Palabras del delegado zero en el
mitin en la colonia triqui Lomas de San Ramón, San Quintín,
16 de octubre
San Quintín, Baja California
Mitin en la colonia triqui Lomas de San Ramón.
16 de octubre del 2006
Compañeros, compañeras: buenas noches. Traemos un saludo
de las comunidades indígenas zapatistas. Nosotros somos de
Chiapas, de las montañas del sureste mexicano. Hace unos momentos
estuvimos escuchando cómo vive y cómo trabaja la gente
aquí en el Valle de San Quintín, aquí en Baja
California.
Y queremos decir esto, porque en el resto del país no se conoce
lo que está pasando aquí. En los grandes medios de comunicación
sólo salen las tarugadas que dice Vicente Fox y los diferentes
políticos. Y están diciendo que en México todo
está bien, que los indígenas y la gente pobre están
contentos con el seguro popular, que se respetan los derechos de los
trabajadores y que la gente está contenta y por eso apoya a
Felipe Calderón que —como todos sabemos— va a llegar
a la presidencia gracias a un crimen, a un fraude que hizo Vicente
Fox.
Y lo que estamos haciendo nosotros es recogiendo la palabra y llevarla
lejos. Porque aquí nos platicaron que ustedes se levantan a
trabajar a las cuatro de la mañana y regresan a su casa otra
vez hasta las cinco de la tarde, a veces más tarde. Si me sale
bien la cuenta son trece horas. Y entonces, ¿por qué
sólo les pagan ochos horas?
Y nos cuentan también, que les pagan 80, 90 o 100 pesos. Y
nosotros hicimos la cuenta, lo que se necesita para vivir, porque
sabemos que hay que pagar la luz, o a la renta —si es que están
rentando la casa—, que hay que comprar jabón, pasta de
dientes, algo para comer, algo de ropa, algo de zapatos. Y según
nuestra cuenta se necesita para vivir, más o menos así,
como pobres: 485 pesos al día. Quiere decir que una familia
aquí en el Valle de San Quintín, tendría que
trabajar exactamente tres o cuatro veces lo que está trabajando
ahorita, pero si el día sólo tiene 24 horas. Si tendría
que trabajar para ganar lo necesario para vivir, un solo trabajador,
tendría que trabajar cuarenta horas al día, sin comer
y sin dormir, para nomás irla pasando.
Y entonces lo que resulta es que también, el hombre o la mujer
—y a veces hasta los niños— tienen que entrar a
trabajar. “Órale”, dicen. Pero ¿dónde
están los respetos a los derechos laborales? Saben que si se
enferman no lo respetan, si se enferman es que te estás haciendo
pato —dicen—, que te estás engañando, que
no es cierto que tienes nada. Vas con el doctor y te dice: “todo
está en tu cabeza”, no importa que te estés muriendo.
Y si eres mujer y te embarazas, ¿a poco te van apoyar para
que das a luz?, ¿a poco te van apoyar para que vas a criar
al niño los primeros meses? Y eso es lo que dice la ley laboral,
y aquí no se está respetando. Y además de eso,
todavía, compañeros y compañeras, se van a burlar
por el color que tienen, por su estatura, por la lengua que hablan,
por la ropa con la que se visten, por la cultura de indígenas.
Y aquí lo que viene pasando es que en este país, los
indígenas ya estaban antes de que llegaran los españoles,
antes que llegaran los gringos, los franceses, los coreanos, los japoneses,
y antes de que llegara el idiota de Vicente Fox a decir que era presidente
de México, aquí los indígenas ya vivían.
Y cómo es posible que ese señor que no hace nada, se
vaya a llevar de pensión —para pasar su vejez—tres
millones, trescientos cincuenta mil pesos. Y no hizo nada, lo sabemos
bien, porque ya pasaron seis años y ya va de salida. Y lo único
que hizo fue comprarle las toallas a su señora, comprarle su
ropa, hacer que sus hijos de su señora —que son los hermanos
Bibriesca—, estuvieran haciendo tranzas con tierras como ésta
del Valle de San Quintín, en otras partes de la República.
Si ustedes quieren ganar ese dinero, tienen que trabajar 90 años,
todos los días, de lunes a domingo, sin descansar un solo momento,
para ganar lo que ese señor se va a llevar por seis años
de no hacer absolutamente nada.
Y lo sabemos si alguien tiene una injusticia y quiere ir a reclamar
con el funcionario, empezando porque lo ven mal porque es indígena.
Si acaso le hacen caso, le dicen: “date otra vuelta”,
o le dan un papel y no le cumplen. Y según lo que escuchamos
ahora —no estoy inventando—, son historias que nos contaron
aquí mismo. Y no importa si hablan con el presidente municipal
o si hablan con el gobernador o con el diputado, o con el senador,
saben que no los van a respetar porque no son gente de dinero, gente
rica.
Y aquí puede que no haya drenaje y que no haya pavimento,
pero si vamos a las colonias ricas de Ensenada, ahí vamos a
ver que hay muchas cosas. Y ¿por qué?, si la gente que
está trabajando está aquí.
Cómo va a ser que va a representar a los indígenas
del Valle de San Quintín un terrateniente —que es el
que dirige la comisión legislativa, aquí en la cámara
de diputados, o sea en el congreso del estado de Baja California—,
pues ese no va a ver por sus derechos, va a ver por el derecho de
los terratenientes.
Y nos enseñaron también, el daño que les hace
en la piel que estén trabajando con químicos a la hora
que están haciendo el trabajo en el campo como jornaleros.
Y ¿a poco les dan protección?, o ¿a poco si se
enferman los van a ayudar?, ¿reciben aguinaldo?, ¿reciben
pensión? No reciben nada compañeros, y están
todo el día trabajando, y ven que en lugar de mejorar, cada
día las cosas son más caras.
Nos explicó un compañero: “aquí se ganan
47 pesos de salario mínimo”, 80, 90, 100 si te va bien,
si trabajas en una de las fincas o en una de las haciendas —como
se dicen ahora—. Pero resulta que a la hora que vas a comprar
las cosas hay que pagarlas en dólares, como si esto fuera territorio
norteamericano.
Y nosotros venimos de Baja California Sur y vimos grandes colonias
con letreros en inglés, donde vive gente que no es de este
país y es tratada con respeto. Y los que hicieron este país
—que son los indígenas— son tratados como si fueran
extraños, peor como si fueran extraños o extranjeros:
como si fueran animales que estuvieran haciendo daño. Y los
que están haciendo daño en este país son esos
ricos y esos políticos que están pagados por ellos.
Nosotros no estamos proponiendo… Mira, acaba de pasar un proceso
electoral y vino el PRI, vino el PAN y vino el PRD. Y dice que si
votas por ellos va a cambiar las cosas. Hay gente aquí que
lleva más de treinta años en el Valle y ya pasó
PRI, PAN y PRD y no ha cambiado nada, lo sabemos. Entonces nosotros
decimos —allá en Chiapas y en todos los estados de la
República nos estamos organizando y también con la gente
que está del otro lado, en Estados Unidos trabajando—
de que tenemos que cambiar este país, y tenemos que deshacernos
de esos políticos, de todos, porque todos son una bola de ladrones.
Y también, que la tierra tiene que ser de quien la trabaja,
esa tierra que están trabajando tiene que pasar a su propiedad,
no a propiedad del terrateniente. Y que ustedes decidan cuál
es el precio de ese producto. Y que los niños puedan ir a la
escuela, no nada más a la primaria, que sabemos que terminan
pocos, y a la secundaria llegan unos pocos, y a la prepa casi nadie
y a la universidad, olvídate. Y si llegan hasta arriba, siempre
van a seguir siendo un indio o una india, para ellos de allá
arriba, como si fuera una vergüenza ser lo que somos, hablar
como hablamos y tener el color que tenemos.
De cuando acá se dijo que aquí se va a pagar a la gente
según su color. La gente tiene que ganar según su trabajo,
que es lo que vale.
Y ni siquiera podemos decir que hay justicia, porque ustedes lo saben
bien, que las cárceles en Baja California y en todo el país,
están llenas de gente pobre. Y los grandes ladrones —que
son los políticos— están libres. Sabemos —porque
luego sale en las noticias— que un diputado es drogadicto, que
vende drogas, que se roba niñas para violarlas, gobernadores,
hasta el presidente de la República que se roba el dinero para
su propia familia y para favorecer a los hijos de su señora,
esa que se llama Martha Sahagún. Lo sabemos, no es ninguna,
no es algo que no sepamos, sale en los periódicos, en la televisión,
en todos lados.
Pero no los vamos encontrar en la cárcel —que es donde
debían estar—, en la cárcel vamos a encontrar
a una pobre gente que se puso a vender un día que no lo dejaban,
y llegó la policía y la pateó, como pateó
a una niña un policía allá en Ensenada —nos
platicaron, a una niña en el estómago—, porque
no le gustó que fuera lo que es: que es indígena. Y
esto ya pasó antes cuando la época de Porfirio Díaz.
Esas jornadas laborales y esos salarios, son los mismos que tenía
la gente cuando Porfirio Díaz y cuando se levantó para
derrocarlo. Y es lo mismo que ha pasado desde hace muchos años.
Y nosotros no queremos que las cosas cambien y que ahora entra otro
político y que las cosas siguen igual para los indígenas.
Que no importa que habla muy bonito o que promete muchas cosas, como
quiera como indígenas nos van a seguir despreciando. Como quiera
nos van a seguir humillando en el trabajo, en el campo, como jornaleros
agrícolas. Como quiera nos van a seguir despreciando a nuestros
hijos. Y nosotros no podemos heredarle a los hijos la vergüenza,
que es lo que nos están imponiendo. Que ellos crezcan con la
vergüenza de ser indígenas: triquis, mixtecos, zapotecos
—lo que es cada quien—, que tuvo que dejar su tierra para
venir a Baja California, pero no para estar de flojo o para ser un
criminal, vino a trabajar, porque en su tierra no hay trabajo.
Y lo que nosotros queremos hacer, es que su voz de ustedes de esta
situación, ahora sí se conozca. Porque lo sabemos que
los periódicos no lo van a decir, ni la televisión.
Lo único que lo va a decir es que entre nosotros mismos empecemos
a contar la historia, y eso es lo que vamos a hacer nosotros.
En cada lugar donde vamos a pasar de la República, y cuando
hablemos con otros compañeros vamos a contar lo que está
pasando aquí en el Valle de San Quintín, y no nada más
para ver si le da vergüenza a ese Fox o al gobernador de Baja
California, o al presidente municipal de Ensenada. Lo vamos a hacer
para que gente como ustedes en Oaxaca —que es de su misma sangre—,
u otros indígenas en otras partes del país lo escuchen,
y estén de acuerdo de luchar junto con ustedes, porque aquí
haya justicia, igual que en sus tierras.
Y que aquí pueda crecer con dignidad alguien que tenga la
sangre triqui, mixteca, zapoteca y diga, y la gente lo respete por
su trabajo, no que lo mire con desprecio nada más porque es
indígena.
Eso es lo que estamos proponiendo nosotros, no estamos buscando ningún
cargo, lo que queremos es decirles que si se organizan aquí
para luchar, que no vayan a luchar solos. Que nosotros podamos apoyarlos
en Chiapas, o los compañeros en Jalisco, o en Michoacán,
o en todas partes de la República donde estemos. Que si aquí
se empieza a luchar, la gente de Tijuana y de Ensenada y de Mexicali
que está también en la lucha, esté junto con
ustedes apoyándolos. Y que ya no sea que sólo nos enteramos
de una lucha cuando alguien muere o cuando alguien está en
la cárcel, sino que ustedes mismos tomen la palabra y se dé
a conocer en otros lados.
Y que aquí en el Valle de San Quintín, manden los que
viven y trabajan en el Valle de San Quintín, no un cabrón
licenciado que a saber de dónde viene, que ni conoce lo que
es aquí. Y que ese mismo que ustedes decidan, y lo vayan cambiando
y todos vayan aprendiendo a gobernar, porque gobernar no es de alguien
que sabe mucho, es el que tiene vergüenza, ese es el buen gobernante.
Y ésos que están allá arriba, lo sabemos bien,
son una bola de sinvergüenzas, todos, no se salva uno solo.
Entonces compañeros, si ya llevan 30 años, 15, 16,
los que lleven aquí en el Valle de San Quintín, ¿vamos
a esperar que a ver si otro? Ya van a ser seis años, a ver
si va a acabar ese Calderón… Y dentro de seis años
vamos a ver que estamos peor, ni siquiera igual, vamos estar peor.
Y entonces vamos a esperar a ver si llega otro. Y nos vamos hacer
grandes y vamos a morir, y nuestros hijos van a seguir esperando a
ver quién lo va a resolver.
Nosotros decimos que ya llegó la hora, que ya basta. Y no
estamos promoviendo un levantamiento armado —como hicimos nosotros—,
lo que nosotros queremos es hacer lucha por los derechos, civil y
pacífica en todo el país. Pero todos de acuerdo, todos
apoyándonos, no cada quien por su lado. Porque ahorita, a lo
mejor, ustedes piensan que San Quintín queda muy lejos de Chiapas.
Pues ya no, porque ya venimos a escucharlos. Y con estos compañeros
que vienen, que están tomando la grabación y la foto,
va a llegar a otras partes de la República.
Y entonces a lo mejor no puede llegar su voz directo, pero a través
de estos medios va a llegar lo que contaron ustedes, no lo que yo
invento. Porque eso es lo que está haciendo Fox, inventando
que en Baja California todo está bien, que vengan los gringos
a vivir, que vengan y pongan sus casas, como si no existe San Quintín,
como si no existen los triques, los mixtecos, los zapotecos y la gente
indígena y no indígena que está trabajando aquí,
como si no fuera que los están explotando, como los están
explotando.
Entonces compañeros y compañeras, nosotros no venimos
a prometerles nada más que una cosa: vamos a tumbar al gobierno,
un día va a llegar que lo vamos a hacer. Y la tierra va a ser
otra vez de quien la trabaja, no que lo que hizo Salinas fue cambiar
otra vez el artículo 27: que ya los ejidos y las tierras comunales
ya no son de los pueblos, ahora son del que las compra. Eso va a pasar.
Y no es que alguien lo va a venir a traer de fuera, ni Pancho Villa,
ni Zapata, ni Marcos, ni nadie: aquí mismo la gente, en cada
lugar, se va a organizar y eso es lo que vamos a hacer, porque ya
no se pude vivir así, como estamos viviendo.
Y si uno va a morir así como animal, igual se le muere el
miedo y mejor pelea, pero no queremos con lucha armada. Lo que queremos
es organizarnos y exigir nuestros derechos y quitar al gobierno. Y
poner a otro que nosotros mismos elijamos, de aquí mismo, y
si no sirve pa’ fuera. Y otro, y otro hasta que salga uno bueno.
Y hasta que los críos crezcan, y crezcan con verdad y con honestidad,
y entonces entiendan que tienen que servir a su pueblo.
Y entonces ser triqui, mixteco y zapoteco en el Valle de San Quintín
no va a ser un dolor, va a ser una alegría y un orgullo. Y
eso es lo que queremos.
Gracias compañeros. Gracias compañeras.
San Quintín, Baja California
Reunión con adherentes
15 de octubre
Compañeros, compañeras: buenas tardes. Voy a decir
una parte de la palabra ahorita y otra en el mitin. Primero que nada
queremos agradecerles que nos hayan recibido. Luego, luego se ve pues
cuando están recibiendo gente que tiene la sangre indígena,
que da lo mejor que tiene. A veces es lo único que tiene y
como quiera nos está recibiendo bien.
Miren, yo les quiero hablar de estas personas que vienen con nosotros,
porque del EZLN ahorita sólo vengo yo. Es primera vuelta que
estamos viniendo para conocer primero, y luego van a venir más
compañeros y compañeras, que son los jefes nuestros.
Por eso sale que yo soy Subcomandante, porque encima mío hay
quien me manda que son Comandantes y Comandantas, porque hay hombres
y mujeres que mandan.
Entonces, estos compañeros pues, es que nos pusimos de acuerdo
—ahorita les voy a platicar la historia—, pero ellos son
de otras organizaciones, de otros grupos y colectivos, pero ahora
sí que como que ya echamos trato y dijimos: “aquí
el problema es éste”. Y el problema es que están
los ricos y están los pobres. Y los pobres, o sea los trabajadores,
sólo pueden tener justicia si se organizan y luchan, pero no
para cambiar un gobierno, sino para cambiar a todo el país.
Entonces, nos organizamos y dijimos: “vamos a recorrer todo
el país, pero ya no vamos a hablar con los políticos”.
Porque ya hablamos —ya lo platicó el compañero
Carlos—. Ya hablamos, ya dimos todas las vueltas que están
diciendo ustedes, nosotros las dimos también y ellos también.
Entonces, ¿qué vamos a hacer? Vamos a hablar con la
gente que está jodida, que nos cuente pues cómo está
su lucha, porque si no va a parecer pues que México es lo que
dice Fox: “que todo está muy bien, que todos los inditos
están muy bien”. Todas las pendejadas que dice, o que
dice Xóchitl Gálvez.
Dijimos: no, que hable la gente. Y no vamos a ir a tirar pues el
rollo así como los políticos, sino que hable la gente
y la vamos a escuchar. “Órale”, dijeron ellos,
“vamos”. Nos organizamos, juntamos un poco de paga y trepamos
y nos vamos hasta Baja California. Y vamos a San Quintín y
le pedimos a los compañeros que son también de la lucha,
que están aquí en Baja California, pues que nos busquen
modo de cómo vamos a hablar con los compañeros y compañeras
de San Quintín. Y acá llegamos.
Entonces, hay unos compañeros aquí y compañeras,
que son los que traen las cámaras y los micrófonos,
que están grabando. Ellos no son de Televisa, ni de TV Azteca,
ni de los grandes periódicos. Ellos son que se llama de medios
alternativos. Entonces, ellos no se venden. Ellos lo que hacen es
que están agarrando su palabra de ustedes, y lo están
haciendo que lleguen a Oaxaca, por ejemplo. Que llegue a Chiapas,
que llegue a Estados Unidos, que llegue a Europa, que llegue a Oceanía.
A todas partes, porque de por sí ellos ya tienen su modo.
Así como ustedes saben trabajar la tierra, ellos saben trabajar
eso. Y en lugar de ponerlo para que van a ganar paga y hacerse ricos
—como los grandes que tienen los grandes periódicos—,
ellos dicen: no pues yo voy a pelear con esto que sé hacer,
que lo que sé hacer es sacar la voz del que está abajo
y llevarla lejos”. Y fíjense, ustedes lo saben pues,
porque cuando tenemos un problema, y nos organizamos bien, pues nos
mandan a un político. Y ese echa su rollo, su verborrea —como
dijo un compañero pues—, echa su verbo. Y pues habla
bien bonito pero no le entendemos qué está diciendo.
Porque habla con palabras muy duras, decimos nosotros.
Y ya nos vamos a nuestras casas, y:
—¿Cómo te fue?
—Pues bien bonito que habló ése.
—Y ¿qué dijo?
—Pues no sé qué dijo, pero habla muy bonito.
Pero viera que la misma gente de abajo, aunque sea con batalla y
que empiece a contar su historia y su dolor, y otro igual en Oaxaca
lo está oyendo. Otro triqui, otro mixteco, otro zapoteco. Pues
entonces va a decir: “oye pues esos compañeros son de
nuestra sangre”. Y lo escucha un maya y dice: “ése
es el mismo problema que tenemos nosotros”.
Entonces, el trabajo de ellos, no es que están paseando pues.
Y no es que son del EZLN: son de otras organizaciones, pero su trabajo
es ése: que ustedes hablaron y ahí va, en su grabadora
y en su foto. Y ahí van a ver ellos allá y en otras
partes del mundo: “esa es gente de abajo”. No están
hablando los licenciados, ni está hablando Fox, ni Xóchitl
Gálvez. Está hablando mero la gente de San Quintín.
Y entonces, se rompe un poco eso de, como decía un compañero:
“es que como que estamos encerrados, porque estamos muy lejos,
mismo de Tijuana”. Pues ya no se diga de la Ciudad de México,
que hay que venir en avión o en barco pues como venimos, y
luego en carretera. Pero estos compañeros lo que van a hacer
es llevar su palabra, para que llegue lejos, y se conozca la injusticia.
Porque también viene de un periódico nacional y de una
revista nacional. También se va a conocer ahí.
Pero lo más importante es que gente igual que ustedes los
va a escuchar. Y sólo aquí los puede escuchar, en ningún
otro lado. Porque ustedes no van a poder ir a Yucatán, ni a
Tamaulipas, ni a Ciudad Juárez, ni a Michoacán. Pero
su voz va a llegar ahí. Porque hay otros como ustedes que están
diciendo: “puta madre, esto que me está pasando ¿por
qué? No es justo”, como dice el compañero.
Eso es lo que estamos haciendo nosotros. Nosotros no estamos prometiendo
que si es Marcos gobierno, o que si tal señor va a ser gobierno,
va a salir las… No, nosotros decimos, estamos diciendo: vamos
a hacer que se escuche la palabra de la gente, y que la misma gente
de abajo se empiece a conocer lo que le duele. Así como cuando
van al doctor y dice: “bueno, ¿qué tiene?”
Pues uno tiene que decir qué tiene. No es que lo cuenta pues
la tía, sino que uno mismo cuenta cómo le está
doliendo. Pues eso lo que nos está doliendo es nuestro país.
Y lo que tenemos que hacer primero es conocernos, y organizarnos para
ponernos de acuerdo.
Yo les voy a contar un poco la historia de nosotros. Nosotros somos
mayas, indígenas de raíz maya. Y así como ustedes
se llaman triquis o mixteco, o zapoteco, nosotros nos llamamos: tzeltal,
tzotzil, chol, tojolabal. ¡Uta!, nosotros estamos bien jodidos.
Antes de que nos alzamos en armas, todo el día pues nos tienen
aventados en el cerro, pura piedra. Ustedes son campesinos y saben
trabajar la tierra, saben lo que cuesta cuando hay pedregal. Cuesta
un chingo y luego da bien poquito. Apenas un poco de maíz,
para tener tortilla y pozol —que es el que hacemos nosotros
con el maíz, una bebida—, esa es la comida: tortilla,
frijol, un poco de verduras tal vez, y de repente, si hay necesidad,
vas a matar un pollo, y ya, si va bien.
Y la tierra buena, plana, con agua, el finquero —finquero le
decimos nosotros al terrateniente, les decíamos, porque ya
los correteamos—. Y entonces, viene este Salinas de Gortari
y dice: “no pues, se acabó”. El Artículo
27 que puso mi General Zapata de que la tierra es de quien la trabaja,
ya no. “Ya no hay tierras para repartir”, y además,
el que tiene tierra: ejidatario, propiedad comunal, ahora ya la puede
vender. Y se puede comprar, y te la puede quitar el banco. Antes no
se podía. El ejidatario siempre es propietario de la tierra
y nadie se la puede quitar. Ahorita, se compra y se vende.
Y ¿quién la va a vender? Pues el que tiene necesidad,
compañeros. Y ¿quién la va a comprar? El que
tiene dinero. Y ¿cuándo hemos tenido nosotros? Lo único
que nos sobra es necesidad. Y en todas partes del país donde
hemos pasado esto es lo que hemos encontrado: que los campesinos están
vendiendo su tierra. O se las están quitando con engaños.
Porque ustedes han contado y nosotros lo sabemos en cualquier parte.
A cuánta gente pues que no habla castilla —así
le decimos nosotros al español—: “fírmale
aquí y te doy cien pesos”. Y firma y tras que no sabe
que está firmando que ya entregó su ejido. Lo sabemos
que es que luego corrompen al comisariado ejidal, o al agente municipal.
Que lo embolan, lo emborrachan pues —así decimos nosotros
que se embola—, y al rato, ya dijo: “ya todos firmaron”.
Y ¿cuál? Pues la comunidad ni sabe, el ejidatario ni
sabe. Cuando da cuenta ya no hay tierra. Y cuando da cuenta esa tierra
donde está trabajando y donde trabajó su papá
y su mamá, y sus abuelos, y sus bisabuelos, y así hasta
antes de que llegaran los españoles, ya no son de él.
Él está despojando, y lo meten a la cárcel, por
estar en su tierra.
Y el que llegó con engaños y que se apoderó
de la tierra es el presidente municipal, es síndico, es diputado
local, es diputado federal, es senador, hasta es gobernador. O hasta
presidente de la República.
Esta es la historia que estamos viendo. Ustedes nos contaron que
ya hay unos que ya tienen 30 años aquí. Yo estuve pasando
la cuenta: pasó López Portillo —que entró
en 76—, ¿les cambió algo? Nada. Llegó Miguel
de la Madrid, ¿cambió algo? Sí, se puso peor.
Llegó Salinas, más peor. Llegó Zedillo, más
peor. Llegó Fox, más peor. ¿A poco nos va a ir
mejor con Calderón? Que ya sabemos que no va a… Entonces,
si nosotros estamos pensando eso y dice: “¡uta! vamos
a esperar a ver si quiera dios que manda a un hombre que sea cabal”
—o mujer—, pues no compañeros. Nosotros sabemos
que así no es.
Cuándo en la tradición de lucha del pueblo triqui ha
sido una persona que se levanta, no es cierto, es siempre el pueblo.
Igual nuestros pueblos. Y si hacemos la cuenta con huicholes, con
nahuatls, con los purépechas, con nosotros pues, con los de
raíz maya, nunca es que sale uno, es que el pueblo se organiza
y así conquista las cosas. Miren, a nosotros así como
están contando así nos hacían. Nosotros caminas
tres, cuatro días para agarrar un carro de redilas, de tres
toneladas, así le decimos nosotros. Y luego pagas 15, 30 pesos
por que te lleve a la cabecera municipal. Si la mujer está
enferma, llega —no sabe hablar castilla, habla lengua—,
no la reciben: va a tener que parir en la calle. Si es que está
embarazada y va a dar a luz. Si está enferma, se va a morir
en la calle.
Entonces, imagínate la cuenta que hace alguien que dice: “estoy
enfermo, voy a caminar 3 días, tengo que pagar 30 pesos de
ida y 30 pesos de regreso, para morirme allá, mejor me muero
aquí”. ¿Si me entienden? Entonces, llega un momento
pues como explicó la compañera, pues sí nos da
miedo la represión. Pero cuando ya te vas a morir se acaba
el miedo también. Y entonces, lo que pasó en nuestras
comunidades, es que llegó el momento en que había que
pensar si nos vamos a morir así, o vamos a morir peleando.
Y entonces, lo que llegó en el pensamiento es que hay que
morir peleando. Y nosotros pensamos, pues órale, vamos a levantarnos
en armas. Y vamos a atacar la ciudad del rico. Y que México
se de cuenta cómo están viviendo los indígenas.
Compañeros, porque acuérdense, cuando estaba Salinas
de Gortari, parece que no hay indígenas. Acaso alguien habla
pues de los indígenas. Lo único que se habla es de La
India María, ésos son los indígenas.
Pero nadie está hablando de que hay mixteco, que hay triqui,
que hay zapoteco, que hay maya, que hay tzotzil, que hay nahuatl,
que hay purépecha. No se habla, más que a la hora que
compras la artesanía. Y yo les cuento lo de la artesanía,
porque la finada Comandanta Ramona, que era nuestra dirigente, era
artesana. Nunca fue a la escuela, no hablaba español, y lo
que hacía era como estas pulseras que traigo yo. Y las vendía
en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas. La ciudad de San
Cristóbal de Las Casas, antes de que nos alzamos en armas,
los indios no pueden caminar en la banqueta, tiene que caminar en
la calle. Porque la banqueta —decían los que mandan ahí—
es para la gente, no para los indios.
Hubo un muerto en 1993, un año antes de que nos alzamos en
armas. Y le preguntan a un finquero, o sea a un terrateniente: “oiga,
que mataron a un indígena aquí los soldados”,
y no se qué. “Aquí vale más un pollo que
la vida de un indio”. Y el que dijo eso, ahorita es del PRD,
que apoyó pues para el gobierno del PRD. Y así está
pues, todo lo que estamos pasando. No les voy a contar nada nuevo,
porque ustedes lo saben, como dijo el compañero.
Si tienes un color, tienes un tamaño, si tienes una lengua,
y o no te ven, o te ven con asco. Hasta —no se nota por el pasamontaña—
pero hasta arrugan la nariz, cuando están cerca de uno. Nada
más por eso, no les importa cómo te llamas, ni qué
has hecho, ni si trabajas, ni si estudiaste, ni si tienes dinero.
Tú vas a una tienda de ricos, así como estás,
aunque lleves la paga, no te dejan entrar. Porque te ven y dicen:
“no pues éste no va a poder pagar”. “No,
está cerrado”, ya te dicen. Y pasa una señorona,
toda güera, así flaca como les gusta ahora y ya: “pásele
señora”, aunque no lleve la paga ella.
Lo sabemos pues, y ustedes lo saben y no sólo es en el campo
de trabajo donde están como con aldeas agrícolas, en
la escuela, en la calle, cuando van al cine, a donde vayan que se
muevan, si es que pues que son indígenas ya las están
viendo mal.
Bueno, ya no les cuento pues lo que pasó, nos alzamos en armas.
Y tras que no salió como pensamos porque ni se alzó
el pueblo, ni tampoco nos pudieron derrotar. Entonces, lo que nos
dijo la gente es que vamos a buscar pues el diálogo. Ya contó
el compañero Carlos lo que pasó: dialogamos con el gobierno.
Fíjate compañera, pusimos muertos, pusimos millones
de personas en las calles, y nos traicionaron. Lo que van a hacer
con ustedes es engañarlos. Los van a traer vuelta y vuelta.
Y a lo mejor les dan un vestido a ustedes, una botella de trago a
los hombres. El gobernador se va a tomar la foto con ustedes, y anda
vete, no va a cambiar nada para el Valle de San Quintín.
Porque si hay un problema en el Valle de San Quintín y alguien
viene a darse cuenta, lo que hace el gobierno es darle dinero al reportero,
para que no salga nada. O sea, para que no nos vean y para que no
nos escuchen. Y entonces, nosotros estamos pensando: pues ya lo hicimos
todo eso, y resulta pues que los gobiernos no escuchan. Lo sabemos.
Y entonces, ¿qué hacemos? Pues tenemos que tumbar al
gobierno, a todos: al presidente municipal, al gobernador del estado,
al presidente de la República, a los diputados, a los senadores,
y a meterlos todos en una cárcel, y vas a ver que entre ellos
se van a robar, porque a eso se dedican.
Y lo saben bien pues. Porque denme el nombre de un político
que no sea rico. Y denme un nombre, el de un indígena que esté
trabajando todo el día y que sea rico, ninguno. Y ¿qué
hace el político? Nada. y ¿qué hace el indígena
que trabaja? Todo el día está dándole. Y ¿por
qué éste no tiene y el otro sí tiene? Es lo que
estamos preguntando nosotros. Entonces, nosotros decimos: no pues
vamos a preguntar a otros a ver quién quiere luchar. No con
las armas, sino que nos ponemos de acuerdo. Porque ustedes lo saben,
si alguien se organiza en un lugar y lucha por sus derechos, le avientan
la policía, el ejército, está solo.
Ya nos enteramos hasta que ya hay muertos, o que ya están
en la cárcel. O que ya hay desaparecidos. Pero viera que nos
ponemos todos de acuerdo, y vemos la fuerza todo junto. No nada más
aquí en el Valle de San Quintín, y no nada más
en Baja California, sino en todo México. Nada más de
pueblos indios: habló el compañero Carlos, es del Congreso
Nacional Indígena, ya lo explicó. Ahí estamos
en lucha pacífica muchos pueblos indios. También estamos
nosotros. Pero cada quien tiene su modo: ellos como pueblos tienen
su modo y lo respetamos, y nosotros el nuestro y nos respetan. No
es que alguien va a mandar. No es que nosotros les vamos a dar órdenes
a los náhuatls o a los purépechas. No, ellos mismos
deciden cómo.
Ahora compa, imagínate, que llega el día en que tú
dices: “ahorita vengo, voy a visitar a mis familiares en Oaxaca,
y agarras un avión. Uno va a decir: ¡uta! nombre cuándo
va a agarrar un avión, cuándo va a ser, si apenas estamos
peleando a ver si es municipio San Quintín. Y si el pueblo
triqui, en el valle, es reconocido. Porque eso lo explicó Carlos:
lo que querían los Acuerdos de San Andrés es que cada
pueblo es reconocido como tal. Y entonces, la lucha no es porque que
se hace el municipio de San Quintín, es porque el pueblo triqui,
o mixteco, o zapoteco —que vive en Baja California— tiene
sus propios derechos y sus formas de gobierno, y sus necesidades y
las tiene que resolver el gobierno.
Pero no lo van a hacer, estos gobiernos no lo van a hacer. Porque
nosotros sabemos que el que le paga al gobierno es el rico. Y ustedes
saben bien que el que paga manda. Y a poco el rico le va a pagar a
los gobiernos —porque eso es lo que hacen— para que haga
justicia. No, pues si ellos viven de la injusticia. Ustedes creen
que le van a obligar al patrón de la empresa que nos dijeron
de aquí del valle, de las que hay: tienes que pagarle lo justo
a los trabajadores, y el salario compactado que estás haciendo
está violando la ley, porque además estás haciendo
trampa, porque te estás ahorrando un chingo de dinero y según
esto ya va metido ahí, y no es cierto, lo sabemos que no es
cierto.
Bueno, compañera, pues fuimos a Quintana Roo. Estuvimos ahí
en Chiapas, fuimos a Quintana Roo y encontramos indígenas mayas.
Que les quitaron su tierra. Y ¿sabes qué hay ahorita
en su tierra? Un hotel. Y ¿sabes que no pueden entrar? Y es
su tierra. Ni siquiera para limpiar el jardín, ni eso pues.
Y fuimos a Yucatán: unos pescadores también indígenas
mayas, en la cárcel. ¿Por qué? Que porque están
pescando camarón sin permiso. Una lancha que es más
chiquita que este cuarto. Y un barco que es dos, tres, veces este
edificio, lleno de camarón, pero es del empresario. A ése
no le hacen nada, pero a dos indígenas que están pescando
los meten a la cárcel que porque están destruyendo la
naturaleza. Si esos indígenas estaban ahí antes de que
llegaran los españoles, hace 500 años. Y la naturaleza
no se destruía. La naturaleza se empezó a destruir cuando
vino el capitalista. Esa es la verdad y lo sabemos bien.
Y es el que donde entra empieza a destruir. Explicó el compañero
Carlos que cuando hay un problema entre comunidades —que los
hay de por sí—, cuál es el modo pues que tenemos
que nos arreglamos hablando. Donde entra el gobierno hay hasta muertos
¿qué no? Y mucha gente tiene que salir de sus tierras,
porque cuando se enfrentan entre comunidades hasta muertos hay. Y
si le rascas ¿por qué se pelearon? Pues que se metió
el tribunal agrario, que se metió la Reforma Agraria, que se
metió el presidente municipal, o el gobernador, que es el que
hizo que se pelearan. Y los dos están bien jodidos.
Entonces, estamos haciendo pues esa cuenta. Vamos a Puebla compañeros;
ahí hay unas fábricas que hacen los pantalones de mezclilla.
¿Saben quién es el dueño? El cabrón éste
que anda agarrando niñas: Karer Nacif, no sé qué.
Su amigo es —¿cómo?— (Kamel Nacif) Ése
pues. Éste sí agarra una niña chiquita y se la
lleva pues para hacer su pendejada. Ése es el dueño.
Compañera: las trabajadoras, 14, 16 horas diarias, 45 pesos
al día. Olvídate que si tienen sindicato, que si aguinaldo,
que si prestaciones, que seguro social. No pueden ir al baño,
porque el capataz —así le dicen allá, ustedes
dicen mayordomo—, el capataz le dice: “que te estás
haciendo pato, lo que no quieres es trabajar”. Entonces, si
va al baño tiene que ir el capataz con la mujer a ver si va
a orinar o a cagar. De veras. O si no, lo cierran el baño,
dicen: está descompuesto, no pueden entrar, y ahí se
tiene que aguantar todo el día, a ver qué va a hacer.
¿Te vas a embarazar? Olvídate estás despedida.
Nada que vamos a poyarte para que puedas dar a luz bien, y luego para
que puedas tener al chamaco unos cuantos meses… Nada, para afuera
estás despedida.
Y luego que si se le antoja al capataz la muchacha, pues si no le
hace el favor, para fuera también. Entonces, ahí lo
vemos pues que están explotados como trabajadores, pero aparte
se burlan de ellos por su modo. Porque son indígenas que venían
de la sierra, que buscaron trabajo ahí y ahora son obreros.
Se burlan de ellos porque son indígenas: por cómo hablan,
y por su color, por su tamaño y por su cuerpo. Y aparte también
las explotan y las chingan porque son mujeres. Pues pa’ dónde
va a salir.
Total, empezamos a andar por varios lados, y vamos ahora pues ahora
en Sinaloa —venimos de Sinaloa y Baja Sur—, en Sinaloa
pues, unos pescadores, Teacapán se llama la comunidad, nadie
sabía nada hasta que llegamos ahí. Pero no llegamos
a pedir el voto, llegamos: cuenten el problema. “Pues el problema
aquí es que no nos dejan pescar el camarón, y de eso
vivimos”. Y llegas a ver la comunidad, es como ésta compañeros,
pero con un chingo de zancudos. Y ahí nomás, —¿qué
caminamos? como dos, tres kilómetros cuando íbamos de
salida— un hotel, pero bien bonito, limpio. Entonces decimos:
¿por qué el que está trabajando, si trabaja es
un delincuente? Porque no crean que los meten a la cárcel porque
venden drogas o porque matan gente o porque roban. Los meten a la
cárcel porque están trabajando. Y si no quiere entrar
a la cárcel, tiene que darle una mordida al funcionario. Eso
es Sinaloa, Teacapán.
Vamos más arriba, al Dautillo: una colonia igual que ésta,
son pescadores. Pero ahí está el altero de basura, mucho
zancudo y gusanera. Y la mayoría pues son niños chiquillos,
que están en la escuela —hasta fuimos a la escuela junto
con ellos—. Y van a protestar al gobierno municipal, que porqué
no recoge la basura. Y el presidente municipal les dice: “es
que está descompuesto el camión”. Y entonces,
nosotros les preguntamos: y porqué se descompuso el camión
de la basura de ustedes, porqué no se descompuso el camión
de la basura del rico. Hubiera sido así cabal, se descompuso
el de la basura del rico, entonces, tú no hay problema, al
que se le junta la basura es al rico. ¡No! Siempre las cosas
que salen mal, es la que está del pobre.
Que vamos a estudiar, dice el compañero, que haya becas. Fuimos
a hablar con los estudiantes de la Autónoma de Sinaloa, te
dicen: “no importa que estás chingándote todo
el día estudiando”. Y eso que es público y gratuito,
mentira. Como ahí nos explicó el compañero: que
cuota en cooperación —pero ahí sí ni cooperación
voluntaria—, si quieres presentar un examen, ir a un laboratorio,
tienes que pagar. Entonces, sí entras gratis, pero si quieres
pasar de año, tienes que pagar. Y acaban la carrera y no hay
trabajo.
Pues ahí lo vimos pues, nos platican:
—Que tal se recibió de médico.
—Y ¿qué está haciendo?
—Manejando un taxi.
—¿Pero a poco estudió para eso?
—No, estudió para ser doctor.
Y a ustedes les están mandando a los practicantes, ahí
están los doctores manejando los taxis. O el otro que es ingeniero,
¿qué está haciendo? Está vendiendo tacos.
Y el otro que es químico farmacéutico está en
el otro lado en la pizca del algodón, o del tomate, o de lo
que haya.
Entonces, nosotros decimos: bueno y ¿para qué va a
hacer todo ese trabajo si luego no hay chamba? Brincamos a Baja Sur,
a Baja California Sur, en el barco, quesque no nos quieren subir que
porque ¿quién es el Marcos? Cruzamos como quiera, llegamos.
Fuimos a Los Cabos, que es la mera punta de la península. ¡Uta!
unos hoteles bien bonitos. Tienen luz, agua, teléfono, internet,
campo de golf, alberca, bien bonito todo. Y ahí nomás
está donde viven los trabajadores, no hay ni drenaje. Y ¿sabes
qué? les llega la cuenta. Les cobran el drenaje y no tienen
drenaje.
Bueno, vamos a La Paz, porque lo dije que lo iba a decir: una colonia
igual también que ésta. Gente humilde que trabaja igual:
pequeños comerciantes, ambulantes, trabajadores, empleados,
amas de casa. Y les ponen una chingada antena de la IUSACEL, ésas
de los teléfonos celulares. Ahí en medio, hagan de cuenta
que está al lado de su casa la antena: 15, 20 metros de altura
y hace un ruidazo pero bien duro. ¿No entró el huracán
el otro día? Y pues los niños —los niños
nos contaron, no crean que estoy hablando yo—, el niño
agarró el micrófono y dijo: “pues estamos toda
la noche con pendiente —dijo, ande—, porque tronaba, como
si se va a caer”. Entonces, sacaron sus lamparitas para ver
pa’ dónde va a caer la antena, pa’ correr para
el otro lado —como aunque los chiquillos ¿no?—,
pero se para una señora que anda con bastón, no puede
caminar, y dice: “y yo pa’ dónde corro? Yo lo que
tengo que hacer es que caiga para el otro lado, pero del otro lado
vive un hijo”.
Y entre ellos ahí está metido. Se organizaron y dijeron:
“que se apague esa madre”, lo apagaron. “Que se
la lleven”, quedó en la ley: sí se la van a llevar.
Ahí está la antena, porque no se la quiere llevar la
empresa. Y están con el pendiente de a ver que pase un ventarrón
o algo, y se caiga y pueda haber una desgracia. Entonces, sí
va a salir en el periódico: que murieron niños, que
murieron señoras, que murieron señores porque les cayó
una antena encima. Pero no va a decir que estuvieron demandando a
la autoridad que lo quitara. Y yo dije que iba a decir el nombre del
presidente municipal de ahí: es Castro Cosío, que es
del PRD. Yo dije: yo donde pase voy a decir, hasta que esa antena
la quiten, y ahorita estoy cumpliendo aquí en San Quintín.
Bueno, venimos para acá, porque está retirado, pasamos
por Santa Rosalía: puras señoras compañeros,
que trabajan en la industria del calamar. ¿Sabes quién
es el dueño? coreanos, si Corea queda bien lejos, pero ahí
están metidos pues. Y las despidieron y están contando
cómo trabajan. Todo el día dándole, y ¿sabes
cómo les paga? Les pagan por centavos, cada kilo de calamar
que limpian. Y estaban haciendo la cuenta pues, porque les pagan entre
6 y 50 centavos por kilo, 30 centavos por kilo. Y el kilo de calamar
en el Wal Mart —esa pendejada— está en 75, 80 pesos
el kilo.
Y ¿quién se queda con los otros 89 pesos? Pues el dueño.
Y le da un tanto al presidente municipal y al gobernador, y al Fox,
y al que se ponga a modo para que no hagan nada. Y las despidieron
¿les dieron indemnización? Nada, compañeros.
¿Alguien las escuchó? Sí, la Otra Campaña.
Y pusimos estos micrófonos de los compañeros y ya no
podíamos cómo que ya no hablaran. Bien bravas estaban
las señoras, y empezaron a sacar los nombres.
Porque que cada quien sabe que el dolor de cada lugar tiene un nombre.
Quién es el que es responsable, no es así que es dios,
o que es mala suerte. No, aquí el cabrón se llama tal.
Así como el cabrón se llama Castro Cosío en La
Paz, en cada lugar tiene un nombre, lo sabemos. Es el gobernante que
se vende, el síndico que hace maña, el funcionario que
no cumple, el que nos trae vuelta y vuelta, o el policía que
nos humilla, todo eso.
Entonces, lo que nosotros estamos diciendo es que lo que tenemos
que hacer es organizarnos, pero ya no pelear solos, compañeros.
Si nosotros claro decimos, porque cuando estamos viendo todo decimos:
no, pues si hay un chingo de fuerza —porque estamos pasando
por todos lados—, nosotros decimos: órale. Pues como
la guerra de independencia, como la revolución mexicana. Y
hacemos la cuenta y decimos: pero si cuando fue la guerra de independencia
los indígenas quedamos igual. Y cuando fue la revolución
mexicana, quedamos igual. Pues esta vuelta no puede ser igual.
Si vamos a cambiar las cosas, tiene que cambiar para los pueblos
indios. Y por eso hicimos el acuerdo con el Congreso Nacional Indígena.
Aparte de todos, como pueblos indios tenemos que pelear pa’
que no va a pasar lo mismo. Porque al gobierno de por sí lo
vamos a tumbar, y de por sí vamos a correr a los ricos. Pero
qué tal que entra otro cabrón que nos va a hacer igual
que como nos han hecho antes. Eso no estamos de acuerdo. Nos tienen
que respetar como indígenas a cada quien que es.
Y eso es lo que les decía, porque va a llegar el día
aquí que en el Valle de San Quintín, va a estar la comunidad
triqui, no el municipio del Valle de San Quintín, va a quedar
como se quieran llamar ustedes triquis, mixtecos, lo que sea de aquí.
Y toda esa riqueza que se está llevando el otro, se va a quedar
ustedes. Y ustedes van a decir: “no pues a éste…
ya de plano le hizo daño que no estaba comiendo”.
Fuimos nosotros a Ixmiquilpan, indígenas ñañhu,
otomies, corrieron al dueño del hotel, y ahora es propiedad
de la comunidad donde estaba el hotel. Y era un hotel bien bonito,
pero es de la comunidad y lo hicieron cooperativa. Entonces, la ganancia
se la reparten. Compañeros, compañeras: los niños
están becados hasta la universidad, no van a gastar un quinto,
ni en libros siquiera. Porque es tanta la paga que está dejando
que alcanza para todos. Y antes, cuando está el patrón
sólo alcanza para él. Los demás con 45, 50, 100
pesos si bien te va.
Y fuimos a otras partes y vemos pues esto de los salarios. Esto de
la canasta básica que decía un compañero. Compañeros:
para poder vivir más o menos bien, así al día
tenías que ganar 485 pesos al día. Entonces, tienes
que trabajar… te tendrían que pagar diez veces lo que
te están pagando ahorita, si no pagas renta y si no te enfermas,
porque entonces se necesita más para la medicina. Y si todo
el día estás encerrado, nada de que vas a ver televisión,
o vas a ir al cine, o a echar baile, nada de eso.
Entonces, todo esto que está pasando, nosotros decimos: lo
que tenemos que hacer es organizarnos, conocernos entre nosotros,
que se conozca lo que está pasando en el Valle de San Quintín
en todo el país. Pero no para ver que lo oye Fox y a ver si
le da vergüenza y hace algo, o al gobernador de Baja California.
Es a ver si la gente que es igual que nosotros dice: yo estoy igual,
viera que nos juntamos podemos hacer lo que queremos, porque es lo
que sabemos hacer: luchar. Si no supiéramos luchar, los españoles
nos hubieran terminado hace 500 años. Y si no nos terminaron
es porque sabemos resistir. Pero ahora se trata de conquistar pues
esa libertad que queremos.
Y entonces, lo que está proponiendo pues el compañero
Carlos y vinimos a proponerles nosotros, no es que nadie los venga
a mandar. Ustedes mismos organícense, y cuando van a luchar,
que nos pongamos de acuerdo y nos respetemos. Y si ustedes luchan
aquí, los apoyemos en otras partes. Y si nosotros luchamos
en otras partes, nos apoyen también ustedes.
Esa es nuestra propuesta, gracias compañeros, gracias compañeras.