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INFORME MACBRIDE |
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| Entre
1979 y 1980 los debates internacionales sobre asuntos de comunicación alcanzaron
en muchas áreas, puntos de confrontación. La protesta de países
del Tercer Mundo contra el flujo dominante de noticias procedentes de los países
industrializados, las concepciones diversas sobre el valor a dar a las noticias,
la función, derechos y responsabilidades de los periodistas fueron debatidos
ampliamente al igual que la contribución de los medios masivos de comunicación
a la solución de los problemas mundiales. La
Unesco fué el principal foco internacional de estos debates cruciales
y en 1977 se creaba una comisión internacional para el estudio de los problemas
de comunicación bajo la presidencia de Sean MacBride que realizaría
un amplio informe sin evadir ningún problema. El informe Un solo mundo,
voces múltiples también conocido como el Informe MacBride
trata el derecho a la comunicación que reproducimos, en parte, en estas
páginas: Democratización de la comunicación | | | | |
DERECHOS HUMANOS |
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| Los
Derechos Humanos, cuya defensa es una de las tareas primordiales de los órganos
de información, no pueden existir sin la libertad de palabra, de prensa,
de información y de reunión. La transformación de estas libertades
en un derecho individual o colectivo más amplio a comunicar, es un principio
evolutivo en el proceso de democratización. Entre los derechos humanos
cuya defensa se impone especialmente figura el derecho a la igualdad para las
mujeres y entre las razas. Recomendamos
lo siguiente: Todos
los que trabajan en el servicio de los órganos de información deberían
contribuir a que se respeten los derechos humanos, a la vez en el plano indivisual
y en el colectivo, con arreglo al espíritu de la Declaración
de la Unesco sobre los medios de comunicación de masas, de los Pactos
Internacionales de Derechos Humanos y del Acta final de Helsinki. La
contribución de los órganos de información en este sentido
no consiste solamente en defender tales principios sino también en poner
de manifiesto todas las violaciones, independientemente de donde se produzcan,
y de prestar su apoyo a aquellos cuyos derechos han sido ignorados o violados.
Las asociaciones profesionales y la opinión pública deben respaldar
a los periodistas que estén sometidos a presiones o que sean víctimas
de su entrega a la causa de los derechos humanos. Los
órganos de información deberían contribuir a apoyar la justa
causa de los pueblos que conbaten por la libertad y la independencia y por su
derecho a vivir en paz, en un plano de igualdad y sin ingerencias abusivas. Esto
es especialmente importante para todos los pueblos que, en su lucha contra la
dominación externa de unos u otros y la discriminación religiosa
y racial, no tienen la posibilidad de hacer oir su voz en el interior de su propio
país. Las
necesidades de una sociedad democrática en materia de comunicación
deberían quedar satisfechas mediante la formulación de derechos
específicos tales como el derecho de ser informado, el derecho a informar,
el derecho a la protección de la vida privada y el derecho a participar
en la comunicación pública, que encajan todos ellos en ese nuevo
concepto que es el derecho a comunicar. En vísperas de lo que cabría
calificar de una nueva era en materia de derechos sociales, todas las implicaciones
del derecho a comunicar deberían ser objeto de un minucioso estudio. | | | | |
ELIMINACIÓN DE LOS OBSTÁCULOS |
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| Por
sus inmensas posibilidades de influir en el espíritu y en el comportamiento
de los individuos, la comunicación puede ser un modo vigoroso de promover
la democratización de la sociedad y de ampliar la participación
de los ciudadanos en la adopción de las decisiones. Esto depende de las
estructuras, de las prácticas y de la gestión de los medios de comunicació,
al abrirla a un intercambio libre de ideas, de informaciones y de experiencia
entre interlocutores situados en un plano de igualdad, sin predominio alguno ni
discriminaciones. Recomendamos
lo siguiente: Todos
los países deberían adoptar medidas encaminadas a ampliar las fuentes
de información que necesitan los ciudadanos en su vida cotidiana. Procede
emprender un examen minucioso de las leyes y reglamentos vigentes para reducir
las limitaciones, las cláusulas secretas y las restricciones de diversos
tipos en las prácticas de información. Se
debería abolir la censura o el control arbitrario de la información.
En los sectores en los cuales estén justificadas unas restricciones razonables,
éstas deberían quedar definidas en una ley, su aplicación
estar sometida a un control judicial y ceñirse a los principios formulados
en la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal
de los Derechos Humanos y los Pactos Internacionales de Derechos Humanos,
y en los demás instrumentos que adopte la comunidad de naciones. Los
obstáculos y las restricciones que se derivan de la concentración
de la propiedad de los órganos de información, independientemente
de que sea pública o privada, o de las influencias comerciales sobre la
prensa, la radio y la televisión o bien de la publicidad privada u oficial,
merecen un estudio especial. Se debería proceder también a un examen
crítico del problema de las condiciones financieras que se imponen a los
órganos de información, y de las medidas adoptadas para reforzar
la independencia de la redacción. Se
deberían tomar medidas jurídicas para: 1.
Limitar la concentración y la monopolización 2.
Conseguir de las empresas transnacionales que acaten los criterios y condiciones
específicas definidos en la legislación y en la política
de desarrollo nacionales 3.
Invertir la tendencia a la reducción de número de responsables precisamente
cuando está aumentando la eficacia de la comunicación y la dimensión
del público 4.
Reducir la influencia de la publicidad sobre la política de redacción
y los programas de radiodifusión 5.
Perfeccionar los módelos que permiten fotalecer la independencia y la autonomía
de los órganos de información en materia de gestión y de
política de redacción, independientemente de que esos órganos
dependan del sector privado, o del público o del propio gobierno.
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DIVERSIDAD Y ELECCIÓN |
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| La
diversidad y la elección del contenido de la comunicación son condiciones
previas para la participación democrática. Todo individuo y todo
grupo concreto deben estar en condiciones de formular juicios fundados enla más
amplia gama posible de informaciones, mensajes y opiniones y tener la ocasión
de compartir sus ideas con los demás. El desarrollo de los medios de comunicación
social descentralizados y diversificados ensancha el campo de participación
real y directa de la población en la comunicación. Recomendamos
lo siguiente: La
construcción de infraestructuras y la adopción de técnicas
concretas deberían adaptarse cuidadosamente a la necesidad de proporcionar
a un público más amplio unas informaciones más abundantes,
procedentes de fuentes muy diversificadas. Se
debe dedicar especial atención a las necesidades de las mujeres en materia
de comunicación. Se les debe conceder la igualdad de acceso a los medios
de comunicación y la garantía de que su imagen no quedará
deformada por los órganos de información o por la publicidad. Procede
tener también presentes los problemas de los niños y los jóvenes,
de las minorías nacionales, étnicas, religiosas y lingüísticas,
de los habitantes de regiones remotas, de las personas de edad, y de los deficientes.
Estas fraciones importantes y vulnerables de la sociedad tienen sus necesidades
propias en materia de información. | | | | |
INTEGRACIÓN Y PARTICIPACIÓN |
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| Para
estar en condiciones de comunicarse en la sociedad organizada de hoy, el hombre
tiene que disponer de instrumentos apropiados. Las nuevas técnicas le ofrecen
múltiples medios de información y de esparcimiento individualizado,
pero a menudo son incapaces de facilitarle medios de comunicación adecuados
en su propia comunidad o en su grupo social o cultural. Por lo mismo, a menudo
resultan necesarias nuevas modalidades de comunicación. Recomendamos
lo siguiente: Se
debe estudiar más a fondo el empleo de los medios de comunicación
social en el entorno de vida y trabajo. En vez de aislar a los hombres y mujeres,
los medios de comunicación social deberían facilitar su integración
en la colectividad. Con
harta frecuencia, se trata a los lectores, oyentes y los espectadores como si
fueran receptores pasivos de información. Los responsables de los medios
de comunicación social deberían incitar a su público a desempeñar
un papel más activo en la comunicación, al concederle un lugar más
importante en sus periódicos o en sus programas de radiodifusión
con objeto de que los miembros de la sociedad y los grupos sociales organizados
puedan expresar su opinión. La
creación de medios de comunicación apropiados, en todos los niveles,
debería servir para crear nuevas formas de participación del público
en la gestión de los medios de comunicación social y para establecer
nuevas modalidades de financiación. Los
responsables de la política de comunicación deberían asignar
una mayor importancia a la definición de los medios que puedan contribuir
a democratizar la gestión, respetando las tradiciones y características
nacionales, y asociando a ello las siguientes categorías: a)
Los dirigentes y propietarios de los medios de comunicación social b)
Los periodistas y profesionales de la comunicación c)
Los creadores d)
Los técnicos e)
Los representantes del público.
Semejante
democratización de los medios de comunicación social requiere el
apoyo y la comprensión total de quienes están a su servicio y que
gracias a ello, podrían desempeñar un papel más activo en
la política de redacción y en la gestión. | | | | |
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UNESCO |
| Unesco Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura www.unesco.org
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