Jornada del 12 de octubre, en Mochicahui
y en Los Mochis, Sinaloa.
Palabras del Delegado Zero, acto público en la plaza de Mochicahui.
Sinaloa.
12 de octubre del 2006
Buenas tardes, les agradecemos la paciencia para esperar la palabra
que traemos de varias partes. Agradecemos a las autoridades yoreme
la invitación y a la comunidad universitaria de la Universidad
Autónoma Indígena de México.
Uno se puede estar preguntando de qué se trata todo esto.
Déjenme tratar de explicarlo.
A lo mejor alguien que esté escuchando es anciano o es anciana,
y se da cuenta que lo están tratando como si fuera una batería
o la pila de un radio que ya no tiene carga, y después de años
y años de estar trabajado y estar luchando, ahora lo quieren
hacer a un lado como si ya no sirviera. Lo quieren echar a la basura,
no importa si es hombre o mujer, si ya tiene edad, si ya no sirve
—como dicen ellos allá arriba—, entonces se tratan
de deshacer de él. Tal vez su familia se acuerde y tenga memoria
y lo cuide, precisamente como pago y como honra a toda la vida de
trabajo que tuvo. Pero allá, los políticos y los grandes
poderosos, para ellos, sólo están estorbando y están
esperando a que se mueran. Tal vez piensan verlos en una esquina pidiendo
limosna, tal vez ni siquiera eso, ya no cuentan para ellos porque
ya no le pueden sacar ganancia.
Tal vez me está escuchando una mujer de edad media, que está
luchando en su casa o en su trabajo y que ve, en cada momento, que
la paga que tiene para poder sobrevivir, para darle a su familia,
se va reduciendo. Y no entiende porqué todo el día está
trabajando, en la casa o en un lugar, o en la escuela, y como quiera,
no puede cambiar de nivel de vida. Y ve cómo arriba los políticos
de un día para otro se empiezan a enriquecer. Y luego ve que
en las noticias sale que son unos ladrones, y ve que nunca pisan la
cárcel, ve que nunca tienen castigo.
Tal vez me escuche un señor también de edad media,
trabajador, maestro, vendedor de la calle, campesino, pescador, indígena
yoreme. Y ve también que todo el día está trabajando,
y como quiera no alcanza la paga. Ve que tiene que estar arañando
el bolsillo para sacarle unos cuantos pesos, y como quiera no resulta
nada bueno. Ve cómo la autoridad lo humilla, la policía,
el funcionario, los políticos. Y ve cómo se burlan de
él en los medios de comunicación: se burlan de su color,
de su forma de hablar, de cómo visten. Y ve que sólo
en las noticias hay atención para los grandes señorones,
los trajeados, los de corbata, los grandes políticos, no importa
las tarugadas que digan, como ése que dice que es presidente
de México que se llama Vicente Fox.
Y tal vez me escuche también una mujer joven, y vea en el
futuro de su madre anciana, de su abuela, su propio futuro: ahora
sirve porque puede satisfacer el deseo sexual de alguien, porque puede
trabajar, porque puede parir hijos, porque puede aprender a cocinar
o no. Es también una mercancía, es también una
cosa para el resto de la gente. Y ni siquiera se puede arriesgar a
vestirse como quiera, porque tiene que andar con el pendiente a la
hora que sale a la calle, de día o de noche, de que le falten
al respeto, de que la agredan, o incluso de que la violen o la maten,
y que no tome en cuenta tampoco eso.
Y tal vez me escucha también un joven, y ve cuenta también
que no importa lo que se esfuerce para poder estudiar, como quiera
la universidad cada vez es más cara, la preparatoria, la secundaria,
la primaria. Y al final, después de estarle dando y dando,
no encuentra trabajo.
Y tal vez es un trabajador, hombre o mujer joven, y ve también
que le empiezan a quitar la tierra, que el producto que siembra o
el producto que pesca no tiene precio. Y de una u otra forma empieza
a plantearse que tiene que dejar esta tierra, tiene que dejar Sinaloa,
tiene que dejar México, e irse a otro país: en otra
cultura, con otra lengua, a buscar algo de dinero y algo de comida,
para poder mandarle a su familia que queda acá, en los Mochis,
o en Sinaloa.
Y hay un niño, una niña, que me está escuchando,
que ve que ya no va a poder ir a la escuela, porque sus papás
le dicen que ya no hay dinero. O ve que es valorada también
—hombre o mujer, niño— nada más por su color.
Ve también que se le pone a competir uno a otro entre los niños,
ve que no tiene que ser su trabajo aprender y jugar, sino ya desde
pequeño tiene que aprender a trabajar y a llevar algo a comer.
Y uno se pregunta: ¿cómo vamos a resolver esto? Si
es posible, o si es un sueño un mundo donde las mujeres jóvenes
puedan salir a cualquier hora del día y caminar sin temor a
ser agredidas.
Un joven que se pueda vestir como quiera, escuchar la música
que quiera y hablar como quiera, sin que lo traten como delincuente.
Un anciano que sea mirado con respeto, una anciana que sea escuchada
con admiración.
Un trabajador que vaya con felicidad a trabajar y regrese con un
pago justo a su casa, que pueda ir a la escuela —si no ha ido—,
que pueda ir al cine, que pueda divertirse, que pueda hacer algo sano
y feliz, sin necesidad de tener la angustia de qué va a hacer
al día siguiente. Y lo sabe cualquier trabajador o trabajadora:
ni siquiera está seguro si va a tener el empleo mañana,
ni siquiera firmó contrato, y si firmó un papel, es
el de su renuncia. Y a la hora que quiera el patrón le puede
decir: “¡vete!”, sin indemnización, sin jubilación,
sin ninguna prestación social.
Y aparte hay que enfermarse, porque a menos que seamos de acero inoxidable,
nos enfermamos. Y ¿en dónde está tomado en cuenta
la medicina, el doctor? Dice el Fox que hay seguro popular, lo sabemos
que no es cierto, lo sabemos que hay que pagar por la medicina y hay
que pagar por el doctor. Y a lo mejor son enfermedades graves y es
mucho tiempo y medicina muy cara, ¿de dónde va a salir?
Y si alguien se enferma y falta al trabajo, ¿acaso el patrón
va a tener consideración de uno? Decir: “bueno está
bien, te enfermaste, no importa que no hayas llegado”. No, o
te corren o te descuentan el día.
Y así cada día y cada noche. Y cada noche que se acuestan
a dormir está la angustia de qué va a pasar al día
siguiente, por uno mismo, por los hijos, por los hermanos, por los
padres, por los abuelos. Siempre una angustia tras otra y nunca la
tranquilidad de poder saber que se va a vivir bien, con felicidad,
con justicia, con libertad.
Y entonces vienen los políticos y nos dicen: “si votas
por mí, yo te voy a resolver ese problema”. Y a lo mejor
les creemos. A lo mejor vamos y decimos: “sí, está
bien el PRI, o está bien el PAN, o está bien el PRD”.
Y pasan tres años y no pasó nada. Y pasan seis años
y no pasó nada. Y pasan diez, doce, veinte, treinta años,
y van brincando los políticos de un lado para otro, y las condiciones
en nuestras casas, en nuestro trabajo, en la calle, siguen siendo
las mismas, hasta que uno deja de creer.
Y de pronto llegan unos que dicen que son de la Otra Campaña.
Y llega uno que tiene la cara tapada y ni siquiera sabemos cómo
es. Y nos empieza a hablar y a decirnos que tenemos que organizarnos
y estar juntos. Y viene desde Chiapas, desde las montañas del
sureste mexicano, que están en la otra orilla de este país.
Y nos empieza a hablar de un lugar de Sinaloa que se llama Dautillos
—que es una comunidad pesquera— y otra que se llama Teacapán
—también comunidad pesquera—. En el Dautillos están
viviendo entre basura. El Dautillos queda en Novalato, como a cuarenta
minutos de Culiacán, no en Chiapas, queda aquí en Sinaloa.
Y aquí están los yoreme, los mayos, en Sinaloa, que
ni siquiera son reconocidos por el gobierno que son indígenas,
porque el gobierno dice que en Sinaloa no hay indígenas, puro
yori, puro mestizo, puro ladino, pero estamos viendo que no es cierto.
¿Y si nosotros juntamos este dolor?, y en lugar de pensar
que alguien va a venir a resolverlo —el encapuchado o el que
tiene el rostro descubierto—, porque el problema aquí
no es el rostro. Porque ustedes conocen el rostro de Fox y saben también
que es un hijo de la fregada. Y conocen el de Calderón y todos
sabemos lo qué va a hacer en el gobierno. Y conocemos el rostro
del gobernador y del presidente municipal, y sabemos que se va a enriquecer:
que si no tenía casa, va a tener dos o tres, que si no tenía
auto va a tener varios, hasta varias mujeres y varias familias que
va a estar manteniendo. Y uno se pregunta ¿de dónde
saca el dinero? Y nos damos cuenta que no tiene un trabajo, ni siembra,
ni trabaja, ni produce, ni vende, simplemente está sentado
en un lugar o se pone de pie y se pasea y le sacan fotos los periodistas
y sale en los noticieros y nada más. Y por eso le están
pagando un dineral.
Y uno se pregunta ¿por qué el que no trabaja tiene,
y por qué el que sí trabaja no tiene? Y entonces uno
tiene que escoger, compañeros y compañeras, si vamos
a esperar que aquí a esta comunidad, o aquí a este estado
de Sinaloa, va a llegar alguien y les va a prometer mentiras. Y las
mentiras, lo saben bien los yoreme, y lo sabemos bien todos lo pueblos
indígenas de este país, no sirven para comer, sirven
para engañarse nada más.
Lo que nosotros les estamos diciendo es que no crean en nadie, en
nadie que no sean ustedes. ¿Quién puede conocer mejor
que ustedes las necesidades de este pueblo, de su trabajo y de su
casa? Que entre todos se organicen y ustedes planteen, así
como la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma
Indígena de México está planteando sus necesidades,
y que luchen, pero ya no luchen solos.
Que se sepa en todo el país lo que está ocurriendo
aquí, no sólo con los indígenas yoreme, con los
mayos, también con las amas de casa, con los jóvenes,
con las mujeres, con los ancianos, con los trabajadores, con los empleados,
con la gente que vende cosas en la calle para poder sobrevivir. Y
a la hora que luche, tenga una hermana, un hermano, alguien que apoye
en otra parte del país que es también mexicano, como
somos nosotros indígenas de raíz maya, allá en
las montañas del sureste mexicano.
Si nosotros nos organizamos para pelear y tuvimos el apoyo de ustedes
para conseguir el respeto para los derechos y la cultura indígena,
sepan que nos traicionaron los políticos, todos, no hubo uno
que apoyara, aunque hablaron muy bonito y dijeron que sí iban
a respetar a los indígenas. Todos: PRI, PAN y PRD dijeron que
no, que los indígenas sólo sirven para pedir limosna,
que los indígenas sólo sirven para dar lástima,
que sigue siendo un delito en este país tener un color, tener
una lengua y tener un tamaño que no es el de ellos.
Y sigue siendo un delito ser mujer joven. En todas partes hemos escuchado
que a las mujeres las agraden, las violan y las asesinan, así
como agredieron y violaron a las mujeres jóvenes en Atenco
que son como la mayoría de las que están aquí:
jóvenes que tenían ganas de luchar.
Y los trabajadores, los campesinos, los indígenas, también,
en todas partes somos los mismos, hablamos diferentes lenguas, pero
en todas partes somos despreciados. Aquí con nosotros en la
Otra Campaña viene gente de varias organizaciones, grupos y
colectivos. Varios de ellos se dedican a recabar su voz, a tomarles
fotos, videos, pero no para que salgan en la policía, sino
para que los conozcan y los vean a ustedes en otras partes de México.
Hablaba con los pescadores de Dautillos —del camarón—,
de todo lo que sufren, que es el mismo sufrimiento que tienen los
chiapanecos de la Costa del Pacífico, que también tienen
esos problemas.
Y a la hora que los vean a ustedes —gracias a estos compañeros
que se llaman de medios alternativos o de medios libres—, otras
gentes los van a ver en otras partes de Sinaloa, y del país,
y de México, y del mundo. No se va a quedar aquí. A
lo mejor van a buscar en las televisiones comerciales o en los periódicos
a ver si salieron y no contaron.
Y aquí lo que cuenta en esto de la Otra Campaña no
es el Marcos, no es el EZLN, lo que cuenta es la gente como ustedes.
Porque ustedes pueden hacer la cuenta de cuando pasaron los políticos
aquí, que llegaron y les prometieron una cosa y otro, y se
fueron. Ni siquiera los miraron, ni siquiera se dieron cuenta si los
estaban escuchando. Y ninguno de ellos se tomó la molestia
de preguntarles qué necesitan, cómo están viviendo
en su casa, cuánto les están cobrando de luz, del teléfono,
de predial, de renta, del agua, del drenaje. Porque si les hubieran
preguntado, ustedes les hubieran dicho la verdad: “no se puede,
no alcanza, ya no más, ya basta, ya no aguantamos”. Eso
lo dijimos nosotros el primero de enero del 94, indígenas.
Y yo no soy el jefe de esa organización, es gente como ustedes.
Y les aviso porque es la primera vez que venimos, pero vamos a volver
a venir, porque para nosotros Sinaloa es también México,
no nada más Chiapas.
Y cuando volvamos otra vez, van a ver ustedes a mis compañeros
y mis compañeras jefes y jefas. Y van a ver que son señoras
como ustedes, hombres como ustedes. La mayoría de ellos no
habla español, la mayoría de ellos nunca fue a la escuela,
la mayoría de ellos tiene que trabajar igual que ustedes para
poder vivir. Son campesinos que trabajan la tierra, pequeños
artesanos, vendedores ambulantes, que saben lo que es el dolor de
abajo.
Y no van a venir a decirles qué hacer, ni les van a venir
a dar órdenes. Van a venir como venimos nosotros: a escucharlos
y a conocerlos, y a decirles que hay que organizarse a luchar aquí.
Y el que tiene que mandar aquí son ustedes, nadie más,
ningún político de fuera, ni de otro estado, ni de otro
país, sino que la misma comunidad de aquí. Así
como los yoreme se están organizando para mandarse ellos mismos,
para que nadie más los mande.
Y entonces uno se pregunta: “bueno ¿y si no hago eso
qué?”. Porque a lo mejor alguno que me está escuchando
dice: “pues cada quien se rasca con sus uñas”,
pero ya lo vieron en tanto años que no resulta. Si cada quien
se preocupa de su propio problema, no lo resuelven. Las cosas que
tienen es porque les costaron trabajo: su casa, sus muebles, su ropa,
su trabajo, lo poco que tengan para poder vivir, lo consiguieron ustedes,
no vino nadie, ningún candidato ni nadie de fuera a regalárselos.
Ustedes lo tuvieron que conseguir con su trabajo. Entonces nosotros
preguntamos: si ustedes tienen lo que tienen porque lucharon, entonces
¿por qué conformarnos con que otros se estén
quedando con los que nosotros hacemos?
Porque ustedes pueden ver lo de Sinaloa, nosotros ya vimos —estamos
terminando hoy de recorrer una parte del estado—. Y lo que vimos
son grandes casas donde viven los políticos, grandes autos
en donde se mueven los políticos, lugares limpios y muy hermosos
que es donde viven los políticos. Y donde está la basura
es donde vive la gente pobre, donde está el desprecio es donde
vive la gente pobre.
Y fuimos y les preguntamos porqué estaban pobres. A lo mejor
uno puede pensar que son pobres porque quieren, porque dios así
lo quiso o porque fue su destino, o tuvieron mala suerte. Pero no,
es gente que trabaja y esa gente que trabaja no tiene nada, entonces
¿por qué el que no trabaja sí tiene? Y viera
que sólo fuese en Sinaloa, pero en los veintidós estados
que hemos recorrido es igual, y estoy seguro que en los diez estados
que nos faltan de recorrer va a ser igual.
Y a lo mejor dicen aquí, en esta comunidad: “pues si
nos organizamos nosotros somos muy pequeños, ellos son muy
poderosos”. Pero si unimos toda la fuerza de Sinaloa con toda
la fuerza del resto del país, las cosas van a cambiar.
Compañeros y compañeras: y si no lo hacemos, todo esto
va a ser destruido. ¿Ustedes creen que los ricos quieren vivir
con nosotros? Si nos desprecian, no les gusta como olemos, no les
gusta el color, no les gusta la forma en que vestimos, quieren que
nos vayamos a otra parte o que nos muramos. Por eso hay tanta gente
en Estados Unidos trabajando, porque la han despojado de la tierra,
porque la han enfrentado uno con otro, así como nos platicaron.
Nos platicaba la compañera de Carrizo Grande: “hacer
que se peleen entre los de la misma comunidad en lugar de resolver
el problema y entonces ellos quedarse con todo”. Por eso que
les están quitando las tierras comunales y, a cada quien, a
cada uno de nosotros nos están quitando algo.
Y hay algo muy importante que nosotros podemos decir si no los quitan
o no, que se llama la dignidad. Y la dignidad, a lo mejor suena una
palabra dura o diferente, pero quiere decir: el respeto a uno mismo
y el respeto al otro.
¿Ustedes creen que ellos que están allá arriba
nos respetan? Ni siquiera contamos para nada. A la hora que hay que
votar, entonces sí, y después ya nada. Qué les
importa a ellos si la luz subió si no la pagan, qué
les importa si se corta el agua si no la usan, qué les importa
si la escuela no tiene instalaciones si sus hijos no estudian ahí,
estudian en universidades en el extranjero.
Y qué les importa si a ustedes los humillan. Las mujeres en
el trabajo, si el jefe les dice que tienen que hacerle un favor para
poder conservar el empleo.
Que le dicen pues al trabajador si le quitan su trabajo, si le reducen
el salario, si no le dan vacaciones ni aguinaldo, no les importa porque
ellos no son los que están trabajando.
Entonces: o luchamos y nos organizamos entre nosotros o no lo va
a hacer nadie. Nosotros ya lo hicimos, no estamos contando un sueño.
Allá en las comunidades indígenas zapatistas nunca
llegó el gobierno, nunca se acordó de nosotros, no existíamos,
así como aquí en Sinaloa el gobierno no sabe que existían
los mayos —todavía no sabe, a lo mejor se va a enterar
después de esto—, allá tampoco existíamos
nosotros para nadie.
Si tanto tiempo estuvimos luchando y sobreviviendo sin gobierno,
¿ahora para qué lo queremos? Nosotros mismos nos mandamos,
nosotros ponemos nuestras autoridades y no queremos pues que nuestros
dirigentes se corrompan, que se hagan ricos. Si entra algo de paga
es para hacer una escuela, un hospital. Y la tenemos, así como
los compañeros tienen aquí la universidad indígena,
allá tenemos escuelas primarias y secundarias, hasta ahí
llegamos, pero tenemos hospitales. ¿Saben qué?, en nuestras
comunidades la salud es gratuita, no se le cobra, y antes ni siquiera
había hospital. Y ahí ser indígena es un orgullo,
no hay nadie que se arrepiente, porque ahí cualquier indígena
luchó porque lo respetaran, muchos de nosotros con las armas,
otros no, nada más organizándose.
Y nosotros no los estamos llamando para que se levanten en armas,
no les estamos diciendo: “pónganse un pasamontañas,
agarren una arma y váyanse a la sierra a pelear contra el gobierno”.
No, nosotros los estamos llamando a luchar pacíficamente, aquí,
que se organicen. Y no le van a quitar nada a nadie, es su derecho
por el que van a demandar, es su derecho por el que se van a organizar.
Y a lo mejor dicen: “eso ha pasado ya antes”. Sí,
pero lo que no ha pasado es que lo hagamos todos juntos, los de abajo
en este país. Y entonces veamos si nos podemos organizar así,
y van a ver que entonces vamos a preguntar: ¿para qué
queremos PRI, PAN y PRD? No los queremos para nada. Y todo ese dinero
que se están robando se va a poder invertir aquí, en
esta comunidad, en este estado, en esta parte de este país,
y va a ser para la gente de abajo.
Y va a llegar el día, porque va a llegar, en que el niño
sólo se preocupe de estudiar y de jugar.
En que el joven pueda oír la música que quiere y vestirse
como quiera sin que lo traten como delincuente.
Que la mujer joven pueda divertirse, vestirse y ser ella, sin temor
de ser atacada.
Que el trabajador sea respetado como el mejor de este país,
porque es el que lo hace andar.
Y que los ancianos sean saludados y respetados como alguien que nos
enseñó el camino y nos enseñó lo que es
de la vida.
Es ese mundo y es ese México el que queremos nosotros. No
uno en donde esté Marcos mandando u otro, sino uno donde la
misma gente se mande a sí misma y pueda vivir con libertad,
con democracia, con justicia.
A eso los estamos invitando, ustedes véanlo, píenselo.
Nosotros no les estamos pidiendo que se vayan a ningún lado:
aquí en su colonia, en su escuela, en su centro de trabajo,
vean y empiecen a ver las cosas de otra forma, empiecen a juntarse
y sin que nadie los mande, sin que nadie dirija, organicen entre ustedes
y echemos trato.
Vamos siendo compañeros y apoyándonos. Y a la hora
que ustedes luchen por algo, nosotros, allá en las montañas
del sureste mexicano y estos compañeros que viene de la Otra
Campaña, en otras partes del país, van a levantar la
voz junto con ustedes. Y va a empezar a darse otro rostro a Sinaloa,
no el que sale en los periódicos, de que pues el narcotráfico
—que ya mataron a uno y ya mataron a otro—, o el de los
políticos —que ya se robó tanto dinero, que ya
se escapó—, sino va a salir en nuestras noticias, en
las de abajo: que la gente de Sinaloa, la gente de abajo se está
organizando y está luchando por lo que merece, que es un Sinaloa
mejor.
Gracias compañeros, gracias compañeras.
Mochicahui, Sinaloa
Reunión con estudiantes de la Universidad Autónoma Indígena
de México
12 de octubre del 2006
Bueno, compañeros, compañeras: otra vez las gracias,
como dijo el compañero de Guadalajara, porque nos están
recibiendo. Hay algunas preguntas y algunos problemas que hay aquí.
El fundamental que es: ¿qué es la Otra Campaña
y de qué se trata? o el plan —como dicen ustedes—
lo voy a dejar al final.
Como pueblos indios tenemos un problema, lo explicó el compañero
Juan Chávez que es purépecha del Congreso Nacional Indígena.
Miren, en las mediciones que hay en el gobierno, un pueblo progresa
si deja de hablar lengua india. Hay una estadística que dice:
“la situación de desarrollo y progreso de una comunidad”
Y el criterio para decir que esa comunidad está desarrollándose
es: cuando más gente habla español y menos gente habla
lengua indígena.
Entonces, lo que está diciendo aquí el gobierno en
México es que, el ser indígena es ser subdesarrollado.
Y que en el momento en que los indígenas dejen de serlo, entonces
van a avanzar. De hecho es lo que permea —o sea, lo que hay
más— en la cultura en México. Ser indígena
significa: subdesarrollo, ignorancia, pereza. Y dejar de ser indígena
quiere decir: progreso, cultura, inteligencia.
Así lo han vendido, y por eso se exige mucho a los indígenas,
por medio de la burla, del racismo, del desprecio, de que renieguen
de su propia cultura. Esto parte de una ignorancia fundamental: lo
que los pueblos indios significan para este país, una parte.
Porque gracias a los pueblos indios hubo la primera independencia,
gracias a los pueblos indios hubo la Revolución Mexicana. Y
gracias a los pueblos indios se han dado las grandes transformaciones
en este país.
Pero eso se les olvida. Aparece Hidalgo, pero se olvida todo el ejército
indígena que fue el Ejército Insurgente de la guerra
de Independencia. Se habla de Villa y de Zapata y se olvida de todos
los pueblos indios que se alzaron junto con ellos que fueron los que
derrotaron al ejército federal. Y ahora, se habla de Marcos
y se olvida de las comunidades zapatistas que son las que han levantado
y organizado todo lo que tenemos allá ¿no?
Esto es importante porque los medios masivos de comunicación
manejan la información como si fuera una mercancía:
entonces, lo que vende sirve; y lo que no vende no sirve. Estos compañeros
de los medios alternativos, su característica fundamental es
que la información no es una mercancía. No reciben paga
pues, no venden la noticia, ni venden su trabajo. Es su forma de lucha
y ésta va a ser una característica fundamental en la
Otra Campaña: que cada quien que entra está aportando
su forma de luchar.
Yo he escuchado aquí ahorita, y en el mitin y cuando estábamos
haciendo el recorrido por la universidad, que están demandando
que necesitan apoyo, para su lucha, para tener mejores instalaciones.
El problema ustedes lo conocen mejor que yo, va a ser que cuando esta
lucha se levante, va a venir el gobernador o el presidente municipal
de El Fuerte, se va a tomar la foto y va a decir: “esto es lo
que hacemos por los indígenas”. Y anda vete, ya no vamos
a saber si en la construcción es un cascaron, o si sí
tiene los servicios.
Porque ahí la información se convirtió en una
mercancía. El apoyo que necesitan para su movimiento no va
a venir de afuera, ni del de arriba. Va a venir de la gente de abajo.
Y esa gente de abajo no se va a enterar por la televisión comercial
ni por los periódicos comerciales. A lo mejor algún
reportero logra colar una nota y cuenta la historia de la Universidad
Autónoma Indígena de México, y la historia de
los yoreme, y la historia de los mayos, y cómo se organizan
aquí, como hay gente de varios países, de varios estados
y de varios pueblos indígenas de nuestro país aquí
luchando, por hacerse de una educación. Y como decía
la compañera: no para enriquecerse, sino para regresar a las
comunidades y aplicar esos conocimientos.
La forma en que se van a enterar en Chiapas, en Oaxaca, en Veracruz,
en Chihuahua con los raramuris, los mayos de Sonora, los yaquis, los
pimas, los seris, los pápagos, los cucapás, pueblos
que ni siquiera sabíamos que existían y nadie nos lo
vino a decir, son ellos mismos que se levantaron y dijeron: “yo
soy”. Pero pudo llegar la palabra a otros lados, gracias a gente
como estos que son de los medios alternativos, que no les importa
si la noticia es famosa o si va a vender. Aquí no importa qué
dijo Marcos, sino que dijeron los chiapanecos, los oaxaqueños,
los nicaragüenses, venezolanos y ecuatorianos que estuvieron
aquí en esta reunión.
Y eso lo van a escuchar otros indígenas en otras partes, gracias
a esos medios alternativos. Esa va a ser una de las características
de la Otra Campaña: que sea posible que se comuniquen entre
la gente de abajo, no entre los grandes políticos y los grandes
empresarios, sino la gente de abajo, la que no cuenta allá
afuera. Que sea posible escuchar su historia de lucha y sus aspiraciones.
En este caso, en el caso de ustedes, está la historia de su
lucha para lograr construir esto, para echarlo andar, para hacerlo
funcionar con objetivos nobles, no puedo calificarlos de otra manera.
Y además, las dificultades que tienen, porque es necesario
que una escuela tenga maestros, además de estudiantes. Porque
luego puede haber maestros y escuelas, pero no va a haber estudiantes,
porque no hay la paga para poder llegar. Porque lo sabemos bien que
en este sistema no basta querer aprender, hay que tener dinero para
poder aprender.
Y luego sigue la siguiente parte del problema que es: los que estudian
y aprenden y terminan una carrera, y luego de qué van a vivir.
No es tanto el problema de qué van a vivir: ¿cómo
van a aplicar lo que aprendieron? El problema que planteó el
compañero que estudia Derecho. El problema que se va a enfrentar
al salir afuera es: o se hace un abogado corrupto —o sea exitoso—,
o pone al servicio de su gente sus conocimientos.
Y nos vamos a empezar a dar cuenta de que hay esta disparidad: de
que no es cierto que somos todos iguales ante la ley. La justicia
en México no procede por la racionalidad que está en
el libro de la Constitución Mexicana, procede con la racionalidad
del dinero. Y la racionalidad del dinero es: el que tiene manda, y
el que no tiene obedece. Es decir: el que tiene dinero gana, y el
que no tiene dinero pierde.
Entonces, si para ellos allá arriba nosotros vamos a ser mejores
seres humanos, si dejamos de ser lo que somos. O sea, el zapoteco
tiene que dejar de ser zapoteco; el huichol dejar de ser huichol;
el tzeltal, el chol tiene que dejar de ser eso. Y a veces no sólo
renegar de su ropa, de su cultura, de todo lo que enseñaron,
sino a veces renegar de su color. Y entonces, que se sienta mal por
ser moreno, o por tener una estatura o un físico que, según
los patrones que hay allá afuera —los patrones de belleza—,
no es bello, aunque dentro de nuestros pueblos eso sea la belleza.
Entonces, por todos lados nos están diciendo: “deja
de ser lo que eres” como pueblos indios, pero también
como jóvenes. Estos compañeros que pasaron ahorita,
pues ahora sí que estamos entre compañeros y no hay
problema, pero si salen afuera inmediatamente los ven y luego, luego
se cuidan la bolsa para ver si no les van a quitar la cartera. O imaginan
inmediatamente que son narcotraficantes, o cualquier cosa, nada más
por una forma de vestir o de tener el cabello. Y nadie se preocupa
por conocer la historia de Raquel, por ejemplo, o de los otros compas
que han pasado, o los que no pasan porque su trabajo es escuchar,
no hablar. Igual, nadie se preocupa de conocer la historia de cada
uno de nosotros, más que la Otra Campaña. Esa es la
diferencia. Y no sólo de conocerla, sino de que otros la conozcan
a través de estos compañeros de los medios alternativos.
El México que nos estamos proponiendo nosotros no es un cambio
de leyes, no sólo un cambio de leyes. Es un cambio fundamental
de cómo está organizada la sociedad. Y un cambio fundamental
en los valores del ser humano. Si hasta ahora vale el que tiene, ahora
se trata de que valga el que sea, el que es uno mismo. Y el que es
indígena, que valga como es indígena. Y el que es joven,
punk, libertario, anarquista —cualquiera que sea—, que
valga por eso, por lo que aporta a la sociedad, en ese sentimiento
de solidaridad que es el que allá afuera no vale.
Allá afuera es a ver a quién aplastas, y a ver cómo
le haces y así vas a poder avanzar. Y no importa qué
crimen cometas, el chiste es que tengas las palancas para librarla.
Y lo van a saber como abogados, como ingenieros, como lo que sea.
La compañera se preocupa del medio ambiente. ¿Qué
es lo que nos dicen en los periódicos, las noticias y todo
eso? Que nosotros desperdiciamos el agua si a la hora de tomar un
vaso de agua se nos caen unas gotas. Y se nos hace responsables a
cada uno de nosotros de la destrucción de la naturaleza. Compañeros:
el que está destruyendo y desperdiciando el agua no es el que
lava su jardín. Son las grandes empresa como la Coca Cola,
que están robando el agua de los manantiales y la están
convirtiendo en mercancía. A veces como una botella —como
las que nos pusieron allá arriba, que ven que yo siempre la
bajo—, que es una mercancía, y a veces a través
de un refresco.
Los que están destruyendo las aguas son las grandes empresas
hoteleras, que invaden comunidades indígenas, y sobre esos
ríos y manantiales construyen centros turísticos que
son ensuciados y destruidos por la gente que viene de fuera, los turistas.
Les digo esto porque hace rato me preguntaron los medios comerciales
allá cuando estábamos en el otro edificio, que por qué
había muchos extranjeros en la Otra Campaña. Les dijimos:
bueno, primero no es cierto, la mayoría son mexicanos, pero
ojalá vinieran más extranjeros porque junto con nosotros
estamos viniendo a aprender, a aprender de los yoreme, a aprender
de la Universidad Autónoma Indígena de México.
¿Y a aprender de qué lugar? De cada lugar que vamos.
Pero ellos no vienen a destruir nada, al revés, vienen a hacerla
florecer la palabra de ustedes, y hacerla que renazca en Australia,
por ejemplo, que queda algo lejos de acá. Y nadie más
lo va a hacer, más que la Otra Campaña. Ni el PRD, ni
el PRI, ni el PAN.
El PRD va a sacar cuentas y decir: “a ver cuántas credenciales
de elector hay aquí, ¡Ah! son votos, ¿cuándo
hay elecciones en Sinaloa? tal día, a ver a quién ponemos
de candidato”. Y al rato le van a ofrecer a Doña Julia
que sea candidata, si es que va a jalar los votos. Y no le importa
las demandas indígenas. Y no le importa las demandas de la
Universidad, ni las demandas ni las expectativas de cada uno de ustedes.
Nosotros decimos: se trata de que esa voz de ustedes, donde cuentan
su historia, sus necesidades, llegue a otras partes, y tampoco se
quede en el oído, porque entonces ahora que se escucha de esta
lucha de ustedes —gracias a estos compañeros de los medios
alternativos—, otros van a decir: “oye ¿qué
paso con los yoreme allá de Sinaloa, del norte?”. No
pues siguen sin hacerles caso. “Oye pues hay que hacer algo
para que su voz se escuche”. Y en una parte y en otra, gente
de abajo —no van a ser grandes políticos— va a
empezar a hacer algo, a levantar la voz también por ustedes,
como nosotros pedimos que la levanten por otros, no sólo por
nosotros.
Está el compañero Octavio que es del Frente de Pueblos
en Defensa de la Tierra, que es de Atenco. Ahí tenemos un dolor
nuestro, no sólo de ellos, sino también nuestro. Son
mujeres como ustedes, estaban ahí llegó la policía
y las empezó a golpear porque eran mujeres, no porque eran
rebeldes. Y las humillaron por se mujeres, porque tienen cuerpo de
de mujer. Y las violaron como mujeres, nada más por eso, por
la gana de decir: “yo mando, yo tengo la fuerza”. Ese
fue su único delito, y por eso llevan todos los meses que llevan
en la cárcel.
Y una de esas mujeres es una indígena mazahua, se llama Magdalena.
Ella es mazahua, trabaja en la Ciudad de México —trabajaba—
como trabaja la mayoría de los indígenas en la Ciudad
de México, como vendedora ambulante. Y nos contaba la historia
de cómo llegaba la policía y los golpeaba. Si tú
te preguntas ¿quién mandaba la policía ahí?
yo te digo que es la del PRD. Y si te digo quién era el gobierno:
Andrés Manuel López Obrador. Ése que dice que
es la esperanza y que es el futuro pues para los pobres. Ése
fue el que golpeó a esa gente, cuando era vendedora ambulante.
Ella junto con su grupo de indígenas mazahuas que trabajan
ahí dice: “yo quiero entrar a la Otra Campaña,
no voy a dejar de ser mazahua, porque la Otra Campaña me dice
que me respeta. Ni voy a dejar mi organización porque la Otra
Campaña dice que respeta a cada organización”.
Voy a entrar a la Otra Campaña porque así me voy a unir,
por ejemplo, con los yoreme de Sinaloa. Y entonces vamos a luchar
juntos porque nos respeten como indígenas. Pero no que todos
seamos mazahuas, ni todos yoreme, ni todos tzeltales, ni todos tzotziles,
ni todos choles. Sino que cada quien sea lo que es, y nos respeten
como lo que somos, y nos valoren como lo que somos.
Unos días antes de ser detenida, Doña Magdalena habló
en el mitin del primero de mayo, que fue ahí en el zócalo
de la Ciudad de México. Había mucha gente, no sé
cuánta pero es de los mítines más grandes que
ha hecho la Otra Campaña. Y ahí habló y dijo:
“por esto vale la pena morir”, casi textual. Porque como
quiera uno se puede morir por cualquier cosa, y aquí nos estamos
muriendo por una causa. Tres días después estuvieron
a punto de matarla. Y desde tres días después, hasta
la fecha, está en la cárcel porque es sospechosa de
ser de Atenco. Y ella no vive en Atenco. Ella es mazahua, es de otra
parte y está en el DF, no en el estado de México. Y
simplemente porque estaba ahí, y porque estaba ahí para
apoyar a los compañeros y compañeras de Atenco, nada
más.
Es como si aquí hay una represión, y a Raquel o a cualquiera
los agarran, por que es sospechosa de ser yoreme. Y su único
delito es que esté aquí con ustedes, apoyándolos
en la lucha por la Universidad Autónoma Indígena de
México. Y eso es lo que está pasando en todo el país.
A veces sale en la noticia, a veces no sale. Pero lo que sí
está pasando es que se están dando todas estas uniones.
El problema que van a tener ustedes como egresados de la universidad,
cuando regresen a sus comunidades, es que van a topar pared. Se van
a encontrar con que el sistema judicial, jurídico pues, la
destrucción de la naturaleza y todo eso tiene una ley de respaldo.
El que te está destruyendo la naturaleza, son las autoridades
de Semarnat, las que se suponen que tienen que cuidarla. Ellos están
dando las leyes para que puedan entrar las empresas hoteleras.
Mira, fuimos a Quintana Roo, ahí hay indígenas mayas,
mero mayas —nosotros somos de raíz maya pero no mero
maya—. Entonces, hay unos pescadores mero ahí donde entran
los huracanes a cada rato. Entró el huracán y les destrozó
todo. Y sabes ¿para dónde fue la ayuda de Fox? Para
los hoteleros. Y los campesinos y los pescadores a ver cómo
le hacen. Tienen una playa muy bonita, la tenían. Entonces,
les gustó a los hoteleros para apoderarse de ella y poner un
hotel. Pero es tierra ejidal, se supone que no se las podían
quitar. Y entonces, empezaron a hacer mañas de leyes, del sistema
jurídico, para despojarlos. Y les pusieron una barda, como
la que están poniendo en la frontera para que no pasen los
mexicanos. Ésta era en México, para que no pasaran los
mexicanos. Y está la playa y hay una barda que la rodea. Y
los que eran propietarios de esas tierras, están de este lado
de la barda. Y del otro lado de la barda están los ricos que
la compraron, con engaños además.
Y cada vez que éstos, los indígenas de este lado se
organizan para reclamar esa tierra: a la cárcel, los golpes,
las amenazas. Y no se rinden: una y otra vuelta. Y hasta ahora estaban
solos. Ahora ya no están solos. Y a lo mejor poco podemos hacer
levantando la voz, pero es mucho más que ignorarlo. Y hasta
ahora lo ignorábamos. Igual va a ser, el problema no va a ser
el sistema jurídico pluricultural, o el problema de las leyes.
Y lo dijo perfectamente el compañero: “una cosa son las
leyes, y otra cosa es quién las hace y quién las cumple”.
Y a veces que no basta aunque haya buenas leyes, si los jueces son
corruptos, si la policía es corrupta o criminal, como ya conocemos.
Y si todo el sistema judicial está hecho para beneficiar al
rico y afectar al pobre.
Lo que nosotros pensamos es que vamos a ir topando pared cada quien
en su lado. Ustedes como Universidad Autónoma Indígena,
nosotros como pueblos indios zapatistas, los purépechas de
Juan y de Chava también en sus demandas, los compañeros
de medios alternativos. Cada quien en su lugar va a ir topando pared.
Porque hay un sistema que es el que se encarga de perseguirlos a ellos
por cómo se peinan y se visten, de impedir que ustedes aprendan,
de impedir que cuando ustedes regresan puedan aplicar en beneficio
de su pueblo lo que aprendieron, que a nosotros nos impide ser respetados
como indígenas, y todo lo que cada uno está topando.
Es el sistema.
Entonces, nosotros decimos: lo que tenemos que hacer es destruir
ese sistema. Es el que hace que Ulises Ruiz esté en Oaxaca,
cuando nadie lo quiere, ni su mamá lo quiere, ya lo dijo —yo
creo que lo dijo porque como a cada rato le mientan la madre, pues
ya la mamá ha de decir: no, yo no lo conozco—. Es el
mismo que puso a Fox, es el mismo que puso a Fox, que pone a Calderón,
que pone a los gobernantes que hay y a los grandes empresarios que
son los que están despojando de la tierra.
Entonces, nosotros decimos: hay que sacarlos. Hay que sacarlos y
organizarnos entre nosotros. Que en esta Universidad, así como
está, la comunidad decida qué hacer. Pero no se resuelva
sólo el problema en qué van a estudiar y que tengan
la comida, y que tengan el hospedaje y los libros y buenos maestros.
El problema es también que cuando salgan, haya trabajo. Y el
trabajo sea digno. Porque luego se van a encontrar que igual que alguien
que sale de una universidad reconocida, no van a aplicar lo que aprendieron.
Entonces, nosotros decimos que hay que hacer las dos luchas: la lucha
particular que cada quien está llevando. Por ejemplo ustedes
aquí en la Universidad Autónoma Indígena de México.
Y la lucha general, donde nos unimos entre todos. Así conservamos
nuestra identidad, nuestra demanda, nuestro sueño particular,
y nos hacemos el sueño general. El que nos va a permitir a
todos poder descansar, luchar, trabajar, con libertad, que eso es
lo que queremos.
Entonces, en este caso, las palabras que han dicho ustedes, no dependen
de que si yo me acuerdo, o si nos vamos y luego hay mucha gente que
se acercó y ya no se va a acercar. Sino que la Otra Campaña
los va a mantener vivos. Y no es que vamos a pedir cuota. Lo único
que les vamos a pedir es que el oído que recibieron, lo regresen.
Y que escuchen ahora que pasemos con los mayos, yaquis, seris, y pápagos
en Sonora, los escuchen ustedes. Y a lo mejor van a encontrar muchas
cosas.
Que así como escuchan a Oaxaca ahora que se está levantando
por las noticias, la sigan escuchando aunque ya no esté en
las noticias. Y que escuchen a las comunidades zapatistas, con o sin
Marcos, incluso por encima de él. O más allá
de su pasamontaña. Y luego, que cuando lleguemos a la frontera
y encontremos en Tijuana, en Ensenada, y todo eso, a otros mexicanos
que no son indígenas y que también están luchando
por lo mismo. Porque tienen su sueño particular, y tienen una
pesadilla general, que es el sistema capitalista.
El plan que tenemos nosotros, a grandes rasgos, es: conocernos entre
todos, unirnos —sin que nadie mande, que cada quien se respete—,
y esa lucha unida dirigirla contra un enemigo. Derrocar al gobierno,
correr a los ricos y hacer otro país, y otra ley: una nueva
Constitución. Ta fácil ¿no? Ahí está:
u, a, b, c, d… Nomás que cuesta. Y ahorita en la etapa
en la que estamos —que habíamos suspendido por lo que
pasó que nos explicaba el compañero Octavio en Atenco—
es que nos conozcamos en todo el país quiénes son. Donde
pasamos están saliendo estás luchas. Porque no es como
cuando pasa un candidato que alguien se para y dice: “pues yo
necesito techo para mi casa”. Y ya ven si le dan o no le dan.
Aquí lo que está saliendo son historias de lucha, no
sólo necesidades. Así como ustedes pueden dar cuenta
de eso. Ustedes pueden decir aquí hay una necesidad de educación
y de preparación técnica, cultural, científica.
Pero hay una lucha que la está resolviendo y está enfrentando
problemas. Así en cada parte del país, en cada rincón,
hay esas necesidades y gente que está luchando, pero que no
se conocía. Y la Otra Campaña lo que está haciendo
es que se conozca.
Y luego tenemos que preguntarle a todos: ¿ahora cómo
le hacemos? Porque no se trata de qué dice el EZLN, o qué
dice Marcos, o qué dicen los compas de los medios alternativos.
Sino qué dicen todos. Porque si vamos a hacer otra política,
quiere decir que vamos a tomar en cuenta a la gente. No importa quién
sea. No importa si habla bien o no habla. No importa si es grande
o pequeño. No importa si es joven o es viejo, o es niño.
Lo que importa es qué mundo está viendo, y cómo
podemos ponernos de acuerdo para que ese mundo sea posible.
Nosotros imaginamos esto: el mundo que está luchando el compañero
de medios alternativos es diferente a la del yoreme, y diferente al
del zapatista. Para él el mundo tendrá un color, para
ustedes otro, y para nosotros otro. Es cuando nosotros decimos: necesitamos
un mundo donde quepan todos esos mundos. Porque si el compa de medios
alternativos nos dice: “se chingan todos y todos van a ser como
yo digo”, ya perdimos. O si ustedes dicen: “todos tiene
que ser como los yoreme”, o como los tzeltales, o como los tzotziles…
Igual, ya perdimos. Eso no va a ser posible.
Necesitaríamos hacer el acuerdo que se respete su modo de
ellos, con libertad y sin persecución. El nuestro, igual. Y
el de ustedes, de cada uno de ustedes. A veces, es individual, a veces
es familiar, a veces de organización, a veces de grupo. Nosotros
decimos: ese mundo sí es posible. Más: no sólo
es posible, es necesario. Porque el otro, el que están ofreciendo
está llevando a la humanidad a la destrucción. Y destrucción
real, no estoy usando una imagen literaria.
Son territorios enteros destruidos. Porque al mismo tiempo, donde
hemos pasado y hemos visto estas luchas, hemos visto ríos contaminados
—lo platicó Don Juan en su intervención de hace
rato—. Los ríos que cubrían el territorio yaqui,
completamente contaminados o sin agua. Y él nos contaba hace
tiempo, dice: “y yo pasé hace un año o dos y era…
daba gusto era agua limpia, y bien bordeado, y todo verde. Y ahorita
ya no hay nada o está sucia”. Ahí hubo una destrucción.
A lo mejor en la comunidad pesquera de Dautillos, hace años,
estaban los pescadores y estaba normal. Ahorita hay un basurero. Y
la basura no la echan ellos. Llega el camión de basura y lo
bota por ahí. Lo usan como basurero, y que si lo clausuran.
Y ahora la basura que se junta, no llegan a recogerla. Dicen: “nosotros
nada más queremos eso, que no nos tengan como en chiquero”
—ya ves cuando tienen a los cuches, a los puercos, pues ahí
los tienen donde tienen la basura—. Has de cuenta ahí,
pero ahí hay mujeres, niños, ancianos, hombres, viviendo.
O la gente que está viviendo también, como en Teacapán
—o Teacapan, como le quieran decir—, también dice:
“es que aquí no se puede vivir porque es insalubre, pero
no hay dónde irse”. No es que digan: bueno, pues me cambio
y ahora me voy a ir a Los Mochis a vivir”. No pues es que aquí
nací y no tengo para dónde hacerme. ¿Y dónde
están las condiciones de salud para poder vivir ahí?
O las de trabajo, porque ellos viven del camarón.
Nos están contando la historia ahí en Dautillos de
dos pescadores que van en su lancha —es una lancha como del
tamaño de esta mesa—. Entonces, andan y los persigue
un guardacostas de la marina mexicana, que es un barco que es como
del tamaño de la escuela, de este edificio. Entonces, les dice
que se detengan. Los va a meter a la cárcel por violar la veda
de camarón. Llevaban 40 kilos de camarón. Los iban a
meter a la cárcel por eso. Por supuesto, los compañeros
dijeron: “no, pues de güey me detengo”. Entonces,
se siguieron y les aventaron el barco encima, les rompieron la lancha.
Y uno de ellos quedó privado, a punto de ahogarse, y el otro
compañero lo agarró y lo llevó nadando a la orilla
y ahí lo hizo, le dio respiración boca a boca, lo resucitó
pues. Y de los marinos nadie dijo nada. Y ahí mismo, ahí
cerquita hay una armadora de camarón —o sea, una gran
empresa— con chingo de barcos camaroneros llevando toneladas
de camarón en la veda, y nadie les dice nada. Porque se mocha
con el jefe de la zona naval, o sea, le da dinero.
Entonces, esa historia no se conoce, pues la tenemos que conocer
nosotros. Y tenemos que decir que tiene que cambiar ahí la
situación, que es la misma que impide que la Universidad Autónoma
Indígena de México tenga presupuesto, instalaciones
cabales como necesita. Y es la misma que impide que ustedes cuando
regresen a ejercer su profesión tengan un trabajo digno. Y
es la misma la que persigue al compa por cómo se peina. Y es
la misma que se burla de Raquel por cómo habla. Y la misma
que se burla de nosotros porque somos indígenas y, además,
nos enorgullece serlo.
Eso es lo que nosotros queremos hacer. Y que sea en todo el país.
No que sean los zapatistas por allá y los yoreme por acá,
y por allá otros. Sino que todos unidos, respetándonos.
Porque en el momento en que alguien quiere ya empezar a mandar, entonces
hay alguien que dice: “yo no estoy de acuerdo con que me manden”,
porque ese es el germen de la rebeldía. Y la única forma
en que entre rebeldes se puedan organizar y unir, es respetándose.
Entonces, la Otra Campaña es lo que está tratando de
hacer. A veces podemos, a veces no podemos. Ahí vamos, batallando.
Pero es tan grande lo que nos hemos propuesto, que nos obliga a todos
a hacernos grandes. Y no me refiero al físico, sino al corazón.
Porque el sueño que tenemos nosotros no cabe en cualquier cabeza,
ni en cualquier dormitorio. Sólo cabe en corazones grandes
y en gente que ve muy lejos. Ésos somos los que estamos en
la Otra Campaña. A lo mejor somos pocos, pero estamos decididos
a todo. A todo para conseguir eso, porque sabemos que es el único
futuro.
Si no logramos nosotros lo que queremos, no va a haber Universidad
Autónoma Indígena de México. Ni va a haber comunidad
yoreme. Ni va a haber El Fuerte, Sinaloa. Ni va a haber Sinaloa. Todo
esto va a ser un gran centro comercial, o un centro turístico.
Y nosotros vamos a estar desde afuera, a través de la barda
o en un hoyo de la pared, asomándonos a lo que pudo ser nuestro
futuro, y es de otros.
Es todo, compañeros, compañeras. Gracias.
Palabras del Delegado Zero, acto público en Los Mochis.
12 de octubre del 2006
Buenas tardes Sinaloa, buenas tardes Los Mochis.
Compañeros y compañeras: hoy terminamos con este acto
nuestra visita en el estado de Sinaloa, con éste es el estado
veintidós que hemos venido recorriendo en la Otra Campaña.
Y queremos agradecer aquí en Los Mochis, que todo momento en
que estuvimos en sus tierras sinaloenses, recibimos respeto y atenciones.
En Teacapán, con los pescadores del camarón, en Mazatlán
con la comunidad lesbico-gay, con los jóvenes punks, anarquistas,
libertarios, con los maestros y estudiantes, investigadores de la
Autónoma de Sinaloa. También en Culiacán, también
en el Dautillo, con una comunidad de pescadores. En Culiacán
con estudiantes y maestros y trabajadores y ahora, también
acá, con la comunidad indígena yoreme y ahora con ustedes.
Pura gente decente, no políticos, tal vez por eso nos fue bien
y nos trataron bien y recibimos la palabra de respeto, porque no hablamos
con ningún político. Hablamos con pura gente humilde
y sencilla, así como ustedes, y nos contaron la historia, no
sólo la historia de su dolor, sino también la historia
de su lucha.
Y vimos como a los camaroneros, a familias enteras se les está
quitando el trabajo, se les trata como animales y como delincuentes.
Si salen a pescar el camarón son detenidos por la Marina y
metidos a la cárcel. Apenas tienen unas lanchas para poder
conseguir para comer, inmediatamente son puestos, detenidos y puestos
en la cárcel, mientras los grandes barcos de las grandes empresas,
van y vienen con el camarón, sin que nadie les diga nada.
Vimos también a los jóvenes que nos platicaron cómo
son perseguidos por su forma de vestir, por su forma de peinarse.
Vimos a campesinos a que se les ha quitado la tierra.
Vimos a los indígenas también luchando por una educación
digna, y también despreciados y humillados nada más
por su color y por su lengua y por su cultura.
Y vimos a jóvenes, ancianos, a personas como ustedes, que
son trabajadores, y que como todos nosotros, nos tienen como atados
a un árbol y que sólo cada vez que hay elecciones nos
sueltan una mano, para que marquemos una boleta.
Pero lo sabemos bien que no cambia nada para nosotros, ustedes lo
pueden ver en sus hogares y en sus centros de trabajo: sigue subiendo
la luz, siguen subiendo los impuestos, el teléfono, el agua.
Y no dejan de trabajar menos, al revés, tienen que trabajar
más. Según la cuenta, ahorita un salario mínimo
anda entre 45 y 46 pesos y para poder vivir decentemente se necesitan
485 pesos al día. Necesitarían trabajar ochenta horas
en un día, y no se puede: sólo tiene 24. Y ¿qué
es lo que hacen? Que trabaja otro de la familia: la señora,
el señor, el hijo que ya está creciendo. Y hay que olvidar
la escuela, porque hay que conseguir para comer, y no pueden elegir
entre el estudio o vivir, porque uno siempre tiene que elegir vivir.
Y este problema no es nada más de los indígenas, lo
sabemos bien, cualquier gente que tiene que trabajar para vivir, hombre
o mujer, niño, joven o anciano, ve que no importa cuando trabaje,
como quiera a la hora que tiene que poner algo en su mesa, cada vez
es menos y cada vez es de peor calidad.
Si son empleados, si son vendedores ambulantes, si son pequeños
comerciantes, ustedes saben que hay que mocharse con el funcionario.
Y resulta que están trabajando para poder darle una mordida
para que los deje estar en la calle y poder vender algo.
Si son empleados les dicen que van a trabajar ocho horas, tienen
que entrar a una hora y salen a la hora que el patrón quiere
y no les van a pagar horas extras.
Si ya son grandes de edad, llevaron toda su vida trabajando y a la
hora de la hora son botados sin jubilación, sin ninguna prestación
y, además, con el desprecio porque ya son viejos, porque ya
no sirven.
Si son mujeres no pueden andar donde quieran ni vestidas como quieran,
porque las pueden agredir o las pueden acosar, violar, o hasta asesinar.
Y los niños ni siquiera pueden vivir con tranquilidad, porque
ya sabemos, por las noticias, que hasta miembros de la iglesia y grandes
gobernantes y grandes empresarios, se dedican a divertirse con los
niños que encuentran, porque no tienen los pantalones para
conseguirse a alguien de su tamaño.
Y todo eso lo vamos viendo. Y vamos viendo que los políticos,
en cambio, que nada hacen, cada vez son más ricos. No hay ningún
presidente municipal, ningún gobernador, ni ningún diputado
o senador en todo el país, que salga pobre, sale rico, sale
con más cantidad.
Y ustedes, ¿saben cuanto trabaja un diputado? Trabaja cuarenta
días al año y recibe un salario de hasta medio millón
de pesos al mes. Si es senador, gana un millón doscientos mil
pesos al mes. Si ustedes ganan el salario mínimo, tienen que
trabajar cien años, cien años completos para ganar lo
que un diputado o un senador gana en un día.
Y si ponemos en una balanza el trabajo de ustedes, en horas —incluyendo
lo que tardan en llegar a su trabajo—, y en otro platillo de
la balanza lo que trabaja un diputado, van a ver que no importa cuántos
diputados, senadores, gobernadores, presidentes municipales, presidentes
de la República pongan, nunca alcanza a nivelar la balanza
de uno solo de ustedes.
Y cada año que pasa y cada sexenio y cada cambio, no importa
qué partido es: el PRI, el PAN, el PRD, el PT, Convergencia,
el Verde Ecologista, nada cambia eso para ustedes. Y hasta los vemos
que son los mismos nombres que nada más cambian de partido,
la misma persona a veces es candidato del PAN, a veces del PRI, a
veces del PRD y nada cambia.
Y nosotros no podemos seguir esperando a que alguien va a venir a
resolver los problemas. Nosotros los que estamos en la Otra Campaña
lo que queremos hacer es unirnos todos en un movimiento civil y pacífico.
Y que cada quien luche, en su lugar, y que consiga la tranquilidad
que necesitamos para poder vivir.
Ustedes saben mejor que yo, que todas las noches no se puede dormir
tranquilo, está la angustia de qué va a pasar al día
siguiente: si va a haber dinero para poder comer, para pagar la renta,
para pagar la luz. Si no hay luz, ¿cómo vamos a hacer
para soportar el calor o el frío, o lo que esté llegando?
Porque así es con la gente de abajo, se moja sudando o se moja
lloviendo, siempre estamos mojados y los de arriba no.
Y la angustia de saber si todavía vamos a tener trabajo, si
no hubo un recorte de personal y nos mandan a la calle. Y la angustia
si el inspector se va a levantar de buenas, si no va a empezar a hacer
un desalojo de los puestos ambulantes. Y la angustia si el policía
no va a andar de malas, y nos va a meter multas nada más porque
tiene ganas. Y la angustia de que a lo mejor ya no tenemos trabajo,
a lo mejor ya no tenemos comida.
Y no es justo que eso esté ocurriendo en las casas de cada
uno de nosotros, sea que están en Sinaloa, o que están
en Chiapas que es donde estamos nosotros. Y al mismo tiempo ver que
otros lo están teniendo todo.
Lo que estamos proponiendo nosotros en la Otra Campaña —que
no es nada más de los zapatistas, sino que hay muchas organizaciones
acá— es que nos unamos y que mandemos a la fregada a
todos los políticos, a todos.
Que caiga el presidente municipal, que caiga el gobernador del estado,
que caiga el presidente de la República, donde tienen que caer,
que es en la cárcel. Porque todos sabemos que para ser político,
aquí en este país, hay que ser un criminal y un ladrón.
Y en las cárceles no hay políticos: hay gente humilde
y sencilla, que a veces fue metida a la cárcel nada más
porque se atravesó, como la gente de Atenco, o como la gente
que hay en cualquier parte de la República. Y el gran ladrón,
el criminal, el violador de menores, ése está en un
gobierno: está en un palacio municipal o en un palacio de gobierno
estatal, o en Los Pinos, o en el Palacio Nacional, diciendo que representa
a México.
Miren, en el resto del país, hay una imagen de Sinaloa que
nosotros vimos que no es cierto, así como en el resto del mundo
hay una imagen de México que no es cierto. La imagen que se
tiene de Sinaloa es nada más del narcotráfico y el crimen.
Y el Sinaloa que nosotros encontramos es un Sinaloa que está
peleando y luchando por una vida digna.
Y eso nosotros lo vamos a llevar a todas partes, y cuando salga en
las noticias “que ya levantaron a uno y que ya agarraron a otro,
y que el narcotráfico” y todo eso, nosotros vamos a decir:
“ésa no es Sinaloa, la Sinaloa es otra y nosotros la
vimos”. Y vamos a contar de ustedes y vamos a contar de toda
la gente que estuvo hablando con nosotros y a la que estuvimos escuchando.
Y en el resto del mundo, la imagen que tiene de México son
las tarugadas que dice Vicente Fox —que pocas veces en la historia
de este país, nunca, hemos tenido un presidente tan idiota
como Vicente Fox, por todas las cosas que está diciendo—.
Y es una vergüenza que venga gente de afuera y que diga: “sí,
el México de Fox” y piense que todos los mexicanos y
mexicanas somos iguales de tarugos que ese güey. Y no es cierto,
nosotros lo sabemos que no es así.
Lo que nosotros proponemos compañeros y compañeras,
es que unamos nuestras luchas. Es cierto, cada quien en su casa tiene
ese dolor y esa angustia, pero no la vamos a poder resolver solos,
nosotros ya lo vimos, nosotros nos unimos.
Y voy a contradecir un poco al compañero yoreme que pasó
aquí, que dijo que el pueblo yoreme es el único que
se cerró. No, tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales, mames,
zoques, pueblos de raíces mayas, que somos los zapatistas,
estuvimos diez años preparando un Ejército de más
de cinco mil combatientes y el gobierno nunca nos vio, mas que el
primero de enero del 94, cuando ellos estaban celebrando el año
nuevo, nosotros les tomamos sus ciudades.
Pero nosotros no los estamos llamando a que se levanten en armas
ni a que se tapen el rostro. Nosotros llevamos el rostro cubierto
porque es un símbolo, no crean que nos gusta estar así
con el calor que hace. El símbolo es doble: porque a nosotros
no nos veían, a los pueblos indios de este país, no
nos veían hasta que nos tapamos el rostro y peleamos. Y también
porque este color, el color negro es el color que somos de la tierra,
y es la forma de enorgullecernos de nuestro color. Pero no somos ningún
delincuente, los delincuentes son los que están en las casas
de gobierno, y lo sabemos muy bien.
Lo que nosotros les proponemos es que ese dolor y esa angustia que
tiene cada quien, con la que se levanta, la que carga todo el día
y con la que se acuesta, la compartamos y unamos nuestras luchas.
Y aquí en Mochis, o en El Fuerte, o en la comunidad yoreme,
cuando se preparen para luchar, cuando demanden sus justicias, su
libertad, su democracia, los podamos apoyar nosotros en Chiapas y
todos los compañeros y compañeras que hay en todas partes
—que ya tenemos en todo el país— de esto que se
llama la Otra Campaña.
Nosotros no estamos pidiendo que Marcos sea candidato o sea un gobierno.
Ni Marcos ni nadie, no queremos que nos mande nadie: ni López
Obrador, ni Calderón, ni Madrazo, ni cualquiera que se venga
a parar aquí. Queremos que el pueblo de Sinaloa se mande a
sí mismo, porque el pueblo de Sinaloa conoce sus propios problemas.
Y no venimos acá a Sinaloa para decir qué hacer. Venimos
a aprender de ustedes y créanme que han sido excelentes maestros,
todos, toda la gente de abajo. Nos han enseñado bastante los
pescadores, nos han enseñado bastante homosexuales, lesbianas,
trasvestis, nos han enseñado los punks, los libertarios, los
estudiantes, las mujeres y los hombres jóvenes, los ancianos,
los trabajadores, los indígenas yoreme. Todos ellos nos han
enseñado y llevamos ahora el corazón más grande,
gracias a que en Sinaloa nos enseñaron lo que es ser digno
y ser rebelde, y no dejarse.
Ojalá y este pueblo, el que hemos conocido aquí en
Sinaloa y aquí en Los Mochis, sea conocido en todo el mundo
por lo que vale, por lo que es: como un pueblo digno.
Gracias compañeros, gracias compañeras.