ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA LUCHA POR LA LIBERTAD
Y LA JUSTICIA PARA L@S LUCHADOR@S SOCIALES EN MÉXICO.
PALABRAS PARA EL PRIMER ENCUENTRO POR LA LIBERACIÓN
DE TOD@S L@S PRES@S POLÍTIC@S, PRESENTACIÓN CON VIDA
DE LOS DESAPARECIDOS Y LA CANCELACIÓN DE ÓRDENES DE
APREHENSIÓN CONTRA DE LUCHADOR@S SOCIALES.
18 de junio del 2006.
Compañeras y compañeros:
Estamos seguros de que en este primer encuentro se han dado avances
y se llegará a acuerdos que nos permitan, como movimientos
sociales en general y como Otra Campaña en particular, apoyarnos
en la lucha por la liberación de nuestras compañeras
y compañeros presos y presas políticas, unificar nuestra
exigencia por la presentación con vida de los desaparecidos,
y demandar la cancelación de todas las órdenes de aprehensión
con las que se quiere inhibir la lucha social en nuestro país.
Las que siguen son sólo algunas reflexiones que no pretenden
ni normar una línea de trabajo ni imponer una visión.
Se trata de apuntes de cómo vemos nosotros, los zapatistas,
las zapatistas, dentro de la Otra Campaña, el asunto éste
de la estructura jurídica que nos oprime, las leyes que son
la coartada para perseguirnos y atacarnos, y los cuerpos represivos
que supuestamente están para hacer cumplir la ley y son los
primeros en violarla.
Es claro que dos indignaciones marcan nuestro calendario actual:
por un lado la que nos provoca el asalto policíaco a San Salvador
Atenco, la agresión sexual a las mujeres, y la ilegalidad en
la que mantienen en prisión a nuestras compañeras y
compañeros; por el otro lado, la que nos nace al conocer del
salvajismo de la policía del gobierno de Oaxaca al atacar al
magisterio democrático y al pueblo de esa entidad.
Son las que lastiman el calendario presente, pero tenemos muchas
más en todos los almanaques del México de abajo.
Algunas son conocidas en México y el Mundo: el 2 de octubre
de 1968, el 10 de junio de 1971, la Guerra Sucia, Aguas Blancas, Acteal,
El Charco, El Bosque; otras no son tan sabidas en los medios de comunicación,
pero sí en nuestra piel, en nuestra sangre, en nuestra memoria.
Y para rescatar nuestra memoria, nuestra sangre, nuestra piel, que
anduvieron y andan en nuestros muertos, nuestros desaparecidos, nuestros
encarcelados y encarceladas por un sistema que penaliza la dignidad
y premia la traición, se han hecho varios esfuerzos en las
últimas décadas.
Sin embargo, hasta ahora ha prevalecido la dispersión y la
fragmentación en nuestra lucha por rescatar a los nuestros
y nuestras.
Cada organización, grupo, colectivo, familia, luchaba separada
por las heridas con nombre y rostro para quienes somos abajo y a la
izquierda.
Ahora tenemos este esfuerzo unitario que, no sin tropiezos, empieza
a levantar.
Deseamos que este empeño no sea frustrado por los resabios
de la política del “agandalle” que carguemos todavía,
y que no se convierta sólo en un nuevo membrete que le da,
a quienes lo forman, un gafete, una invitación al extranjero,
y un turno en la lista de oradores.
Deseamos que el dolor de nuestra gente muerta, desparecida, presa
y amenazada, sirva para no desmayar en el esfuerzo de congregar y
coordinar esfuerzos contra la represión, por la presentación
con vida de nuestros desparecidos, la libertad para nuestros presos
y presas, y el cese de la amenaza contra los luchadores sociales de
todas partes.
Deseamos, en fin, que aquí nazca una nueva esperanza, firme
y duradera, para quienes tienen las amenazas del olvido como desaparecidos,
de la injusticia sin fin como presas y presos políticos, y
de la persecución rabiosa como luchador@s sociales.
Nuestra lucha por la libertad y la justicia para l@s pres@s, la presentación
con vida de los desaparecidos y la cancelación de todas las
órdenes de aprehensión contra la lucha social, está
inscrita en algo más grande: la lucha contra el sistema que
ha ejecutado todas las injusticias, horrores y crímenes que
nos convocaron en esta ocasión.
Es el sistema capitalista el responsable y no por omisión,
sino por comisión estructural.
Por todos los medios se nos trata de convencer que la represión
política con la que, regularmente, se enfrenta la movilización
social, es sólo un exceso o una deficiencia del Estado Moderno.
Se nos dice una y otra vez que son desajustes que se pueden corregir
y se nos vende la imagen de un sistema jurídico racional y
mesurado: la justicia ciega y la balanza incorruptible que se inclina,
sin mediación alguna, hacia el bien o el mal para dictaminar.
Nada más lejano de la realidad, lo sabemos.
Pero, ¿dónde encuentran sustento estas pamplinas ideológicas
y jurídicas?
En el núcleo fundamental de un sistema de despojo, explotación,
racismo y represión, es decir, en la apropiación por
unos cuantos de la riqueza que producen unos muchos; el dominio de
los capitalistas sobre los trabajadores.
Es necesario cuestionar las evidencias supuestamente irrefutables
del Sistema Jurídico en el Capitalismo, su estructura y su
funcionamiento.
Estas evidencias son las supuestas libertad e igualdad.
Por medio del despojo violento, el capital construyó una de
las dos grandes mentiras con las que protagoniza, patrocina y alienta
crímenes de todo tamaño en su parte dentro de la historia
de la humanidad.
Liberó así a la inmensa mayoría de la población
de sus posesiones y convirtió a millones en desposeídos,
libres de toda posesión que no fuera su propia persona y su
capacidad de producir, su fuerza de trabajo.
“¡Libertad!”, gritó el propietario. Y, por
lo bajo, añadió “libertad para MI dinero, libertad
para MIS mercados, libertad para MIS ideas, libertad para MIS políticas”.
Con estas ideas se alzó contra el sistema que le impedía
desarrollarse y progresar, y pudo así convertir en poder político,
ideológico y jurídico, su poder económico.
Pero escondido detrás del liberalismo como idea motora de
la modernidad que emergía, se encuentra un pantano de mierda,
sangre, muerte y destrucción.
Y, cientos de años después, su vieja consigna se renueva
para reordenar el dominio de los poseedores sobre los desposeídos:
“Neoliberalismo” es su nombre nada original.
Dice uno de esos intelectuales que mira abajo y desde abajo, en la
izquierda, Eduardo Galeano: “La libertad de mercado te permite
aceptar los precios que te imponen. La libertad de opinión
te permite escuchar a los que opinan en tu nombre. La libertad de
elección te permite elegir la salsa con que serás comido”.
(Eduardo Galeano. Las Palabras Andantes).
“Somos libres”, dice el Dinero hecho idea justificadora,
“porque somos iguales, porque todos somos seres humanos”.
Somos libre e iguales.
¿Lo somos?
¿Es la misma libertad la que tiene el propietario de grandes
extensiones de tierra, de fábricas, de comercios, de bancos
y la que tienen los pueblos indios en México, los campesinos,
los obreros, los empleados, en suma, los trabajadores del campo y
la ciudad?
¿Son iguales los propietarios de la industria minera y los
trabajadores que laboran sacándole la riqueza a las entrañas
de la tierra? ¿Son iguales los dueños de la Minera México
y los mineros asesinados en Pasta de Conchos, Coahuila? ¿Es
igual Carlos Slim y el indígena yaqui que en Sonora es despojado
de su tierra, cultura, identidad? ¿Es igual el ministro de
la Suprema Corte de Justicia de la Nación que el vendedor ambulante
de flores en Texcoco? ¿Es igual el gobernador Ulises Ruiz que
el maestro de una comunidad indígena en Oaxaca? ¿Son
iguales los hermanos Bribriesca que los niños y niñas
huérfanos por la masacre de Acteal? ¿Son iguales el
propietario de Monsanto y el campesino que muere en el desierto de
Arizona tratando de conseguir empleo en Estados Unidos porque la tierra
que tenía no daba si siquiera para mal comer?
Y sobre estas ideas de “libertad” e “igualdad”
se construye todo el edificio ideológico y jurídico
que gobierna la sociedad en este sistema.
Sus estructuras, desde la escuela de leyes hasta las salas de ministros,
pasando por policías y juzgados, hayan su justificación
en esto: todos, todas, somos libres; todas, todos, somos iguales ante
la ley y su sanción.
Se nos dice que si hay uso discrecional de la justicia, aplicación
selectiva de la ley, y corrupción en el aparato judicial, es
porque hay malas personas y deficiencias que son aprovechadas por
unos cuantos vivales.
Nada que no se pueda corregir, se nos insiste, con adecuaciones de
las leyes y cursos de honestidad para jueces y funcionarios, capacitación
en derechos humanos para los policías, técnicas más
científicas y modernas para administrar la justicia en todos
sus niveles.
Pero, según nosotros, no se trata de deficiencias que puedan
ser corregidas.
La hiper-ultra-mega fábrica capitalista produce mercancías…
y convierte en mercancía lo que no lo es.
En el capitalismo la justicia es también una mercancía.
La puede comprar quien tiene la paga. Y no sólo una ley o
la aplicación de una ley. Policías, ministerios, jueces,
carceleros y magistrados, así como legisladores, son comprados
para tomar una decisión hacia uno u otro lado.
Las leyes, su aplicación, su violación, su arbitrariedad,
su conversión en mercancía, todo esto es intrínseco
al sistema jurídico en el Capitalismo.
La función esencial del Estado en el capitalismo es garantizar
el dominio de los poseedores sobre los desposeídos, y para
eso la represión, y para eso las leyes que le den fundamento
racional y humano a la imposición del poder del más
fuerte económicamente, dándole la fortaleza física
de las armas y las cárceles.
Atravesando esa función está una contradicción:
la misma que atraviesa toda la sociedad. El capital es irracional,
en su afán de ganancia destruye, mata y, de paso, viola las
mismas leyes que habrían de contenerlo y encaminarlo para las
metas de mediano y largo plazo.
El trabajador, la trabajadora, no ve cumplidas las leyes que, producto
de su lucha social, debían protegerlo de esa ansia destructora.
Impotente, las ve desaparecer bajo nuevas reformas, o encuentra que
para cada ley que lo asiste, hay otra ley que lo deja vulnerable.
La ley se convierte así, no en la regulación del crimen
de lesa humanidad que es el sistema capitalista, sino en la plataforma
de arranque de su desbocada marcha.
Las leyes internacionales son el ejemplo más palpable de lo
que la etapa actual del capitalismo ha producido en el mundo.
Guerras de conquista que, primero, pasan por encima de la legalidad;
y después se sustentan en esa misma jurisprudencia modificada.
Corporaciones multinacionales que, primero, corrompen gobiernos para
favorecer su invasión de los mercados nacionales, y después,
con esos mismos gobiernos, fabrican tratados comerciales, es decir,
leyes que aseguren su dominio total sobre la vida económica
de un país.
La vida económica… y la natural. La legislación
que debía proteger el medio ambiente, es la principal propulsora
de su aniquilamiento. Bosques, playas, ríos, tierras, culturas
enteras son arrasadas con la protección de la ley o con multas
irrisorias.
La legislación internacional se ha convertido ya en el aval
jurídico de la destrucción del planeta. Y en casi todos
los países, las leyes nacionales le van de la mano.
En el capitalismo, la ley que se respeta y cumple es la del despojo,
la explotación, el racismo y la represión, pero con
lenguaje jurídico.
Esta brutalidad provoca asco e indignación en cualquier persona
honesta y noble. Algunas veces esa indignación se organiza
y se enfrenta al Poder y a su irracionalidad.
Por eso la lucha contra esas leyes brutales y en defensa de las pocas
que defienden al ser humano frente a la máquina devoradora
del dinero, es algo que hay que saludar, alentar y emprender.
Pero en nuestro movimiento vemos más allá y encontramos
a un sistema como responsable.
Por eso también somos anticapitalistas.
Por eso no sólo nos proponemos acabar con la explotación
del hombre y la mujer, los niños y los ancianos. También
luchamos por una transformación profunda y radical de la ley,
de su fundamento, de su legitimidad, de su aplicación.
No nos conformamos con cuestionar esa estructura jurídica,
vamos hacia su base fundacional, su núcleo de cuatro caras.
Quienes estamos en la Otra Campaña somos anticapitalistas
y de izquierda.
Eso quiere decir que vamos a las causas fundamentales, sin perder
de vista el combate a los efectos de esta guerra de neo conquista.
Luchamos, lucharemos, venceremos.
Habremos, es seguro, echar fuera a los grandes propietarios y a quienes
los sirven con sus políticas depredadoras y sus leyes de muerte.
Con ellos se irán las estructuras jurídicas que no
sólo permitieron sino que promovieron las violaciones a los
derechos humanos en la larga y silenciada historia de la lucha de
los de abajo por democracia, libertad y justicia.
Y en esta historia, heridas recientes nos convocan: Pasta de Conchos
en Coahuila, Lázaro Cárdenas en Michoacán, San
Salvador Atenco en el Estado de México, Oaxaca en la entidad
del mismo nombre, las presas y presos políticos en todo el
país, los desaparecidos políticos de ayer y hoy, las
amenazas que disfrazadas de averiguaciones se ciernen sobre quienes
luchan socialmente.
Luchamos, lucharemos, venceremos.
Transformaremos este país.
Cuando ese día llegue (que llegará no sólo porque
lo merecemos y necesitamos, sino porque estamos luchando para eso),
vivirán de nuevo nuestros muertos,…
aparecerán nuestros desaparecidos,…
se abrirán las puertas de las cárceles para que salgan
las presas y presos políticos y, después de que entren
los verdaderos criminales y quienes le sirven, volverán a cerrarse,…
ser mujer no será una angustia cotidiana,…
ser niño no será una maldición,…
ser anciano o anciana no será una vergüenza,…
los pueblos indios, los homosexuales, lesbianas, transgénero,
y todos y todas l@s diferentes serán y lo serán sin
miedo;
la lucha social no será un crimen sino un deber de todas,
de todos;
y los abogados y abogadas de ahora tendrán que volver a cursar
la carrera de derecho, jurisprudencia, leyes, abogacía o como
quiera que se vaya a llamar la profesión de defender al débil,
perseguir al poderoso, liberar al esclavo, castigar al criminal, socorrer
al desvalido; en suma, buscar la justicia, defender la vida, matar
la muerte.
Entonces, también como dice Eduardo Galeano: “Los perdidos
serán hallados, y en la tierra brotarán estrellas que
humillarán a las estrellas del cielo. Los mudos serán
locutores y habrá hospitales sin enfermos donde hoy sólo
hay enfermos sin hospitales”
Esto pasará en el Otro México que habremos de levantar.
No es un deseo. Es una promesa.
Muchas gracias.
Desde la Otra Ciudad de México.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Junio del 2006.