juntos—, dejando de lado si están de acuerdo con una
cosa o con otra y decir: “bueno, cómo le vamos a hacer
para preguntarle a toda la gente a la que convocamos nosotros, como
Otra Campaña en Tijuana o en Tecate”.
Y hacer un mecanismo, el que ustedes decidan, porque tampoco se trata
de hacer un solo criterio para todos. Aquí hay que hacerle
así, preguntas, entrevistas, poner mesas, hacer asambleas de
discusión, mesas redondas, lo que sea, pero que se —como
decía el compañero— que salga, que se halla una
riqueza de debate, cultural, política, que ningún partido,
organización de los que están allá arriba le
está ofreciendo al país ni a la gente a la que pertenece.
Entonces que se pueda debatir abiertamente sobre el tema del sexismo,
de lo patriarcal, del papel de los medios libres, del papel de los
medios de comunicación masivos, del papel de la clase obrera,
del papel de los estudiantes, de cada quien, según como está
su territorio y su forma.
Y entonces se organice esta consulta, y nosotros estamos proponiendo
que del 4 al 10 sea esta consulta, una semana para cubrir todo eso.
Y hagamos el conteo —no invitamos a Ugalde, ni a nadie así
para que salga cabal—, y entonces ya podamos decir a fin de
año: “compañeros, compañeras, la mayoría
de la Otra Campaña dice que debemos ser esto”. Otros
dicen que debemos ser además esto, pero que podemos irlo viendo
con el tiempo, pero lo básico es esto. “¿Estamos
de acuerdo?” No pues que sí. “Entonces hagamos
nuestra declaración”.
Y a partir de febrero, arranquemos, ahora sí, para hacer trabajo
con el resto de la gente, pero ya no para que entre a la Otra Campaña,
que cada quien siga donde quiere, sino para ir levantando el Programa
Nacional de Lucha, en donde estará lo de los pueblos indios,
estará lo de los medios alternativos, el derecho a la información,
estará el respeto a la mujer, lo anti patriarcal, todas las
cosas que van ir saliendo en cada lugar.
Y entonces sí —como decíamos ayer en Ensenada—,
lo que proponga la Otra Campaña para Ensenada, lo van a decidir
los de Ensenada. Y en Tijuana los de Tijuana, no en la ciudad de México
se va a decidir qué hay para todo el país. Porque así
está operando ahorita la política —bueno cuando
hay alguien, porque Fox, yo creo que ni siquiera sabe qué está
pasando en su casa—.
Entonces nosotros les proponemos eso. Y en febrero, empezamos otra
vez la segunda etapa —decimos nosotros— ahora a plantar
a los compañeros Comandantes y Comandantas en cada región.
Y les digo esto porque una región es toda la península,
entonces habrá que cachar a los compañeros, ya no dos
días —a los comandantes y comandantas que les toque el
noroeste—, e ir con ellos, pero ya no a reclutar gente o a buscar
adhesiones, sino a hablar con la gente, con los grupos, con las maquiladoras,
con los trabajadores, con los grafiteros.
Y a lo mejor al principio los van a ver muy otros, porque como quiera
van andar con pasamontaña y con sus trajes tradicionales indígenas,
pero al rato ya van a ser parte de lo que es la Otra en Tijuana, porque
cuando nosotros dijimos: “vamos a luchar junto con ustedes”
es que vamos a estar con ustedes, pero no moralmente, sino físicamente.
Entonces, lo que vamos a hacer es repartir a lo que forma la Comisión
Sexta en todo el país a que quede de planta, y cada tanto los
vamos a relevar —porque como quiera pues no es nuestro terreno—.
Pero ya arrancado eso, es que permanentemente aquí tendrán,
junto con ustedes, viendo sus problemas, aprendiendo su modo, todo
eso, a compañeros de la dirección zapatista: Comandantes
y Comandantas. Y entonces ya ver con eso. Pero antes necesitaríamos
definir nuestro perfil.
Entonces, esa es la propuesta que les hacemos para que lo discutan
en sus colectivos, en una asamblea posterior —cuando tengan
tiempo y no estén tan cansados—, y que nos respondan
esa pregunta: ¿está bien que ya nos definamos o seguimos
sin definirnos? Y si está bien que ya nos definamos: ¿cuál
es el perfil que nos vamos a dar? Y qué perfil, qué
ojos, qué nariz o qué boca diríamos: “ése
ya no me representa, me voy a otra parte o hacemos otra cosa o lo
que sea”.
Eso es lo que estamos haciendo para poder responder, ahora sí
todos juntos, no qué dice el delegado Zero o qué dice
la Comisión Sexta, o a ver qué dice el EZLN, sino qué
decimos todos de qué queremos hacer. Esa es nuestra propuesta
compañeros. Gracias, buenas tardes.