Comienza la gira por Baja California
Sur, Los Cabos, 13 de octubre
Palabras del Delegado Zero, Foro “El capitalismo, la tierra,
el agua, el aire”.
Los Cabos, Baja California Sur.
13 de Octubre del 2006
Buenas tardes Baja Sur, buenas tardes compañeros, compañeras
de aquí de Los Cabos.
Nosotros venimos de una de las esquinas del país, que son
las montañas del sureste mexicano y ahora tocamos está
otra esquina del país, que es Los Cabos.
Cuando veníamos de la Paz, después de bajar del trasbordador,
veníamos por carretera, acá por Todo Santos y en efecto
vimos muchas tierras con anuncios de venta en dólares y en
idioma inglés.
Uno pudiera pensar que eso remite a una imagen de una tierra norteamericana,
o en territorio norteamericano. Pero la imagen que nos remitió
fue a la de Quintana Roo, en al otra península, en la otra
esquina de este país, precisamente del corredor que va de Chetumal,
Playa del Carmen y Cancún.
Hay un compañero que queremos mucho de la Otra Campaña,
que ya murió, murió este año: Julio Macossay,
que cuando llegamos ahí, él, entre otras cosas, es de
los que ha entendido más cabalmente que la destrucción
de la naturaleza no es obra del destino o de la mala suerte o de una
voluntad de dios, sino es obra del afán depredador del capital,
del que quiere la riqueza.
Y nos fue mostrando en todo ese recorrido, cómo todos los
ejidos que dan al litoral, al mar, estaban siendo privatizados. Todos
los ejidatarios estaban siendo despojados —como explicó
el compañero de El centenario— a través del Procede
y a través del Procecom, porque también había,
o hay todavía, tierras comunales que pertenecen a indígenas
mayas, que son los que viven en la península de Yucatán.
Y esto había llegado al punto de que playas enteras estaban
bardeadas, ni siquiera como el ejemplo que pusieron aquí, podía
esperar el que antes era propietario de la tierra, regresar a trabajarla
como jardinero, ni siquiera la podía mirar, porque entre él
y la tierra que fue de sus ancestros, había una pared, hay
una pared.
Y esas tierras están esperando a que suban de precio, para
que las grandes empresas hoteleras se instalen. La destrucción
que nos han explicado aquí los compañeros y compañeras
que hablaron, es de las más completas que hemos escuchado.
El problema es que no sabemos si están hablando de Baja California
Sur o de Michoacán, o de Jalisco, o de Sinaloa, o de Veracruz,
o de Chiapas, o de Yucatán, o de cualquiera de los estados
de la república. En todas partes, el ejemplo que nos platicó
de despojo el compañero de El Centenario, lo hemos escuchado
en casi todas las lenguas de las 56 que hay de pueblos indios en México
y en español.
Por todas partes esta guerra de despojo, de quitarle a los propietarios
de la tierra lo que les pertenece se está dando.
Miren, compañeros, hay un señor que se llama Bush,
que es la muestra de que el hijo puede superar al padre —en
este caso en estupidez—, que es el presidente de Estados Unidos.
Él construyó, él construyó una guerra
sobre una mentira: mintió diciendo que Irak tenía armas
de destrucción masiva. Nunca se preocuparon por demostrarlo.
Uno de los grandes políticos en Norteamérica decía:
“es que va a llegar el momento en que no va a importar si era
verdad o era mentira”. Y este es el momento, ahorita ya con
ese pueblo invadido y que todavía sigue siendo atacado, ya
no importa si era verdad o era mentira que tenían armas masivas.
Ahora se sabe que es mentira, pero ya no importa, como quiera ya fue
la guerra.
Y ese es el problema con las cosas que nos dicen los gobernantes.
No, nunca vamos a saber si es verdad o mentira hasta que es demasiado
tarde. Y ahora nos están ofertando esto que están diciendo
de la modernización del país —como explicó
la compañera Lucía—, con esta trampa del turismo
que va a hacer que tengan más empleo, que todo se vea más
bonito y que vivamos mejor.
Y puede ser que se dé por una de las trampas que señaló
el compañero, cuando dijo que hay unos que pretenden destruir
y otros que pretenden conservar. Y la pregunta en cada caso es: ¿para
beneficio de quién?, ¿para quién es esa naturaleza
que se va a conservar?
En algunas de las películas de ficción, se imagina
que la tierra se hace inhabitable y que es necesario que la humanidad
tenga que emigrar a otro planeta. Estos otros planetas no son de ciencia
ficción, son las reservas naturales de las que se están
apoderando las grandes empresas disfrazadas de ONG´s ambientales,
que se están constituyendo como las reservas. Porque la diferencia
que se va a construir lo podemos ver en los Cabos —y los hemos
visto casi en todos los estados donde hemos pasado, que parece como
que un patrón, como una calcomanía se estuviera pegando
sobre cada región de nuestro país—, es un centro
comercial, un Wal Mart, unos cines, unas cuantas tiendas.
Los grandes centros comerciales que uno no sabe, si está entrando
a La Paz o si está entrando a Villahermosa —y hay miles
de kilómetros de distancia entre uno y otro—. Y el objetivo
que quieren ellos es vivir como están viviendo, sin extrañar
nada. De tal forma, que la diferencia de entre vivir en Nueva York
y Los Cabos sea que Los Cabos tiene aire limpio y Nueva York no.
Y en el momento en que esa ciudad se haga inhabitable, simplemente
esa gente se va a trasladar acá, a Baja Sur, o a cualquier
otra parte de la República para instalar ahí, otra vez
su emporio.
Si uno piensa, como habitante de Los Cabos o de Baja California Sur,
que eso va a traer un beneficio, está equivocado. Si cuando
la guerra de conquista nosotros como pueblos indios fuimos despojados
de la tierra, fuimos despojados de lo que teníamos, ahora,
sean indígenas o no, van a ser despojados de lo que tienen.
Y tal vez piense el pequeño empresario, o el que tiene un
buen trabajo, que la va a librar. No, están equivocados. Si
antes querían despojar la tierra a los indígenas, ahora
quieren despojarlos de su trabajo, de su inteligencia, de su capacidad
de compra. Si ustedes piensan que esas grandes empresas hoteleras
van a dar trabajo, están equivocados. Vienen ya con sus empleados,
vienen ya con sus ingenieros, con sus administradores de empresas,
con sus gerentes de relaciones públicas, todo viene en el paquete
incluido. Eso de “todo incluido” no es para el turista
que llega, es para la empresa que llega con todo, y que simplemente
no genera ningún empleo.
Lo que nosotros estamos viendo, lo que vimos en esta parte de la costa
que da al Pacífico de la península de Baja California,
en la parte que corresponde a Baja California Sur, es lo mismo que
ya hemos visto en la otra península en lo que se refiere a
la costa que da de Quintana Roo. Todas esas empresas que se van a
poner ahí, empresas hoteleras, no generaron un solo empleo
entre la gente de Quintana Roo: los que están trabajando en
esos hoteles son gente que está emigrando de otros estados
de la República y de Guatemala.
Nosotros estamos, como les decía, en una de las esquinas:
en la última esquina, decimos nosotros. Desde nuestras montañas
se ve Guatemala, así como desde sus montañas de ustedes
se ven los mares: el Mar de Cortés y el Océano Pacífico.
Igual podemos ver otra tierra y hacernos una pregunta: ¿qué
va a ser de nosotros? Porque uno siempre piensa que sí están
los problemas, pero que alguien, otro, va a venir a resolverlos.
Y ahora con el proceso electoral que pasó ese fue el cuento
que nos estuvieron vendiendo los tres principales partidos políticos:
el PRI con Madrazo, el PAN con Felipe Calderón, y el PRD con
Andrés Manuel López Obrador. El cuento y la mentira
de que ellos, desde arriba, una sola persona, iba a resolver los problemas
que han sido construidos después de mucho tiempo.
Nosotros en la Otra Campaña —y no hablo nada más
de los zapatistas, sino de toda las organizaciones que estamos ahí—
pensamos que no es por ahí que hay que resolver la cosa. Si
alguien piensa todavía que algún político va
a venir a resolver los problemas de Los Cabos o de Baja California
Sur, nosotros le pedimos que haga la cuenta: que revise el periodo
anterior del presidente municipal y del gobernador, y el que estaba
antes de él. Y si es joven que revise los periódicos
de antes, de antes, y que responda a la pregunta de si Baja California
Sur es mejor o peor que antes. Y que vea su mesa, que vea su casa,
su forma de vestir, su nivel de vida, como dicen ahora, y digan si
no es peor que antes. Y cada vez va subiendo más y más
ese costo del nivel de vida y cada vez más el salario se está
alejando de ahí.
Y antes teníamos seguridad en el empleo, antes había
un contrato, había jubilación, había vacaciones,
había aguinaldo. Ahora, ni siquiera sabemos si vamos a tener
trabajo al otro día.
El problema que nosotros estamos viendo y que los queremos invitar,
precisamente a los compañeros que están viendo el problema
de la destrucción del medio ambiente, es que elevemos la mira
y veamos quién es el responsable. Porque a la hora que decimos
que el responsable es el ciclón —y ese sí no hay
quién lo mande—, veamos el efecto que produce. Porque
aquí, una de las ponencias dijo: “a la hora que hay un
ciclón, los damnificados son los pobres, no los ricos”.
Y cuando pasamos por Quintana Roo, que pasó un ciclón,
se destruyó parejo, pero el gobierno de Fox le dio la ayuda
a los hoteleros, no a la gente que había perdido todo: sus
casas.
Y la reunión de la Otra Campaña la tuvimos en un rincón
—que así se llama de por sí—, que era una
casa hecha con unas cuantas tejas encima como techo, que había
sido destruida de por sí por el ciclón. Y habíamos
pasado por la zona hotelera, donde estaban las máquinas trabajando
para reconstruir, gracias a la millonada que les dio Fox, para poder
salir adelante.
Nosotros queremos preguntar si es eso o, si podemos construir otra
cosa, donde la gente que trabaja sea la que reciba los beneficios
y no la gente que no trabaja. Donde los políticos obedezcan
al pueblo y no sean unos simples cómplices de los criminales
que se están robando todo.
Ustedes saben que no hay un solo político en este país
que no se haya hecho rico con su puesto, ni uno solo. Cualquiera que
entra con una cantidad de dinero, sale con más dinero. Y nadie
puede decir que se lo ganó trabajando, porque si alguien trabaja
poco en este país, son los políticos.
En una parte de Sinaloa —venimos ahora de Sinaloa— explicábamos
que un diputado, un senador, trabajan en promedio al año, cuarenta
días al año. Y reciben un salario mensual de hasta un
millón doscientos mil pesos al mes. No sé si alguien
vive aquí con el salario mínimo que es de 45, 46 pesos,
necesitaría trabajar diez años y medio para ganar lo
que él gana en un mes —y eso sin que se enferme—,
nada más para poder comer y vestir, sin ir al cine, sin divertirse
y sin gastar en útiles para la escuela —o sea sin mandar
a la gente a la escuela, a sus hijos—.
Entonces, nosotros decimos: no se trata solamente que es un sistema
que hace que unos tengan mucho y otros no tengan nada, sino que además
se ha generado una clase de parásitos —que son los políticos—,
que viven de unos y de otros, sin hacer absolutamente nada. Más
que salir en los periódicos o salir en los noticeros, o aparecerse
cada tres o cada seis años, aquí en Los Cabos o en El
Centenario, o donde sea, a prometerle a la gente que ahora sí
las cosas van a cambiar.
La destrucción de la tierra está siendo operada por
un sistema, que lo que le interesa es obtener la ganancia. Y no le
importa si esa ganancia se va a obtener destruyendo algo que no se
va a poder recuperar. Yo les traía aquí unos datos —pero
no quiero cansarlos—, unos datos de cómo está
creciendo en el sexenio de Fox —del 2000 al 2006—, casi
el doble de toneladas cúbicas de aire contaminado y cómo
se están reduciendo las selvas y los bosques.
Y a lo mejor en la televisión ustedes ven que son los indígenas
los que están tumbando el monte. No, son las grandes empresas
madereras, precisamente como nos explicó el compañero:
las grandes empresas maderas que tienen permiso de las autoridades
ecológicas. Porque eso es lo que está pasando: que las
autoridades en México que deberían proteger la naturaleza
son las que están haciendo las leyes para que se destruya.
Y uno puede pensar, ustedes pueden pensar: “bueno, pues como
quiera va a tardar mucho para que esto sea un desierto”. Pero
cuando yo llegué aquí hace rato, había muchos
niños. Yo no sé si ustedes van a poderle dar la cara
a esos niños y decir: “a mí no me importó”.
Porque así como ustedes, que ya llevan tiempo aquí en
Los Cabos y en Baja California Sur, ven que ya no es igual, porque
los Cabos hace 10 años no es lo que es ahora, o hace 15 o hace
20. Qué van a pensar si sigue esto que nos explicaba el compañero
de El Centenario, porque no se trata sólo de que están
haciendo la explotación, sino que están destruyendo
y contaminando.
La Baja Sur que van a encontrar esos niños va a ser diferente
a la que ustedes conocieron, y créanme, no va ser mejor. No
va a haber nada de que enorgullecerse. En todo caso, si todavía
vivimos, nos dirán: “bueno y ¿qué hiciste
para impedir esto?”.
Y lo que nosotros tratamos de hacer es unirnos. No que salga alguien
de candidato ni que alguien sea gobernante, sino que los compañeros
de El Centenario se organicen y manden en sus tierras. Que la gente
que vive en Los Cabos mande en Los Cabos, y no esté dependiendo
de un diputado, de un senador, de un presidente municipal, a ver cuánto
se va a robar, o a ver qué tranza va a hacer para quitarnos
lo poco que tenemos.
Si unos creen que los grandes capitalistas están interesados
nada más en las grandes extensiones de tierra que son ricas,
están equivocados, quieren también nuestra pobreza.
Porque están descubriendo en esa pobreza algo que no tenía
valor antes, que es el aire, el agua y la tierra.
Miren, nosotros somos indígenas de raíz maya, vivimos
allá en Chiapas, pero así como los compañeros
purépechas que vienen en la karavana, nosotros tenemos una
concepción de la tierra. La tierra no es sólo la tierra
que estamos pisando, es todo esto junto de la tierra, el aire, el
agua, todo lo que, el hábitat —como dicen ustedes—.
Y según nosotros, ella fue nuestro guardián: la que
nos cuidó y nos hizo resistir 500 años de invasiones,
porque antes de los españoles, estaban los aztecas y cada pueblo
quería ser dominado por ese imperio. Vinieron los españoles,
luego los norteamericanos, los franceses, y luego vino Fox y, como
quiera, no ha podido doblegarnos —sí, porque ese es mezcla
de español, irlandés, no sé qué sea—.
Entonces, nosotros decíamos que la tierra nos había
ayudado a resistir, porque nuestras montañas en nuestras tierras
nos daba el alimento y nos protegía, pero ahora nosotros estamos
sintiendo —como sintieron los compañeros aquí
que nos hablaron— que la tierra es la que se está muriendo
y ahora nos está pidiendo que devolvamos la gracia. Si ella
nos cuidó, ahora nos toca cuidarla nosotros a ella.
Y no se trata de que algo va a cambiar. Miren, la curva que va creciendo
de contaminación ambiental y de contaminación del agua,
no tiene nada que ver con cómo van creciendo los bosques y
los manantiales. Va a llegar un momento en que no va a poder juntarse
una cosa con otra. Y piensen nada más esto: si los grandes
ricos que están divirtiéndose en las grandes cadenas
hoteleras tienen que elegir quién va a respirar el aire puro,
quién va a ver el agua limpia, quién va a estar en un
terreno limpio, si va a permitir que ustedes vivan ahí ¿si
no alcanza para todos?
Y no les va a importar si son de Sur California, o si sus abuelos
lo fueron, o sus bisabuelos. Lo que va a importar es que ellos tienen
el dinero y ustedes no tienen nada. Y si piensan que el gobierno los
va a respetar, o va a ver por defenderlos, están equivocados.
A esos gobiernos, ellos les pagaron la candidatura, y ellos, en muchos
casos, les compraron la presidencia municipal, o la gubernatura, o
la diputación, o la senaduría.
Entonces, nosotros decimos que tenemos que escoger: si seguimos engañándonos
a nosotros mismos, pensando de que a lo mejor ahora sí va a
venir alguien que va a resolver las cosas. O a lo mejor el PRI ya
no va a ser criminal. O a lo mejor el PAN va a ser un poco inteligente.
O a lo mejor el PRD ya no va a ser corrupto. Y así póngale
cualquier nombre. No va a pasar, porque ellos han hecho de la política
un negocio. Así como alguien con trabajo pone una tiendita,
o labra la tierra, o se va a pescar al mar y de ahí saca para
comer, ellos ponen un partido político, pero ganan mucho, mucho
más. Y pueden invertir millones, no les importa —porque
se gastaron una millonada en las campañas electorales presidenciales—,
porque luego lo van a recuperar a la hora que estén tranzando
para hacer leyes en beneficio de aquellos y no de nosotros.
Entonces, han convertido en un negocio, pero además que no
hay participación. Si cualquiera de ustedes quiere participar
políticamente, tiene que entrar a ese partido. Y tiene que
ser del PRI, no sé si alguien todavía puede ser del
PRI y no sentir vergüenza, pero supongamos que lo hay. O si alguien
puede ser del PAN y no sentir que está declinando, que tiene
un coeficiente intelectual muy bajo. O no sé si alguien puede
decir que quiere ser del PRD y no haber pasado por la cárcel
antes, o ir a parar después de ello. Y así en cada partido
político.
Y entonces, a alguien se le puede ocurrir: “pues hagamos otro
partido político”. ¿Para qué? Si todo lo
que tenemos, lo que hemos logrado lo hemos conseguido nosotros organizándonos,
¿por qué vamos a esperar que otro lo haga?
La Otra Campaña no viene a decirles qué hay que hacer,
ni a darles órdenes, ni “dénle por acá”.
La Otra Campaña los vino a escuchar, y era importante que funcionara
el micrófono porque vienen compañeros de otras partes
del país que son de medios alternativos. A lo mejor las televisoras
comerciales que están ahorita no van a agarrar nada, pero ellos
sí. Y esa imagen, lo que tú dijiste, lo que dijeron
ellos, va a llegar a Quintana Roo, porque también hay grupos
como ustedes de campesinos, de indígenas, de grupos de investigadores
y estudiantes ecologistas, que están en lo mismo, que están
viendo y están viendo que defender a la naturaleza es un delito
y que destruirla es motivo de un premio.
Porque las cárceles de este país están llenas
de gente que evita que se corte la madera. Y lo vimos en Guerrero,
indígenas que están presos porque impidieron que se
tumbaran árboles. En Quintana Roo están presos pescadores,
indígenas mayas, porque estaban evitando que las grandes empresas
pesqueras destruyeran el mar ahí. Y a ellos los detuvieron
por destrucción ecológica, que es delito federal y no
alcanza fianza.
Y así en cada parte, pero su historia, no sólo la historia
de destrucción que nos platicaron, también la historia
de lucha. Porque yo entiendo que en El Centenario y aquí, en
todas las partes donde hemos estado, no sólo ven el problema
sino que están buscando por dónde y cómo organizarse.
Imaginemos que Baja Sur se une con todo ese mapa que nos enseñaron,
con Baja Norte, con Sonora y con Sinaloa, Nayarit y Jalisco, va a
ser posible construir ese emporio turístico en el que no vamos
a estar. Si es una reserva natural, es como su planeta donde van a
huir, nomás que en lugar de agarrar un cohete a la luna van
a agarrar un avión de Nueva York a Los Cabos. Y aquí
no va a haber gente prieta, no vamos a estar nosotros, porque no les
gusta cómo somos, ni cómo hablamos, ni cómo vestimos,
ni cómo olemos siquiera, por más que nos perfumemos,
por más que nos pintemos el pelo, porque es otra categoría,
¿me entiendes?
Entonces, van a traer su misma gente y van a poblar esto. El problema
es que no es sólo Baja California Sur, sino que es todo el
país.
Y miren, yo les quiero contar una historia. Hace casi trece años
nosotros nos alzamos en armas contra el gobierno, éramos miles
de indígenas. Y gente aquí, en Baja Sur, se levantó
pidiendo justicia para nosotros. Gente aquí en Baja Sur sintió
que era su deber recrear —como dijo la compañera Lucía—,
recrear Chiapas. Nosotros que somos chiapanecos sentimos que es nuestra
obligación luchar por recrear Baja California Sur. Y la única
forma que podemos hacerlo, es si unimos todos esos dolores que nos
contaron aquí —que ya escuchamos en otras partes—,
porque nos faltan varias esquinas: nos falta la esquina de Tijuana,
de Ciudad Juárez, de Matamoros. Hasta que vamos a esquinar
todo el país y a cruzarlo por todos lados, y poder sacar esto,
este diagnóstico —como dice ustedes—: este país
se está muriendo como país, y en esa muerte vamos incluidos
nosotros.
Y lo que va a quedar no tiene nada que ver con nuestra historia,
ni como pueblos indios, ni como no indígenas, ni toda la tradición
de lucha que nos contaron en las efemérides. Todo eso se va
a borrar, va a ser como un planeta que fue destruido y poblado y hecho
a imagen y semejanza de las grandes metrópolis capitalistas.
Imagínense Nueva York en Los Cabos, pero sin gente de Sur California,
sin ustedes pues. Imagínensela en Ocosingo, pero sin nosotros;
imagínensela en Morelia, pero sin los purépechas; e
imagínensela en Jalisco, pero sin los huicholes.
Y todo esto está pasando en todas partes y tenemos que preguntarnos
no sólo ¿por qué está pasando?, sino además
¿qué vamos a hacer?
Yo estoy seguro que la voz de ustedes, su palabra, lo que nos explicaron,
va a llegar en pocas horas o en pocos días a todos estos otros
compañeros. Porque eso es lo que ofrece la Otra Campaña,
no ofrece —como dijo el compañero de Atenco— “ni
gorras, ni lonches, ni playeras”. Lo que ofrece es que su voz
la escuche otro en otro lado y que a la hora que ustedes luchen, ese
otro en otro lado diga: “yo apoyo”. Así como ustedes
dijeron —cuando nosotros luchamos—: “nosotros apoyamos
a los indígenas de Chiapas”.
Eso es lo que les estamos proponiendo, nada más. No que nadie
los mande, ni que se metan a un partido político, ni que se
hagan una organización social. Ustedes cada quien lo pueden
ver en su casa, en su trabajo, en su escuela, donde esté cada
quien, que tiene ahí un problema. Si piensa que ese problema
es porque dios así lo quiso, porque tuvo mala suerte, o porque
ni modo nació chaparro y feo y por eso así le toca,
si piensa eso está bien, ni modo, ahí está el
PRI, el PAN, el PRD, y que vote.
Pero si piensa que no, que es producto de una injusticia y encuentra
al responsable… Y el responsable no es sólo la empresa
salinera ésa que está molestando a los compañeros
de El Centenario —perdón, a los compañeros del
Vizcaíno—, ni los que compraron a Cota Montaño
—antes de que fuera gran defensor de la democracia en el PRD—
para apropiarse de El Mogote y de El Centenario. Sino es todo el sistema
que está dividiendo las cosas entre las mercancías que
sirven y los que nos sirven. Y nosotros, perdónenme, vamos
a estar entre los que no servimos.
Y como seres humanos tenemos el derecho a ser respetados por nuestro
trabajo. Ninguno de los que están aquí —pienso
yo— le está robando nada a nadie, si así fuera
sería diputado o gobernador de Baja California Sur. Pero si
no le está robando nada a nadie, entonces porqué no
es tratado con respeto, porqué no tiene las cosas dignas para
vivir: porque alguien se las está quitando.
Si a eso además le agregan la conciencia de historia que nos
contaron, porque nos contaron que aquí hubo quien se alzó
y —junto con los de Baja California Sur— expulsó
al ejército norteamericano que había invadido. Y créanme
que pocas partes de la República pueden decir eso. Pero nadie
sabe que pasó en Baja California Sur. Ahora lo sabemos, pero
no porque no los dijo un libro, sino porque no los dijeron ustedes
que son de acá.
De eso se trata pues la Otra Campaña: que por Quintana Roo,
hable Quintana Roo; por Baja California Sur, hable Baja California
Sur; que por los pueblos indios, los pueblos indios; por los jóvenes,
los jóvenes; por las mujeres, las mujeres. Que cada quien tome
su voz y su destino en sus manos. Y podamos unirnos todos y empezar
por quitar de en medio al que esté estorbando que es a los
políticos. Y construir otra forma de gobernarnos.
Nosotros ya lo hicimos y vimos que sí resulta. En nuestras
comunidades, las mismas comunidades se mandan a sí mismas,
por eso dicen Municipio Autónomo Rebelde Zapatista. Ellos ponen
a sus autoridades, y cuando no sirve lo quitan. Aquí para quitar
a alguien hay que morirse. Si no ahí está Oaxaca: que
ya tiene varios muertos y muchos presos y Ulises Ruiz no se quiere
ir, y nadie lo quiere, ni los empresarios lo quieren, ni su familia
lo quiere, ni su novia, nadie lo quiere pues. Más que Fox que
ahí que lo está manteniendo todavía y Abascal.
Entonces ¿por qué tenemos que hacer eso? Que a la hora
que tenemos un mal gobernante, en lugar de que nos pida perdón,
todavía tenemos que movilizarnos, arriesgarnos a la cárcel
o a la muerte para que se vaya. Ni siquiera para que se vaya a la
cárcel, para que se vaya del estado, para que se vaya a otra
parte. No es justo.
Estamos arañando las cosas para poder sacar para comer y mal
vivir y todavía tenemos que cargar con esa gente. Y no sé
si alguien aquí sea pariente de Cota Montaño —mi
más entero pésame si lo es—, pero los demás
no, porqué vamos a tener que cargar con él pues y mantenerlo,
o el que esté de gobernador o el que esté de presidente
municipal, no tenemos porque cargar con ellos pues. Lo que necesitamos
nosotros es levantar aquí y en Chiapas, y en todas partes de
la República, otra forma de organizarnos, de relacionarnos
como sociedad, donde podamos valorar a la gente por lo que es, no
por lo que tiene, porque entonces sí vamos a poder vivir mejor.
Y miren, en el mundo que nosotros estamos imaginando en la Otra Campaña,
el agua va a ser vida y no un producto embotellando. La tierra va
a volver a ser la madre, ahora agradecida porque le devolvimos la
vida que nos dio. El aire se va a poder respirar. No va a ser una
vergüenza ser ser humano, como ahora lo es.
Y nosotros lo que queremos es cumplir nuestra parte, que ser mexicano,
ser mexicano, no sea una vergüenza, porque si uno ve a Fox, sí
da pena, ¿a poco no?
A eso es a lo que los estamos invitando, compañeros y compañeras:
veamos esos problemas. Si es que están de acuerdo, organícense,
entren con nosotros. No les pedimos nada, mas que nos cuenten su historia
para conocerla y, a cambio, que ustedes escuchen la historia de otros.
Y entre ustedes mismos, entre todos nosotros, van a empezar a salir
acuerdos, no algo que diga Marcos o que digan los zapatistas, o que
diga alguien que viene de fuera, sino mismo entre campesinos, entre
pueblos indios, entre jóvenes, entre mujeres, entre homosexuales,
lesbianas, entre todos los que son despreciados, igual como son despreciados
los ancianos y ancianas.
Eso es lo que les queríamos decir compañeros. Gracias,
es un honor empezar en Los Cabos nuestro trabajo en Baja California
Sur.