Acto público en la colonia
Lombardo Toledano, 10 de octubre
Buenas noches compañeros, compañeras: ¡híjole!
pues está difícil por todo lo que se ha dicho. Voy a
tratar de explicar algunas cosas que nos estamos proponiendo. Tal
vez algunos han sabido de nosotros, por las noticias, por los periódicos,
por la televisión, lo que es el Ejército Zapatista de
Liberación Nacional. A grandes rasgos: es una organización
de indígenas mayas, de los pueblos tzeltal, tzotzil, chol,
tojolabal, zoque y mame. Que así se llaman nuestros pueblos.
Que hablamos lengua indígena, no hablamos español.
Debido a las condiciones en las que estábamos, de miseria,
de olvido, de marginación, nos organizamos y nos levantamos
en armas el primero de enero del 94. Así nos dimos a conocer,
cuando miles de indígenas tomaron las principales ciudades
de Chiapas. Y luego hubo una gran movilización para que dialogáramos
con el gobierno. Eso hicimos.
Y empezamos a demandar, desde entonces, que en nuestro país
se respetara a los indígenas. Se respetara su lengua, su color,
su cultura, su modo de ser, como decimos. Cuando llamamos a toda la
sociedad a que nos apoyara, empezamos a conocer otros problemas. Problemas
de los jóvenes, que son perseguidos por su forma de vestir,
de pensar, de ser. Problemas de las mujeres, que también son
despreciadas, acosadas y perseguidas nada más porque son mujeres.
Problemas de los ancianos también, que son hechos a un lado
nada más porque ya pasó su época. Problemas de
los trabajadores, de los campesinos, de los estudiantes, de los maestros
y de los colonos.
Y durante esta lucha, nosotros vimos que toda esta gente como ustedes
nos apoyo. Como dijo el compañero abogado: “teníamos
muy claro qué era lo que quería el EZLN”, y lo
que quería el EZLN es lo que sigue queriendo todavía
que es: que nos respeten a los pueblos indios, como personas normales,
como cualquiera. No que nos traten como objeto de limosna, o que nada
más servimos para tomar fotos. O nada más servimos para
hacer artesanías. Somos gente que tiene su propio pensamiento,
su propia forma de ver la tierra, de ver el aire, de ver el mar, de
ver el mundo y de relacionarse. Y durante más de 500 años
hemos estado resistiendo el dominio de los aztecas, el dominio de
los españoles, de los norteamericanos, de los franceses, y
de los que disque mexicanos que han pasado por los distintos gobiernos.
Nosotros ya no queremos que siga siendo así: que tengamos
que avergonzarnos del color que tenemos, de nuestra estatura, de que
no hablamos español. De que les da risa la forma en que pronunciamos
las palabras que apenas estamos aprendiendo. ¿Por qué
si somos mexicanos, antes, mucho antes que aquí se hablara
castilla? Y no solos nosotros como pueblos indios zapatistas, sino
como explicó el compañero del Congreso Nacional Indígena,
de todos los pueblos indios de México que tienen el mismo problema.
Y no sólo se trata sólo de desprecio. Se trata que
nos están quitando nuestra tierra, nuestra agua y nuestro aire.
Porque lo que está haciendo este sistema está convirtiendo
todo en que si fuera una mercancía. Pasamos por el Istmo de
Tehuantepec, en Oaxaca, y vimos que sobre tierras indias están
construyendo unos grandes ventiladores, para producir energía
eléctrica que no va a ir a las comunidades, va a ir a las fábricas.
Y esa es una forma de hacer una mercancía el aire, que es nuestro.
Y a nadie se le ocurre pensar que esas grandes torres con esos grandes
abanicos van a afectar a las aves, van a afectar la tierra, con los
derrames de aceite que van a provocar. Y todos piensan que es una
gran idea porque va a haber luz, pero no va a haber luz en la comunidad
indígena que vive al lado. Le van a quitar también eso.
Entonces, si convierten también en mercancía el agua
—a lo mejor ustedes se acuerdan que antes, uno pasaba por un
lado y pedía un vaso de agua y le dan—. Ahora tiene que
comprar la botella que tiene una marca. Y es más cara muchas
veces que un refresco. El agua, y ya no se diga la tierra, que se
está convirtiendo también en una mercancía cada
vez más apreciada. Y que vimos, incluso en los litorales que
dan al mar, cómo quiere ser apropiada por las grandes empresas
hoteleras, turísticas, y las grandes armadoras. Como vimos
en los pescadores ayer en la mañana, y hoy también en
la mañana, aquí cerca de Culiacán.
Y nosotros estamos viendo todo esto, y yo veo aquí a compañeras
y a compañeros que son colonos, que pueden ver cada día
en su casa cómo las cosas no están cambiando, no importa
que arriba cambien. Sigue legando alto el recibo de la luz, sigue
fallando el drenaje. Se puede ir la luz y como quiera sigue llegando
la cuenta como si tuvieran el foco prendido todo el día y toda
la noche. Hay que pagar el impuesto predial. Hay que ver cómo
el presidente municipal o el síndico se va enriqueciendo y
la calle sigue sin pavimentarse. Hay que ver cómo crece el
vandalismo, el consumo o el miniconsumo como dicen de drogas, y la
policía está cuidando a los grandes ricos o a los narcotraficantes.
Y aquí nosotros queremos decir algo de entrada: que hemos
visto ahora en este pequeño recorrido que llevamos de Sinaloa.
En Sinaloa, ser reportero o periodista es más peligroso que
ser guerrillero. Y no sólo eso: también es más
peligroso que ser guerrillero, ser joven; ser punk. Y es más
peligroso ser mujer. Y es más peligroso sero pobre finalmente.
Porque uno nada más tiene para defenderse su propia rabia y
su propia indignación, frente a toda la prepotencia y la arbitrariedad
que hay de las autoridades.
Porque nosotros acabamos de ir a esta comunidad de pescadores y están
viviendo en medio de la basura. Les están quitando el camarón,
que es lo único que tienen para comer y para poder vender.
Y resulta que los camiones que debían recoger la basura, están
ocupados recogiendo la basura del presidente municipal y no la de
la gente que está viviendo ahí. Y toda esa gente que
está sufriendo ahí, y en las partes que hemos pasado
de Sinaloa, es igual a la gente de ustedes, e igual a la gente nuestra.
Preguntaba el compañero ¿a dónde vamos? Lo que
nosotros queremos hacer es defender a nuestro país. Porque
eso que se está destruyendo que es nuestra vida. No sólo
la de su casa aquí en esta colonia y en las colonias cercanas.
También en ese litoral del mar. También en las montañas
indígenas. También en todos los trabajadores que nos
explicaron cómo les están quitando la seguridad social.
También en todos los jóvenes que son perseguidos nada
más porque no se dejan, porque son rebeldes. También
en las mujeres que son acosadas como si fueran objeto, o despreciadas
cuando ya no tienen el patrón de belleza que están imponiendo
ellos.
También a los periodistas y reporteros que están todo
el día macheteándole, buscando una noticia, hacen la
nota y resulta que se las cambiaron. Y claro, el que se enoja porqué
cambió la nota se enoja contra el reportero y no contra el
dueño de la empresa. Y a la hora que sí sale la nota
completa —como el compañero que nos platicaron ese compañero
José Alfredo—, pues lo desaparecen porque está
denunciando una complicidad entre el narcotráfico y los gobernantes.
Y nadie lo va a buscar, la misma autoridad se va a hacer pato.
Nosotros vamos recorriendo el país y nos encontramos estas
muestras de heroísmo. Porque es heroísmo, se los decimos
nosotros que nos alzamos en armas. Es heroísmo, dice bien el
compañero punk cuando dice: “para nosotros, tú
eres igual Marcos”. Sí, y nosotros no sólo los
vemos como iguales, sino los vemos con admiración y respeto
a ellos y a muchos de ustedes. Porque están enfrentando su
dolor de una forma digna, y se empiezan a organizar cada quien como
puede. A lo mejor no están las cámaras de televisión,
ni los periódicos detrás de ustedes para preguntarles
y sí están detrás del EZLN, por como fueron las
cosas. Pero eso no quiere decir que sean menos sacrificados y menos
heroicos que nuestras comunidades. Pero el problema —también
lo dijo un compañero—: ustedes están aquí,
nosotros estamos allá. A lo mejor ni siquiera conocen a los
pescadores que vimos en la mañana, o a los que vimos ayer.
O a los estudiantes y maestros de la autónoma de Sinaloa que
están en Mazatlán. Pero a lo mejor los empiezan a conocer
y empiezan a unir su lucha, sin que nadie mande al otro. Sino cada
quien respetando su lugar.
Unir esa lucha y unirla en Sinaloa, unirla en el noroeste de México,
y unirla en todo el país. Y como explicó también
el compañero de Coahuila: ahí cambian las cosas. Porque
si alguien se para y dice: “muera el mal gobierno” todos
dicen qué valiente, pero no pasa nada. Pero si alguien en lugar
de plantarse frente a un micrófono y decirlo, empieza a organizarse
con el vecino: “vamos a ver el problema de la luz”. Y
les cuento el problema de la luz porque lo vi en Chiapas, en Quintana
Roo, en Yucatán y en los 22 estados donde he pasado.
Y la gente más jodida es la que paga más luz. Y los
grandes centros comerciales no pagan luz. Y las grandes fábricas
no pagan luz. Y ¿quién está pagando la luz? Pues
los colonos. Y eso cuando llega la luz, y si se echa a perder o se
corta y eso, a ver hasta cuándo la van a reconectar. Y pónganle
lo del teléfono, lo del impuesto predial. Y que las señoras
me digan si estoy echando mentiras y no es cierto que, cada vez, aunque
llegue un tanto de paga, cada vez llega menos a la mesa. a la hora
que hay que comer. Y cada vez se va más en la luz, en la renta,
en lo que es de la casa para poder vivir, porque hay que meterse en
un lugar, no podemos vivir como animales en el campo.
Y si esas cosas están pasando ahora vamos a voltear para arriba,
vamos a ver si está cambiando, si los políticos se están
empobreciendo o están enriqueciéndose. Cada vez son
más ricos. ¿Por qué si ellos no trabajan y ustedes
sí trabajan, por qué ustedes son más pobres y
por qué ellos son más ricos? Nosotros decimos: porque
hay un sistema. Y si vemos que es igual aquí en Sinaloa, y
en Chiapas, y en Veracruz, y en Yucatán, yen Michoacán
y en Chihuahua, y en Coahuila, y en todas partes. Y todos empezamos
a decirnos: ¿por qué? Ya estuvo bueno. Ya Basta fue
el grito de los zapatistas. ya estuvo bueno, ya no, ya no queremos
ser así.
Y si ya probamos a través de los partidos políticos
de que a ver, por favor, pon atención, mira cómo están
las comunidades indígenas, has una ley que los respeten. Y
no quisieron hacer, los tres: PRI, PAN y PRD. ¿Por qué
en lugar de hablar con ellos, mejor no hablamos con ustedes? Porque
nosotros ya hablamos con ellos y vimos que son unos mentirosos. Así
como los engañan a ustedes, nos engañaron a nosotros.
Y lo van a dar cuenta, porque si se organiza todo el comité
y dice: “órale, vamos la colonia y a pedirle al presidente
municipal que tenga cabal la luz o que baje el precio”, va a
decir: “está bien, vamos a firmar un acuerdo” y
no lo va a cuplir. Va a seguir llegando igual la cuenta y si no pagan
lo van a cortar.
Y si en todo el país se organizan todas las amas de casa,
todos los trabajadores que viven en colonias populares y dicen: “no
cortan la luz y no vamos a pagar el precio que están pidiendo,
vamos pagar lo que podemos pagar”. Y lo que yo puedo pagar es
tanto porque esto es lo que gana de sueldo mi gente que está
trabajando. Pero si lo hacen nada más en esta colonia, o en
su casa, pues se van a burlar de ustedes… dice: ah, no hay problema,
viene el de la Comisión Federal de Electricidad y les corta
la luz. Pero si es en todo el país, es diferente.
Entonces, lo que nos estamos proponiendo los compañeros y
compañeras del Ejército Zapatista de Liberación
Nacional en la Otra Campaña es unirnos, ponernos de acuerdo.
Si ustedes ya nos apoyaron para conseguir la ley indígena y
no se pudo. Nosotros decimos: vamos a apoyarnos ahora también
a ustedes, en su lucha. Pero ya no nada más por eso, sino para
cambiar este país. Porque si no lo cambiamos, no va a haber
México, no va a haber bandera. Los políticos van a estar
vendiendo pedazo tras pedazo, y va a llegar un momento en que el himno
nacional o la bandera, va a ser propiedad privada de alguien. Y cada
vez que alguien cante el himno, va a tener que pagar una cantidad,
como si estuviera cantando canciones de… no sé algo dijeron
aquí de Niurka y Boby —ni siquiera sé si cantan
pues, pero— como si fueran artistas pues a los que hay que pagarles.
Y todo lo que nos hace ser cada quien, a nosotros como indígenas,
a ustedes como parte de Sinaloa, de Culiacán, lo que le hace
ser cada quien y que nos une sigue siendo esto que se llama México
todavía. Y que tenemos que defender de alguna forma.
Qué hermoso sería pues que aquí organizaran
un movimiento como el que organizamos nosotros —no en armas,
sino civil y pacífico— para pedir mejores tarifas de
luz, por poner un ejemplo, para el drenaje que mencionó el
compañero, para que hubiera seguridad para los niños
y para las mujeres, para que pudieran andar de noche sin temor de
que las van a matar, ya no digas de que les vayan a faltar el respeto
o que las vayan a violar: que las vayan a matar, y que nadie se preocupe.
Y que desde el otro lado de la República, en Chiapas, en las
montañas del sureste mexicano los zapatistas dijeran: nosotros
apoyamos a los compañeros de Culiacán, Sinaloa.
Y que, junto con esa voz se levantara la voz de los de Atenco y también
dijeran: apoyamos a Culiacán. Y en Coahuila, y en Tijuana y
en Michoacán, y en todas partes. Y cuando hubiera el problema
allá, que también se levantara la voz de los de Culiacán
y dijera: nosotros apoyamos Chiapas, apoyamos Atenco, apoyamos Coahuila,
apoyamos Michoacán, donde están las voces de cada quien
y donde cada quien se está organizando.
Entonces dice bien cuando el compañero dice: nosotros no venimos
a pedir que van a votar por nosotros. O que si ustedes ponen la esperanza
en Marcos, como antes la pusieron en López Obrador, o en Felipe
Calderón, o en Madrazo, se van a resolver los problemas. No,
nuestra experiencia como comunidades indígenas es que no se
necesitan redentores, ni salvadores. Lo que se necesita es que el
pueblo se organice y tome su destino en sus manos. No que se la regale
a otros.
Igual como reportero, igual como colonos, igual como estudiantes,
igual como jóvenes anarquistas, punks, libertarios, igual como
mujeres, como estudiantes, como ancianos, como trabajadores. ¿Por
qué vamos a esperar que otro va a decidir por nosotros? Si
nosotros somos los que estamos aquí y conocemos los problemas.
Y lo vimos ahora cuando estuvimos con los pescadores y sus familias.
Y nos decían eso: “pues es que pasa un presidente, y
otro y otro, y aquí no hay solución. Y ya no tenemos
nada que hacer más que irnos. Vender e irnos a otro lado, a
buscar trabajo en la ciudad o en otro país”, que es Estados
Unidos.
Entonces, lo que nosotros les estamos proponiendo compañeros
es que se organicen aquí, con sus demandas. No que luchen por
los derechos indígenas, que luchen por sus derechos. Por el
alto costo de la vida, por mejores salarios, por una seguridad social
que los abarque a todos, por mejor educación, por respeto a
las mujeres jóvenes y a los ancianos. Por respeto y educación
para los niños. Todo lo que son sus propias demandas, que también
son nuestras. Ya no se trata como antes de que vamos a hacerle caso
a los zapatistas, para que a los pobres indios los respeten. No, vamos
a salvar a este país como mexicanos y mexicanas que somos,
de abajo.
Porque no estamos hablando pues de los partidos políticos
de arriba, ni de los grandes empresarios. Si de eso se tratara, en
lugar de estar reunidos aquí con ustedes, estaríamos
reunidos con el presidente municipal o con el gobernador, en un hotel
de lujo. Y con mucha gente acarreada para que aplaudieran muy fuerte.
Y no es lo que queremos. Lo que queremos es escuchar sus problemas.
Miren, aquí vienen compañeros que tienen unas cámaras
y grabadoras. Algunos son de la prensa que ya conocen. Pero otros
son de prensa que no conocen que se llama alternativa. Son compañeros
que vienen de otras partes de México y de otras partes del
mundo, que están conociendo su problema también. Y lo
que están haciendo es no que se quede aquí en Culiacán,
sino que llegue a Mazatlán, que llegue a Nayarit, que llegue
a Jalisco, a Chiapas, a Quintana Roo, a Yucatán, a Estados
Unidos, a Europa, a Oceanía. A otras partes que empiezan a
conocer como viven realmente los mexicanos. Y que no se lleven la
imagen de que México es Fox, diciendo tonterías una
y otra vez. Que no se lleven la imagen de que México nada más
es que al pobre de López Obrador le hicieron fraude y está
muy triste y está jalando a la gente para que lo apoye para
que él mande. Nosotros no estamos metidos en eso, de una vez
lo decimos.
Nosotros no estamos buscando quién nos va a salvar, ni un
redentor. Lo que estamos buscando es gente como ustedes para hacernos
compañeros, para hacernos compañeras, para apoyarnos.
Y no para levantarnos en armas, sino como dije hace rato, para algo
más difícil, y a lo mejor más heroico, que es
luchar por nuestro país cada quien en su lugar, por medios
civiles y pacíficos.
Porque si se la rifan esos reporteros de que si sacan una nota que
no le gusta al director, los corren. O si denuncian a alguien de arriba
los desaparecen o los matan. Y si se la rifa el joven porque se pinta
el color de una manera, o porque se viste de una forma, o porque se
hace un tatuaje, o porque se pone un percing. O una muchacha porque
se viste de determinada forma. O una señora porque está
exigiendo sus derechos para sus hijos en la escuela. O una empleada
de un centro comercial, porque está exigiendo de que ella entra
a trabajar a las 8 y sale a las 4 de la tarde, y nunca es así,
siempre la hacen que se tiene que quedar más tiempo y no se
lo pagan, pero ahí de ella si llega tarde. Eso sí se
lo descuentan, pero nunca sale a tiempo, ni tiene derechos. Y en el
momento en que quieran la van a despedir.
Si esas son las demandas, y eso es lo que se está haciendo,
pues es algo que hay que reconocer y que nadie lo va a decir compañeros,
compañeras, no va a salir en ningún periódico.
Va a salir que “ahí los indígenas zapatistas y
ahí Marcos, qué valiente” o lo que sea. Pero no
va a salir la valentía de ustedes que nosotros sí estamos
reconociendo. Y los que sí van a recoger esa valentía
y la van a dar a conocer a otros, son estos compañeros de los
medios alternativos, y estas compañeras. Y entonces, otro en
otra parte va a entender esa lección y si dice; sí es
cierto, para ser digno y rebelde y para luchar por la libertad, no
hay que ponerse un pasamontañas y alzarse en armas, hay que
exigir los derechos de cada quien donde está. Y no importa
si es señora, porque aquí un compañero habló
de Ramona. La Comandanta Ramona no sabía hablar español,
nunca fue a la escuela y es como cualquiera de ustedes señora
—era, porque ya murió—. Y era la que dirigió
el ataque de San Cristóbal el primero de enero de 94. Era la
que nos daba las órdenes pues. En lengua, porque no hablaba
español.
Y si nosotros encontramos en la gente de abajo a líderes así,
como ustedes, aunque ahorita no se den a conocer. No los que salen
en los partidos políticos y salen en la televisión,
sino los que nadie ve, pues este país merece un mejor futuro
que el que le va a ofrecer Calderón. O el que le va a ofrecer
el que quede, en Sinaloa, o en Culiacán, o en todo México.
Entonces, nosotros decimos: vamos a unirnos. Que ésta, la
que es su voz de sus problemas se conozca en todo el país.
Y que sepan en todo el país que hay compañeros y compañeras
en Culiacán, que tienen los mismos problemas que tienen en
otras partes. Y que vamos a hacer el acuerdo de apoyarnos. Que a la
hora que ustedes tengan un problema, a lo mejor van al periódico
y a lo mejor no sale, pero si van a la Otra Campaña sale. Y
van a ver que les van a llegar mensajes de apoyo, y ayuda de otras
partes de gente que ni siquiera conocen. Porque saben que son compañeros
y compañeras que tienen un mismo destino que es luchar por
que este país vuelva a ser una nación soberana, independiente,
libre y democrática, que es lo que no es ahorita.
Entonces, lo que nosotros estamos pensando no es irnos detrás
de López Obrados, ni detrás de Felipe Calderón.
Para nosotros, son iguales todos esos. Si nosotros en nuestra experiencia
vemos que cuando el pueblo se organiza, puede tener un buen gobierno
—cuando ya está organizado—, pues lo que tenemos
que hacer es decirle a la gente: organízate, pero ya no te
quedes solo. Vamos echando trato. Vamos poniéndonos de acuerdo
y vamos a conocernos.
Que en otras partes conozcan a Culiacán de abajo. Pero también
que el Culiacán de abajo conozca otras partes y vea lo que
está pasando en otras partes del país. Y podamos unirnos
en esto que es la Otra Campaña. Y a lo mejor, ahorita dicen:
pues está el Marcos del EZLN, pero en la Otra Campaña
hay muchas organizaciones, grupos y colectivos. Estos compañeros
de los medios alternativos que les digo, son de la Otra Campaña
y es su forma de luchar. En lugar de ver lo mismo que sale en la televisión,
lo que sale en el radio, lo que sale en los periódicos, ellos
hacen su propia noticia. Y sí respetan lo que dice la gente.
Y no hay un jefe que les va a cortar la noticia, porque ellos son
mismos sus jefes, nadie los manda.
Y ese es el espíritu de la Otra Campaña: nosotros no
queremos que nadie nos mande. Queremos mandarnos nosotros mismos.
Y están los compañeros maestros, los compañeros
estudiantes. Nosotros sabemos bien todas las transas que hay en la
autónoma de Sinaloa, cómo la están privatizando.
Sabemos que los estudiantes no importa que estén estudiando
una carrera y que la saquen bien. Al final no van a tener trabajo.
El que va a encontrar el trabajo va a ser el que tiene palancas. El
que es compadre del que le bolea los zapatos al gobernador. Y no importa
si es un tarugo que no sabe si quiera hacer una suma y una resta.
La mujer o el hombre que sale muy cabal, con mucha inteligencia, no
va a tener el trabajo si no tiene palancas, o si no vende su dignidad.
Entonces, ¿para qué ese estudio? Lo que necesitamos
es cambiar el sistema, para que a la hora que alguien va a estudiar,
no sólo se garantice que va a estudiar sin que le cueste, sino
que —además— cuando acabe la carrera tiene que
encontrar un trabajo para lo que estudió. No para otra cosa.
Porque ahorita podemos encontrar a mucha gente que tiene grado universitario
y que está haciendo otro trabajo: vendiendo tacos, es taxista,
es chofer de microbús o de autobús —no sé
cómo le digan aquí—. O está en el otro
lado en la pisca, o está de mesero también en el otro
lado en alguna tienda de esas de Mac Donals. Y si ése viene
y nos cuenta y le dice a los estudiantes: “¿sabes qué?
ni estudies, porque de balde vas a pasar todo ese tiempo y gastar
ese dinero y como quiera vas a terminar igual que yo”.
Y nosotros tenemos que responderle: no va a terminar igual porque
nosotros vamos a transformar este país, como se hacen las cosas:
desde abajo. Nuevamente, como dije en la mañana —en la
colonia de pescadores—: estos compañeros y compañeras
que vienen de reporteros, no son los dueños de la televisión
ni de los periódicos. Y nosotros confiamos que esa gente está
escuchando todo lo que ustedes dijeron, y sí se les retuerce
el corazón y la rabia. Y tratan de sacar una buena noticia.
Si no sale, no es culpa de ellos. No podemos ponernos en contra de
ellos, cuando es el patrón de ellos el que está cambiando
las cosas.
Pero tenemos que ver que hay otra comunicación, hay otra información
que es la que están haciendo los compañeros de los medios
alternativos. Y por ahí podemos enterarnos de lo que está
pasando en otras partes.
En resumen, compañeros y compañeras: nosotros no estamos
proponiendo que alguien va a llegar y va a arreglar las cosas. Lo
que les estamos proponiendo es algo más difícil: vamos
a cambiar el país. Para que la gente que trabaja tenga. Y que
la gente que no trabaja, se vaya a la cárcel o se vaya del
país. Y nosotros sabemos quiénes son los que no trabajan:
los políticos, los grandes empresarios.
Y que la gente que sí está trabajando viva con bien,
viva con dignidad. Y no tenga que humillarse cada día. Por
eso es más difícil lo que nosotros proponemos. Viera
tan fácil como ir a echar una boleta, y a ver, ya se arregló
todo, y resultó que no. Y a cuántos millones de mexicanos
les hicieron creer que sólo van a poner un voto, y ya al otro
día va a ser diferente México. Era una mentira, siempre
fue una mentira. Y no entiendo cómo todavía siguen siguiendo
esa mentira, si lo están viendo claro.
Nunca, nada, nos han dado de arriba. Todo lo hemos construido nosotros.
Ustedes aquí, porque hasta donde tengo entendido, la historia
de esta colonia es que la arrancaron con la lucha. No vino el gobierno
y les dijo: “¿saben qué? vénganse, aquí
está la colonia, las casas, la luz y el drenaje a todo dar,
vénganse”. No, tuvieron que pelear por cada cosa. Y todavía
tiene que seguir peleando para mantenerse. Entonces, ¿por qué
vamos a esperar que un político nos va a resolver las cosas,
si ya vimos que las tenemos que resolver nosotros?
Nosotros les pedimos que lo piensen. Cada quien según su historia:
el ama de casa, el trabajador, el estudiante, el joven, la jóvena
—como decimos nosotros—, y vea si es cierto o es mentira
lo que estamos diciendo acá. A lo mejor, no es cierto. A lo
mejor no tienen problemas para pagar la luz. A lo mejor el drenaje
funciona muy bien. A lo mejor abres la llave del agua y sale siempre
cabal. A lo mejor les alcanza el sueldo. A lo mejor pueden irse a
pasear cuando quieren.
Pero si no es cierto eso que están diciendo, y es cierto lo
que decimos nosotros, entonces tenemos que escoger dos cosas: o nos
sentamos a esperar a ver quién viene, y a ver si ahora sí
lo va a arreglar —que ya los que tienen edad saben que ya pasó
uno y otro, y otro, y otro, y no hay cambio—, o nos organizamos
entre nosotros y nos unimos.
Y empezamos a hacer nuestras demandas, que son locales, hacerlas
nacionales. Imagínense: que la universidad sea pública
y gratuita en todo el país, no nada más en Sinaloa.
La fuerza que se junta ahí es más grande. Que se respete
a las mujeres no nada más en Sinaloa, sino en todo el país.
Porque la compañera nos platicó: hay muertas en Juárez,
están las violadas y golpeadas en Atenco, y también
en Sinaloa, pero en Sinaloa no se habla. De lo que se sabe de Sinaloa
es que se vende tomate y que hay narcotráfico, nada más.
Dónde se oye la otra historia, por ejemplo de esas asesinadas,
que ahora nos enteramos y que más gente en México se
va a enterar por estos compañeros de medios alternativos. Lo
que está pasando en este recorrido en Sinaloa, es que estamos
encontrando otra Sinaloa, diferente a la del besibol, a la de los
tomates y a la del narcotráfico, y a la del gobernador corrupto
que hay. Que es gente que está peleando, que está luchando
y que está sufriendo y que está diciendo: esta cosa
que tenemos, tenemos que transformarla.
Y es ese Sinaloa, el otro Sinaloa, que decimos nosotros, que es el
que se va a conocer en el resto del país.
Eso es lo único que les prometemos compañeros: que
si luchan, no van a estar solos. Que su dolor no se va a quedar aquí
nada más. Ni en esta cancha de básquetbol, ni en Culiacán,
sino que la van a conocer otros compañeros de otras partes
de México y del mundo. Y que tal vez, más adelante,
podemos hacer un acuerdo para que su lucha de ustedes como mujeres,
como jóvenes, como amas de casa, como colonos, como trabajadores,
como maestros, como estudiantes, se una con otras luchas a nivel nacional.
Y entonces sí se consiga. Y entonces, cuando ustedes prendan
la luz en su casa, o cuando haya una mesa digna, con comida digna
en su casa digan: en Chiapas también está pasando igual
que aquí, porque nos organizamos y juntos luchamos.
Y si hubiéramos pensado nada más en nuestra mesa aquí
en Culiacán, no lo hubiéramos conseguido. Porque así
como los zapatistas que no nada más se puede en Chiapas conseguir
la libertad que necesitamos. Ni en Michoacán, como los compañeros
purépechas. Por eso están viniendo también los
indígenas de otras partes a escucharlos y a conocerlos.
Eso es lo que es la Otra Campaña compañeros y compañeras.
Les invitamos a que lo piensen, que se pongan de acuerdo, y si quieren
entrar pues hablen aquí con los compañeros que están
aquí en Culiacán. O a qué organización
van a entrar. Eso no importa, ustedes se pueden poner el nombre que
quieran, puede ser una persona, puede ser una familia, puede ser un
grupo, puede ser un colectivo, una organización, lo que quieran.
Dicen: nosotros queremos entrar a la Otra Campaña. Y su compromiso
es éste: que cuando a alguien le duela algo en otra parte,
ustedes lo apoyen. Y el compromiso de la Otra Campaña, es que
cuando a ustedes les duela algo, en todo el país, nosotros
los vamos a apoyar. Es todo, compañeros, compañeras.
Muchas gracias.